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Wednesday 17 Aug 2022 | Actualizado a 00:54 AM

Escuela Ayllu de Warisata

/ 5 de agosto de 2022 / 02:12

Durante la Colonia y gran parte de la historia republicana, la educación en Bolivia fue parte de los mecanismos destinados a preservar el poder establecido y a reconfigurar la cultura de los pueblos indígena originarios según el patrón civilizatorio occidental. En un largo tiempo de la historia republicana, “indio letrado es indio alzado” fue el pensamiento impuesto por las clases dominantes. “La minoría criollamestiza, por su posición ideológica liberal-positivista, mantenía una línea de exclusión del indígena de la sociedad civil, se buscaba su desaparición con la inmigración externa porque se consideraba lastre o atraso para el progreso. Inclusive, el indígena se encontraba limitado en su pleno acceso a los derechos universales: la salud, la participación política y la educación.” (Choque y Quisbert, 2006)

Pero, como todo proceso social, la negación de derechos motivó rebelión. Desde la educación, una de esas expresiones fue la Escuela Ayllu de Warisata, una de las experiencias de mayor trascendencia de Bolivia. Fundada el 2 de febrero de 1931 y con vigencia hasta 1940, se desarrolló en un contexto donde la clase dominante, minero feudal, letrada liberal y latifundista saquea y entrega nuestros recursos naturales al capital extranjero, y donde el 80% de la población eran indígenas que vivían en las tierras de comunidad o en las grandes haciendas bajo régimen de esclavitud o pongueaje (Mejía, s/f).

La Escuela Ayllu de Warisata es un movimiento emancipador por los derechos de los indígenas como el acceso a tierra, la educación y salud, fue creada con base en un acuerdo entre un líder indígena: Avelino Siñani y un maestro citadino: Elizardo Pérez. Tenía una clara intencionalidad política: “No fue creada esta Escuela por un espíritu altruista o filantrópico, sino que nació como un instrumento de liberación de las masas indígenas de Bolivia en la lucha contra el régimen de servidumbre” (Pérez, 2013). Es un ejemplo de participación social comunitaria cuya máxima expresión es la Ulaka: Parlamento Amauta, conformado por los líderes de la comunidad, todos con el derecho a tomar decisiones sobre la organización, trabajo y control comunitario que hacen a la preocupación de la comunidad de todos los aspectos que la componen: tierra, economía-producción, educación, etc.; en su propuesta educativa-pedagógica vincula la práctica con la teoría, desarrolla el aprender haciendo y el aprender a aprender en el aula, taller y sembrío, e integra contenidos y estrategias metodológicas.

Para la Escuela Ayllu de Warisata el territorio y la territorialidad fue fundamental para el desarrollo del proyecto educativo desde una visión de complementariedad entre regiones y pisos ecológicos, la generación de redes entre los núcleos y las escuelas seccionales, la interrelación entre producción y contexto para producir saberes y conocimientos, además para la preservación de la Madre Tierra. Es por excelencia una experiencia de educación intracultural e intercultural crítica, potencia sus propias culturas y establece en la vida en comunidad la relación con otras culturas.

Esa tensión, entre la negación a la educación para sostener el poder establecido desde el colonialismo y las luchas emancipadoras del pueblo, no solo es un relato histórico, menos una estadística, son hechos reales que afectan la vida misma de las comunidades, así como de líderes y “comunarios”. Por ejemplo, cabe recordar “los sueños y la lucha de Avelino Siñani, quien dio su vida por la construcción de la Educación Aymara y fue perseguido sañudamente por la Bolivia criolla, fue preso y torturado, su hijo de 18 años fue maltratado hasta ser muerto y su hermano apresado, por el delito terrible de fundar escuelas. Cuando Warisata fue destruida el Tata Siñani se murió de pena”. (Ari, 2003)

Retomando esa historia y contexto, leyendo críticamente la situación de la educación boliviana, así como dando respuestas a los desafíos estructurales del periodo actual, a 91 años de la fundación de la Escuela Ayllu de Warisata, estando vigente la Ley de la Educación 070 “Avelino Siñani-Elizardo Pérez” de 20 de diciembre de 2010, es necesario mantener el legado de esta ejemplar experiencia educativa. La Escuela Ayllu de Warisata es un compromiso con nuestra historia y, en sus principios, es una base fundamental para que la educación boliviana sea pertinente y relevante a nuestra realidad social, cultural y económica contemporánea.

Noel Aguirre Ledezma es educador popular y pedagogo. Fue ministro de Planificación del Desarrollo y viceministro de Educación Alternativa y Especial.

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¡Que sigan las vacaciones escolares!

/ 22 de julio de 2022 / 01:55

El título de esta nota está escrito en tono de ironía, es de esperar que su contenido promueva una mayor reflexión sobre el fondo de los temas en cuestión.

Hace unos días, en Bolivia, a propósito de la “elevación exponencial” en la cantidad de contagiados con el COVID-19, un conocido medio televisivo realizó una consulta pública preguntando si era conveniente “la ampliación de las vacaciones de invierno” debido a la pandemia. Aunque el tema se refiere a un asunto central, no va al fondo de la problemática respecto a la salud y educación de los estudiantes. Para analizar estos asuntos a profundidad, gobernantes y no gobernantes debemos hacernos dos preguntas centrales para la posterior implementación de medidas efectivas al respecto: 1) Asistan o no asistan a clases presenciales los estudiantes, ¿qué acciones se deben realizar para prevenir al máximo los efectos del COVID-19? 2) Dado que distintos estudios realizados en Bolivia y el mundo demuestran que, por la pandemia, los estudiantes “muestran un rezago de entre 12 y 20 meses en el aprendizaje”, ¿qué acciones se deben realizar para recuperar la calidad de los aprendizajes? Las preguntas no son suficientes, planteemos algunos análisis y propuestas.

1) Haya o no clases presenciales sabemos que el riesgo de contagiarse siempre estará presente, precisamente por esas razones se requieren al menos tres acciones vinculadas al área de salud: a) vacunas, b) medidas de bioseguridad, y c) coherencia. Según informe del Ministerio de Salud de 18/07/22, de una población total de estudiantes en los niveles de educación primaria y secundaria de aproximadamente 3.000.000 de personas, únicamente 1.142.567 educandos (38,08%) recibieron su primera y segunda dosis. No es que faltan vacunas, existe una actitud contradictoria. No es posible que solo busquemos extender vacaciones y no se efectúen campañas de vacunación intensivas y convincentes en todos los municipios. En cuanto a las medidas de bioseguridad, las unidades educativas deben convertirse en un ejemplo en prevención del COVID-19, a partir de la dotación de mínimas condiciones materiales como disponibilidad de agua potable y servicios básicos, así como de barbijos y desinfectantes de manos a base de alcohol, en estos casos las gobernaciones y especialmente los municipios tienen mucho por hacer a partir de un replanteamiento de sus prioridades y presupuestos. Otra acción por realizar, la población —principalmente autoridades— tiene que actuar con coherencia, ¿cómo es posible organizar y/o ser parte de fiestas, eventos deportivos, verbenas, desfiles, etc., cuando contradictoriamente se emite el fingido discurso de “hay que cuidarse”? Desde la perspectiva de la educación, las unidades educativas encabezadas por sus autoridades y maestros tienen que convertirse en centros de formación de prevención del COVID-19, los estudiantes tienen que dejar de actuar desde el miedo al virus de la pandemia y proceder con conocimientos y actitudes resilientes y proactivas.

2) Para los estudiantes del sistema educativo, la prevención del contagio del COVID- 19 debe ir acompañada por medidas específicas que cuiden la calidad de los aprendizajes. Está claro que la educación virtual puede contribuir a “pasar clases” de emergencia, pero a la vez puede ser un factor que incrementa la deserción y a disminuir la calidad educativa. Como señala la encuesta U-Report de Unicef Bolivia, “93,2 por ciento de estudiantes encuestados expresaron críticamente que no están aprendiendo ‘nada’, ‘casi nada’, o ‘más o menos’ con las iniciativas de enseñanza virtual que se aplican tanto en la enseñanza privada como estatal”. Como producto de la pandemia, los estudiantes bolivianos y de otras latitudes tienen un retraso en la calidad de sus aprendizajes de, al menos, un año y cada vez que se toma la decisión de continuar con la modalidad virtual se agrava esta situación, además que se condena a la deserción de miles de educandos por sus difíciles condiciones sociales y económicas de vida.

Entonces, contribuyamos a la prevención en salud, pero no afectemos la formación de los estudiantes. Para ello hagamos esfuerzos de restablecer pronto las actividades escolares presenciales o, al menos, semipresenciales. Siendo coherentes con nuestras actitudes seamos ejemplo, pongamos a disposición recursos y cuidemos simultáneamente la salud y educación de millones de jóvenes y niños estudiantes.

Noel Aguirre Ledezma es educador popular y pedagogo. Fue ministro de Planificación del Desarrollo y viceministro de Educación Alternativa y Especial.

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¿Vacaciones de invierno?

/ 8 de julio de 2022 / 02:34

Al igual que en otras áreas de las acciones de los seres humanos, a fuerza de costumbre, en educación aparecen términos y por detrás de ellos conceptos comprendidos insuficientemente o mal entendidos. Ese es el caso de las llamadas “vacaciones de invierno”, que en realidad se refieren a un “descanso pedagógico”, para ser precisos a un “descanso académico” para los estudiantes. Resulta que las personas, principalmente cuando realizamos actividades de carácter cognitivo, a medida que pasa el tiempo perdemos la capacidad de concentración y una forma de paliar ese efecto, llamado “habituación”, es la realización de un periodo de descanso de las actividades académicas, aunque también hay otras formas de resolver esta situación como, por ejemplo, recurriendo a metodologías participativas, dialógicas y dinámicas, así como a entornos de trabajo educativo distintos.

El descanso pedagógico es un tiempo en el que las formalidades del sistema escolarizado o formal, como los horarios, el currículo, los contenidos, los roles tradicionales de quienes enseñan y aprenden, las tareas, los exámenes, etc., adquieren una pausa para ayudar a los estudiantes a “reciclar” capacidades y motivaciones, dando paso a la educación en su sentido más amplio. Por eso, aunque se dice “los maestros no deben dar tareas a los estudiantes en periodo de vacaciones”, de lo que se trata es que damos una pausa a los procesos de aprendizajes formales de los estudiantes para emprender luego un nuevo periodo formativo en mejores condiciones. Nos referimos a un tiempo de descanso académico y no al descanso educativo, porque lo educativo también se realiza en el mundo escolarizado.

Entonces, en el periodo de descanso académico debemos concentrarnos prioritariamente en el cómo se desarrolla este periodo, énfasis que le puede dar sentido a un alto valor pedagógico. Es tiempo de hacer actividades distintas, que no dejan de ser educativas, y que tienen alto valor e importancia; por ejemplo, el juego, que bien llevado puede ayudarnos a desarrollar el sentido comunitario de nuestras acciones, el aporte de lo lúdico para la formación integral; a aprender a resolver distintos hechos; a actuar en corresponsabilidad, etc. Es un tiempo en el que se puede dormir un poco más, visitar otros lugares y aprender del entorno natural, hechos que son estimulantes para las funciones cerebrales. El tiempo de descanso pedagógico es propicio para compartir con los padres, abuelos, habitantes del barrio o del pueblo, con los amigos, en el que los horarios dejan de tener prioridad y dan paso al afecto, al servicio y a la vida en comunidad. Es un tiempo para leer libros por propia elección y gusto, en el ritmo que uno puede marcar desde su interés antes que por el tradicional cumplimiento de una tarea por cumplir. Éste es un periodo en el que la creatividad, solución de problemas y contribución a la comunidad y a las familias debe aflorar. Éste también es un periodo en el que las familias cumplen con mayor intensidad su rol de educadoras, no se trata de repetir el rol de los maestros, sino el de educar desde su amor, valores, principios y experiencias.

El descanso pedagógico también es un periodo en el que hay que tomar ciertas previsiones para no tener efectos contrarios en el desarrollo personal y sus respectivas comunidades, no es posible que a título de vacaciones los estudiantes queden enganchados todo el tiempo al televisor, celular, tablet, computadora, etc. También se debe tener cuidado en afirmar que el descanso pedagógico es el mismo sin considerar la edad y condiciones de vida de los estudiantes.

Lo de cuidar a los estudiantes por el periodo de invierno o por su salud, es un tema de alta importancia, pero no necesariamente debe ser parte del descanso pedagógico. Es más, al respecto existen normas que cuidan el bienestar de los estudiantes, pero no necesariamente se tienen que aplicar en el conjunto del país. En cuanto a la duración del descanso pedagógico, si bien no existen estudios con resultados contundentes, téngase en cuenta que su prolongación podría también incidir en la continuidad de los aprendizajes.

En una sociedad en la que cada vez más la acumulación y el disfrute de bienes materiales nos están haciendo olvidar nuestra identidad de seres humanos, es tiempo de volver a revalorizar nuestra identidad de seres sociales, históricos, con identidad cultural, etc., es ahí donde también es valioso el descanso pedagógico.

Noel Aguirre Ledezma es educador popular y pedagogo. Fue ministro de Planificación del Desarrollo y viceministro de Educación Alternativa y Especial.

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¡Crisis educativa en Latinoamérica!

/ 24 de junio de 2022 / 03:07

Con base en estudios e informes de distintas organizaciones internacionales, entre ellas Unesco, Unicef, Banco Mundial y Diálogo Interamericano a propósito de las consecuencias del cierre de las clases presenciales más prolongado, que en América Latina afectó a cerca de 170 millones de estudiantes, Dora Villanueva, periodista mexicana, en distintos medios de comunicación de la región, a principios del presente mes, difundió una información que debería, al menos, llamarnos la atención. Villanueva señala: “América Latina vive una crisis educativa sin precedente. A dos años de los cierres de escuelas por el inicio de la pandemia, no todos los niños, niñas y adolescentes han vuelto, y quienes lo han hecho muestran un rezago de entre 12 y 20 meses en el aprendizaje, advirtieron organizaciones internacionales…”

El análisis de los informes de organizaciones internacionales y las “evidencias empíricas” que uno encuentra en el diario vivir —que seguramente los lectores hallarán si reflexionan con cuidado lo que está pasando con los estudiantes—, nos muestran que la pandemia —por sus efectos sindemia— evidenció y/o profundizó grandes problemas del sector educativo. Brechas sociales y educativas expresadas en el desigual acceso y uso a los medios tecnológicos (internet, dispositivos, plataformas, programas, etc.), abandono escolar por motivos socioeconómicos y de salud, y falta de apoyo a los estudiantes en sus actividades educativas por parte de sus familiares o por personal especializado; rezago en los aprendizajes y contenidos de formación por un tiempo equivalente a dos años; y retorno a la educación tradicional que da prioridad a la continuidad de clases antes que a la calidad y pertinencia de la educación, currículo por contenidos cuya prioridad es la cantidad de “materias avanzadas”, visión de corto plazo y trabajo parcelado de los distintos actores de la educación; son parte de la crisis de la educación en la América Latina del tiempo actual. Es más, estos aspectos podrían resumirse en una significativa disminución de la calidad de la educación.

Con sentido proactivo, con la convicción del valor de la educación para las transformaciones sociales, económicas, políticas y culturales, no tiene utilidad lamentar, tampoco ignorar la crisis educativa; para la sociedad y principalmente para quienes somos actores del sector educativo es un reto para plantear, crear y aplicar alternativas de solución.

Es tiempo de constituir una educación en, de y para la vida, una educación que preserve la vida del conjunto de los “seres vivientes”, la armonía y equilibrio con la naturaleza, con la comunidad y consigo mismo. ¿Cómo se podría afirmar que la educación es de calidad si no contribuye a cultivar la vida de todos los seres que habitan el planeta? En lo concreto, es necesario replantear la pedagogía y el currículo del sistema educativo, principalmente de aquellos aspectos relacionados con la formación integral, la complementariedad de la tecnología con las clases presenciales, el vínculo de la educación con la producción y el trabajo desde una perspectiva territorial, las capacidades socioemocionales y convivencia en comunidad, la construcción de proyectos de vida, el sentido crítico, la creatividad, las artes, entre otros. En todo caso, estos ajustes deben contribuir a mejorar la calidad de los aprendizajes de las y los estudiantes.

Corresponde plantear políticas públicas para cerrar brechas sociales-educativas, así como eliminar el rezago en educación mediante la implementación de programas gratuitos de acceso a medios tecnológicos para estudiantes y maestros, programas de reducción del abandono escolar mediante el apoyo a las familias en situación de vulnerabilidad y programas de nivelación de aprendizajes previo procesos de diagnóstico sistemáticos y organización de equipos de apoyo a la formación de estudiantes.

También es necesario restablecer las comunidades de producción y transformación educativa, los proyectos sociocomunitarios productivos y el desarrollo de procesos de investigación, sistematización y producción de saberes y conocimientos en las unidades y centros educativos. Aspectos relacionados con ajustes en el rol y formación de los maestros, así como valoración del desempeño de los maestros.

Los retos están planteados, es tiempo de iniciar el debate y fundamentalmente la construcción de propuestas.

Noel Aguirre Ledezma es educador popular y pedagogo. Fue ministro de Planificación del Desarrollo y viceministro de Educación Alternativa y Especial.

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¡Soy maestro!

/ 10 de junio de 2022 / 01:58

En los últimos días, en Bolivia, a propósito de la conmemoración del Día de la Maestra y del Maestro (6 de junio), principalmente por medios de comunicación y redes sociales circularon expresiones que resaltan el rol de las y los maestros, así como felicitaciones por su labor en bien de la población. Cómo no sentirse bien ante estas expresiones de valoración y aprecio, sin embargo, estas congratulaciones también nos tienen que hacer pensar y replantear el sentido y significado de ser maestro, de «maestro de verdad» en el contexto actual. Por todo ello, principalmente desde mi propia vivencia de maestro comparto con ustedes algunas reflexiones y algunas propuestas al respecto:

1) Ser maestro es más que títulos y estudios —que no dejan de tener su valor—, es cuestión de vocación, de un proyecto de vida complementado por estudios de especialización. 2) Ser maestro, va más allá de enseñar y aprender, fundamentalmente de facilitador de la construcción de saberes y conocimientos en comunidad. Las y los maestros son como jardineros que cumplieron bien su rol, un día como las plantas florecen en primavera llega el momento que los saberes y conocimientos resplandecerán como producto de una acción comunitaria. 3) Ser maestro es pensar y sentir simultáneamente, quien más debe constituirse en un ser sentipensante debe ser el maestro que tiene que trabajar intensamente en la construcción de aprendizajes, pero también abrir su corazón para acompañar a las y los estudiantes en su vida misma. No hay buenos aprendizajes, menos enseñanzas, si éstos se desprenden de la vida y solo hacen simulación de la vida.

4) Ser maestro no se restringe únicamente a la pedagogía, didáctica y metodología que se desarrolla en el aula, es pensar y contribuir a generar «otra mujer y otro hombre nuevo» y «una otra sociedad». La educación es parte de las luchas sociales y de los procesos de transformación y construcción social, de esos procesos el maestro no puede estar ausente, así también educa. 5) Ser maestro, es un constante proceso de formación, sistematización e investigación, no solo en los centros de formación sino fundamentalmente en y desde la práctica educativa. El maestro tiene que ser ejemplo de procesos de educación permanente construidos y desarrollados en la práctica; tiene que demostrar de manera permanente que crea y recrea la educación y la pedagogía, y desde allí la sociedad; que es innovador de la teoría y la práctica educativa. 6) Ser maestro es ser parte de la comunidad, del barrio, de los grupos sociales; su convivencia con los sujetos sociales y comunitarios es vital para cumplir con su rol de educador.

7) Ser maestro es “ser educador de la sociedad”, se hace educación en el aula y también en la vida. Aunque el maestro tenga otros títulos, estudios y cargos de mayor jerarquía no puede dejar de pensar y actuar como educador; se hace bien cuando se le valora como licenciado, magíster, doctor, etc., pero será mucho más digno que a uno le reconozcan como maestro. No tiene sentido una nueva teoría aprendida ni título o cargo jerárquico si no se vincula con la experiencia y el reconocimiento del maestro. 8) Ser maestro, al igual o más que otras profesiones, es educar con el ejemplo, evidencia del posicionamiento ético-político del educador.

Se pueden expresar muchas reflexiones más. La situación actual es muy compleja, por cierto el maestro merece nuestras congratulaciones, más en su aniversario, pero en los hechos, en el día a día, la sociedad debe valorar el rol de los maestros en ella y crear las mejores condiciones para el cumplimiento de su misión, aunque recíprocamente los maestros tienen que cumplir su rol y misión, más en estos tiempos desafiantes de grandes cambios societales.

Por todo ello, asumiendo que el rol del maestro es fundamental para impulsar los procesos de transformación de la educación, más que exámenes de ingreso a las Escuelas Superiores de Formación de Maestros debemos vincular el ingreso a estos centros de educación superior a la consolidación de las vocaciones y la promoción de proyectos de vida en la educación secundaria; ampliar los cambios en la relación práctica-teoría, así como las estrategias que generan nuevas pedagogías y metodologías; y profundizar la transformación de la educación para generar las calidades educativas establecidas en la Ley de Educación 070 “Avelino Siñani-Elizardo Pérez”. Signos de lectura de nuestros tiempos e historias.

Noel Aguirre Ledezma es educador popular y pedagogo. Fue ministro de Planificación del Desarrollo y viceministro de Educación Alternativa y Especial.

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Repensar la universidad

/ 27 de mayo de 2022 / 01:40

Las infaustas noticias del 9 de mayo provenientes de la Universidad Tomas Frías de Potosí, anunciando estudiantes universitarios muertos y heridos a causa del lanzamiento de una granada de gas en una asamblea, sumadas a otros hechos luctuosos como los ocurridos en la Universidad Pública de El Alto en marzo de 2021, desataron una serie de acciones policiales y judiciales que derivaron en el apresamiento de supuestos culpables y la prisión preventiva de un dirigente universitario. En el XIII Congreso Nacional de Universidades que se realiza en Potosí, entre el 23 y 27 de mayo, se decidió “de manera unánime” la expulsión del sistema universitario del dirigente en prisión preventiva y otros dos docentes supuestamente involucrados con hechos irregulares. Mientras tanto, medios de comunicación y redes sociales hicieron profusa difusión de información vinculada a los llamados estudiantes y dirigentes “dinosaurios” por su larga estadía en esos roles en las universidades. Por estos hechos, de pronto, la situación de las universidades se puso en la mesa del debate hasta el cuestionamiento.

Esta situación, además de mostrar problemas de carácter organizativo y administrativo, expresa un panorama complejo y delicado que no es motivo de análisis y mucho menos del planteamiento de propuestas y soluciones. A propósito de ello, como dice C. Buarque en su libro La Universidad en una encrucijada (2005), cabe considerar que “En los últimos mil años no ocurrieron grandes cambios estructurales en la universidad. El rol de la universidad poco cambió. Entretanto, la realidad de la situación social en el mundo, como también los avances dinámicos en términos de información, conocimiento, y nuevas técnicas de comunicación y educación, evidencian la necesidad de una revolución en el concepto de la universidad.” La situación de las universidades bolivianas, públicas y privadas, expresa muchos signos de crisis acumulados desde sus orígenes y fundamentalmente por su reducida respuesta y aporte a la sociedad del siglo XXI.

Los viejos retos de las universidades permanecen y afectan su rol político, social, científico y cultural. Por ejemplo, sigue la contraposición del desarrollo del patrón civilizatorio occidental en relación a las concepciones propias de nuestra región como el “vivir bien”; de la corriente materialista y la idealista; del pensamiento positivista-racionalista y otra integral u holística; de la investigación “científica” (denominación a discutir) basada en la supuesta predicción sin márgenes de error y la cualitativa en la cual el investigador interactúa con su entorno; del conocimiento eurocentrista y el conocimiento propio de nuestros pueblos y culturas como expresión del colonialismo del saber. Es más, en estos tiempos marcados por hechos de carácter estructural y graves consecuencias como la crisis civilizatoria, la pandemia del COVID 19 que por sus efectos se convirtió en sindemia, la arremetida de las grandes empresas transnacionales de telecomunicaciones y tecnología a título de educación virtual en el marco de la IV Revolución Industrial, la pregunta es: ¿Qué proponen y qué hacen los centros de educación superior ante este contexto?

Este siglo XXI, entre otros, exige: producción de conocimientos y pensamientos propios desde la realidad boliviana y latinoamericana; soberanía tecnológica capaz de responder a los retos de la tecnología y crear una pedagogía que incorpore de manera complementaria la tecnología a los procesos educativos presenciales antes que solamente adquirir plataformas o programas digitales; investigaciones y proyectos para preservar o recuperar la salud desde una concepción holística; economía sostenible que deje de explotar la naturaleza y a los trabajadores; políticas sociales que reduzcan la brecha pobres-ricos; estrategias para reducir la violencia y discriminación; repensar la democracia liberal y representativa hacia una participativa, comunitaria e intercultural; etc. Se requiere que las universidades contribuyan a generar una educación sensible al contexto, la historia y las circunstancias culturales, políticas y económicas, pertinentes y relevantes en lo social, cultural y económico para el bienestar de los seres humanos, sus comunidades y sociedad. Aspectos que, además de los problemas del último tiempo, requieren plena atención y respuestas precisas con los movimientos sociales, forma primordial de preservar la autonomía de las universidades.

Noel Aguirre Ledezma es educador popular y pedagogo. Fue ministro de Planificación del Desarrollo y viceministro de Educación Alternativa y Especial.

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