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Friday 25 Nov 2022 | Actualizado a 03:08 AM

Censo: ¿igualdad o equidad?

Nos quedan grandes retos, es tiempo de discutirlos, analizarlos, estudiarlos y plantear propuestas.

/ 25 de noviembre de 2022 / 03:07

En estos días que se habla tanto con y sin sentido del Censo, se oye decir algo parecido a lo siguiente: “con el Censo se demostrará que somos más de lo que señalan las estadísticas y nos corresponderán mayores recursos”. Esta expresión parece ser lógica y hasta justa, pero en principio, apenas se conozcan los resultados, será el motivo de una de las siguientes batallas políticas. Precisamente, para evitar estas discusiones y toma de decisiones en medio de conflictos, este asunto debería ser motivo de exhaustivo análisis y de planteamientos coherentes a nuestra realidad.

La respuesta casi natural parece ser “a más población más recursos, a menos población menos recursos”. Pero, los hechos demuestran que no siempre la respuesta obvia es la mejor. Por supuesto que, por criterios de igualdad, esta respuesta parece ser la más conveniente, pero por criterios de equidad nos exige pensar en otros criterios y respuestas.

Vayamos por el criterio de equidad. ¿Las ciudades y especialmente los pueblos del área rural que muestran reducciones considerables en su población, a pesar de recibir una cantidad apreciable de recursos no supieron aprovechar esas ventajas? Seamos más concretos todavía, las poblaciones que son o fueron proveedores de alimentos o que por largo tiempo compartieron sus ingresos conseguidos con los recursos naturales explotados en su territorio y que ahora tienen una población menor con relación al anterior censo, ¿deben recibir menos ingresos del erario nacional? Las poblaciones, como las aledañas a la ciudad de El Alto, que ayudaron al crecimiento poblacional de esta ciudad a costa del abandono de su propia población, ¿deben recibir menos ingresos?

Es más, se arguye que el Censo permitirá la planificación del territorio boliviano, entonces antes de tomar únicamente el criterio relativo al número de población, tenemos que preguntarnos: ¿uno de nuestros objetivos es fomentar el crecimiento de poblaciones concentradas en millones y abandonar, casi sancionar la desaparición de otras poblaciones con reducido número de habitantes, pero ricas en cultura, situadas estratégicamente en el territorio desde el enfoque geopolítico o de una historia trascendental para el origen o destino del Estado Plurinacional? ¿Cuál será el modelo de desarrollo de nuestro Estado, proyectaremos un territorio concentrado en grandes ciudades a costa de perder nuestra cultura, nuestro derecho a alimentarnos de productos frescos y ecológicos, nuestro origen e identidad cultural, de negar otras concepciones de vida como el “vivir bien”?

Las preguntas podrían seguir. Así, el criterio de igualdad no parece ser el más justo para la repartición de recursos, al menos no es el único. Habrá que pensar en cuáles son nuestros objetivos estratégicos como país. Por ejemplo, queda claro que salud, educación y eliminación de la pobreza deben ser motivo de preocupación de los futuros años, conjuntamente a un desarrollo económico sostenible. Este puede ser un criterio que oriente la distribución de ingresos: “a cada quien se le debería entregar recursos en función de sus carencias y metas de compromiso de resolución de sus grandes problemas”.

Nos quedan grandes retos, es tiempo de discutirlos, analizarlos, estudiarlos y plantear propuestas bien fundamentadas y que respondan prioritariamente a criterios de equidad. El supuesto compromiso con el Estado Plurinacional, ¿solo es una máscara que encubre otras intenciones? El tiempo lo dirá…

Noel Aguirre Ledezma es educador popular y pedagogo. Fue ministro de Planificación del Desarrollo y viceministro de Educación Alternativa y Especial.

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Opinática

/ 11 de noviembre de 2022 / 01:05

Unos años atrás, mientras realizaba un trabajo con un pequeño grupo de investigadores, a solicitud de un medio de comunicación nos tocó prepararnos para un debate público sobre la situación y proyecciones de la educación. Todos los miembros del grupo, afanados, comenzamos a organizar nuestra participación en el desafiante debate, en medio de eso, una de las compañeras del grupo, casi como advertencia nos dijo “nada de opinática”. ¿Opinática?, nos preguntamos todos. Al final, la pregunta se dirigió a la compañera: “¿Qué quieres decir con opinática?” “Nuestra participación no debe ser de memoria como hacen algunos que emiten opinión con escasa información y conocimiento sobre el tema, como aquellos que creen que es de su dominio porque oyeron algunos comentarios en un informativo”, nos explicó.

A propósito del tema en cuestión, entre lo poco escrito, Elena Jiménez (2017) dice: “…cuando menciono la ‘opinática’ (me refiero) a ese arte que practicamos en las empresas de opinar sobre cualquier tema, sin ningún pudor, y sin ruborizarnos. Temas de los que, por supuesto quizá solo tenemos escasos conocimientos y poca información, y en los que no nos molestamos en profundizar ni analizar…” A su vez, José Manuel Hernando (2017) señala que “… por opinática entendemos un proceso de diagnosis basado en percepciones, sin haberlas contrastado por ningún tipo de método analítico o científico. Es decir, el famoso ‘pues yo opino que…’”

En tiempos que existen una serie de temas en debate y en ciertos espacios comunicacionales aparecen supuestos analistas, seguramente nos damos cuenta que muchos personajes solo hacen opinática. No se intenta evitar que se emita opinión, sino que prestemos mayor atención a aquellos temas que tienen tal trascendencia que si son tratados con superficialidad y escaso conocimiento pueden tergiversar la realidad e inclusive constituirse en detonantes de problemas sociales. En suma, se trata de respetar al conjunto de la población, de compartir información veraz y fundamentalmente que se proceda con alto sentido ético y responsable para que se contribuya al diálogo de posiciones divergentes, favoreciendo al desarrollo de una democracia participativa y comunitaria, así como a la convivencia.

Para que se dejen de tratar temas de trascendencia social solo desde la opinática es necesario que, fundamentalmente, analistas y quienes ocupan niveles directivos sean responsables con la población y se preocupen de recopilar, analizar y comparar información para sustentar su opinión en el marco de la ética y la responsabilidad. No es que se quite el derecho a la opinión, sino que se eleve la capacidad de análisis y pensamiento crítico de los distintos grupos poblacionales independientemente de su nivel académico.

También es necesario que los que facilitan medios de comunicación para difundir información eviten hacer aparecer a “analistas u opinadores” solo por intereses grupales o sectarios. El respeto a la población y la valoración de las preocupaciones y expectativas del conjunto de la sociedad exigen que dejemos de favorecer a quienes solo hacen opinática. La seriedad y ética de los medios desde la práctica, antes que desde un eslogan bien escrito, tienen un referente que expresa la validez del medio de comunicación.

Por su parte, la población también tendrá que aprender a distinguir quienes hacen opinática o quienes manejan la información con seriedad, sentido ético y debida fundamentación. Tendrá que generar procesos que tengan en cuentan quienes tergiversan y manejan la información de manera inadecuada, así como aquellos medios de comunicación que dan paso a quienes argumentan su opinión. Es de esperar que los grupos sociales hayan catalogado quienes informan debidamente y quienes tratan de confundir a la población.

En tiempos que los “memes” parecen tener mayor validez que el argumento bien fundamentado, que la opinión sin fundamento y análisis pretende sobreponerse a la opinión basada en la práctica y el conocimiento sustentado por un marco de referencia, en el que la rapidez de la información intenta sustituir a la información “bien pensada”, en el que las apariencias y el oportunismo buscan sobreponerse a la capacidad de análisis, se hace necesario que el manejo de información analizada y ética prevalezca para construir una sociedad participativa. En otras palabras, en bien de la sociedad dejemos de dar paso a la opinática, de todos nosotros depende.

Noel Aguirre Ledezma es educador popular y pedagogo. Fue ministro de Planificación del Desarrollo y viceministro de Educación Alternativa y Especial.

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El valor y sentido del bono Juancito Pinto

/ 28 de octubre de 2022 / 01:52

Tal parece que el transcurso del tiempo, inclusive en el caso de políticas públicas de trascendencia como el caso del Bono Juancito Pinto (BJP) hace aparecer estas medidas como una rutina y se olvida su valor social-económico-comunitario y su sentido estratégico y equitativo. Para tener presente ese valor y sentido, habría que recordar que, pese a voces agoreras que anunciaron pronto fracaso, el BJP se entrega a estudiantes de unidades educativas desde 2006 hasta el presente, es decir, nada menos, desde hace 17 años.

Como lo señala el DS 28899 de 26 de octubre de 2006, el bono Juancito Pinto es un subsidio de incentivo a la matriculación, permanencia y culminación del año escolar de estudiantes de unidades educativas públicas de todo el territorio nacional, en el marco de la Política de Protección Social y Desarrollo Integral Comunitario del Plan Nacional de Desarrollo “Bolivia Digna, Soberana, Productiva y Democrática Para Vivir Bien 2006-2012”. En 2006, el programa benefició a 1.084.967 estudiantes de 1º a 5º de primaria y de centros de educación especial, con una inversión de cerca de Bs 220 millones, mientras que en la presente gestión se prevé entregar a 2.316.385 estudiantes de educación primaria, secundaria y especial con una inversión de casi Bs 470 millones para efectivizar el pago de Bs 200 a cada beneficiario. De estas cantidades fácilmente se puede deducir que, comparado con sus inicios, en la actualidad el BJP ha duplicado y más el número de beneficiarios, por tanto, en igual proporción aumentaron los recursos invertidos.

También cabe considerar otros logros y efectos positivos del BJP, señalados en distintos estudios etnográficos y cualitativos, investigaciones y análisis estadísticos realizados en distintas gestiones. Por ejemplo, el análisis de los indicadores educativos indica que “La tasa de deserción escolar en Bolivia bajó del 6,4% en 2006 al 1,6% a la fecha…” (Ministerio de Economía, 2022) “Una revisión panorámica de la información estadística de los indicadores educativos —tras la implementación del BJP— muestra una mejora en la tasa de matriculación en el sistema público del ciclo primario, tanto a nivel de género, así como considerando el ámbito rural y urbano. La tasa de abandono en general también tuvo una marcada tendencia decreciente. La tasa de promoción también paulatinamente tendió a mejorar. Asimismo, la transferencia monetaria condicionada está negativamente asociada con la tasa de reprobación y con la tasa de abandono. Al cuantificar la magnitud de la incidencia del bono Juancito Pinto se constata: a) el impacto positivo y muy significativo en la tasa de matriculación, el mismo que estaría en el orden en promedio de 1%; b) igualmente el BJP impactó de forma positiva y significativa en la permanencia escolar, en promedio en 1%; c) asimismo el BJP mejoró sustancialmente la tasa de promoción, en torno al 3,7%. En resumen, el bono Juancito Pinto cumple con los objetivos previstos en el DS 28899.” (H. Aguilar, 2014) Es más, otro estudio sostiene: “Los resultados sugieren que el BJP ha tenido un impacto positivo en la reducción de la inasistencia escolar en el ciclo primario, ha colaborado en la reducción de los niveles de indigencia además de haber mejorado la distribución del ingreso, sobre todo en el sector rural del país.” (E. Yáñez, 2012) Un resumen de estos logros puede resumirse en la contribución del BJP al ejercicio del derecho a la educación.

Otros efectos del BJP se pueden encontrar en variables económicas. En principio, los recursos entregados a estudiantes en 2006 principalmente tuvieron su origen en Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos, de los recursos provenientes de la nacionalización de los hidrocarburos (DS 28899-2006), mientras que en la actualidad 26 empresas estratégicas estatales aportan con recursos financieros. Un claro desmentido a supuesta ineficiencia o quiebra de empresas estatales estratégicas y una opción por políticas sociales equitativas. Pero además debemos considerar que al “inyectar” en un tiempo de solo un mes Bs 470 millones a través de las familias, claro que se incentiva la demanda interna, se dinamiza la economía y se incentiva la producción.

El bono Juancito Pinto, a 17 años de su vigencia, sigue constituyéndose en una medida estratégica que aporta a la reducción de la inequidad y desigualdad, y tiene que ser comprendido en su real valor y sentido.

Noel Aguirre Ledezma es educador popular y pedagogo. Fue ministro de Planificación del Desarrollo y viceministro de Educación Alternativa y Especial.

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¿Interculturalidades?

/ 14 de octubre de 2022 / 01:56

Fidel Tubino, Catherine Walsh y otros destacados investigadores de temas como cultura, colonialismo y otras de carácter societal, advierten que referirse e inclusive desarrollar acciones en el campo de la interculturalidad no siempre es inclusivo ni liberador, tampoco es garantía para solucionar la problemática que trae consigo. Señalan que existen un interculturalismo funcional y otro interculturalismo crítico claramente diferenciados en sus conceptos, enfoques, formas de llevar a la práctica y efectos. A propósito de ello, Tubino afirma: “Las diferencias entre el interculturalismo funcional y el interculturalismo crítico son sustantivas. El primero busca promover el diálogo intercultural sin tocar las causas de la injusticia cultural, mientras el segundo trata de suprimirlas… La asimetría social y la discriminación cultural hacen inviable el diálogo intercultural auténtico. No se la relaciona con asuntos socioeconómicos, de derechos o de ciudadanía”.

Para referirse a interculturalidad no basta definirse como pluriculturales y reconocer la diversidad cultural, menos que se considere un asunto únicamente vinculado a las lenguas, folklore y vestimenta. En términos teóricos, muchas veces, interculturalidad se reduce a “diálogo de diversos”, así se considera que solamente son necesarios mecanismos y arreglos políticos que posibiliten el entendimiento mutuo entre culturas y la gestión de esta diversidad; este concepto es claramente funcional, favorece a culturas que tienen predominio, niega que la diversidad expresa a su vez desigualdad y, fundamentalmente, desconoce la cosmovisión y concepción de vida que tienen los pueblos y/o naciones. Algo de eso ocurrió en el periodo neoliberal, cuando en julio de 1994 se promulgó la Ley 1565 de Reforma Educativa y que en su capítulo de bases y fines definió que la educación “es intercultural y bilingüe, porque asume la heterogeneidad socio cultural del país en un ambiente de respeto entre todos los bolivianos, hombres y mujeres”. A propósito de ello, al evaluar la aplicación de “esa interculturalidad y bilingüismo”, testimonios de pueblos indígenas señalaban: “a los aymaras nomás nos han enseñado aymara y a los de la ciudad nada”, “a título de textos bilingües solo han traducido los libros a nuestro idioma, de nuestra cosmovisión y cultura nada han respetado”, “cuando se refieren a interculturalidad solo se preocupan de la vestimenta y algunos bailes…”

Al haberse convertido interculturalidad en un término cada vez más común y hasta familiar, muchos “estudiosos” de la temática olvidan que su comprensión e interpretación varían desde los referentes que se tiene sobre la sociedad e historia. Es más, en muchas ocasiones, generalmente por razones políticas, estas múltiples comprensiones de interculturalidad fueron ignoradas de manera intencionada.

Desde una lectura crítica e indignada de la realidad, interculturalidad supone una disputa de cuál es la cosmovisión y cómo se concibe la vida y la relación ser humano- comunidad-madre tierra-cosmos entre un patrón civilizatorio occidental, capitalista, patriarcal y colonial en crisis y posiciones alternativas y antisistema, como es el caso del Vivir Bien, Buen Vivir y Vivir Sabroso. Asumiendo que en lo cultural somos diversos a la vez que desiguales, sin intraculturalidad no existe interculturalidad crítica, es necesario valorar nuestras culturas en sus concepciones, formas de vida, prácticas, saberes y conocimientos.

En esas circunstancias, intraculturalidad e interculturalidad, desde una mirada decolonial, también deben ser entendidas como un proyecto político, social, epistémico y ético de transformación estructural y sociohistórica que se inscriben en una lucha contra los poderes dominantes, en la valoración de lo nuestro y las relaciones equitativas entre lo propio y lo diferente.

En cuanto a la intraculturalidad e interculturalidad en el campo de la educación, entre otros aspectos, exige la creación de educaciones propias a nuestro contexto e historia para desde ahí desarrollar un proceso de diálogo con lo que se construye en el mundo; una formación integral que rebase la educación racionalista y cognitivista; el diseño y desarrollo de una educación para la vida que preserva todo ser vivo; la educación a lo largo y ancho de la vida; la complementariedad entre saber “científico e universal” con el “local, popular y comunitario” y la revalorización del territorio.

Noel Aguirre Ledezma es educador popular y pedagogo. Fue ministro de Planificación del Desarrollo y viceministro de Educación Alternativa y Especial.

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‘Nuestro mundo está en riesgo, no podemos seguir así’

/ 30 de septiembre de 2022 / 02:34

El texto del título de la presente columna corresponde al discurso del secretario general de la ONU, António Guterres, en la 77ª Asamblea General de las Naciones Unidas, realizada la semana anterior. Es más, señaló: “Estamos estancados en una disfunción global colosal. La comunidad internacional no está preparada ni dispuesta a afrontar los desafíos enormes y dramáticos de nuestra era. Estas crisis amenazan el futuro mismo de la humanidad y el destino de nuestro planeta”. Un resumen de las preocupaciones de Guterres se encuentran en sus declaraciones de días previos al cónclave mundial: “Nuestro mundo está asolado por la guerra, golpeado por el caos climático, marcado por el odio y avergonzado por la pobreza, el hambre y la desigualdad. Los conflictos y los disturbios siguen haciendo estragos. La guerra en Ucrania está devastando un país y arrastrando la economía mundial”.

Caos climático; pobreza, hambre y desigualdad; conflictos y disturbios; y una comunidad internacional que no responde a los desafíos de nuestra era configuran las preocupaciones del líder de las NNUU y eso no es poco. Terminó la Asamblea General de la ONU, declaraciones van y vienen, pero no se visualizan decisiones y estrategias para enfrentar este panorama. ¡No podemos seguir así!

Detrás del caos climático están los modelos de desarrollo que se concentran únicamente en el crecimiento económico, en la creencia que la posesión de bienes materiales es todo y en el incentivo al consumo y desecho a título de “estar mejor”, con una característica común: La explotación de la naturaleza y los trabajadores. Caos climático que se sostiene en el supuesto que el progreso es infinito como son los recursos naturales del planeta. Pero la realidad, aquella que nos negamos a reconocer, muestra que no es así. Caos climático y modelos de desarrollo hacen decir a Guterres (2022): “Hay que exigir responsabilidades a las empresas de combustibles fósiles y a quienes promueven sus intereses: bancos, fondos de capital privado, gestores de activos y otras instituciones financieras que siguen invirtiendo y avalando la contaminación por carbono”. Es tiempo de reconstruir la economía y proponer otras formas de desarrollo, por ejemplo, tenemos que crear Sistemas de energías limpias para el acceso de toda la población, Desarrollos urbanos inteligentes con ciudades inclusivas y sostenibles; Agricultura sostenible que promueva la seguridad alimentaria mundial y la gestión sostenible de la tierra, agua y recursos naturales; Gestión inteligente del agua para democratizar su acceso; y Economía circular orientada al uso sostenible de materias primas y gestión de residuos.

En cuanto a pobreza, hambre y desigualdad, en tiempos de sindemia que no solo afectó a la salud y existencia de la humanidad sino su situación social, económica y emocional, no es posible admitirlas, tampoco existen condiciones de vivir en convivencia cuando, en promedio, una persona del 10% superior de la distribución mundial del ingreso gana $us 122.100 por año, mientras que una persona de la mitad más pobre de la distribución mundial del ingreso gana $us 3.920 por año (31 veces más). Las desigualdades mundiales de riqueza son más pronunciadas que las desigualdades de ingresos. La mitad más pobre de la población mundial apenas posee el 2% del total de la riqueza. En contraste, el 10% más rico de la población mundial posee el 76% de toda la riqueza (Informe sobre la desigualdad global, Word Inequiality Lab, 2022). No solo es una vergüenza que persista esta situación, sino que existe la necesidad de generar y poner en ejecución políticas de redistribución equitativa de la riqueza, ingresos y oportunidades.

Y… ¿qué decir de guerras y conflictos? Retomo las palabras de Paulo Freire (1986): “De gente anónima, gente sufrida, gente explotada, aprendí sobre todo que la paz es fundamental, indispensable, pero que la paz implica luchar por ella. La paz, se crea, se construye en y por la superación de las realidades sociales perversas…, en la construcción incesante de la justicia social…” La paz será “producto de la esperanza en la búsqueda y construcción de un orden nuevo, del nuevo hombre y de la nueva mujer en búsqueda de su liberación” (P. Freire, 2005).

Finalmente, vuelvo a citar a Guterres, “necesitamos unidad, necesitamos cooperación, necesitamos diálogo, y las actuales divisiones geopolíticas no lo permiten. Tenemos que cambiar el rumbo.” ¡No podemos seguir así!

Noel Aguirre Ledezma es educador popular y pedagogo. Fue ministro de Planificación del Desarrollo y viceministro de Educación Alternativa y Especial.

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Cumbre mundial de la educación

/ 16 de septiembre de 2022 / 01:42

“La cumbre se convoca en el contexto de dos retos enormes y profundamente interconectados para garantizar una educación de calidad y un aprendizaje permanente para todos. En primer lugar, nuestro mundo está atravesando una crisis de aprendizaje global que está privando a centenares de millones de niños, jóvenes y adultos de su derecho a una educación de calidad y, además, ha provocado un desvío importante de las metas en materia educativa de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). La persistencia de la pandemia de COVID-19 y la ausencia de medidas eficaces frente a los riesgos de recuperación del aprendizaje pueden convertir esta crisis en una catástrofe generacional, especialmente en el caso de grupos marginados y vulnerables. En segundo lugar, la crisis de aprendizaje forma parte de un desafío más generalizado relacionado con la capacidad de los sistemas educativos convencionales de impartir conocimientos y competencias y ofrecer las perspectivas necesarias para que niños, jóvenes y adultos sobresalgan en el mundo actual y contribuyan a un futuro sostenible, saludable y pacífico. En el contexto de crisis climática mundial, rápida transformación tecnológica, los cambios profundos que ha experimentado el mundo laboral, menores niveles de confianza en las instituciones públicas, erosión de los valores democráticos y aumento de la desinformación, intolerancia e incitación al odio, el informe emblemático de la Unesco sobre el futuro de la educación señaló que ‘con demasiada frecuencia, el aprendizaje formal no satisface las necesidades y aspiraciones de los niños, los jóvenes y sus comunidades’” (ONU, nota conceptual, abril de 2022). Esta cruda realidad y el reconocimiento que la educación es la base para la paz, tolerancia, derechos humanos y desarrollo sostenible, explican las motivaciones por las que el secretario general de la Organización de Naciones Unidas (ONU), Antonio Guterres, en septiembre de 2021, en el marco de la iniciativa Nuestra Agenda Común, convocó a la Cumbre de la Transformación de la Educación que se llevará a cabo el lunes 19 de septiembre en Nueva York, durante la sesión 77 de la Asamblea General de las Naciones Unidas.

La pandemia convertida en sindemia por sus impactos simultáneos en la situación de salud, social y económica de la humanidad generó graves consecuencias en la calidad de los aprendizajes del total de la población, en la equidad en el acceso, continuidad y conclusión de estudios principalmente de las poblaciones en situación de alta vulnerabilidad y en el cumplimiento del Objetivo 4 de la Agenda 2030 de Desarrollo Sostenible, aprobado por los países miembros de la ONU que compromete “Garantizar una educación inclusiva, equitativa y de calidad y promover oportunidades de aprendizaje durante toda la vida para todas y todos”.

La cumbre tiene como objetivo “movilizar la ambición política, la acción, las soluciones y la solidaridad para transformar la educación: hacer un balance de los esfuerzos para recuperar las pérdidas de aprendizaje relacionadas con la pandemia; reimaginar los sistemas educativos para el mundo de hoy y del mañana; y revitalizar los esfuerzos nacionales y mundiales para lograr el ODS-4” con el concurso activo y propositivo de todos los Estados miembros de la ONU, socios para el desarrollo, sociedad civil y organizaciones juveniles y partes interesadas en la educación a nivel mundial, nacional y local. Según la ONU, pondrá atención en cinco asuntos claves que requieren mayor atención y acción para cumplir con la Agenda 2030 y transformar la educación: 1) escuelas (educaciones) inclusivas, equitativas, seguras y saludables; 2) aprendizajes y habilidades para la vida, el trabajo y el desarrollo sostenible; 3) docentes, enseñanza y profesión docente; 4) aprendizaje y transformación digital; 5) financiamiento de la educación.

La cumbre tiene que plantear respuestas a la crisis mundial en la educación que tienen un impacto devastador en la población mundial y es la oportunidad crucial y única para “Transformar la educación, construir nuestro futuro” como indica el lema del evento. Es de esperar que los lideres de los países, regiones y del mundo presentes en la cumbre sean consecuentes con el momento y tamaño de los retos, y que sus conclusiones sienten las bases para inmediatas acciones, además que convoquen y comprometan a todos los actores, organizaciones e instituciones de la sociedad. Tiempos decisivos.

Noel Aguirre Ledezma es educador popular y pedagogo. Fue ministro de Planificación del Desarrollo y viceministro de Educación Alternativa y Especial.

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