Voces

Tuesday 6 Dec 2022 | Actualizado a 00:07 AM

Revitalizar la democracia

/ 7 de octubre de 2022 / 02:14

Una anécdota personal para comenzar esta columna. A inicio de este año cumplí 40 años, luego de la cantidad de golpes que nos había propinado la pandemia en todos los niveles, pensé que sería una buena idea hacer una fiesta especial por el número. Estuve en los preparativos desde noviembre y, al final —por varias razones, digamos solo de contexto— tuve que cancelar la celebración y hacer otra de manera improvisada, reservando todas mis ansias para un momento más propicio en el que con seguridad la celebración se impondrá por sí sola ante cualquier obligatoriedad numérica. Resumámoslo en “mucho que celebrar y escasas condiciones para ello”.

Pienso esto en vísperas a lo que seguro ocurrirá y ya se ha venido prefigurando estas últimas horas: nuestra democracia estará de cumpleaños el lunes. Y, a reserva del debate, en torno a si se cumplen 40 años continuos o si la ruptura institucional de 2019 generó una pausa en esta continuidad, lo cierto es que es seguro que por uno u otro lado los discursos emergerán al punto de tenernos en una espiral de ruido celebratorio en torno al camino que ha transcurrido nuestra democracia, creo yo, con alta posibilidad de fragmentarla históricamente.

Por un lado, parece un buen dato que no olvidemos la fecha y que una buena parte de las y los bolivianos aún la tenga en mente después de tantos años. Y qué bueno que sean también una gran cantidad de voces individuales, colectivas e institucionales las que queramos estar presentes; una condición coherente con esa fecha debiera ser que en ella cabemos todas y todos quienes creemos que estamos hablando del único régimen político que ofrece la posibilidad de sostener la convivencia en sociedad que deseamos.

Por el otro, difícil afirmar que nuestra democracia llega a esta fecha en su mejor momento o, digamos metafóricamente: a un momento de plenitud, que es lo que se quisiera aseverar en clave de anhelo en estas fechas conmemorativas.

Esto muy a pesar de la idea de que la democracia, como sistema y como categoría en sí misma se constituye en un litigio constante, cuyos problemas y desafíos son una característica de su propia existencia.

Pareciera ser más desafiante pensar en recordar estas cuatro décadas en clave de conexión intergeneracional antes que de acumulación. Al final del día, la democracia sobre la cual podemos dar cuenta aprovechando esta fecha, ha tenido (tiene y tendrá) como protagonistas a diferentes generaciones con distintas miradas/obligaciones en torno a ella. Nuevamente, sin pensar que ninguna de las generaciones que comprende la necesidad de su preservación y ampliación, se quede por fuera de entenderla y construirla con las necesidades, lecturas y herramientas de su tiempo.

En un tiempo en el que la democracia pareciera transitar entre sus mínimos institucionales y sus máximos aspiracionales, la teoría y la práctica democrática se ven obligadas a sortear múltiples escenarios que hacen a las sociedades complejas de hoy y que vendrán con las sociedades del mañana. No se trata de ideas nuevas, varias de éstas han sido postuladas por pensadores/ as de la democracia, sin que ello sea óbice para quienes, en sus miradas, han optado más bien por ponerle la lupa a sus orígenes, diagnóstico y desafíos.

Si somos capaces de pensar a la democracia como ese conector inmanente a través de los tiempos pasados y presentes, además de aquellos que esperamos vengan más adelante, es posible que tengamos mejores condiciones para pensar en la urgencia de revitalizarla creativamente en y para garantizar su supervivencia y ampliación en estos tiempos desafiantes que vienen. Tiempos en los que se ve en el horizonte mediato, a la vuelta de la esquina, al fascismo al acecho. Que se imponga pues, más allá de la fecha, una celebración continua en forma de acción buscando mantenerla revitalizada y vibrante.

Verónica Rocha Fuentes es comunicadora. Twitter: @verokamchatka

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Develación, reflote, actualización y agudización

/ 2 de diciembre de 2022 / 02:23

Mientras los mal llamados “bandos”, es decir el oficialismo y la oposición nacional, continúan trabajando arduamente añadiendo elementos a sus respectivas narrativas para responder a la gran pregunta de la política partidaria sobre quién ganó o perdió gracias al paro cruceño de 36 días, por fuera del ámbito partidario existen varias otras aristas —sobre el qué se ganó o perdió— en las cuales es pertinente detenerse debido a las profundas implicancias sociales que sacaron a flote o que sembraron en nuestro entramado social nacional y local.

El hecho de que el paro cruceño haya sido un evento sociopolítico de tal duración, no solo ha devenido en importantes movimientos dentro de la política partidaria, sino que, de manera más crítica, ha servido para develar, reflotar, actualizar y, lastimosamente, agudizar las contundentes heridas que han quedado en nuestro tejido social como resultado de la crisis política de 2019. Es, por tanto, necesario el énfasis al momento de señalar que, a reserva del balance político que se pueda hacer sobre los efectos del paro, las consecuencias en materia de violación a los derechos humanos han sido alarmantes y poco se ha hablado al respecto.

Dentro de los 42 casos de vulneración de derechos humanos a niños/as, mujeres, personas adultas mayores e indígenas identificados por la Defensoría del Pueblo, están los siguientes hechos, relevados en un repaso realizado por Kathryn Ledebur, directora de la Andean Information Network: a) casos de mujeres golpeadas en el Plan Tres Mil, b) el caso de un ciudadano cuya ropa se prendió en fuego tras haber sido alcanzado por una bomba Molotov, c) casos de saqueo de negocios, d) situaciones de golpes a transportistas así como destrozos a sus vehículos y e) violencia contra mujeres e instituciones defensoras de derechos, entre otros.

Es así que posicionar que los balances sobre lo ocurrido en el departamento de Santa Cruz durante noviembre tienen, sobre todo, una “medida” político-partidaria, permite perversamente que se dejen de lado las graves consecuencias sociales que del conflicto mismo quedaron y que se materializaron en discursos de odio, devenidos actos violentos basados en el odio, el racismo, el machismo y el regionalismo, que definitivamente no pueden quedar en la impunidad.

Los datos sobre los hechos son concretos y, aunque al momento de dar cuenta de los contenidos de la importante sesión de Senado en la que se aprobó la ley del Censo se haga mayor referencia a los rimbombantes discursos políticos que ahí emergieron, lo cierto es que —oídas con agudeza— las intervenciones desde el oficialismo sí convergían en la voluntad de la búsqueda de justicia por estas situaciones que tan aislada, sesgada y desordenadamente fueron informadas al resto del país cuando no al mismo departamento de Santa Cruz.

Tiene que servir pues esta lectura (y ojalá voluntad) en común de quienes votaron a favor o en contra de la mencionada norma para que, el siguiente paso, una vez disminuido el calor político del conflicto, el Estado proceda ineludiblemente a poner todos sus esfuerzos en la búsqueda de justicia y resarcimiento por todos, todas y cada una de las víctimas de la violencia y vulneración de derechos en Santa Cruz, que son la verdadera y compleja consecuencia que le queda, después de 36 días, al departamento cruceño y al país.

Verónica Rocha Fuentes es comunicadora.Twitter: @verokamchatka.

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¿Incontables dudas o certezas?

/ 21 de octubre de 2022 / 02:12

Hace unas horas, este medio de comunicación, con base en un inédito documento atribuido al Servicio Intercultural de Fortalecimiento Democrático (Sifde) y de manera primicial ha informado que el informe técnico relativo al cabildo realizado en Santa Cruz del 30 de septiembre, daría cuenta de que la cantidad de asistentes al mismo fue cercana a los 229.126 asistentes, un dato que de confirmarse y explicarse técnicamente por el Órgano Electoral Plurinacional cuando considere este informe en Sala Plena Departamental y lo ponga en conocimiento del Tribunal Supremo Electoral, distaría muchísimo de un primer dato sobre asistencia brindado por la instancia organizadora de este cabildo, el Comité Cívico de Santa Cruz.

Aunque seguramente el debate en torno a ello apenas empieza y esperemos que en el camino no desportille además la credibilidad de la instancia electoral, a la que ya hemos visto pagar los platos rotos por relatos e intereses políticos que la involucran, muchas veces por tan solo realizar su labor, lo cierto es que una vez más —algunos medios de comunicación mediante— se ha buscado, con relativo éxito al menos dentro de las y los asistentes a este evento, oficializar el relato que interesa principalmente a la instancia organizadora que busca dar por hecho que la dudosa cifra de 1.530.000 asistentes simplemente era posible en una ciudad que cuenta con casi el doble de esa población.

Casi sin poner en tela de juicio ese dato preliminar, en pocas horas, se había “oficializado” comunicacional y discursivamente un relato político de participación y representación de esa instancia. Y es, en medio de ese proceso de instalación discursiva, que el dato de la instancia técnica con mayor experiencia institucional y técnica en Observación y Acompañamiento a instancias democráticas como los cabildos, el OEP, oficializará este informe con el dato sobre la cantidad de asistentes, pero también otros datos que serán relevantes para evaluar el carácter deliberativo o departamental del cabildo, por ejemplo, otros elementos sobre los cuales poco se debate al momento de otorgarle cualidad al mismo.

Ya se había dicho antes, lo primero que estuvo en cuestión en este cabildo fue el carácter deliberativo del mismo pues el país entero conoce la forma no deliberativa en la que éste se realiza: definición anticipada de resoluciones, aprobación por aclamación; el resultado está anticipado y solamente se busca confirmarlo. Ahora, se sumará además el cuestionamiento sobre sus cualidades y resultados, su carácter realmente departamental y la cantidad de asistentes que refrendaron esas decisiones.

Con todo, es para celebrar que al optar el Comité Interinstitucional por hacer uso de este mecanismo haya acudido a la Observación y Acompañamiento del Órgano Electoral Plurinacional, de esta manera todos estos datos que son técnicos y superan los relatos políticos podrán servirnos pedagógicamente para ir aprendiendo y poniendo en práctica más saberes democráticos. Aunque, claro, ese proceso de aprendizaje colectivo y acumulado será siempre más solvente en tanto las instancias que solicitan la participación de la institucionalidad electoral estén en condiciones también de aceptar su voz y resultados. Aplica para mecanismos de la democracia representativa, participativa y comunitaria.

Verónica Rocha Fuentes es comunicadora. Twitter: @verokamchatka.

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Un demócrata de este tiempo

/ 23 de septiembre de 2022 / 01:11

La generación que sufrió los atropellos autoritarios del último periodo dictatorial en Bolivia y la que, posteriormente, protagonizó la recuperación de la democracia está constituida por personas que, al día de hoy, forman parte del bloque etario perteneciente a la tercera edad. Salvando las excepciones, se puede decir que ellos y ellas guardaron la expectativa de ver en vida el crecimiento y fortalecimiento de una democracia liberalrepresentativa como la conocieron y por la que generacionalmente apostaron. La aceleración de los cambios socioculturales en nuestras sociedades globalizadas, la digitalización de nuestras vidas y la enorme cantidad de fenómenos políticos globales y locales transcurridos en las últimas décadas han hecho que lo que se avizoraba como un periodo de consolidación, pronto se transforme en un periodo de incertidumbre democrática.

Por el otro lado, a las generaciones siguientes nos ha tocado afrontar el peso de la responsabilidad que conlleva no solo la consolidación y fortalecimiento del sistema democrático, sino su transformación y preservación en tiempos de sociedades hipercomplejas que practican una política dominada por las emociones, guiada por el desconocimiento y amenazada por la desinformación. En ese escenario, se ha tildado varias veces a estas generaciones de no estar a la altura de los desafíos. Siempre ha sido así y lastimosamente es aún muy común en la mayoría de los ámbitos que las generaciones con mayor edad miren en las que vienen una plétora de carencias que les inhabilitan para mantener o mejorar determinados legados históricos.

En ese marco, el complejo e irresuelto perfil de demócrata al que debieran apuntar las actuales y nuevas generaciones que buscan erigir una cultura política destinada a sostener/mejorar las democracias y sociedades de este tiempo, se vislumbra demasiado complejo de disipar. Pero resulta que algunas personas, luego, van resolviendo esa disyuntiva en su propio vivir. Buscando darle contenido a ese perfil pienso, por ejemplo, en la desafiante comprensión intercultural que se requiere como habilidad para entender nuestros países hacia adentro y nuestro mundo hacia afuera. En la creatividad que se necesita para encontrar soluciones a espinosos problemas que plantea la realidad de hoy. En la profunda alteridad que debe ser labrada meticulosamente para establecer puentes dialógicos en sociedades polarizadas como las actuales. Pienso también en el pensamiento complejo y el nivel de análisis que se requieren para llegar a las profundidades donde se encuentran los puntos que conectan o desconectan nuestra convivencia diaria. En la sensibilidad cultural que se cultiva mediante la lectura y la práctica de un arte y que, a posteriori, permiten establecer comunicaciones que superan los lenguajes políticos o coyunturales. Se me viene a la mente también el necesario respeto por las raíces que permite tener claro dónde se concreta el deseo de una sociedad mejor. Y pienso también en la enorme humildad que se requiere como para entender que en un grupo humano solo se puede ser en plural y no en singular.

Hay demócratas, con valores propios de su tiempo, que partieron dejándole al país su legado tras toda una larga vida de trabajo. Y —para pena nuestra— hay otros que, aunque parten pronto, no lo hacen sin antes dejar su legado en clave generacional, cumpliendo —incluso sin proponérselo— el perfil de un demócrata cabal de este tiempo. Por eso, por todo lo demás y, sobre todo, por tanto a su paso, Amaru Villanueva Rance queda inscrito ya en este tejidopaís que tanto quiso, navegó y vivió.

Verónica Rocha Fuentes es comunicadora. Twitter: @verokamchatka.

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Las lecciones de Chile

/ 9 de septiembre de 2022 / 01:03

Se sabe que todo tipo de proceso sociopolítico es por demás complejo, que la realidad en sí misma lo es y, en este tiempo de simplificaciones, resulta tremendamente desafiante poder abarcar la totalidad de sucesos que dentro de algún proceso se desencadenan, casi de manera cotidiana. Será un poco por esa razón y también, por supuesto, por la lejanía territorial, que las interpretaciones respecto a las razones que motivaron el triunfo del rechazo al texto constitucional propuesto por la Convención Constitucional de Chile parecen insuficientes. La comprensión respecto a qué motivó y qué gatillan los resultados de este plebiscito de salida y su implicancia dentro de esa política nacional y la latinoamericana es valiosa en este tiempo.

Así, sobre el resultado, se puede decir que han sido varios los factores que explican la victoria de la opción del Rechazo, siendo la única novedad lo apabullante que fue. Entre esos varios factores se encuentran —y esto ya ha sido dicho en múltiples análisis— la instalación de la obligatoriedad del voto (al parecer el bolsón de votantes reacios al voto estaba conformado por gente que no aceptó el texto constitucional), la erosión en la legitimidad del gobierno que lidera Gabriel Boric, la espiral de desprestigio en que la Convención se enfrascó durante su desarrollo, la rimbombancia categorial respecto a algunos puntuales temas que no fueron debidamente interiorizados por la sociedad y que se constituyeron fácilmente en insumos para el cultivo del miedo, el carácter conservador e institucionalista de una buena parte del electorado chileno, la postura que tomó una parte de la centroizquierda al momento de plegarse a la campaña por el Rechazo, la estratégica campaña que estableció la derecha fundada sobre la idea de que el Rechazo no significaba prescindir de una nueva Constitución y, finalmente, una potente campaña de desinformación respecto al proceso y al texto constitucional que caló hondo, destruyendo la convivencia democrática que hallaba a su paso.

Sobre lo ya acontecido se puede decir que buena parte de lo ocurrido constituye una gran lección de cara a las dificultades que implica llevar adelante un proceso de tanta importancia de manera sana y equilibrada en lo que se han constituido hoy nuestras sociedades de la desinformación y nuestra política emotiva. Me arriesgo a decir que el proceso constituyente que atravesamos en Bolivia (hace apenas 15 años) y sus propias complejidades y complicaciones tuvieron lugar en una sociedad profundamente distinta, no solo por nuestra idiosincrasia y distinta cultura política, sino también y en buena parte porque estábamos exentos de las prácticas desinformativas que hoy fragmentan, simplifican y destruyen los sentidos de los contenidos y sucesos de la manera más cruenta posible.

Van, en todas las razones que explican el resultado electoral del pasado domingo en Chile, varias de las lecciones que debe considerar la izquierda latinoamericana y global que aún intenta hacerse posible en tiempos en que es reducida/simplificada al fantasma del comunismo y al miedo al autoritarismo. No por nada, lo que le tocará ahora al Gobierno chileno, en este camino que vuelve a empezar con todas las adversidades al frente, es —precisamente— no renunciar a su identidad de izquierda ni a su proyecto de país, al mismo tiempo que se ve obligado a conducir a una sociedad que batalla consigo mismo en el intento de transformarse y el miedo a hacerlo hacia el puerto de una nueva Constitución. Y no es poca cosa.

Verónica Rocha Fuentes es comunicadora. Twitter: @verokamchatka

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El eterno retorno de la conflictividad

/ 12 de agosto de 2022 / 00:47

Sin duda, esta semana hemos sido testigos del retorno colectivo a la sensación de que la conflictividad nuestra de cada día está de regreso a nuestra convivencia social. Poco sanados colectivamente de la grave crisis política de 2019 o, peor aún, sin haber tenido la oportunidad de hacerlo, los recientes conflictos registrados en las ciudades de Santa Cruz y La Paz inevitablemente nos recuerdan el hecho de que las fisuras subcutáneas que tenemos como sociedad boliviana están aún latentes. Las heridas están ahí, eso es seguro, pero ello no es certeza suficiente de que se vayan a manifestar de la misma manera que lo hicieron cuando abrieron, allá en noviembre de 2019.

Sea con aprendizajes o sin ellos, lo que de alguna manera queda en el escenario latente del conflicto es movimiento. Movimiento respecto a la forma de asumir la conflictividad por parte de los actores de los escenarios polarizados que somos, finalmente, las y los bolivianos. Ante la certeza casi inequívoca de que el Censo está siendo utilizado, por ahora y por maniobra de las fuerzas polarizantes, como un dispositivo en torno al cual se busca reorganizar la irresuelta pulseta de fuerzas, las pulsiones de opinión en torno a la decisión gubernamental de postergarlo resultan importantes al momento de tratar de prever el cauce que podrían tomar los escenarios de conflictividad.

De acuerdo con los resultados del informe de encuestas de opinión sobre la coyuntura nacional realizado por la empresa Diagnosis y difundido en su primer reporte digital en días pasados, del total de una muestra a nivel nacional de población urbana y rural, un 56% de personas está muy en desacuerdo y en desacuerdo con la postergación del Censo y solamente un 28% se encuentra muy de acuerdo y de acuerdo con esta decisión. De hecho, el grueso de la población que no está de acuerdo con la medida se encuentra “incluso en la base social de apoyo al Gobierno: principalmente en el área rural”. Luego, en el otro lado, también destaca el dato que del 28% que sí está de acuerdo con la medida adoptada, un 44% (el mayor porcentaje) fueron votantes de Camacho en las elecciones generales de 2020.

Respecto a las medidas de protesta que se han producido a nombre de la postergación del Censo, sobre todo en la ciudad de Santa Cruz, los datos también son bastante elocuentes, al tiempo que señalan que un 45% de la población nacional encuestada se encuentra muy de acuerdo y de acuerdo con estas movilizaciones. En este tema un 14% se muestra indiferente al conflicto.

Cuidado. No podemos tan solo dejar en el recuerdo el hecho de que una vez recuperado un gobierno electo democráticamente, nos la hemos pasado reflexionando y debatiendo sobre cómo curar las secuelas de la crisis en nuestra sociedad y si bien no se puede hablar ni de lejos de un retorno a un escenario de conflictividad tal como el de 2019, ciertamente sí va a ser difícil dejar atrás la idea de que cada paso rumbo a la afrenta o la confrontación que esté mal dado, erróneamente medido o irresponsablemente administrado puede acercarnos un poco más a ello. Tocará a la ciudadanía —posiblemente a ese grueso que, por ahora, se mantiene indiferente a la conflictividad emergente— recordárselo constantemente a quienes, ya sea por acción o reacción, tienen aún en la mente la posibilidad de repetir en las calles los escenarios de polarización política vividos en 2019.

Verónica Rocha Fuentes es comunicadora. Twitter: @verokamchatka

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