Voces

Tuesday 6 Dec 2022 | Actualizado a 00:26 AM

El arte de la calle

/ 25 de noviembre de 2022 / 02:54

Imaginemos a la ciudad de La Paz como una urbe planificada, ordenada, silenciosa, de belleza equilibrada… y está claro que jamás la reconoceríamos como tal. Esto, porque ella expresa grandes y sorprendentes cualidades, pero referidas esencialmente a su vida efervescente, la cual eclipsa al visitante por sus expresiones propias. De ahí que su habitante aprendió a vivir entreverado y al medio del movimiento de esta ciudad.

Esta visión nos acerca a definirla como una urbe singular, cuya imagen dominante se impone no solo a la mirada del espectador, sino al vivir citadino, apoyada por un conjunto de expresiones que reafirman que La Paz es una ciudad real pero llena de contradicciones. Y eso invita a prestar mayor atención a sus cualidades y problemas, los cuales inspiren nuevas manifestaciones de un arte, el de las calles.

Actualmente, las urbes comenzaron a amplificar sus expresiones particulares para que relaten el hecho de que una ciudad, además de ser vivida, inspira mensajes artísticos que muestran la fuerza de su esencia vivencial. Se busca intervenciones de arte que conlleven un discurso que articule su sentido de constructo expresivo y su contenido imaginativo, el cual logre crear signos que aparecen y desaparecen de la ciudad.

Hoy existen ciudades como Viena, la capital del arte moderno, cuya singularidad se asienta en importantes academias o universidades de formación artística. Es más, esa urbe cuenta con un número apreciable de obras de arte mural, como es el caso de la denominada Gustav Klimt sosteniendo un gato, en homenaje a ese pintor de talla mundial que cautivó al espectador por la voluptuosidad de su dibujo, el trazo caleidoscópico de sus pinturas y la belleza del ornamento de sus obras.

Y no faltan otras ciudades como México, que desde hace décadas incorporó al arte mural en diferentes áreas y ambientes, donde esas obras conmemorativas reflejan a personalidades como Frida Kahlo en lugares estratégicos del Distrito Federal.

La Paz tuvo un primer mural, pintado aproximadamente en los años 60, en el lateral exterior del edificio que hoy es el Ministerio de Justicia. Una obra supuestamente realizada por Wálter Solón Romero, hoy desaparecida. Sin embargo, en los últimos tiempos la población joven aprovecha ciertos muros en lugares estratégicos para plasmar el arte de la calle con distintos motivos. Ahí están, por ejemplo, los caballos pintados en la zona Sur o aquella obra que se esconde en un muro de la avenida Arce.

Pequeñas intervenciones de arte imaginario que se distinguen del arte urbano porque conllevan un discurso que sugiere una ciudad posible y se acerca en ciertos casos a lo virtual.

Muestras que implantan en la urbe imágenes que exaltan el estado de ánimo del ciudadano a través del arte. Una nueva expresividad que aparentemente ha dejado atrás aquellos mensajes políticos burdos y agresivos que la población veía con desagrado. Hoy, en cambio, no faltan los ejemplos sutiles que vienen cargados de significados.

El arte urbano aprendió a expresar realidades distintas, desde las más sencillas que representan a la sociedad, hasta aquellas que conllevan un sentido social enmarcado en lo estético y con un contenido profundo.

Por el contrario, el arte de la calle no se ocupa de la transformación física-espacial, sino de buscar aparecer en la ciudad. De esa manera, se interesa en el individuo, quien —como afirma Popper — es el actor urbano y el catalizador y mediador de crear un diálogo entre el espacio y la ciudad. Una nueva propuesta que denota que en La Paz existe “más energía que materia”.

Patricia Vargas es arquitecta.

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La politización del espacio urbano

/ 11 de noviembre de 2022 / 00:58

Desde hace muchísimos años el espacio público es el lugar de expresión ciudadana, y prueba de ello es el periodo en que la religiosidad comenzó a redimir a la fe católica, ampliando sus expresiones en las calles de las ciudades. El nacimiento de la exterioridad de esas manifestaciones a partir de la secularización (procesiones) y la subjetivación tornaron al espacio público en un lugar de expresión social. Una realidad que se fue ampliando con nuevos contenidos, que hoy se presentan esencialmente en las protestas sociales masivas.

Así, plazas y calles de los centros urbanos se convirtieron en el lugar de la expresión ciudadana más importante: la de las reivindicaciones sociales. En esos sitios las personas que protestan desvelan no solo sus demandas, sino también sus anhelos y necesidades económicas.

Sin embargo, en los últimos tiempos esas manifestaciones sociales se tornaron desmesuradas debido a la excesiva agresividad que muestran, lo que redujo el valor de su significado y omitió el hecho de que muchas de ellas contribuyeron en la construcción de la historia de esta nación y lograron importantes transformaciones en la sociedad.

Hay que recordar que estudiosos y filósofos afirmaban que el sujeto colectivo solo puede liberarse de una realidad sin porvenir mediante la libre expresión social. Esta última como promesa de la fidelidad a sí mismo.

La Paz es la ciudad más practicada del país en cuanto a la cantidad de marchas políticas que acoge, una realidad que de alguna manera ha incorporado en la vida de su población la comprensión de lo político, que a su vez se traduce en cierta madurez respecto a la acción social.

No faltan ejemplos como el de los cocaleros o los mineros, cuyas expresiones violentas de hace algunos días parecían haber olvidado que los reclamos sociales aún son mecanismos vigentes. Es que la fuerza desmedida y hasta violenta de aquellas protestas denotaron un voluntarismo activista excesivo, quizá más de intereses grupales que de una verdadera lucha social. Esto, porque evidentemente toda manifestación social conlleva la fuerza de un contenido significativo, el cual empero, no necesita convertirse en verdaderamente violento. Una pérdida del valor de las otrora manifestaciones sociales.

En esa línea, toda síntesis pasiva de un universo de significaciones como son las expresiones sociales pareciera recordar lo significante que conllevan sus protestas. Esto especialmente en el caso de los mineros.

Lo singular, y para sorpresa del país, es lo que sucedió en estos últimos días en la ciudad de Santa Cruz, donde se adoptaron las mismas formas de expresión social en el Cristo Redentor. Un estratégico punto urbano de encuentro poblacional que en los últimos años se ha convertido en el lugar más importante de las concentraciones ciudadanas. Y es justamente aquello lo que le ha dotado de una marca singular a su valor urbano. Lamentablemente, no faltaron otras protestas en calles y avenidas, donde la población vivió un exceso de violencia.

Sartre afirmaba que toda expresión social es el medio privilegiado que debiera ser aprovechado para ampliar y consolidar las solicitaciones sociales, sin embargo, es evidente que todo exceso da cuenta de que una estrategia cuando es demasiado violenta no solo fundamenta el atarse a sí misma, sino limita el resolver los problemas.

Mucho más, no debiera olvidarse que una expresión ciudadana pacífica es el medio privilegiado para convertirse en la razón sin límite de las esperanzas de un pueblo.

Patricia Vargas es arquitecta.

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La Ciudad de la Educación

/ 28 de octubre de 2022 / 01:42

La Ciudad de la Educación, ubicada fuera de Doha, capital de Qatar, también denominada Al Rayyan, es un territorio destinado al asentamiento de muchas universidades reconocidas de Norteamérica, Europa y otros.

Este proyecto resulta muy llamativo porque avanza para convertirse en una verdadera ciudadela educativa, pensada y planificada como un gran centro de concentración de instalaciones educacionales, donde la apropiación de conocimientos y formación esmerada es el origen y sentido de su desarrollo.

Lo destacable es cómo ese gran espacio fue planeado —según escritos— no solo para instalar distintos centros de educación superior de ese país, sino también para otros niveles (como colegios o únicamente facultades) que se desenvuelven en esa gran espacialidad, la cual cubre 14 kilómetros.

Las instalaciones de los mencionados colegios sorprenden por las condiciones que ofrecen y que confirman su denominación de Casas de la Educación. Un nombre por demás significativo, ya que la extensión del conocimiento se da a partir de un sentido educativo singular.

De esa manera, la presencia de centros educativos como la Virginia Commonwealth University o la Escuela Universitaria Georgetown de Servicio Exterior da cuenta de que ese territorio educacional no solo acoge a universidades, sino también a colegios y escuelas profesionales. Lo que confirma la mirada al futuro con el que fue concebido.

Tampoco se puede dejar de mencionar a la Academia Bridge Program de Inglaterra, que desde 2001 inauguró un centro que ofrece programas preuniversitarios destinados a encaminar el ingreso de los jóvenes a las diferentes universidades asentadas en el lugar.

Indudablemente, esta ciudadela educacional desarrolla una idea muy loable, ya que acoge a una especie de sucursales de grandes y reconocidas universidades, así como a distintos colegios internacionales.

Otro aspecto llamativo es que en la Ciudad de la Educación existe un centro de aprendizaje para estudiantes con gran potencial de conocimiento, pero con problemas académicos. Allí se les ayuda en el “desarrollo de sus habilidades compensatorias de las diferencias individuales de aprendizaje”, según afirman sus escritos.

Ese hecho supone que la extensión y contenido educativo en los centros que se instalan en esa urbe parten de nuevos y singulares sistemas de enseñanza, lo que seguramente es apoyado por la práctica formativa.

Independientemente de aquello, se debe precisar que las ciudadelas universitarias en Estados Unidos o Inglaterra funcionan como centros educacionales independientes, mientras que la Ciudad de la Educación concentra centros de distintos niveles de enseñanza, como facultades universitarias, universidades completas, colegios y demás. Todos ellos, planificados y construidos dentro del concepto de una infraestructura educativa diferenciada.

Así, la Ciudad de la Educación acoge a universidades de cualificación, cuyos programas académicos y de capacitación tienen como base un plan didáctico apropiado. Además, su infraestructura cuenta con otras instalaciones destinadas a la extensión del conocimiento como el parque científico y tecnológico. Una inversión que sin duda tiene como fin su consolidación como Gran Sede Educacional sobre la base de sistemas educacionales seguramente innovadores.

Lo anterior se constituye en una muestra de cómo la educación debe contar hoy con espacios apropiados para la extensión del conocimiento, y estar instrumentada y apoyada además por las nuevas tecnologías.

Patricia Vargas es arquitecta.

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Las calles relatan…

/ 14 de octubre de 2022 / 01:52

El ciudadano común conoce su urbe, la recorre, la siente, la imagina y es el personaje determinante que construye la vida citadina. Esto, porque diariamente la descubre, y podríamos asegurar que aun sin verla sería capaz de describirla gracias a la apropiación de sus distintos significantes.

Y son justamente las experiencias las que llevan a definir a la ciudad como el escenario de lo urbano. El lugar de encuentro apoyado por la riqueza de ciertas expresiones que forman parte de la construcción de su identidad.

Ya desde el inicio de la época moderna, pensadores urbanos valoraron esas nacientes manifestaciones de la población y descubrieron que lo incógnito es el mayor valor que colabora en la cimentación de la singularidad expresiva de lo urbano. En este caso, la música callejera.

La ciudad de La Paz cuenta con una vida urbana por demás efervescente, en la que algunos de sus habitantes son los personajes que aprovechan en mostrar —en fragmentos de tiempo— cómo la expresividad artística musical se apropia de cada lugar. Momentos en los que crean pequeños espectáculos que extraen sensaciones únicas y hasta emotivas gracias a los sonidos de sus instrumentos, a los que acompañan, en ciertos casos, con el canto.

Innegablemente, la ciudad vivida es un artificio, un constructo humano que pone en sus marcas vivibles la impronta de una realidad atiborrada de situaciones distintas y sumamente creativas. Un valor que no se apoya en fisiografías artificiales disfrazadas con ropaje de ciudad imaginada, sino todo lo contrario, muestra la realidad de este momento en que parte de la sociedad busca distintos medios de subsistencia.

Es justamente ese imaginador de valores y significados urbanos quien encuentra en La Paz, especialmente en la zona central, el espacio apropiado para la práctica de diversas expresiones artísticas, entre ellas las musicales. Con ello, convierte a la ciudad en el escenario público que es capaz de parar el tránsito del caminante para que aprecie ese pequeño espectáculo musical que nace de rincones inimaginables. Llama la atención que las voces pertenecen, en algunos casos, a niños que le cantan a la ciudad. Voces cuyo timbre no podría pasar desapercibido.

Esas muestras musicales se asemejan a las que existen en las grandes ciudades europeas, con la diferencia de que allí esas manifestaciones alegran, por ejemplo, los ingresos al metro (transporte subterráneo).

No resulta descabellado que en la ciudad de La Paz se vaya descubriendo valores a través de esas actuaciones, que no solo le otorgan una cualidad artística al espacio público del recorrido (la calle), sino que representan uno de los medios en los que se esconde talento singular.

Independientemente de aquello, muy poca gente ve en el canto otro sistema de comunicación históricamente ligado al lenguaje. En el caso de los artistas callejeros, esa expresión urbana que desarrollan en las calles podría enseñarnos bastante sobre el modo de percibir el mundo que tienen y, consiguientemente, comprender las vivencias que desgranan en sus canciones en el único espacio que pueden expresar su arte, las calles.

La ciudad de La Paz es una urbe cuya población cuenta con valores musicales encomiables, que demuestran cómo ese arte eleva su condición de sociedad creativa gracias al talento innato presente en ella.

Evidentemente, los pequeños territorios que la conforman no tienen una característica fija ni única; sin embargo, cuentan con el significado musical, esencial y propio de nuestra cultura.

Patricia Vargas es arquitecta.

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Paisaje y una mirada al mañana

/ 30 de septiembre de 2022 / 02:23

Todo paisaje es un constructo cultural y es justamente su lectura la que nos permite evaluar las cualidades de su territorio, no solo porque está conformado por distintas imágenes construidas en diferentes tiempos, sino porque aquéllas han colaborado en la configuración de las ciudades.

Una realidad que debiera llevarnos a reflexionar sobre qué es lo que La Paz está heredando a las nuevas generaciones: cualidades o simplemente grandes problemas.

La ciudad de La Paz es una urbe que aún conserva rastros de la estética de su paisaje original. Cerros de distintas alturas, colores y tonalidades; eucaliptos que crecen en lugares inimaginables, sin olvidar ciertos promontorios de tierra que, pese a su imagen escultórica, van desapareciendo bajo la idea de que su demolición ampliará espacios para las edificaciones.

Esas características solo permiten reafirmar que en la estética del paisaje de esta ciudad radica el poder de su identidad, por lo que es de vital importancia comprender que la naturaleza montañosa de esta tierra es la fuente que invita a nuevas propuestas singulares tanto urbanas como arquitectónicas. Esto obviamente sobre la base de la valoración de la fuerza que representa el contexto natural de esta ciudad.

Además, la ciudad de La Paz requiere ser entendida no solo desde su entorno, sino desde su crecimiento, ya que es bien conocido que cada vez se la estrangula más por la densidad desmedida de algunas edificaciones. Lo que, por el contrario, debiera generar nuevas ideas para su expansión a corto plazo.

Aquello estaría destinado a heredar una ciudad vivible, en la que su crecimiento suponga propuestas urbanas (incluso osadas) que solucionen sus problemas de saturación edificada. En definitiva, la respuesta a la necesidad expansiva de esta urbe exige la búsqueda de nuevas áreas para ser planificadas.

Son precisas salidas que demuestren que los cerros en el sur de la ciudad de La Paz pueden ser la solución para el crecimiento urbano, pero no invadiéndolos, sino descubriendo entre unos y otros nuevas áreas para ese fin. Un ejemplo de ello es la comunicación del sur con El Alto a través del barrio de Mallasa, cuyas bifurcaciones en sus distintos niveles territoriales ofrecen grandes espacios de crecimiento urbano, con un clima por demás agradable para el buen vivir de sus habitantes.

Así, el saber aprovechar lo que ofrece la naturaleza es otro medio útil para la expansión de una ciudad y con ello revalorizar las cualidades de su entorno dominante y el carácter primario de su paisaje urbano.

El Estudio Bairon para el Desarrollo Regional Urbano de La Paz (UMSA) proponía el crecimiento urbano hacia el sur no solo por la extensión de su territorio, sino por las cualidades de su clima. Un crecimiento hacia el área central de Huaricana con 940 hectáreas planas y semiplanas (textual). Hoy, sin embargo, éste es un valle prácticamente ocupado.

Con todo, la población aledaña de Miguillas (40.000 hectáreas) es una alternativa que confirma lo que aquel escrito define como un territorio de fácil adecuación para un subcentro urbano (pleno trópico). Por tanto, esta nueva opción no deja de ser importante para la expansión de La Paz.

Lo interesante del momento actual es que los problemas de distancia parecieran estar superados gracias a la red conformada por las distintas líneas del teleférico.

La Paz es una ciudad que requiere propuestas desafiantes, pero a su vez factibles. Esto para que por donde se la mire sea más vivible.

Patricia Vargas es arquitecta.

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¿Vacíos fugitivos?

/ 16 de septiembre de 2022 / 01:35

Poetas como García Lorca aseveraban a inicios del siglo XX que las grandes transformaciones de las ciudades denotaban cómo el hombre estaba matando a la ciudad por su extrema inconciencia y las ciudades se mostraban sin espacio ni tiempo, por tanto, sin esperanzas al mañana.

Una apreciación particular sobre las transformaciones que comenzaron en las urbes en la tercera década del siglo mencionado. Tiempos de inicio de la ciudad moderna, cuando los vacíos urbanos se consideraban remanentes de las zonas construidas o lugares subordinados a las edificaciones. Tampoco se puede olvidar a las plazas conmemorativas, las cuales eran los escenarios citadinos que no siempre lograron que las multitudes se apropien de esas grandes explanadas. No obstante, el nuevo discurso de ese momento aspiraba a generalizar principios conceptuales de fundamentación de un sentido casi doctrinal que imponían la planificación de las urbes.

Sin embargo, la ciudad contemporánea comenzó a reclamar los lugares planificados no residuales, proclamando a los vacíos abiertos como impulsores de su dinámica. Las calles dejaron de ser simples conectores para incorporar, por ejemplo, bulevares. Asimismo, ciertos edificios en altura cedieron espacios abiertos que funcionaban como extensión de la urbe. Así nacieron las grandes áreas destinadas al esparcimiento del habitante mientras transitaba por la ciudad.

No se debe olvidar que los vacíos urbanos fueron pensados para una diversidad de actividades en las que la transformación espacial producía acciones de disfrute y esparcimiento gracias al valor de su sentido y su uso. Se impusieron los espacios recreativos abiertos, que invitaban a distintas actividades o adquirían la función de vacíos urbanos, tan necesarios hoy en las ciudades.

En cuanto a la ciudad de La Paz, una mirada al sur de su geografía revela cómo se van perdiendo los vacíos naturales, y lo peor, los cerros están siendo invadidos por edificaciones clandestinas enmarcadas en un crecimiento no planificado. Una realidad dura e inobjetable.

De ahí que ciertos barrios como Obrajes, esencialmente la parte alta, muestran que el entramado excesivo de edificaciones transformó ese otrora barrio residencial en un sector abigarrado de inmuebles, al margen de que muchos de ellos invadieron sin desmedro, hasta los grandes jardines del ayer, olvidando incluso los retiros.

Así, una simple mirada a esa parte de la ciudad permite establecer que su área geográfica está siendo invadida cada vez más por un número desmedido de construcciones. No faltan los casos de edificios que fusionan diferentes estilos en uno solo; una situación lamentable desde el punto de vista de la arquitectura.

Es evidente la pérdida de vacíos urbanos útiles para el respiro y esparcimiento de la ciudadanía, lo que pareciera demostrar el olvido de los lazos que existen entre el ser humano y los espacios libres, como plazas, parques y demás, los cuales jamás debieran ser anulados o dejados de lado por una ciudad.

Como afirma Gilles Deleuze, hoy se “colocan para el vivir ciudadano a objetos arquitectónicos en vez de pensar en edificaciones, las cuales ni siquiera están conectadas a un lugar o territorio”.

Cabe aclarar que no se persigue una fusión panteísta entre el paisaje y lo construido, sino la comprensión de que la ciudad de La Paz necesita jerarquizar el valor de lo edificado pero también de su territorio. Lo lamentable es que, la arquitectura en ciertos ejemplos lleva una relación advenediza y extrínseca con el entorno natural.

Patricia Vargas es arquitecta.

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