Voces

Thursday 26 Jan 2023 | Actualizado a 08:09 AM

¿Por qué (nos) es tan difícil cambiar?

/ 28 de noviembre de 2022 / 00:58

El universo está cambiando y se está expandiendo a una velocidad estratosférica cada segundo que pasa (para quienes tienen curiosidad científica, gracias al telescopio Hubble, se estima que el ratio de expansión del universo es de 73 kilómetros por segundo por megaparsec).

Por principio, todo cambia. Y eso incluye todo constructo humano, como las relaciones sociales. La estabilidad es seductora y engañosa al mismo tiempo: nos hace creer que podemos predecir — por lo tanto controlar— lo que pasará en un futuro que nos imaginamos y que aún no ha ocurrido. Pero si podemos predecir que una experiencia se repita en el futuro, y esa “predicción” efectivamente se manifiesta, en realidad estamos viviendo en el pasado: repetimos nuestro pasado día tras día, lo cual nos mantiene en el mismo nivel que ayer. No hay crecimiento.

Desde el punto de vista emocional, la supuesta previsibilidad del futuro nos mantiene en una zona de seguridad, de familiaridad. Ni siquiera en una zona de confort. De hecho, incluso es frecuente que estemos tan familiarizados con una situación desagradable, que nos sintamos inseguros/as y amenazadas de solo pensar en una situación distinta y desconocida a nuestros sentidos. De ahí el dicho “más vale lo malo conocido…”

Apuesto a que usted ha completado la frase de arriba. Porque la ha escuchado tantas veces, que se ha vuelto un “mantra”. La repetición es la primera ley del aprendizaje. Y si a la repetición le sumamos una carga emocional, la red de conexiones neuronales que se refuerzan con cada repetición —cual si se tratara del ensanchamiento de supercarreteras cerebrales—, va generando señales que son recogidas por nuestros genes y nos preparan físicamente para tal experiencia. Por ejemplo, el miedo al cambio, producido por el mantra que mencioné arriba, nos puede indisponer físicamente si percibimos que un cambio —un futuro imprevisible— puede ser amenazador.

Adicionalmente, si la repetición y la carga emocional actúan regularmente, lo más seguro es que —también regularmente— percibamos con más facilidad situaciones o experiencias que refuerzan el prejuicio inicial y “más vale lo malo conocido…” se convierte en un axioma.

La “resistencia al cambio” —otro mantra— surge entonces como una profecía autocumplida en el entorno familiar, en la empresa y en la sociedad: a los padres les irrita la música de las hijas, pues según ellos carece de la armonía y el virtuosismo del heavy metal de mediados de los años 80; el nuevo paquete informático que automatiza el registro de ventas asusta al analista cuya única función es anotar las ventas en la hoja de Excel de la compañía; el reconocimiento de la ciudadanía plena de las mujeres va en contra de las certezas del modelo mental de los hombres proveedores y sienten amenazado su valor social y familiar; la presencia física de familias y grupos con un fenotipo más oscurito en la plaza que antaño era ocupada solo por las “familias bien” desbarata el estatus señorial de algunos individuos de clase media que no conciben que los subordinados de antaño hoy puedan tener el mismo nivel de consumo y acceso a la ciudad que ellos.

La resistencia al cambio se hace más virulenta cuando el mantra, la consigna repetida unida a la carga emocional se consolidan como la base de la identidad: mujeres en espacios de poder (tradicionalmente) masculinos generan inseguridades en los hombres que basan su identidad en una imaginaria investidura reservada exclusivamente para los chicos.

En la oficina, los “jóvenes innovadores” que vienen con la peregrina idea de la firma digital amenazan la vieja y confiable seguridad del papel impreso y la doble fotocopia del carnet de identidad, tan caras a los guardianes de la burocracia.

De la misma forma que las redes neuronales se refuerzan con prejuicios contrarios al cambio, la maravillosa cualidad de la neuroplasticidad —la propiedad de establecer nuevas conexiones neuronales, nuevas asociaciones emocionales y, por lo tanto, nuevas identidades— nos abre la puerta a un mundo de opciones invisible para la antigua identidad. En estos tiempos inciertos, vale el esfuerzo cuestionar si lo que creemos que somos es en realidad lo que queremos ser.

Posdata: El cambio de identidad para adaptarse a una realidad cambiante vale no solo para quienes ven amenazada su posición de poder, también vale para quienes quieren perpetuar una identidad victimista con el fin de forzar una discriminación positiva donde no toca.

Pablo Rossell Arce es economista.

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Chat GPT

/ 23 de enero de 2023 / 00:50

Siendo usted una persona bien informada —dado que lee La Razón—, lo más seguro es que haya oído hablar de Chat GPT —el último grito de la moda en popularización de la inteligencia artificial—, y si no lo hizo, seguro que oirá del tema más temprano que tarde.

Siendo un generalista en el tema, mi única pretensión es la de describir muy brevemente qué es el asunto este y explorar preliminarmente algunas de las oportunidades que se podrían abrir con el uso de herramientas de inteligencia artificial.

Chat GPT es un bot de charla (robot de charla), es como chatear con alguien que le da respuestas sobre casi cualquier tema que le consulte. Usa una tecnología de procesamiento del lenguaje natural para interactuar como en una conversación humana. Sus creadores indican que este modelo informatizado de conversación ha procesado cientos de miles de millones de palabras en varios idiomas, así que básicamente las respuestas serían tan precisas como las de la tía que da cátedra en la “U” sobre el tema que usted pregunte. El uso no es muy distinto al de cualquier herramienta de chat que usted actualmente tenga, si bien tiene un diseño gráfico bastante elemental.

Lo novedoso del asunto, en términos sociales, es que esta herramienta simplifica dramáticamente lo que conocemos de manera coloquial como “guglear”. Hasta este momento, si necesitaba usted conocer un tema —por curiosidad personal, estudiantil o profesional—, lo primero era hacer una búsqueda con Google, vale decir: introducía su término de búsqueda; como segundo paso, accedía a una o varias de las páginas de las respuestas generadas; en tercer lugar, leía lo que la página en cuestión tiene sobre el tema y en cuarto lugar, usted hacía su propio resumen de la respuesta. Con Chat GPT y sus emuladoras, usted pasa directamente del paso 1 al paso 4.

Todo eso gratis, aunque con algunas limitaciones.

Considero a Chat GPT como la herramienta pionera de una tendencia de la actual fase de la era digital, pues siendo la más popular, no es la única herramienta. De hecho, al popularizarse su uso, es bastante frecuente que sus servidores colapsen, así que los y las internautas tenemos a disposición al menos una decena de herramientas alternativas.

Esta herramienta populariza el uso de la inteligencia artificial para muchas tareas cotidianas —incluyendo tareas de oficina— y básicamente nos da algunos chanchullos útiles en la vida cotidiana. Incluso puede escribir cartas de respuesta por nosotros.

Las funcionalidades son innumerables: Chat GPT puede escribir discursos cortos, ensayos, poemas, guiones para comerciales de televisión, enseñar álgebra básica, corregir código para programadores y hasta programar un videojuego por usted si sabe qué instrucciones darle.

Pregunté a una herramienta similar a Chat GPT acerca de las oportunidades de negocio que surgen a partir del uso de la misma y me dio una respuesta con un abanico de opciones: automatización del servicio al cliente, creación de contenido digital, asistente virtual, mayor compromiso del cliente, análisis básico de datos, etc.

En ese sentido, es poco probable que los servicios digitales omitan el uso de esta herramienta en el futuro previsible. Ojo, incluso para negocios que no son digitales, pero que prestan servicios digitales (como chats de servicio al cliente). El potencial para automatización de tareas y para personalización de funciones es muy alto.

Como en todo, existen algunas condiciones que cumplir para aprovechar al máximo este tipo de herramientas: primero, es crucial introducir la pregunta correcta. Para ello, es preciso un nivel de alfabetización digital que, por ahora, no está como objetivo en las políticas de educación pública. Esto puede llevar a ahondar las brechas digitales en la población. Segundo, es importante conocer lo que usted realmente busca al interactuar con la herramienta, pues de otra manera, puede fácilmente contagiarse del síndrome del juego de las tragamonedas y conversar y conversar sin límite de tiempo acerca de temas que ni estaban en su preocupación inicial.

Por último, son importantes la investigación personal, la curiosidad, el indagar sobre las virtudes y defectos de la herramienta; cuando estas tareas se practican sistemática y repetitivamente, desarrollan la invalorable capacidad de discernimiento para decidir cómo, cuándo y para qué usar la herramienta, y cuándo dejar de hacerlo.

Pablo Rossell Arce es economista.

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Deseos y propósitos

/ 26 de diciembre de 2022 / 01:21

Según mi personalísima definición, un deseo se convierte en propósito cuando existe un compromiso para cumplirlo. Bien podríamos decir que las navidades son la época de expresar deseos —que se manifiestan como regalos— y que el Año Nuevo es la época de definir propósitos, que se manifiestan como logros. A mí, se me ocurren tres, que comparto con ustedes como parte de un ejercicio de festejos de fin de año.

Primero, una verdadera ciudadanía digital para todas y todos. Veo una Bolivia que en la Navidad de 2023 facilita a la ciudadanía la realización de cualquier trámite desde la comodidad de una conexión a internet, incluso desde la cama y en pijamas si así le place a la beneficiaria.

La tendencia a la digitalización de la vida cotidiana, de la cultura del consumo y de las relaciones sociales es un fenómeno que no tenemos que esperar a importarlo, ya está acá y con sabor boliviano. Digitalización, no solo modernización, sino —bien llevada— también implica inclusión.

Por ejemplo, ¿sabía Ud. que existen 1,8 millones de prestatarios y prestatarias en el sistema financiero boliviano en 2022? Y cada una tuvo que firmar un contrato notariado con el banco, que implica la infaltable fotocopia del carnet de identidad (la sagrada mantita de la seguridad de los cancerberos de la burocracia) y la huella dactilar en cada copia del contrato, incluso cuando el contrato final cuenta ya con QR de seguridad y firma digital… exclusiva para el notario, porque usted no tiene la misma prerrogativa. Me suena un poquito a ciudadanía de segunda clase, eso.

En segundo lugar, insisto con las facilidades de la billetera móvil; en África, continente campeón en la materia, la introducción de la billetera móvil supuso incrementar las libertades para las mujeres; lo que hace cada una con su celular ya no es monitoreado con tanta facilidad por el marido ni por los grupos informales de poder. Las transacciones por QR son un gran avance, pero en los comercios del país queda todavía el pasito de verificación de sacarle la foto al recibo del banco para confiar en que el dinero ha sido transferido. Con una billetera digital, la verificación es inmediata.

En tercer lugar, asumir que el Gobierno, las empresas y hasta las organizaciones sociales tienen una responsabilidad social que cumplir en pro del bien común y todo eso, pero no hay nada que nos exima de la responsabilidad personal, individual y muchas veces incómoda, de mirarnos al espejo y predicar con el ejemplo. Algunos casos que pueden servir de inspiración vienen a mi mente:

Por ejemplo, si Ud. genuinamente quiere que el país sea más próspero, páguele completo a su casera de la esquina y no le regatee; circulemos algo de prosperidad, una moneda a la vez.

Si usted cree en la igualdad de todos los y las bolivianas, invite a su trabajadora del hogar a comer el almuerzo (que con seguridad ella preparó) a la mesa donde usted se sienta.

Si usted cree en la ampliación de derechos para las mujeres, aprenda, detecte y elimine las prácticas de mansplaining en la oficina y con las amistades (confieso que, siendo hombre, puede ser más retador de lo que suena).

Hemos heredado muchas cosas buenas de nuestros ancestros, y hay que valorarlas. Pero también cargamos algo de equipaje pesado y negativo. Si aprendemos a discernir, viviremos más libres y, sin duda, seremos mejores personas.

Pablo Rossell Arce es economista.

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Digitalización, dinero, confianza

/ 12 de diciembre de 2022 / 01:10

Los africanos —y africanas— lograron hace muchos años un nivel de inclusión financiera que muchos países de América Latina —también Bolivia— envidiarían.

Desde hace más de 10 años, mientras en nuestro país las primeras billeteras móviles se abrían paso muy difícilmente, en África se iniciaba la masificación de los pagos por celular. Hoy en día, Kenia y Nigeria encabezan la lista de países con mayor nivel de penetración de billeteras móviles en el mundo.

Lo que han logrado en el África en materia de inclusión financiera con los medios de pago móviles es impresionante y, sin duda, ha tenido un impacto significativo a la hora de facilitar la vida a usuarios y usuarias: el uso extendido de los pagos mediante el móvil podría eliminar las colas en las cajas de los bancos. Debido a su impacto y la facilidad de su uso para transacciones más pequeñas, la billetera móvil podría ser la herramienta más importante para la inclusión financiera.

Por ejemplo, acceder a un microcrédito vía celular puede reducir significativamente los costos de transacción para las prestatarias y el papeleo en los bancos; pagar las cuotas del mismo desde el móvil disminuye los costos de traslado hacia el banco y genera un mecanismo claro de control y el uso de la billetera móvil es incluso más seguro que el transporte físico de efectivo.

Sin ir más lejos, Bolivia tuvo un exitoso experimento de uso de billetera móvil con el pago del segundo aguinaldo para funcionarios púbicos en 2018. De alguna manera, se le dio continuidad al proceso, pues muchos funcionarios y funcionarias reciben su bono de refrigerio mediante abono en su móvil, pero el potencial para masificar su uso sigue dormido. Cientos de miles de horas en colas de banco podrían ser ahorradas por la gente y usadas de manera más productiva en asuntos personales, familiares o de trabajo, si el pago del 100% de los trámites públicos se pudiese hacer vía móvil.

El uso y aprovechamiento de todo el abanico de soluciones de una billetera digital no requieren de niveles muy altos de alfabetización digital. Sin ir muy lejos, ya hay empresas que están empezando a aplicar soluciones que facilitan la vida de las consumidoras y consumidores con pagos vía móvil. Por ejemplo, ¿sabía Ud. que puede pagar su SOAT 2023 desde su WhatsApp?

En última instancia, el uso del dinero y la aceptación de cualquier variedad de su presentación —moneda, billete, tarjeta de crédito, débito, cuenta bancaria, cheque, criptomoneda (prohibida en Bolivia) o cuenta en billetera móvil—, es una convención social basada en la confianza.

Allá por los años 80 incluso en los países avanzados había gente que cuestionaba el uso de tarjetas de débito y prefería el intercambio de dinero en efectivo —todavía quedaban importantes grupos poblacionales que desconfiaban de las nuevas modalidades de pago.

Actualmente, ocurre lo contrario; las transacciones en efectivo son más bien escasas y el uso del celular más la digitalización de los pagos hacen posible que cualquier persona prescinda del efectivo casi por completo. Más bien ahora algunos —con un afán libertario— migran hacia las criptomonedas porque desconfían del nivel de control que los gobiernos ejercen sobre los pagos digitales e incluso sobre el efectivo, a pesar del bajón histórico por el cual atraviesan las criptomonedas hoy.

Fuera de la billetera móvil, que es conocida en Bolivia, pero tiene mucho potencial de penetración, la modalidad de pago a través de QR está abriéndose paso entre las alternativas que la gente usa, pero con diferencias regionales significativas: en Santa Cruz el QR es un medio de pago común y extendido entre comerciantes, taxistas y locales de servicios y en La Paz, su uso es mucho menos conocido y en algunos casos rechazado. De nuevo, es una cuestión del nivel de confianza que habitantes de una y otra región le otorgan a esta nueva modalidad de pago.

Quienes trabajamos por la inclusión financiera en Bolivia tenemos la interesante tarea de conocer en profundidad el modelo de éxito de la billetera digital en África. Muchas cosas se hicieron bien allí, muchos errores fueron superados y muchas lecciones fueron aprendidas. Y han hecho algo muy bien para lograr la confianza de usuarias y usuarios que, básicamente, no tienen niveles de alfabetización digital mucho mayores que los de acá. Solo tenemos que estudiar y tropicalizar una solución que bien puede facilitar la vida de millones.

Pablo Rossell Arce es economista.

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La educación ya no es lo que era

/ 14 de noviembre de 2022 / 01:19

Entre los muchos síntomas de cambio de época que el mundo está viviendo, gracias al acelerado avance de la digitalización, podemos contar la obsolescencia de las redes de telefonía analógica, la multiplicación de oportunidades de venta al por menor, la introducción de la impresión en tres dimensiones como solución para artículos híper-especializados y el traslado de las acciones de publicidad desde los medios tradicionales hacia las redes sociales.

La digitalización de nuestras actividades cotidianas —en especial, de nuestras actividades sociales cotidianas— ha generado oportunidades para un numeroso conjunto de nuevos oficios: community managers, especialistas en anuncios comerciales digitales, creadores de contenidos, analistas de datos, programadores, etc.

Incluso en oficios más tradicionales — como la vieja y conocida planificación— , ya no es suficiente solo saber planificar, ahora es necesario planificar con métodos ágiles. Pero la introducción de la agilidad en los procesos de planificación o de innovación, evidentemente genera estrés en los equipos organizacionales, lo cual ha dado pie a la introducción de la neuroplasticidad en dichos procesos y la gestión del cambio como una innovación en los servicios que facilitan la vida y la gestión de empresas e instituciones.

Esta multiplicación de nuevos oficios y nuevas habilidades y destrezas —necesarias todas para aprovechar las nuevas oportunidades— trae consigo nuevas modalidades de formación; desde hace algunos años se han generalizado las “certificaciones”, que son eso, programas que certifican que usted ha cumplido con un programa sistemático de conocimientos en una disciplina o método específico de trabajo y que ha dado un examen ante la entidad dueña del proceso o una entidad que tiene la licencia para formar profesionales en el proceso.

Esto implica un cambio fundamental en la “topografía” del ascenso profesional. Tradicionalmente, la ruta de ascenso socioeconómico se parecía al ascenso de una colina para llegar a una meseta: colegio, licenciatura, maestría (la colina) y de ahí en adelante, la llegada a una meseta de estabilidad laboral. La novedad ahora es que la “topografía” se parece más bien a una colina (la formación básica y profesional), un descenso a un valle (la desactualización de lo que una aprendió en la universidad), otra colina (la actualización vía cursos, certificaciones u otros) y otro valle de “desactualización”, que se contrarresta con otra colina de formación.

Otra novedad es que estas actualizaciones son muy prácticas y especializadas y no necesariamente van con el ritmo de gestión de la formación profesional universitaria tradicional y mucho menos se compadece de la voluntad, ni de los tiempos parsimoniosos de las autoridades de educación. Las oportunidades están ahí para quien tenga las certificaciones necesarias, no necesariamente los títulos universitarios de antaño.

Estas oportunidades están abiertas para quienes desarrollen estas destrezas y habilidades, que usualmente requieren una base de alfabetización digital. Estas nuevas oportunidades, por ejemplo, benefician a personas como la tiktoker Albertina, que está generando un nivel de ingresos que no era posible si ella continuaba en la ruta de sus ancestros. Su iniciativa, perspicacia e ingenio la han llevado a un nivel de notoriedad de clase internacional. Bien por ella.

Entonces cierro: las transformaciones actuales abren un mundo de oportunidades para los oficios digitales y para la actualización de algunos de los oficios tradicionales que traigan nuevas soluciones para los nuevos retos. La contraparte para acceder a estas oportunidades es la actualización permanente, la exploración de las nuevas modalidades de actualización, la identificación de métodos (certificables) de resolución de problemas y la alineación con las soluciones digitales para los retos sociales de hoy.

Quiero finalizar con un agradecimiento especial para mi amigo Iván, que me inspiró a pensar en el tema central de esta columna.

Pablo Rossell Arce es economista.

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La pérdida de liderazgo de La Paz…

/ 31 de octubre de 2022 / 01:07

 … es un lugar común en las conversaciones callejeras y en la letanía de ciertos espacios de discusión que se alimentan emocionalmente de la victimización. Este discurso victimista lo he escuchado repetidamente desde que estaba en la carrera de Economía, como estudiante de pregrado y escuchaba a algunos de mis respetables profesores disertando, embelesados, acerca del dinamismo cruceño. Eran tiempos de la película de Jonás y la ballena rosada, basada en la novela homónima de Wolfango Montes y de la novela American visa, de Juan de Recacochea… uno de mis catedráticos nos recomendó leer ambas como modo de entender —siempre parcial y sesgadamente— las realidades de Santa Cruz y La Paz, respectivamente.

Eran los tiempos del proyecto de las Tierras Bajas del Este, de la modificación de la contabilidad del comercio exterior para incorporar la categoría de “exportaciones no tradicionales” (básicamente soya), de la carretera “nueva” a Santa Cruz: el asfaltado del “tramo Chimoré-Yapacaní”, que multiplicó la velocidad de conexión entre Santa Cruz y el occidente; en fin, tiempos de una especie de segunda “marcha hacia el oriente”.

En medio de la euforia de los primeros tiempos del “boom de la soya”, siendo yo un bisoño investigador social, fui delegado para participar en un programa en el que se discutía, entre otras cosas, el tema de la subvención al diésel. Bisoñamente, aseveré que —debido a su impacto en las cuentas fiscales— esa subvención no debió haberse aprobado. Décadas después, ya con una mayor acumulación de datos y conocimiento y con una sensibilidad más amplia, preguntaría cuál es la contraparte de esa subvención, y si esa contraparte es suficiente para un verdadero equilibrio en la distribución de los beneficios del agronegocio.

Volviendo al tema, es evidente la acelerada recomposición territorial entre La Paz y Santa Cruz que pudimos observar en las últimas décadas: La Paz ha perdido impulso en industria en la medida en que Santa Cruz ha ganado en iniciativa manufacturera; lo más seguro es que el próximo producto manufacturero boliviano nazca en Santa Cruz. Lo expresé en este mismo espacio hace pocos meses. Las cifras son contundentes y el destino de la cartera bancaria así lo corrobora.

Junto con las empresas, migró desde La Paz un importante contingente de profesionales “collas”, ya sea porque sus puestos de trabajo se trasladaron físicamente o porque la migración empresarial trajo consigo nuevas oportunidades laborales. Esta migración está, poco a poco, plasmando sus efectos en el paisaje urbanístico y en los mercados inmobiliarios en ambas ciudades.

Pero si bien La Paz ha perdido cierto tipo de hegemonía (que no viene al caso calificar acá), no presenta síntomas de estancamiento económico. El PIB per cápita de 2010 era de $us 1.641 y para 2021 fue de $us 3.727, pese a la caída de 2020. Al interior del tejido productivo, ha ganado mucho peso la minería. Ya no la minería de gran escala del pasado, sino esta especie de minería empresarial de pequeña escala enmascarada como cooperativista. Pero también ha ganado espacio la producción de café para la exportación y, gracias a ella, todo el país disfruta de diversas marcas paceñas con una calidad que solo apreciábamos vía importación hace tan solo un lustro.

Dejar vacío un espacio dinámico tiene costos y riesgos para quien se va. La súbita aparición de una nueva marca de cerveza en la entrada del Gran Poder es elocuente al respecto.

Mi punto es que esta recomposición regional se encuentra en un momento de transición y que tenemos que atender a las nuevas mescolanzas socio/económico/culturales en ambas regiones. En Santa Cruz, por ejemplo, los modos de consumo ya incorporaron a lo cotidiano las salteñas (hace mucho), el chuño, la llajua y ahora es la cuna de la coca machucada saborizada.

Políticamente es, por decir lo menos, interesante cómo esta mezcolanza se ha manifestado en el cabildo del Cristo del 30 de septiembre pasado, el “contra-cabildo” del 21 de octubre y lo que podría llamarse el “recontracabildo” (¿?) de la populosa Villa 1 de Mayo hace pocos días. La diversidad de territorios y de actores participantes es algo inédito. Las hegemonías ya no son lo de antes en La Paz, pero —ojo— tampoco en Santa Cruz.

En La Paz, por otro lado, estamos viviendo aún la transición retratada en la película Zona Sur y eso se refleja incluso en el negocio bancario; hoy en día vemos créditos con la tecnología microfinanciera que ya superan los $us 50.000 y las microfinanzas son ahora mucho más que un soporte para la actividad de subsistencia.

Vivimos tiempos desordenados, es verdad, pero el caos no es permanente. Hay un orden en este universo. Incluso la explosión más grande conocida hasta hoy —el Big Bang— dio paso a una perfecta coreografía estelar que ha fascinado a físicos y matemáticos hasta nuestros días. Es cierto que toda transición trae sus riesgos y oportunidades. Es cuestión de abrir bien los ojos y la mente para minimizar los primeros y aprovechar las segundas.

Pablo Rossell Arce es economista.

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