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Thursday 24 Nov 2022 | Actualizado a 20:09 PM

Bolivia sí está saliendo adelante

/ 27 de septiembre de 2022 / 01:41

La crisis económica que viene azotando al mundo dejó a muchos países con las posibilidades limitadas de poder alcanzar mínimas tasas de crecimiento asociado a altos índices de inflación y endeudamiento (organismos internacionales han vaticinado la caída del crecimiento que hubo en 2021 de 6,1% en el mundo, al 3,2% para este 2022), esto provocó que analistas y otras instancias empiecen a lanzar propuestas de política económica y, como en repetidas ocasiones, se formulan recetas únicas para todo un conjunto de sociedades en el mundo completamente diferentes, que además tienen ya una data histórica de desastres sociales y económicos, fruto del ya conocido modelo neoliberal.

El Fondo Monetario Internacional (FMI), como no podía ser de otra manera, pone nuevamente de manifiesto su acérrima posición de defensa al achicamiento del Estado, la reducción de gastos que tienen finalidades sociales y la deconstrucción del Modelo Económico Social Comunitario Productivo (MESCP, implantado en Bolivia desde 2006), que viene siendo la antítesis de lo planteado en otra hora por sesudos artífices del caos socioeconómico que vivió el continente latinoamericano a finales de los años y principios de los 2000.

El informe del artículo 4 presentado por el FMI está profundamente contradicho dentro del mismo documento, ya que elogia nuestra reducción de pobreza, pero critica las políticas que generaron esos resultados; el mismo encontró un nicho de defensa de sus recomendaciones en las publicaciones de Juan Antonio Morales, expresidente del Banco Central durante la que fue la época mas calamitosa en lo que se refiere a indicadores de orden macroeconómico en Bolivia. No solo el crecimiento que se tuvo en este periodo no superó el 3%, sino que las reservas internacionales no llegaron a más de $us 1.000 millones. Menciona además una preocupación intensa sobre el déficit fiscal en su último artículo, olvidando que cuando él era autoridad, tanto en la política fiscal como monetaria, todo el gobierno era fielmente obediente a los empoderados directores del FMI; pese a esa dócil posición, en Bolivia existía un déficit fiscal incluso en la cuenta corriente, que no pudieron solucionar hasta su estrepitosa salida del poder.

Por otro lado, es bueno recordar que el neoliberal gobierno de Juan Antonio tuvo otro boom de precios internacionales de los commodities que representan gran parte de nuestras exportaciones, sin embargo todo este excedente que se generó tenía como grandes ganadores a empresarios privados por una parte, pero principalmente a extranjeros que tenían el control absoluto de empresas que fueron creadas originalmente por el Estado y lograron ser privatizadas supuestamente para conseguir inversiones que nunca llegaron.

Hoy Bolivia, en un contexto sumamente complicado por todas las externalidades a su economía, logra tener una tasa de crecimiento económico de 4% para el primer trimestre, una política de control inflacionario efectiva que hace que nuestro país tenga 1,6% de tasa de inflación, la más baja del continente y una de las más bajas del mundo. Un saldo de la balanza comercial de 2,8% respecto al Producto Interno Bruto (PIB), otro indicador que nos pone en el primer lugar de Latinoamérica. El déficit fiscal se redujo de 12,7% (obra y gracia del gobierno de facto) a 9,7% para 2021 y para 2022 se espera un 8,5%, con una tendencia a la baja, lograda a través del control de gasto corriente e incremento en el gasto de inversión que mejora la calidad de vida de la gente. Y por último, y no por eso menos importante, mercados abastecidos con bienes y servicios siendo transados con total normalidad en todo el territorio nacional.

Otro punto que se hace menester poner sobre el tintero es que a través de un control efectivo del gasto público, la calificadora de riesgo Fitch Ratings mantiene la calificación riesgo país del Estado Plurinacional de Bolivia en B, con perspectiva estable; esto significa que la proyección de déficit fiscal de 8,5% respecto al PIB, planteado en el programa fiscal del Gobierno, podría ser mucho más bajo para fin de año; además de que indicadores como deuda pública, reservas internacionales netas, producción hidrocarburífera, balanza comercial, transformación de la matriz productiva y energética, entre otros, fueron analizados y encontrados satisfactorios para la firma internacional, dejando claro que Bolivia no solo está en un sitial privilegiado dentro de las economías regionales, sino que viene mostrando cómo un MESCP logra hacer que los bolivianos salgamos adelante.

Mike Gemio es economista. Tiene una maestría en Gestión y Políticas Públicas.

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¿El Estado mal administrador?

/ 21 de octubre de 2022 / 02:15

Para abordar esta temática que se está discutiendo en varios estratos de la sociedad boliviana, considero necesario entender la naturaleza de empresa y Estado, que bajo una lógica de sociedad productiva y en desarrollo, se entiende que tienen que ser entes complementarios, que bajo sus propios intereses hacen que un determinado país logre mejorar los niveles de crecimiento y desarrollo, lo que además se consigue con el trabajo día tras día de las personas que conforman estos estamentos.

Esta complementariedad (entre empresas y Estado) resulta ser estudiada por una amplia gama de pensadores que buscan identificar las complementaciones pero también las diferencias, y cuando se analizan estas últimas, se coincide en que los fines que persiguen unos y otros pueden también tener especificidades que explican su composición y la estructuración de cada uno de sus aparatos logísticos, sustantivos y administrativos que hacen que instituciones públicas y empresas privadas logren alcanzar sus objetivos.

Dicho esto, es necesario comprender que la empresa privada tiene que buscar el lucro y no por eso debe encasillársela en un aura de maldad y codicia, más al contrario, esta búsqueda de alcanzar mejores ingresos por los servicios prestados genera competencia entre empresas de un mismo rubro, que no se enmarcan solo en la búsqueda de mejores utilidades a costa de la calidad del servicio, sino que se convierten un una incesante máquina de creatividad donde las experiencias al cliente resultan ser importantes, y que los costos puedan competir en una esfera de mejores procesos, más ágiles y más baratos.

Al otro lado se encuentra el Estado como un ente de servicios generalmente monopólicos y que en definitiva buscan fines mucho más complejos que de solo lucrar.

Los gobiernos en el mundo tienen la responsabilidad de construir contextos en los cuales sus pobladores consigan condiciones en todo el sistema, que les ayuden a encontrar caminos que faciliten mejores condiciones de vida.

Esto resulta fácil decirlo, pero en la práctica es sumamente complejo por las realidades que envuelven a cada uno de los territorios de un país, las que se diferencian por sus afinidades políticas, sociales, económicas, culturales y/o territoriales; cada una de sus características específicas determina cuál es la comprensión que se tiene por un concepto que es una máxima para la generación de políticas públicas: “mejora en la calidad de vida”.

Ahora, siendo estas diferencias tan dramáticas, especialmente a lo que se refiere por resultado, ¿es conveniente medir por un contexto netamente financiero o de gestión institucional a un Estado? Desde mi punto de vista, desde luego que no. Al gobierno de un país y su eficiencia se mide desde una óptica que facilite entender cómo las realidades de profunda desigualdad que se viven actualmente en muchos países son cambiadas a través de transformaciones en la sociedad y en la percepción sobre justicia y equidad que se tiene; en definitiva, acciones gubernamentales que concentren esfuerzos en promover una sociedad que vea de manera igualitaria a los derechos de todos y que a partir de estas nivelaciones se produzca no solo crecimiento económico, sino también desarrollo social.

El simplismo de entender a un buen administrador con solo una óptica de ganancias versus pérdida es desde ya completamente insuficiente, para un estamento que se encuentra a la cabeza de una sociedad.

En Bolivia, bajo esta tónica de que el Estado no administra bien, se han cometido daños lesivos a los intereses de la sociedad, ya que la despatrimonialización, llamada elegantemente capitalización, fue una enajenación de empresas públicas que lo único que trajo fueron promesas incumplidas de inversión y el desmoronamiento de la economía nacional; basta ver cómo se encontraban los indicadores económicos y sociales en los años 90 cuando aparte de tener a más del 60% de los habitantes en umbrales de pobreza, nuestras reservas no superaban los $us 500 millones y el Estado se encontraba reducido a la mínima expresión. Desde el punto de vista que planteo, de evaluación de resultados para un aparato público, estas cifras muestran un gobierno neoliberal aplazado.

Desde 2006, en Bolivia se han estado dando las transformaciones más importantes de los últimos 60 años en materia económica y social, con empresas públicas que generan recursos para el pago de bonos sociales que impulsan temas como la permanencia escolar, el parto asistido y una vejez digna. Resultados de crecimiento económico asociado a gente saliendo de pobreza extrema y moderada. Juzgue usted estos resultados.

Mike Gemio es economista.

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Política fiscal y crecimiento

/ 1 de septiembre de 2022 / 02:12

Hace poco tiempo tuve la oportunidad de participar de la presentación del libro La política fiscal en Bolivia. Lecciones y desafíos del Modelo Económico Social Comunitario Productivo, del compañero Omar Rilver Velasco Portillo, al cual respeto mucho por su trabajo intelectual y que ahora ha logrado realizar una publicación que se destaca por el contexto que analiza y por, sobre todo, la relación de acciones de política pública que ha puesto sobre el tintero de la discusión en lo que se refiere a fiscalidad y su incidencia en los altos índices de desarrollo que ha alcanzado nuestro país los últimos 15 años.

En la presentación que ha logrado captar la atención de los presentes, ha puesto de manifiesto la razón y esencia de la existencia del Estado como tal dentro las sociedades en el mundo, esto desde luego incomoda a los que piensan que se debe deconstruir un Estado protagónico en la economía y ha echado por tierra la absurda teoría que persiste en algunos estratos privilegiados de nuestra sociedad, que piensan que su comodidad es el resultado de solo sus esfuerzos, sin considerar si el contexto en el que viven tiene algo que ver con sus beneficios.

Desde que Bolivia decidió cambiar de modelo económico, allá por 2006, se han dado grandes transformaciones en lo social y en lo económico, mismos que son expuestos a mayor detalle en el libro de Velasco, sin embargo en su presentación ha conseguido dar un interesante entremés, donde deja plantada la idea del rol del Estado como generador del excedente económico, la importancia de las empresas públicas y la trascendental nacionalización de los recursos naturales como hecho histórico, político y económico; que si bien ha tenido un costo aproximado de $us 1.160 millones (hasta fines de 2019) para el Estado, las ganancias que han reportado para Bolivia por estas acciones suman $us 14.178 millones. La relación costo-beneficio, conforme el balance de mi colega ha superado la relación 10 a 1 aproximadamente; dicho de otra forma, los bolivianos hemos logrado conseguir una renta mucho mayor a la que se nos ofreció con la mal llamada capitalización y, al volver a ser dueños de las empresas públicas, hemos recuperado la capacidad financiera que nos ha permitido invertir en infraestructura vial, de salud, de educación y principalmente productiva.

Un segundo elemento que vale la pena resaltar de la presentación es el hecho de que en esta nueva etapa donde el país ha tenido un gobierno progresista, el Estado ha cumplido un rol “retensor” del excedente económico, y es que las altas tasas de crecimiento que se vivieron los últimos 16 años (a excepción de 2019 cuando se vivió la peor crisis de orden económico de los últimos 60 años) sirvieron para que la demanda interna sufra incrementos importantes y a su vez esto haga que los agentes económicos paguen mayores montos impositivos, logrando así que el Gobierno también mejore sus recursos y retenga parte de las ganancias que reportan el vertiginoso ascenso de los indicadores económicos que vivimos.

Es difícil no admitir que la provisión de bienes púbicos (otro aspecto destacado por Velasco) se incrementó de manera exponencial durante el gobierno del presidente Morales y ahora en lo que va del gobierno del presidente Luis Arce, las inversiones que tenía el Estado para los años anteriores a 2005, en promedio, no superaban los $us 500 millones anuales, mientras que para la presente gestión, el presupuesto de inversión pública que se tiene supera los $us 5.000 millones, monto que representa 10 veces más de lo que los gobiernos neoliberales tenían pensado como recurso generador de bienes con acceso no particular.

El modelo ha logrado redistribuir la riqueza al punto de mejorar los niveles de consumo de miles de familias que han conseguido salir de la pobreza, este hecho ha sido otro pilar de la presentación de Omar y ha dejado claro, con evidencia científica, que la acción redistributiva del Estado genera un efecto virtuoso dentro del desarrollo económico; el ejemplo más claro de lo que se asevera está en el hecho conciso de que en 2021, Bolivia ha cerrado su crecimiento económico con 6,1% y que este crecimiento esté asociado a que el porcentaje de extrema pobreza de ese año haya llegado a 11,1%, la tasa más pequeña de la historia en lo que se refiere a este indicador en Bolivia.

La discusión final tiene que ver con la industrialización; sin embargo, considero importante dedicarle un artículo exclusivo a este punto, no sin antes celebrar la presencia de nueva literatura en materia fiscal.

Mike Gemio es economista.

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El séquito del Ekeko neoliberal

/ 2 de agosto de 2022 / 02:34

Muy suelto de cuerpo, el economista Gonzalo Chávez ha estado comentando en diferentes medios de comunicación que el Gobierno ha “vendido” una nacionalización de fantasía a todos y que la realidad económica que vivimos se debe a un balance cuántico cuasi-perfecto, combinado con una especie de mercado benefactor, extrañamente solo para el caso de Bolivia. Sabemos que el mercado, las veces que tiene mejores precios en un determinado producto, beneficia a todos los países que lo producen; y como todos ya han visto, la realidad es que no todos los países, que se encuentran produciendo el mismo grupo de productos que Bolivia, tienen los destacados indicadores económicos como los de nuestro país.

La nacionalización, a los bolivianos nos ha dado grandes resultados, especialmente en lo social y en lo inclusivo, que es lo que menos le parece interesar a Chávez. Bolivia, a través de su modelo económico, ha sacado en los últimos 10 años a casi 3,5 millones de personas de umbrales de pobreza, cerca al 30% de su población; y sigue en una carrera sin precedentes, ya que para la última gestión medida los reportes han sido los más bajos que se han alcanzado.

La realidad de los años 90, desde luego, no ha sucedido por arte de magia (me refiero a los índices alarmantes de pobreza que en la actualidad han cambiado), los recursos han estado en Bolivia o fugando de ella en manos de unos cuantos, eso no se dice a viva voz por conveniencia de un buen número de generaciones o a sus defensores que se beneficiaron de este contexto. Esa desigualdad se desenmascaró para cuando se presentaron algunos datos, donde para antes de 2006 la gente más ostentosa del país era 128 veces más rica que el decil más pobre, esta brecha se ha disminuido considerablemente, pero aún queda mucho por hacer desde una visión progresista como tiene el Estado boliviano.

El cherry de la torta, como diría mi colega Chávez, acostumbrado a la mezcla del lenguaje de calle con el académico para mostrarse como un buen consumidor de ají de fideo, es en definitiva el Sistema Integral de Pensiones, y es que las Administradoras de Fondos de Pensiones han logrado manejar una cartera de inversiones que bordea ya los $us 23.000 millones, alcanzando aproximadamente la mitad del PIB boliviano, y constituyendo más de cinco veces las reservas internacionales, cuatro veces la inversión pública que hace nuestro país en un año.

Preocupado por el tiempo que se ha demorado en la articulación de una empresa pública, no le ha dado la mirada al lado de los otros “cuates” para ver si tienen listas las bases de datos del proceso de migración, para ver si de verdad “colaboran” como buenos “administradores” y están dispuestos a compartir “su información” que, dicho sea de paso, es la de la historia laboral de los bolivianos, la de la administración de las cuentas de las cuales ellos no son propietarios, sino como su nombre lo dice: “administradores”. Y si vamos más allá, y escuchamos sobre las malas lenguas que aseguran que el Dios de la abundancia neoliberal les ha dado la capacidad salarial de adquirir un vehículo 0 kilómetros por mes a los ejecutivos extranjeros que están al mando de las administradoras, que no residen en nuestro país, o finalmente cuáles fueron las actuaciones de Áñez y su gobierno para que la Gestora desaparezca y no administre nada, dejando nuevamente desprotegidos nuestros recursos. De eso “¡nada, waway!”

Los rendimientos que tienen los recursos que tenemos en las AFP se han vuelto hasta irrisorios y esos recursos tienen la capacidad de poder financiar desde una nueva Santa Cruz hasta un golpe de Estado y a cuanto defensor quiera unos pesitos, las dimensiones de la cartera de inversiones para nuestro país son inmensas e importantes, y desde ya nos merecemos mejores rendimientos, mejor información, mayor alcance, que las de un depósito a plazo fijo en cualquier entidad del sistema financiero. Necesitamos lo que “predica” don Gonzalo en sus “magistrales clases”, dinamismo financiero y no el sedentarismo de recibir comisiones por no hacer nada y de paso reclamar que la coyuntura no les ayuda, pero de eso nuevamente, silencio.

Los bolivianos, a finales de los años 90, hemos contratado un servicio que haga crecer nuestros ahorros con inversiones y acciones de orden financiero, esto ha descendido de, para el caso de Futuro, 11,9% a 1,52% en su punto más bajo anual; mientras que para la “plata” que nos cobran por administrar nuestros recursos, reflejados en sus utilidades, estos no han dejado de incrementarse. De Bs 14,3 millones que obtuvieron en 2010 a 68,9 millones para 2021. Negocio redondo para unos cuantos, desinformación para otros muchos.

Mike Gemio tiene una maestría en Gestión y Políticas Públicas, y es doctorante en Desarrollo y Políticas Públicas.

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El final del capitalismo

/ 7 de julio de 2022 / 00:48

Hace poco tuve la oportunidad de recibir una clase y, por ende, conversar con el profesor Alfredo Gugliano, catedrático de la Universidad Río Grande Do Sul, quien abiertamente ha planteado una crisis profunda del capitalismo que podría decretar su final; es que el desarrollo de este modelo ha determinado serios daños en la construcción de sociedad que tenemos ahora en todo el planeta. No solo por el hecho de que el consumismo está volviendo al hombre en un caníbal insaciable de riqueza sin importarle cuántos puedan morir en su carrera, sino que el individualismo ha destruido el concepto de territorio, comunidad y hasta familia.

Por otro lado, y no menos importante, está el hecho del reemplazo del modelo dada la desaparición del capitalismo como mecanismo de relacionamiento de la sociedad. Este nuevo modelo que regirá relaciones económicas, políticas, sociales, comerciales, humanas y que fijará nuevos paradigmas en las sociedades que producen nuevas generaciones, deseosas de cambios estructurales en sus formas de vida y de relaciones interpersonales, deberá plantear una profunda humanización y cambiar lo que hasta ahora ha carcomido el respeto mutuo entre semejantes.

Lo cierto es que las investigaciones que escriben sobre cuáles son los orígenes que analizan el inicio de la desaparición de lo que sería la economía capitalista, han tenido nuevos argumentos empíricos en la reciente pandemia que ha vivido el planeta, dejando de manifiesto con mucho más énfasis la necesidad de construir sociedades que busquen una cooperación mutua a la cabeza de un determinado gobierno, lo que golpea fuertemente las bases mismas del relacionamiento neocapitalista donde lo individual y lo mezquino han primado frente a las necesidades de la mayoría que se agrupa en lo comunitario.

Mariana Mazzucato ha puesto sobre el tintero una crisis de triple vértice, el primero sanitario (ya comentado en el párrafo anterior), el segundo de orden económico (con un mercado financiero que vive en una incertidumbre histórica) y el tercero y más crítico, el climático. Está por demás describir todo el daño que ha generado el capitalismo a la vida en el planeta, no solo por la idea de crecimiento ilimitado que he planteado en otras publicaciones, sino que el respeto por el lugar en donde vivimos se ha perdido totalmente, el antropocentrismo como concepto que planta el desarrollo nos ha dejado como la especie más dañina y perjudicial de la Tierra y, por ende, urge nuevos criterios que dejen clara la necesidad de un nuevo modelo de desarrollo donde prime la sumisión por el mundo y las especies que lo habitan.

El contexto político latinoamericano parece estar entendiendo a cabalidad una problemática mundial, este entendimiento se expresa a través de un giro especialmente contextual de los gobiernos de los países de la región, sin describir los grados de progresismo que puedan mostrar cada uno de estos actores; está claro que las sociedades en América Latina y el Caribe están mostrando una convicción de cambio en las estructuras políticas en sus respectivos países, que salvo algunas excepciones rompen un esquema de clases introducido en la política ya hace años, donde el político viene de cuna y es la familia quien promueve al candidato. Para lo que ha pasado, ya en buena parte de los países de este lado del mundo el progresismo ha sido un aluvión que muestra claramente la voz de las nuevas generaciones.

En nuestro país, después de un gobierno de izquierda que estuvo 14 años dirigiendo las riendas del Estado y que fue abruptamente interrumpido por un golpe de Estado, nuestra sociedad ha marcado democráticamente el destino que está dispuesta a correr; con la elección del presidente Luis Arce, la continuidad de las políticas de orden vanguardista en lo social y económico están demostrando que la alternativa al capitalismo es una realidad tangible. El caso boliviano es mostrado con indicadores económicos sobresalientes por medios de comunicación mundiales caracterizados por una tendencia de derecha, es que es prácticamente innegable que después de la crisis de 2020 en Bolivia, actualmente el manejo económico es llevado adelante con la suficiente seriedad y solvencia como para que trascienda en lo social, dejando ver descensos en la tasa de desempleo y la cantidad de personas que se encuentran en umbrales de pobreza y, por ende, continuar la lucha por una sociedad que busca cada día más equidad entre sus habitantes.

Mike Gemio es economista.

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¿Universidades para el desarrollo?

/ 14 de junio de 2022 / 01:09

El sistema universitario, con especial énfasis en el público, se encuentra en una profunda crisis hace mucho tiempo. Si bien los últimos días ha sido la comidilla de todos los medios de comunicación gracias a las denuncias que se dieron en contra de la dirigencia de los estudiantes, sobre sueldos, viáticos y una serie de beneficios, la realidad es que estos hechos son el triste corolario de un aparato pensado para prestar un servicio a la sociedad fundamental para poder alcanzar algún nivel de desarrollo; pero ahora se encuentra convertido en el acorazado castillo de roscas milenarias, que han logrado tomar por asalto a estas instituciones y hacerse dueñas de cargos administrativos y plazas para catedráticos.

Para los que hemos pasado por aulas de las universidades públicas, sabemos que más allá de la calidad de la educación prestada, el gran problema de conseguir un título profesional está en los engorrosos trámites que reclama, en primera instancia, el título profesional y posteriormente el título en provisión nacional; ambos documentos son llave que abre algunas oportunidades a jóvenes que al salir al mercado laboral entienden que el esfuerzo imprimido en culminar sus estudios no son suficientes para conseguir un trabajo espectable, por ende ven frustrada su intención de encontrar mejores días para ellos y sus familias.

Por otro lado, las universidades privadas son un negocio redondo donde se consigue muchos alumnos atemorizados por su paso escabroso por universidades públicas, pero con una lamentable política de contratación del principal recurso: los profesores son llamados a prestar servicios sin establecer un vínculo estable laboral y que, en muchos casos, les dan una categoría de consultores, lo que logra ahorrar recursos a los dueños de estos centros de educación superior, pero que en definitiva genera una alta rotación de este personal que debería tender a la investigación y profesionalización de la cátedra.

La producción intelectual y el análisis crítico de la realidad nacional son muchas veces una multiplicación por cero y es que gran parte de los catedráticos funcionan en una lógica conductivista, impartiendo clases como en el siglo pasado, anclados en lo teórico, viéndose a sí mismos como lumbreras de conocimientos que son fácilmente encontrados por los alumnos en internet. Asimismo, muchos de “los cates” se empeñan en describir hechos que en el mejor de los casos han sucedido hace una decena de años, mostrándolos con hechos novedosos; esto convierte al estudiante en una máquina repetidora para los exámenes, truncando cualquier aspiración de éste para construir pensamiento analítico y propositivo en busca de la solución de problemas en una sociedad multivariable que se deconstruye constantemente para generar nuevos paradigmas.

Los datos muestran que de cada 10 jóvenes que terminan el colegio, solo dos logran culminar sus estudios en casas de estudios superiores, esto hace ver que la obtención de una profesión no está directamente relacionada con la construcción de un buen futuro, y es porque no existe una oferta de profesionales que guarde relación con la demanda que existe actualmente en el mercado; las universidades han entrado en un círculo cómodo de ofrecer carreras en las cuales creen tener las condiciones mínimas, sin pensar si éstas son las que necesitan las empresas y/o el Estado, este divorcio entre sociedad y educación superior se vuelve más evidente cuando muchos titulados no logran conseguir un trabajo o en definitiva no se encuentran ejerciendo la profesión para la cual se prepararon.

La discusión sobre el aporte a la sociedad boliviana por parte del sistema educativo terciario, especialmente público, ya que es pagado con recursos de todos los bolivianos, se vuelve poco clara y repleta de romanticismo teórico cuando es la practicidad la que debería ser una máxima para entender este problema; el mundo está cambiando a una velocidad impresionante y los requerimientos para contar con personal calificado ya no están relacionados directamente a los títulos profesionales; las capacidades técnicas y habilidades blandas son cada vez más importantes en un sistema productivo donde se priorizan los servicios y su calidad, si esto no es comprendido por quienes imparten educación superior y los que eventualmente fungen como autoridades, lo que arrojarán al mercado laboral será, cuánto más, personas que engrosarán nuestras filas de desempleados, dejando así mucho más tenue la percepción de las personas sobre un probable aporte a la construcción del país en la cual las universidades deberían tener un papel fundamental.

Mike Gemio es economista.

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