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Friday 25 Nov 2022 | Actualizado a 03:03 AM

Excedente, autonomías y federalismo

El país sigue siendo un enclave de producción de materia prima y de exportación de capitales

/ 25 de noviembre de 2022 / 03:03

La historia económica de Bolivia ha estado marcada por la incesante lucha por salir de su marginalidad dentro del contexto global de la industria de materias primas no renovables, la minería ha sido el sustento económico del país en los siglos precedentes y todavía tiene un peso considerable en los tiempos actuales. El país sigue siendo un enclave de producción de materia prima y de exportación de capitales, el excedente económico generado por la actividad extractiva (en el sentido de valor disponible al final del ciclo de producción y mercadeo de la minería formal) rara vez supera el 10% del valor bruto de mercado para metales base y es un poco mayor para metales preciosos; un intrincado sistema de apropiación del valor que esta actividad supone por su diversa relación con el Estado titular y administrador de derechos mineros y con actividades comerciales y de servicios durante el ciclo productivo, hacen que el resultado final sea ínfimo. Esta es la razón de la lucha por acceder a un mayor nivel de excedente a cualquier precio, generando una pulseta entre intereses privados y estatales a la hora de controlar la actividad de acuerdo con la ideología del gobierno de turno en el país y de las corrientes económicas en boga en un momento determinado. Los resultados saltan a la vista, no hemos podido desarrollar una verdadera industria minera y en general una industria extractiva moderna. Seguimos dependiendo de la posición del péndulo político para definir el accionar en cada caso.

En un antiguo escrito mío sobre el tema (PULSO, 29.06 al 05.07 de 2007) y en consuno con la tendencia actual de cambiar la estructura del Estado y del gobierno a modelos autonómicos y federales, había propuesto algunos puntos básicos a ejecutar dentro del sector minero para atraer inversiones de riesgo y regionalizar la administración de los proyectos de escala mediana y grande para incrementar la competitividad y eficiencia del sector minero. Sin entrar en el detalle de ese escrito (Puede verse en mi libro De oro, plata y estaño. Ensayos sobre la minería nacional. Plural Editores, La Paz-Bolivia, 2014 y 2017), deseo referirme a algunos puntos que sintetizan el mensaje central: 1) La minería debe tratarse siempre como negocio, que es su esencia, lo maneje el Estado o los empresarios privados. No se pueden hacer cambios estructurales destruyendo las bases del negocio como se hizo en 1952, 1985 o como se pretende hacer ahora con la Comibol, Sergeotecmin, etc. 2) La minería en el mundo globalizado en que vivimos depende de su oportuna y adecuada inserción al circuito de capitales y de su sostenibilidad en el tiempo. 3) La reinversión de capitales para generar nuevas minas es un requisito indispensable si se quiere sostenibilidad en el tiempo. Se debe ir más allá de la retórica al respecto, el pobre portafolio de minas medianas y grandes en actual operación y la ausencia casi absoluta de nuevos proyectos mineros, demuestran todo lo contrario. 4) Ahora que vivimos una nueva oportunidad de cambio deberíamos concretar la regionalización de la administración y del control operativo de los proyectos mineros, el centralismo a través de la historia los ha burocratizado y los fracasos y elefantes blancos, son la prueba de que aquello no funciona.

Es patético que el departamento de Potosí, con el mayor potencial minero tradicional y la concentración de sales más importante a nivel global, el departamento de Santa Cruz con uno de los mayores depósitos de hierro-manganeso y con la mayor potencialidad de minerales tecnológicos y tierras raras, o el departamento de La Paz con la cuenca aurífera más grande del subcontinente hoy controlada por la minería informal artesanal cooperativa; sean los invitados de piedra cuando se trata de decidir los destinos del sector minero y de sus potencialidades específicas en cada caso.

Dionisio J. Garzón M. es ingeniero geólogo, exministro de Minería y Metalurgia.

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Tierras raras II

/ 28 de octubre de 2022 / 01:46

Siguiendo con un tema tan apasionante y actual por la coyuntura mundial de transición energética y su conexión con el suministro de metales tecnológicos, quiero puntualizar algunos aspectos adicionales a los anotados en mi columna anterior y que hacen a la gerencia de proyectos de exploración de esos metales en el país. Si queremos ser parte en el mediano plazo de esa transición y de las cadenas de suministro, debemos tomar en cuenta que: 1) Hemos perdido más de 40 años desde la identificación en el país de minerales de las Tierras Raras (TR), metales del grupo de platinoides (PGM) y metales críticos como indio, galio, cadmio, selenio, columbio, tantalio, etc.; 2) se identificó una variedad de ambientes geológicos y mineralógicos en los que habitualmente se encuentran; 3) el nivel de exploración al que se llegó es preliminar y quedan muchas etapas para seguir y poco tiempo para realizarlas; 4) el país no tiene infraestructura adecuada para la investigación detallada y el análisis cuantitativo de estos elementos, tampoco capacidad tecnológica institucional necesaria para estas tareas.

Esto define un escenario peculiar de necesidad inmediata y capacidad reducida, que obliga a soluciones de emergencia que parten de la definición de actores y de políticas que soporten un proyecto de estas características. En aquellos años se acudió a la cooperación internacional para formar un equipo con base en dos servicios geológicos (GEOBOL y el British Geological Survey, BGS), mediante una negociación de dos gobiernos, que fue exitosa en resultados mientras duró la estabilidad política del país. No sé si en las condiciones actuales pudiera ser una alternativa armar un proyecto de esta clase con algún país, dependerá de nuestra actual política exterior y del soporte de los pocos países que como Gran Bretaña, tienen las condiciones para aventuras en ultramar como es el caso. Una segunda alternativa sería abrir las áreas fiscales al capital privado, para lo cual sería necesario reformar la legislación vigente para el sector y desarmar la “camisa de fuerza” a la que hago referencia regularmente en mis escritos y que ahuyenta las inversiones en vez de atraerlas (v.g. Minería, más allá del lamento. La Razón. Animal Político 17.05.2015 y otros).

No es nada fácil recuperar 40 años de inacción y encontrar una solución viable a corto plazo que sería lo ideal para aprovechar la coyuntura actual; cabe pues iniciar la acción con el Sergeomin (GEOBOL anteriormente), que controla la información precedente y tiene todos los antecedentes operativos y los resultados en áreas que tienen mayor potencial para TR y PGM (v.g. Rincón del Tigre o Cerro Manomó, si son áreas fiscales todavía), en el Precámbrico de las tierras bajas. Se debería empezar con un programa scout de exploración detallada y perforación a diamantina para lograr una evaluación económica preliminar (PEA, por sus siglas en Ingles), mientras se define una estrategia para acceder al capital privado y/o a la cooperación internacional.

Finalmente, hay un grupo adicional de metales críticos (galio, indio, cadmio, selenio, etc.) que son componentes menores en asociación con metales base explotados tradicionalmente en el país, en algunos yacimientos ubicados en lo que llamamos Orogeno Andino, que debieran tener un tratamiento diferencial como proyectos de metalurgia para su recuperación como subproductos de fundiciones y refinerías, única manera de recuperarlos rentablemente.

Así las cosas, viviríamos un instante de esperanza si hacemos las cosas con pragmatismo o en caso contrario, seguiríamos soñando y vendiendo humo para consuelo de incautos. Total, soñar no cuesta nada y las TR seguirán aún más raras para este pobre país que todavía sigue conservando el cliché de “país minero”.

Dionisio J. Garzón M. es ingeniero geólogo, exministro de Minería y Metalurgia.

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Tierras raras

/ 30 de septiembre de 2022 / 02:30

Hay un selecto grupo de elementos que forman lo que la industria llama “metales críticos” o “metales tecnológicos” por su uso en tecnología actual. Allí entran, entre otros, columbio-tantalio (Coltán, en el uso industrial), grafito, wólfram, manganeso, magnesio, cobalto, teluro, también uranio y litio que por su aplicación en generación y almacenamiento de energía limpia se suman al grupo de energéticos fósiles clásicos. Algunos metales “menores” (en el léxico especializado) como indio, galio, germanio, cadmio y selenio pertenecen a este novísimo grupo que hace al desarrollo tecnológico actual, también se adjuntan los platinoides PGM (platino, paladio, rodio, níquel, cobalto e iridio); las tierras raras TR, compuestas por 14 elementos lantánidos y 14 actínidos, y los metales alcalinos litio, potasio, radio y estroncio. Dentro de las tierras raras resaltan por su uso, uranio, disprosio, neodimio, praseodimio, lantano e ytrio. Las tierras raras, por su estructura electrónica elemental no saturada, tienen propiedades especiales de radioactividad, luminiscencia, magnetismo y electricidad que permiten su aplicación en materiales radioactivos, fosforescentes, magnéticos y magneto-astrictivos, catalizadores e hidrógeno- acumuladores, requeridos en la industria energética, del vidrio, catalizadores, metalurgia, cerámica, magnetos, láser, superconductores, discos duros, CD, DVD, pantallas led y un enorme número de nuevas aplicaciones en modernos equipos electrónicos del hogar y también de uso militar.

Ahora bien, los PGM y las TR, al margen de oro, plata y metales base, han sido identificados en variadas asociaciones minerales, tanto en el occidente del país como en las tierras bajas donde se conocen los mayores hallazgos. Cerca de San Ignacio de Velasco y en el cerro Manomó (Santa Cruz) se identificó el fosfato “monazita” con las TR ytrio, cerio, lantano y torio; al sureste, en Rincón del Tigre, los PGM cromo y níquel; en las rocas granitoides del Escudo Coltán, y así podemos seguir (ver: Minería Boliviana, la gran incógnita, en Los dilemas de la minería, D. Garzón 2012, Ed. Fundación Pazos Kanki, pp. 73 y siguientes). Un duro y largo proyecto de exploración de la parte meridional del Escudo Precámbrico fue llevado a cabo entre 1976 y 1983 por el Servicio Geológico de Bolivia (Geobol) y el Instituto de Ciencias Geológicas (IGS), en representación de la Administración del Desarrollo de Ultramar (ODA) del Ministerio de Relaciones Exteriores de la Mancomunidad Británica. Fue el primero y único intento serio de desarrollar esa unidad geológica y geomorfológica del país, que lenta pero sistemáticamente se desactivó por presiones derivadas de la aguda crisis política que vivió el país en ese tiempo.

Con estos antecedentes llama la atención el intento (consignado en algunas declaraciones oficiales) de conformar la Empresa de Metales Tecnológicos y Tierras Raras para enfrentar un reto de este tipo, especialmente en un área de las características del Escudo Precámbrico, dejando de lado a instituciones como Geobol (hoy Servicio Nacional de Geología y Técnico de Minas, Sergeomin), que tiene los antecedentes, la experiencia y la jurisdicción legal para estos trabajos. El crear una nueva empresa burocrática es aumentar la carga económica armando estructuras y grupos humanos nuevos en vez de usar las instituciones existentes, fortalecerlas y adecuarlas al reto actual. Sería más efectivo, menos oneroso y menos burocrático. Estamos hablando de 220.000 km2 solo en la parte más accesible del escudo donde se debe avanzar en proyectos de exploración ya identificados para llegar a etapas de prefactibilidad y factibilidad de los más importantes; momento en el que como debe ser, se podría justificar la creación de una unidad como la propuesta y pasar a etapas de Ingeniería y diseño final de proyectos mineros e industriales.

Dionisio J. Garzón M. es ingeniero geólogo, exministro de Minería y Metalurgia.

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Litio: sueños, retos y resultados

/ 2 de septiembre de 2022 / 02:36

Hace más de 30 años que en Bolivia hablamos mucho y hacemos poco sobre el mágico metal blanco que despertó una psicosis imparable por lo que representa para la transición energética que queremos realizar para declinar el deterioro del clima planetario. En 1988 se invitó a la Lithium Corporation of America (Lithco), en 1989 teníamos un borrador de contrato y en 1990 ya había una fuerte reacción de la brigada parlamentaria y de las instituciones cívicas potosinas que argumentaban la ilegalidad del contrato; en 1991 se llamó a convocatoria internacional, ganó FMCLithium Division, que debía negociar un contrato con el CIRESU (Complejo Industrial de Recursos Evaporíticos del Salar de Uyuni), dependiente del Ministerio de Minería y de la Comibol. El contrato se abortó y fue calificado de leonino (detalles en esta columna, marzo-mayo de 2020). Desde entonces un calvario de idas y venidas dio por resultado el actual proyecto: cansino en su desarrollo, con elevado nivel de inversión estatal, pocos resultados y más de 30 años perdidos. No hay una estrategia para concretarlo y las alternativas de continuar son tan pocas que no cabe ningún retroceso sin arrastrar consecuencias políticas y sociales muy serias.

El tamaño de los recursos del salar que suponemos preponderante no es real, hay reservas de litio en muchas partes del mundo, su calidad sí cuenta y nuestras sales no son las mejores, solo el Salar de Pastos Grandes tiene contenidos de litio mayores a 1.000 ppm (partes por millón). La tecnología define los costos finales de extracción, nuestra planta piloto de carbonato tiene tecnología de los años 70 y una recuperación muy baja (18%) frente a tecnologías actuales con recuperaciones mayores a 90%. Usar las salmueras residuales de esta planta para alimentar la de hidróxido de litio (YLB-ACI Systems), que se supone tendrá recuperaciones mayores y costos más bajos, abre una posibilidad que habría que estudiar en relación con la prohibición constitucional y de la ley sectorial, de asociaciones con empresas de capital privado en etapas de química básica.

Hay dos cuestiones adicionales a resolver: ¿A quién vamos a vender? y ¿qué vamos a vender? El proyecto con ACI Systems preveía vender productos finales en el mercado alemán y el plan de YLB, producir materiales catódicos, baterías y sales de potasio, magnesio, boro y precursores (YLB, presentación del proyecto en el Club de Minería). El mercado de baterías de litio en Europa para 2025 tendrá una capacidad de más de 300 GWh (gigavatio hora) con un hub de 12 megafactorías, de las cuales Alemania tendrá 24 GWh en 2023 y 8 GWh posteriormente con los planes de SVOLT, Terra y BMZ; en ese mercado competiremos si todo sale bien con nuestra planta de 8 GWh. ¿Se podrá?

Los precios actuales del carbonato de litio (LCE) de entre $us 50.000 y 70.000 por tonelada (t) han despertado muchas expectativas, el Comité Cívico Potosinista y sus filiales regionales tienen elaborados proyectos de ley que resumen sus aspiraciones. Sin entrar en los detalles, se debe tener en cuenta que: 1) Estamos en una coyuntura favorable de mercado que la estamos desperdiciando, Chile y Argentina están buscando asociaciones con las grandes productoras: SQM, Albemarle, Ganfeng y Tianqui, que controlan más del 70% del mercado del litio; nosotros al desestimar el JV YLB – ACI Systems, quedamos a merced de las posibilidades de la empresa estatal. 2) BMW, Toyota, General Motors y Tesla miran a Argentina por su apertura al capital privado, con lo que este país de producir 37.500 t pasaría a 200.000 t de LCE/año. 3) La última convocatoria de YLB definirá un pilotaje alternativo de extracción directa del litio (EDL). Esto prolonga la incertidumbre sobre la rentabilidad del proyecto mayor, lo que nos coloca en desventaja.

En ese contexto las modificaciones de leyes y otras reglas de juego deberán considerar los parámetros técnicos que vayan a surgir, lo contrario será reiterar fracasos derivados de excesivas expectativas que no se cumplen, proyectos que fracasan y porcentajes de impuestos y regalías en papel. No olvidemos que cualquier porcentaje aplicado a una producción inexistente es cero.

Dionisio J. Garzón M. es ingeniero geólogo, exministro de Minería y Metalurgia.

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Fiestas patrias

/ 5 de agosto de 2022 / 02:08

A197 años de la independencia de nuestra patria y al margen de saludar este nuevo aniversario, deseo puntualizar el estado actual de la industria minera, hoy generadora principal de divisas y de empleo para los sectores menos favorecidos de nuestro país. El Bicentenario nos encontrará con la misma cara ya arcaica de una minería artesanal e informal predominante, de una sola mina de clase mundial (San Cristóbal) que ya se acaba en su concepción primaria y esforzándose para generar un proyecto nuevo (proyecto óxidos) que prolongue más allá de lo planeado la vida de esta mina, con algunas operaciones medianas que siguen el mismo camino de declinación productiva (San Vicente, San Bartolomé, Don Mario), otras minas pequeñas para los estándares internacionales como son aquellas de las mineras Sinchy Wayra e Illapa (ex Comsur y operadoras de la suiza Glencore), luchando por subsistir acudiendo a un nuevo operador, Santa Cruz Silver Mining y una cadena interminable de sueños de desarrollar un potencial innegablemente grande que duerme el sueño de los justos por centurias y de entrar en la industrialización de los productos mineros (hierro, plata, zinc, litio, potasio, etc.). Hay, como anoté varias veces en esta columna, un juego perverso de intereses que han impedido a través de la historia el desarrollo sostenible y que han generado un movimiento pendular a posiciones liberales o nacionalistas a su turno, cuyo resultado es estancamiento, burocracia, en algunos casos corrupción y juego de intereses corporativos. Así las cosas, no hay nada que festejar en este aniversario porque, cuando la visión de desarrollo se limita al miope horizonte de intereses corporativos o personales, los resultados son siempre negativos.

Hay un marcado desfase entre las tendencias actuales de la minería en el mundo, preocupada en el upstream, y el suministro de metales para garantizar la energía verde del futuro (v.g. plati-noides, tierras raras, cobre, grafeno, etc.) y los planes ya añejos de la minería nacional que se quiere actualizar en el país. La Comibol se dedica al estaño, zinc, plomo y plata, soñamos con reabrir minas de antaño como Mesa de Plata en los Lípez y dejamos para la minería informal de pequeña escala, yacimientos aluviales de oro del noreste del país, cuyo valor exportable ya superó todos los récords (más de $us 2.500 millones en la gestión pasada). Todo en aras de la reactivación económica, a cualquier precio y de la mano de lo que se llama democracia participativa. La vorágine de avasallamientos en ríos y tierras mineralizadas aumenta cada día bajo la mirada poco proactiva, para decir lo menos, de las autoridades llamadas por ley y el desorden cada vez es más visible para la población en general. Hay un hermetismo poco usual sobre los problemas de Vinto y sus deudas, Karachipampa y Mutún, y sus idas y venidas, el proyecto de litio y su avance, etc. Todo se limita a escuetas rendiciones de cuentas y a comparaciones estadísticas con un periodo pretérito de transición de gobierno y de pandemia, que obviamente no tiene un valor específico valorable.

Como apuntaba en una de mis columnas y parafraseando a Octavio Paz: “…en nuestra región la democracia no necesita echar alas, lo que necesita es echar raíces. Antes de vender tiquetes al paraíso, preocupémonos primero por consolidar nuestras endebles instituciones.” Ya va siendo tiempo de acuñar un pragmatismo más tecnocrático que político que nos permita salir de esta situación, corregir errores, proyectar lo valorable y abrir un horizonte de esperanza para una industria que en la coyuntura actual ha vuelto a ser de primer orden. ¡Felicidades Bolivia!

Dionisio J. Garzón M. es ingeniero geólogo, exministro de Minería y Metalurgia.

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La Paz en su efeméride

/ 8 de julio de 2022 / 02:26

El departamento de La Paz alberga, en sus pisos ecológicos cordilleranos y de tierras bajas llamadas Yungas, una rica tradición desde tiempos de los imperios primigenios, que habla de un gran potencial en oro, plata, cobre, metales base y algunos de uso industrial como son los platinoides y tierras raras, necesarios en los alocados tiempos de transición energética que pretende bajar el nivel de contaminación del medio ambiente. Esto obliga a transgredir cánones tecnológicos y de mercado para poder hacer frente a una demanda cada vez mayor de estos metales y de una minería altamente eficiente y amigable con el entorno. Recuerdo las descripciones del padre Alonso Barba allá por 1770 de las ocurrencias minerales de estas tierras, particularmente del oro en pepitas y en finos gránulos en los ríos y arroyos de Pacajes, Larecaja, Tipuani, también en el río Choqueyapu que forma el valle de la ciudad de La Paz, llamada Chuquiago o Chuquiabo, que en lengua nativa de estas tierras quiere decir Chacra o heredad de oro (detalles en Barba, Álvaro Alonso, 1770, El Arte de los metales, en que se enseña el verdadero beneficio de los de oro y plata por azogue, el modo de fundirlos todos y cómo se han de refinar y apartar unos de otros; Madrid en la oficina de la viuda de Manuel Fernández. Año de 1770, pp. 49 y siguientes). La Paz siempre estuvo ligada al oro, se puede decir que el lugar de su fundación obedeció, entre otras cosas, al hallazgo de una pepa de oro en el río Choqueyapu. Además, en la cuenca alta del río Amazonas y en el departamento drenan los ríos Madre de Dios y Beni y sus afluentes Tipuani, Tuichi, Challana, Mapiri, etc., de donde procede la mayor cantidad de oro aluvional cuyo valor exportable ya supera los $us 2.500 millones, según datos oficiales y cuya reserva se estima en más de 30 millones de onzas (Matthews, P.F.P. 1988, Alluvial Gold Potential in Bolivia; Informe reservado para el Ministerio de Minería e Hidrocarburos de Bolivia. La Paz, Bolivia, 1988).

La Paz tiene, pues, no solo tradición sino potencial de minería aurífera y también de otros metales; volvamos a las apreciaciones del padre Barba hablando de minerales de plata: “Criase la plata algunas veces blanca y pura en las minas, atravesada como hilos en las piedras que llaman metal machacado… En Choquepiña, labor de los Incas, dos leguas de Berenguela, de la Provincia Pacajes…”, describe los hilos de “plata cornea” (Cerargirita, AgCl), explotada aún antes del descubrimiento del Cerro Rico de Potosí; hoy siglos después Choquepiña es parte del área de influencia de un proyecto de exploración de New Pacific Precious Metals (NYSE: NEWP, TSX: NUAG), que tiene resultados interesantes a la fecha. Hablando de cobre, los objetos ceremoniales de la cultura tiwanacota asentada en el entorno del mítico lago Titicaca fueron hechos de cobre extraído de minas situadas en la Serranía de Chilla al sur de las ruinas de Tiwanaku; ya en tiempos republicanos la explotación de este metal se extendió a vetas de cobre en sedimentos rojos ubicados en la periferia del altiplano paceño. Y podríamos seguir con el estaño, zinc, plomo, etc.

Lo importante es puntualizar que pese a la tradición y el potencial, La Paz no se consideró nunca una región minera; el espíritu metropolitano de sus habitantes, ocupados en los vaivenes de la política nacional, desdeñó el desarrollo de una burguesía minera como en otros departamentos y dejó la iniciativa a pocas empresas de capitales nacionales y/o extranjeros, y a mineros artesanales y cooperativas sobre todo auríferas. La fiebre del oro que vivimos hoy, que más que fiebre es una tempestad de operaciones informales, algunas ilegales, está desarrollando una bomba de tiempo en los ecosistemas aledaños y en la sociedad en general. He tratado el tema muchas veces en esta columna; en el mes de la efeméride paceña solo queda desear sabiduría para los paceños y para todos los bolivianos, para encontrar el golpe de timón que cambie esta situación, como el mejor homenaje a La Paz.

Dionisio J. Garzón M. es ingeniero geólogo, exministro de Minería y Metalurgia.

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