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Tuesday 4 Oct 2022 | Actualizado a 08:24 AM

¿Quiénes se benefician con la crisis y la guerra?

/ 10 de agosto de 2022 / 01:43

La megacrisis por la que está atravesando el mundo: crisis ambiental, post-COVID, financiera, de deuda, la estupidez de la guerra y la estanflación, que acelerará la crisis del costo de vida al reducir los ingresos de los hogares, me hace reflexionar sobre si estamos conscientes de esta grave situación, sus consecuencias y, lo peor, es que no se vislumbra el final del túnel, dado que los conflictos tienden a extenderse y agravarse. Del antiguo orden económico y político mundial estamos pasando a un Nuevo Desorden Global y de la Guerra Fría a las guerras calientes por el dominio geopolítico, donde el riesgo de confrontación nuclear es “más agudo de lo que ha sido durante décadas”, como advirtió recientemente el Secretario General de Naciones Unidas al presentar su Informe sobre el impacto global de la guerra en Ucrania.

Y la pregunta que me brota es si alguien se beneficia de todas estas crisis, porque me cuesta entender dónde está la racionalidad de los líderes políticos y económicos. Sin embargo, la “racionalidad económica” no es ni emotiva ni moral. Es uno de los supuestos fundamentales de la teoría económica que, por un lado, nos indica que los agentes que intervienen en la economía van a procurar la maximización de sus beneficios. Por otro lado, significa que el individuo es racional si persigue fines coherentes entre sí y emplea los medios apropiados para alcanzar esos fines, eso si no importa cuáles. A nivel empresarial significará escoger la opción que maximice las utilidades o minimice los costos.

La historia nos muestra que siempre hubo ganadores y perdedores en las crisis económicas y en las guerras. Así, las medidas de rescate financiero de 2008 no beneficiaron a la gente, sino que a los bancos y fondos de inversión de alto riesgo; salvando a los culpables de la bancarrota, obteniendo mayores beneficios y hundiendo a las capas medias. Las consecuencias de la crisis financiera todavía las sufrimos, como fue el mantenimiento de bajas tasas de interés cercanas a cero por un largo periodo y, justo ahora, después del COVID-19, tenemos que pagar con altos costos financieros y una posible estanflación mundial.

En medio del shock y la crisis global, el secretario general de la ONU nos dice en su presentación del informe que “es casi seguro que los negocios como de costumbre garantizarán un futuro de crisis constantes y riesgos devastadores”.

Las grandes empresas petroleras ganaron $us 51.000 millones el segundo trimestre de este año, casi el doble que en el mismo período del año pasado y hasta Biden dijo que “están ganando más dinero que Dios”, según la BBC. El secretario general de la ONU sentenció: “Es inmoral que las compañías de petróleo y gas obtengan ganancias récord de esta crisis energética a costa de las personas y comunidades más pobres, y con un costo enorme para el clima”, proponiendo gravar estas ganancias excesivas y utilizar los fondos para apoyar a las personas más vulnerables.

Generalmente cuando hay inflación se echa la culpa al alza de los salarios y muy poco se dice de las corporaciones que han aprovechado la alta inflación para aumentar las ganancias extraordinarias, como muestra la evidencia empírica de que el aumento de los precios en una industria a menudo se asocia con el aumento de las ganancias corporativas.

Así en el caso del alza en los precios de los alimentos, más que beneficiarse el pequeño agricultor, se benefician las grandes corporaciones de las cadenas mundiales; mientras que, según el informe, uno de los efectos de la guerra será que 47 millones de personas más se sumen a las filas del hambre. En el caso de la reciente declinación de los commodities, la mayoría de los consumidores no han visto que las caídas de los precios de los alimentos y combustibles se traduzcan en tasas de inflación más bajas.

El problema de fondo es la falta de una institucionalidad a nivel global, por lo que la conclusión del Secretario General de Naciones Unidas es aterradora: “El mundo ha pagado un alto precio por nuestras respuestas ad hoc a las recientes crisis mundiales… No existe una sola organización para reunir a las partes interesadas en caso de una crisis mundial de este tipo”.

Gabriel Loza Tellería es economista, cuentapropista y bolivarista.

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¿Septiembre u octubre negro?

/ 21 de septiembre de 2022 / 01:29

En los mercados financieros, aunque dicen que son “racionales”, predominan ciertos mitos y leyendas como los de septiembre y octubre negro.

Lo de octubre negro es un clásico en la historia de las crisis, puesto que un jueves 24 de octubre de 1929 se produjo el gran desplome de la Bolsa de Valores de Nueva York, que marcó el inicio del Crac del 29 y de la Gran Depresión en los años 30. La crisis bursátil duró hasta mediados de 1932, cuando el índice de la Bolsa de Nueva York alcanzó un nivel mínimo cercano a 30, desde un máximo registrado en 1929 de 200.

Lo de septiembre negro es más una cuestión de costumbre resultante de las largas vacaciones de julio y agosto, como señala Bloomberg en línea, donde los analistas recién se dan cuenta de que han descuidado el monitoreo de las principales variables. Para el caso de los bonos, son ajustes en caja resultante de cuadrar sus portafolios.

Sea una tradición o práctica contable, me preocupa mucho la caída de las bolsas a mediados de septiembre si se comparan con sus máximos alcanzados a mediados de agosto. Resulta que la bolsa de las empresas tecnológicas, NASDAQ, que refleja a las empresas líderes, cayó un 12,8%, el tradicional Dow Jones en 9,8% y el Standard & Poors 500 descendió en 10%. Los niveles alcanzados en sus índices son los más bajos en el trascurso de este año, solamente superados por los registrados en junio. En suma, entrarían en niveles preocupantes si continúa la tendencia.

En septiembre, el Banco Mundial en su Nota de Política: ¿Es inminente la recesión global?, aumentó mis inquietudes. La recesión mundial, entendida como una caída del PIB mundial per cápita, generalmente viene precedida por un debilitamiento significativo del crecimiento mundial en el año anterior, tal como viene sucediendo actualmente, pero además deben coincidir fuertes desaceleraciones o recesiones en varias economías importantes, que recién estarían comenzando. Como todo pronóstico contempla tres escenarios: el de referencia, en que no habría recesión; el de desaceleración, en el que apenas se escaparía de ella en 2023; y, el peor escenario, donde habría una recesión global en 2023. Las apuestas están abiertas y los dedos cruzados.

El problema es que ni siquiera estas notas de los organismos mundiales son leídas por los líderes políticos y económicos. Por lo que cuentan los medios, están metidos en otros temas más importantes y los líderes de occidente están plenamente convencidos de que las sanciones económicas a Rusia están funcionando muy bien, por lo que no hay atisbos de conversaciones con el fin de parar este desastre mundial.

Mi hipótesis es que solamente cuando los mercados financieros continúen en su caída y el desplome sea significativo, recién empezarán a hablar de posibles negociaciones de tregua. Y el escenario me parece que puede ser octubre, no solo por la tradición sino porque confluirán varios eventos.

En primer lugar, en octubre se conocerían las tasas del PIB al tercer trimestre en las economías avanzadas, las cuales darían señales de si se va en camino hacia una fuerte desaceleración o se mantiene la tendencia actual. En segundo lugar, ya se tendrían señales de si se está frenando la inflación o si sigue su tendencia en alza. En tercer lugar, los bancos centrales ya están sincronizando y alistando las alzas de sus tasas de interés, como en el caso de la Reserva Federal en EEUU y también del Banco Central Europeo, puesto que en agosto ya estaba el Área del Euro con una inflación anual del 9,1% y se esperaba entrar a finales de año a una tasa de dos dígitos, es decir igual o mayor al 10%.

El problema es que los mercados financieros, como no lo estaban haciendo hace tiempo, como señala Bloomberg en línea, se están también moviendo en forma sincronizada. Recordemos que un aumento de la inflación de EEUU en solo un 0,1% en agosto, fue el motivo para la caída de las bolsas en forma simultánea en septiembre. Y este movimiento en sintonía no es otra cosa que la manifestación del comportamiento de manada o rebaño ante situaciones críticas donde no predomina la racionalidad. Y mi temor es que se acentúe este comportamiento si algún datito no les gusta a los mercados en octubre.

Gabriel Loza Tellería es economista, cuentapropista y bolivarista.

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¿Recesión mundial?

/ 7 de septiembre de 2022 / 00:49

Los datos recientes de las economías avanzadas sobre el crecimiento del PIB no son alentadores. Así, aunque no lo admita oficialmente el Gobierno de Estados Unidos, ha disminuido en forma consecutiva la tasa de crecimiento del PIB en -1,6% y -0,6% en el primer y segundo trimestre de este año, lo que correspondería a la definición tradicional de recesión técnica. No obstante, la tasa de desempleo a agosto de 2022 está todavía muy baja, de 3,7%, similar al nivel precrisis de 2019, siendo el indicador más relevante de la actividad económica.

La Unión Europea todavía se mantiene en un terreno positivo, aunque con tasas trimestrales bajísimas del PIB del orden del 0,6% en el primer y segundo trimestre bordeando el estancamiento, mientras que Alemania está más cerca del precipicio con un crecimiento del PIB de 0,1% en el segundo trimestre. En cambio, el Reino Unido habría iniciado su trayectoria de recesión al registrar en el segundo trimestre una caída del PIB de -0,1%.

Lo que sorprendió es la caída en el segundo trimestre del PIB de China de 2,6% por las implicancias que tiene en el comercio mundial, especialmente para la región de América Latina y el Caribe, por la caída de su demanda de commodities. Lo que se esperaba era una desaceleración debido a los efectos de la extremada cuarentena en Shanghái y el cierre de puertos. El FMI incluso había proyectado para todo 2022 un crecimiento del 3,3%, luego de solo un recorte de sus perspectivas en 1%. No hay que olvidar que durante la crisis del COVID fue la única economía grande que creció en 2,2%.

En la región, Chile habría entrado a una recesión técnica al registrar en el primer trimestre una disminución de 0,6% de la tasa de crecimiento del PIB y en el segundo trimestre, de -0,1%. La CEPAL espera un crecimiento para 2022 para la región de más del 2%.

A nivel de la economía mundial, si se utilizara el criterio de recesión técnica por dos trimestres consecutivos se dice que las recesiones mundiales serían muy raras dado el alto crecimiento tendencial de los mercados emergentes, como en la crisis financiera de 2009 con una disminución de -0,1% y la crisis del COVID-19 de 2020, con una caída del 3,1% del PIB mundial.

El FMI adopta reglas menos estrictas para llamar a una recesión global, como el crecimiento del PIB mundial por debajo del 2,5% o el crecimiento negativo del PIB per cápita. En cambio, para la OMC es cuando el producto mundial registra una tasa de crecimiento alrededor del 2%.

Pero si siguen muchas economías experimentando trimestres consecutivos de crecimiento negativo, como parece que es la tendencia, no sería raro que a fin de año podemos terminar con una recesión “global” con un crecimiento del PIB mundial en torno al 2%. Sin embargo, los ministros de Finanzas del Grupo de los Siete (G7) han estado más preocupados en sancionar a Rusia al imponer un precio máximo al petróleo ruso en un intento por afectar la capacidad de Moscú para financiar la guerra en Ucrania. En contraparte, Rusia dijo que dejaría de vender petróleo a países que impusieran precios máximos, como señala BBC Mundo, por lo que los precios del gas natural en todo el mundo se están disparando, y los precios europeos ahora cotizan a lo que sería un equivalente a $us 410 por barril de petróleo crudo, según oilprice.com.

Lo que preocupa es la narrativa de economistas de la talla de Paul Krugman (artículo publicado en LA RAZÓN el 30 de agosto), que dice que es Rusia la que ha hecho “un embargo de facto destinado a presionar a Occidente para que corte el apoyo a Ucrania. Y el resultado ha sido un aumento increíble en los precios del gas en Europa”. Olvida que el Occidente inició las sanciones económicas a Rusia hace seis meses, tal como dice Jean Pisani- Ferry en Project Syndicate: “Después de seis meses de sanciones occidentales sin precedentes, la situación económica de Rusia, aunque mala, es posiblemente mejor de lo que la mayoría de los observadores esperaban. Esto no es un buen augurio para el resultado de la guerra financiera de Occidente contra el Kremlin”.

Parece que las potencias, solo cuando el malestar de la gente y el estallido social sea incontrolable, recién van a tratar de pensar en una Tregua Mundial.

Gabriel Loza Tellería es economista, cuentapropista y bolivarista.

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Los costos de la guerra

/ 24 de agosto de 2022 / 01:22

Si nos hubieran preguntado hace seis meses antes del inicio de la invasión a Ucrania y las sanciones, cuáles serían los costos de la guerra, difícilmente podríamos haber tenido una idea aproximada a la magnitud de la crisis por la que está atravesando el orden y la economía mundial. Como predije en mi artículo de LA RAZÓN en abril, sobre Los efectos de la guerra y las sanciones: “Cuantificar los efectos de la guerra entre Ucrania y Rusia parece fácil… medir el impacto negativo en el crecimiento del PIB mundial, en torno al 1%, los efectos en el aumento de la inflación mundial, un 2,5% e incluso los impactos de una suspensión total de las importaciones de Alemania de gas desde Rusia, en torno al 2% del PIB alemán”. El problema era “que la crisis mundial que atravesamos es mucho más compleja de lo que creemos los economistas”, puesto que estamos viviendo una megacrisis conformada por la crisis pospandémica, el efecto en China del cierre de Shanghái, la crisis de la guerra de Ucrania y la reciente crisis resultante de la “normalización monetaria” con el aumento de las tasas de interés, todas ellas que nos están conduciendo a una estanflación mundial.

Según las Perspectivas de la Economía Mundial, del FMI, el impacto en la reducción en la tasa de crecimiento proyectada del PIB mundial para 2022, en abril era de -0,8% y en julio de -0,4%, lo que da hasta ahora un acumulado de 1,2% de reducción, mientras que el impacto en la inflación, el ajuste en el aumento de los precios en las economías avanzadas era de 1,8% en abril y de 0,9% en julio, lo que da un incremento en la inflación proyectada del 2,7%. El efecto en Alemania, medido por la reducción en el crecimiento proyectado para 2022 del PIB, en abril fue de -1,7% y en julio de -0,9%, que sumados dan un impacto del 2,6%. Por tanto, se pide excusas por el error de las estimaciones mencionadas que fue entre 0,2 y 0,6%. Un Premio Nobel, dicen que dijo que hacer predicciones es difícil sobre todo cuando se trata del futuro.

El hecho es que el título de los informes de las Perspectivas de la Economía Mundial del FMI cambió radicalmente entre abril y julio de este año, de “La guerra retrasa la recuperación mundial” a “Un panorama sombrío e incierto”, por lo que me preocupa el título de su informe en octubre de este año.

Prefiero hacer el seguimiento del Grupo Mundial de Respuesta a las Crisis sobre Alimentos, Energía y Finanzas que el Secretario General de las Naciones Unidas ha establecido y que está en su sitio web Ukraine in focus-UNCTAD, que emite informes periódicos del Impacto Global de la Guerra de Ucrania, siendo el último en agosto sobre la crisis energética.

Utiliza cuatro indicadores: el primero, el incremento del costo de los alimentos, que estima un crecimiento del 37% respecto a diciembre de 2019, cifra que ha disminuido por la reciente tendencia a la baja del precio mundial de los alimentos, que en su anterior informe era del 50% con relación a enero de 2022. El segundo indicador es el aumento en el precio del petróleo, que es del 20% respecto a enero de 2022, habiendo alcanzado a un 50% en su informe anterior, dado el descenso reciente en su cotización. El tercer indicador es el costo del transporte marítimo que subió en 14% con relación a enero de 2022, habiendo sido del 23% en el informe precedente. Y por último, un indicador del costo financiero para los países emergentes es el margen de diferencia o spread de los bonos soberanos, que subió un 29% referente a enero de 2022, habiendo sido de un 47% en el informe previo.

Esta labor que hace Naciones Unidas es encomiable, como el reciente viaje del Secretario General que supervisó la partida de dos barcos que participan en la Iniciativa de Granos del Mar Negro, que busca llevar ayuda urgente para combatir el hambre al Cuerno de África. Así, a seis meses de la guerra, repito el último párrafo de mi artículo de abril: Es necesario que los organismos internacionales alerten de los peligros de la barbarie militar, humana, ecológica y económica a la que nos están empujando y no se limiten solo a cuantificar algunos impactos en el PIB, la inflación y el comercio. ¡No a las invasiones ni sanciones!

Gabriel Loza Tellería es economista, cuentapropista y bolivarista.

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El Índice Big Mac

/ 27 de julio de 2022 / 02:59

El Índice Big Mac fue inventado por The Economist en 1986, según su sitio web, como una guía alegre para determinar si las cotizaciones de las monedas de los países a nivel mundial están en su nivel “correcto” o están “por debajo de su valor” o “por encima de su valor”. Se basa en la teoría de la paridad del poder adquisitivo (PPA), que dice que los niveles de precio entre dos países deberían tender a ser iguales en el largo plazo, es decir, una canasta idéntica de bienes en cada país costará lo mismo una vez que las divisas se hayan intercambiado.

The Economist no usa una canasta sino una hamburguesa estándar a nivel mundial, la Big Mac que, por ejemplo, a junio de 2022 costaba 3.400 pesos en Chile, mientras que en EEUU su precio era de $us 5,15. La relación entre ambos precios nos da un tipo de cambio Big Mac de 660,19 pesos, lo que vendría a ser su nivel “correcto”. Ahora, si ese nivel lo comparamos con la cotización oficial a junio del peso chileno, que fue de 928,43 pesos por un dólar, se encuentra que el peso chileno oficial estaría más débil, más pesos chilenos por un dólar respecto a su “valor correcto”, en un 28,9%.

Esta situación ocurre, según el sitio web del The Economist, con la mayoría de las monedas a nivel mundial que estarían en una carrera por devaluar, con excepción de pocas monedas como el franco suizo, que estaría más bien por “encima de su valor” en 30,3%, la corona noruega (21,6%) y el peso uruguayo (18,1%).

El problema de fondo es la revaluación del dólar de Estados Unidos, la más elevada en 20 años y el hecho de que la moneda rival, el euro, de una relación de $us 1,15 en diciembre de 2021 cayó en pocos meses a una cotización de $us 0,98, menos de un dólar por un euro. Hay muchas explicaciones de la revaluación del dólar; una de ellas, que es “un mal pospandemia” por el exceso del gasto, y otra, que la asocia al problema de la inflación y al aumento de las tasas de interés de parte de la Reserva Federal de EEUU.

Sin embargo, es conveniente analizar el comportamiento del dólar no en términos nominales con otras monedas, sino en términos reales; lo que significa tomar en cuenta la relación de precios con las otras economías, para lo cual la Reserva Federal de EEUU (Fed) calcula un Índice Real Amplio del Dólar (Real Broad Dollar Index), donde niveles por encima de 100 significan una “revaluación real”. Si partimos en enero de 2006 con un índice igual a 100, encontramos que el índice a junio de 2022 es de 115, que refleja una apreciación real del 15%.

En primer lugar hay que hacer notar que un dólar fuerte no es reciente ni es pospandemia, puesto que se observa ya su tendencia a partir de marzo de 2015, que continuó con el COVID-19 en 2020 y sigue hasta ahora. Por tanto, no parece razonable asociar la apreciación real del dólar solo a un aumento del gasto fiscal en tiempos de pandemia.

En segundo lugar, si bien hay una relación entre la apreciación del dólar y la tasa de interés del Fed, es conveniente tener en cuenta que antes de la elevación de sus tasas, a mediados de marzo, ya la apreciación real a febrero de 2022 era del 10%. Entonces, el aumento de su tasa de interés de 0,25% en marzo hasta 1,15% en junio muestra una apreciación adicional del dólar de un 5%, por lo que no sería la única explicación de su apreciación.

El contexto indudablemente es la alta inflación y el problema es que los bancos centrales creen que para frenar la inflación hay que subir las tasas de interés, en el entendido de que es una inflación solo de demanda debido a la expansión de la cantidad de dinero, por lo que subiendo sus tasas de interés hacen que el dinero sea caro y bajen los precios.

Adicionalmente, varios bancos centrales en América del Sur dejaron que sus monedas se deprecien ante la reciente caída de los precios de los commodities y si bien la devaluación incentiva nominalmente a las exportaciones, por otro lado, encarece las importaciones, por lo cual tuvieron que intervenir sus mercados cambiarios como el Banco Central de Chile.

Bolivia todavía no está en medio en la vorágine de alta inflación y fuerte depreciación, por lo que debemos preservar la estabilidad económica alcanzada como un patrimonio de todos los bolivianos.

Gabriel Loza Tellería es economista, cuentapropista y bolivarista.

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¿La recesión mundial a la vuelta de la esquina?

/ 13 de julio de 2022 / 01:08

Las discusiones entre los economistas son geniales, como en el caso reciente de si la inflación era transitoria o permanente en tanto se aceleraba el alza de precios en la economía mundial. Así, para los países de la OECD se prevé una tasa de inflación del 8,5% en 2022, más del doble de la registrada en 2021 (3,7%) y cuatro veces más alta que en todo el periodo 2013-2019, que fue de 1,7% en promedio, inferior a la meta del 2% que tienen los bancos centrales de la OECD.

Lo mismo está pasando ahora en las discusiones sobre la posible recesión en los países avanzados, que en un principio fue descartada y posteriormente admitida como probable a regañadientes, siendo actualmente la discusión de si está “a la vuelta de la esquina”, como dicen algunos economistas y Wall Street, o si ya está presente como perciben los consumidores. Sin embargo, en EEUU, a junio aumentó la planilla de nuevos trabajadores contratados y la tasa de desempleo se mantuvo en 3,6%, similar a los niveles prepandemia en 2019, lo que mostraría que la recesión no sería inminente.

¿Pero por qué seguimos a EEUU de cerca? Porque sigue siendo el centro de la economía mundial más allá de si su PIB pasó a segundo lugar, desplazado por China. Es el centro financiero mundial y de las más importantes bolsas de valores como el Dow Jones y el NASDAQ. Es el primer emisor internacional de bonos públicos como en el caso de los bonos del Tesoro americano. Es la más importante fuente de origen y destino de la inversión directa extranjera y de los flujos de capital y, sobre todo, el dólar es la principal moneda de reserva internacional y se ha revaluado en 7% entre enero y junio de 2022, alcanzando su nivel más alto en 20 años.

Tradicionalmente se decía que si EEUU se resfriaba, a los demás países les venía una neumonía, sin embargo, esta dependencia ya no es tanto como antes, puesto que en la economía mundial han aparecido múltiples polos económicos, pero que debido a la hiperglobalización, el mundo es cada vez más interdependiente e interconectado con una transmisión casi inmediata de las perturbaciones, los efectos contagio y la ampliación de los shocks entre la mayoría de las economías del mundo.

Un mecanismo de trasmisión de la crisis mundial se da a través de las fluctuaciones de los precios de los commodities, que son los principales productos de exportación de Bolivia y de la región. Con la pandemia, los precios de los commodities cayeron a niveles críticos, con excepción de los metales preciosos; así, en el caso del petróleo a $us 21 el barril, el más bajo precio desde diciembre de 2001, y en el caso de los alimentos y minerales descendieron a los bajos niveles de la crisis financiera de 2008.

Con la recuperación de la demanda mundial empezaron a subir las cotizaciones de los alimentos, minerales y el petróleo a $us 95 el barril. Con la guerra y las sanciones se dispararon los precios del petróleo a $us 122 el barril, el 8 de junio, para después declinar en torno a los $us 100 en la primera semana de julio. Después de alcanzar un máximo en marzo, los precios de los minerales cayeron en 18% hasta junio, a los que se sumó la cotización del oro, que descendió en 14% y la plata, en 28% hasta principios de julio. Los precios de los alimentos también empezaron a disminuir desde marzo, aunque solo en 3,5% hasta junio, según la FAO. ¿Será el fin del ciclo post COVID?

Los signos de la desaceleración de la economía mundial son claros, la OECD estima un crecimiento del producto mundial del 3% en 2022, por debajo del 4,5% proyectado en diciembre pasado, y para el último trimestre prevé un 1,9% de crecimiento. Adicionalmente, un indicador anticipado, el Índice de Confianza del Consumidor muestra un nivel de 97 por debajo de 100, que significa una actitud pesimista de la evolución futura de la economía y posiblemente una tendencia a ahorrar más y consumir menos ante las amenazas de recesión.

El impacto en nuestra economía se sentirá más en el segundo semestre de 2022, por lo que deberíamos estar preparados con todo el instrumental de la política económica y los mecanismos disponibles de financiamiento externo o, toquemos madera.

Gabriel Loza Tellería es economista, cuentapropista y bolivarista.

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