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Saturday 2 Mar 2024 | Actualizado a 03:26 AM

Avances y retos en reducción del hambre y pobreza

/ 24 de noviembre de 2022 / 01:44

En noviembre se han presentado publicaciones, reportes, informes y notas de prensa respecto a la seguridad alimentaria, hambre y pobreza en el mundo. Algunos medios de comunicación nacionales, artículos de opinión y analistas económicos dieron su punto de vista respecto a estas publicaciones, indicando un contexto nacional sin progreso, sin desarrollo y sin avances económicos y sociales en las últimas dos décadas, mostrando una mirada incompleta de los datos, confundiendo a la población.

Por tanto, en este artículo daré una mirada más amplia a los resultados publicados por estos organismos. El primero es el Índice Global de Hambre (IGH) de las organizaciones Ayuda en Acción, Helvetas Bolivia y Welt Hunger Hilfe; que combina una inadecuada oferta alimentaria, la desnutrición infantil y la mortalidad infantil.

La principal conclusión de este informe es que el país ha mejorado considerablemente el IGH en las últimas dos décadas, aunque existen asimetrías al interior del país. Sin embargo, aquí debo agregar aspectos que deben ser tomados en cuenta en el análisis. En 2000, Bolivia era el país de la región con el IGH más alto, ocupando la última posición en el vecindario, anotando cerca de 28 puntos, con una amplia brecha respecto a otros países como Argentina, Chile o Uruguay, ubicando al país en una escala “Grave”.

En 2022, este indicador mejoró significativamente, llegando a 13 puntos, y un aspecto a resaltar es que Bolivia ya no ocupa la última posición en la región. Es más, el país fue uno de los que más aceleró esta reducción del IGH en más de la mitad junto a Perú entre 2000 y 2022, y tuvo su mayor disminución entre 2007 y 2014, con una caída de 7,3 puntos. Estos resultados no solo fueron destacables a nivel Sudamérica, sino a nivel América Latina.

A nivel departamental, las reducciones también son evidentes, y fueron plasmadas en el informe del IGH, se rescatan dos aspectos. El primero tiene que ver con el comportamiento histórico del IGH de cada departamento, donde en general se registraron reducciones significativas hasta 2019 (con excepción de La Paz, Chuquisaca y Tarija, donde encontraron su menor nivel en 2016). El segundo aspecto es que, debido a la pandemia del COVID-19, el IGH departamental se incrementó (con excepción de La Paz). Pero el mensaje es evidente, existe una mejora del IGH nacional y departamental hasta 2019, una recuperación de la misma en 2021 respecto a 2020 en la mayoría de los departamentos, y en general se pasó de un estado “Grave” a una situación “Moderada”.

El segundo documento tiene como encabezado        de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por su sigla en inglés). Aquí se destaca lo siguiente: la prevalencia de la subalimentación de la población total, que hace referencia a la privación de alimentos, se dedujo de manera importante en el país, pasando de un 27% entre 2004 y 2006 a 14%, en el periodo 2019- 2021, una reducción de 13 puntos porcentuales (pp), la caída más importante a nivel Latinoamérica, seguida por Perú (-10,5 pp).

Asimismo, la población subalimentada de Bolivia se redujo en el periodo 2019-2021 respecto a 2004-2006, según el informe de la FAO, el país fue uno de los que más contrajo el número de personas subalimentadas, de 2,5 millones a 1,6 millones, que en porcentaje respecto de la población sería de 27% a 13,7%.

Estos resultados son consistentes con la política social aplicada desde 2006, aunque tuvieron un retroceso en 2020 debido al COVID-19, lo que es mostrado en los documentos descritos en este artículo. Por lo tanto, es más sensato mencionar que Bolivia avanzó en cuanto a la seguridad alimentaria, acceso a la alimentación, desnutrición en niños y mortalidad infantil, siendo uno de los países que más redujo este último indicador.

Por último, el Banco Mundial, en su documento Pobreza y prosperidad compartida 2022, destacó el incremento de los ingresos del 40% de la población más pobre, con un 2,2%, el más elevado a nivel Sudamérica para el periodo 2015-2020, que trasciende a una disminución de la pobreza a nivel nacional, difiriendo con artículos de opinión que señalaron que la pobreza se incrementó.

Los resultados obtenidos por estos organismos internacionales y la reducción de la pobreza y desigualdad, demuestran que Bolivia tiene avances importantes y destacables en materia social. No obstante, las políticas implementadas para este logro deben seguir avanzando a un mayor desarrollo económico y social.

Álvaro Aruquipa es ingeniero comercial y analista económico.

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Una Bolivia distópica: en el peor lugar posible

El Gobierno mantuvo la subvención, la cual contribuyó a mantener una inflación baja

Álvaro Aruquipa es ingeniero comercial y analista económico

/ 8 de agosto de 2023 / 08:35

La “utopía” es el empleo de lo imaginario o ficticio, un mundo de sociedad ideal, concepto que fue mayormente divulgado por Thomas Moro hace más de 500 años atrás, como una forma de crítica a las desigualdades, la estructura social y económica de la época. En el otro extremo se encuentra la “distopía”, una idea completamente contraria a la utopía, un escenario donde todo es horrible, y lo que se observa es un espejo de que todo lo malo posible puede ir a peor, un mundo no deseable. Es a este último término al cual me referiré en esta ocasión, una Bolivia sin subvención.

Como ya es de conocimiento general, Bolivia cuenta con un esquema de subvención a los hidrocarburos, una medida que ha beneficiado a toda la población por más de dos décadas. Hablar de este tema es sin duda delicado, requiere de la mayor seriedad posible; aunque algunos analistas económicos no lo consideren así.

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Entonces, ¿qué pasaría si se levanta la subvención?, esa es la gran cuestión para muchas personas que dependen de este bien o insumo para trabajar, y despreocupación para algunos que manifiestan ¡eliminar la subvención ya! Pero ¿será así de sencillo levantar una medida tan importante, sin siquiera cuestionarse las consecuencias? La respuesta corta es ¡no!, y lo demostraremos con algunos argumentos. Para ello, realizaré un ejercicio hipotético sencillo a través de la Encuesta de Hogares, y vamos a suponer que el precio de los combustibles y el transporte se ajustan a un precio de mercado.

Para crear nuestra Bolivia sin subvención, realizaremos un ajuste a la canasta del Índice de Precios al Consumidor (IPC), para luego aplicar la tasa de variación a una canasta básica total (línea de pobreza), solo de gasolina y transporte, manteniendo todo lo demás constante. En el primer escenario, vamos a retomar lo sucedido en diciembre de 2010, cuando el gobierno de turno quiso eliminar esta subvención. El precio de la gasolina pasó de BS 3,74 a 4,1 el litro ($us 0,5), un incremento de 8,6%. Bajo este escenario, la inflación habría cerrado 2022 con 3,6%, y la pobreza habría aumentado en más de 216.000 personas (1,8 puntos porcentuales más que en 2021).

En el segundo caso vamos a considerar un escenario de incremento de precios de la gasolina de países de Sudamérica, tomando los datos del Global Petrol Prices. En la mayoría de los países de la región, el precio de la gasolina se incrementó considerablemente hasta alcanzar un promedio de $us 1,1 el litro. Con este ajuste, la inflación de Bolivia habría superado el 11% anual, lo cual es comparable con el nivel de precios de otros países de la región, donde la mayoría superó el 8% (con excepción de Bolivia, Brasil y Ecuador). Este escenario ya es inimaginable para muchos, el ingreso real se deterioraría a causa de la inflación, aumentaría el costo de vida y el desempleo, habría inseguridad alimentaria derivada del aumento de nuevos pobres en 450.000 personas, y más. Esta Bolivia estaría con una convulsión social.

En última instancia, vamos a tomar en cuenta la gasolina más cara del mundo, que es la de Hong Kong con sus $us 3 el litro (más de 5,6 veces el precio de Bolivia). Ya para este punto, la inflación se desvirtúa completamente, y solo haré referencia a que el dato encontrado se acerca a las cifras de 1986, sin mencionar los problemas económicos y sociales a los que se enfrentaría el gobierno de esta Bolivia, mucho peor que en el segundo escenario.

Muchos países en la región y el mundo vivieron estos escenarios que acabo de describir, como es el caso de Perú, Ecuador o Colombia, ¿alguien recuerda lo sucedido?, hubo protestas y descontento social generalizado. ¿Y en Bolivia?, en nuestro caso la situación fue distinta, debido a que el Gobierno mantuvo la subvención, la cual contribuyó a mantener una inflación baja.

Si se levanta la subvención, la Bolivia distópica será una realidad. Tal vez muchos analistas no toman en cuenta los escenarios que acabo de mencionar, porque ellos solo ven el alivio de la carga fiscal. Pero como demostré, la eliminación de esta medida puede llevarnos a varios caminos, y ninguno parece prometedor desde el punto de vista social; por el contrario, converge a una Bolivia en el peor de los escenarios posibles. Evidentemente se debe trabajar en la subvención, ya sea en una estratificación que no perjudique a los más vulnerables, luchar contra el contrabando, entre otros. Pero considero que el aspecto más importante es el de generar conciencia social, para que la población entienda sobre la importancia de esta medida, así también, se debe impulsar el cambio de la matriz energética, un tema presente en la agenda del actual Gobierno.

(*) Álvaro Aruquipa es ingeniero comercial y analista económico

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Salario mínimo y el efecto faro

En Bolivia, antes de 2005, la tasa de desocupación urbana era muy fluctuante y elevada

Álvaro Aruquipa es ingeniero comercial y analista económico

/ 9 de mayo de 2023 / 10:16

Se podría considerar a la lucha en Chicago de 1886, Estados Unidos, como el punto de partida de una serie de políticas laborales a favor de los trabajadores; y uno de los logros más importantes es el establecimiento de un salario mínimo.

El salario mínimo se define como la cantidad monetaria mínima que un asalariado debe percibir por el trabajo efectuado durante un periodo determinado para el empleador, esta definición trascendió hasta la actualidad, y hoy en día más del 90% de los miembros de la Organización Internacional del Trabajo tienen uno o más salarios mínimos.

Pero ¿dónde nace el salario mínimo nacional? Esta medida nació en Nueva Zelanda en 1894, y 15 años después llegó a Europa, más específicamente al Reino Unido en 1909. En Estados Unidos se estableció el primer salario mínimo en 1938, a causa de las disparidades salariales entre estratos socioeconómicos y las deplorables condiciones laborales que enfrentaban aún los trabajadores, particularmente las mujeres. En Bolivia hubo un estancamiento del salario mínimo en la década de los 70, y aunque se quiso reestablecer en la década de los 80, la hiperinflación solapó los incrementos.

El establecimiento de un salario mínimo no es consensuado a nivel internacional, convirtiéndola en una política controversial, dando lugar a dos posiciones opuestas; por un lado, los que están en contra de un salario mínimo, y por otro, aquellos que están a favor de ello. Los argumentos sobre esta medida son amplios, sin embargo, creo que es necesario resaltar la importancia del salario mínimo y su efecto en el mercado laboral. A este tipo de análisis del salario mínimo sobre el resto de la distribución salarial, o dependiendo del enfoque que se le dé, se lo denomina “efecto faro del salario mínimo”.

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Existen varios estudios a nivel internacional sobre este tema, empero, las investigaciones más sobresalientes están relacionadas con el empleo; y uno de los más significativos, en mi opinión, son las investigaciones en el ámbito del mercado laboral de David Card, quien ganó el Premio Nobel de Economía 2021 junto a Joshua Angrist y Guido Imbens, demostrando que el salario mínimo no necesariamente conduce a un menor empleo.

En el ámbito nacional aún existe oposición por parte de algunos grupos, principalmente empresariales, sobre el incremento al salario mínimo nacional. Y después de los argumentos mencionados en el anterior párrafo, sorprende que aún cuestionen si elevar el salario mínimo sea una buena idea. Sin embargo, la mejor forma de contraargumentar este punto de vista es con datos.

Comencemos por los desocupados, en Bolivia, antes de 2005, la tasa de desocupación urbana era muy fluctuante y elevada. El gobierno de turno no logró reducir este indicador, que llegó en promedio a 8,3%, una etapa donde el salario mínimo nacional se mantuvo congelado por tres años consecutivos (2003-2005) en Bs 440 ($us 54), y la inflación promedió 4,5%. Algo similar pasó en 2020 durante la pandemia.

A partir de 2006, la correlación entre estas variables fue inversa, alcanzando en 2022 un salario mínimo de Bs 2.250 ($us 323) y una tasa de desocupación a fin de periodo de 4,3% (reducción de 4 puntos porcentuales respecto a 2005), sin mencionar que la ocupación alcanzó a más de 4,3 millones de personas en el área urbana. Argumentos suficientes y más que válidos.

Retomando el concepto del efecto faro, cuando el Gobierno anuncia que se incrementará el salario mínimo nacional, el mercado laboral interpreta que hay una compensación de los ingresos a favor de los trabajadores, dando como resultado un ajuste en los salarios al alza. Este efecto trasciende a otras dimensiones, como por ejemplo a la reducción pobreza, una mejor redistribución del ingreso o a una mayor movilidad social; siempre y cuando la medida esté enfocada a los más vulnerables y el incremento esté por encima de la inflación, como se lo hizo en Bolivia en la medida de lo posible.

Aunque es necesario realizar estudios empíricos aplicados al caso boliviano considerando otros aspectos estructurales como la informalidad u otras variables, que el Gobierno establezca un incremento al salario mínimo nacional para 2023 a Bs 2.362 (5% más que en 2022) es una señal de que se está compensando el aumento del costo de vida por la inflación (3,1% en 2022). Este incremento al mínimo, siguiendo la tendencia de los últimos 18 años, tendrá un impacto positivo en el mercado laboral a nivel nacional, ya sea en el empleo o el ingreso, un efecto faro.

(*) Álvaro Aruquipa  es ingeniero comercial y analista económico

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Perspectivas de la economía frente a los datos

/ 16 de febrero de 2023 / 02:57

Las perspectivas sobre la economía mundial no son alentadoras en los informes, boletines y reportes publicados por los organismos internacionales para 2022 y 2023. En todos los casos, apuntan a una desaceleración del crecimiento económico y persistencia de la inflación.

Recalquemos lo que indicaron los organismos internacionales. El Banco Mundial (BM) espera que el crecimiento económico del mundo se desacelere en 2022, y que desembocará en el tercer ritmo de crecimiento más débil en casi 30 años; claro, solo opacado por las crisis más significativas del siglo XXI, que fueron de 2009 y 2020.

Por su parte, el Fondo Monetario Internacional (FMI) hace alusión a la crisis del costo de vida para 2022, en un contexto de persistencia del COVID-19 y la guerra en Europa, que derivará, de la misma manera, en desaceleración económica, inflación e incertidumbre para los próximos años.

En la misma línea, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) mencionó que a partir del segundo semestre de 2022 se observó una desaceleración de la actividad económica, situación que modificará a la baja el crecimiento proyectado para los próximos años. En el caso de Bolivia, estos tres organismos internacionales proyectaron un crecimiento real del PIB entre el 3,4% y 4,1% para 2022.

Ahora, veamos los datos observados para Bolivia. Para comenzar, el PIB al tercer trimestre de 2022 creció en 4,3% (uno de los más elevados de la región), donde sobresalieron las actividades económicas como Transporte y almacenamiento, Sector agropecuario, Construcción, Otros servicios, Industria manufacturera, entre los que más incidieron. Este resultado es superior, hasta que sea público el PIB al cuarto trimestre, a lo que se espera por el BM, FMI y CEPAL.

¿Qué implica este resultado? Se resume en estabilidad de la economía nacional y una trayectoria de recuperación de la actividad económica sostenida tras el retroceso de 2020 por la crisis del COVID-19.

En cuanto al mercado de trabajo, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) mencionó que las perspectivas laborales se deterioraron considerablemente en 2022, a raíz de las tensiones geopolíticas, una recuperación heterogénea de la economía tras la pandemia y la crisis de suministros.

Pero, ¿cómo le fue a Bolivia en términos del mercado laboral? Al respecto, el país tuvo una recuperación significativa en 2022 tras la pandemia y en relación a 2021. En efecto, la población ocupada urbana alcanzó a 4,3 millones de personas y la tasa de actividad superó el 73% de la fuerza laboral (cifras históricas nunca antes visto en el país), y la tasa de desocupación en el área urbana bajó a 4,3% (el más bajo de la región).

En tema de salarios, la OIT mencionó que habrá un retroceso en términos reales en varios países a consecuencia de la inflación, lo que reduciría el poder adquisitivo de la población en general, en específico de la clase media y de las personas de ingresos bajos. Al respecto, aún no hay datos estimados para muchos países (incluyendo Bolivia); sin embargo, podemos inferir lo siguiente: varias economías en el mundo tuvieron una escalada en sus niveles de precios en 2022, que resultó en un deterioro en términos reales de los salarios y aumento del costo de vida.

¿Bolivia se enfrentará a la misma situación en tema de salarios en 2022? Comencemos analizando el salario real, que no es más que el cociente entre el salario nominal y el nivel de precios. Anteriormente, mencioné al crecimiento económico y sus perspectivas, su impacto se verá reflejado en el ingreso laboral de los trabajadores. Por otra parte, la inflación del país a fin de periodo alcanzó un 3,1% (uno de los más bajos de la región y del mundo). Entonces, podemos concluir que el salario real en 2022 en el caso boliviano no tendrá el mismo destino que el de otros países.

El país está reconstruyendo y recuperando su economía, y de manera positiva y efectiva con las medidas económicas implementadas, dinamizando la actividad económica y el empleo, así lo demuestran los datos. Asimismo, la estabilidad de precios esta jugando un papel fundamental para mantener el poder adquisitivo de la población boliviana. De continuar con esta tendencia positiva, seguramente los niveles de pobreza disminuirán; tal y como lo señaló la CEPAL en una publicación sobre los cambios esperados en la situación de pobreza: “Bolivia será el país que más reducirá la pobreza extrema en 2022 a nivel América Latina”.

Álvaro Aruquipa es ingeniero comercial y analista económico.

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Confianza en estadísticas laborales, y en los jóvenes

/ 30 de diciembre de 2022 / 03:11

Los institutos de estadísticas juegan un papel fundamental en los Estados para la toma de decisiones y la elaboración de políticas públicas. En el caso de Bolivia, es el Instituto Nacional de Estadística (INE) el encargado de generar información estadística oportuna y confiable en el ámbito económico y social, donde se integra las necesidades de la sociedad boliviana.

Pero, ¿es necesario otro artículo de opinión que solo describe los datos del mercado laboral, haciendo alusión a resultados obtenidos por encuestas, preguntas en las calles o cuestionarios ajenos al INE, y que además manifiestan un escenario apocalíptico para los jóvenes? La respuesta corta es no.

Este artículo pondrá énfasis en la utilización de microdatos, específicamente de la Encuesta Continua de Empleo (ECE), la cual está disponible en la página web del INE y a disposición de la población en general, para la obtención de estadísticas del mercado laboral de la población joven de entre 16 y 28 años de edad. ¿Con que finalidad? Para que los medios de comunicación, analistas económicos y artículos de opinión consideren a la ECE como fuente de información primaria para sacar conclusiones del mercado laboral para Bolivia.

Para empezar, la ECE tiene una muestra anual de más de 250.000 personas encuestadas en todo el país, tanto en el área urbana como rural, por lo que las estimaciones son estadísticamente significativas y representativas a nivel nacional. Entonces, describamos los resultados obtenidos de la ECE para los jóvenes, y lo concatenaremos con el contexto nacional.

Antes de la pandemia, en el primer trimestre de 2020, la población ocupada alcanzaba a cerca de 976.000 jóvenes (inferior al más del millón de jóvenes del tercer trimestre de 2019), la tasa de desocupación en el área urbana llegó a 10,4% (superior a los 8,1% del tercer trimestre de 2019) y la tasa de actividad apenas alcanzaba al 57% en el periodo indicado.

En la pandemia, el mercado laboral sufrió un deterioro sin precedentes en la historia económica del país, que afectó en mayor medida a los jóvenes; resultando en una caída de la población ocupada de 23,3% entre el primer y segundo trimestre de 2020, que se traduce en una pérdida de más de 227.000 puestos de trabajo. La tasa de desocupación urbana o desempleo aumentó a cerca del 15% en el segundo trimestre de 2020 (alcanzando su peor situación en julio de 2020 con 19,2%), sin mencionar el deterioro de la productividad laboral, de las horas trabajadas y del ingreso laboral de este grupo poblacional.

Pero esta situación negativa no logró prevalecer, y en 2021 cambió de rumbo como resultado de la recuperación de la actividad económica. En efecto, en el segundo trimestre de 2021, la población ocupada de los jóvenes pasó a 1,2 millones (una recuperación del 54% respecto al segundo trimestre de 2020); el desempleo se redujo a 12,5% y la tasa de actividad de la fuerza laboral alcanzó el 65%.

Pero, ¿2022 presentará un escenario terrorífico similar a 2020? Al igual que en la introducción de este artículo, la respuesta corta es no. Según la ECE, en el primer trimestre de 2022 (debido a la disponibilidad de información), los jóvenes ocupados en el área urbana superaron los 1,2 millones, el desempleo continúo bajando hasta un 9,3% y la tasa de actividad llegó al 66%, datos similares a 2021 y lejos de las cifras de 2020.

Por lo tanto, es importante que los medios de comunicación, analistas económicos y artículos de opinión consideren indagar más la ECE del INE para sacar sus conclusiones del mercado laboral en Bolivia, y no así remitirse a encuestas, preguntas en las calles y a cuestionarios incompletos para generalizar la situación del mercado laboral en el país, puesto que, en algunos casos, sus encuestas ni siquiera cumplen con las especificaciones estadísticas mínimas para que sus estimaciones sean siquiera considerables.

En ese sentido, invito a todos los interesados a descargar la ECE para enriquecer el debate y el análisis económico para futuras publicaciones relacionadas al mercado laboral en Bolivia. Por mi parte, los resultados que he descrito hasta ahora reflejan un camino de recuperación del mercado laboral de los jóvenes, que se traduce en certidumbre para la población boliviana.

Álvaro Aruquipa es ingeniero comercial y analista económico.

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