Voces

Friday 9 Dec 2022 | Actualizado a 10:39 AM

Sin reglas, sin dirección

/ 6 de octubre de 2022 / 01:48

El 12 de septiembre, en la zona de Tembladerani de la ciudad de La Paz, un camión de alto tonelaje arrolló a cuatro vehículos y causó la muerte de tres personas como consecuencia de problemas en su sistema de frenos. Este hecho coincide con el inicio de la inspección técnica vehicular que cada año realiza el organismo de Tránsito en todo el territorio nacional. Los mismos efectivos encargados de la inspección concluyen que los principales problemas que encuentran en los motorizados están en el sistema eléctrico, es decir luces direccionales, faroles y stops, y un problema mayor es el de los frenos. Hay inspección, se identifican los problemas y ¿las soluciones? ¿Realmente un vehículo que tiene anomalías no pasa la inspección? ¿Por qué continúa circulando y prestando servicio si no aprobó la inspección? Si somos sinceros diríamos que la inspección no siempre se hace de forma precisa, hay tedio tanto en los que la realizan como en los propietarios de los vehículos. Otra pregunta: ¿Los encargados de inspeccionar realmente tienen conocimiento de mecánica automotriz?

El 11 de septiembre, en Villa Copacabana, también en la ciudad de La Paz, un minibús impactó con dos vehículos, el resultado, una persona fallecida y seis heridas. El conductor estaba en completo estado de ebriedad. El 16 de septiembre, en el cuarto anillo de la zona de San Aurelio, en la ciudad de Santa Cruz, dos micros y una vagoneta colisionaron luego que un camión conducido por una persona en estado de ebriedad impactara contra uno de los micros, en este caso no se lamentaron pérdidas humanas. Estos hechos ameritan que se realicen batidas apoyadas con una campaña para que nadie se atreva a manejar en estado de ebriedad.

Extraña la ausencia de efectivos de Tránsito que controlen la circulación vehicular con patrullas. Los peatones miramos, con impotencia, cómo los conductores no hacen caso de las luces rojas de los semáforos, exponiendo y exponiéndose. Con la misma impotencia observamos a los centenares de autos, camiones, minibuses, que circulan sin placa, sin que nadie los detenga. Ayudaría mucho que patrulleros de Tránsito se paren en puntos clave de avenidas principales, como una forma de prevención e inmediatamente sancionen a quien presente muestras de estar alcoholizado o no cumpla con las reglas de circulación. Hasta hace un tiempo era muy claro que nadie podía conducir en estado de ebriedad, que nadie podía estar al volante de un auto sin placas adelante y atrás, estaba muy claro que nadie podía pasar en luz roja. ¿Cuándo se perdieron las reglas? ¿Existe o no el ente que las haga cumplir?

Lucía Sauma es periodista.

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¿Qué país queremos?

/ 1 de diciembre de 2022 / 01:21

La sentencia bíblica dice que no solo de pan vive el hombre y los bolivianos deberíamos añadir que no solo de política viven mujeres, hombres, adolescentes y niños nacidos en este país. Los medios de comunicación, las redes sociales están permanentemente plagados de temas que tienen que ver con política. No, la verdad es que con política no, sino con politiquería y chismes angurrientos de escándalos, medias verdades, de mentira organizada y en ningún caso se centran en lo que realmente necesita el país y sus ciudadanos, son el reflejo de la polarización y el paralelismo en el que se mueven los grupos sociales de uno y otro lado en un permanente desencuentro. Por ejemplo, en la ingrata discusión por la fecha del Censo se creó una desavenencia semejante a las vías de un tren donde jamás se daría la oportunidad de un diálogo sincero sin que medien los intereses personales o de clase social o de partido.

¿Qué tipo de líderes tenemos los bolivianos? Políticos que aceleradamente destruyen lo que cuesta años construir. Nuestras ciudades tan carentes de todo, son una muestra de ello, casi todas tienen aspecto de inacabadas, será porque no hay planes a largo plazo. Las políticas públicas siempre están en construcción, nos quedamos en logros de papel con normas aprobadas imposibles de cumplir, celebramos su promulgación sabiendo que su reglamentación saldrá cuando la ley ya fue mil veces violada y por tanto le damos muerte civil por inservible, se imprime, se guarda y se archiva en el último cajón.

Cuando comenzamos diciembre nos preguntamos ¿qué país queremos? ¿Se parece en algo al país que tenemos? ¿Estamos dispuestos a hacer lo posible por apoderarnos de la ciudad en la que vivimos? ¿Del barrio donde está nuestra casa? ¿Estamos dispuestos a no destruir lo poco que tenemos?

La realidad boliviana nos muestra que estamos frente a nuevos actores, nuevas formas de vida, nuevas miradas de país, frente a un nuevo mundo. Las fuerzas más conservadoras están celosas de sus pérdidas de poder, de liderazgo. Esos grupos que perdieron vigencia no están contentos con las normas sociales que se van imponiendo al declararse sociedad inclusiva. Los sectores emergentes son irreverentes ante las reglas de convivencia dictadas, desde el principio de la república, por una sociedad doctoril todavía afincada en la colonia.

Todos los esfuerzos de quienes tienen en sus manos la construcción de la sociedad boliviana deberían centrarse en dotar a la población más joven de conocimiento, de instrucción de alta calidad, de educación basada en principios y valores comunitarios, con énfasis en fomentar la autoestima que nos saque de la mediocridad y el conformismo.

Lucía Sauma es periodista.

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A la hora de elegir

/ 17 de noviembre de 2022 / 02:45

Muy cerca de finalizar la etapa escolar para miles de bachilleres en el país, les preguntamos informalmente sobre las opciones profesionales que tienen pensado elegir o al menos las que estén entre sus preferencias. Varios optan por las carreras tradicionales, argumentando que así piensan mejorar o mantener su situación económica, otros lo hacen para continuar la tradición familiar y hay quienes señalan sentir vocación. Llamativamente hay un grupo de futuros bachilleres que dicen no estar seguros en su elección profesional, incluso decidieron desde ahora que se tomarán un tiempo, algo así como un año sabático para analizar el rumbo que tomarán. Y hay un tercer grupo conformado por los que decidieron insertarse en el mundo laboral sin pasar por una previa capacitación, algunos se basan en el negocio familiar y otros, en realizar una breve capacitación técnica que les permita adiestrarse en menor tiempo para luego emprender una ocupación de forma independiente.

Estos últimos son los que más nos llamaron la atención porque son una nueva generación que cobra vida y tienen planteamientos muy claros. En primer lugar, piensan que las carreras tradicionales llevan mucho tiempo, que el mercado laboral para esas carreras es muy pequeño, que no hay independencia porque luego deben sujetarse a un patrón, un horario y un salario que generalmente no responden a sus expectativas. Son un grupo de jóvenes que se muestra confiado en sus potencialidades, tienen ideas a desarrollar, piensan en hacerse de un capital que les permita realizar sus emprendimientos, trabajar inmediatamente, en el mejor de los casos, si consideran necesario, ingresarán a un instituto técnico para garantizar su ingreso al mundo laboral.

Cuando los jóvenes hablan de carreras técnicas, los adultos acostumbrados a la formación universitaria como la mejor alternativa, almacenan argumentos como el prestigio, las supuestas oportunidades de trabajo o recurren a la idea, generalmente errada, de profesión universitaria igual a grandes ganancias. En este caso los padres, tíos, abuelos olvidan que las carreras técnicas en este momento de la historia ofrecen muchas más opciones de inserción en el mundo laboral, que son más prácticas, que necesitan de menor tiempo y quizás también menor inversión, que cuentan con muchas alternativas y que vislumbran el futuro con mayor claridad.

Es parte del pasado el quitarle importancia a la formación técnica, los países más desarrollados optaron por jerarquizarla habiendo comprobado en la práctica que allí radica el empuje a su industrialización y el potenciamiento de su economía.

Lucía Sauma es periodista.

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Público y punible

/ 3 de noviembre de 2022 / 00:30

1994, la violencia contra las mujeres era un tema privado con normas jurídicas que impedían denunciar a los agresores. En ese entonces, el artículo 276 del Código Penal establecía que “no se aplicará ninguna (sanción) cuando las lesiones fueren leves y hubiesen sido causadas por los cónyuges, ascendientes, descendientes, hermanos, afines en línea recta, cuñados, cuando vivieren juntos”. Es decir que todo debía quedar oculto, los golpes, insultos, la violencia era un tema que se debía solucionar entre cuatro paredes, en otras palabras que las mujeres estaban obligadas a aguantar y los hombres tenían licencia para agredir porque era parte de su naturaleza. Todo esto era así hasta que las demandas de los grupos feministas ganaron con su lucha constante y se promulgó la Ley Contra la Violencia en la Familia o Doméstica promulgada en diciembre de 1995.

En 2000 se hizo un estudio sobre 7.307 casos denunciados, obteniendo los siguientes resultados: 93% correspondían a violencia intrafamiliar; 42% a violación o intento de violación; 1,7% a homicidio o intento de homicidio (no existía la tipificación de feminicidio) y el 3% a tortura, abandono de mujer embarazada, prostitución, secuestro, acoso sexual e incesto.

Dos años después de este estudio, el 8 de abril de 2002, se dio un hecho histórico, el primer juicio oral con sentencia condenatoria por un delito de violencia intrafamiliar. Se trataba de María (nombre supuesto), que estaba separada de su esposo, quien la agredía constantemente tanto física como psicológica y sexualmente. Tuvieron cinco hijos, testigos de esa situación de violencia. Estos niños fueron quienes presenciaron la noche que su padre se presentó en la habitación donde María vivía con sus hijos y comenzó a golpearla. La hija de nueve años relató en el juicio: “Cerré mis ojos… mi papá le agarró del cuello, sacó su estilete y le metió en el cuello… Golpeé la pared del tumbado, nadie me hizo caso…”

Seguramente ahora se conocen testimonios muy desgarradores tanto de las víctimas como de los hijos que presencian estas situaciones de violencia. Pero en 2002, cuando se dio este primer juicio con sentencia de ocho años de cárcel para el agresor, todo era muy nuevo, impactante, muestra de gran valor de parte de la víctima que se animó a denunciar y llevar adelante toda la acción legal hasta conseguir la sentencia. Luego María se hizo cargo de su vida, de la de sus hijos, consiguió trabajo pese a las marcas que aún tiene en la cara y cuello por los cortes que le produjo su expareja. Fue larga la lucha por conseguir que la violencia contra las mujeres no sea consentida, aceptada por la sociedad como algo natural que no merecía castigo ni tampoco necesitaba de perdón porque no había ningún delito, ni siquiera algo que merezca compasión.

Ahora es distinto, se debe seguir avanzando, la violencia no es natural.

Lucía Sauma es periodista.

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En octubre

/ 20 de octubre de 2022 / 01:07

A los 19 años de la masacre de 2003 en El Alto, debemos refrescar la memoria, para que los muertos, los heridos no se queden en el olvido, para que los jóvenes conozcan la historia. Fueron días de rebeldía, de reclamo, de dignidad que pretendieron ser acallados con balas, sembrando temor, pero mujeres y hombres alteños no estaban dispuestos a enterrar a sus muertos o curar a sus heridos sin señalar a los culpables y exigir justicia, por eso bloquearon, marcharon, hicieron vigilias hasta que Gonzalo Sánchez de Lozada renunciara. La fuerza de la gente se dejó sentir, sumó el grito de renuncia en todo el país y lo consiguió.

Quienes ahora gozan de gas domiciliario, con tarifas realmente bajas, deben saber que en octubre de 2003 se luchó por que el gas sea para los bolivianos y se comience a construir la red domiciliaria. Por supuesto que esta es una parte, la más visible, porque en el fondo estaba la lucha contra la exclusión, el racismo, la inequidad en el reparto de la riqueza, la tranca de avance de indígenas y clases populares de las ciudades hacia su plena participación como ciudadanos bolivianos en la toma de decisiones del conjunto de la vida del país.

Ese reclamo por la participación ciudadana de los excluidos, se estaba gestando desde antes de febrero de 2003, se volvió una voz fuerte en octubre y luego quedó patentizada con el voto en contra a los partidos tradicionales, a sus líderes tradicionales y el impronte de apellidos indígenas en todas las esferas institucionales públicas y privadas. Esto es lo irreversible, lo que no se puede detener. Este cambio no depende de Evo Morales, ni siquiera del MAS, no depende de un partido político, es el empoderamiento del indigenismo rural y urbano que está orgulloso de su idioma, de su cultura y que está decidido a manejar el poder desde donde esté, con sus reglas, con tropiezos, sin temor a los errores, porque son sus errores.

Las clases medias, en la definición clásica de media urbana occidental, han sido cooptadas por unas clases medias emergentes de origen indígena empoderadas en su cultura y en su conciencia de mayoría poblacional. Estas clases medias tradicionales acostumbradas a vivir de un salario quedaron empobrecidas económicamente, esto las deja en su lucha cotidiana por la sobrevivencia, mientras que las clases medias emergentes han encontrado fuentes de ingresos prometedoras, sobre todo en el impulso de la micro y la pequeña empresa.

Las clases altas occidentales están en retirada culturalmente, relegadas económicamente y en extinción políticamente. Ya no encuentran su lugar, se sienten incómodas con el arribo de culturas indígenas que están fuera de sus patrones eurocentristas. La forma de llevar adelante la economía se les escapa de las manos porque les cambiaron las reglas de juego donde tenían todas las de ganar. En cuanto a la política, está claro que perdieron base social que sostenga y lleve adelante una propuesta para manejar el poder. Esos son los cambios después de octubre de 2003.

Lucía Sauma es periodista.

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Institutos técnicos: formación para reactivar al país

/ 9 de octubre de 2022 / 03:10

OPINIÓN

“La formación técnica es un pilar para el desarrollo”, afirma Amparo Ergueta, oficial nacional del Programa de Cooperación Suiza en Bolivia (Swisscontact).

Así lo considera el país europeo que apuesta desde hace 11 años, a la capacitación técnica de mujeres y hombres en Bolivia, a través del Proyecto de Formación Técnica Profesional, con el objetivo de mejorar su formación, sus oportunidades de empleo o autoempleo y el aumento de sus ingresos. La formación técnica tiene como horizonte la reactivación económica del país. Desde esa perspectiva, Ergueta dice que la capacitación en los institutos y centros técnicos que cuentan con la cooperación de Swisscontact deben adaptarse a la digitalización y uso de tecnologías, que de forma acelerada se han introducido con la pandemia.

FORMACIÓN. 300 institutos y 600 Centros de Educación Alternativa han posibilitado la formación de 23.000 egresados, de los cuales 16.000 son mujeres y 7.000, hombres, siendo al menos el 70% jóvenes entre 15 y 24 años. Las cifras dan cuenta de mejoras para 17.200 en sus ingresos y para 18.000 en la calidad de su empleo.

Estas cifras demuestran el impacto que tiene la formación técnica en la vida de quienes eligen capacitarse en un instituto técnico, tecnológico o en un centro de educación alternativa. La viceministra de Educación Alternativa, Sandra Cruz, argumenta que la formación técnica se encamina dentro “la línea productiva y la reactivación económica de nuestro país, hemos vivenciado y hemos visibilizado esas experiencias sobre todo en los CEA (Centros de Educación Alternativa), donde se están instaurando emprendimientos productivos a nivel familiar y personal”.

La formación técnica permite acelerar la inserción laboral de quienes optan por estas profesiones, lo que en palabras de Ergueta es el valor añadido porque con relación a las universidades se habla de una formación de menor tiempo, ya que obtener una carrera técnica puede durar de uno a tres años de estudio, en contraposición con la carrera universitaria que es más larga. Otra ventaja es que el sistema público, que tiene muy bajo costo, aún puede acoger a más jóvenes.

Los estudios realizados por Swisscontact confirman que entrar al mundo laboral con una formación tiene ventajas permanentes, respecto a entrar en él sin ninguna formación que es lo que hoy les está pasando a la mayoría de los jóvenes, según Ergueta.

INNOVACIÓN. “Creo que cuando salimos bachilleres, a todos nos quieren meter en la universidad y no es así. Yo quiero ser mecánico automotriz”. Así dice con sinceridad Andrés, orureño de 19 años que, pese al miedo que tenía de decepcionar a sus padres, decidió estudiar una carrera técnica.

Wendy, beniana de 22 años, tiene su propio emprendimiento gastronómico con productos amazónicos.

Desde niña consumía copuazú y asaí, frutos que abundan en el Beni.

“Primero fui a estudiar en un instituto, aprendí a procesar las frutas y después elaborarlas. Ahora tengo mi propio emprendimiento.

Conmigo trabajan mis hermanos y nos da para vivir bien.

Quiero envasar y exportar”. Ella es otro ejemplo de los resultados que se consiguen con carreras técnicas.

La viceministra Cruz apunta que en cada región del país se impulsan las profesiones, según los planes regionales.

“Primero, la población nos hace conocer las potencialidades de la región y a raíz de aquello, requieren los cursos de capacitación para el mejoramiento agrícola, del ganado o el procesamiento de alimentos”, dice la autoridad. Cruz señala que “una de las especialidades que tiene mayor realce es precisamente trabajar con los frutos de cada región y, para ello, el procesamiento e industrialización de alimentos y gastronomía son los más requeridos”.

Las carreras son muy diversas. Podemos hablar de Transformación de Alimentos, Gastronomía, Agropecuaria, Metal Mecánica, Mecánica Automotriz, Mecánica Industrial, Electricidad, Electrónica, Confección Textil, Construcción Civil, a las que se pueden añadir algunas más específicas para desarrollar las vocaciones regionales.

Están articuladas al desarrollo productivo y empresarial del entorno municipal y territorial.

CAPACITACIÓN. Marco Antonio Flores, coordinador regional de la Fundación FAUTAPO en Chuquisaca, explica que la formación técnica requiere una permanente capacitación y actualización de los docentes. “Hemos capacitado a los docentes en dos ámbitos: uno, específicamente en su especialidad, inclusive hemos contratado a expertos de otros países. Y dos, en el área de emprendimiento y competencias blandas (especialidades socioemocionales, como trabajar en equipo).

Flores dice que trabajar en el tema de especialidad es muy complejo porque, por ejemplo, “en una carrera de Gastronomía o de Pastelería, se compra nueva maquinaria, hornos, que son electro-automáticos, pero no se puede dejarlos en los centros y decir ‘ustedes se las arreglan’, los expertos tienen que enseñar a los docentes el manejo de la maquinaria”.

Flores da otro ejemplo. Para la carrera de Construcciones Civiles, Topografía y Geodesia, en el municipio de Tolima, “se han comprado estaciones totales para el levantamiento topográfico, teodolitos automáticos, niveles automáticos, que son equipos de alta tecnología y precisión. Los expertos han capacitado a los docentes en la manipulación, el armado y el uso de este equipo”.

Los estudiantes de estos institutos deben salir altamente capacitados y actualizados en los avances tecnológicos de última generación, “por ejemplo, en el municipio de Uriondo en Tarija, hemos apoyado en la carrera de Enología, los estudiantes salen como Técnico Superior en Enología. Con ese objetivo se adquirió maquinaria especializada, y el Instituto Don Bosco de Mendoza capacitó a los docentes en el manejo de dicha maquinaria para la elaboración, cría y conservación del vino. Como son temas muy específicos, sin esa capacitación los docentes estarían en desventaja tecnológica”.

 Lucía Sauma Periodista, especialista en producción radiofónica y género, exdirectora de varios medios de comunicación radiales y columnista de La Razón.  La formación técnica permite acelerar la inserción laboral de quienes optan por estas carreras, que duran de uno a tres años.

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