Voces

Monday 3 Oct 2022 | Actualizado a 00:33 AM

Iniciativas concretas para grandes objetivos

/ 14 de agosto de 2022 / 01:04

La compleja situación global requiere un seguimiento analítico riguroso puesto que no se asemeja a ninguna época pasada comparable. La guerra en Ucrania no muestra perspectivas de alcanzar pronto el momento de las negociaciones diplomáticas. Han aumentado las tensiones en el mar de China en torno a Taiwán. Y la inflación amenaza prolongarse hasta entrado 2023. Si el alza de las tasas de interés tiene éxito en bajar la inflación, eso traerá consigo una contracción del crecimiento global, acompañada de mayores niveles de desempleo y reducciones del comercio exterior.

La interpretación de la coyuntura debe completarse necesariamente con el examen de los factores estructurales de la economía mundial y de sus componentes regionales, así como del reagrupamiento que ya está ocurriendo en cuanto a las corrientes del comercio internacional.

Al respecto conviene detenerse a considerar el rezago latinoamericano en términos de los obstáculos estructurales que impiden que la región alcance su nivel potencial de desarrollo, si se toman en cuenta su dotación de recursos naturales, sus indicadores sociales y culturales, así como sus arquitecturas institucionales.

Las dificultades que tiene América Latina para alcanzar un nivel potencial de desarrollo acorde con su dotación de recursos derivan de varios factores. El primero de ellos consiste en la división interna que impide que la región actúe en el plano internacional con una sola voz en un momento en que se están definiendo las reglas del orden internacional del futuro. Y los egoísmos nacionales y el sectarismo impiden a su vez que funcionen los mecanismos de integración y cooperación.

América Latina está atrasada en cuanto a la infraestructura física, al alcance de la digitalización y a la calidad de sus sistemas de salud y de educación, entre los aspectos más relevantes.

Por otra parte, los países latinoamericanos están muy atrasados en cuanto a la adopción de una estrategia integral respecto del cambio climático. Los esfuerzos aislados no condicen con el potencial conjunto de la región, habida cuenta de los recursos de agua dulce, enormes extensiones de bosques húmedos y de una enorme riqueza en materia de biodiversidad.

Baste mencionar las posibilidades que contiene la Amazonía para desplegar una iniciativa que potencie la capacidad negociadora de la región en su conjunto en materia de mitigación del cambio climático y la absorción en gran escala de los gases de efecto invernadero. Sería suficiente poner en funcionamiento efectivo el Tratado de Cooperación Amazónica, suscrito por los ocho países amazónicos hace 44 años.

La preservación conjunta del potencial climático y biodiverso de la Amazonía constituye una de las iniciativas que podrían considerarse para establecer mecanismos de nuevo tipo para impulsar la integración y cooperación a geometría variable en la región.

La profunda división política e ideológica que se ha establecido en América Latina es ciertamente un obstáculo para la retoma de la integración regional en gran escala, pero quizás podría superarse si se enfocan iniciativas parciales que atiendan, bajo el sistema de adscripción voluntaria y gobernanza adecuada, algunos problemas críticos de la región, donde uno de los objetivos mayores podría consistir en la sustitución paulatina del extractivismo prevaleciente por una articulación regional de proyectos individuales caracterizados por su elevado potencial innovativo y de creciente incorporación de valor agregado intelectual.

Otro objetivo podría consistir en impulsar un mayor grado de autonomía regional en materia alimentaria y energética en el contexto de la perspectiva de la fragmentación del sistema internacional en bloques rivales de poder, donde los países latinoamericanos tendrían que evitar el alineamiento con cualquiera de los bloques.

Horst Grebe es economista.

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Un mundo más inseguro

/ 25 de septiembre de 2022 / 02:25

Las medidas adoptadas recientemente por Putin colocan al mundo en un nivel inédito de inseguridad, casi similar al de la crisis de los misiles en Cuba en 1962. Las principales diferencias estriban en que en esa ocasión las decisiones estratégicas definitivas estuvieron a cargo de Kennedy y Jruschov, y excluyeron al propio Castro. En cambio, ahora hay varios actores involucrados directa e indirectamente en el conflicto de Ucrania, cada uno con intereses y posiciones diferenciadas, además de que por de pronto no existe condición alguna para una mediación eficaz que logre sustituir la confrontación bélica por una negociación diplomática.

La movilización parcial hasta un total de 300.000 nuevos reservistas; la convocatoria a cuatro referendos similares al de Crimea en 2014 en los territorios ocupados en la zona del Donbás, y la amenaza de recurrir a la utilización de armas nucleares tácticas en caso de que continuaran las sanciones a Rusia por parte de los Estados Unidos, la OTAN y la Unión Europea, parecen responder a la exitosa contraofensiva de Ucrania, que ha cambiado el curso de la guerra y coloca a Putin en una posición defensiva, la cual podría traer consigo sensibles repercusiones internas. Esta perspectiva se agrava en la medida en que, debido a las sanciones impuestas a ese país, su industria militar no recibe los suministros tecnológicos necesarios para el mantenimiento y reparación de sus equipamientos y artefactos bélicos.

La guerra en Ucrania tiene también repercusiones en otras zonas del mundo, sea porque se ha suspendido el abastecimiento de gas proveniente de Rusia, como es el caso de Alemania, o sea porque resulta imposible la exportación de trigo, maíz y aceite de oliva desde Ucrania hacia los mercados de Europa y África. Ante los riesgos evidentes de una hambruna en varios países del África, la mediación del Secretario General de las Naciones Unidas ha logrado algunos embarques de alimentos desde el Mar Negro hacia los puertos del norte de África. Nada dice sin embargo que esto pueda continuar en el futuro, puesto que la escalada de la guerra podría incluso llegar a inutilizar total o parcialmente los puertos y barcos aptos para el mencionado propósito humanitario.

Dicho esto, conviene tener en cuenta que la guerra de Ucrania no ha originado todas las calamidades que amenazan al mundo. Así, por ejemplo, la posibilidad de avanzar en los compromisos de combate al cambio climático se ve seriamente dificultada por la imposibilidad de cumplir con los compromisos colectivos adoptados sobre la materia en las reuniones pasadas de la Conferencia de las Partes (COP). Son por tanto inciertas las perspectivas sobre los resultados de la COP 27, convocada para noviembre en Egipto.

Por otra parte, algunos países industrializados tienen necesidad de poner de nuevo en funcionamiento sus fuentes de energía nuclear y del carbón, con el retraso consiguiente en cuanto a la instalación de fuentes de energía renovables.

Por consiguiente, los desastres naturales que trae aparejado el calentamiento global seguirán causando sufrimiento humano y destrozos materiales cada vez mayores.

Un tercer aspecto que provoca gran incertidumbre internacional es el que se relaciona con la inflación rebelde que campea en todas las zonas económicas, con los efectos de profundizar las brechas sociales y aumentar la pobreza. Por de pronto, las medidas monetarias adoptadas por los principales bancos centrales del mundo lograrán su objetivo únicamente al costo de alentar una gran recesión internacional, que ya se anuncia por parte de varios observadores para el próximo año.

Por último, el conjunto de circunstancias mencionadas anticipa claramente una inminente crisis de deuda externa, alimentada por el nivel del endeudamiento de algunos países de Europa y América Latina y el aumento del costo del financiamiento.

Horst Grebe es economista.

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Una respuesta colectiva ante la crisis global

/ 11 de septiembre de 2022 / 00:30

Las perspectivas de la economía internacional en los próximos meses se muestran enormemente complejas por la presencia simultánea de elevados niveles de inflación, claras evidencias de recesión y diversos problemas de abastecimiento de energía, alimentos y suministros críticos para las cadenas globales de valor en las economías avanzadas. La disparidad de condiciones fiscales y monetarias en las diferentes zonas económicas dificulta ciertamente la coordinación de medidas destinadas a enfrentar las diversas manifestaciones de una crisis multifacética, como ponen en evidencia las diferencias en cuanto a la oportunidad y el nivel de alza de las tasas de interés de los principales bancos centrales del mundo desarrollado. El atraso y la cautela del Banco Central Europeo en este aspecto se traduce en una depreciación histórica del euro frente al dólar de los Estados Unidos, siendo que la tasa de inflación en la Unión Europea es más alta que la de los Estados Unidos.

De otra parte, las economías europeas enfrentan diversas circunstancias en cuanto a su abastecimiento de energía, puesto que existen diferencias considerables en la composición de la matriz energética de los diferentes países, siendo que se encuentran en peor situación los que tienen una alta dependencia del gas natural en comparación con los que disponen de una mayor proporción de electricidad generada a partir de energía nuclear.

Un seguimiento detallado de las dispares circunstancias que predominan en las economías industrializadas en esta época permite extraer valiosas enseñanzas en dos sentidos. En primer lugar, respecto a las perspectivas diferenciadas en materia comercial, financiera y de adquisición tecnológica, según sea la pauta de inserción internacional de cada país de la periferia y semiperiferia. En segundo lugar, porque se presentan ahora con claridad las consecuencias de las políticas adoptadas en el pasado bajo el paradigma de una globalización sin gobernanza.

En efecto, se confirma que los mercados resultan miopes en términos estructurales y de autonomía nacional, así como insensibles a las consecuencias sociales. Además, resulta evidente que, en una época de transición hegemónica global, las pugnas entre las grandes potencias determinan las prioridades políticas por encima de las relaciones económicas de corto plazo. Vale para todas las economías, aunque la disponibilidad de opciones sea marcadamente diferenciada según sean la calidad y alcance de las instituciones existentes en cada caso.

Puesto que nada permite suponer que la inestabilidad y la incertidumbre vigentes en el ámbito internacional serán desplazadas por algún tipo de nueva normalidad en el futuro próximo, resulta razonable proponer que los países latinoamericanos se protejan de las tormentas externas mediante una defensa colectiva de sus economías y de sus sociedades, consistente en una serie de iniciativas de integración y cooperación a geometría variable, amparadas sin embargo en un marco común de solidaridad latinoamericana de largo aliento.

Ningún país latinoamericano está en condiciones de sortear por sí solo los retos derivados de las crisis externas, una de cuyas consecuencias es el enorme encarecimiento del financiamiento internacional, sea para reprogramación de deudas o para suscripción de nuevos créditos. Y tampoco ningún país puede emprender en solitario las formidables inversiones en infraestructura que se requieren para superar el rezago de la región en esta materia.

En ambos casos es imprescindible una coordinación eficaz entre los organismos financieros multilaterales existentes en la región (CAF, BID, FLAR y Fonplata) con miras a disponer de un fondo suficiente para financiar el encaminamiento de la transformación productiva hacia un modelo regional dinámico, equitativo y ambientalmente sostenible.

Horst Grebe es economista.

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Consideraciones sobre la postergación del Censo

/ 31 de julio de 2022 / 00:36

Es justo reconocer que las recientes reuniones convocadas por el presidente Arce a gobernadores, alcaldes y otras autoridades, constituyen un paso promisorio hacia la preparación del Censo de Población y Vivienda en términos que aseguren su calidad técnica y su equilibrio político.

Cabe señalar sin embargo que la información transmitida por algunos participantes en tales eventos ha dejado dudas sobre el carácter vinculante de los acuerdos alcanzados. No conviene, en efecto, que los resultados de las reuniones sean presentados por el vocero presidencial, y que más pronto que tarde algunos participantes consideren necesario explayar sus propias puntualizaciones, aclaraciones y comentarios sobre lo acordado o no. En vista de la importancia y la necesidad de consolidar la confianza inicial que se ha logrado, sería muy recomendable que dichas reuniones culminen con un acta formal que contenga los antecedentes del debate y los acuerdos alcanzados.

El tema que ha quedado aparentemente sin tratamiento en las mencionadas reuniones es el de la postergación del Censo hasta mediados de 2024. La demanda de que el Censo se lleve a cabo a mediados de 2023 está vinculada casi exclusivamente con la expectativa de recursos financieros que aspiran recibir gobernadores, alcaldes y rectores de las universidades públicas. No basta con transmitir en medio de otras materias un mensaje por los medios de comunicación de que el Censo no es para eso. Es preciso, en cambio, dejar claramente establecida la situación al respecto, en vista de que existen normativas vinculantes en la propia Constitución Política del Estado y en la Ley Marco de Autonomías.

Existen también otros argumentos que pueden esgrimirse para llevar a cabo el Censo en 2023 y no en 2024. Sin perjuicio de que algunos países latinoamericanos también hubieran postergado sus respectivos censos por causa de la pandemia u otros motivos, en el caso boliviano se tiene que tomar en cuenta que el segundo semestre de 2025 estará caracterizado por dos eventos de la máxima importancia para nuestra sociedad y sus autoridades políticas.

Se trata, en primer lugar, del Bicentenario de la Independencia que se conmemora el 6 de agosto de 2025. Se requiere para tal efeméride una preparación de documentos alusivos a la situación del país, cuya caracterización estadística tiene que estar apoyada por cifras actualizadas y confiables.

Por otra parte, en octubre de ese año se realizarán probablemente las elecciones generales para presidente, vicepresidente y miembros de la Asamblea Legislativa. También para tal efecto se requieren por supuesto datos demográficos y territoriales actualizados y compatibilizados con el padrón electoral.

Por consiguiente, es probable que ambos eventos no contarían con la información completa y oportuna en caso de que el Censo se lleve a cabo a mediados de 2024.

Tampoco es un problema menor que se tuviera que actualizar la cartografía, con miras a incorporar los datos de los cambios de situación que se presenten en el curso de los próximos dos años.

Por todo esto, el cronograma preciso de actividades constituye uno de los requisitos principales para evitar que sea la presión política y social la que lleve a decisiones que puedan perjudicar la tarea preparatoria, o que el despliegue de las presiones destruya el ambiente de confianza que debe prevalecer a la hora del empadronamiento de todos los hogares del país.

Por último, entre las recomendaciones de los organismos latinoamericanos también se encuentra la conveniencia de conformar un consejo consultivo compuesto por un conjunto plural de personalidades, expertos y representantes sectoriales y territoriales, que contribuya a equilibrar los diversos intereses involucrados en la realización del Censo en todas sus etapas.

Horst Grebe es economista.

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Acuerdos para un Censo de calidad

/ 17 de julio de 2022 / 00:35

La decisión de postergar el Censo de Población y Vivienda tiene varias consecuencias y ha provocado diversas reacciones. Entre las principales se tiene que mencionar la demanda de que el Censo se realice a mediados de 2023.

Los argumentos para realizar el Censo en 2024 incluyen causas climatológicas y demoras en la socialización de la boleta. Los problemas más complicados consisten sin embargo en el retraso de la cartografía y en la existencia de numerosos conflictos limítrofes entre municipios vecinos. Ambas cuestiones se sintetizan en las expectativas sobre la distribución de recursos fiscales y el número de escaños en la Cámara de Diputados.

Conviene recordar que ya hubo una modificación de la coparticipación tributaria con la incorporación de indicadores de pobreza en el marco de la condonación de la deuda externa, bajo el amparo de la iniciativa conocida como HIPC. Por lo tanto, no es verdad que una mayor población signifique automáticamente mayores recursos fiscales. Habría que empezar por un debate informado sobre las variables y los indicadores sociales complementarios a las cifras poblacionales para armar la pauta de distribución de los recursos presupuestarios entre los entes territoriales autónomos y las universidades públicas.

Tampoco hay una relación directa entre el número de la población y su representación en la Cámara de Diputados. Basta mencionar que el artículo 146 de la Constitución Política del Estado establece que el Órgano Electoral determinará la distribución total de escaños entre los departamentos en base al número de habitantes de cada uno de ellos, de acuerdo al último censo, pero por equidad la ley asignará un número de escaños mínimo a los departamentos con menor población y menor desarrollo económico.

Recursos fiscales y escaños activan en consecuencia los intereses y las pasiones, anticipando expectativas a partir de supuestos sobre los flujos migratorios identificados grosso modo en el país. Cabe plantear la convocatoria a un gran acuerdo de solidaridad nacional respecto del origen y destino de los recursos fiscales, tomando en cuenta las perspectivas económicas en los próximos años, lo que podría proporcionar elementos de juicio para acordar por anticipado los parámetros para el pacto fiscal y la reforma tributaria que debe acompañarlo.

En cuanto a la distribución de escaños en la Cámara de Diputados se puede proponer otro gran acuerdo político a partir de una deliberación amplia sobre el artículo 146 de la Constitución Política del Estado, cuyo objetivo primordial debería ser la representación proporcional de las organizaciones políticas surgida de elecciones limpias y competitivas. Entre los criterios de equidad, el más relevante es el que alude a menor población.

Si hubiera la voluntad política de resolver de esa manera democrática las tensiones que provoca la preparación del Censo, se podría avanzar en la identificación del catálogo de indicadores demográficos, sociales y económicos que debe proporcionar el Censo con miras a la planificación del desarrollo, la identificación de las brechas en los ámbitos de la salud, la educación, la vivienda y el empleo, toda vez que en estos aspectos se han registrado los mayores impactos del COVID-19.

Una información verídica sobre el avance actual de las tareas preparatorias podría abrir la posibilidad de considerar la realización del Censo a mediados de 2023. Caso contrario la información completa del Censo no estaría disponible para el Bicentenario ni para las elecciones generales de 2025.

En cualquier caso, resulta imprescindible el fortalecimiento institucional y la independencia del INE. Es obvio que la mejor garantía de un Censo de calidad consiste en un sistema transparente de diálogos y acuerdos en diversas geometrías institucionales, políticas y sociales, destinados a fortalecer la cohesión social.

Horst Grebe es economista.

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Se refuerzan las tensiones internacionales

/ 3 de julio de 2022 / 01:44

En las semanas pasadas, Estados Unidos ha logrado fortalecer sus alianzas políticas y militares con Europa. En efecto, en la Cumbre del G7 llevada a cabo en Baviera (Alemania) se ha decidido por unanimidad incrementar sustancialmente el apoyo a Ucrania, al tiempo que se modifica el tipo de relaciones de cooperación que se establecieron en el pasado con Rusia. En dicho evento se ha buscado además atraer a dicha órbita a países como la India e Indonesia (Asia), Senegal y Sudáfrica (África) y Argentina, en representación de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe (CELAC).

Por otra parte, en la Cumbre de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) realizada en Madrid se ha adoptado el Concepto Estratégico para los próximos 10 años, donde se señala a Rusia como una amenaza significativa y directa, y a China como un desafío sistémico que utiliza herramientas híbridas y cibernéticas maliciosas. También se inició el proceso de adhesión de Finlandia y Suecia, que tras la invasión a Ucrania rompieron con su tradicional neutralidad. En el evento también participaron Australia, Nueva Zelanda, Japón y Corea del Sur, no solo debido su apoyo a Ucrania contra Rusia, sino también en cuanto claro mensaje a China respecto de la situación en la región del Indo-Pacífico.

De esta manera, la OTAN ha incorporado nuevos miembros y ha aumentado asimismo su presupuesto operativo con el propósito de ampliar significativamente su presencia en las fronteras de Europa del Este y del Báltico, incluyendo el estacionamiento de nuevos contingentes de tropas y armamentos en países fronterizos con Rusia.

Aunque es evidente que la guerra en Ucrania ha marcado los resultados centrales de ambos eventos, el contraste es notorio con la Cumbre de las Américas en Los Ángeles.

Lo que me interesa destacar una vez más, sin embargo, es la parálisis latinoamericana ante los riesgos que significan para la seguridad y el desarrollo de la región los conflictos militares en curso y la consiguiente perspectiva de bloques de poder y zonas de influencia.

El contexto internacional contiene desafíos que hay que enfrentar con respuestas apropiadas y oportunas, con visión de largo plazo. Las medidas adoptadas por la OTAN en las fronteras con Rusia traen inevitablemente una reacción simétrica del otro lado, con los consiguientes resultados de una escalada del gasto armamentista en el mundo, al mismo tiempo que las sanciones aplicadas contra Rusia tienen repercusiones internacionales, ilustradas con el aumento de las cotizaciones de los hidrocarburos y los fertilizantes, y la escasez de alimentos que ya se siente en la región.

Por consiguiente, es imprescindible que América Latina adopte posiciones conjuntas y establezca mecanismos para asegurar su seguridad geopolítica, comercial, financiera y de acceso a recursos que le permitan atender sus emergencias inmediatas en materia de financiamiento y recuperación económica, creación de empleos y reorganización de sus sistemas de educación y salud. También se requiere proporcionar respuestas concertadas a las modificaciones y desplazamientos en curso de las cadenas internacionales de suministros, aprovechando algunos componentes de los mecanismos de integración existentes, que podrían funcionar a geometría variable para comenzar, y luego sentar las bases para la transformación productiva de más largo aliento, que responda regionalmente a la fragmentación del orden internacional y la perspectiva de una proliferación de sistemas proteccionistas y guerras comerciales estratégicas.

Para concluir, conviene recordar que América Latina es Zona de Paz y que las armas nucleares están proscritas en la región a partir del Tratado de Tlatelolco de 1967. Ambos aspectos deberían servir de fundamento de la posición latinoamericana en el contexto de las peligrosas tensiones que debilitan la seguridad internacional.

Horst Grebe es economista.

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