Voces

Thursday 24 Nov 2022 | Actualizado a 20:21 PM

Los gobiernos progresistas

/ 6 de octubre de 2022 / 01:58

La última Asamblea General de las Naciones Unidas nos brinda la posibilidad de caracterizar de alguna forma a los gobiernos de corte progresista que existen en este tiempo. De quienes para empezar no vimos posturas discursivas tan memorablemente duras como cuando Chávez dijo que olía a azufre en esa sala.

Viendo, por ejemplo, los discursos de los presidentes de Chile, Colombia y de Bolivia. La primera impresión con la que uno se queda es que quizá este es el tiempo de los gobiernos progresistas pero con un sello más tecnocrático, en contraposición a esa palabra que ya se estuvo usando muchas veces como etiqueta del populismo demagógico.

Por ejemplo, el nuevo presidente de Colombia, Gustavo Petro, en su discurso tuvo al menos tres puntos centrales que buscaron interpelar al mundo, así como la prensa internacional destacó que este presidente usó una forma “poética” en su intervención, alrededor de temas como la explotación de los recursos naturales, la explotación de la Amazonía, y el fin de la guerra contra las drogas. Para este último punto, puso en relevancia la posibilidad de tratar el tema de las drogas como un problema de salud pública y no uno de seguridad y defensa.

Entretanto, al presidente de Chile, Gabriel Boric, en su intervención se lo observó con una mirada más localizada hacia el centro político, este cambio de dirección se debió sin duda al resultado adverso que tuvo en el referéndum constitucional pasado. Un punto alto en su intervención tuvo que ver con la idea de enfrentar los desafíos actuales, especialmente en temas políticos y sociales, no con menos democracia, sino con más democracia, entendiendo que las transformaciones actuales ya no pueden ser llevadas adelante de arriba hacia abajo, sino a la inversa, pero para eso es importante activar algo que también demandó, la falta de puentes conectores entre posiciones distintas, y que dicho sea de paso en las sociedades polarizadas de hoy esto significa un reto mayúsculo.

Por otra parte, nuestro presidente Arce tuvo un discurso concentrado en 14 puntos que estuvieron desplegados en temas medioambientales, económicos y sociales. Si uno se pone a revisar punto por punto lo que dijo en ese espacio internacional el Presidente, tiene una ruta definida que encadena con lo que lleva realizando en su gestión; pero también, y aquí quizá está lo novedoso, es una ruta planteada para llevarla adelante más allá de 2025, incluso pudiéndose tomar como referencia de posible futura campaña electoral.

Entonces, si seguimos las pistas que nos dan esos tres presidentes, nos damos cuenta de que el progresismo político de hoy lleva un sello de administración estatal cuya fuerza termina materializándose en una corriente que arrastra buena parte de las aspiraciones ciudadanas, pero que no puede combatir con éxito al otro frente opuesto a éste porque la política salvaje del performance que está siendo aplaudida de manera entusiasta, está ahí. Quizá por eso vemos tantos deseos en la región de que Lula pueda ganar la elección frente a Bolsonaro.

Marcelo Arequipa Azurduy es politólogo y docente universitario.

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Fukuyama se disculpa

/ 17 de noviembre de 2022 / 02:50

Es harto conocido que el liberalismo en sus dimensiones políticas y económicas (en este caso más conocido como neoliberalismo), es el eje central por el que se elige vivir en Occidente y en esta parte del mundo a través de este modo de entender el desarrollo de la civilización. Sin embargo, en el último tiempo, han emergido una serie de críticas airadas y otras no tanto al liberalismo, porque éste también se encargó de liberar a sus peores demonios en lo político, y especialmente en lo económico.

Pero antes de entrar a explicar los demonios, vuelvo al recientemente libro publicado de Fukuyama titulado El liberalismo y sus desencantados, ahí el autor comienza por defender el liberalismo usando una retirada estratégica a los orígenes del tema, en parte para plantear que deberíamos ir por ahí, pero también para explicarse de qué va cuando habla de liberalismo: doctrina que aboga por la limitación de los poderes de los gobiernos o los Estados mediante las leyes y, en última instancia, las constituciones, así como la creación de instituciones que protejan los derechos de los individuos que viven bajo su jurisdicción.

Uno pensaría que este es un plan fantástico, y por qué no hacerlo entonces, aquí creo que antes de pensar otra idea para contrastar lo dicho por el autor, mejor explicar los dos demonios sueltos y que por cierto Fukuyama también los nombra:

El político, bajo la coartada de la libertad de expresión llevada al límite, hemos olvidado de construir una relación colectiva, porque hoy no se cumple el siguiente principio liberal que el autor apunta: puedes creer lo que quieras, pero debes hacerlo en tu vida privada y no tratar de imponer tus opiniones a tus conciudadanos. Por el contrario, ahora mismo de lo que se trata es de ventilar todo lo que sea posible de la vida íntima de las personas y sin realizar ningún proceso de por medio, nos vamos directamente a la sentencia. Es más, las opiniones privadas que con anterioridad se habrían expresado en persona o por teléfono, son ahora divulgadas por plataformas electrónicas para uso discrecional según los fines de cada uno.

El económico, una de las características del neoliberalismo en el último tiempo fue que existe una oposición férrea a que el Estado regule la economía, porque la creencia de este demonio es que el Estado no hace otra cosa más que interponerse en el camino de los emprendedores e innovadores dinámicos; pero no se dieron cuenta, como también apunta Fukuyama, que su creencia en la primacía de la libertad individual los llevó a oponerse también a la intervención del Estado en materia social. Llegando incluso a considerar que el cuidado de uno depende exclusivamente de uno mismo, dando por descontado el contexto estructural de beneficio con los que parten al formular esa idea.

Así, en el neoliberalismo se pregonó como religión que los mercados eran superiores por ser más eficientes que el Estado, este demonio impulsó la idea de que las privatizaciones son la receta para el desarrollo económico, cuando en realidad lo que generaron fue que se establecieron monstruosos monopolios privados en los que siempre salen ganando los ricos.

Quizá estaban esperando que comente sobre una carta de disculpas de Fukuyama por alguna de sus teorías formuladas, en todo caso los invito a leer el libro que comento porque considero que la mejor manera de responder es con argumentos, no con ideas preconcebidas de entrada, por ahora para no hacerles mucho spoiler me quedo con lo que se plantea de que el liberalismo debiera esperar que los individuos sean responsables de su felicidad, pero el Estado también debería tener plena justificación para entrar en escena y ayudar cuando las circunstancias son adversas y salen de nuestro control.

Marcelo Arequipa Azurduy es politólogo y docente universitario.

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La oposición: ¿cuándo y dónde?

/ 3 de noviembre de 2022 / 00:35

Uno de los efectos relevantes cuando se vive momentos de conflictividad importante en el país, es que éste da cuenta de lo que probablemente nos veníamos preguntando respecto de, por ejemplo en este caso, la disputa política para el bloque de las oposiciones políticas que tenemos en el país.

Al respecto, lo que hemos ido viendo es que si la pregunta era dónde se localiza la oposición política al oficialismo de hoy y pensábamos que ésta se encontraba en la Asamblea Legislativa y en sus distintas organizaciones políticas que son oposición política partidaria —subrayo la palabra oposición política partidaria—, esto no es así porque lo que se evidencia es que tenemos una Asamblea Legislativa que se encuentra muy pero muy al margen de la disputa política que tenemos instalada en el país.

Esta señal es muy preocupante, porque nos demuestra que la disputa política en el país no está circulando por los márgenes de lo que significa una democracia liberal y representativa, sino que probablemente está por fuera de ésta, y luego por tanto esto debería ser una alerta importante para ir viendo cómo vamos construyendo el tipo de realidad de nuestra democracia que vivimos.

Por otra parte, si creíamos que entonces la oposición política ya no partidaria —vuelvo a subrayar— se encuentra entonces en el occidente del país, pues lo que tenemos a día de hoy es claramente una debilidad de liderazgo político en occidente que sea remarcable en oposición al oficialismo de turno. Por ejemplo, aquello que sonó al inicio de su gestión como una suerte de “promesa” electoral encarnada en la figura del alcalde Iván Arias, se difuminó rápidamente porque el escenario de gobernabilidad interna, es decir, su propia coalición explotó mucho antes de lo previsto y paradójicamente lo hizo de manera similar a como se estallaban este tipo de alianzas que se erosionaban en los años 90 del siglo pasado, es decir, por pura práctica de negociación de intereses, y no bajo criterios programáticos.

De esta manera, lo que vimos en las últimas semanas fue la constatación más clara de que la oposición política al oficialismo se encuentra en el oriente del país, la disputa por el Censo tiene raíces más profundas en sus motivos. Sino por qué entonces el gobernador Camacho se apresuró a rayar la cancha entre sus amigos y sus enemigos con dos declaraciones. La primera, antes del paro cruceño, cuando dijo que todos los gobernadores habían sido unos vendidos al masismo. La segunda, cuando ya el paro estaba en marcha, cuando dijo que la Cumbre Plurinacional por el Censo no sería más que una reunión de masistas. De inmediato a uno le vienen a la mente los casos del Gobernador de Chuquisaca, que estuvo fuertemente peleado con el masismo, y el caso del Alcalde de Cochabamba, como ejemplos de opositores al masismo, pero que sí estuvieron presentes en las reuniones que el Gobierno convocó.

El desenlace del conflicto por el tema del Censo, además de mostrarnos geográficamente dónde se encuentra la oposición política al oficialismo, también nos mostró que quien podría encarnar el liderazgo de este sector no está dispuesto a seguir un papel político partidario; al contrario, a Camacho se lo ve más incómodo con el saco y la corbata de gobernador, y en cambio muy cómodo con la gorra y la moto, esto puede representar el límite de su trayectoria política, porque para articular una agenda nacional está claro que se necesita más que eso.

Marcelo Arequipa Azurduy es politólogo y docente universitario.

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La desinformación política

/ 20 de octubre de 2022 / 01:11

Llevamos viviendo años en los que la disputa política se evidencia muy intensa, en los que las emociones son el centro de atracción principal antes que los llamados debates racionales; esa disputa tiene un signo identitario que se refuerza a diario. Pero para ser más exactos respecto a lo que se dice, hay algunos datos que pueden ayudar a explicar este fenómeno sociopolítico.

Hace poco se publicó un informe sobre desinformación de la Fundación UNIR-Bolivia (titulado Freno a la desinformación en Bolivia), en dicho trabajo se da cuenta que en 2019, 2020 y 2021 (hasta septiembre de este último año) hubo 3.528 mensajes generadores de mentiras en las redes sociales. De éstos, casi el 61% son noticias falsas en temas políticos, luego con el 23%, mensajes falsos del tema salud. El resto de temas no pasan del 6%.

Lo primero que llama la atención es que irónicamente, algo que debiera haber servido para generar el mayor incentivo para el debate democrático a partir de las redes sociales, en realidad se evidencia que durante esos años en los que tuvimos dos elecciones generales y una subnacional, las noticias falsas estuvieron a la orden del día. Esto debiera llevarnos a preguntarnos cuánto efectivamente tenemos de una sociedad con una opinión pública fuerte, o por el contrario, existen demasiados incentivos en redes sociales para sumarse al linchamiento mediático y a compartir aquello que esté dentro de la identidad política a la que pertenezco.

A esto se suma el dato de que el segundo tema con más contenido de noticias falsas fuera el de la salud, esto sin duda porque como estábamos atravesando un momento delicado con la pandemia, entonces la predisposición a generar contenido falso era mayor, esto alimenta la idea de que los temas más comentados que hacen a las principales preocupaciones coyunturales que vivimos no son necesariamente aquellos que se posicionan utilizando el debate democrático, sino haciendo uso de una guerra sucia de desinformación.

La construcción de estas noticias falsas tiene algunas características muy interesantes que el informe se encarga de desmenuzar, como por ejemplo: el recurso discursivo empleado es de acusación y descalificación; se comparte más en texto e imagen que en video; se edita más que se monta; su propósito es incitar al odio y a la difamación.

Esta práctica de generar contenido de noticias falsas tiene un objetivo, el de alimentar escenarios de polarización social, es decir, ahondar aún más fracturas históricas que nos dividen como sociedad, y reforzar una de las dos grandes identidades políticas anti o a favor que son con las que hoy vivimos. Por eso andamos más preocupados por las consecuencias que por las causas, y frente a este panorama solamente se puede decir: sálvese quien pueda.

Marcelo Arequipa Azurduy es politólogo y docente universitario.

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Olivia de Patiño

/ 22 de septiembre de 2022 / 00:55

Uno, me gustó mucho, su escritura es muy fresca, digo esto porque al leerla no me sentía obligado o presionado, a pesar de que mi amigo autor me invitó a que se la comentara, así fue como llegué a su obra, ya antes lo había leído por sus columnas de periódico, y siempre me quedaba con la sensación de haber aprendido algo cuando lo leía; esos aportes son los que en mi caso cuentan y me divierten al leer algo. No esa suerte de práctica rutinaria que se está instalando en nuestro medio de leer cosas que nos alimentan el odio por el otro y que refuerzan nuestras propias convicciones.

Dos, una lección de redacción de novela que podría entrar en un par de tuits se encuentra en su texto que dice “al escribir una novela fabricamos ficciones temporales donde los hechos tienen una claridad y una textura que nunca habrían tenido en la memoria de una persona real. El argumento de la novela no es más que un pretexto para establecer un diálogo con el lector. Hasta que la novela no termina, toda contradicción puede ser resuelta por un dato posterior que revele el verdadero significado del pasado, irremediablemente incompleto”. Esto señores es lo que decía en el punto uno, salir aprendiendo algo, igual a disfrutar.

Tres, es una novela que aunque toca aspectos políticos y sociales muy nuestros, fácilmente puede salir de nuestra frontera nacional porque no se sumerge en la marea de moda en la que las tendencias se marcan por cuánto despliegue de conocimiento de que quien escribe tiene calle y se es menos élite; no es así, porque en esta novela las exageraciones eufemísticas afortunadamente son las que menos están presentes, dando paso a retazos que describen culturas políticas de larga data con justas ubicaciones de los actores de todo el espectro político.

Cuatro, no es fácil retratar la rutina, la cotidianidad que todos tenemos; a menudo es más sencillo pensar en explicar el problema coyuntural del momento, pero cuando se piensa en mostrar las acciones que llevamos realizando todos los días y que no necesariamente traen un atractivo inmediato si no se entiende antes la historia del pasado, entonces me imagino siempre que para eso se debe tener un verdadero talento innato, y Patiño por lo visto lo tiene.

Cinco, normalmente cuando me pongo a leer una novela, me imagino a mí mismo sentado al centro de una habitación con ventanas en las cuatro paredes, cada ventana me ofrece una vista distinta; ahí desde donde estoy posicionado, lo que me divierte profundamente es la posibilidad de apreciar los cuatro paisajes distintos de las cuatro paredes, esa vista que puede juntarse de a dos ventanas, de a tres, o de a cuatro es la que forma una historia distinta en cada caso; esas vistas son las que en el caso de Olivia de Patiño uno puede disfrutar, es un viaje bien gozado de 210 páginas; de veras, muchas gracias Jorge Patiño.

Marcelo Arequipa Azurduy es politólogo y docente universitario.

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El sentido común

/ 8 de septiembre de 2022 / 02:01

Vivimos tiempos, como dice Carlos Granés, de la política salvaje. De esa política que primero está contenida en su mayoría por lo subjetivo, es decir, las emociones; segundo, actores políticos y sociales que más les interesa ejecutar los más impactantes actos performativos para ser considerados tendencias coyunturales; y el máximo interés del público por conocer la parte más íntima de los actores, para llevarlo al escándalo mediático, y en la medida que eso refuerce por delante la creencia del bando político que se defiende mucho mejor.

Así, las coyunturas se van articulando en torno a la construcción de un tipo de sentido común que consumimos por dosis a diario, quienes se están encargando de construir ese sentido común son los medios de comunicación (tradicionales y nuevos), junto con periodistas que desde sus perfiles personales en redes buscan ser ellos mismos el medio de comunicación; haciendo a un lado los procedimientos que antes empleaban de buscar obtener declaraciones o pruebas de la parte y la contraparte que están involucradas en el acontecimiento sobre el que tuitean; luego escribir una nota al respecto, esperar que ese escrito pase por un filtro del jefe del medio y finalmente publicarla.

Todo lo contrario, hoy se publica algo en el perfil personal y desde ahí se pretende que se genere el titular y ya nos hemos ahorrado los lectores de leer una investigación al respecto y ellos de hacer la investigación como correspondería, porque además desde el teclado predictivo del que publican ya viene por definición la alimentación a un bando político de insumos con los que replicar al otro bando como si se tratara de una biblia.

Esa construcción de un tipo de sentido común está reforzada porque hoy en la política uno de los principales gatilladores para que la gente se movilice, en redes sociales y en la calle, es sin duda la identidad política. Esa identidad política se ha convertido en el último tiempo en el verdadero carnet de militante político partidario, ha reemplazado al militante ideológico.

Las identidades políticas se organizan en torno a un símbolo en particular y la búsqueda de representación de un otro al que vemos al frente, es decir, los que no están dentro de la identidad con la que coincido no es que sean mis adversarios, son mis auténticos enemigos y como tales deben ser destruidos. De este modo los posicionamientos públicos alrededor de los temas coyunturales primero que los revisto de una máscara de valores que se encuentran dentro de la corrección política, y segundo que la acusación al enemigo viene de inicio acompañada de un candado cerrado dentro de un baúl que contiene todos los rasgos negativos que se pueden imaginar. De tal suerte, la tarea consiste en alimentar ese baúl cerrado con ese marco comunicacional y no dejarlo entreabierto a la posibilidad de dialogar o negociar posiciones.

Quizá por tanto, la polarización que tanto hablamos que vivimos no sea de exclusiva responsabilidad de un partido político o de actores políticos específicos; sino que por ahí también es responsabilidad compartida por todos, pero con un pelín más de carga a los actores que se encargan de construir esos sentidos comunes a los que me referí antes; sabemos quiénes son, la pregunta es: ¿vamos a dejar que lo sigan siendo o vamos a comenzar a pedir que se ejerza responsablemente el valor democrático de la libertad de expresión?

Marcelo Arequipa Azurduy es politólogo y docente universitario.

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