Voces

Saturday 1 Oct 2022 | Actualizado a 17:51 PM

Cómplices

/ 7 de agosto de 2022 / 00:57

El conocimiento es un instrumento de develamiento, de romper con preconceptos heredados y que nos predisponen ante decisiones y posiciones que debemos tomar, respecto de la vida y de la realidad especialmente, en momentos históricos de nuestro país, como es el signo de los tiempos en Bolivia a partir del proceso de cambios.

El bienestar económico y la estabilidad son el resultado de un proceso de cambios, porque en Bolivia la clase dominante, los burgueses siempre fueron sirvientes del gran capital y auténticamente racistas, pues al ser criados en la naturalización del patriarcado colonialista, no sienten, ni van a sentir ninguna vergüenza de ser seres tan deplorables. Estos fachos sin vergüenza van a tener en Santa Cruz un epicentro fortalecido, no solo por el narcotráfico que se instaló fuertemente hace más de 50 años, sino también la banca, la agroindustria y parte de la industria. Estos hechos lograron que se movilicen bolivianas y bolivianos, tras de sus trabajos desde otros departamentos.

Las élites cruceñas se autoprotegieron de esta gran movilidad de gente y mano de obra proveniente de las tierras altas, formando logias que se apropian del manejo político de estas actividades económicas. Típico de los grupitos de poder, conformar y construir identidad en torno a la “pureza y moral” —en este caso— de una inventada tradición. Pues la tradición del territorio se encuentra en las culturas amazónicas, por ejemplo, la tradición del pueblo Aba Guaraní. Hermanas y hermanos indígenas a quienes mataron, sometieron a la esclavitud y los convirtieron también en sus sirvientes estas élites logieras.

Las necesidades capitalistas requerían de mano de obra y mano de obra cualificada. Exigencias para las cuales no estaban preparadas, por eso Santa Cruz se llenó de collas. Pero ninguna logia, ningún grupito de poder puede sostenerse sin un entorno de complicidad de los propios oprimidos, que se convierten en su círculo y anillo de seguridad. Esto es lo que tenemos que estudiar y trabajar.

La internalización del opresor es un mecanismo psicológico que funciona, y este mecanismo fue trabajado por muchos años en Santa Cruz desde los medios de comunicación, desde la escuela y las universidades. Mensajes y educación cotidiana sobre la supremacía “camba” y la ridiculización de lo colla, con el resultado que los niños y niñas hijos de collas querían ser cambas logieros. Recién el proceso de cambios logró romper un poco esa hegemonía, aunque con muchos errores que se ven hasta ahora. Los propios dirigentes del MAS de Santa Cruz se manejaron con esos mismos antivalores de la derecha, solo que desde el propio MAS costará mucho más tiempo y tarea política revolucionaria para trabajar esas actitudes cómplices. Sin duda hoy vemos que hay una dirigencia que se perfila en el instrumento MAS-IPSP y no me refiero a los autodenominados renovadores, más bien a una dirigencia que se apoya en la consecuencia revolucionaria.

Julieta Paredes Carvajal es feminista comunitaria.

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Dimensión M

/ 18 de septiembre de 2022 / 00:22

Las próximas elecciones del 2 de octubre en Brasil nos hablan de la posibilidad de recuperar las energías transformadoras y revolucionarias de las organizaciones y movimientos sociales del país más extenso de la Amazonía del continente.

El periodo abierto por los pueblos, que se concretó en la presencia democrática de presidentes como Evo, Lula, Chávez, Kirchner, entre otros, nos dio a los pueblos el respiro histórico para perfilar un plan continental de articulación popular, que enfrente el capitalismo imperialista y transnacional. Tiempo necesario para que podamos poner en la mesa problemas como el racismo, el machismo, el envenenamiento de la Madre Tierra. Todos, temas susceptibles de ser tratados analizando el colonialismo y la conformación de las clases sociales, tanto en Latinoamérica como en todo el continente Abya Yala.

El Tratado de Tordesillas en 1494 significó la repartija colonial de los territorios indígenas originarios del Abya Yala (América), entre los invasores españoles y portugueses. A partir de ese momento, a través del idioma impuesto, la cultura y los intereses explotadores ubicados en Europa, rompieron la unidad natural del continente y separaron comunicacionalmente a los pueblos. Brasil, entonces, se construyó de espaldas al continente y con la mira puesta en los centros de poder europeos.

En los últimos 20 años, en Brasil se dio un proceso de acumulación política por parte del campo popular, que como todo proceso trajo beneficios al pueblo, pero de ninguna manera era la varita mágica revolucionaria. Las revoluciones las hacen los pueblos, no los gobiernos. Los gobiernos del Partido de los Trabajadores (PT) fueron haciendo cada vez más concesiones a la agroindustria y el capitalismo transnacional, que junto a la falta de formación política y desmovilización de los movimientos sociales allanaron el camino para la reorganización de la derecha fascista y sanguinaria, instaurada con el voto democrático del pueblo brasileño en 2019, que apoyó el nefasto gobierno de Bolsonaro.

Hoy las elecciones en Brasil tienen a Lula como esperanza para el pueblo brasileño, y hacemos votos para que esta vez no vuelva a equivocarse. Lo que sin embargo me llama la atención es que las y los fascistas, empezando de Bolsonaro, no lo bajan de llamar “presidiario” a Lula —cierto que estuvo preso—, se demostró su inocencia, pero eso ya no cuenta y se borra de la mente enferma de odio de la gente alineada en la derecha. Entonces, hoy nos enfrentamos no solo a la judicialización de la política, quiero decir, inventar delitos y falsas denuncias con procesos judiciales contra mujeres y hombres luchadores sociales. Sino que no importa ya demostrar la inocencia, la instauración de las mentiras por las redes sociales, ese virus se transmite por internet y ha creado un mundo paralelo del odio fascista, le llamo “Dimensión M”, donde vive toda esta gente que no tiene ningún argumento, pero se comporta como poseedora de la “verdad”. Esa es la pandemia paralela a la del COVID-19, que surgió mucho antes y no nos dimos cuenta, que enfermaba nuestros pueblos y organizaciones sociales. La pandemia de la Dimensión M es la que tenemos que enfrentar ahora, como la expresión psicológica y social del odio.

Julieta Paredes Carvajal es feminista comunitaria.

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Sueños blindados

/ 4 de septiembre de 2022 / 00:21

Sin duda que la persistencia de vivir y continuar existiendo como pueblos que luchan es lo que más molesta y cuestiona, en su angurria, a los grupos de poder a lo largo del continente.

Desde que los invasores colonialistas penetraron nuestros territorios, los pueblos originarios lucharon, esa tradición y memoria heredamos. En esa práctica esperanzadora estamos cerca de 522 años aprendiendo de las experiencias, tanto de las de victorias como de las derrotas. Los aprendizajes en el dolor de las derrotas dejaron de herencia, heridas y cicatrices. A la vez, las alegrías son efímeras, se quedan como testimonios de lo que somos capaces de lograr.

Por eso son tan importantes estos 22 años del proceso de cambios del pueblo boliviano, que tiene su correlato en todo el continente. Este tiempo desde 2000 —cuando defendimos la madre agua— es hermosamente largo, ya son 15 de gobierno a pesar de los intentos de golpe y del golpe mismo. En el continente, con sus diferencias, pasa lo mismo, estamos pariendo —como pueblos— un nuevo tiempo.

Pertenezco a una generación que participa de eventos históricos en el continente, pero también nos enfrentamos a una multiplicación de formas de torturarnos, encarcelarnos, silenciarnos y darnos muerte. A algunas les compraron la conciencia, el dinero pudo doblegarles, pero quienes ni nos vendimos, ni caímos en sus adulaciones, pues, nos tenemos que enfrentar a la tortura de los montajes mediáticos. La calumnia y la mentira fueron potenciadas por la efectividad de los medios de comunicación, que tienen consignas y financiamientos fascistas. Las ONG, las redes y las fake news, que parten y reparten cantidad de perversidades por el internet, sembrando desconfianza y aislamiento de nuestras luchas.

Por otro lado, estimulan purismos que nos recuerdan la nefasta Edad Media, y la impune Inquisición. Las y los que se creen puros, pues, no solo tiran la primera piedra, sino la segunda y todas las que se puedan hasta que la “bruja o brujo pecador” muera. Discursos de odio y prejuicios son la respuesta a argumentos y propuestas de gobierno y de autogobierno. Eso vivió el hermano Evo, lo viven nuestros hermanos Lucho y David, y el pueblo boliviano.

El trabajo de tortura continúa con los montajes judiciales para seguir creando desconfianza al criminalizarnos, inventando delitos con complicidad de fiscales y jueces, perpetrando lo que se llama la muerte civil, como a Lula en Brasil, a quien el fascista corrupto, el actual presidente Bolsonaro, lo llama “presidiario”. Qué dolor debe sentir el hermano Lula. ¡Pero no hay que dejarse! Tenemos que seguir y consolidar las victorias y esperanzas de nuestros pueblos.

Y finalmente cuando nada de estas torturas da resultado, viene la eliminación física, sembrar cáncer, intentar derribar el avión presidencial, gatillar dos veces en la cara de la compañera Cristina Fernández en Argentina, a todo eso y más nos estamos enfrentando. No podrán acallarnos, nuestros sueños están blindados porque son nuestros y se pasan de corazón a corazón, ese es el blindaje histórico de nuestros pueblos, por eso nos espera la Victoria.

Julieta Paredes Carvajal es feminista comunitaria.

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Consecuencia, cueste lo que cueste

/ 21 de agosto de 2022 / 00:25

Ser consecuente, si bien constituye la carta de presentación de quienes elegimos el camino de construcción del “vivir bien”, es a la vez un camino repleto de profundas reflexiones, y sin duda aciertos y errores, componentes de la experiencia de vivir y sobrevivir. Por lo tanto, ser consecuente no significa siempre acertar. Ser consecuente es no mentir, ni engañar, no manipular a sabiendas que lo que se está defendiendo está mal. Sin duda, podemos equivocarnos en la apreciación, pero nunca seremos mañudas, siempre seremos consecuentes con la verdad.

Nuestro proceso de cambio produce en nuestras vidas un montón de sentimientos, angustias, miedos y alegrías, pero sobre todo esperanzas. Este montón de sentimientos que conviven dentro nuestro produce en nuestros cuerpos posicionamientos ante las diferentes coyunturas, que muchas veces han significado riesgos y rupturas que, en resumen, van a evidenciar nuestra consecuencia entre lo que decimos y lo que hacemos.

Desde hace mucho tiempo atrás que la coyuntura está invadida por la difamación y la mentira, manejadas desde los intereses patriarcales fascistizantes y que ocupan repetitivamente los medios de comunicación.

Mentir, y que estén conscientes de que están mintiendo, es lo que nos indigna. Difamar, calumniar y tener el cinismo de defender y querer convencer de algo que saben que no es cierto, es sobre lo que tenemos que reflexionar, ese cinismo en el engaño y la mentira, que corroen nuestra sociedad.

A quienes defendemos el proceso de cambio desde abajo y somos parte del pueblo, nos costaba entender, y nos cuesta entender ahora, que se continúe mintiendo y difundiendo odio. Se impulsa cualquier problema para hacerlo interminable. Se sigue repitiendo asombrosamente las mismas narrativas de 2019, que ya se demostró que no son verdad.

Nos acusaban de cómplices de violaciones, no solo de derechos, sino de cuerpos y vidas. Continúan con esa cantaleta y buscan muertos, por ejemplo entre los y las hermanas cocaleras. Tuvimos que ser bien sabias y sabios para no caer en la provocación, defendimos principios consecuentemente, pero fue muy duro dar la cara cuando la gente decidió creer las mentiras del inexistente fraude y se callaron, o peor, apoyaron el golpe y la masacre.

A un tiempo de distancia con todos los elementos que arrojan las investigaciones y poco a poco después de agarrar a las y los responsables de tanto engaño, dolor y muerte, recién empezamos a recuperar el aliento de la energía de un proceso que precisa de compañeros y compañeras consecuentes. Compas que pongamos la vida en este proceso revolucionario, que es para que estos territorios sean territorios donde la felicidad y ese “vivir bien” tengan raíces de vida y de amor que los alimenten.

Retomar la energía, la fuerza, la pasión y la alegría de construir nuestras vidas descolonizadas, sin patrones ni patronas que nos chupen el tiempo, el trabajo y el placer, es lo que precisamos hoy. Esa es entonces la tarea principal de recuperar el aliento. Es necesario e imprescindible convocar a la creatividad para tener la fuerza y las propuestas necesarias para profundizar este camino en unidad y consecuencia revolucionaria.

Julieta Paredes Carvajal es feminista comunitaria.

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La ley no se escribe en piedra

/ 24 de julio de 2022 / 00:32

El Estado Plurinacional y el Gobierno en el proceso de cambios del pueblo boliviano tiene la tarea de crear marcos normativos —como las leyes— que evidencien las reflexiones sobre las opresiones, dominaciones históricas que producen injusticias, impunidad y sometimiento. Los marcos normativos reflejan la voluntad de parte del Gobierno y del Estado de crear sentidos y significados en la sociedad, por ejemplo: “a las mujeres no se las golpea, a las mujeres no se las mata”. Los imaginarios y la cultura de un pueblo se los construye desde distintos lugares, como la familia, las tradiciones, la escuela, medios de comunicación y también las normas y leyes, que dan una noción sobre qué está bien y qué está mal. Las leyes no van a solucionar los problemas, por sí solas, pero ayudan a poner en claro cuál es la posición del Gobierno, del Estado y del pueblo organizado. El camino de profundización y discusión sobre las leyes evidencia el carácter histórico y contextual de ellas, ninguna ley se escribe en piedra.

La Ley 348 fue clara: para garantizar a las mujeres una vida libre de violencia, el cuerpo que se protege son los cuerpos de las mujeres. ¿De qué? De la violencia de los hombres. La violencia de los hombres hacia las mujeres es un delito de carácter público y no solo individual y por eso el Ministerio Público está de parte de la mujer víctima.

Ciertamente el machismo, la misoginia, la lesbofobia, que son formas de pensar y comportamientos tan arraigados en nuestra sociedad, se han expresado a través de la mala interpretación y del mal uso de la Ley 348 por parte de las y los administradores de justicia, evidenciando una falta de preparación y de conciencia social, y cuándo no, corrupción y complicidad. Cierto, no se trata de hacer buenas leyes y después que el pueblo se arregle, se trata de presupuestos, de acciones concretas que movilicen a la sociedad, de operativizar y controlar la aplicación correcta de la ley; no basta un año de despatriarcalización, empezar con un quinquenio, cinco años de poner a la despatriarcalización como prioridad. No se tomó en serio la formación de jueces y fiscales, ni tampoco se impulsó las políticas culturales y educativas de despatriarcalización. El Ministerio de Salud tiene otro papel importante que tampoco se ha cumplido, la violencia hacia las mujeres es un problema de salud pública y al respecto hay muy poco. Los medios de comunicación deberían tener una línea de acción en la lucha para garantizar a las mujeres una vida libre de violencia.

Ante la presentación del proyecto de profundización de la Ley 348 —que nosotras por supuesto apoyamos— , nos surge una preocupación muy grande: el uso, en los discursos, de “mujer trans”, pues son palabras que se derivan de políticas misóginas neoliberales, destinadas a destruir, anular y desaparecer los cuerpos de las mujeres, diluyendo el significado del concepto de mujer —que refiere a los cuerpos con los que nacemos— en el festival de las opciones. La ley es clara, es para garantizar a las mujeres una vida libre de violencia. Se puede esclarecer y ampliar la ley y decir que la 348 protege a mujeres que son personas trans masculinas y protege a personas trans femeninas, también. Pues, la expresión “mujeres trans” nos puso la piel erizada, pues se vulnera el derecho a vivir libres de violencia a mujeres que se autodefinen trans masculinas. ¡Jallalla proceso de cambio!

Julieta Paredes Carvajal es feminista comunitaria.

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Angelitos democráticos

/ 10 de julio de 2022 / 00:55

La gente que es abusadora y que ha hecho de su vida un camino de impunidad, cuando se le pide que asuma responsabilidades por sus actos, se rasga las vestiduras, pues lo considera inconcebible. No pueden creer que están en el banquillo de los y las acusadas y que de una vez deban escuchar los argumentos que denuncian sus acciones.

Estamos contemplando en los medios de comunicación cómo después de tanta retardación de justicia, finalmente las y los golpistas por fin deben rendir cuentas ante el pueblo boliviano de todo el dolor causado, con el asesinato de hermanos, con la persecución política, con la falta de cuidado por las vidas de la gente común, en plena pandemia. Corrupción y negociados que perjudicaron los servicios de salud es la marca que queda impresa en la memoria, recordemos el negociado de los respiradores que fueron causantes de la muerte no solo de masistas, también fueron causantes del dolor de familias, de “pititas” declarados en su odio racista. Esas familias “pitas” también sufrieron la muerte de sus familiares por falta de atención médica adecuada, pues las autoridades golpistas estaban metiéndose el dinero del pueblo a su propio bolsillo.

Las y los golpistas se hacen a los locos y son ahora angelitos democráticos, que nunca, ni en sueños pensaron en el Golpe. Tanto la Iglesia Católica golpista, los diplomáticos de la UE como la cooperación internacional dicen que no complotaron. Por favor, desde la Asamblea Constituyente en 2009 la derecha venia complotando, generando muertes en Sucre para después achacar al gobierno del Evo. Fueron 10 años de complot golpista, pero donde la falsa izquierda se desenmascaró fue en la marcha del TIPNIS, a partir de este momento la escalada golpista fue en ascenso, sin vergüenza. En 2019 fue la culminación del complot golpista.

Pretenden confundirnos sobre las responsabilidades del Golpe, nos dicen que Evo renunció, que también renunciaron los que le seguían, que ellos son los culpables. Ciertamente quienes estuvimos en las calles defendiendo el proceso, no entendimos la posición titubeante de ciertos ministros, tampoco las actitudes en el Parlamento, pero en ese momento había que estar unidas y unidos para defender nuestros sueños de construir el “vivir bien” para todas y todos y para la madre naturaleza.

Antes del golpe, era un momento de reposicionamiento del proceso de cambios revolucionarios, y se veían los apetitos personales, que siempre los hubo, pero a pesar de ello se llevó adelante el gobierno y el proceso de cambios revolucionarios. No hay revoluciones a la carta, se hacen en la lucha y la disputa del poder.

Sin duda hubo traiciones, pero no hay que confundir traiciones con desesperaciones para proteger las vidas, eso es muy importante en este momento, saber diferenciar y no hacer una ensalada; metiendo en el mismo saco a quienes con consignas equivocadas o no, se reunieron en medio de una crisis tratando de preservar vidas. No hay que hacer el juego a la derecha golpista e impune, que se está rearticulando.

Julieta Paredes Carvajal es feminista comunitaria.

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