Voces

Friday 30 Sep 2022 | Actualizado a 16:43 PM

Agresores al descubierto

/ 22 de septiembre de 2022 / 00:49

“Te vas a acordar de esta película toda tu vida…”, les dijo un hombre a las mujeres que agredía, al referirse a la filmación que una de ellas hacía de la violencia verbal y sexual de las que eran objeto en plena vía pública. El iracundo machista no sabía que sería él quien no se olvidará nunca en su vida de esa grabación, que será la que le quitaría el sueño, la libertad, la impunidad en la que se movía. Cuando una ve el video se siente fuertemente agredida, los insultos son proferidos con odio, rabia, total irrespeto a las mujeres, seguramente este señor tiene una madre, una esposa, quizás hermanas o hijas, me pregunto: ¿las tratará de la misma manera? ¿Cómo reaccionaría si ve que otro machista las insulta, las humilla como él hizo con las jóvenes a las que agredió? Su reacción, las palabras que profirió son muestras de una conducta usual, frecuente, claro reflejo de una posición de desprecio por las mujeres.

Las jóvenes que grabaron a su agresor lo denunciaron y con él pusieron en evidencia a esos trogloditas que se disfrazan de honorables ciudadanos porque tienen un auto caro y se jactan de pagar impuestos. Seguramente están acostumbrados a recibir elogios y venias de quienes engañados por el traje, el apellido, la cuenta bancaria, el título que ostentan no sabían de la pobreza de alma, la falta de principios y valores que encierran. Bravo por ellas que se atrevieron, que lo pusieron en evidencia, que le quitaron la máscara sin necesidad de devolverle los insultos ni proferirle palabras denigrantes.

El año pasado comenzó a divulgarse el término feminazi, acuñado por quienes se sienten amenazados a perder sus privilegios de macho por las mujeres que defienden su derecho a vivir sin violencia, a reclamar respeto, a pedir justicia si son violadas, a denunciar a sus agresores, a exigir que las niñas, las bebés de meses no sufran agresiones sexuales por quienes se atreven a decir que las mujeres los provocan, que ellas están buscando que las violen, esos son argumentos que utilizan enfermos machistas que destrozan los cuerpos de niñas de dos, cuatro años de edad.

Estas reacciones misóginas y machistas de parte de algunos hombres parece que se dan porque les cuesta mucho reconocer que están perdiendo sus privilegios, que en el mundo no solo hay machos, que hay seres humanos complementarios y que hoy las mujeres ya no se sientan a llorar ni se quedan calladas y son capaces de denunciar, de organizarse, de plantear soluciones, de exigir el cumplimiento de sus derechos, de ponerse al frente de un movimiento que busca una sociedad donde hombres y mujeres vivan mejor, compartan corresponsablemente la reproducción de la vida y la equitativa distribución de la riqueza.

Lucía Sauma es periodista.

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Los libros de papel

/ 8 de septiembre de 2022 / 01:59

¿Quién dijo que los libros en papel están obsoletos? ¿Quién dice que los jóvenes ya no leen? Quienes afirman ambas ideas no fueron a la Feria del Libro 2022 en La Paz, tampoco figuran entre los más de 100.000 visitantes a ese evento, por lo que no pudieron ver los cientos de libros escritos para adolescentes ni la avidez con la que buscaban los títulos que los atraen. Los lectores de entre 12 y 17 años valoran las ediciones originales, están al día con los nuevos títulos, en muchos casos las sagas de autores internacionales que supieron conquistar a un público que aparentemente estaba perdido. Hace unos años con la popularización del internet se había vaticinado erróneamente la muerte del libro de papel, los adolescentes y los jóvenes se encargaron de desmentir el pregón de que ya no les interesa la lectura.

Los nuevos lectores que atesoran el libro en papel han encontrado el regocijo de leer el libro en físico, comparar su versión imaginada con la película y encontrar placer en hablar sobre el contenido de la obra con sus amigos en clubes de lectura presenciales que también, aparentemente, habían desaparecido. Quien encontró el placer de leer queda atrapado de por vida dentro de ese mundo de infinitos recursos para la imaginación y el conocimiento. Es algo que se aprende desde temprana edad, comienza con el ejercicio de escuchar a quien lee para nosotros y se convierte en un hábito incorporado en cuanto se aprende a leer y escribir.

La lectura necesita ser fomentada, motivada, sorprendente, de esa manera puede llegar a cifras impactantes, como las que se dieron a conocer desde Francia, donde para este otoño se esperan 490 nuevos títulos y pretenderán igualar el número de libros vendidos el año pasado, es decir la impresionante cifra de 489 millones de libros vendidos en 2021. Las librerías se preparan, los libreros arreglan sus estantes, decoran sus vitrinas, pero los lectores también se ponen ansiosos, esperan las obras más recientes de sus autores favoritos, por supuesto que están quienes buscan las obras clásicas para pasar el otoño y el invierno.

Por este lado del mundo cuando nos aprestamos a recibir la primavera, no hay nada malo en copiar las buenas ideas, por ejemplo pequeñas bibliotecas en plazas u otros lugares públicos donde se podría intercambiar libros entre vecinos. Fomentar bibliotecas en las aulas para que los estudiantes lean las obras de su gusto, es decir las que están fuera de la currícula, incluyendo cómics, cuentos, libros de autores reconocidos dentro del mundo adolescente. La lectura y los libros en papel gozan de buena salud.

Lucía Sauma es periodista.

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Telaraña de los trámites

/ 25 de agosto de 2022 / 01:00

Hacer trámites en las ciudades capitales del eje troncal (La Paz, Cochabamba y Santa Cruz) se asemeja a transitar por un brumoso corredor, antesala de un laberinto del que salir puede llevar una vida entera para desgracia del ingenuo que se propuso formalizar su documentación, sin saber que las oficinas municipales o las dependencias de Derechos Reales se apoltronan en telarañas hechas de enredos burocráticos inentendibles, tanto para quienes incautamente caen en sus redes como para los ilusos funcionarios que creen tener el hilo en sus manos.

Entre el “vuélvase el jueves de la próxima semana”, o el consabido “le falta este formulario”, se pasan meses y años en un trámite que, entre el inicio y el final, debería durar un par de semanas. Ese es el drama por el que atraviesan quienes regularizan el catastro de sus propiedades o quienes deben registrar sus bienes en Derechos Reales. Para obtener solo información deben pasar 10 días, otros 10 para que emitan un informe; rogar por que nada esté observado, porque en ese caso deben pasar otros 10 días para corregir una letra o un número y aunque es sabido que las equivocaciones las cometieron en las oficinas, el error siempre es atribuido y debe ser solucionado por el ciudadano.

Claro que es peor aun cuando ni siquiera se logra hacer ingresar un trámite porque las reglas fueron cambiadas desde el momento que se presentó el expediente hasta que llegó donde debía, por tanto el funcionario perdió la claridad del proceso, peor si es nuevo, porque carece de experiencia y además está absolutamente temeroso de que lo procesen, ante ese peligro prefiere amontonar expedientes y decirle al incauto que llega con sus papeles que debe esperar una nueva reglamentación o un lineamiento que no sale, y cuando lo hace, llega con una serie de impedimentos y nuevas reglas por las cuales debe cambiar toda la documentación que tenía preparada.

Con tanto impedimento la ilegalidad es una alternativa. Esta es como una consigna que todos saben pero nadie la dice en voz alta. Si alguien protesta se arriesga a perder las esperanzas de salir del laberinto, porque de esperanzas viven los ciudadanos, sueñan con ver terminados sus trámites. El viernes 23 de julio del año pasado, el Alcalde paceño anunció con bombos y platillos que “para obtener un catastro, el más sencillo será resuelto en una semana, mientras que el más complicado debe acabar en un tiempo máximo de 21 días. Se acabaron los peregrinajes”. Los señores alcaldes de La Paz o de Cochabamba no conocen la realidad de lo que significa hacer un trámite.

De igual manera en Derechos Reales, los directores de esa institución se hacen de la vista gorda sobre lo que significa el tiempo que transcurre para un simple documento. El cambio de personal, o su rotación, no evita la corrupción pero sí entorpece y retrasa mucho más la agilización de un trámite, principalmente por la falta de experiencia y por la desinformación que se genera.

Lucía Sauma es periodista.

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Entre el hambre y la mala comida

/ 11 de agosto de 2022 / 00:51

Cuatro de cada 10 habitantes de América Latina viven con inseguridad alimentaria, es decir que casi la mitad de latinoamericanos se duerme con hambre, o durante el día no se siente satisfecho con su alimentación. Hay 19 millones más de personas en situación de hambre que en 2019, en toda la región. Es una situación inquietante porque tiende a incrementarse, como lo ha hecho desde la pandemia del COVID-19, continuando con la guerra en Ucrania y la subida de precios en varios países latinoamericanos. Estos datos son de la Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) para América Latina y el Caribe.

En Bolivia se alcanza la cifra de 2 millones de personas mal alimentadas, sea por falta de recursos, por mala información o por no poder acceder a alimentos de calidad. Es cierto que el desempleo se ha incrementado en estos últimos años en nuestro país, eso ha generado inestabilidad económica o incluso falta total de dinero en casos extremos. Pero la mala información sobre los valores nutricionales necesarios en cuanto a calidad y cantidad para un buen desarrollo de las personas ha hecho que aumenten los grados de desnutrición tanto en niños como en adultos. Esa misma falta de información ocasiona que aunque una familia cuente con suficientes recursos económicos no cumpla con una dieta sana y elija comida “chatarra”, teniendo como resultado desnutrición u obesidad.

Puestos a observar en las calles, se nota que los bolivianos en general consumimos mucha grasa, carbohidratos de todo tipo, arroz y fideo casi a diario, gaseosas y azúcares sin control. Pocos vegetales, algo de fruta, pero sobre todo no somos amigos de variar, casi todas nuestras comidas se repiten y no siempre las consumimos con un orden y en horarios adecuados. Esto se refleja en vientres abultados, pesadez en el andar, las permanentes quejas por acidez, reflujo, hígado graso.

Es cierto que las costumbres alimenticias han cambiado y cada vez más, sea por las exigencias de trabajo, las distancias para retornar a los hogares a la hora del almuerzo, la falta de corresponsabilidad en la elaboración de alimentos en la casa, ha hecho que cada quien consuma en la calle lo que pueda, lo que le alcance en su presupuesto o finalmente se salte alguna comida. Comidas con nutrientes como la quinua, el huevo, los pescados, todo tipo de vegetales como la acelga, la remolacha, tienen precios más accesibles y deberían estar en la dieta de las familias bolivianas con mayor frecuencia. Hace falta mayor debate y empeño en eliminar las malas costumbres alimenticias y la creatividad e inventiva en fomentar los buenos hábitos gastronómicos en los jóvenes y niños. La nutrición y la buena alimentación son una cuestión de política pública urgente y necesaria.

Lucía Sauma es periodista.

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De lo que sea

/ 28 de julio de 2022 / 00:57

Hace unos días escuché a unos jóvenes comentar sobre su necesidad de encontrar algún empleo de lo que sea, para cubrir algunos gastos y no ser una carga en su casa, donde sus papás estaban “acogotados” con sus tres hermanos menores y el hijo de su hermana, madre soltera, que ayudaba al mantenimiento de la casa vendiendo ropa, juguetes y cosméticos por internet. Su amiga que le escuchaba digitando su celular de rato en rato — ambos no pasaban de los 25 años—, intervino arguyendo que ella no buscaba un trabajo fijo con sueldo mensual, hizo muchos intentos y se cansó. “Además te pagan mal y te explotan al máximo, prefiero tener mi propio emprendimiento —decía ella—, me encanta lo que hago y no me va mal, pinto uñas y con unas amigas alquilamos un espacio muy chiquito, prácticamente es un quiosco y allí nos acomodamos cuatro, tenemos clientes al por mayor”.

Esa conversación marca la tendencia de los jóvenes en Bolivia respecto al empleo, se conforman replicando la informalidad ante la imposibilidad de encontrar un trabajo estable, con salario digno, seguridad social a corto y largo plazo, con mayor exigencia de capacitación en estudios superiores. Prefieren cero dependencia, nada de órdenes de superiores e imposición de horarios. Es verdad que es una tendencia mundial y más aún después de la pandemia vivida a nivel global. Pero detrás de esas palabras hay unas sombras de resignación y sobrevivencia que crean incomodidad, por decir algo.

Detrás de la breve conversación de esos jóvenes se nota la resignación a postergar indefinidamente el avance en su capacitación, lo que a la larga significa limitar sus aspiraciones de vida. Según el Cedla, solo dos de cada 100 jóvenes en Bolivia tienen buenos empleos, por lo tanto “98 tienen empleos precarios y 65 por ciento tiene trabajos extremos; con remuneración por debajo del salario básico mensual”. Esto nos demuestra algo muy preocupante, que los jóvenes o tienen un empleo precario, mal remunerado, o tienen un emprendimiento muy incipiente, ambos casos significan postergación en su desarrollo y abandono en un proyecto de vida más ambicioso.

Con frecuencia se han anunciado grandes proyectos de generación de empleo para la juventud del país, muchos de ellos con títulos atractivos, se conoce poco de sus resultados y de su vigencia. Lo visible es el desempleo de chicos y chicas a quienes se ve entregando en las calles desde un peine hasta electrodomésticos por ventas que hicieron por internet, mercadería que entregan en la esquina de siempre sin límite de día ni de hora. No son buenas políticas las que lanzan a los jóvenes a trabajar en condiciones paupérrimas con el pretexto de que cualquier cosa es mejor que nada. Los jóvenes necesitan que se los tome más en serio en el momento de elaborar políticas públicas de empleo.

Lucía Sauma es periodista.

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¿Carga o bendición?

/ 14 de julio de 2022 / 00:57

Reiteradamente los aspirantes a abuelos se quejan de las largas que dan sus hijos para convertirse en padres. Un abuelo, entre protesta y resignación decía “no sé cuándo los hijos pasaron de ser una bendición a ser una carga”, pensando en que las jóvenes parejas no se muestran ansiosas por agrandar sus familias, primero apuntan a tener vivienda, un auto y sobre todo tiempo libre para disfrutar de viajes, reuniones, capacitación sea universitaria o no, programar sus vidas sin ataduras. En su análisis de situación los jóvenes observan que los hijos suelen ser muy demandantes del tiempo de sus papás y eso requiere un esfuerzo y un cambio de planes que los posibles padres no están dispuestos a dar.

Jugar, contar cuentos, cambiar pañales, interrumpir el sueño por las noches, es decir constituir una familia y tener hijos ya no es una meta a corto, ni a mediano y muchas veces ni a largo plazo, no es una meta en sus vidas. Suelen argüir que traer hijos a un mundo enfermo por el calentamiento global, con crisis de agua, sequías, falta de alimentos, demasiada violencia, mucho desempleo, elevado costo de vida, es una verdadera irresponsabilidad. Dicen que prefieren no traer hijos para hacerlos sufrir, y aunque muchos lo digan con convicción, lo que está claro es que tienen miedo de afrontar la responsabilidad que conlleva criar un ser humano, atarse a un bebé, a un niño, a las exigencias de cariño y cuidado que se requieren para ayudarlo a crecer, para aprender con él.

Con mayor frecuencia los jóvenes adoptan mascotas y las cuidan como hijos, les entregan su dedicación y tiempo. Son distintas de las crías humanas porque no exigen tanto, no reclaman buen comportamiento, ni critican desde temprana edad las equivocaciones o los errores de los adultos que los concibieron. A pesar de todos los cuidados que prodigan a perritos y gatitos, esta decisión no conlleva la responsabilidad que reclaman los hijos. Los jóvenes ahora eligen no asumir la paternidad o la maternidad. ¿Tanto les marcó su experiencia como hijos, que ahora no quieren tenerlos?

Como fuere, en noviembre de este año la humanidad llegará a la cifra de 8.000 millones de personas, según Naciones Unidas; los Estados, a la par de esta cifra deben asumir su responsabilidad con el cuidado de sus poblaciones como su mayor riqueza. Asimismo, Bolivia necesita aumentar su población, con la previa condición de duplicar la atención a la gente que la habita, proporcionando mediante políticas públicas buenas condiciones de salud, educación, empleo digno, seguridad. Así los jóvenes estarán más dispuestos a cumplir los sueños de los aspirantes a abuelos que hoy les reclaman la alegría que traen los nietos.

Lucía Sauma es periodista.

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