Voces

Tuesday 6 Dec 2022 | Actualizado a 00:05 AM

No mamen

/ 2 de octubre de 2022 / 01:29

Con la punta de la aguja es una columna de opinión, desde este espacio, yo doy mi versión de la realidad, mis esperanzas, mis desilusiones, mis miedos y mis luchas. Todos estos son lugares desde los cuales hablo y en esta práctica puedo coincidir con muchas personas. Este lugar hace a mi existencia y toma de posición ante la historia.

Desde este espacio yo puedo dar información, sin duda. Información quiere decir relatar los hechos, no interpretarlos, informar no es dar opinión. Cuando se dice que se da información, pero en el camino se omite deliberadamente parte de la información, en realidad, se está dando una opinión. Considero que la crisis de los medios de comunicación refleja un momento de nuestra sociedad, tiempo en el cual los medios deben definirse respecto a la profesión y el área de conocimiento y desenvolvimiento, de lo que la sociedad moderna ha venido a denominar como el “cuarto poder”. Un cuarto poder totalmente arbitrario es, y en mi opinión, si es un cuarto poder también — como pueblo— deberíamos tener algo que decir, pues el poder reside en el pueblo. Un mecanismo podría ser un referéndum sobre medios de comunicación, para que no usen el pretexto de la censura cuando nos defendemos de sus mentiras y manipulaciones. O, por el contrario, cuando un gobierno o empresarios quieran controlar arbitrariamente estos medios.

Hoy difícilmente se puede encontrar periodistas, comunicadores y medios que den información, Cierto, cada periodista tiene su propia opinión, y presentará la información desde ese lugar, pero lo que no se puede hacer es que desde los espacios dedicados y delegados socialmente para dar información — como son los medios de comunicación— se manipulen los hechos. ¡Eso no! No es ético, no es profesional, no se puede dar una versión sesgada de los hechos, escondiendo y manipulando la otra parte.

Esta semana hemos visto con indignación cómo medios de comunicación presentan las sugerencias de una de las comisiones de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) como si estas sugerencias fueran una sentencia condenatoria, y mienten diciendo que es una orden al Estado Plurinacional de Bolivia para enjuiciar a Evo Morales. ¡No mamen! Nada que ver. No dice nada de eso y no es nada de eso. Pero llenan los periódicos, las redes, las radios, los canales de televisión con esta mentira.

¡Da mucha rabia! Pues no tienen ni una palabra para la memoria, recordar cuando terroristas y paramilitares querían dividir Bolivia y matar al que no piense como ellos. Lo que tenemos que hacer es continuar con el juicio a estos violentos asesinos, que ya querían matarnos en 2009 y cuyos discípulos lograron matar a nuestros hermanos en el golpe de 2019. Ese juicio hay que continuar. Así tenemos que responder a las sugerencias de la CIDH y parar toda esta parafernalia que tiene por detrás la intención de debilitar el proceso de cambios revolucionarios del pueblo boliviano.

Julieta Paredes Carvajal es feminista comunitaria.

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Nuestra palabra

/ 27 de noviembre de 2022 / 03:13

Hay momentos en la historia que, aparte de nuestra opinión y acción personal, es necesaria la voz colectiva y organizada, pronunciarse colectivamente como parte de la acción de sostenimiento del proceso de cambios revolucionarios en lo social, político, económico y cultural, emprendido por el pueblo boliviano. Es éticamente necesario. El grupo de personas que perdieron las elecciones nacionales, pero lograron ganar la elecciones regionales, en base a una lectura autoritaria, caprichosa y fascista de la correlación de fuerzas políticas en el país, ha arrastrado a sus votantes a acciones temerarias marcadas por la violencia impune, que en el transcurso del tiempo se convierten en acciones desesperadas. Eso es lo peligroso, porque los manotazos del ahogado tienden a jalar a quienes están a su alrededor al fondo del agua. Son nuestras hermanas y hermanos del proceso de cambio que viven en Santa Cruz quienes están en permanente peligro. Por eso nuestra palabra:

Desde el Feminismo Comunitario Abya Yala nos pronunciamos ante la violencia fascista que va más de un mes amedrentando a la población que solo exige su derecho a la libre circulación, al trabajo, la salud y la libertad de opinión. Denunciamos a la comunidad internacional la articulación de grupos fascistas y paraestatales que día a día violan los derechos de las y los ciudadanos que viven en Santa Cruz, que incluso han amedrentado a instituciones que defienden y protegen a mujeres víctimas de violencia.

Hacemos un llamado a las organizaciones sociales nacionales y del Abya Yala a denunciar los atropellos a los derechos humanos ante la creciente ola de violencia en los puntos de bloqueo, que son comandados por la Unión Juvenil Cruceñista, que entre muchos delitos, además, quemaron la sede de la federación de campesinos, y saquearon a la Central Obrera Departamental, son ataques al pueblo trabajador.

Nos preocupa sobremanera el atropello a las instituciones que buscan defender a la población y proteger los derechos ciudadanos, cuando hay muchas denuncias de violencia y vulneración a los derechos humanos.

Tenemos claro que el verdadero fin de la derecha imperialista, fascista, golpista y explotadora es atacar el cambio del proyecto político, que hoy es para beneficio de las grandes mayorías excluidas históricamente de sus derechos. Les asusta la continuación y profundización del proceso de cambios revolucionarios.

Desde el Feminismo Comunitario nos declaramos en vigilia permanente y movilización de resistencia popular en las calles, en las redes, en y desde las organizaciones sociales. Vamos a continuar construyendo, vamos a luchar en defensa de nuestro proceso, y principalmente en defensa de nuestras organizaciones sociales.

Nuestro horizonte es el “vivir bien”, nuestro horizonte es la despatriarcalización, la descolonización y no retrocederemos ni un paso. Es hora que desde el Gobierno y desde la Asamblea Legislativa se hable consecuentemente claro.

¡Golpe nunca mas! ¡Jallalla el proceso de cambio! ¡Hasta la comunidad, siempre!

Julieta Paredes Carvajal es feminista comunitaria.

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El futuro que queremos

Es un futuro que tiene en la raíz el componente de la dignidad. La dignidad de ser pueblos originarios de estos territorios está en la base histórica

/ 13 de noviembre de 2022 / 00:36

¿Cuál futuro estamos construyendo desde el proceso de cambio del pueblo boliviano? Es un futuro que tiene en la raíz el componente de la dignidad. La dignidad de ser pueblos originarios de estos territorios está en la base histórica, construida desde las luchas ancestrales de más de 500 años, que sin embargo fueron fuertemente implantadas a partir de 2003 con un proceso que revoluciona las relaciones colonialistas y racistas.

No hay paso atrás, nunca más tendremos miedo de ser quienes somos, de hablar nuestras lenguas y pensar desde nuestras culturas y modos de vida ancestrales. Eso es lo que les da rabia a esas personas que perdieron lugares de privilegio y se acostumbraron a que se les obedeciera a las buenas o a las malas. El país y el territorio que los reconocemos en la belleza territorial, formada de muchos microclimas y pródiga en sus regalos para la humanidad y la naturaleza que habita Bolivia. ¡Nos desafía! Nos desafía, con responsabilidades que deben ser realizadas, con mucho compromiso con las generaciones que vienen detrás, pero por sobre todo agradecidas y agradecidos con la Pachamama.

Las organizaciones sociales están movilizadas ante el golpe de los “cívicos” de Santa Cruz, que poco a poco está fracasando, y lo derrotaremos, sin duda. Pero el odio es un resentimiento difícil de arrancar de los corazones, y es difícil porque es una tarea personal, el odio no se arranca desde afuera, al odio se lo vence desde dentro, desde tomar conciencia de cuán equivocado o equivocada estás. Por eso tenemos que responder, por eso tenemos que salir a la calle a defender el proceso y no dejar que tomen las calles con su odio y su mentira, resentimientos fanáticos, que pueden hacer retroceder a quienes ya se dieron cuenta de que estaban equivocados, estaban al contrario, alimentando el odio fascista y que no era ningún levantamiento ciudadano revolucionario.

Esa es la lucha que nos toca como generaciones que estamos haciendo el proceso de cambios revolucionarios en Bolivia, el espacio público debe recibir nuestro compromiso con el futuro, ciertamente no todos ni todas pensamos igual y hasta a veces tenemos nuestras contradicciones y errores, pero quienes defendimos desde la dignidad, desde el amor por nuestra tierra —nos reconozcamos o no de pueblos indígenas originarios—, todas y todos somos nacidos y vividas en estas tierras y queremos construir el “vivir bien” en tranquilidad, esa tranquilidad que debemos crearla en base a no dejarnos arrastrar en la angustia, como resultado de tanto asedio y violencia que estos grupos insisten en ejercer impunemente.

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Y ese es el problema, que la impunidad es una moneda negociada en los tribunales, que han perdido el rumbo de la Justicia. Juezas y jueces que no estudian, que son cobardes al aplicar las leyes consensuadas como sociedad, son personajes de los cuales depende el bien común, pero no están a la altura, ni profundidad de nuestras luchas.

Julieta Paredes Carvajal es feminista comunitaria.

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Ya aprendimos

/ 30 de octubre de 2022 / 01:15

La historia es esa profesora que no se cansa de demostrarnos que la sabiduría está en las experiencias colectivas, que el pueblo boliviano supo colocar entre las más apreciadas técnicas pedagógicas para las futuras generaciones. El espacio de aprendizaje más rico en estímulos es la calle, son las calles y caminos de nuestro país. En esas circunstancias de luchas y en esos espacios, hemos tenido profundos debates y discusiones, esa pedagogía siempre dio resultado, pues nos hicimos revolucionarias y revolucionarios.

Desde que con luchas posicionamos el proceso de cambios en 2003 en Bolivia, hombres y mujeres hemos enfrentado la permanente presión de la derecha y quiero recordar tres momentos importantes: la defensa de la nueva Constitución, la recuperación de la democracia del golpe de 2019 y este tiempo en que nuevamente y con la misma cantaleta se vuelve a rearticular la amenaza fascista.

Creo que fuimos aprendiendo, poco a poco. En la defensa de la nueva Constitución fuimos muy inocentes, todavía no podíamos creer que nuestras amigas y amigos se constituían poco a poco en sordos y ciegos ante la violencia. Pero todavía se podía intercambiar algunas ideas, aunque muy difícil tratar de que salgan de la repetición de un discurso, que no tenía más de cuatro oraciones aprendidas. Vimos cómo se armaron las narrativas de la mentira, que como letanías de bendiciones daban el permiso a sus cruzados para iniciar su guerra santa contra los indios herejes. Fue la ciudad de Sucre el escenario principal, seguida de Santa Cruz y Tarija. Y no es casualidad, es la rancia colonia que todavía pasea impune su racismo.

El golpe de 2019 nos pescó en medio de una crisis, fruto de la falta de formación política y los apetitos egocéntricos que resquebrajaron la unidad del proceso de cambios revolucionarios, lo grave era que en las calles sí sabíamos qué teníamos que hacer. Teníamos que tomar nuestro lugar de aprendizaje y construcción de sueños, en aquellas calles donde se definen los futuros. Por otro lado, al frente, los fascistas que, sin creatividad, desde 2009 nos vienen imitando. Copian canciones, consignas, hasta discursos, pero son zombis sin ajayu.

En las calles ya teníamos claras las medidas que se debían tomar, por ejemplo, no dejar que Camacho salga del aeropuerto. Desde el Gobierno se daban cabeza con cabeza y nos desmovilizaron, las consignas de cuidar al Gobierno e irnos a nuestras casas, que la Policía se iba a encargar, y ya vimos cómo se encargó.

Hoy no, hoy no pasarán, ya aprendimos, es en las calles que ganamos el país que queremos y no nos moveremos, pues estamos luchando para que todas y todas podamos “vivir bien”. Este es el territorio donde queremos que nuestras wawas crezcan y puedan vivir, cuidando a la madre y hermana naturaleza. Estamos convencidas de que la fuerza está en nuestras organizaciones sociales y en nuestro pueblo, solo el pueblo apoya al pueblo.

Julieta Paredes Carvajal es feminista comunitaria.

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De capricho en capricho

/ 16 de octubre de 2022 / 00:51

Sin duda que desde que ganamos el derecho a soñar con futuros, en 2006, desde ese tiempo hemos vivido en zozobra, atacadas/os por el asedio permanente de la derecha boliviana. Nunca reconocieron nuestra victoria, nunca dejaron de complotar, permanentemente se manejaron —aún se manejan— dentro la lógica de que los únicos y las únicas que deben vencer en las elecciones, las calles o en cualquier escenario, son los denominados “pitas”, y bajo este armazón de lata caben todos los que se consideran “gente bien”. ¿Qué quieren significar con eso? No se sabe bien, pero lo único que sabemos es que son antimasistas. Porque cualquiera que apoye el proceso de cambios revolucionarios o cualquiera que reconozca que hoy tenemos otra Bolivia que aquella heredada del neoliberalismo, será marcado/a como masista y eso corta cualquier razonamiento de y con las y los “pitas”. No hay ningún posible diálogo.

¿Pero qué pasa con nuestro pueblo? Me parece necesario reflexionar, si de tanto defender nuestros sueños ante esa violencia, en un momento determinado, ¿no será que nosotras también podríamos funcionar como disco rayado igualito a la cantaleta “pita”? Por eso es necesario conservar la salud mental, la ética y los sueños por los que luchamos. Y es que se ha instaurado una práctica fascista en la sociedad que exacerba las frustraciones, los complejos, la envidia y la competitividad de las y los mediocres. Resultado de todo esto es que hay una práctica inquisitorial de linchamiento mediático, donde no se ahorran piedras, los/as consumidoras de este tipo de comunicación están dispuestos a tirar la primera piedra, sin reflexión ni escrúpulo. El apedreamiento mediático destierra el análisis, la reflexión y la búsqueda de caminos para construir el “vivir bien”.

No podemos caer en lo interno del proceso de cambio en esas lógicas, pues si así fuera será una derrota para nuestra lucha, porque nuestras luchas son revolucionarias, con nuestros pueblos; es contra todo tipo de corrupción, no queremos mentira y luchamos contra todo tipo de opresión. No podemos dejar que nos arrastren a funcionar con la misma lógica pita-fascista, pues si lo hacemos, nuestras supuestas victorias serán la derrota de nuestras propuestas de mundo. Y todo habrá sido en vano.

Los hermanos del proceso desde su machismo no dan brazo a torcer, todos quieren salir con su capricho y su gusto, el famoso principio de autoridad. A ver hermanos, no se trata del poder de uno, otro u otro más, se trata de las luchas de nuestro pueblo. Quienes siendo dirigentes o quienes siendo cualquier autoridad, por ejemplo ministros, y son denunciados —con pruebas— de hacer daño a la gente, de faltar a la ética, sea de su profesión, de su cargo u organización, deben ser retirados para que se defiendan en debido proceso.

Mantener ese tipo de autoridades dudosas —en el Gobierno— hace cómplices a quienes deberían destituirlas. Y como pueblo decimos: una cosa es defender el gobierno del pueblo, otra cosa es ser tontos o tontas útiles.

Julieta Paredes Carvajal es feminista comunitaria.

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Dimensión M

/ 18 de septiembre de 2022 / 00:22

Las próximas elecciones del 2 de octubre en Brasil nos hablan de la posibilidad de recuperar las energías transformadoras y revolucionarias de las organizaciones y movimientos sociales del país más extenso de la Amazonía del continente.

El periodo abierto por los pueblos, que se concretó en la presencia democrática de presidentes como Evo, Lula, Chávez, Kirchner, entre otros, nos dio a los pueblos el respiro histórico para perfilar un plan continental de articulación popular, que enfrente el capitalismo imperialista y transnacional. Tiempo necesario para que podamos poner en la mesa problemas como el racismo, el machismo, el envenenamiento de la Madre Tierra. Todos, temas susceptibles de ser tratados analizando el colonialismo y la conformación de las clases sociales, tanto en Latinoamérica como en todo el continente Abya Yala.

El Tratado de Tordesillas en 1494 significó la repartija colonial de los territorios indígenas originarios del Abya Yala (América), entre los invasores españoles y portugueses. A partir de ese momento, a través del idioma impuesto, la cultura y los intereses explotadores ubicados en Europa, rompieron la unidad natural del continente y separaron comunicacionalmente a los pueblos. Brasil, entonces, se construyó de espaldas al continente y con la mira puesta en los centros de poder europeos.

En los últimos 20 años, en Brasil se dio un proceso de acumulación política por parte del campo popular, que como todo proceso trajo beneficios al pueblo, pero de ninguna manera era la varita mágica revolucionaria. Las revoluciones las hacen los pueblos, no los gobiernos. Los gobiernos del Partido de los Trabajadores (PT) fueron haciendo cada vez más concesiones a la agroindustria y el capitalismo transnacional, que junto a la falta de formación política y desmovilización de los movimientos sociales allanaron el camino para la reorganización de la derecha fascista y sanguinaria, instaurada con el voto democrático del pueblo brasileño en 2019, que apoyó el nefasto gobierno de Bolsonaro.

Hoy las elecciones en Brasil tienen a Lula como esperanza para el pueblo brasileño, y hacemos votos para que esta vez no vuelva a equivocarse. Lo que sin embargo me llama la atención es que las y los fascistas, empezando de Bolsonaro, no lo bajan de llamar “presidiario” a Lula —cierto que estuvo preso—, se demostró su inocencia, pero eso ya no cuenta y se borra de la mente enferma de odio de la gente alineada en la derecha. Entonces, hoy nos enfrentamos no solo a la judicialización de la política, quiero decir, inventar delitos y falsas denuncias con procesos judiciales contra mujeres y hombres luchadores sociales. Sino que no importa ya demostrar la inocencia, la instauración de las mentiras por las redes sociales, ese virus se transmite por internet y ha creado un mundo paralelo del odio fascista, le llamo “Dimensión M”, donde vive toda esta gente que no tiene ningún argumento, pero se comporta como poseedora de la “verdad”. Esa es la pandemia paralela a la del COVID-19, que surgió mucho antes y no nos dimos cuenta, que enfermaba nuestros pueblos y organizaciones sociales. La pandemia de la Dimensión M es la que tenemos que enfrentar ahora, como la expresión psicológica y social del odio.

Julieta Paredes Carvajal es feminista comunitaria.

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