Voces

Thursday 24 Nov 2022 | Actualizado a 19:02 PM

La pelota no se mancha

/ 20 de noviembre de 2022 / 00:40

Estas últimas semanas el país giró en torno al mismo centro: el Censo. Que el 2023 o muerte, que la argumentación técnica, que la politización, que las reuniones, que los portazos, que los bloqueos, que los cercos, que la violencia, que los muertos, que las agresiones a las mujeres, que los titulares a medida, que los cabildos, que las noticias falsas, que los proyectos de ley, que el cansancio en las calles.

Pero el mundo es redondo y da vueltas. La pelota también y, encima, no se mancha. A partir de ahora, los espacios y pesos del conflicto serán otros. En el país vecino, la ministra de Trabajo argentina dijo que bajar la inflación no es la prioridad, que eso puede esperar, que lo “primero es que Argentina salga campeón”. No es que el mundo se detiene. Es más bien que mira a otro lado. Mira a Catar. Y Catar se deja ad/mirar.

Pasó con cada país que fue sede del Mundial: vestidos de lentejuelas listos para recibir a los visitantes, ya que pocos acontecimientos logran concentrar los lentes de las inmensas estructuras mediáticas. Lo explica con claridad y sin titubear Jorge Barraza, en una de sus últimas columnas de LA RAZÓN: se busca cautivar al mundo. Sin olvidar que está desde el ejemplo de Italia que “tiró el país por la ventana” hasta el otro extremo, un Estados Unidos que fue más utilitario que creativo. De cumplir, cumplieron, pero hasta ahí, los norteamericanos.

Este 2022, Catar abre las puertas del país de Nunca Jamás porque lo que hoy se inaugura es inédito incluso para los especialistas. Este espectáculo futbolero no se puede comparar con ninguna experiencia anterior. Un país con dos millones de habitantes que recibe un número parecido desde estos días. Un pedacito de planeta, con una asombrosa historia, una extraña estructura política, una economía de composición singular, un cóctel cultural y religioso que despierta agudos cuestionamientos, un pedacito de planeta que dedicó dinero, esfuerzos y tiempo en construir impresionantes instalaciones y tejer negociaciones del más alto nivel para celebrar desde hoy la más costosa fiesta del fútbol.

Sin embargo, el emirato está bajo el dedo índice de Occidente. Comencemos con las más preocupantes acusaciones que, poco tiempo anterior a este domingo, tuvieron sonoros ecos de los grandes medios europeos. Barraza recuerda una pancarta que resume el espíritu del dedo acusador: “15.000 muertos por 5.760 minutos de fútbol… ¡Qué vergüenza!” En efecto, un asunto que debe ser esclarecido porque está en cuestión la muerte de trabajadores y condiciones inhumanas. Por ahora no hay una investigación que certifique las cifras que medios publican. Se dice que organizaciones de derechos humanos siguen recolectando pruebas. Habrá que esperar y habrá que exigir que estas denuncias no queden en ámbitos periodísticos. Con este mismo entusiasmo, se podría evaluar también la organización de la final de Champions en París que dio paso a ejércitos de delincuentes y atracadores que en una noche hicieron estragos. Con la misma firmeza podríamos preguntarnos también si el tiempo de guerra que hoy llena las páginas informativas (que le costó la expulsión a Rusia) es compatible o decoroso con la fiesta del deporte más popular. Por ahora, Francia está decidida en sus acciones: siete ciudades francesas, París incluida, no transmitirán los partidos en pantallas gigantes. El argumento es que Catar se ha convertido en un desastre humano y ambiental. Très bien. Con todo, si se trata de defender principios, sería más lindo ir hasta el final: ¿en Francia se pensó en la posibilidad de que no participe su selección, como clara señal de protesta? ¿Liberté, égalité, sin Mbappé?

El punto es que éste parece ser un momento privilegiado para lanzar dardos mediáticos desde Occidente olvidando que el abuso o el patriarcado no tiene fronteras. Mientras tanto, figuras de la música para las masas como Shakira ya dieron el portazo a Catar. La batalla solo comienza. De una canción emocionante y contagiosa puede depender la madre de las batallas. O pregunten a Piqué cómo una canción pesa en la balanza de las percepciones. Los-fe-li-ci-to-qué- bien-ac-túan...

Eduardo Galeano, en uno de sus cortos y cortantes relatos, visibilizaba: “Mohammed Ashraf no va a la escuela. Desde que sale el sol hasta que asoma la luna, él corta, recorta, perfora, arma y cose pelotas de fútbol, que salen rodando de la aldea paquistaní de Umar Kot hacia los estadios del mundo. Mohammed tiene once años. Hace esto desde los cinco. Si supiera leer, y leer en inglés, podría entender la inscripción que él pega en cada una de sus obras: esta pelota no ha sido fabricada por niños”. A espaldas de niños como Mohammed, el mundo sigue girando. Las pelotas no dejaron de rodar. La explotación, la pobreza y la hipocresía, tampoco.

Claudia Benavente es doctora en ciencias sociales y stronguista.

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Los diccionarios

/ 6 de noviembre de 2022 / 00:34

El espíritu de estas líneas se origina en un pequeño restaurante que ofrece un buen y económico almuerzo en el paceño barrio de San Miguel. Todo estaba claro y delicioso en ese desfile: se entraba con una jarrita de limonada, un salpicón de pollo, seguía una irreprochable sopa de sémola, se coronaba un medio lomito montado por su huevo (ahí mi plato sufrió un pequeño asalto en el que perdí tres papas fritas) y se clausuraba el menú con una compota tibia de manzana. Fue en ese momento cuando mi hijo preguntó: “¿Qué es eso?” Compota. “¿Qué es compota?” Señalé el postre. “¿O sea?”. Toc, toc, toc a Google: Alimento de consumo habitual. Consiste en cocer poco tiempo la fruta entera o cortada en trozos con azúcar. Sonrió triunfante el asaltante de mis papas al verme arrinconada leyendo una definición para terminar con el acoso adolescente. Remató con dulzura: “¿Muy guasito?”

Guaso: Coloquial despectivo. América del Sur. Persona de modales rústicos, sin educación. Grosero. Mi compañero de almuerzo no fue guasito. Quienes sí estuvieron muy guasitos son algunos bloqueadores en la ciudad de Santa Cruz, en estos últimos días, que entraron a negocios para determinar el cierre de puertas. Si el paro es voluntario, mal se ven los que se las dan de policías insultando y dando órdenes de cierre de un café, de un restaurante o de una tiendita. O esos otros que clausuran vías durante el paro y encima hacen cobros a peatones o a taxis. Ahora, quienes bloquean las vías sin respetar el paso de las ambulancias o quienes se desplazan ruidosamente en grupo y pretenden imponer sus medidas de paro con palo en mano dejando un cadáver a su paso, como ocurrió con el funcionario Pablo Taborga, de la Alcaldía de Puerto Quijarro, quien murió por golpes en la cabeza, ya no son guasitos. Son violentos.

Violento, violenta. Que usa la violencia o es propenso a fomentar conflictos. Dentro de esta definición de diccionario podemos poner también a miembros de la Unión Juvenil Cruceñista que supuestamente intentaban evitar el ingreso de una columna de campesinos en La Guardia y destrozaron el Comando Policial del municipio, dañaron seis coches patrulla que dejaron con marcas de bala. O sea, había por lo menos una persona armada. Esta definición también le abre las puertas al Subgobernador de la Chiquitanía que, torso descubierto, gorrito de machito, movimientos de caporal, agredió a látigo a mujeres ayoreas a quienes insultó con evidentes muestras de racismo. Están los videos en nuestros teléfonos. Violencia y abuso.

Abuso: Acción de abusar. Abusar: Hacer uso excesivo, injusto o indebido de algo o de alguien. Bajo esta definición pueden entrar todos los que ponen en una lista de traidores a quienes no comulgan con sus ideas. El Gobernador de Santa Cruz aludió en días pasados a una “lista de traidores” cuyo único destino es la muerte civil. En la lista desfilaron (en redes sociales, ojo) la Ministra de la Presidencia, el Alcalde de Santa Cruz, el Vocero Presidencial, algún periodista de pelaje indeterminado y otros actores más. El número es lo de menos, la lista es lo de más. Habrá que ver, sin embargo, la verificación de este tipo de informaciones en redes. La mala es que las noticias de varios medios pueden generar más preocupación que las guasadas, las violencias o los abusos porque traen una palabra más: la falsedad.

Falsedad: Falta de verdad o autenticidad. Falta de conformidad entre las palabras, las ideas y las cosas. Que el paseo en moto de Evo Morales con la hermana de Lima Lobo, que el hijo de Taborga desmiente que su padre haya muerto por golpes en la cabeza (ni siquiera era el hijo), que todo campesino es asociado con el oficialismo, que la Policía acompaña marchas, que los actos violentos son mayoritariamente del MAS… así, mucha gente se contamina de prejuicios, de falsedades, de odio. Y terminamos viendo masivos bloqueos en Brasil acompañados de numerosos grupos tocando las puertas de los militares. “Hubo fraude”. “No queremos el comunismo de Lula”. Las falsedades nos llevan a la distorsión.

Distorsión: Acción de torcer o desequilibrar la disposición de figuras en general o de elementos artísticos, o de presentar o interpretar hechos, intenciones, deformándolos de modo intencionado. Además de algunos titulares, en esta bolsa entra la versión peruana alterada de Collita: “Lindas montañas te vieron nacer, el Titicaca tu cuna meció y la kantuta su alma te dio, kullawita tenías que ser”. El grupo Los Tattas está mamando.

Mamar:…

Claudia Benavente es doctora en ciencias sociales y stronguista.

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Paceñochukutacochalacollacamba

/ 23 de octubre de 2022 / 00:08

Esta columna verá la luz en el segundo día del paro indefinido en Santa Cruz; tres días después del aniversario 474 de Nuestra Señora de La Paz y de repente lo que parece desconectado no lo está tanto.

“La Paz, mi ciudad: eres llok’alla lavando autos, eres matraca con su moreno” es uno de los fragmentos del Manuel Monroy que más paceñamente evoca esta ciudad de doble identidad. Cada vez que nuestro columnista Édgar Arandia es entrevistado sobre el tema repasa con marcador grueso las líneas que dividen al mismo tiempo que costuran La Paz y Chuquiago Marka. Cuando un viernes compramos pescado fresco cerca del Cementerio General y rematamos la compra con una gelatina/chantillí, estamos en Chuquiago Marka. Cuando correteamos a las doce de un domingo detrás de las últimas salteñas picantes de carne en Calacoto, cerca de la iglesia de San Miguel y nos enfrascamos en la discusión de si la salteña lleva o no aceituna, estamos en La Paz. Ambos universos son maravillosos a condición de no confundir, señoras y señores. Estas dos ciudades se codean, se empujonean, se sobreponen, se pelean, se miran feo, se besan, se casan y se divorcian todos los días.

A días de que el capitán Alonso de Mendoza suscriba en 1548 el acta de fundación en Laja, la Señora de La Paz es trasladada al valle de Chuquiago. La razón fue la de todos los tiempos, el valle ofrecía agua y abrigo de los vientos y los fríos del Altiplano. Hay otra razón, no menor: Pedro de la Gasca, presidente de la Real Audiencia de Lima, ordena a don Alonso fundar una ciudad que simbolice la paz entre españoles enfrentados en su guerra civil, pero sobre todo, que pueda proteger el comercio entre el centro costero de Arequipa, Cusco, La Plata y Potosí. El comercio desde ese 1548 y antes, mucho antes, era ya el núcleo existencial de nuestra entrañable ciudad. Entre ríos y riachuelos la ocupación inca había dejado ya su huella. Y si retrocedemos, era también el centro articulador de pequeños pueblos dedicados al pastoreo de llamas y alpacas. Centro articulador de variadas ecologías, centro aurífero. El comercio entre distantes, la articulación entre actores diferentes, la incansable relación con ese otro han sellado sin duda la identidad de esta ciudad de dos nombres, de dos fuerzas, de dos plazas (la de españoles, la de indígenas). La cara actual o mejor, el doble rostro de este espacio contemplado por el Illimani sigue respondiendo a todas estas coordenadas históricas. Arandia dijo y escribió que es difícil encontrar a paceños por derecha e izquierda. Cierto. Esta A, por ejemplo, tiene dos abuelos paceños, una abuela cochabambina, un abuelo beniano-cruceño, por no citar más ramas del mismo mestizaje. Papa, ispi, caya, charque, cordero, sábalo, yuca, todos los colores de ajíes y el carácter de mi abuela cochala definieron mi esencia. Esencia que un domingo como éste sigue vibrando con la celebración paceñochukuta del 20 de octubre y, al mismo tiempo, trata de flotar en la confusión que provocó ese audio que se hizo viral en esta semana preparatoria del paro cruceño. Se trata de una voz camba que suena como la de mi abuelo, papi César, que de niña me cantaba repentinamente: “cunumicita linda/ que tienes ojos de guapurú”; una voz camba que en mi celular repite: “son los collas de mierda que nos roban a nosotros los cambas (…) nos roban, nos asaltan, ladrones, asaltantes, corruptos, delincuentes, todingos los políticos (…) collas de mierda carajo”. Quien habla en ese audio, además de maltratar con sus adjetivos a una mujer a la que pretende sacar de la sala a punta de disparates, se declara descendiente de Rómulo Herrera Justiniano. “Fue el primer rector de esta universidad”, remata la voz mientras yo me esfuerzo en recordar la otra voz, la voz camba, la voz cálida, la voz generosa de mi abuelo, Julio César Parada Callaú, combatiente de la Guerra del Chaco, Héroe del Kilómetro 7, amante de su mandolina, amante de su patria Bolivia, una gran nación.

Claudia Benavente es doctora en ciencias sociales y stronguista.

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La guitarra con su Manuel

/ 9 de octubre de 2022 / 05:41

Manuel es primero Manuelito. Este chiquito con sus rulos nace inevitablemente enganchado a la guitarra. Claro, nieto del músico Andrés Chazarreta, pero sobre todo hijo de la gran concertista Ana Chazarreta, ya puede hablar de una carrera artística a sus siete años. En la Zamba para Anita está el Papirri recordando a su mamá que lo dejó “tan wawita, abrazado a su guitarra”, una de las canciones más sentidas, la canción para el “angelito de colores alegrándole la infancia”. Anita llena de flores las nostalgias de Manuel. La nostalgia de su mano tibia en la almohada del pequeño. “¿Será que esta mi pluma tan mundana alcanza?” pregunta el niño. Tu pluma alcanzó para contar el gran milagro de ese amor, Manuel. Pero no solo eso. Tu pluma y los acordes maternales alcanzaron para más. Cada canción alcanzó.

Alcanzó “para sacudirse las penas, como arvejas de la falda”. Muchos sabemos, desde entonces cómo “planchar el corazón con chichita bien helada”. Y antes, en el año 80, ya había alcanzado para hacer frente a las traiciones desgarradoras del corazón. “Hasta ahora no entiendo, hasta ahurita no engrano, por qué agujero de tu alma se fue chorreando mi amor”. Grave fue cantar ésta. Por suerte seguiste componiendo. Solo así pudimos olvidar a los olvidables gracias a los vientos del olvido: “En las mañanas tengo que aspirar polvos del olvido, la única manera es para vivir, estornudo tu amor, achís, para que ni yo ni tú te acuerdes de mí”. Por suerte seguiste cantando y andando. Solo así pude (pudimos tantos) recobrar la esperanza, la ilusión, para levantar la bandera arco iris del amor que renace: “Estoy camote de vos, pucha que me haces feliz, es tu presencia que me hace vivir, estoy camote hasta el fin. Parece que no me crees, mi bien, te lo digo en japonés”. Wataschi camote des.

Alcanzó cada canción para enamorarse, todavía más, de La Paz. “La Paz, mi ciudad, eres llok’alla lavando autos, eres matraca con su moreno, eres mi pena con su alegría, eres la coca de los obreros, eres la casa que nunca tuve, eres la cuna de libertarios”. Personajes paceños saltan de una historia a otra, como Maribel que se casó con ese sordo del alma, el exminero que escucha en su estéreo si juega Etcheverry, la Margarita sentada en la oreja de la cabeza de Zepita, aspirando tíner. Y en las faldas de ese mismo Illimani, jopo de la ciudad, sube y baja las calles el pepino sin traje, el que busca pega, con chamarra de cuero, en la Yungas. Desde que le cantaste a la Alasita, Papirri, otra cosa es salir el 24 de enero a dibujar los sueños, entre pastel con api y el choclo con queso. Otra cosa.

Alcanzó para bailar. “Por apretarme a tu cinturita ya dices que soy papá”. Bailar con alegría paceña, bailar con alegría de pueblo, bailar con sangre aymara reinando en los carnavales. Para esta A, el Pepino pandillero fue la canción oficial del baño tibio, desde que nació, de mi paceñísimo Julián. La guitarra te alcanzó para patinar con tanta gracia entre ritmos y hacernos bailar la morenada/nada, la Saya del Chocolatín, la kullawada Alaracamente, o la cumbia Chutis.

También alcanzó la chacota, y hasta sobró, para rimar y reír. “Qué tal, metal; normal, Pascual; ya sé, José; qué te pasa, calabaza; salud, mamut; okey, Mickey”. Se abrió entre tus dedos para no cerrarse never in the life el libro de las metafísicas populares. Todos tienen sus favoritas. No hacen más que multiplicarse, como los panes del milagro: “Bien preocupado estoy pero qué me importa/ andá clausurá la inaugurashón/ si sale osbcuro, clarito va a ser/ese médico es bien paciente/tu celular suena apagado/se pintan casas a domicilio/no te olvides de hacerme recuerdo/ bien inteligente es este cojudo.”

Pucha, Papirri, para todo alcanzó. Sin embargo falta que sigas componiendo. Tu canto aún está incompleto. Así que nada de cansarse, che. La lucha es el descanso. Ni las enfermedades, ni los odios, ni la distancia que hoy te separa de tu Chuquiago Marka, pueden quitarte impulso, como cuentas estas semanas en la columna de LA RAZÓN, tu casa. Nos quedan quichicientos capítulos por vivir, por sufrir, por amar; las batallas hacen cola, pero la hacen también las victorias y las alegrías. ¿Quién le va a poner letra y música al futuro si te cansas? Nos alegraremos, Papirri. Chicos, vamos al concierto del Manuelito hoy en el Teatro Municipal y le haremos sentir que lo queremos, que lo admiramos. Bien “este” se está poniendo con su edad, con su “no sé cuándo nos veremos” (yaaaaa), con su “serán estos jóvenes y niños quienes interpretarán mis canciones en mi ausencia” (yaaaaaa). Na que ver. A seguir creando, cuate, a seguir cantando, que lo mejor está por llegar, Manuel.

Claudia Benavente es doctora en ciencias sociales y stronguista

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Ángeles y demonios

/ 25 de septiembre de 2022 / 02:23

Los seres humanos, ya quedó ampliamente demostrado, somos capaces de los actos más crueles, más obscuros y malvados, como somos capaces de transformarnos en centros de irradiación de ternura, de compasión y de bondad. Somos, en un mismo cuerpo, ángel y demonio.

Perros matados, sin piedad, salvajemente, a palos, en un botadero. La investigación en la ciudad de El Alto sobre este hecho está en curso a raíz de una denuncia de Comunidad Ciudadana pero imágenes provenientes de un celular nos han lastimado el fondo del pecho y nos avergüenzan como sociedad. Sin embargo, devuelve el aliento saber que hay mujeres y hombres (afortunadamente entre ellos muchos jóvenes) amantes de los animales y comprometidos con acabar el sufrimiento, el abandono o el maltrato tanto a perros o gatos como a tantas especies silvestres víctimas de nuestra violencia contra una naturaleza hoy tras las rejas del salvajismo capitalista y de nuestra ignorancia.

Podemos ser indolentes con otros seres vivos como podemos ser indolentes y abusivos con nuestros semejantes. Lo saben en los barrios paceños de Villa Fátima y Villa El Carmen, donde los estudiantes no pueden ir a estudiar porque las invasiones de organizaciones cocaleras siembran miedo mediante agresiones a quienes nada tienen que ver con estos obscuros conflictos del mundo cocalero; quiebran derechos ciudadanos básicos a punta de dinamitazos aun a costa de sus propias vidas. Al frente está esa otra categoría de personas que, pudiendo dedicar su vida a algo más rentable, velan genuinamente por los derechos humanos, sin permitirse exclusiones en función de sus conveniencias políticas, sin temor al poder establecido, sin utilizar la violación de derechos de los más frágiles pensando en su propio proyecto político o en una estrategia de marketing personal.

El maltrato y el abuso no solo sale de la mano con el palo en un biocidio o de la mano despiadada y odiadora del feminicida. Se puede agredir en las circunstancias menos pensadas, durante nuestros tiempos libres, por ejemplo. ¿O no lo hacen las empresas que ofrecieron conciertos de famosos que llegaron de otros países para estafar a miles de personas que pagaron su entrada sin ver nada? En la otra vereda están los artistas que sí se comprometen con su trabajo. Hace poco las Mentes Ociosas presentaron una velada maravillosa en un restaurant paceño. Como cada vez que convocan, lo hacen para transmitir una propuesta creativa, talentosa y, ante todo, cariñosa y agradecida con su público. Tan por encima de los 40 bolivianos que cobran por entregarlo todo en su escenario, un trabajo envuelto en una manta de cariño que endulza el lugar y diez cuadras a la redonda.

Así pasa donde pongamos la vista. La moneda con sus dos caras rueda por cada rincón de nuestra sociedad boliviana. La cara de esa moneda puede ser un calculador comerciante de ropa que saca a su importación un obsceno margen de ganancia mientras la cruz de la moneda está en una joven diseñadora que en un mercado de arte ambulante ofrece, bajo sol o castigada por el frío de una plaza, sus diseños de bolsos y billeteras, su trabajo cuidado, su trato empático y sus precios amistosos. La cara puede ser un grupo de autoritarios machistas que sacan al Alcalde de Viacha de un inicio de obra, a empujones, para obligarlo a “dialogar” y en acto de agravio le ponen una pollera. El otro lado de esa moneda son todas las mujeres que a diario visten esa pollera para ir a limpiar o cocinar en casas ajenas a cambio de poco; para trabajar en las construcciones pese a la discriminación o el acoso de los albañiles varones; para legislar en una Asamblea donde son mal miradas por algunos señoritos “bien”; para abrir desde temprano su puesto de fruta y enseguida instalarse arriba de las mejores frutillas, de las verdes o rojas manzanas, en la cima de imponentes chirimoyas, escoltadas por ejércitos de plátanos verdes y maduros, para mirarnos y vendernos desde ese trono, con más orgullo, con más elegancia y con mucho más derecho que la mismísima Isabel II.

Claudia Benavente es doctora en ciencias sociales y stronguista.

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La A de aquí y ahora

/ 11 de septiembre de 2022 / 00:27

Qué semana… Los acontecimientos, o, mejor, sus relatos mediáticos, se han instalado en nuestros cotidianos desde la ventana todopoderosa de nuestros smartphones, dejando poco a poco en la periferia la radio, el periódico y la pantalla chica (que a estas alturas de la tecnología y frente a nuestros celus, tabletas o compus es la pantalla grande).

El 1 de septiembre, caída la noche, una notificación nos unía en la atención: acababan de apuntar con un arma y gatillar contra la Vicepresidenta argentina. Misteriosamente, el desastre no se produjo. Lo que no tiene misterio alguno es que la polarización en nuestra región ya necesita de un psiquiatra. Los polos ideológicos, la política desde el odio, los medios que a diario ofrecen el striptease de sus obscuras intenciones y una sociedad embriagada por la desinformación nos han llevado a presenciar este intento de magnicidio que imprimió una foto más de nuestra locura. En Bolivia, contados días previos vimos, unos con filtro, los más sin filtro, en pantallas de todos los tamaños, cómo un manifestante cocalero perdía una parte de su brazo manipulando una dinamita en pleno enfrentamiento callejero. Horas después, volvía a reponerse ese western cocalero en el barrio paceño de Villa Fátima y alrededores; el show debe continuar: luz, cámara, dinamitas. Hablando de luz y cámaras, ¿quién se está perdiendo en estas semanas últimas la ruptura de la pareja de estrellitas marineras? A izquierda y a derecha la gente se volvió pro Shakira o pro Piqué. Ay, los impulsos de Tik- Tok. Por esa misma ventana u otras redes entraron también las tensiones entre diferentes líderes del Movimiento Al Socialismo. Papita para el lorito. Lo cierto es que entre declaraciones de Evo Morales, respuestas de diputados o ministros, acusaciones, adjetivos o amenazas, esta pista principal del espectáculo político boliviano no tuvo competencia. Se esperan las próximas jugadas en el tablero azul y negro con un atento y hambriento público opositor aplaudiendo y abajo, sin red de contención, medios con los colmillos afilados esperando la caída de cualquier pedazo. Y lo que cae durante esas mismas horas es el hueso de otro escándalo de corrupción en Santa Cruz. El flamante canal Detrás de la Verdad TV se estrena con la revelación de un audio que expone al ex Secretario de Salud de la Gobernación en una muy llamativa conversación en la que habla del ingreso de montos de dinero y del “direccionamiento” de determinadas compras. A estas alturas del fin de semana, ya se emitió una orden de aprehensión contra el médico y su esposa. ¿Se lo perdió usted? Posiblemente porque que esté consultando medios que no mencionan este hecho más que en susurros o que usted se distrajo con otra noticia que para un diario boliviano “detuvo la historia”: la muerte de la reina Isabel II, reina a los 25 años, reina a los 96. Qué alternancia ni qué ocho cuartos: fue la monarca que atravesó las décadas sorteando las más variadas crisis, incluida la prueba más desafiante de su popularidad como fue la muerte de la princesa de corazones, Lady Di. ¡Vivan las reinas longevas y las princesas divorciadas! ¡Y viva The Strongest! Cabalmente en estos días ganó, perdió cuando no debía y volvió a ganar. Sigue en la punta, pero qué nervios con lo que se viene. Qué nervios en Chile: que aprueban, que no aprueban, que hay que esperar los resultados, que se cierran las mesas de votación, qué paliza del rechazo. Se culpa al Gobierno de Boric, se culpa a la sostenida desinformación, se hacen cambios en el gabinete del joven izquierdista y se espera el siguiente capítulo en la transformación chilena. Tic tac, tic tac. Mientras esperamos, nos enteramos de la muerte (otra partida) del vocalista de la agrupación argentina Los Enanitos Verdes, Marciano Cantero. Mis colegas en la Redacción proponen el duelo de una semana por quien puso melodías a nuestra juventud. Lamento boliviano por Marciano. Horas antes era el canto de alegría por la distinción del Cóndor de los Andes para la compositora, la poeta, la profunda Matilde Casazola.

Qué curioso: me acabo de acordar de esa tira cómica en la que Mafalda le pide imaginar a su amigo Felipe que no existen las distancias y que todo, todo, está aquí. Felipito imagina y cae desmayado. Mafalda concluye: “Sí, realmente se da cuenta”. Todo aquí y ahora. Buen domingo, Felipes y Mafaldas del mundo.

Claudia Benavente es doctora en ciencias sociales y stronguista.

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