Voces

Wednesday 28 Feb 2024 | Actualizado a 16:47 PM

Noviembre, masacres

Las narrativas siempre se anticipan a la violencia. Y la nutren. Lo acabamos de ver, otra vez.

/ 13 de noviembre de 2022 / 00:42

Han pasado tres años desde la coyuntura crítica de 2019 y estamos lejos todavía de tejer un relato mínimo común sobre los hechos, que nos recomponga como sociedad. Persisten las versiones polarizadas, ávidas de imponerse como verdad absoluta. Y las heridas/ venas continúan abiertas, sin derecho a convertirse en cicatriz. Así, la reconciliación, el encuentro, son imposibles. Queda solo una frágil tregua, a la espera del siguiente conflicto, hasta derrotar al enemigo.

La crisis de octubre-noviembre de 2019 tuvo diferentes fases que, siendo continuas, no se condicionan. Se identifican tres: las fallidas elecciones, contaminadas por la querella sobre la reelección y una bien construida profecía autocumplida del “fraude”; la movilización urbana que, gracias al motín policial y la insubordinación de las FFAA, derivó en el derrocamiento del expresidente Morales; y, la imposición de un régimen provisorio que se estrenó con dos masacres.

Si bien la disputa “fraude versus golpe” es una falacia, hay relatos irreconciliables sobre ambas cuestiones. En clave de creencias- trinchera, unos alegan que hubo “fraude monumental”, aunque no pudieron aportar ninguna evidencia para demostrarlo. Del otro lado están quienes aseguran que el “Plan B” (autoproclamación ipso facto, arropada de uniformes y sotanas), distinto del A (sucesión constitucional) y bajo amenaza del C (junta cívico- militar), fue un golpe de Estado.

Más allá de la inútil pugna por imponer una versión, degradando cada vez más la conversación pública, lo que resulta incontrastable e inequívoco es que en noviembre de 2019 hubo dos masacres por obra del gobierno de Áñez. Con el aval de un decreto que las eximía de responsabilidad penal, las fuerzas militares y policiales dispararon a población indefensa con la intencionalidad de matar, incluyendo torturas y ejecuciones sumarias. Qué extraña/maldita forma de “pacificación”.

Sobre las masacres no caben relatos ni atenuantes. Contrariamente a las declaraciones oficiales de aquellos días, repetidas sin sonrojarse por varios operadores mediáticos, el fundamental informe del Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes documenta y demuestra sobradamente las masacres de Sacaba y Senkata. Es una valiosa simiente de verdad. Pero tres años después, todavía no hay justicia, ni reparación plena a las víctimas, ni garantía de no repetición.

Las narrativas siempre se anticipan a la violencia. Y la nutren. Lo acabamos de ver, otra vez, en el anodino enfrentamiento sobre la fecha del Censo. “No es un callejón sin salida aquel en el que se puede dar marcha atrás”, decía Lec. Cuidado que incluso tal repliegue termine bloqueándose.

 FadoCracia etiquetadora

1. Grupos de choque del comité tomaron algunas rotondas de la ciudad para hacer cumplir con violencia el paro indefinido impuesto en un cabildo de acarreados. 2. Como reacción, ciudadanos de algunas provincias, pidiendo ser escuchados, realizaron un cerco pacífico en cumplimiento del mandato legítimo del masivo cabildo popular. 3. En desesperada respuesta al cerco, hordas enviadas por la gobernación se movilizaron para agredir a los vecinos que por convicción y amor a su tierra cortaban las rutas. 4. Un líder del oficialismo calificó de “bestias humanas” a los cívicos que agredían, impedían el paso de ambulancias, cobraban peaje. 5. Mientras tanto, familias de cruceños cuidaban, en un ambiente festivo, los contrabloqueos asumidos como protesta ante el criminal paro del comité. 6. El Arzobispo criticó a los cívicos calificándolos de invasores. El cerco en defensa de Santa Cruz, en tanto, fue bendecido. 7. Mientras el cerco voluntario se disolvió pacíficamente, violentos miembros de la UJC “hacían cumplir” el paro con basura, insultos y amenazas. Seguiremos (des)informando.

José Luis Exeni Rodríguez es politólogo.

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Perdedores comicios 2025

/ 18 de febrero de 2024 / 01:16

El ya proclamado candidato presidencial, Juan Evo, afirmó categórico que el actual presidente del Estado, Luis Alberto, “no va a ganar las elecciones”. Por más que, al final del camino, TCP/TSE mediante, sea candidato del MAS-IPSP. Evo supone que, “viendo lo que está pasando ahora”, la factura por la incierta situación en el país será alta para Lucho. Es evidente. Y ambos están haciendo todo lo posible para abultar dicha factura.

Lo que no dice el expresidente Morales — y quizás tampoco lo asume— es que, como van las cosas, él tampoco ganará las elecciones. Incluso si conserva la sigla partidaria y, claro, logra que el arcismo no prohíba su candidatura. Atrás quedaron las sucesivas victorias electorales desde 2005, tres de ellas con mayoría absoluta de votos. Dada la ruptura interna, hoy ni Evo ni Luis tienen opción de victoria electoral en primera vuelta.

Si así están las cosas en el partido-instrumento político azul, el paisaje opositor tampoco ofrece una opción ganadora en las urnas. A la fecha se han proclamado o insinuaron hacerlo 14 candidatos presidenciales para los próximos comicios. Nada menos. Varios de ellos son especialistas en perder elecciones. Y otros, entre añejos, reciclados y “nuevos”, ni siquiera cuentan con partido político. Tendrán que buscar alianzas o alquilar/negociar sigla.

Entre los reciclados están Carlos Diego, Samuel Jorge, Luis Fernando, Manfred Armando Antonio, Jorge Fernando y hasta Juan Fernando. Mucho nombre, pocos votos. Participaron juntos o por turno en todos los comicios presidenciales entre 2002 y 2020. Perdieron siempre. Dada hoy la elevada fragmentación opositora, lejos en los hechos del reiterado discurso de “unidad”, ninguno tiene posibilidad cierta de ganar en primera vuelta en 2025.

¿Y los “nuevos” políticos, que lanzan proclamas veloces, anuncian partidos inexistentes, tuitean y se ofrecen como candidatos a la carta? Ya circulan ocho aspirantes: el exrector Cuéllar, el exalcalde Paz, el exfiscal Soliz, el excapitán Lara, el también excapitán Vargas, el extodo Börth, el bloominista Zambrana y hasta el mileísta Saravia. Mucho ruido en redes, falta calle. Ni sumados parecen opción victoriosa en las urnas.

A este paso, entre la división y la fragmentación en el campo político-electoral, los comicios 2025 serán un variopinto tendal de perdedores de distinto tamaño y, si acaso, bancada. Van 16 precandidatos presidenciales, alguno incluso en campaña de cantante. Todos hombres por supuesto. Veamos cuántos y cómo llegan a la papeleta de votación. Veamos cuánto y cómo digieren, el día después, su condición minoritaria y, ergo, la necesidad de pactar. Faltan 18 meses. Y (des)contando.

FadoCracia lluviosa

1. Es un exceso pedirle al alcalde de la hoyada paceña que pare la lluvia. Ni que fuera personaje de cómic. Con que haga tregua en la fiesta y en el aguacero interior estaría muy bien. 2. La buena noticia es que la ciudad “puede dormir tranquila”. Caídas de muro, taludes, filtraciones, sifonamientos, derrumbes… “Todos los casos atendemos”, asegura el señor. Mejor por docena, casero. 3. Pero no todo es tragedia. Abundan divertidas quejas de sus votantes, hoy arrepentidos: “es la peor alcaldía de las últimas dos décadas”. Ni hablemos de las maldiciones de sus oponentes. 4. Vuelvo a las lluvias. ¿Qué quieren? ¿Que el alcalde, desde Oruro, las modere? “Las lluvias se dan» (sic). Es de mala leche exigir previsión. 5. Igual, cuidado con lo que deseas: “Nosotros hoy le pedimos al Ekeko que, al margen de la abundancia material, nos mande lluvia. Pidamos lluvia”, demandó el señor en la Alasita. 6. Hablando de deseos, 263.511 personas eligieron este alcalde, muchas con la consigna “cualquier cosa menos el MAS”. Se entiende. 7. Y así estamos. La ciudad se derrumba y la cosa… bailando. Háganse cargo.

José Luis Exeni Rodríguez es politólogo.

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Estado Plurinacional 15.0

/ 4 de febrero de 2024 / 04:33

Este miércoles se cumplen 15 años de vigencia de la nueva Constitución y, con ella, del Estado Plurinacional. Hay un malogrado debate, en los extremos, sobre la implementación del nuevo modelo de estatalidad en el país. ¿Cuánto hemos avanzado en este período? ¿O es un camino con estancamiento/retrocesos y, más bien, fallido? Existen también falacias que contaminan el balance y, en especial, el horizonte del EP como proceso histórico de largo plazo.

Transcurrido este tiempo pos/constituyente, reafirmo mi convicción de que la CPE aprobada en referendo (2009) significa un salto enorme en nuestro pacto social. Claro que es un salto en la letra y en el espíritu, que debe contrastarse con las brechas en su realización. Es un proceso que, como dice Boaventura, tiene carácter refundacional, lo que no niega, como advierte Mayorga, su construcción minimalista. Algo así como una revolución con cadencia de reforma.

En el (no) debate sobre el tema, que circula lejos del espacio público, están los que aseguran, con ceguera oficialista, que ya tenemos un Estado Plurinacional que desplazó al Estado nación. Como si bastaran los adjetivos y los símbolos. Del otro lado están los que juran, con sordera opositora, que el Estado Plurinacional es solo una “cáscara vacía” (sic). Como si bastaran las rabietas y los prejuicios. Hay muchos grises entre el paraíso y la catástrofe.

Sobran también las falacias. La más común es oponer el Estado Plurinacional (en construcción) con la República (establecida), como si fuesen excluyentes. Así, unos desprecian la República por ser “neoliberal” y cosas peores. Otros, con nostalgia señorial y de clase, sueñan con “volver a la República” sobre los escombros del EP. Qué difícil asumir que el nuevo modelo de Estado, en clave de complementariedad intercultural, será plurinacional y republicano.

Otra falacia, más bien chapucera, es creer que el Estado Plurinacional es sinónimo de gobierno del MAS. Y que debe dominarse/eliminarse. Cuesta entender que el EP, con centro en la pluralidad, la heterogeneidad y la libre determinación, precede al masismo y, claro, lo trasciende. Pero la falacia más peligrosa es la que proclama que el Estado Plurinacional es, en realidad, un “Estado indígena”. Teñidos de racismo, los criollos locales confunden derechos colectivos con privilegios.

Más allá del balance sobre los avances/ murallas en estos tres lustros, lo triste es la ausencia de deliberación pública sobre las condiciones de construcción del Estado Plurinacional en un horizonte emancipatorio. Predominan los extremos, las falacias y, hoy, las miserias. Es imprescindible un nuevo impulso constituyente. 

FadoCracia derechosa

1. En medio de la persistente polarización y la recargada querella entre facciones, ahora resulta que las cuatro bancadas representadas en la A-Ele-Pe son de derecha. Al menos así dice la discursividad política. Veamos. 2. La bancada de Luis Fernando, de base regional, es de derecha confesional-fundamentalista (antes “extrema derecha separatista”), salpicada con disidencias de derecha conciliadora. 3. La de Carlos Diego, en tanto, es una bancada de derecha mestiza, con cara de centro y escudo en el pecho. Los expulsados de la alianza son la derecha “vendida”. 4. ¿Y la bancada de Lucho-David? Es la derecha “encaramada” en el Gobierno, ergo, los “primeros enemigos” del MAS-IPSP. 5. Queda la bancada de Juan Evo. La acusan de ser la “nueva” derecha, hoy aliada con la derecha tradicional, en plan de desestabilización. 6. Con tantas versiones de la derecha en la Asamblea, y otras delirantes por fuera (bunkeros, tutistas, libertarios), se comprende la situación de bloqueo y parálisis decisoria. 7. Así, es probable que la derecha gane las elecciones 2025. Lo que todavía no está claro es cuál.

José Luis Exeni Rodríguez es politólogo

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Mandatos de papel

Hay que debatirlo. A no ser que ‘Lucho no estás solo’ nos sorprenda mañana con cambios en el gabinete.

/ 21 de enero de 2024 / 00:14

El pasado 17 de octubre, a dos décadas de la guerra del gas/masacre en El Alto, se realizó un cabildo convocado por la dirigencia arcista del Pacto de Unidad. Era la respuesta al congreso del MAS-IPSP, de la facción evista, celebrado días antes en Lauca Ñ. Había que lograr un empate en la precoz disputa interna por la candidatura presidencial 2025. El cabildo concluyó con un manifiesto y 19 mandatos entregados con gran ruido y júbilo al presidente Arce.

Transcurridos tres meses del “cabildo del pueblo”, ¿cómo van los mandatos que, en el papel, en los discursos, debían iniciar “la reconstrucción del proceso de cambio”? De los 19 puntos, siete eran solo declarativos o exigencias de coyuntura. Los otros 12, en cambio, implicaban acciones y, en su caso, resultados. “Vamos a hacer cumplirlo”, prometió Lucho tras recibir el documento. A la fecha, el saldo general es de incumplimiento o, peor, olvido.

Entre los mandatos había uno estratégico y otro instrumental. El primero era la conformación de una comisión política para elaborar una tesis política que defina el horizonte patrio, incluyendo nueva agenda y programa de gobierno. No hay noticia de tal comisión ni, por tanto, de la proclamada tesis. El segundo mandato era convocar al “verdadero” congreso del MAS-IPSP. No hay ni habrá dicha convocatoria. No puede haberla al margen del partido bajo control del evismo.

Hubo nueve mandatos específicos para el Órgano Ejecutivo. ¿En qué están? No se conformó un gabinete social ni se ajustó el equipo de (vice)ministros, no se convocaron un congreso de salud ni tampoco uno de educación, no se desterraron la corrupción y la burocracia ni se sancionó “ejemplarmente” a los verdaderos narcotraficantes, en fin, no se fortaleció la lucha contra el contrabando. ¿Se profundizó la integración de las organizaciones comunitarias con la industrialización? ¿Hubo medidas rápidas contra la deforestación y la contaminación? ¿Se impulsaron acciones de emergencia contra la crisis climática? No saben/no responden.

Claro que 90 días son pocos para tantos mandatos, algunos de ellos de carácter estructural (como el dirigido al Órgano Judicial de “implementar de forma inmediata y urgente la reforma total del sistema de justicia”). Pero al menos algo del manifiesto, hoy desaparecido, podría estar en agenda. Así, el cabildo oficialista alteño, igual que los cabildos cívicos (en especial cruceños), demuestran que la mayoría de sus resoluciones y mandatos, sobre los cuales no hay deliberación alguna, son solo papel mojado.

Hay que debatirlo. A no ser que “Lucho no estás solo” nos sorprenda mañana con cambios en el gabinete.

FadoCracia manchada

1. ¿Cuántos policías corruptos son necesarios para terminar de “manchar” a la Policía Boliviana? ¿O es que la institución verde olivo está estructuralmente descompuesta y, más bien, se nutre de “malos elementos”? 2. Volteos, encubrimientos, sobornos, estafas, coimas, fugas y otras conocidas prácticas son parte del modus operandi asociado a la Policía. 3. Ni hablemos de los motines: ora para blindarse y perforar su régimen disciplinario, ora por la ambición de beneficios a cuenta de un gobierno de facto. 4. Cierto que hay buenos policías, que ejercen sus funciones con integridad. Pero el protagonismo en la canasta, como ocurre con fiscales y jueces, lo tienen las manzanas podridas. 5. El reciente volteo de un millón de dólares, por mano de tres policías, parece la regla que confirma las excepciones. 6. ¿Qué hacer con la institución del (des)orden y su misión constitucional de defensa de la sociedad y conservación del orden público? Sucesivos intentos de reforma, anunciados con convicción, empiedran el camino. 7. Bien por los ejercicios para poner en forma a los policías gorditos. Pero el problema no es de peso, sino de metástasis.

José Luis Exeni Rodríguez es politólogo.

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Removiendo escenarios

/ 7 de enero de 2024 / 05:15

El 2023 se marchó con aplicación estricta del guión trazado desde abril: bloqueo indefinido de las elecciones judiciales, por acción combinada de operadores políticos y judiciales; degradado juego de suma cero en la batalla interna del MAS-IPSP, con daño colateral al TSE; autoprórroga sine die del mandato de los magistrados; y sentencia constitucional, el día de los Santos Inocentes, con fundamentos contra la reelección metidos de contrabando. Casi de manual.

Lo menos evidente, que abona la niebla en los escenarios políticos de 2024, es la parálisis decisoria en la ALP (hubo receso de facto sin aprobación del presupuesto, ni convocatoria a elecciones judiciales, ni autorización de ascensos a generales); el desbarajuste en la élite cruceña, hoy dividida y con crisis de representación, en torno a la cabeza en la gobernación departamental; y la consagración en forma del TCP como un inquietante y peligroso suprapoder.

En tales condiciones iniciamos el nuevo año, entre asignaturas pendientes y complejos retos por venir. Lo inevitable es el Censo de Población, el 23 de marzo. Suponiendo que todo va razonablemente bien en el operativo, la querella por los datos será en septiembre: cuántos somos, cómo se redistribuyen los recursos, cuánto se mueven los escaños. Con el añadido de guerra sucia contra el padrón electoral y falacias sobre las circunscripciones.

Hasta el 5 de mayo, siete partidos, incluido el MAS-IPSP, deben renovar sus directivas. Parece difícil que las facciones azules acuerden un nuevo congreso ordinario. Será el anticipo de las primarias para binomios presidenciales, que debieran ser convocadas en agosto. Es probable que una decisión política en la ALP las deje en suspenso. Y están en agenda las elecciones judiciales. Sospecho que continuarán obstruidas por el consorcio político-judicial.

Persisten algunos factores de incertidumbre en el campo político-institucional. ¿La situación de gobierno dividido en la ALP se afrontará con acuerdos puntuales, devendrá en bloqueo/veto sistemático o se tramitará en los juzgados (la acción del TCP contra el Senado es inaudita)? ¿La disputa por la candidatura presidencial en el MAS-IPSP llegará hasta la implosión del instrumento político? ¿La mentada “unidad opositora” le ganará a su evidente fragmentación?

Y está en curso un gran riesgo para el sistema electoral y, por tanto, para la democracia. ¿El TSE preservará el carácter irrevisable de sus resoluciones en materia electoral o acaso la definición de candidaturas, la convocatoria a elecciones y hasta la validez de los resultados dependerán de la mano gris de un juez o un par de magistrados? Intenso 2024.

FadoCracia magistratus

1. En poco tiempo, los magistrados del Te- CePé fueron héroes y villanos al mismo tiempo. Es el problema de las sentencias a la carta: gustan solo a quienes benefician. 2. El 31 de julio (sentencia 0060), pusieron un candado a la convocatoria de las elecciones judiciales. Héroes. Las minorías tienen poder de veto. 3. El 11 de diciembre (declaración 0049), se autoprorrogaron en el cargo “hasta que se elijan nuevas autoridades”. Supervillanos. 4. El 28 de diciembre (sentencia 1010), dos magistrados encajaron argumentos sobre el derecho al sufragio, generando celebración precoz. Megahéroes. Pero resulta que habían dejado intacto el “derecho humano” a la repostulación. “Vulgares tramoyistas”. 5. Y el 29 de diciembre (sentencia 2021), el último día de su mandato, dispusieron que el Vicegobernador asuma la suplencia temporal en el cargo de Gobernador de Santa Cruz. Ultravillanos. 6. Hay una coalición informal que está gobernando el país a punta de sentencias. 7. Con héroes/villanos en las altas cortes se inhabilita la primacía de la Constitución. Todos perdemos. Cuidado la criatura termine devorando a sus creadores.

 José Luis Exeni Rodríguez es politólogo

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Revocar la democracia

¿El crecimiento de la extrema derecha no anticipa un acentuado ciclo de fascismo social y hasta de fascismo político?

/ 24 de diciembre de 2023 / 00:18

El 17 de febrero de 2019 fue un día histórico para la democracia directa en Bolivia. Ese domingo, en Bolpebra, se votó por la revocatoria de mandato del alcalde electo en 2015. Fue la primera vez, y por ahora única, en la que una iniciativa popular llegaba a las urnas. Día histórico, pero fallido. El 82% votó por el Sí, pero la participación fue apenas del 24%. El alcalde permaneció en el cargo. Y el mecanismo siguió sin estrenarse.

Entre diciembre de 2017 y enero de 2018 hubo 245 iniciativas para revocar autoridades y representantes electos: 167 cumplieron los requisitos para habilitar la recolección de firmas, pero 166 se archivaron por desistimiento o falta de adhesiones. Únicamente prosperó Bolpebra. Los promotores lograron las firmas y batallaron un año hasta que, superando varios escollos, ley mediante, se convocó al referéndum.

Señalo la excepción que confirma la regla: existen principios y derechos reconocidos en la Constitución cuyo ejercicio está obstruido por ley o maniobra. Hay serios límites en la democracia directa y participativa. Persiste la invisibilidad y subordinación de la democracia comunitaria. Y ni hablemos de las “promesas incumplidas” de la democracia liberal-representativa. La demodiversidad continúa siendo una buena idea.

Claro que una cosa es valorar la democracia como forma de gobierno y otra distinta calificar su desempeño. Los datos son preocupantes. Una reciente encuesta de la Fundación Friedrich Ebert (FES) muestra que el 65% de la ciudadanía está insatisfecho con el funcionamiento de la democracia. Pero lo más crítico es que solo el 49% la prefiere en lugar de un gobierno autoritario. O es indiferente. Es una tendencia regional. El apoyo a la democracia en su mala hora.

Hace seis años, el Latinobarómetro alertó que estábamos ante una “democracia diabética”: declive paulatino y lento de múltiples indicadores, que no alarman, pero en conjunto expresan un deterioro sistemático y creciente. Tiempo de desconsolidación. En 2020 vino la triple crisis: política, sanitaria y económica: sin ilusión, con malestar, demandas inelásticas. “Adiós a Macondo”. Hoy se declara recesión democrática en América Latina.

¿La democracia es irreversible? ¿O estamos ante un sombrío paisaje en el que, en nombre de la “libertad”, motosierra en mano, se pretende revocar la democracia y revertir derechos? ¿El crecimiento de la extrema derecha no anticipa un acentuado ciclo de fascismo social y hasta de fascismo político? En fin: si las y los ciudadanos no podemos revocar a los gobiernos autoritarios, ¿podrán éstos revocar por decreto la convivencia democrática?

El 2024 será democrático o no será. Venga.

 FadoCracia libertaria

1. La libertad, carajo, es una delicia. En especial cuando estás en el poder. Avanza y avanza, como decretazo. Todo sea por la necesidad. Y la urgencia. 2. Claro que hay excepciones. Faltaba más. La libertad, ingenuos abstenerse, es selectiva. Aplica solo para la “gente de bien”. Los libert/arios lo saben. Y lo celebran. 3. Si eres gente de mal, muerta de hambre, no te mereces la libertad. Para ti está reservado un protocolo de matonaje. 4. Vamos aprendiendo: aunque la (extrema) derecha se vista de seda, derecha (extrema) se queda. Las políticas neoliberales, por mucho empaque libertario que tengan, son nomás la misma salvaje receta neoliberal. 5. ¿“No hay alternativa” como dijo Thatcher hace más de cuatro décadas? ¿“No hay plata” como asegura hoy el hombrecito de la casta? 6. Claro que hay alternativa, y plata, para beneficiar a los amigos y sus privilegios. ¿Y el pueblo laburador? Que se joda. 7. Cuando te digan viva la libertad carajo, no les creas. Ni un tantito. Los patoteros estafadores son ellos.

 José Luis Exeni Rodríguez es politólogo. 

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