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Thursday 24 Nov 2022 | Actualizado a 20:22 PM

Crónica de una estanflación anunciada

/ 5 de octubre de 2022 / 02:27

Recientemente, con motivo de la inflación analicé el debate entre los economistas que creían que era un fenómeno transitorio y pasajero y los que creían que era un fenómeno más complejo y duradero. Ahora que sabemos el resultado, la discusión se trasladó en que si iba a ser una inflación de tasas relativamente bajas o con tasas más altas e incluso, en la jerga de los economistas, si serían de dos dígitos, es decir, del 10% para arriba. Históricamente, como apunta el Banco de Pagos Internacional (BIS, por sus siglas en inglés), las fases prolongadas de alta inflación han sido relativamente raras como la Gran Inflación de la década de 1970 y que, generalmente, altas tasas de inflación también han seguido típicamente a las guerras.

Sin embargo, en plena discusión, Eurostat adelantó la inflación en el Área del Euro para septiembre estimando una tasa anualizada del 10%, es decir, de dos dígitos, al subir desde el 9,1% alcanzado en agosto de este año. Así, en la Liga de Naciones de la UEFA de la inflación están, entre los equipos tradicionales, en primer lugar los Países Bajos con una inflación alta del 17,1%, seguidos de Bélgica con 12%, Austria 11% y Alemania, con 10,9%. Los demás antiguos miembros están bordeando el 10%, destacando Francia con la inflación más baja de 6,2%, mientras que los nuevos socios, como Lituania y Estonia, están con inflaciones arriba del 20%, tendiendo a compararse con los países latinoamericanos.

Los datos de Eurostat señalan que a septiembre los precios de la energía subieron un 40,6% y el de los alimentos, un 11,8%, de tal manera que si excluyen energía y alimentos, la inflación fue solo de 4,8%.

El Banco Central Europeo (BCE), en contra ruta al Fed de EEUU, se resistió a subir su tasa de interés hasta julio, cuando la incrementó de 0% a 0,5% y después, en septiembre, la impulsó al 1,25%. Las opiniones de los economistas siguen enconadas puesto que señalan que el BCE debería haber subido mucho antes la tasa de interés y en forma más agresiva, aunque estadísticamente se observa la fuerte incidencia de los combustibles y alimentos en la alta inflación.

Una vez admitida la alta inflación, actualmente el debate entre los economistas se centra en si habrá un aterrizaje duro o un aterrizaje suave. Para Stephen Roach, de Project Syndicate, la Fed cree que puede lograr un «aterrizaje suave», es decir, que la inflación regrese a niveles más benignos sin una recesión. Por lo tanto, la discusión en realidad es si ocurrirá una recesión o no, lo que significa trasladar el debate a los pronósticos de los economistas sobre la probabilidad estadística de la ocurrencia de una recesión en EEUU.

Según Bloomberg en Línea, el consenso de los economistas subió la probabilidad de recesión de 40% en agosto a 50% en septiembre, mientras que, según JP Morgan Chase, las probabilidades de recesión en EEUU aumentaron de 51% en agosto a 92% en septiembre, según la caída en la bolsa de valores del Standard and Poor’s y del 84% al 96% si se toma en cuenta la caída de los precios de los metales básicos.

En cambio, la OECD, en su Economic Outlook de septiembre, alerta que la economía mundial se está desacelerando más rápidamente que lo anticipado y estima que en 2023 EEUU crecería apenas un 0,5% y Alemania entraría en recesión con un crecimiento negativo de 0,5%. Debido al endurecimiento monetario por parte de la mayoría de los principales bancos centrales, proyecta que la inflación alcanzará su punto máximo en el trimestre actual en la mayoría de las principales economías, y disminuirá en el cuarto trimestre y a lo largo de 2023 en la mayoría de los países del G20 aunque, de todas maneras, la inflación anual se mantendrá muy por encima de los objetivos de los bancos centrales en casi todos los países.

Lo que parece evidente es que el aterrizaje difícilmente será suave, si además parte de las perturbaciones son provocadas por el propio piloto y que es poco probable que la inflación vuelva a sus tasas bajas del pasado por un buen tiempo, por lo que sería recomendable que sobre todo los países europeos se preocupen más por parar la guerra en lugar de avivarla, ya que es la gente común la que en realidad está pagando el verdadero precio de la guerra.

Gabriel Loza Tellería es economista, cuentapropista y bolivarista.

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Goodbye baja inflación

/ 16 de noviembre de 2022 / 01:03

A nivel mundial se habla de un retorno a los años 70 con niveles altos de inflación, asociada a los dos shocks petroleros, simultáneamente con una severa recesión en 1974 y 1975, muy relacionada con las elevadas alzas en las tasas de interés que derivaron en una recesión global en 1982 y en la crisis de la deuda de las economías emergentes. Sin embargo, para el Banco Mundial la crisis actual, si bien tiene algunas similaridades con la estanflación de los años 70, es muy distinta debido a que “la mejora de los marcos de política monetaria en las economías avanzadas y en muchas economías emergentes han fortalecido la credibilidad de los bancos centrales y han ayudado a anclar las expectativas de inflación a largo plazo”.

La realidad muestra que, en el presente año, pese a las consecutivas alzas de las tasas de interés impulsadas por los bancos centrales de los EEUU y el Reino Unido en los países adelantados y en economías emergentes como Turquía, Brasil, Chile y Colombia, la inflación sigue persistente y alta mostrando las limitaciones en la sola credibilidad de las autoridades monetarias, puesto que, en presencia de shocks de oferta y problemas estructurales, es muy difícil anclar las expectativas inflacionarias.

Si bien las bolsas recibieron felices el dato de inflación anualizada de EEUU del 7,7% a octubre junto al crecimiento del PIB en el tercer trimestre de 2,6%, el problema es que para los halcones de la Fed el objetivo es retornar a las bajas tasas de inflación de las dos décadas de estabilidad del presente siglo, en torno a un 2%, como si no hubiera pasado nada a nivel de la fragmentación de la globalización, las crisis de combustibles y de los alimentos, junto a los efectos de la pandemia y de la tecnología en las condiciones del trabajo y en los salarios.

En la crisis financiera de 2008, varios economistas plantearon flexibilizar la meta de la tasa de inflación del 2% y, resulta que ahora, cuando se habla de baja inflación se mencionan las tasas de Suiza y Japón con tasas del 3% a octubre de 2022. Son las tasas anualizadas más bajas de los países de la OECD, las que en promedio están ya en 10,5%, cuando la tasa de dos dígitos era considerada de alta inflación, como la prevaleciente en Latinoamérica en los años 80. Y de yapa, se tiene el caso de Turquía que registra una tasa anualizada a octubre de este año de 85,5%, similar a la de Argentina.

De esta manera, van a tener que cambiar el standard para caracterizar una inflación baja teniendo que subirla en torno a un 3% y empezar a usar el concepto de inflación moderada, extendiéndola hasta menos del 10% para poder abarcar así a las tasas anuales de varios países de la OECD. Y entonces, recién, se tendría que considerar la inflación a dos dígitos o de alta inflación, donde se encuentran la mayoría de los países del Área del Euro.

El problema es que las recetas para abatir la inflación, como es la suba de las tasas de interés o la contracción del gasto público, varias veces conducen a desacelerar el crecimiento o provocar una recesión. Así, ya apareció de la mano de la alta inflación la recesión puesto que para el FMI, Rusia ya está este año en recesión, estima que en la región Chile entrará en 2023 y prevé que países que representan más de un tercio del producto mundial se contraigan durante parte de este año o el próximo. El Reino Unido entraría en recesión en el cuarto trimestre de este año, mientras que el Área del Euro lo haría en el cuarto trimestre de 2022 y el primer trimestre de 2023, según prevé la Comisión Europea.

De esta manera, mutatis mutandis con los años 80, tendríamos el retorno al fantasma de la estanflación, ya que Rusia registra una tasa de inflación a octubre de 12,6% y, en la región, Chile está con una tasa de 12,8%. En los países adelantados, a fines de año la entrada en recesión el Reino Unido la haría con una tasa de 10,1% de inflación, mientras que el Área del Euro, con 10,7% de inflación.

Pareciera que los bancos centrales no aprendieron la lección de la estanflación de los años 70 y 80 y siguen con la receta con el fin de volver a los tiempos idos y “no volvidos” (vueltos) de una baja inflación a todo costo.

Gabriel Loza Tellería es economista, cuentapropista y bolivarista.

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Contra todo pronóstico

/ 2 de noviembre de 2022 / 01:28

La economía de EEUU no está en recesión, contra todo pronóstico. Los datos del PIB al tercer trimestre de 2022 muestran una tasa de crecimiento del 2,6%, después que había registrado tasas de crecimiento negativas, del 1,6% en el primero y 0,6% en el segundo trimestre.

El aumento del PIB real reflejó aumentos en las exportaciones, el gasto del consumidor, la inversión fija no residencial y el gasto del gobierno, los cuales fueron parcialmente compensados por disminuciones en la inversión fija en vivienda. A pesar de la fuerte revaluación en términos reales del dólar del 10%, entre enero de 2002 y septiembre de 2022, la contribución de las exportaciones de EEUU al crecimiento del PIB fue del 1,5%. Asimismo, pese a la fuerte inflación del 8,25% a septiembre, el gasto de los consumidores siguió creciendo pero a una tasa menor del 1,4% comparada con el 2% del trimestre anterior.

El comportamiento de la economía de EEUU es mucho más resilente que los países del Área del Euro y del Reino Unido, que están más cerca de la estanflación. Así, en los dos primeros trimestres de 2022, en el área del euro el crecimiento trimestral fue en promedio del 0,7% y en el tercer trimestre disminuyó a 0,2%, cercano a cero. Esta desaceleración está acompañada de una tasa de inflación del orden del 10,7% a octubre, explicada en parte por un aumento de los precios de la energía en 41,9% y que, a diferencia de los EEUU, no tiene perspectivas que se desacelere.

En el caso del Reino Unido, ya registró en el segundo trimestre de 2022 un crecimiento negativo de -0,1% y es muy probable que continúe con una tasa similar en el tercer trimestre, mientras que su inflación a septiembre había subido a 10,1% anual.

A todo esto se suma que el euro y la libra esterlina han enfrentado fuego amigo por las fuertes devaluaciones de sus monedas respecto al dólar estadounidense del orden del 15%, si se compara con octubre de 2021, en parte provocadas por los tempraneros y fuertes aumentos de la tasa de interés del Fed en los EEUU (3,25%), que incentiva al dólar como un activo financiero de refugio, mientras que el Banco Central Europeo recientemente incrementó su tasa referencial en 0,75 puntos básicos al 2,0% y el Reino Unido impulsó su tasa de interés en 0,50 puntos básicos a 2,25%.

Como se observa, los países aliados se dedicaron a sancionar económicamente a Rusia en lugar de coordinar sus políticas monetarias.

Como señala Arvind Subramanian en Project Syndicate, que “ahora que están (EEUU) elevando las tasas de interés para combatir el aumento de los precios en el país, los críticos los culpan por exportar inflación e inestabilidad financiera al atraer capitales a los Estados Unidos… han sido criticados por actuar por puro interés propio, incluso si eso significa obligar a otros países a adoptar políticas de empobrecer al vecino.”

El problema se complica más puesto que ad portas del invierno, los EEUU aumentaron sus exportaciones de petróleo a los países aliados entre enero-agosto de este año pero, dada la disminución de sus reservas estratégicas en su nivel más bajo en 38 años, va a tener que priorizar el abastecimiento nacional en lugar de las exportaciones.

Los países emergentes y en desarrollo han estado capeando los efectos de las crisis, pero sus impactos ya se han manifestado con la salida de capitales, atraída por las altas tasas de interés de los países adelantados, fuertes depreciaciones de sus monedas, pérdidas de reservas internacionales, aumento de sus deudas externas y del spread o diferencial de sus bonos soberanos en 48% en lo que va del año.

El FMI, encargado por estatuto de poner algo de orden en este desorden económico mundial, si bien aconseja ciertas intervenciones temporales en el mercado cambiario y en los mercados de alimentos, rechaza el control de capitales y repite la receta de la disciplina fiscal, las depreciaciones y el aumento de tasas de interés para combatir la inflación.

En América del Sur sería recomendable que, en lugar del tradicional discurso integracionista y aplicar políticas que empobrecen al vecino, los presidentes aprueben una agenda mínima de corto plazo contra la crisis y sus bancos centrales se reúnan para coordinar sus políticas, teniendo en cuenta que existe hace tiempo el Fondo Latinoamericano de Reservas (FLAR).

Gabriel Loza Tellería es economista, cuentapropista y bolivarista.

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Desglobalización y estanflación

/ 19 de octubre de 2022 / 01:08

Es difícil comprender el viraje brusco de la prédica de la globalización entendida, según el FMI, como la interdependencia económica creciente del conjunto de países del mundo, provocada por el aumento del volumen y la variedad de las transacciones transfronterizas de bienes y servicios, así como de los flujos internacionales de capitales, al mismo tiempo que la difusión acelerada de tecnología.

Resulta que ahora interdependencia es mala palabra, Alemania jamás debía haber aceptado un gaseoducto con los rusos, según Paul Krugman, por razones de seguridad nacional (La Razón, 30 de agosto). Por su parte, Biden esta con su política de fortalecer sus cadenas de suministro y contrarrestar a China con su Chip and Science Act habiendo prohibido a Intel empezar a producir microchips en la ciudad china de Chengdu para hacer frente a la escasez mundial. Por otra parte, las sanciones comerciales y financieras no solo son aplicadas a Rusia, sino que afectan a terceros países y empresas relacionadas con un impacto impredecible en la economía global. Anne Kruger, en Project Syndicate, había advertido que “antes de endurecer aún más las sanciones o imponerlas indefinidamente, las potencias occidentales deberían considerar los riesgos más amplios para la economía global y el comercio internacional y el sistema financiero”. No le hicieron caso y lo peor es que el rublo es la moneda más apreciada en el mundo.

¿En qué quedó entonces el discurso de la globalización? Si hay una nueva narrativa deberían avisarnos a los países dependientes, para que cambiemos los manuales de economía y las recetas del FMI, puesto que la guinda de la globalización era que abriéndonos al mundo tendríamos un mayor acceso a bienes, servicios y tecnología y a un menor precio que produciendo localmente o comprando a un país vecino. Así, la inflación bajaría y aumentaría el crecimiento económico en el mundo globalizado.

El problemita es que estamos en tránsito a una desglobalización, inicialmente, como resultado del COVID-19, que interrumpió las cadenas globales de suministro, pero que ahora está siendo inducida por disputas geopolíticas con la guerra de Ucrania y las sanciones de los aliados y la guerra de chips de EEUU contra China.

De esta manera, antes se hablaba en la jerga de la globalización del offshoring o deslocalización, con el fin de incentivar a todas las empresas a trasladarse a cualquier país con el fin de minimizar sus costos y maximizar sus beneficios globales. En cambio, ahora se sustituyó la sílaba off por on shoring, que significa relocalización, que obliga a las empresas a dejar los territorios enemigos y trasladarse a territorios amigos (friendshoring o suministro amigo), reconfigurando así geopolíticamente las cadenas de suministro globales.

Michael Spence, en Project Syndicate, advierte que se está llevando a cabo un proceso de diversificación geopolítica, ya que atrás quedaron los días en que estas cadenas se construían sobre la base del costo, la eficiencia a corto plazo y la ventaja comparativa y que ahora predomina el criterio de seguridad nacional siendo, por tanto, claramente inflacionarias, puesto que se alejan explícitamente de las cadenas de suministro de las fuentes de menor costo (países enemigos) para abastecerse de fuentes más caras (países amigos) apartándose del libre movimiento global de las mercancías, servicios y capitales.

Y aquí entra la estanflación. Los países del Área del Euro están en una inflación del 10% y los EEUU la están bordeando, con una inflación a septiembre de 8,2% interanual, la más alta desde 1982. De esta manera, por más que aceleren los bancos centrales el aumento de la tasa de interés no se desacelerará la inflación, porque está relacionada con shocks de oferta como la ruptura de los canales de suministros global, el aumento de los costos marítimos, el alza de los precios del petróleo y los alimentos, que escapan del control de las autoridades monetarias.

Estamos, por tanto, atravesando una etapa de transición en la configuración mundial con rumbo a una desglobalización y entrando a una globalización dual entre países amigos y enemigos: ¿Dónde nos alineamos o nos alinean a los países latinoamericanos?

Gabriel Loza Tellería es economista, cuentapropista y bolivarista.

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¿Septiembre u octubre negro?

/ 21 de septiembre de 2022 / 01:29

En los mercados financieros, aunque dicen que son “racionales”, predominan ciertos mitos y leyendas como los de septiembre y octubre negro.

Lo de octubre negro es un clásico en la historia de las crisis, puesto que un jueves 24 de octubre de 1929 se produjo el gran desplome de la Bolsa de Valores de Nueva York, que marcó el inicio del Crac del 29 y de la Gran Depresión en los años 30. La crisis bursátil duró hasta mediados de 1932, cuando el índice de la Bolsa de Nueva York alcanzó un nivel mínimo cercano a 30, desde un máximo registrado en 1929 de 200.

Lo de septiembre negro es más una cuestión de costumbre resultante de las largas vacaciones de julio y agosto, como señala Bloomberg en línea, donde los analistas recién se dan cuenta de que han descuidado el monitoreo de las principales variables. Para el caso de los bonos, son ajustes en caja resultante de cuadrar sus portafolios.

Sea una tradición o práctica contable, me preocupa mucho la caída de las bolsas a mediados de septiembre si se comparan con sus máximos alcanzados a mediados de agosto. Resulta que la bolsa de las empresas tecnológicas, NASDAQ, que refleja a las empresas líderes, cayó un 12,8%, el tradicional Dow Jones en 9,8% y el Standard & Poors 500 descendió en 10%. Los niveles alcanzados en sus índices son los más bajos en el trascurso de este año, solamente superados por los registrados en junio. En suma, entrarían en niveles preocupantes si continúa la tendencia.

En septiembre, el Banco Mundial en su Nota de Política: ¿Es inminente la recesión global?, aumentó mis inquietudes. La recesión mundial, entendida como una caída del PIB mundial per cápita, generalmente viene precedida por un debilitamiento significativo del crecimiento mundial en el año anterior, tal como viene sucediendo actualmente, pero además deben coincidir fuertes desaceleraciones o recesiones en varias economías importantes, que recién estarían comenzando. Como todo pronóstico contempla tres escenarios: el de referencia, en que no habría recesión; el de desaceleración, en el que apenas se escaparía de ella en 2023; y, el peor escenario, donde habría una recesión global en 2023. Las apuestas están abiertas y los dedos cruzados.

El problema es que ni siquiera estas notas de los organismos mundiales son leídas por los líderes políticos y económicos. Por lo que cuentan los medios, están metidos en otros temas más importantes y los líderes de occidente están plenamente convencidos de que las sanciones económicas a Rusia están funcionando muy bien, por lo que no hay atisbos de conversaciones con el fin de parar este desastre mundial.

Mi hipótesis es que solamente cuando los mercados financieros continúen en su caída y el desplome sea significativo, recién empezarán a hablar de posibles negociaciones de tregua. Y el escenario me parece que puede ser octubre, no solo por la tradición sino porque confluirán varios eventos.

En primer lugar, en octubre se conocerían las tasas del PIB al tercer trimestre en las economías avanzadas, las cuales darían señales de si se va en camino hacia una fuerte desaceleración o se mantiene la tendencia actual. En segundo lugar, ya se tendrían señales de si se está frenando la inflación o si sigue su tendencia en alza. En tercer lugar, los bancos centrales ya están sincronizando y alistando las alzas de sus tasas de interés, como en el caso de la Reserva Federal en EEUU y también del Banco Central Europeo, puesto que en agosto ya estaba el Área del Euro con una inflación anual del 9,1% y se esperaba entrar a finales de año a una tasa de dos dígitos, es decir igual o mayor al 10%.

El problema es que los mercados financieros, como no lo estaban haciendo hace tiempo, como señala Bloomberg en línea, se están también moviendo en forma sincronizada. Recordemos que un aumento de la inflación de EEUU en solo un 0,1% en agosto, fue el motivo para la caída de las bolsas en forma simultánea en septiembre. Y este movimiento en sintonía no es otra cosa que la manifestación del comportamiento de manada o rebaño ante situaciones críticas donde no predomina la racionalidad. Y mi temor es que se acentúe este comportamiento si algún datito no les gusta a los mercados en octubre.

Gabriel Loza Tellería es economista, cuentapropista y bolivarista.

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¿Recesión mundial?

/ 7 de septiembre de 2022 / 00:49

Los datos recientes de las economías avanzadas sobre el crecimiento del PIB no son alentadores. Así, aunque no lo admita oficialmente el Gobierno de Estados Unidos, ha disminuido en forma consecutiva la tasa de crecimiento del PIB en -1,6% y -0,6% en el primer y segundo trimestre de este año, lo que correspondería a la definición tradicional de recesión técnica. No obstante, la tasa de desempleo a agosto de 2022 está todavía muy baja, de 3,7%, similar al nivel precrisis de 2019, siendo el indicador más relevante de la actividad económica.

La Unión Europea todavía se mantiene en un terreno positivo, aunque con tasas trimestrales bajísimas del PIB del orden del 0,6% en el primer y segundo trimestre bordeando el estancamiento, mientras que Alemania está más cerca del precipicio con un crecimiento del PIB de 0,1% en el segundo trimestre. En cambio, el Reino Unido habría iniciado su trayectoria de recesión al registrar en el segundo trimestre una caída del PIB de -0,1%.

Lo que sorprendió es la caída en el segundo trimestre del PIB de China de 2,6% por las implicancias que tiene en el comercio mundial, especialmente para la región de América Latina y el Caribe, por la caída de su demanda de commodities. Lo que se esperaba era una desaceleración debido a los efectos de la extremada cuarentena en Shanghái y el cierre de puertos. El FMI incluso había proyectado para todo 2022 un crecimiento del 3,3%, luego de solo un recorte de sus perspectivas en 1%. No hay que olvidar que durante la crisis del COVID fue la única economía grande que creció en 2,2%.

En la región, Chile habría entrado a una recesión técnica al registrar en el primer trimestre una disminución de 0,6% de la tasa de crecimiento del PIB y en el segundo trimestre, de -0,1%. La CEPAL espera un crecimiento para 2022 para la región de más del 2%.

A nivel de la economía mundial, si se utilizara el criterio de recesión técnica por dos trimestres consecutivos se dice que las recesiones mundiales serían muy raras dado el alto crecimiento tendencial de los mercados emergentes, como en la crisis financiera de 2009 con una disminución de -0,1% y la crisis del COVID-19 de 2020, con una caída del 3,1% del PIB mundial.

El FMI adopta reglas menos estrictas para llamar a una recesión global, como el crecimiento del PIB mundial por debajo del 2,5% o el crecimiento negativo del PIB per cápita. En cambio, para la OMC es cuando el producto mundial registra una tasa de crecimiento alrededor del 2%.

Pero si siguen muchas economías experimentando trimestres consecutivos de crecimiento negativo, como parece que es la tendencia, no sería raro que a fin de año podemos terminar con una recesión “global” con un crecimiento del PIB mundial en torno al 2%. Sin embargo, los ministros de Finanzas del Grupo de los Siete (G7) han estado más preocupados en sancionar a Rusia al imponer un precio máximo al petróleo ruso en un intento por afectar la capacidad de Moscú para financiar la guerra en Ucrania. En contraparte, Rusia dijo que dejaría de vender petróleo a países que impusieran precios máximos, como señala BBC Mundo, por lo que los precios del gas natural en todo el mundo se están disparando, y los precios europeos ahora cotizan a lo que sería un equivalente a $us 410 por barril de petróleo crudo, según oilprice.com.

Lo que preocupa es la narrativa de economistas de la talla de Paul Krugman (artículo publicado en LA RAZÓN el 30 de agosto), que dice que es Rusia la que ha hecho “un embargo de facto destinado a presionar a Occidente para que corte el apoyo a Ucrania. Y el resultado ha sido un aumento increíble en los precios del gas en Europa”. Olvida que el Occidente inició las sanciones económicas a Rusia hace seis meses, tal como dice Jean Pisani- Ferry en Project Syndicate: “Después de seis meses de sanciones occidentales sin precedentes, la situación económica de Rusia, aunque mala, es posiblemente mejor de lo que la mayoría de los observadores esperaban. Esto no es un buen augurio para el resultado de la guerra financiera de Occidente contra el Kremlin”.

Parece que las potencias, solo cuando el malestar de la gente y el estallido social sea incontrolable, recién van a tratar de pensar en una Tregua Mundial.

Gabriel Loza Tellería es economista, cuentapropista y bolivarista.

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