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Saturday 1 Oct 2022 | Actualizado a 13:47 PM

Buenas noticias sobre refuerzos de las vacunas

/ 22 de septiembre de 2022 / 01:03

Por primera vez, Estados Unidos está lanzando vacunas contra el COVID-19 actualizadas para las variantes que predominan en este momento, así como para la cepa original. Esta bivalencia no solo permitirá responder mejor a las variantes más amenazadoras que existen hoy, sino probablemente también a las futuras, porque, cuando el sistema inmune se enfrenta a distintas versiones del mismo virus, genera unas protecciones generales más amplias.

Esto es una gran noticia, y aún hay más. No solo las dosis de refuerzo de las nuevas vacunas disminuirán la probabilidad de contagios y enfermedades graves, además de ayudar a mitigar la transmisión del virus: también podría reducir la probabilidad del COVID prolongado.

¿Cuál es la mala noticia? Se les está dando tan poca publicidad, y hay tanto escepticismo injustificado en torno a ellas, que muy pocas personas podrían ponérselas, y que enfermen, sufran o mueran muchas otras que no tendrían por qué enfermar, sufrir o morir.

Las dosis de refuerzo son de especial ayuda para las personas mayores o con problemas de salud previos, pero a menudo esos grupos tienen que superar algunos obstáculos para acceder a la vacunación. El año pasado, hubo campañas para llevar la vacunación a los centros de mayores y los lugares de paso en las comunidades, o para ayudar a las personas a desplazarse a los centros de vacunación o incluso vacunarlas en su domicilio. Los funcionarios de la Casa Blanca me dicen que siguen intentando llevar a cabo esas campañas, pero reconocen que se hará solo en la medida que lo permitan unos recursos cada vez menores. Sin ese apoyo, ¿cuántas de las personas que más riesgo corren se quedarán sin la dosis de refuerzo, y a las que en otras circunstancias no les habría faltado la voluntad?

Ya se ha demostrado que las vacunas (y las dosis de refuerzo) reducen enormemente las tasas de COVID persistente entre los contagiados, aunque, como es obvio, si se evita por completo el contagio, eso alejaría directamente el riesgo de un COVID persistente. El inmunólogo Shane Crotty también señaló que seguramente estas dosis de refuerzo reduzcan aún más la probabilidad de que surjan complicaciones más graves de la enfermedad, incluido el COVID persistente, y dice que “cuanto más alto sea tu nivel de inmunidad, menos reproducción vírica tendrás, menor daño vírico y menor probabilidad de COVID persistente”.

Y cabe esperar que, en adelante, estas nuevas dosis de refuerzo tengan más ventajas, como una mejor protección frente a futuras variantes, al entrenar mejor a los anticuerpos y las células de memoria, que son partes distintas del sistema inmune.

Por desgracia, quizá nos enfrentemos a otro problema que ya vimos durante la pandemia: los funcionarios de la salud pública o médicos con mucha proyección mediática que arrojan dudas sobre las dosis de refuerzo al centrarse en sus imperfecciones, en vez de en sus inmensos beneficios, y que se preocupan por la reacción del público, por motivos como su “hartazgo de las vacunas”.

Nunca he entendido esas vacilaciones de las autoridades sanitarias y los médicos por cómo podría reaccionar o no el público. ¿Por qué no simplemente damos información veraz y detallada, y hacemos que sea más fácil vacunarse? Esa es la mejor respuesta al “hartazgo de las vacunas”, aunque pueda seguir costando mucho sensibilizar a quienes son antivacunas comprometidos.

Y algunos escritores y científicos han dicho que no se deberían haber ofrecido las dosis de refuerzo hasta haber finalizado sus respectivos ensayos clínicos en humanos. Sin embargo, ya se han realizado amplios ensayos con humanos, para esta vacuna y algunas de sus actualizaciones, y no es nada raro ajustar una vacuna utilizando los datos provenientes del trabajo de laboratorio o con ratones. Es parecido a lo que se hace todos los años para las vacunas antigripales.

Hay muchos estudios dedicados a los mensajes sobre las vacunas, pero en su mayor parte todo se reduce a generar confianza, a la sinceridad y la transparencia y a hacer la vacunación más fácil. Nuestro terrible sistema sanitario es un obstáculo importante: mantener un trato periódico con el médico puede ser un factor clave, pero a muchos estadounidenses les falta ese trato. No sorprende que, de todos los grupos, los menos propensos a ponerse la vacuna y la dosis de refuerzo sigan siendo los que carecen de seguro.

Como se puso de manifiesto durante la pandemia, es la vacunación, y no las vacunas, lo que salva vidas, y habría muchas más personas vacunadas si se les diera información y se les facilitara el acceso. No disponer de las herramientas contra las enfermedades que causan tanto sufrimiento es una tragedia, pero tenerlas y que no se utilicen debería ser, además, inaceptable.

Zeynep Tufekci es columnista de The New York Times.

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La salud mental es política

/ 1 de octubre de 2022 / 02:02

¿Y si la cura para nuestra actual crisis de salud mental no fuese más asistencia médica? Los costos de la pandemia de COVID-19 para la salud mental han sido objeto de análisis amplios en Estados Unidos, la mayoría centrados en el aumento abrupto de la demanda de servicios médicos para la salud mental que está copando las capacidades sanitarias del país. La consiguiente dificultad para acceder a dichos servicios es uno de los motivos que se suelen citar para justificar diversas propuestas a modo de solución, como impulsar el negocio de la sanidad digital, las empresas de teleterapia emergentes y un nuevo plan de salud mental que el gobierno de Joe Biden dio a conocer a principios de este año.

Pero ¿de verdad tenemos una crisis de salud mental? Una crisis que afecta a la salud mental no es lo mismo que una crisis de salud mental. Es indudable que hay abundantes síntomas de una crisis, pero si queremos dar con soluciones eficaces, primero hemos de preguntar: ¿una crisis de qué?

Algunos científicos sociales emplean una palabra, “reificación”, para referirse al proceso mediante el cual los efectos de una determinada organización política del poder y de los recursos empiezan a parecer realidades objetivas e inevitables del mundo. La reificación cambia un problema político por otro científico o técnico.

En la medicina, los ejemplos de reificación son tan abundantes que los sociólogos han acuñado un término más específico: “medicalización”, o el proceso por el cual se enmarca algo como un problema principalmente médico. La medicalización altera los términos con los que intentamos averiguar la causa de un problema y qué se puede hacer para arreglarlo. A menudo, pone el foco en la persona como organismo biológico, en detrimento de la toma en consideración de factores sistémicos e infraestructurales.

Una vez que empezamos a hacer preguntas sobre la medicalización, comienza a parecer inadecuado cómo se han enmarcado los costos de la crisis de COVID-19 para la salud mental: como una “epidemia” de trastornos de la salud mental, como lo han llamado varias publicaciones, en vez de como una crisis política que afecta a la salud.

Aquí está el núcleo del problema: medicalizar la salud mental servirá de muy poco si el objetivo es atajar la causa subyacente del padecimiento general de estrés mental y emocional. En cambio, sí servirá de mucho si lo que se intenta es hallar una solución que pueda gozar del acuerdo de todos los que ostentan el poder, para así poder decir que están ocupándose del problema. Por desgracia, la solución con la que todos pueden estar de acuerdo no va a funcionar.

Sin embargo, incluso las soluciones financiadas con dinero público corren el peligro de caer en la trampa de medicalizar un problema y no atajar las causas estructurales, más profundas, de la crisis. El plan del presidente Biden para la salud mental, por ejemplo, hace muchas concesiones al lenguaje de la “comunidad” y “la salud conductual”. Pero el plan se centra después en varias propuestas que apuntan a la regulación de las redes sociales, hasta que te acuerdas de que es uno de los pocos objetivos que demócratas y republicanos comparten en materia de políticas públicas.

Es indudable que algunas secciones proponen unos cuidados verdaderamente necesarios. Por ejemplo, la propuesta de organizar numerosas clínicas de salud conductual para que ofrezcan tratamientos subvencionados para el consumo de drogas, como el de la metadona en dosis reducidas, responde —aunque por desgracia muy tarde— a una imperiosa necesidad frente al fenómeno de la adicción masiva a los opiáceos, impulsado por empresas como Purdue Pharma y Walgreens. Sin embargo, aunque en gran parte la propuesta parece redactada teniendo muy presente la adicción a los opiáceos, no toma en consideración las mayúsculas consecuencias de la llamada epidemia de los opioides.

Para resolver la crisis de salud mental, por tanto, será necesario luchar para garantizar a las personas el acceso a una infraestructura que amortigüe su estrés crónico: vivienda, alimentación, educación, cuidados infantiles, estabilidad laboral, el derecho a organizarse para humanizar más los lugares de trabajo y acciones determinantes frente al inminente apocalipsis climático.

Si solo se lucha por la salud mental en el plano del acceso a la atención psiquiátrica, no solo se corre el riesgo de reforzar las justificaciones esgrimidas por las nuevas empresas para lucrar, ansiosas por capitalizar los extendidos efectos del dolor, la ansiedad y la desesperación. Con ello también se corre el riesgo de patologizar precisamente las emociones cuyo poder político vamos a necesitar si queremos conseguir soluciones.

Danielle Carr es columnista de The New York Times.

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Discursos en las Naciones Unidas

/ 1 de octubre de 2022 / 01:59

A la 77H Asamblea General asistieron 150 jefes de Estado, de los cuales la mayor parte ocuparon la tribuna para exponer su opinión sobre los tópicos candentes de la agenda internacional. No obstante, sus arengas no se privan de referirse a temas caseros, sin interés universal: hablan para su público nacional, durante los 15 minutos que les son acordados, en riguroso orden protocolar. Con notoria descortesía, una vez cumplida su misión se retiran para no escuchar a sus homólogos, dejando la sala casi desierta u ocupada por funcionarios de modesto nivel. Son excepciones cuando el orador tiene máxima importancia, por ejemplo el presidente americano o celebridades como el Che Guevara o Nelson Mandela. En esta nota nos referiremos a los representantes latinoamericanos, evaluando su estilo retórico y los contenidos de sus mensajes, y los calificaremos de 1 a 10 puntos:

Gustavo Petro: socialista colombiano de corbata y sólida cultura, con perfecta dicción de la lengua castellana, improvisó una ardorosa defensa de la hoja de la coca y sus derivados, asegurando ser éstos menos nocivos que el petróleo o el gas, en el tinglado del sistema capitalista, por lo que recomendó el fin de la guerra contra las drogas y un nuevo modus vivendi entre productores y consumidores. Su repetitiva letanía casi eclesiástica sobre esas blasfemias, relegaron otros temas a simples accesorios. En la forma, fue el orador mas elocuente, en el fondo, no tanto. (Estilo: 10 puntos-Contenido: 6)

Gabriel Boric: otro socialista devenido presidente, conserva su estampa de agitador estudiantil que, en la parte central de su soflama, explicó el fracaso en el plebiscito chileno sobre su proyecto de nueva Constitución, con un sofisma apropiado: escuchar al pueblo. Leyendo intermitentemente sus notas, criticó la incursión militar rusa en Ucrania, pero también la crisis humanitaria en Venezuela y en Nicaragua. Nivel de alto coraje, frecuentemente soslayado fue su reprobación a las agresiones israelíes contra el pueblo palestino. (Estilo: 6-Contenido: 8)

Nahib Bukele: el controvertido autócrata que controla El Salvador, quiso hacer una analogía de la vecindad con Estados Unidos, comparando al hábitat de casas vecinas, alegoría artesanal solo redimible por su exitosa fumigación de las pandillas vandálicas que imperaban en el pueblo chalaco, donde hoy reina la seguridad ciudadana. Su sermón provincial de elevado decibel, cuando menos despertó al auditorio de la siesta vesperal. (Estilo: 6-Contenido: 5)

Jair Bolsonaro: contó a la Asamblea los logros obtenidos durante su gobierno, incluyendo la espectacular producción de granos, como plataforma para justificar la campaña electoral para su reelección, fustigando sin nombrarlo a su contrincante (Lula) por las infracciones penales por la que fue encarcelado. En cambio, su ejecutoria en la Amazonía fue insuficiente para mitigar la crítica multilateral. Se mostró partidario de entablar negociaciones para restaurar la paz en el conflicto ruso-ucraniano. (Estilo: 6-Contenido 7)

Alberto Fernández: ocupó gran parte de su peroración a relatar la narrativa oficial del intento de magnicidio de la vicepresidenta Cristina Fernández, sin lograr conmover a la audiencia. Naturalmente, se refirió a la reclamación para recuperar la soberanía argentina sobre las islas Malvinas, explicando la raíz histórica de propiedad de esos territorios insulares. (Estilo: 4-Contenido: 5)

Luis Arce Catacora: Leyó su disertación proponiendo 14 puntos, entre los que destacó su modelo económico social comunitario productivo, citando cifras que apoyan sus laureles. No podía faltar su fobia anticapitalista, y aseguró la explotación racional y soberana del litio. También pregonó la regionalización en el combate al trafico de drogas. Hizo alusión al derecho al mar para los países sin litoral. Sobre la reivindicación marítima denunció la usurpación del litoral boliviano, sin mencionar al agresor, dejando la incógnita para quienes no están al tanto del pleito. No faltó su fino humor cuando afirmó que la Justicia en Bolivia es independiente. Sobre el embargo americano a Cuba, denotó desconocer que la Asamblea General solo produce “recomendaciones” que no son vinculantes. (Estilo: 5-Contenido: 7)

Pedro Castillo: dejando a buen recaudo su ampuloso sombrero, se vistió como ciudadano normal y leyó un docto alegato sobre la agenda pendiente de la ONU. Simultáneamente condenó la agresión rusa a Ucrania y los recurrentes ataques de Israel al pueblo palestino. Indudablemente, fue una pieza bien estructurada y de tono equilibrado. Sorprendió su apoyo a la reclamación argentina sobre las islas Malvinas. Cuando al epílogo de su homilía, ensayó improvisar, la pifia se hizo evidente. (Estilo: 6-Contenido: 8)

Carlos Antonio Carrasco es doctor en Ciencias Políticas y miembro de la Academia de Ciencias de Ultramar de Francia.

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TES 2022

/ 1 de octubre de 2022 / 01:56

El viernes 16, sábado 17 y lunes 19 de septiembre, en Nueva York, Estados Unidos, se desarrolló la Cumbre sobre la Transformación de la Educación (TES, por sus siglas en inglés), promovida por la Organización de Naciones Unidas (ONU), aglutinando a representantes de más de 130 países (incluida Bolivia), en sujeción a jornadas específicas; la primera de movilización, la segunda de soluciones y la tercera, de líderes.

En sujeción al sitio web de la TES (https://www.un.org/en/transforming-educationsummit), la jornada de movilización se centró en el círculo de solidaridad; movimiento global hacia la transformación de la educación; diálogos intergeneracionales de los jóvenes; áreas interseccionales; charla con el secretario general de la ONU, Antonio Guterres; declaración de la juventud, construcción de un movimiento global y tranzando el camino de cambio.

La jornada de soluciones se enmarcó en el enfoque holístico y equitativo para la transformación digital; asociación para la educación ecológica; reimaginar el aprendizaje; niños hambrientos, el reflejado en el fracaso del sistema educativo; un planeta más sano; escuelas y generaciones sanas, entre otros.

La jornada de líderes se circunscribió en el debate en mesas redondas, en concordancia a la educación en situaciones de crisis, acciones transformadoras para los estudiantes, transformación digital, fomento de la igualdad de género y el empoderamiento de las niñas y las mujeres, además de la financiación de la inclusión de políticas educativas en el mundo.

Consiguientemente, los más 130 países que participaron en la Cumbre de la ONU exhortan a reiniciar los sistemas educativos, ofreciendo una nueva esperanza a los niños y jóvenes del mundo para un futuro mejor, ante los 147 millones de estudiantes que han perdido más de la mitad de su aprendizaje presencial, desde 2020, a causa de la pandemia por el COVID-19.

Por su parte, el Secretario General del ONU resaltó que la educación es un derecho humano fundamental, impulsora para el avance del desarrollo social, económico, político y cultural, empero, acosada por las desigualdades y luchando por adaptarse a las necesidades del siglo XX, exhortando a la comunidad internacional a prestar la atención que merece para la trasformación educativa.

En consecuencia, la declaración de la Cumbre de la ONU evoca que “debemos avanzar juntos, centrándonos en las acciones tangibles allí donde más importa: sobre el terreno, en las aulas, y en la experiencia de los profesores y estudiantes por igual”. A partir de una continua movilización mundial.

Por tanto, las conclusiones de la Cumbre apuntan a cumplir los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la Agenda 2030, hacia una educación inclusiva, equitativa, de calidad y un aprendizaje a lo largo de la vida para todos.

Luis Callapino López es magíster en Políticas de Formación Docente.

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¡Basta de apagones!

/ 1 de octubre de 2022 / 01:53

El huracán Fiona impactó el domingo 18 de septiembre por la mañana. Ya a las 13.00, la isla entera estaba sumida en la oscuridad. Días después, cerca de un millón de hogares en Puerto Rico seguían sin tener electricidad ni acceso a agua potable, entre ellas mi casa. Mientras escribo esto sentado en un café, no puedo evitar sentir una sensación agobiante de déjà vu.

LUMA Energy comenzó a suministrar energía a Puerto Rico luego de que el Gobierno privatizara en junio de 2021 lo que hasta ese momento había sido un servicio público. La compañía fue contratada para reparar nuestra débil red eléctrica. Sin embargo, LUMA no ha cumplido el trabajo por el que fue contratada, que incluye el compromiso de invertir en energía verde. En el último año, los apagones, que a veces pueden llegar a durar días, se han convertido en parte de nuestra vida cotidiana. Incluso los hospitales han tenido que depender de generadores. Sin embargo, a pesar del pésimo servicio, las facturas de electricidad se han duplicado.

En junio del año pasado, LUMA, un consorcio de la empresa canadiense ATCO y Quanta Services, ubicada en Houston, fue contratada para trabajar con la AEE (Autoridad de Energía Eléctrica) para gestionar la energía de la isla. Se suponía que iba a reducir los costos y realizar mejoras urgentes en la red eléctrica. Pero, a pesar de los apagones crónicos, este mes de junio pagué una factura del servicio eléctrico de 242 dólares, un enorme aumento en comparación con los 87 dólares que pagué en junio del año anterior. El asunto es que la mayor parte de la tarifa de LUMA por operar la red siempre se pagará sin importar si el trabajo se realiza bien o no. Hay escasa rendición de cuentas entre las partes involucradas en el acuerdo.

Sin embargo, hay motivos para tener esperanzas. Debido a que el Departamento de Justicia de Puerto Rico, responsable de hacer cumplir la ley, permite una impunidad rampante, Washington ha comenzado a prestar atención a la situación. Una investigación en 2019 realizada por el Departamento de Justicia de Estados Unidos reveló que, tras el paso del huracán María, empleados de la AEE aceptaron o exigieron sobornos para restablecer el suministro eléctrico a residencias y negocios antes de atender lugares críticos como el Centro Médico de Río Piedras, en San Juan. La autoridad en materia de energía también administró de mala manera un almacén donde se resguardaban materiales que debieron haber estado disponibles para ayudar a restaurar la energía en la isla. Y durante seis años, se gastaron más de $us 300 millones de fondos públicos en consultores relacionados con la AEE.

Los puertorriqueños no deberían tener que depender del Gobierno de Estados Unidos para impartir justicia a nivel local. Nuestro propio sistema judicial debe erradicar la corrupción que amenaza con secar la isla. Eso podría hacerlo investigando y enjuiciando casos de corrupción para demostrar, que la isla puede por sí sola tomar las riendas de la justicia. Debería exigir que el gobierno federal lleve a cabo una reestructuración fiscal que establezca garantías que frenen la corrupción.

Lo más terrible de todo es que es nuestra propia gente la que nos roba y abusa de nosotros. La traición es tan maliciosa que me enoja tanto si pienso mucho al respecto. Estamos hartos de ser desplazados por extranjeros adinerados que acuden en masa a la isla para disfrutar de nuestras playas y obtener exenciones fiscales a las que no tenemos derecho. Estamos cansados de que los políticos se enriquezcan a nuestra costa. Estamos hartos de los apagones.

Después del paso del huracán, mis vecinos y yo nos contactamos para ver si estábamos bien. Me conmoví cuando mi vecina de arriba me dijo que nuestro espíritu comunitario, la forma en que nos cuidamos unos a otros, es lo que nos ha ayudado a sobrevivir estos últimos años. Nadie vendrá a salvarnos. Hemos demostrado ser capaces de destituir a un gobernador y no nos detendremos hasta haber construido un Puerto Rico mejor y justo.

Israel Meléndez Ayala es antropólogo y columnista de The New York Times.

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‘Nuestro mundo está en riesgo, no podemos seguir así’

/ 30 de septiembre de 2022 / 02:34

El texto del título de la presente columna corresponde al discurso del secretario general de la ONU, António Guterres, en la 77ª Asamblea General de las Naciones Unidas, realizada la semana anterior. Es más, señaló: “Estamos estancados en una disfunción global colosal. La comunidad internacional no está preparada ni dispuesta a afrontar los desafíos enormes y dramáticos de nuestra era. Estas crisis amenazan el futuro mismo de la humanidad y el destino de nuestro planeta”. Un resumen de las preocupaciones de Guterres se encuentran en sus declaraciones de días previos al cónclave mundial: “Nuestro mundo está asolado por la guerra, golpeado por el caos climático, marcado por el odio y avergonzado por la pobreza, el hambre y la desigualdad. Los conflictos y los disturbios siguen haciendo estragos. La guerra en Ucrania está devastando un país y arrastrando la economía mundial”.

Caos climático; pobreza, hambre y desigualdad; conflictos y disturbios; y una comunidad internacional que no responde a los desafíos de nuestra era configuran las preocupaciones del líder de las NNUU y eso no es poco. Terminó la Asamblea General de la ONU, declaraciones van y vienen, pero no se visualizan decisiones y estrategias para enfrentar este panorama. ¡No podemos seguir así!

Detrás del caos climático están los modelos de desarrollo que se concentran únicamente en el crecimiento económico, en la creencia que la posesión de bienes materiales es todo y en el incentivo al consumo y desecho a título de “estar mejor”, con una característica común: La explotación de la naturaleza y los trabajadores. Caos climático que se sostiene en el supuesto que el progreso es infinito como son los recursos naturales del planeta. Pero la realidad, aquella que nos negamos a reconocer, muestra que no es así. Caos climático y modelos de desarrollo hacen decir a Guterres (2022): “Hay que exigir responsabilidades a las empresas de combustibles fósiles y a quienes promueven sus intereses: bancos, fondos de capital privado, gestores de activos y otras instituciones financieras que siguen invirtiendo y avalando la contaminación por carbono”. Es tiempo de reconstruir la economía y proponer otras formas de desarrollo, por ejemplo, tenemos que crear Sistemas de energías limpias para el acceso de toda la población, Desarrollos urbanos inteligentes con ciudades inclusivas y sostenibles; Agricultura sostenible que promueva la seguridad alimentaria mundial y la gestión sostenible de la tierra, agua y recursos naturales; Gestión inteligente del agua para democratizar su acceso; y Economía circular orientada al uso sostenible de materias primas y gestión de residuos.

En cuanto a pobreza, hambre y desigualdad, en tiempos de sindemia que no solo afectó a la salud y existencia de la humanidad sino su situación social, económica y emocional, no es posible admitirlas, tampoco existen condiciones de vivir en convivencia cuando, en promedio, una persona del 10% superior de la distribución mundial del ingreso gana $us 122.100 por año, mientras que una persona de la mitad más pobre de la distribución mundial del ingreso gana $us 3.920 por año (31 veces más). Las desigualdades mundiales de riqueza son más pronunciadas que las desigualdades de ingresos. La mitad más pobre de la población mundial apenas posee el 2% del total de la riqueza. En contraste, el 10% más rico de la población mundial posee el 76% de toda la riqueza (Informe sobre la desigualdad global, Word Inequiality Lab, 2022). No solo es una vergüenza que persista esta situación, sino que existe la necesidad de generar y poner en ejecución políticas de redistribución equitativa de la riqueza, ingresos y oportunidades.

Y… ¿qué decir de guerras y conflictos? Retomo las palabras de Paulo Freire (1986): “De gente anónima, gente sufrida, gente explotada, aprendí sobre todo que la paz es fundamental, indispensable, pero que la paz implica luchar por ella. La paz, se crea, se construye en y por la superación de las realidades sociales perversas…, en la construcción incesante de la justicia social…” La paz será “producto de la esperanza en la búsqueda y construcción de un orden nuevo, del nuevo hombre y de la nueva mujer en búsqueda de su liberación” (P. Freire, 2005).

Finalmente, vuelvo a citar a Guterres, “necesitamos unidad, necesitamos cooperación, necesitamos diálogo, y las actuales divisiones geopolíticas no lo permiten. Tenemos que cambiar el rumbo.” ¡No podemos seguir así!

Noel Aguirre Ledezma es educador popular y pedagogo. Fue ministro de Planificación del Desarrollo y viceministro de Educación Alternativa y Especial.

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