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Sunday 25 Feb 2024 | Actualizado a 17:14 PM

Ocho razones para legalizar el aborto

/ 2 de octubre de 2022 / 01:39

Como cada año, el 28 de septiembre se celebra el Día de Acción Global por el Acceso al Aborto Legal, Seguro y Gratuito. En nuestro país, el aborto inducido está regulado desde 1973, siendo legal solamente en caso de prevenir daño a la salud de la mujer o en casos de violación.

A pesar de la penalización, los datos sobre la interrupción del embarazo no deseado estiman que en Bolivia se practican 200 abortos cada día y, cada año, alrededor de 44.000 abortos incompletos (hemorragias) son atendidos por establecimientos de salud públicos y privados. A causa de esto, dos mujeres mueren cada día, lo que equivale a 650 muertes por año, que a su vez conlleva a que el aborto sea la tercera causa de muerte de las mujeres en el país.

Frente a esto, comparto ocho razones por las cuales es urgente contar con un sistema de salud que atienda la interrupción voluntaria del embarazo de manera segura, legal y gratuita.

1) Penalizar no disuade a las mujeres de la práctica del aborto. El altísimo número de abortos que ocurren en Bolivia demuestra que la penalización no es efectiva.

2) Penalizar el aborto induce a las mujeres a recurrir a métodos inseguros y riesgosos para su salud. En el país, más de la mitad de abortos clandestinos son realizados por personas sin la capacidad necesaria, con procedimientos inseguros y en entornos sin higiene. Por lo tanto, la penalización tiene como consecuencia no menos abortos, sino más abortos inseguros.

3) La penalización aumenta las muertes y afecta la salud de las mujeres. El aborto no pone la salud de las mujeres en peligro, lo que la pone en riesgo es la clandestinidad y la inseguridad. Por ejemplo, en Uruguay las muertes de mujeres por causas de abortos mal practicado se redujeron a cero desde la aprobación de la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo.

4) Penalizar el aborto impacta negativamente en el acceso a los abortos legales. Una gran cantidad de mujeres con derecho a una Interrupción Legal del Embarazo (ILE) no acceden a él por el estigma alrededor de la práctica y los estereotipos sobre la maternidad que se constituye en un mandato obligatorio para las mujeres.

5) La falta de acceso a abortos seguros produce muertes por causas indirectas. La mala práctica en la clandestinidad provoca en las mujeres hemorragias, perforaciones uterinas, lesiones intraabdominales y procesos infecciosos, causantes de secuelas crónicas como la esterilidad, embarazo ectópico, dolor pélvico agudo y, en los peores casos, la muerte.

6) La penalización del aborto tiene un impacto diferenciado en mujeres pobres y jóvenes. Las mujeres con niveles económicos medios o altos acceden a una atención sanitaria adecuada y, en general, no sufren complicaciones posabortos. Las de bajos recursos, en muchos casos adolescentes, se ven obligadas a exponerse a condiciones sanitarias precarias.

7) La penalización del aborto expone a las mujeres a ser víctimas de tortura, tratos crueles, inhumanos y degradantes por temor a ser denunciadas en su intensión de interrumpir su embarazo. Muchas de ellas incluso acuden al suicidio frente a la sanción social y penal del aborto.

8) La penalización del aborto incentiva un mercado clandestino que lucra con el miedo y necesidad de las mujeres. La provisión de servicios de aborto moviliza cifras millonarias a través de abortos quirúrgicos o la comercialización de pastillas de misoprostol o mifepristona con sobreprecios.

A pesar de que el procedimiento de interrumpir un embarazo es más seguro y está más disponible hoy en día, el aborto todavía está muy estigmatizado y puede ser una experiencia aterradora para muchas mujeres. Por todo esto, la legalización del aborto es un tema de salud pública y de derechos humanos.

Lourdes Montero es cientista social.

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Alasitas y bloqueo de caminos

/ 4 de febrero de 2024 / 04:38

En pleno despliegue de la fiesta de la abundancia, vivimos un bloqueo de caminos que amenaza dejarnos sin pollo, sin gasolina y sin carnaval. Como yo confío plenamente en los poderes sobrenaturales de ese hombrecito con sombrero, bigote y barriga; a las 12 en punto del día 24 me compré una bolsa llena de pequeños politiquitos.

Sí, no hay error de imprenta en el párrafo anterior. En la fiesta de la miniatura, en lugar de llenarme los bolsillos de dólares como dicta la razón, gasté todo mi dinero en comprar y challar lo que hoy el país necesita con mayor desesperación: políticos que den la talla para resolver la pulseta de turno en el campo político. Los compré de todas formas y tamaños; con ternos, polleras y chamarras, y los hice challar con alcohol, flores y hojas de coca. Invoqué a los Achachilas para que me traiga buenos políticos, que puedan ver la realidad más allá de sus círculos de llunkus.

Es que el país necesita como nunca políticos que dialoguen, encuentren consenso, convenzan al adversario político y lleguen a un acuerdo que permita devolvernos la certidumbre de que elegimos bien quien nos gobierne.

Todos sabemos que lo que está en juego en la actual medida de presión no es solamente la indignante “autoprórroga” de los magistrados del Tribunal Constitucional Plurinacional (TCP), sino la inhabilitación de Evo Morales como candidato presidencial para los comicios del 2025. Y también sabemos que la política en manos de la justicia (y los abogados) sólo puede traer muy malas noticias.

Mientras tanto, en las calles, la irritación ciudadana va en aumento. Las ambiciones electorales de Evo Morales y Luis Arce amenazan con llevarse por delante el frágil equilibrio de nuestra economía e incluso arrasar con todos los logros de 15 años del Estado Plurinacional. Y por ello el enojo es repartido en partes iguales hacia los dos liderazgos. Eso explica por qué las encuestas actuales den a ambos los niveles más bajos de popularidad. Según encuestas de Diagnosis, Morales y Arce (juntos) suman un pírrico 31%, muy lejos de los índices de apoyo que el MAS ha logrado en su historia política.

Por ello, muchas y muchos reaccionan con bronca y escepticismo a cualquier discurso que convoque a consignas de lo nacional popular, o de avanzar en la industrialización, o incluso de la democracia —valores que antes nos unían en torno al proyecto Plurinacional— pues en el fondo la imagen que predomina es la confrontación de dos machos tóxicos por el control del instrumento político. Ante esa realidad, toda la reyerta discursiva de ambos bandos cae en saco roto.

Hasta hoy, este desafío se ha mostrado demasiado grande para los políticos bolivianos y no importa con quien hables (simpatizante oficialista u opositor), la rabia de las personas va en aumento. Todos refieren a la insensibilidad con que los políticos asumen la brecha entre el mundo real de la vida cotidiana y el cuadrilátero de confrontación donde se dirimen los intereses políticos.

Yo solo confío en el Ekeko, y en este tiempo de intercambio de dones, y por ello este fin de semana sumaré a mis compras un país (democrático), un acuerdo político firmado para las elecciones judiciales y una papeleta electoral con todos los candidatos que la población boliviana tiene derecho a votar.

Lourdes Montero es cientista social

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El corto verano de la anarquía

/ 21 de enero de 2024 / 00:15

Inicia el nuevo año con un inesperado optimismo en las calles. Con la alegría del reencuentro, luego de las fiestas de fin de año que ponen en suspensión las angustias, las personas expresan una moderada convicción de que tenemos que seguir remando para mantenernos navegando.

Y este corto verano del optimismo parece ser producto de que las personas han optado, por salud mental, desconectarse del campo político. “Hace un año que no leo periódicos”; “he desconectado Twitter de mi celular”; “me niego a hablar de política”, entre otras, parecen ser las estrategias que muchos han optado para mantenerse a flote. La opción es conjurar la amenaza del derrumbe de la economía y la política saliendo a trabajar con ahínco todos los días. Usualmente, este espíritu nos acompaña hasta carnavales, cuando el halo del desamparo nos inunda.

Por ello, el título de esta columna refiere a la novela histórica del escritor Hans Magnus, quien describe la revolución social española de 1936 como un momento de ficción colectiva, durante la cual los trabajadores realizaron y defendieron la autogestión en numerosos sectores industriales y agrícolas durante varios meses. Con ese mismo optimismo y sentido de autogestión de la vida, hoy podemos ver restaurantes y cafés llenos de gente; afanosos comerciantes que te ofrecen sustitutos de productos, pues tu marca favorita “no está llegando por la falta de dólares”; publicidad en redes sociales de nuevos emprendedores que ponen rostro a interesantes iniciativas mientras los soyeros y cooperativistas mineros hacen más dinero que nunca, y nuevos proyectos inmobiliarios prometen cambiar nuestra forma de vida. Es como si no pasara nada en un tiempo previo al desastre, en un terrible desacople entre la gobernabilidad del campo político y la vida cotidiana de la gente.

Y es que estamos viviendo tiempos de pensar la política como el escenario del absurdo. La maraña política/judicial llena de insólitas jugadas nos hace pensar que hay un permanente conflicto entre la racionalidad humana que guía la vida cotidiana de la gente y un universo irracional que gobierna el campo de lo político. Escenario kafkiano es como lo nombra el columnista Armando Ortuño, donde circulan confusas resoluciones judiciales que permiten que cada quien entiende lo que quiere y, por tanto, acate lo que le conviene.

Mientras tanto, en la base identitaria del votante medio boliviano se mantiene un 40% de apoyo a la gestión gubernamental, haciendo la vista gorda al grave conflicto al interior del oficialismo; y también se ratifica, en los mundos opositores, el 40% de adhesión. Esta aparente estabilidad, sin embargo, lleva la revolución por dentro puesto que ambos bloques experimentan una notable insatisfacción con las dirigencias que pretenden representarlos.

El MAS vive el momento como la metáfora de una familia disfuncional donde sus líderes viven al borde del divorcio y, en las rencillas cotidianas, exigen a los miembros de la familia tomar partido. Los hijos más influenciables eligen un bando y se apasionan en la batalla, pero los más sabios se mantienen al margen, pues saben que saldrán perdedores si la dupla “se abuena” y encuentra el camino para la reconciliación. También se preparan en silencio frente a la posibilidad de un rompimiento definitivo, que implicará un cambio radical en sus vidas.

El campo opositor sigue soñando con el héroe salvador que los unifique en un periodo similar a las guerras medievales donde los señores feudales, afincados en el control de sus territorios, desgastan su dinero y energías en permanentes batallas, pero sin lograr definir el liderazgo final.

Así pues, vivamos este corto verano de la anarquía mientras lo viejo no termina de morir y lo nuevo todavía no se vislumbra.

Lourdes Montero es cientista social.

 

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Liderazgo de mujeres en el mundo empresarial

Según se describe en la publicación, la edad promedio de esas mujeres en el mundo de los negocios está en los 45 años.

/ 24 de diciembre de 2023 / 00:20

Esta semana, Bolivian Business nos presentó la novena edición de la Guía de Alta Gerencia, un documento que recoge “quién es quién” en la dirección ejecutiva de las más importantes empresas e instituciones de Bolivia. Se trata, según el editorial del documento, de las y los líderes de las 100 empresas más importantes en sus rubros.

Un dato que llama nuestra atención en la publicación es que revela la tendencia de que más mujeres ocupan lugares en la alta gerencia. Este año, el porcentaje se ubica en 38%, superior al del año anterior (33%). Por supuesto, las mujeres se ubican más en las empresas medianas, sobre todo en rubros estratégicos como comunicación, turismo y publicidad. Pero también se observa el liderazgo de mujeres en el rubro de alimentos y farmacéuticas, sectores de gran crecimiento en las últimas décadas.

Según se describe en la publicación, la edad promedio de esas mujeres en el mundo de los negocios está en los 45 años, y tienen en general un promedio laboral de 21 años de trabajo. Si bien la muestra que Bolivian Business nos presenta no puede ser asumida como un estudio a profundidad, es una interesante fotografía que nos permite celebrar algo que ya intuimos en nuestra experiencia cotidiana: a pesar de la violencia multidimensional de una sociedad patriarcal como la boliviana, las mujeres avanzan con buen paso en el mundo empresarial.

La información que nos comparte Bolivian Business permite recordar una serie de conceptos que aluden a los desafíos que viven las mujeres y explican las brechas salariales, así como la segregación horizontal y vertical que vivimos.

El primer concepto es “piso pegajoso”, en referencia a las dificultades para despegarse “de la base”. Varios estudios aluden a las dificultades que tienen las mujeres en comparación con los hombres para abandonar los puestos de trabajo más precarios, con mayor temporalidad o con peor remuneración. En este problema es central las tareas de cuidado que recaen de manera injusta sobre las mujeres, pero también influyen los estereotipos de género reproducidos en la familia, escuela, medios de comunicación y en la sociedad, que dirigen a las mujeres a los oficios feminizados y usualmente peor pagados.

Un segundo concepto denominado “escaleras rotas” se refiere a que las mujeres que ya están insertas en el mercado laboral, tienen problemas para ascender porque, de manera figurativa, los escalones que las sostienen son débiles. Las interrupciones laborales por embarazo influyen, aunque no es propiamente el problema. Tal vez lo que pesa más en este eslabón es la demanda empresarial de disponibilidad 24/7 para avanzar en tu carrera, demanda que las mujeres no logran cumplir. Así, el mercado laboral muchas veces exige a las mujeres decidirse entre su vida profesional y familiar, cuando nunca ha sido un dilema para los hombres.

Y el último concepto es “paredes y techos de cristal”, como la expresión de una segregación laboral horizontal (trabajos para hombres y trabajos para mujeres) y la conocida segregación vertical que nos muestra que la cúpula de líderes empresariales usualmente está ocupada por hombres (blancos y heterosexuales). Y cuando las mujeres no están suficientemente representadas, carecen de la influencia necesaria para alterar la cultura del lugar de trabajo, y el círculo vicioso del predominio masculino se perpetúa.

Para ascender en la carrera profesional hay que estar disponible en todo momento y lugar, así lo considera la gran mayoría de las empresas en el país, y por ello el avance de las mujeres en Bolivia es todavía limitado. Sin embargo, una cultura empresarial que considere la vida de los humanos y las humanas en todas sus dimensiones seguramente generará mayor productividad y lo que es más importante, una sociedad de personas más felices.

Lourdes Montero es cientista social.

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La ‘Ley Familia’ de Santa Cruz

/ 10 de diciembre de 2023 / 01:07

El miércoles 6 de diciembre, la Asamblea Legislativa Departamental de Santa Cruz aprobó la Ley de Protección Integral de la Vida y la Familia, vulnerando todos los avances legislativos y constitucionales que protegen los derechos humanos de las personas. Esto en lo nacional puede ser asumido como un hecho anecdótico, casi provinciano, impulsado por una élite política anacrónica, que no se condice con la gran diversidad de relaciones multiculturales de Santa Cruz. Sin embargo, no es desdeñable analizar esta visión de mundo de la ley que se jacta de promover un “enfoque pro vida y pro familia”.

La ley pone en el centro de su protección a la “familia natural” que supuestamente debe ser defendida. Esta familia se entiende compuesta por un hombre y una mujer con el fin de procrear. ¿Y cuáles son los ataques que esta forma de unión estaría sufriendo? Pues la ley propone penalizar todas las acciones que “promuevan la familia como causa de la violencia estructural, la aversión al matrimonio, a la maternidad y la deconstrucción de la familia natural”.

Pero esa unión no es promovida en igualdad de condiciones, puesto que se plantea fomentar el acceso a una fuente laboral al “padre natural”, quien estaría a cargo del hogar y sería su principal proveedor, rechazando imposiciones sociales que reproducen la idea estereotipada de que “el hombre es intrínsecamente violento y que por tal motivo no puede ser la cabeza del hogar, naturalizando la desintegración de la familia”. Para decirlo en corto: el Estado solo debe proteger a la familia donde el hombre es el exclusivo proveedor y tiene todo el poder de ser cabeza del hogar.

Reconociendo la procreación como única función de esa “familia natural”, por supuesto la ley arremete contra la posibilidad de las mujeres de decidir sobre sus cuerpos, proponiendo “impulsar la protección del derecho a la vida desde la concepción”. Esto se ratifica con el mandato de un sistema público de salud que procure “salvar la vida del ser humano por nacer”, apoyando “el respeto a la libertad de consciencia de los médicos, enfermeras y paramédicos a que se resistan a realizar prácticas abortivas”. Así, la ley no solo niega lo mandado por la Sentencia Constitucional Plurinacional 0206/2014, sino promueve una objeción de conciencia que en la mayor parte de los casos impide el acceso efectivo de las mujeres a los servicios de salud sexual y reproductiva.

Por supuesto la ley promueve un disciplinamiento integral de las mujeres, planteando como función del Estado promover “el trabajo, prudencia, fidelidad, humildad, ternura, protección y fe, como núcleo fundamental de la sociedad”. Para muchos esto puede parecerles una broma de mal gusto, o un retorno al oscurantismo de la Edad Media, pero el espíritu de la normativa no se detiene allí, sino se amplía hacia los hijos. Así, los padres tienen el derecho a “la corrección de sus hijos” y a elegir la educación que consideren conveniente “de acuerdo con sus convicciones, opiniones, pensamientos, valores, culto o religión”. Se borra así de un plumazo todos los derechos de los niños y niñas, y la educación integral en sexualidad.

¿Y quién imaginan ustedes que estará a cargo de la implementación de la ley? Acertaron, una nueva institucionalidad creada bajo el pomposo rótulo de “Consejo Departamental de la Vida y la Familia” compuesto, entre otros miembros, por la Iglesia Católica, la Iglesia Evangélica, el Comité pro Santa Cruz y el Comité Cívico Femenino.

Las mujeres bolivianas libres y en ejercicio de nuestros derechos humanos, no podemos (y no queremos) imaginar la sociedad que esta visión nos propone desde Santa Cruz. Es rol del Estado nacional poner límites a estas iniciativas que solo consolidan un retroceso en el pacto social promovido por la Constitución Política del Estado.

 Lourdes Montero es cientista social.

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¿Por qué las feministas odiamos a Milei?

/ 26 de noviembre de 2023 / 00:29

El ensayo distópico por el que las argentinas y argentinos han optado en las elecciones del pasado domingo, nos ha llevado a contener la respiración y reflexionar en torno a la pulsión social que lleva al país de los pañuelos verdes a votar por un fascismo de mercado. Entre las múltiples razones para preocuparse por este personaje (propuestas insensatas, una personalidad agresiva, intolerancia a distintos puntos de vista, entre otras), quisiera enfocarme en un aspecto en particular: las múltiples amenazas que Milei, siendo candidato, se ha despachado en contra de los derechos de las mujeres.

La periodista argentina Agustina Paz sostiene con propiedad que, a pesar de las apariencias, Milei no es un loco sino un liberal, y uno absolutamente consistente con el neoliberalismo. Y es un claro ejemplo de esa combinación de “libertario” en lo económico, pero profundamente conservador en lo social. Un hijo sano del patriarcado y el capitalismo.

Cuando habla de economía, Milei suele ser incomprensible, excepto por su pulsión por poner a la venta todo. Es muy conocida su posición en torno a la venta de órganos, o la privatización de los ríos, y cuando se le pregunta ¿y la venta de hijos e hijas? Su respuesta es por demás ambigua: “depende en qué términos estés pensando”. Tal vez él no pensó que su respuesta normaliza, por ejemplo, la venta de niñas como esposas de hombres adultos, una práctica que viola cualquier principio de la libertad individual que él exalta.

Al plantearse la venta de órganos, Milei se pregunta: «¿Por qué no puedo decidir sobre mi cuerpo? ¿Cuál es el problema? Mi primera propiedad es mi cuerpo». Esta irrestricta libertad es legítima, excepto si eres mujer. Cuando se trata del derecho de las mujeres a decidir sobre un embarazo no deseado, el argumento cambia: «La mujer puede elegir sobre su cuerpo, pero lo que tiene dentro del vientre no es su cuerpo, es otro individuo», opina.

Otra de las propuestas del candidato libertario es eliminar la Educación Sexual Integral (ESI) de las escuelas públicas, por ser un mecanismo para “deformarle la cabeza a la gente”. Y esta posición fue “complementada” por Lilia Lemoine, candidata a diputada por el partido de Milei, quien impulsa una ley para que los padres varones puedan renunciar a la paternidad. “No me parece justo que un hombre tenga que hacerse cargo económicamente de una criatura cuando no lo quiso tener», indicó la libertaria.

Por último, en Milei, el negacionismo del cambio climático corre en paralelo con su rechazo del concepto de feminicidio, patriarcado y discriminación de género. Ante una pregunta de la periodista María O’Donnell sobre la brecha salarial, afirmó: «Si las mujeres ganaran menos que los hombres, las empresas estarían llenas de ellas». Una afirmación que pone en entredicho, por ejemplo, 50 años de investigación de la premio Nobel de Economía Claudia Goldin.

Uno de los elementos comunes a todas las nuevas derechas es el antifeminismo y el discurso antigénero. Ya lo advirtió Nancy Fraser al referirse a los votantes de Trump: los hombres blancos trabajadores heterosexuales estaban hartos de que los derechos fueran para las mujeres, población LGBT, minorías étnicas, comunidades migrantes… todos menos para ellos. Y, como seguramente les gusta afirmar a muchos, “ la culpa de todo la tienen las feministas”. Y parece que algunos argentinos también sienten vulnerados sus privilegios. Una tuitera lo resumió de esta manera, “el backlash es tal que las víctimas del feminismo van a ganar las elecciones”.

Es lógico, entonces, que Milei odie al feminismo y que las feministas seamos recíprocas en ese sentimiento.

Lourdes Montero es cientista social. 

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