Voces

Sunday 27 Nov 2022 | Actualizado a 23:25 PM

El horizonte es irrenunciable

/ 29 de septiembre de 2022 / 01:02

La cohesión ideológica, política y orgánica que emergió de la movilización no se agotó en la demanda, sino que trascendió a la interpelación del viejo Estado Republicano Colonial (ERC), esa interpelación significó la construcción de un horizonte alternativo anticolonial y anticapitalista.

Nuestro proceso tiene sus orígenes en la descolonización ideológica y cultural del movimiento campesino originario como sujeto político, interpelación contrahegemónica al ERC, a sus sistemas de valores, creencias y lógicas de poder, de la resistencia y la rebelión a la revolución democrática organizada, articulada sindical, cultural, territorial y políticamente ha superado las reformas liberal-democráticas y se ha instalado el horizonte estatal plurinacional, que cuestiona la modernidad capitalista colonial, como bien expresa Enrique Dussel.

La descolonización no es una palabra o fórmula, es un proceso complejo, contradictorio, conflictivo, donde las subjetividades de los actores están condicionadas al medio que nos desenvolvemos. Los contravalores coloniales exacerbados por los códigos de las derechas se presentan como “sentido común”, que impregnan nuestra cotidianidad y subjetividad para obligarnos a razonar bajo la lógica del opresor colonial: por un lado están sus expositores instituidos durante siglos, y por otro, los colonizados —algunos— con rostro plurinacional para enarbolar las banderas del opresor como suyas, para presentarnos a lo nacional popular como retrógradas, bestias, es decir, hacen del racismo, la discriminación, lo subliminal por la forma de presentación y de los medios que disponen.

Ante su derrota, nuestros enemigos tienen una estrategia que no está diseñada para presentar un modelo de vida diferente a nuestros pueblos, sino para recuperar sus estatus de poder, de privilegio y de vida e impedir que nuestro horizonte civilizatorio del “vivir bien” avance.

En nuestra región la presencia de gobiernos de izquierda y progresistas que no son serviles a los intereses imperialistas, son destituidos por métodos parlamentarios- militares, e incluso judiciales, el lawfare, y a los que no se pueden derrocar como Cuba, Venezuela y Nicaragua, les imponen sanciones y bloqueos criminales.

La desestabilización, el derrocamiento y las fracturas de los bloques populares que lideran gobiernos es la estrategia constante del enemigo eterno de Nuestra América, por ello nuestros líderes que se templaron desde la lucha sindical y gubernamental están más allá de un tiempo electoral y su obligación inexcusable esté en ver el presente con una mirada más allá de la coyuntura; es el horizonte nuestro norte.

Por ello, escuchar que algunos reducen el hecho histórico fundacional a una frase: “Ya tuvieron su tiempo en estos 14 años”, es una mirada reaccionaria, y por otro, considerar que nuestro gobierno es de transición y administrador del Estado, es una posición política utilitaria a la derecha. El presente no se explica sin la Constituyente y la nacionalización y este horizonte no se vislumbra sin la actual gestión, es decir somos el bloque plurinacional, social, popular y estatal que trascendemos más allá de las opiniones de alfiles y peones que quieren usurpar el lugar que no les está asignado por las luchas anticoloniales.

Es el tiempo de rediseñar la arquitectura política decisional del proceso, hacer de la complementariedad la praxis sustantiva de la crítica, autocrítica, análisis y decisión de los actores que tienen el peso histórico de su obligación.

Las visiones aisladas no son razones colectivas, es la forma de ver un hecho individualmente, en sí mismo legítimo, pero si esa razón intenta imponerse como verdad excluye el sentido de lo colectivo, el desafío está en darle sentido e institucionalidad al momento y tiempo donde las visiones constituyan los horizontes como razones colectivas del proceso.

Esta necesaria e ineludible complementariedad institucionalizada no emergerá de los buenos deseos, sino de la decisión obligatoria de los líderes: Evo, Lucho, David, del MAS, del Pacto de Unidad al que tiene que involucrarse la COB para autoimponerse la responsabilidad insoslayable de la dirección.

El capitalismo colonialista que dirigió nuestras vidas durante siglos apuesta en esta coyuntura no a construir un liderazgo de derecha, sino a fragmentar, dividir irremediablemente al bloque que lidera este proceso, en nuestra ruptura está su fuerza.

Nuestros liderazgos tuvieron la capacidad de vencer democráticamente a la derecha en varios momentos adversos, de resistir al golpe y vencerlo, de recuperar la democracia y el gobierno, de estabilizar el país y devolverle la esperanza al pueblo, ahora tienen que autoasignarse su responsabilidad con el proceso, porque el presente puede constituirse en pasado si no lo preservamos como horizonte.

César Navarro Miranda es exministro, escritor con el corazón y la cabeza en la izquierda.

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Hijos del centralismo republicano

/ 24 de noviembre de 2022 / 01:39

La construcción del Estado republicano colonial liberal liderado por el caudillismo militar culminó su ciclo con la invasión chilena y de capitales ingleses a nuestras costas del Pacífico, la pérdida de territorio y la derrota militar iniciaron la fase oligárquica con el ascenso al gobierno al frente de los “barones de la plata”, con Narciso Campero, Gregorio Pacheco y Aniceto Arce, la revolución federal de fines del siglo XIX, el asesinato a Zárate Willca, el ascenso de los liberales al poder político y con ellos, los “barones del estaño”, hasta la insurrección y la revolución de abril de 1952, cerró el ciclo oligárquico minero y feudal en occidente y en el valle en el país.

Los constructores del Estado, en función de la colonialidad, partieron de la estratificación racial y patriarcal de la sociedad, cuyo efecto es la composición de clase del Estado, de la propiedad de los recursos naturales y sobre los indígenas, fueron expulsados de la titularidad política del poder, el MNR y el nacionalismo revolucionario lideraron la fase del capitalismo de Estado del republicanismo liberal que no se desprendió del colonialismo.

El voto universal fue la nacionalización de la ciudadanía y con ello del Estado, la reforma agraria fue la nacionalización de la tierra en occidente, parcialmente en el valle y la nacionalización de la minería significó que los obreros, con la revolución, transfirieron la plusvalía al Estado, la nueva élite nacionalista en el poder dispuso del excedente.

La concepción ideológica de los titulares políticos del nacionalismo-capitalismo de Estado, en su vertiente democrática y militar dictatorial, al detentar el poder y disponer de excedente tuvieron como horizonte dual mantener en occidente la estructura productiva minera heredada de la oligarquía y en el oriente, constituir, impulsar y financiar la nueva burguesía con la dotación de millones de hectáreas, bajo los parámetros de la colonialidad, es decir el nacionalismo prescindió de los indígenas y campesinos, fueron los grupos de poder y los migrantes europeos los beneficiarios que acapararon el monopolio de la tierra.

La base de la estructura cruceña hasta la primera mitad del siglo XX era la hacienda tradicional, que derivó de la encomienda colonial, que representaba el 11% a nivel nacional y en menor escala, la ganadería.

A inicios de la década de los años 40, EEUU envió una delegación al frente de Mervin Bohan, que elaboró el Plan Bohan, que se sintetiza en: i) promover las relaciones de largo plazo entre ambos países; ii) fomentar las comunicaciones en Bolivia, teniendo como proyecto primordial la carretera Cochabamba-Santa Cruz; iii) alentar la expansión y diversificación de la producción agrícola para las exportaciones; y iv) potenciar y perfeccionar la explotación minera. La mirada de imperio en ese tiempo se concentró en el oriente y potenciar la oligarquía minera; nacionalizada la propiedad de los “barones del estaño”, el nacionalismo civil y militar miraba al oriente.

La fase civil-democrática entre 1952-1964, liderada por el MNR, dotó 5.113.152 hectáreas, en la fase militar-dictatorial (1964-1980) se dotó 26.597.313. Desde el poder se impulsó el nuevo latifundio y con ello, la construcción y constitución de la nueva clase. Hasta mediados de los años 90, el 68% de las tierras tituladas (38 millones de ha) estaba concentrada en empresas privadas. La fuerza no estaba solo concentrada en la tenencia de la propiedad sino en la generación de excedente, para ello el gobierno, a través de financiamiento del Banco Agrícola, entre en 1955 y 1975, dispuso cerca del 80% de créditos para el empresariado oriental, además de la dotación de equipos, maquinarias, financiamiento externo de la CAF, donación y créditos de EEUU, condonación de deudas, construcción de infraestructura caminera, eléctrica, etc.

En este tiempo largo, el enemigo para la nueva oligarquía oriental no era el centralismo colla, es más, convivían, disfrutaban y se beneficiaban del poder, mientras el Estado representaba sus intereses.

El ascenso de los plebeyos, la izquierda y la construcción del Estado Plurinacional quebró el sentido de poder de la oligarquía oriental y así empezó a combatir la fuente que le dio patrimonio y poder para reconfigurar su espacio —regional— y dominio hegemónico. Ante su derrota autonómica, la nueva ofensiva está en función de la consigna federalista.

La disputa para el establishment cruceño contra el Estado Plurinacional es detentar el poder de decisión sobre los recursos naturales en su departamento, dominio y control territorial oligárquico; implicaría para Bolivia que Santa Cruz se constituya en factor geopolítico. La reconfiguración del poder en su lógica no parte por ahora en ascender al Gobierno, sino en determinar la organización del poder en función del vector de clase del oriente, el federalismo deja de ser una consigna para constituirse en el motivador regional y en estrategia de poder territorial.

César Navarro Miranda es exministro, escritor con el corazón y la cabeza en la izquierda.

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Decadencia

/ 10 de noviembre de 2022 / 03:02

Cuando fue desplazado de la titularidad del Estado el sistema político de partidos de derecha, por la renuncia-huida de Goni y el triunfo democrático del MAS, el establishment de la cruceñidad asumió como razón política ser un opositor constante y apropiarse políticamente del departamento a través de las autonomías como paso previo al federalismo, retirada táctica del Estado y apropiación estratégica del departamento.

Esta estrategia parte de la constatación que ya no podrán ser sujeto político beneficiario e influyente en el Estado, como lo fueron con el nacionalismo revolucionario, en las dictaduras militares y en el neoliberalismo, esa lógica de poder se quebró a inicios de siglo.

En el cabildo de enero de 2005, el Comité Cívico de Santa Cruz (CCSC), cuyo presidente era Rubén Costas, presionó, el entonces presidente Carlos Mesa cedió su facultad constitucional de designación de prefectos y convocó a la elección de estas autoridades; este hecho político fue fundamental, el establishment antepuso su agenda a la Asamblea Constituyente, que era una demanda política de las organizaciones sociales del país. La elección quedó parcialmente frustrada por la renuncia de Mesa.

Pero, en las elecciones nacionales de diciembre de 2005 también se eligió a los prefectos, en esta decisión jugó un rol decisivo el expresidente Rodríguez Veltzé y Salvador Romero, entonces presidente de la Corte Electoral; en las elecciones de constituyentes en 2006, también se incorporó la pregunta sobre la autonomía. Estos dos hechos políticos fueron determinantes para entender la tensión, el conflicto entre el establishment y el gobierno popular de izquierda.

Los prefectos cruceños siempre fueron de derecha, pero designados por el presidente de turno, en este nuevo escenario asumieron a la prefectura —hoy gobernación— como una propiedad de las élites.

La triada del poder político se articuló entre CCSC-gobernación- gobierno municipal, bajo el liderazgo cívico, porque se autodefinen gobierno moral de los cruceños. Sus núcleos fácticos del poder son la oligarquía, el empresariado, las empresas de servicios dirigidas por la élite —Cooperativa de Agua Potable y Saneamiento Básico (Saguapac), Cooperativa Rural de Electrificación (CRE) y la Cooperativa de Telecomunicaciones Santa Cruz (Cotas)—, medios privados de comunicación, las comparsas, la Unión Juvenil Cruceñista y la Conferencia Episcopal Boliviana.

El tiempo fáctico de este modelo alcanzó la cima con la creación del Consejo de Autonomías, que era integrado por cuatro departamentos —Santa Cruz, Tarija, Beni y Pando— y luego el Conalde, con la incorporación de dos departamentos más —Chuquisaca y Cochabamba—; el objetivo, imponer la autonomía bajo la lógica de la cruceñidad e impedir el desarrollo y conclusión de la Asamblea Constituyente.

Un factor, no el único para su derrota, fue que se autoconsideraron un movimiento nacional, subordinando a toda la derecha y regiones bajo el mando de Branko Marinkovic y el CCSC; fácticamente fueron cabeza del enfrentamiento, pero no líderes de una opción nacional en pleno proceso constituyente.

Fue el tiempo donde la decadencia afloró como realidad. Lo que impidió el desplome pero no la crisis del establishment fue Costas en la gobernación y el alcalde Percy Fernández.

Salir del ostracismo para el CCSC significaba aparentar paternidad política sobre las derechas. En 2019 quiso “mediar” para forzar una sola candidatura electoral, fracasaron, su opción fue conspirar contra las elecciones y su mejor escenario, el “fraude”; el enemigo, ya no el adversario, era el presidente indígena de izquierda.

Lograron imponer, con la complicidad mediática e internacional, este dispositivo que movilizó a la ciudadanía urbana con características violentas y raciales para impedir el reconocimiento del resultado electoral. A ello se debe que Camacho y la ultraderecha desecharon a Carlos Mesa al bloquear su aspiración a la segunda vuelta, esta decisión constató que Mesa era un candidato útil y desechable.

Creyeron que su euforia en la toma violenta del Palacio Quemado les daba la condición de liderazgo nacional, su máxima fue la escenificación tétrica en el balcón del Palacio, junto a la presidenta de facto enarbolando la Biblia.

Camacho, constituido en el peor gobernador —lo dice la misma derecha—; Calvo redujo al CCSC a un apéndice mediocre de la Gobernación. Intentan impedir su derrumbe apelando al chauvinismo regionalizado, para ello el Censo es la excusa.

La decadencia no está reflejada solo por el nivel de “liderazgo”, sino porque no lograron superar la derrota autonómica. Se redujeron a ser los titulares e impulsores eternos de conflictos, recurren al drama, a la escenificación como el método pragmático para aparentar la imagen, el simbolismo de víctimas del Estado Plurinacional que quiere destruir al departamento, a su modelo económico, sojuzgar a los cruceños, avasallar sus tierras. El testimonio de sus actos grafica su decadencia.

César Navarro Miranda es exministro, escritor con el corazón y la cabeza en la izquierda.

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Desestabilización

/ 27 de octubre de 2022 / 01:57

La estrategia política definida por las derechas desde que fueron desplazadas del Estado por la voluntad soberana del pueblo en 2005 hasta el presente, se ha concentrado en planificar y desarrollar acciones de desestabilización al Gobierno democrático.

Las derechas no lograron hasta ahora constituirse en oposición política en el sentido republicano de la democracia representativa que norma la organización y elección de los poderes constituidos, nuestra democracia privilegia a las organizaciones políticas como sujetos para disputar la titularidad del Ejecutivo y su presencia en la Asamblea Legislativa, es decir, son la institucionalidad de la democracia representativa. Pero contrariamente a esta afirmación, las derechas lograron como máxima ser solo sigla electoral, participar en elecciones y luego diluirse como organización poselecciones, para cubrir este vacío crónico se autodefinen por defecto como oposición porque no representan una visión alternativa de gobierno, sino solo porque no son parte del oficialismo.

Este déficit no es una simple formalidad, es un hecho estructural, porque determina la política por los suburbios de la democracia y las derechas empiezan a ser el lumpen del sistema político, naturalizan en su yo colectivo prácticas antidemocráticas propias de la ultraderecha.

La desestabilización es el método utilizado recurrentemente contra gobiernos de izquierda y progresistas en el continente durante décadas, que derivó en golpes de Estado, por ello no es un tema aislado o reciente, sino la normalidad aceptada públicamente por las principales autoridades del Departamento de Estado de los EEUU.

De facto —2006— las derechas se vieron forzadas a constituir un comando político que debía tener imagen, autoridad y ser centro de cohesión, el eje se articuló en un trípode cívico, mediático y político (prefectura). Un liderazgo empresarial de ultraderecha —Branko Marinkovic— subsumió, al amparo del comité cívico, a todas las derechas dispersas e impuso la estrategia de la desestabilización. En este primer momento (2006-2009) tenían el control de siete de las nueve prefecturas, mayoría en la Cámara de Senadores, organizaron y desplegaron grupos parapoliciales de amedrentamiento y presión constante, recurrieron a la utilización del regionalismo no pro camba, sino anticolla, es decir un regionalismo identitario a partir de visibilizar al enemigo racialmente; impulsaron, con la complicidad señorial blancoide sucrense so pretexto de la capitalía, el enfrentamiento entre dos departamentos para hacer fracasar la Constituyente; simultáneamente, por el control político que tienen en las prefecturas, impusieron a las cortes electorales departamentales de la media luna referendos anti e inconstitucionales sobre la autonomía; utilizando su mayoría en el Senado, aprobaron el referéndum revocatorio contra el Presidente, el bloqueo de caminos, la voladura de ductos y el golpe cívico prefectural que fue precedida por la masacre de El Porvenir en septiembre de 2009.

El triunfo que obtuvieron en el 21F no fue considerado por las derechas como posibilidad de triunfo en 2019, por ello que la estrategia partió por invalidar el evento democrático descalificando a los miembros del tribunal electoral, anular el triunfo del presidente y candidato indígena posesionando en el ideal urbano el “fraude” con la complicidad deliberada de los medios de comunicación. Es el tiempo en que la desestabilización se transforma en conspiración y deriva en el golpe.

En 2020, las derechas viven múltiples derrotas: pésima gestión del gobierno de facto; Áñez, una caricatura electoral —tuvo que renunciar—; Mesa y Camacho, catástrofe electoral, lo que lograron con la violencia y el golpe lo perdieron por la sentencia democrática del pueblo.

La imagen que grafica a las derechas urbanas —ante su derrota democrática— es la manifestación grotesca antidemocrática de implorar orando de rodillas ante los cuarteles para pedir que los militares impidan que jure en la presidencia lo que el pueblo eligió soberanamente.

Ahora recurren a la misma estrategia de la desestabilización, utilizan al Censo como consigna de chauvinismo regionalista para forzar el paro a través de la violencia discursiva, simbólica, social, política y racial como acto desesperado para autovalidarse como titulares y no como líderes del establishment de la cruceñidad, motivando el enfrentamiento como manifestación política propia de las desestabilizaciones en todo tiempo contra el gobierno democrático indígena, popular y de izquierda.

Utilizan la fraseología: democracia, libertad, derechos humanos, como justificativo discursivo, sus actos son el testimonio antidemocrático, conspirativo y violento que sintetizan su esencia: la desestabilización.

César Navarro Miranda es exministro, escritor con el corazón y la cabeza en la izquierda.

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¿Casualidades?

/ 13 de octubre de 2022 / 01:44

La ausencia de norte político, subsistir en base a forzar conflictos y crear escenarios para demostrar en el imaginario público que son fuerza, es una constante dramática en la derecha y la ultraderecha de nuestro país.

Pero, además su subsistencia depende de la oxigenación y apoyo externo en el momento preciso, porque de lo contrario expirarían.

El golpe de 2019 tuvo dos momentos de apoyo decisivos: el primero, la Misión de Observación Electoral violando los principios fundamentales y código de conducta que rigen las misiones electorales de la OEA; el 21 y 23 de octubre, antes que el TSE proclame los resultados electorales, “recomendó” o lo correcto es decir “ordenó”, la realización de la segunda vuelta electoral violando la soberanía nacional y la CPE. Esta intervención, en los hechos invalidó el triunfo del MAS, le dio el argumento a Mesa y la derecha para que proclamen —por tres días— a los cuatro vientos segunda vuelta; pero dio pie para que la ultraderecha ya no reivindique la segunda vuelta, deseche a Mesa y arremeta para el derrocamiento del gobierno. Segundo, con Camacho en La Paz y el amotinamiento policial se hizo público, la madrugada del 10 de noviembre, el informe de la OEA ratificando la consigna que enarbolaron todas las oposiciones un año antes de las elecciones, el “fraude”, este informe fue el justificativo que requerían para materializar el golpe.

La intervención de la OEA no tiene nada de casual, son actos de bisturí político en el momento oportuno.

La ultraderecha salió derrotada del golpe por decisión soberana del pueblo, utilizó la Gobernación para reorganizar su estructura interna, pero los hechos concretos e inmediatos deterioraron el liderazgo del establishment cruceño: i) la pésima gestión del gobernador Camacho, ii) los ítems ‘fantasma’, y iii) la subordinación incondicional del Comité Cívico a la Gobernación.

Camacho, desde la Gobernación, y Calvo, desde el Comité Cívico, son una caricatura con relación a Costas y Marinkovic para la derecha y los grupos de poder regional. Esta situación dramática no podrá ser revertida, pero en el corto tiempo necesitan forzar la imagen coyuntural de regionalismo chauvinista, que usan como referente no la propuesta, sino el drama, la frustración, la sanción que el Gobierno hace contra Santa Cruz, la única consigna que utilizan es el Censo.

A partir de esta consigna, inventan discursivamente ejes que justifican su demanda, pero como no tienen nivel de credibilidad incorporan a la UAGRM para que sea la imagen simbólica técnica de la propuesta sobre el Censo, pero en el corto tiempo la UAGRM y sus autoridades académicas empezaron a ser piezas subordinadas a la Gobernación.

El cabildo cruceño ha llegado a ser la manifestación no de la deliberación, sino de la validación de las consignas de la elite político- cívica. El último cabildo fue la propuesta desesperada por el fracaso de los dos últimos paros, la división interna y la oposición empresarial, popular y campesina al paro, ello implicaba debilidad explícita, por ello necesitaban nuevamente oxígeno externo.

Fueron dos hechos: primero, deliberadamente se filtró el informe de la CIDH de las conclusiones y recomendación sobre lo sucedido en el hotel Las Américas, y se hizo público en el medio de comunicación que es el principal vocero del establishment cruceño; lo central es apelar a la autovictimización no como élite, sino involucrando al “pueblo” y sindicar simultáneamente al expresidente como responsable; segundo, el informe del Departamento de Estado de los EEUU sobre las elecciones de 2019, que en síntesis valida el informe de la OEA, ratificando la consigna del “fraude”, además es una reiteración de lo que dijo el secretario de Estado de Trump, Mike Pompeo, el mismo día del golpe de Estado.

Estas intervenciones externas fueron utilizadas para motivar la convocatoria, para exacerbar el sentimiento de chauvinismo regional anti- MAS, y dieron las luces que no tienen Calvo-Camacho para brillar opacamente en el cabildo.

Las casualidades no existen, más si vienen del imperio, asistimos al drama que crean, donde los actores de la trama cumplen un libreto impuesto, son la manifestación colonial-capitalista anti Estado Plurinacional propia de las élites que aparentan liderazgo por la pasarela mediática que despliegan y no por el horizonte que infunden, creen religiosamente que la validación de su consigna es el titular de prensa en primera plana, por ello que la oxigenación externa es necesaria e imprescindible para dar cuerpo y colorido a la fraseología discursiva utilizada reiterativamente como la homilía dominical.

En política, las casualidades son la mentira de la divinidad, para ciertos grupos criollos es la bendición que necesitan para cumplir su plegaria como la sinrazón de su razón, infunden en las subjetividades de su multitud el odio racial y su forma de manifestación es la violencia.

César Navarro Miranda es exministro, escritor con el corazón y la cabeza en la izquierda.

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Chile

/ 15 de septiembre de 2022 / 00:46

El fracaso en el plebiscito para la aprobación del proyecto de Constitución elaborado por la Convención Constitucional, nos obliga ineludiblemente a reflexiones críticas y autocríticas muy importantes, no para la autoflagelación típica de cierta “intelectualidad” mesiánica sin horizonte, sino para re-conocer en los escenarios políticos, mediáticos y subjetividades que nos desenvolvemos en la disputa de nuevas racionalidades de poder.

Los procesos políticos que se constituyen en procesos constituyentes son tiempos fácticos y finitos que pueden marcar la conclusión de una época y la inauguración de un nuevo horizonte, pero esta afirmación no es una fórmula mecánica, sino que está condicionada al rol de los actores que son la expresión material, política y subjetiva.

En 1980, la dictadura y el estado de no derecho convocó a plebiscito para aprobar la Constitución del dictador Pinochet, se aprobó con el 65%, venció el estado de terror. En 1988, el dictador Pinochet quiso autoconvertirse en presidente “constitucional” y convocó a un plebiscito donde compitió solo y salió segundo, le consultó al pueblo si su mandato se extendía por 10 años —hasta 1997—, la respuesta fue clara, el 56% dijo No. Venció el deseo democrático y sentimiento antidictadura, pero también se constató que el pinochetismo era una realidad más allá del poder, una parte —casi la mitad— de la sociedad votante asumía como suya la racionalidad dictatorial, es decir era derechista.

Las generaciones que resistieron a la dictadura vencieron en las calles y en las urnas al ícono de la dictadura, pero las estructuras del poder que construyó empezaron a manejar los hilos del poder. El primer presidente electo Patricio Aylwin, de la Democracia Cristiana, declaró que “entre una dictadura marxista y una dictadura de nuestros militares, elegiría la segunda”. El pinochetismo se mantenía en el poder por la vía democrática con su propia Constitución, desde esa elección hasta la última de Sebastián Piñera, los presidentes, incluida Michelle Bachelet, eran parte de la lógica “democrática” del establishment del poder que construyó y constituyó el pinochetismo.

La élite tiene concepción y condición de poder, ahí radica el sentido hegemónico del pinochetismo, reconvertido en “demócratas” y disperso en las organizaciones políticas que alternaban en el gobierno.

Durante el primer gobierno del presidente multimillonario de derecha Piñera, el movimiento popular liderado y concentrado principalmente en los estudiantes, de los que resaltan Camila Vallejos, del Partido Comunista, y Gabriel Boric, tuvo la capacidad de interpelar al poder político y no se limitó a sus legítimas demandas sino que trascendió más allá, a la Constitución Política del Estado, es decir a la estructura misma que emergió de la dictadura.

El movimiento tuvo la capacidad de constituirse en movimiento constituyente, tres hechos marcan el hito histórico: el plebiscito de octubre de 2020 cuando el pueblo se pronunció por cambiar la Constitución con el 78%, la elección de los constituyentes en mayo de 2021 y la presidencia de la Convención recayó en la indígena mapuche Elisa Loncon; el pueblo le arrebató al establishment la facultad de decidir. Pero el triunfo de tiempos y escenarios no implica que sea la derrota del poder.

El ideal como sentido común contrahegemónico del movimiento anti Constitución pinochetista no logró en el tiempo constituir el ideal común del tipo de Estado que aspira como horizonte, el movimiento constituyente perdió el liderazgo.

La Convención no pudo continuar siendo movimiento, se redujo a ser el escenario de debate de los 155 constituyentes; los ejes de la nueva Constitución altamente importantes y transformadores no lograron ser las identidades comunes del movimiento. Este déficit o separación entre Convención y pueblo fue aprovechado y sustituido por las estructuras de poder simbólicas, mediáticas, políticas, para construir la imagen negativa del proyecto de Constitución partiendo de códigos conservadores, propios de las derechas criollas.

El triunfo de la izquierda y el ascenso de Boric al gobierno parecían el cierre del ciclo pinochetista, pero el viraje hacia el centro en la conformación del gobierno, la represión a los mapuches con las mismas características de su antecesor, la ausencia de liderazgo del movimiento, del presidente y de la Convención, implicó la orfandad en la fase final resolutiva.

Las victorias populares, para ser tales, no pueden quedar inconclusas, más si los avances fueron concesiones del poder, ahí la fase de la resolución está condicionada a la ofensiva fáctica del poder. Los que invalidaron la nueva Constitución no son los actores que se enfrentaron al establishment, sino el poder que nunca cedió el poder, solo la administración del gobierno.

César Navarro Miranda es exministro, escritor con el corazón y la cabeza en la izquierda.

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