Voces

Sunday 25 Sep 2022 | Actualizado a 09:15 AM

La fecunda vida del maestro Cavour

/ 14 de agosto de 2022 / 01:04

Durante los dos días de velorio, el Museo de Instrumentos Musicales de Bolivia, creación y esfuerzo personal del maestro Ernesto Cavour Aramayo (1940- 2022), el desfile de decenas de músicos de todas las edades, convirtieron la ceremonia velatoria en un concierto de despedida de muchas horas que llenó la casona del siglo XVIII hasta sus últimos rincones. Como dice la canción de pascua tarijeña que se la cantaron varias veces: una despedida mezcla de pena con alegría, una conjunción de emociones por todo lo que este ser humano excepcional hizo por su país, el charango y por las personas que lo conocieron. Un niño grande travieso y generoso que se asombraba de todo, que recuperaba su niñez cada Navidad al organizar a los niños para que interpretaran villancicos y sus extravagancias musicales para demostrar que todo está rodeado de música, que lo único que hay que hacer es develarla. Así, armaba con una caja de fósforos y una liga y creaba una percusión inédita, o piedras que se golpeaban entre sí para simular pasos de caballos o lluvia, a una bacinica golpeada con una baqueta y lograr el sonido de una campana de convento. Fue uno de los pocos músicos que compuso tonadas, cuecas, taquiraris y un sinfín de melodías a las cosas simples que nos rodean: los panes, las sillas, las hormigas…

Los espectáculos que presentaba en la Peña Naira eran inolvidables, un despliegue de creatividad que nunca se repetía y del cual salía agotado y después de un breve descanso volvía al ataque, para hacer bromas. Era un hermano mayor, un amigo a toda prueba y hasta un padre.

El día de la inhumación en el Cementerio General, la cantidad de personas que lo conocían y sus múltiples ahijados y comadres colmaban la estrecha callejuela de la Jaén. La plaza Riosinho colapsó interrumpiendo el tráfico, un taxista malhumorado y agresivo intentaba pasar violentamente, entonces un grupo de personas dolientes se acercaron y le espetaron al unísono: ¡Es Cavour! El taxista frenó su malacrianza y se pidió disculpas y la caravana se desplazó hasta el cementerio donde una columna de cientos de personas esperaba el cuerpo de su charanguista, multitud que lo lloró y a quien Cavour hizo bailar y alegrar desde la fundación del célebre grupo Los Jairas, que irrumpió con la música de cholos e indios, tumbando los prejuicios y la infamia racista que se manifestaban con virulencia en los años 60 del siglo pasado.

La herencia que nos dejaron Édgar Yayo Jofré, el gringo Favre, Godoy y Cavour desencadenó un torrente musical proscrito en un estado que es eminentemente musical. Cada rincón de Bolivia tiene un tesoro guardado en cada fiesta del santoral, fundidas con los ciclos agrícolas y cósmicos indígenas.

El interés por la cultura popular y su afán de preservarlo impulsó a Cavour a conformar y dirigir equipos para plasmar en trabajos de etnomusicología todo el legado ancestral en valiosos textos. Su filiación urbana al barrio de Chijini le permitió ser un centro de irradiación de la cultura popular urbana, Cavour conocía cada resquicio, era un gourmet de estos bulliciosos espacios donde se generan las formas de entender la felicidad y la tristeza. Eso lo llevó a candidatear para alcalde de La Paz en 1989 por Izquierda Unida (IU), cuando la izquierda estaba hundida y no existía una figura para evitar una dispersión mayor. Si bien Cavour no militaba en ningún partido, su vinculación con las clases populares era muy intensa.

En la última década, junto a su compañera María Antonieta, organizaron en el museo el Teatro del Charango, acompañado por el maestro Orlando Encinas y Franz Valverde, donde tocó en sus últimas presentaciones públicas. Además, concluyeron la catalogación, gracias al apoyo de una institución extranjera y la indiferencia estatal. Era una tarea que lo inquietaba.

El amor de Ernesto Cavour Aramayo a su país nunca fue enunciativo, su figura ya pertenece al imaginario popular y su nombre será recordado por el homenaje que le hará el gobierno municipal a través de la ordenanza que instruye la nominación de una calle con su nombre y cuyo proyectista fue el vicepresidente del Concejo Municipal, Javier Escalier. ¡Gracias por tanto, Coco Cavour!

Édgar Arandia Quiroga es artista y antropólogo.

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Matria íntima

/ 25 de septiembre de 2022 / 02:32

Agobiado por un tinnitus desatado por las ingestas descontroladas en las fiestas de devoción al Tata Santiago- Tata Illapa, fuimos a buscar una sierra de carpintería de 42 cm a las ferreterías antiguas de la avenida Buenos Aires. Dicha excursión fue un fracaso, otra había sido realizada semanas antes en la inmensa feria de la 16 de Julio, también infructuosa. Decidí volver a mi favela de la ladera y para ello monté a un minibús al lado del maistrito conductor, furibundo fan de la cumbia y así, con el volumen a todo ku’chi de sus temas favoritos, recorrimos ese tramo de comercio endiablado donde cada espacio está ocupado y el abigarramiento no deja resquicio alguno en este textil humano.

Con un mohín de molestia, le rogué al conductor que bajara el volumen de su radio, me dirigió una mirada de paramilitar y cambió de emisora a una religiosa, en ella un pastor alertaba sobre la inminente llegada de Jesucristo para meter en una gigantesca hoguera a todos los pecadores. Durante el trayecto, escuchamos la cadena de torturas y padecimientos a los que serían sometidos todos los herejes y paganos que quemaban mesa para la Pachamama e iban a los prestes a pecar y rendir devoción a estatuas de yeso. Por supuesto yo era un candidato perfecto para tal venganza celestial. Pensé, en ese momento, que era mejor escuchar a David Castro, Luna Cruel o a cualquier grupo de bulliciosos cumbieros que hacen de su ritmo percutivo una especie de mantra que nos hipnotiza en las fiestas. Sin embargo, nadie escuchaba, era solo un acompañamiento al viaje porque todos los pasajeros estaban presos de sus celulares. Recientemente había perdido a mi comadre Wendy, componente de nuestra cofradía de devotos del Tata y de Amaru, el hijo del músico Adrián Villanueva, mi compañero de colegio. Escoltado por estos sentimientos y el irritante tinnitus, arribé a mi ladera, divisé un saco del que emergían unas papas de piel dorada y me acerqué a mi casera Lidia que me recordó: —¡Por qué no has escrito la semana anterior! Y recién me percaté de mi olvido y pensé: —Ya estoy kaivo, ¡Cómo me olvidé! Lidia me relató que ya había sembrado la papa en su comunidad y que para noviembre estará lista la cosecha. Me enseñó que la papa es siempre hembra y que se la debe respetar y festejar para que sus frutos alimenten a las personas. Compré una cuartilla y la cociné, era sabrosa y harinosa y puede servir para puré o fritura, en tanto bullían me puse a revisar el calendario de festividades en septiembre: el 8 fue de la Virgen de la Natividad, en la zona Luis Espinal de El Alto, en Peñas, Kasani, Chuchulaya; del Señor de la Exaltación en Central Dolores en El Alto, Santiago de Machaca, Garita de Lima, en Obrajes, Vino Tinto, Calamarca, en Cota Cota, Villa Ingavi en El Alto, Rosas Pampa, Sorata, en Tiwanaku, Villa Exaltación en El Alto, Caja Ferroviaria; el Señor de Lagunas, en Alto Tejar; del Apóstol San Mateo, en el Cantón Sivicani; la Octava de Exaltación en Puerto Chaguaya. Viene la fiesta de mi virgencita, la Mechita, la patrona de los presos, en Valencia, Chiaramaya, Karhuisa, Villa Esperanza, en la penitenciaría de San Pedro, Centro de Orientación Femenina de Obrajes; y finalmente la fiesta de San Miguel, en Iruma, provincia Aroma y en Palomar, río Abajo. Como se podrá apreciar, los candidatos a arder son millares y forman ese entramado íntimo que la patria oficial desconoce. Patria es, popularmente, la tierra natal o adoptiva, ordenada como nación, a la que se siente arraigada el ser humano por vínculos jurídicos, históricos y, sobre todo, en las clases populares, afectivos.

En cada barrio, como en el mío, el entramado humano se vuelve casi familiar, aquí viven personas de todas partes y el afecto que cultivamos entre compadres y amistades con los que convivimos es sustancial. El aislamiento de la pandemia y las turbulencias políticas generaron una ruptura; ahora estamos sanando las heridas porque nos necesitamos entre todos. El espíritu comunitario nunca se extinguió y el valor de la vida prevalece en esta Matria íntima que nos cobija como una madre.

Édgr Arandia Quiroga es artista y antropólogo.

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Pitoniso informático

/ 28 de agosto de 2022 / 00:37

Las sorpresas que me depara encontrarme con mi compadre Teo siempre son turbadoras, así en nuestro último encuentro, me presentó a un joven ingeniero de sistemas que, para ganarse el sustento, practica la prospectiva, o sea es un analista del conjunto de estudios realizados sobre la economía, la política nacional e internacional, además de explorar todos los sucesos y eventos para predecir lo que puede pasar o no en determinada materia. El desprestigio de los magos exnarcotraficantes en sus vaticinios electorales o las madames que aseguran que con el auxilio de un chamán experto en las siete fumadas poderosas reconquistarán amores perdidos, ha permitido a este pitoniso informático generar una clientela que confía más en las computadoras que en las bolas de cristal, las cartas y los consabidos mates de calzón. O algunos de los analistas políticos que más bien parecen militantes y sus “análisis” no son otra cosa que campañas para impulsar a sus empleadores o desprestigiar a sus oponentes. Este joven profesional, a través de informaciones que incorpora a la memoria de su impresionante equipo computacional, cuya cabina parece un módulo interespacial en reemplazo de las calaveras, velas y fotografías del Tata Santiago y del compadre Palenque, ha logrado montar un consultorio acorde a los tiempos que vivimos.

Como era de suponer, las consultas amorosas y los problemas económicos son las vertientes más ricas para mantener su consultorio sin necesidad de ponerse turbantes, capas ni anillos como danzarín de kullagua. Intrigados por los rumores sobre una división del oficialismo, cada vez más cercanos a la consolidación en hechos de los mismos, le preguntamos qué pasará antes de 2025, entre otras dudas y posibles circunstancias que solo el azar podrá cambiar. Más o menos esto nos dijo sobre nuestro interrogatorio:

“La oposición es la más interesada en que Evo Morales se postule en 2025, de esa manera los militantes masistas que le echan en cara a Evo su afán de perpetuarse en el poder puedan corroborar otra vez que su error proporcionó en bandeja a sus adversarios los argumentos para que la derecha radical y las logias cruceñas puedan capitanear su caída. Ese grupo crítico está en torno al presidente Arce Catacora y trata de ganar más espacios y, sobre todo, conquistar los sectores campesinos originarios que agrupa el vicepresidente Choquehuanca. Así, los evistas llaman ‘traidores’ a los que criticaron la cuarta postulación, mientras que los críticos estigmatizan la forma extraña de entender la lealtad al proceso político y los llaman llunk’us. Las subjetividades son múltiples, si bien antes Evo tenía la virtud de unir esa diversidad de marxistas ortodoxos, indianistas indeterministas, tendencias social demócratas y a los oportunistas de siempre sin formación ideológica y menos ética y son los primeros en corromperse, ahora el panorama es otro.

La oposición no tiene argumentos fuertes para criticar al Gobierno, sus antecedentes más cercanos que trata de ocultar de la memoria con el asalto al Estado por parte de la derecha reaccionaria en 2019, le despoja de autoridad moral, y recurre a la adjetivación y no a propuestas que puedan generar expectativas populares. Especulan que la postulación de Evo les dará la única oportunidad con el fraccionamiento del MAS (IPSP) porque tienen la esperanza de un liderazgo restaurador con Manfred Reyes Villa, avalado por el Imperio e impulsado por Sánchez Berzaín. Camacho y Mesa no tienen el potencial para aglutinar una fuerza capaz de enfrentarse a un oficialismo unido.

Según las encuestas, Lula puede volver a ser presidente del Brasil, lo que fortalecerá y mejorará la economía boliviana y dejará más huérfana a la derecha proimperialista de Latinoamérica. Esa perspectiva internacional repercutirá globalmente, habida cuenta que con la guerra de Rusia y Ucrania ha generado una multipolaridad y Bolivia puede aprovechar este momento con la vigorización de sus proyectos del litio. Si el gobierno de Arce logra emplazar una industria en alianza con Chile y Argentina su prestigio subirá y puede ser un aliciente para una repostulación exitosa”.

A estas alturas, la clientela de nuestro pitoniso exigía atención, así que abandonamos su nave y nos fuimos a seguir especulando mientras degustamos un wallake, deporte muy querido por los bolivianos que creemos en todo y en nada a la vez.

Édgar Arandia Quiroga es artista y antropólogo.

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La guerra desde adentro

Por Édgar Arandia Quiroga

/ 6 de agosto de 2022 / 03:30

Bolivia, 197 años de independencia

Los primeros conquistadores que se asentaron por estos territorios, Hernán Cortés (1519) en México y Francisco Pizarro (1532) en Abya Yala, estaban guiados por la codicia y la posibilidad de obtener la gloria para la Corona. Para ello aplicaron la espada junto a la Biblia, dos instrumentos poderosos de conquista y colonización para someter tanto al cuerpo como al espíritu de los habitantes originarios de estas tierras.

Para la historiografía tradicional, el proceso de conquista culminó en la segunda mitad del siglo XVI, cuando se sometió a Tenochtitlan y Cajamarca, y la finalización de la colonización el año 1776, con la declaración de independencia de los Estados Unidos y a partir de entonces, la creación de las repúblicas.

Sabido es que las fuerzas criollas, es decir los descendientes de los conquistadores españoles, se arrogaban mayores derechos que sus antecesores porque habían nacido en tierras invadidas y, muchos de ellos, concubinado con mujeres indígenas y procreado hijos.

Los derechos de los conquistadores estaban amparados por leyes y normas llegadas desde la Corona y la posibilidad de intentar una simetría entre ambos grupos de poder solo podía darse por un cambio social y económico. Ambos grupos descansaban sobre las espaldas de las naciones indígenas que sostenían esa estructura a través de la mita, la encomienda y otras formas de explotación domésticas. La creación de las repúblicas solo fue un cambio de familias y las formas de explotación continuaron con otros barnices.

Durante estos periodos de inicio y finalización de la conquista y la colonización, continuaron las sublevaciones indígenas; así, en 1536, Mallku Inca inició actos de resistencia militar que fueron continuados por Sari Túpac y Titu Cusi Yupanqui. Estas confrontaciones fueron aplastadas ferozmente por la superioridad bélica de los conquistadores y formaran parte del tiempo de la Auca Pacha, el tiempo de las confrontaciones bélicas que continuarán en territorio boliviano —ya en la república criolla— hasta la Guerra Federal (1898- 1899) con resultados igualmente adversos a las fuerzas indígenas; sin embargo, estos fracasos militares sentaron un precedente ante las fuerzas criollas que asumieron su temor al indio y cerraron filas para evitar conflictos que pongan en riesgo sus intereses de casta. Zárate Villca escribió en la proclama de Caracollo, en su intento de incluir a los grupos mayoritarios indígenas a la república criolla: “2do. Con grande sentimiento ordeno a todos los indijinas que guarden respeto con los vecinos y no hagan tropelías (ni crismes) porque todos los indijinas han de levantarse para el combate y no para estropear a los vecinos/ tan los mismo deben respetar a los blancos o besinos a los indijinas porque somos de una misma sangre y deben quererse como entre hermanos e indianos (sic). 28 de marzo de 1889”. El resultado de la solicitud de respeto fue su asesinato.

Esta constatación sobre la dificultad de vencer al colonizador español o al criollo republicanos por medio de las armas motivaron en los líderes indígenas a recurrir a la memoria larga del movimiento durante la colonia del Taki Unkuy (1565), que se expresó primero en Huamanga y se expandió en todo el territorio de Charcas, en la zona centro andina conformada por el eje Lima-Cuzco La Paz-Chuquisaca. Este movimiento articulaba rasgos de la religiosidad aymara quechua, con una mística nueva que intentaba reencontrarse con las antiguas divinidades de la naturaleza cercana a los seres humanos, rechazando el dogma católico, implantado a sangre y Biblia.

INDIOS. El cronista Molina relata: “…resalieron muchos predicadores luego de los indios, (…) andaban predicando esta resurrección de las huacas, diciendo que ya las huacas andaban volando por los aires, secas y muertas de hambre; porque los indios no le sacrificaban ya, ni derramaban chicha; y que habían sembrado muchas chacras de gusanos para plantarlos en los corazones de los españoles, ganados de Castilla y los caballos y también en los corazones de los indios que permanecen en el cristianismo”. Este movimiento político religioso continúa hasta nuestros días en Bolivia, sus formas y estrategias han cambiado (fiestas patronales, fraternidades, colectivos), la forma de resistencia político- cultural ha generado un movimiento inusual en todo el territorio boliviano, incluido las tierras bajas por la expansión de las migraciones internas y su influencia seguirá creciendo, pese a la resistencia conservadora que desea replicar las formas republicanas de exclusión y explotación.

Édga Rarandi Aquiroga es artista y antropóm logo. es docente de la universidadmayor de san andrés numsao.

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¡Toquen sus guitarras grandes!

/ 31 de julio de 2022 / 00:37

A Willy Pozadas

Una de las tareas complejas de teóricos y políticos es plantear acciones prácticas y eficientes para lograr la integración del Estado Plurinacional, no solamente con normas que pocos conocen y nadie respeta. Esta historia, a cuyo protagonista perdí de vista hace años, devela caminos insospechados de la cultura y el arte para intentar una integración estatal sin traumas, gestiones que continúan hasta ahora, demostrando una efectividad notable, pero lamentablemente efímera.

Así, al empezar la década de los años 70, cuando fungía de director del Museo Nacional de Arte el arquitecto Alejandro Guardia, existía el prurito de integrar a través de acciones culturales al oriente con el occidente. Para ello se trasladaría por la vieja carretera, parte importante de la colección de obras originales del acervo patrimonial: Melchor Pérez de Holguín, Miguel Berrio, el Maestro de Calamarca, entre otros maestros del arte colonial del siglo XVII.

En este proyecto también estaba incorporada la Orquesta Sinfónica Nacional (OSN), con un programa exquisito de música clásica europea. Varios camiones fueron cargados con obras y los instrumentos de la OSN y en un bus, los músicos rumbo a Santa Cruz. Debido al celo por la valiosa carga, el director del museo viajó junto a su colaborador Carlos Orozco, encabezando la caravana.

Al llegar al primer poblado, confundieron al señor Orozco con un transportista de nombre Eliseo, muy popular por sus aventuras amorosas y su camión que viajaba de occidente a oriente, bautizado como El aventurero amoroso. En este lugar le esperaba una esposa con sus hijos, pero el problema no pasó a mayores porque el señor Orozco aclaró que él no era Eliseo y que su parecido físico era casual.

Sin embargo, a medida que avanzaba la caravana y descansaban en los poblados intermedios, la constante aparición de esposas e hijos de Eliseo empezó a poner en riesgo la integridad física del señor Orozco, aunque trataba de mediar el director Guardia, aclarando que no era el tal Eliseo. La caravana de pronto se vio impedida de avanzar por un bloqueo campesino en Epizana. Muchos campesinos también confundieron con Eliseo al señor Orozco, entonces el director le ordenó que aprovechara la confusión para solicitar a los bloqueadores, en su mayoría quechuas, que dejaran pasar a la caravana cultural hacia su destino. El señor Orozco, munido de su quechua paceño, entabló las negociaciones explicando la tarea. Luego de una gran asamblea en el lugar del bloqueo, los líderes indígenas aprobaron la tregua con la condición de que la orquesta sinfónica tocara para los bloqueadores unas cuequitas, huayñitos, taquiraris, morenadas… y luego podrían pasar. Con las pinturas no se hicieron problemas: —Eso hay harto en las iglesias, arguyeron. No recuerdo si en el relato, estaba como director Vartañan, lo cierto es que los músicos se miraron confundidos y exclamaron: — ¡No sabemos, porque nunca hemos ensayado nuestra música con estos instrumentos!

Orozco fue con la noticia ante los bloqueadores para explicar el problema.

Un dirigente envió una delegación a verificar el contenido del camión de instrumentos e informó a sus jefes. Los músicos, acompañados de su director, intentaron convencer a los bloqueadores sobre la imposibilidad de acceder a su pedido y el jefe les respondió: ¡Toquen en sus guitarras grandes que tienen en ese camión!

Ante la disyuntiva, solicitaron a los bloqueadores que consiguieran charangos y guitarras para interpretar música boliviana y que esas guitarras grandes eran chelos y contrabajos, y no eran adecuados para esa tarea musical.

Finalmente, algunos maestros que trabajaban en orquestas populares satisficieron la demanda musical ante la algarabía de la población. La caravana pasó al siguiente poblado, ya cercana a la ciudad oriental, pensando que las dificultades habían concluido, pero allí estaban esperando a Eliseo un padre y unos hermanos furibundos que acompañaban a una adolescente que exhibía su monumental embarazo.

Orozco, aterrorizado, pidió al director que intercediera por él, toda vez que en el bloqueo su situación había sido comprometida peligrosamente con la identidad de Eliseo.

Los músicos descargaron sus instrumentos, los afinaron, colocaron atriles y los vecinos buscaban a Eliseo. Mientras sonaban los acordes del Himno Nacional, los vecinos y los ofendidos la cantaban, mientras Orozco se escabullía silenciosamente. Desde entonces, varios maestros han realizado arreglos de música boliviana para la OSN.

Édgar Arandia Quiroga es artista y antropólogo.

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Elogio de la ‘thayacha’

/ 17 de julio de 2022 / 00:36

Ningún tiempo es mejor o peor, solo son diferentes. Las formas de vida del pasado —para algunos— eran mejor que las de ahora porque no había tanta polución de ruido, automotores, anuncios y celulares como un intermediario para comunicarse y estar en el mundo. En cambio, antes era posible jugar fútbol en la calle hasta la medianoche o ir al jardín de infantes solo, sin temor a los automotores, secuestradores o degenerados. No es cierto, el peligro siempre acecha, en este tiempo como en los pasados y por eso es bueno advertir a las nuevas generaciones que muchas cosas simples que están por desaparecer, nos alegraban la vida y hacían llevaderos los riesgos que presupone vivir en una ciudad, cualquiera sea ésta.

Me cuenta mi hermana que de niño, escapaba semidesnudo al parque cercano de la casa donde morábamos para evitar ir al peluquero, mi madre y su ayudante, junto a un policía me perseguían para atraparme. Lo que recuerdo es que una condición para someterme a la espantosa máquina jaladora de cabellos era que a la vuelta me lo compraran thayacha, esa oca congelada color abeja que vendían en un pequeño nido de paja brava. Los jalones de máquina tenebrosa eran recompensados con una buena porción rociada de miel de caña. La thayacha, elaborada con la oca isañu, es sometida a las heladas del altiplano invernal, por eso solo aparecía en esta época y podías comerla como postre o a cualquier hora del día, nunca de noche. La mayoría de los bolivianos que viven en el exterior extrañan el chuño y la variedad de ajíes y eso es lo que se hacen enviar para elaborar la jallpa wayka o llajua y chuño en la heladera. En mi caso era el isañu para, una vez cocido en abundante agua, desprenda su color morado y beberlo, luego ubicarlo en el congelador hasta el día siguiente y servirlo rociado con varios tipos de dulce, sentarse frente a la ventana o en tu terraza y saborearlo lentamente porque su propiedad glacial no te permite ingerir trozos grandes.

Siempre fue considerado un alimento afrodisiaco y su agua beneficiosa para la próstata. Cualquier exageración produce que tu presión se eleve; ahora se encuentra pulverizada en algunos mercados y tiene un sabor agradable y sirve de infusión. Es el viagra popular, conocido desde tiempos ancestrales y permitió que la población indígena originaria del Tawantinsuyu se reponga de los múltiples genocidios y sobreexplotación en la mita. Apiña mama lo designan en quechua, tropaeolum tuberosum es su nombre botánico científico. Muchos cronistas hablan de ella, Holguín la refiere como “género de raíz como oca” y ponderan su resistencia a las sequías.

Bertonio refiere que se la guardaba todo el año para su consumo, asada o cocida, y se la endulzaba como ahora, exponiéndola al sol invernal durante varios días. También, pulverizada servía para elaborar una pasta llamada tuqra para acompañar el pijchu y el akulliku con coca. Existen diferentes variedades, entre ellas ch’ekkchi, de bulbos jaspeados; q’uillu, de tubérculos amarillentos; muru, de corteza negruzca (mi favorita); okkhe, de carne azucarada; puka, de carne rojiza; yana, de cáscara negra, entre otras que desconocemos.

Es del orden de las geraniales, de flores zigomorfas, plantas herbáceas; según los botánicos, existen 80 especies, en su mayoría andinas.

Todavía los grandes restaurantes y los chefs, esos seres alados que generan inmediatamente la felicidad, no la conocen intensamente. Bolivia tiene espacios interandinos que producen una inmensa variedad que, seguramente, desconocemos hasta ahora y puede ser aprovechada para el consumo masivo interno y la exportación porque su cultivo carece de agroquímicos.

Debo subir hasta los mercados de El Alto a conseguir la thayacha q’uillu, que es la más conocida y popular y compro el muru isañu de los pequeños puestos del Cementerio General, de las vendedoras que llegan del altiplano. Como lo fueran la quinua y el amaranto o kiwicha, excluidos y segregados de las dietas, este superalimento no llegó a los restaurantes de la ciudad. Consumir este tubérculo, que tiene muchos beneficios, además de sus virtudes medicinales, su exquisito sabor que puede ser resaltado al horno, hervido, curtido o como la imaginación nos provoque; también es una manera de descolonizarnos.

Édgar Arandia Quiroga es artista y antropólogo.

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