Voces

Friday 3 Feb 2023 | Actualizado a 20:30 PM

Cinco mujeres y un libro

/ 30 de noviembre de 2022 / 01:23

Enheduanna es la señora del amor.

Safo tiene nombre de puta. Aspasia es la hetaira por excelencia. Hiparquia, la cínica. Y Sulpicia es poeta, todas las poetas. Por el libro El infinito en su junco: la invención de los libros en el mundo antiguo de Irene Vallejo pasan mujeres que escriben cuando las mujeres no escribían. Pasa la lectura como ritual, pasan historias de librerías, pasan libreros y ladrones de libros; viaja la memoria, el eros y la revolución. Todo se hace comestible con humor, ese ingrediente que nos diferencia de las bestias y de los fascistas.

En la página ciento y trece me detengo para sonreír. Irene Vallejo narra una anécdota sabrosa. En los años 70, la editora Ana María Moix almuerza en Barcelona con los capos del boom. ¿Te imaginas en un restaurante a Vargas Llosa, Gabo, Bryce Echenique, Donoso y Edwards? Parece el inicio de un chiste: van dos peruanos, dos chilenos y un colombiano a comer… Los seis se enfrascan en una charla tan amena que se olvidan de pedir. El boliche tiene la costumbre de recibir los platos por escrito en una comanda. El camarero, enojado por la tardanza, pregunta: “¿Es que nadie en esta mesa sabe escribir?”.

Vallejo cuenta la broma para poner de manifiesto que (casi) todos, hoy en día, leemos y escribimos. Hace unos siglos no era así. La escritura y la lectura eran un privilegio. Ahora es “natural”. Aunque solo escribamos listas de mercado o cosas que hay que meter en la maleta antes de un viaje largo. “Primero las cuentas, luego los cuentos” (Irene dixit). Las historias que ponemos en un papel o en una pantalla, reales o inventadas, son un refugio; esas verdades y esas ficciones nos salvan; son esas palabras que nos permiten sobrevivir al sinsentido. Son los libros de ayer que homenajea Vallejo con un estilo ágil, erudito y entretenido; son nuestros compinches para cancelar el tiempo, para que el dolor desaparezca por un rato.

Por eso, el libro nació preparado para el viaje y la aventura. Por eso, leemos en silencio, de manera mágica y misteriosa, como un hechizo. Aunque no fue siempre así. Ni lo es. En Cuba entré hace 25 años a una fábrica de puros habanos y los trabajadores escuchaban a una compañera —mientras liaban tabaco— leer en voz alta fragmentos de una novela. Era El siglo de las luces de Alejo Carpentier. “Que todos podamos amar el pasado es un hecho profundamente revolucionario”, dice Irene Vallejo.

Enheduanna es la señora del amor. Es considerada la “Shakespeare de la literatura sumeria”. Escribe himnos y cantos para su diosa favorita, Inanna, divinidad lunar del amor y de la guerra. Se mete en política y acaba en el exilio. ¿Cuántas Enheduannas conoces? “Safo —lo cuenta ella misma— era bajita, morena y poco atractiva”. Es otra mujer que escribe cuando las mujeres no escribían. Y menos poemas épicos y amorosos. Se suponía que para hacer el amor y la guerra estaban solo los hombres. A Safo por escribir poemas eróticos la acusaron de puta, de provocadora. Y eso que su falda no era corta. El papa Gregorio VII ordenó quemar todos sus libros por peligrosos. Aspasia es otra hetaira. De yapa, extranjera y rebelde, como Medea. Pericles rompe su matrimonio de linaje para irse con ella. A la primera no la quiere; a Aspasia, sí. Es lista, buena oradora y besa a su enamorado por las calles de Atenas. Otra inmoral. Aspasia también escribe los mejores discursos de Pericles; no por nada Sócrates la llama “maestra”. Hoy, sus textos se han perdido y sus frases son atribuidas a otros; hombres, por supuesto. ¿Cuántas Aspasias desconocemos?

Hiparquia de Maronea es otra transgresora, filósofa para más señas, de la escuela cínica. Lo deja todo para vivir en la calle con su amante Crates. Prefiere leer a pasar horas de horas en el telar. Tampoco pudo dejar nada escrito aunque los antiguos le dedicaron una biografía en sus diccionarios de filosofía, la única entrada con nombre de mujer. Serán otros quienes cuenten su historia.

Sulpicia es otra mujer notable, rica. Es de la “jai” de la Roma del emperador Augusto. Por su casa pasan tipos como Ovidio. Se da el lujo de escribir y solo seis poemas suyos han sobrevivido al olvido, atribuidos hasta hace poco a su tío Tibulo. Tiene un amor prohibido, Cerinto, un esclavo. De su amor clandestino solo quedan esas palabras, palabras que hace siglos eran dominio exclusivo de los hombres. Hay más mujeres valientes en el libro de Vallejo, mujeres como Cornelia o Julia Agripina, que se atrevieron a escribir, a leer en público, en la plaza, en el mercado, en el ágora. Si alguien lee en voz alta para ti es que desea tu placer, el mismo placer que regalaron al mundo estas cinco mujeres y este libro de Irene Vallejo.

Ricardo Bajo es periodista y director de la edición boliviana del periódico mensual Le Monde Diplomatique. Twitter: @RicardoBajo.

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Hermano mosquito

Gorgias cree que nada existe; cree que si algo existiese sería incognoscible y cree que si fuera conocible sería incomunicable.

/ 25 de enero de 2023 / 01:32

“Para Ricardo, con el poder de la poesía y el tiempo verdadero”. Así reza la dedicatoria del poeta para este lector. La otra, la que cuenta, está en la página que no lleva número (es la siete), “a mi madre”. El libro, presentado en olor de multitudes el año pasado en la Feria de agosto, se llama Insectario (editorial El Cuervo). Mientras lo leo y lo releo en caminatas y viajes se me ocurre otro título: Hermano mosquito. Cuando veo en septiembre una columna del escritor Antonio Muñoz Molina en el periódico El País, suplemento Babelia, me parece que también al español se le ocurren títulos para el poemario del Piñas. La nota de Muñoz Molina se llama Hermano escarabajo. Tiene esta frase: “Ahora que desaparecen los animales y las plantas es cuando nos damos cuenta de que esa ausencia es aterradora”.

Muñoz Molina juega a comparar insectos con poetas famosos. Trato de imaginar algo parecido con los nuestros: Blanca sería una buena abeja reina; Robertito, una polilla eterna; Humberto, una libélula que ilumina todas las noches; Camperito, un curucusí con luz de jaguar azul. ¿Cuándo ha sido la última vez que te has dado el lujo de perseguir con la mirada una mariposa?

En las infancias nuestras había caracoles, saltamontes, grillos, chicharras en el calor, lagartijas, sapos, golondrinas que hacían verano. En la casa del pueblo de mi abuela jugábamos a carreras de caracoles en la pared. Duraban toda la tarde. De wawas matábamos sin piedad. Un mosquito era un enemigo a exterminar; una mosca, la mejor víctima para ser torturada. Después de leer Insectariome siento culpable.

Piñeiro, el poeta, nos viene a decir que los insectos nos enseñan cosas. Las mariposas te dicen cómo te puedes transformar, cómo puedes arrancar otra vida dentro de la tuya, te recuerdan que nunca es tarde para comenzar de nuevo. El Piñas cita a Jaime Saenz en la página nueve, como si fuera un faro: “El insecto, en cierto modo, es el creador del hombre, porque le da la piedad y la medida de su grandeza. Ama al insecto, ten fe en él y no le des muerte nunca. Es el espejo de tu propio ser. Ámalo en vida e inventa formas de tumba para él luego de su muerte”.

En el Rijks Museum de Amsterdam hay una exposición llamada Clara en Onderkruipsels (Clara y las criaturas pequeñas). Clara es una hembra rinoceronte. Es de la India. Se hizo famosa en el siglo XVIII paseando por media Europa. En el museo, junto a dibujos de ella, hay doscientos insectos, arácnidos, anfibios; son animales atractivos para la ciencia; fascinantes para escritores y artistas. Hay hormigas soldado de un metro de alto. Es una instalación del colombiano Rafael Gómez Barros.

Las hormigas son nómadas (como nosotros); son laburantes, resilientes y solidarias. Aguantan todo. A veces hasta creo que pueden convertirse en mariposas. Son mal vistas, pero. El colombiano las usa como metáfora para combatir la xenofobia y el racismo; esos dos bichos asquerosos. Hasta el siglo XVI los insectos tenían mala fama, satánica incluso. Los reptiles se llevaban la peor parte.

Mosquito y piedra es un diálogo sordo entre el poeta que tiene nombre y apellido y el mosquito que no tiene aunque el poeta lo haya bautizado sin su permiso. Ahora se llama Harry Anópheles. ¿Puede un mosquito responder al nombre de Harry? En el poema de la página treinta y siete, el escritor se pone al servicio del hermano mosquito: estamos para que él fecunde sus huevos en nuestra sangre, en todas las sangres. No se puede explicar este intercambio. Recuerda a Saenz: somos el espejo.

El siciliano Gorgias nació en el año 480 antes de Cristo en Lentini, toda una declaración de principios. Fue el filósofo sofista, por antonomasia. Alumno de Empédocles, es considerado el padre de la oratoria. Gorgias era una ferviente creyente de la palabra. La palabra, como potente monarca (nombre de una hermosa mariposa); la palabra, de minúsculo cuerpo (como la hormiga obrera); la palabra que elimina miedos y dolores, que trae alegría y luz (como la libélula de Humberto o el curucusí de Camperito).

Gorgias fue un maestro nómada, iba de ciudad en ciudad buscando estudiantes y daba conferencias, las primeras. Tenía escritos (la mayoría se han perdido) pero también improvisaba, como los grandes del jazz. Lo hacía a pedido del público. Elogio de los mosquitos es uno de los pocos textos que conservamos. La adoxografía es el elogio de una material trivial o básica. Insectario es adoxográfico como el Encomio de la mosca de Luciano de Samosata.

Gorgias cree que nada existe; cree que si algo existiese sería incognoscible y cree que si fuera conocible sería incomunicable. La inmortalidad del alma de un mosquito es incomunicable, como este primer poemario de Juan Pablo Piñeiro; una lección de renacimiento, una lección de tiempo verdadero.

Ricardo Bajo es periodista y director de la edición boliviana del periódico mensual Le Monde Diplomatique.Twitter: @RicardoBajo.

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Que nadie se equivoque (esta vez)

/ 11 de enero de 2023 / 02:16

La ultraderecha divide; siembra caos y miedo porque vive/goza de ambos. No cree en la democracia, tiene nostalgia de las (verdaderas) dictaduras. El fascismo y su estrategia golpista está in crescendo con la ayuda de las cloacas mediáticas y sus relaciones carnales con los poderes del Estado profundo. Acá y allá. Ante esta arremetida global/brutal no cabe la equidistancia. La ultraderecha ha vuelto con/por todo, como en el periodo de entreguerras del siglo pasado. Y lo hace aquí y allí.

Ejemplo número uno: hacía 100 años que el Congreso de los Estados Unidos no sufría una situación tan loca. El poder legislativo del todavía país más poderoso/abusivo del mundo estuvo paralizado por cinco días. Una parte de los diputados más derechistas del partido más derechista (el republicano), seguidores de Trump, decidió boicotear la elección del presidente del Congreso, Kevin McCarthy. Tuvieron que votar 15 veces para que saliera “humo blanco”. Los ultras se rebelaron incluso contra los consejos de Trump para apoyar al candidato oficial de su propio partido. La ultraderecha es así: divide naciones/pueblos, separa incluso a sus propios simpatizantes.

La extrema derecha no cree en la democracia, sino en la plutocracia; dícese de la forma de gobierno en la cual el poder está en manos de los más ricos (Camacho pensó tras el golpe en una “junta de notables”). Por eso, las instituciones democráticamente elegidas estorban; por eso las obstaculizan con indecencia; las envenenan. Por cierto, en los tres asaltos (Palacio Quemado, Capitolio, Brasilia) estuvo el mismo libro, la Biblia.

Ejemplo número dos: la ultraderecha agrupada en Creemos juega también a sembrar caos y miedo. Ese es su (único) programa electoral. La excusa hoy se apellida Camacho; ayer fue el Censo; mañana será al padrón electoral; pasado mañana, el federalismo. El resultado es/será el mismo: violencia racista, quema de instituciones públicas, ataque a las economías de los sectores populares, resguardo de las empresas privadas… Es decir, plutocracia.

Su apuesta es la eliminación del contrario. En sus marchas aparecen de nuevo carteles pidiendo cancelar la personería jurídica del MAS. Me hacen recuerdo a aquella ministra de Justicia de Israel que pidió matar a todas las madres palestinas o aquel otro sionista que exigió la “solución cero” (o sea, un bomba atómica sobre Gaza) para resolver el ”problema” palestino.

¿Cuánto tiempo pasará para que los “camachistas” (como los trumpistas) se dividan? ¿Cuántas semanas esperaremos para escuchar acusaciones de traición por parte de los ultras del “camachismo”? ¿Cuánta leña echarán los medios mentirosos de la oligarquía cruceña (dos canales y un periódico) para mantener encendida la hoguera del odio? Por cierto, ¿por qué se prestan los ministros a ser “interrogados” en esos canales? Nota mental: “Los poderes mediáticos son el poder golpista por excelencia” (Pablo Iglesias dixit). ¿Se puede protestar pacíficamente desde el privilegio/churrasco por las tardes y atacar con violencia por las noches? ¿Cuándo pedirán los camachistas otra vez —como los bolsonaristas— la intervención militar? Las logias fascistas (la convocatoria del Comité Cívico cruceño a la masonería no es gratuita) están con la brújula extraviada y eso es (lo más) peligroso.

Ejemplo número tres: el asalto a los tres poderes democráticos de Brasil este domingo es un libreto armado; es una apuesta redoblada. Bolsonaro, Trump, Camacho son sinónimos de muerte, destrucción y hambre. No es neofascismo, es el fascismo de toda la vida.

Su táctica es la violencia. Su estrategia (es más profunda): arrastrar a la derecha liberal hacia sus postulados, radicalizar la opinión pública, infiltrar la democracia para destruirla y a través de medios/redes sociales legitimar/blanquear sus discursos racistas/supremacistas, clasistas, machistas, xenófobos. ¿Cuándo firmarán las derechas democráticas el pacto de la no violencia? Su táctica es el parasitismo ideológico: apropiarse de lemas/canciones progresistas y hablar sin vergüenza de “libertad”, “democracia”, “dictadura” y “derechos humanos”. Su estrategia es más simple: colocar a las mujeres en primera línea para recabar las simpatías femeninas y seguir robando banderas.

En EEUU, Bolivia y Brasil, la reacción ultraconservadora cree que el poder les pertenece, por designio divino/sangre azul. Las urnas son anécdotas. Si pierden, cantan fraude. Si ganan, no hablan del árbitro ni a bala. Son malos perdedores. Nos maman con la “polarización”. El distanciamiento, arma del periodismo “independiente”, no cabe en esta disyuntiva entre fascismo/barbarie o democracia. Prohibido dudar, ante el fascismo; antifascismo. Que nadie se equivoque, esta vez.

(“Un cristiano que se solidariza con la parte opresora no es un verdadero cristiano”, Monseñor Oscar Arnulfo Romero).

Ricardo Bajo es periodista y director de la edición boliviana del periódico mensual Le Monde Diplomatique.Twitter: @RicardoBajo.

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Queremos/odiamos tanto a Bellott

/ 28 de diciembre de 2022 / 02:25

El quinto “largo” de Bellott no es una película de terror experimental. Eso es solo lo que dicen algunos y algunas. Es una oscura/loca historia de amor, de Amancaya para Amir; de Amir/Amor para Amancaya. Dos espectros dañados/esquizofrénicos se sueñan. Nos sueñan como espectadores. Buey rojo sangre es como la final de la Copa del Mundo: hay varios partidos/películas en ella.

Las historias de terror clásico me aburren. No es culpa de Bellott, me aburre el terror. Las películas con sangre por doquier me sacan de la magia de la sala oscura. Las escenas con animales mitológicos embadurnados y leyendas orientales con tufo borgiano me provocan bostezo. La elección de la enésima casa misteriosa/vetusta como escenario principal me solaza. El uso/abuso de la Pachamama como deidad maligna y vengativa me da vergüenza ajena. Estoy hasta las pelotas de las carteleras invadidas por películas idénticas como fotocopias.

La historia de cine político en Buey rojo sangre se me queda corta. El relato de la llegada de un periodista gringo a Tarija, invitado por una “oenegé” ambientalista (para denunciar a las malditas empresas extractivistas) es patético. Los brochazos políticamente correctos/hipócritas son for export.

La historia que me consigue clavar en la butaca (soy el único espectador en una sesión de viernes por la noche) es un relato que Bellott dosifica y entrega a cuentagotas para desayunarnos/despertarnos al final. Si eliminamos de un plumazo los litros de rojo carmesí, las imágenes dantescas, el regodeo con los lugares comunes del género y las lecciones moralistas del filme, nos quedan dos personajes sublimes: Amancaya y Amir, interpretados por dos soberbios actores/actrices (Andrea Camponovo y Mazin Akar).

Amancaya/Amir me atrapan, me seducen. Son dos personajes a la deriva, perdidos/confundidos, atados por la misma soga al cuello, salvados por el mismo (des)amor; entonando la misma canción, una y otra vez, como el género manda. Amancaya, Amancaya; llorarás cuando me vaya. Amir, Amir; morirás al verme partir.

Un momentito: no me quiero olvidar. Es justo y necesario (parezco un cura) ponderar el trabajo del equipo técnico boliviano. La fotografía de Sergio Bastani; el montaje de Álvaro Manzano/Juan Pablo Richter; y la dirección de arte de Alfredo Román Bulacio nos hablan del excelente momento del cine boliviano y sus hacedores a lo largo y ancho del planeta. Es necesario y justo dedicar también una línea para agradecer el tributo sentido a María Teresa dal Pero. Las pelis de Bellott siempre son muy teatrales.

Buey rojo sangre es una misteriosa película de autor. Bellott, a punto de afrontar su primera película de encargo, deja autógrafos/autorreferencias por todo lado. Repasa su obra, su mundo inalcanzable. Volvemos a Dependencia sexual con los protagonistas masculinos en (innecesaria) ropa interior; vemos de nuevo escenas de sexo bien rodadas; retornamos a los trucos/trampas en la trama de ¿Quién mató a la llamita blanca? Bellott vuelve a la carga también con una de sus causas (perdidas): la salud mental, ya tocada en Tu me manques con el suicidio de un compañero/amigo como disparadero. Regresa al mismo pesimismo/soledad de Perfidia (no hay happy end para Amancaya/ Amir). Todo se repite y se repite de forma agobiante. Si es verdad que Bellott vive feliz y contento en la jipi Samaipata, ¿parirá por fin una película luminosa?

El quinto “largo” del vouyerista Bellott está siendo/fue un estrepitoso fracaso en taquilla. ¿Por qué no me extraña? Mezclar terror puro con homoerotismo y locura no podía atraer a mucho público en nuestra “Bolivianistán”. Todavía no sé si me ha gustado Buey rojo sangre o no (me pasó lo mismo con Perfidia). ¿Importa eso? ¿Importa decir si una peli es buena o mala? ¿Es otro volantazo en su carrera? Me vale.

Ha gustado a los “bellottistas” (una inmensa minoría) y ha encabronado —a niveles no antes vistos— a los “anti-bellottistas” (mayoría entre nosotros, los plumillas). Buey rojo sangre da “argumentos” para odiar un poco más a Bellott y su sello personal a la hora de hacer cine (siempre tratando de mezclar vanguardias y corrientes comerciales del séptimo arte). También es otra razón para amar un poco más al díscolo Bellott y su cine con diferente mirada. Queremos/odiamos tanto a Bellott.

Post-scriptum: si me preguntas en qué lado de la barricada cinéfila estoy, te respondo al tiro: del lado de Bellott, un tipo que hace las películas que le da la gana (diferentes e iguales a la anterior); un tipo que cuenta sus propias historias (atravesadas por su forma de ver la vida, el amor y el sexo); un tipo que no está preocupado por contar las resabidas historias para convertirse en “el” cineasta nacional con mayúsculas, un tipo que no busca ser el nuevo Sanjinés.

Ricardo Bajo es periodista y director de la edición boliviana del periódico mensual Le Monde Diplomatique. Twitter: @RicardoBajo

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Muchachos, la ‘Albiceleste’ es una religión

Ricardo Bajo

Por Ricardo Bajo

/ 18 de diciembre de 2022 / 20:30

Introducción: Francia y Argentina chocan en la final en búsqueda del paraíso, de la gloria eterna. Argentina y Francia se diferencian en algo: la primera necesita, como el comer, su tercera Copa del Mundo, la necesita Messi y toda la Argentina.

La “Albiceleste” está totalmente comprometida para regalarle al diez su ansiado/merecido título mundial, para que coma en la misma mesa que Maradona.

Nudo: la “Scaloneta” sale a ganar el partido desde el vestuario, es pura convicción. Es el conjuro de todo un pueblo (el argentino -dividido/polarizado por la política, unido/cosido por la pelota).

Argentina se para en el centro del ring, ha salido a mandar. Francia espera, no puede salir. Ni Griezmann ni Mbappé aparecen, es otro mérito de Scaloni, del misterioso señor Scaloni que convierte a los galos -campeones del mundo- en un equipo vulgar/miserable.

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Una gran final para el jeque

Francia vive/sufre un infierno ante un colosal recital argentino. Di María es una constante pesadilla, es un “wing” zurdo de los de antaño. Koundé no lo olvidará en toda su vida. El dos a cero del descanso hace justicia a un equipo/país que juega la final como se debe, con el cuchillo del gaucho entre los dientes.

Desenlace: Francia no puede ni sabe responder en la segunda parte. Los soldados de Messi están dispuestos a sufrir por él; Enzo Fernández, Alexis Mac Allister y Rodrigo Javier De Paul impiden que los galos vuelvan al partido.

Mbappé hace una falta a De Paul, es la imagen de la impotencia europea. La “Albiceleste” perdona el tercero, una y otra vez. A falta de diez minutos, Francia empata de manera milagrosa; es una injusticia gigantesca como el estadio Lusail. El fútbol también puede ser cruel.

Mbappé -en dos minutos portentosos- resucita a toda Francia; arranca otro partido. Mi vecino “pitita” grita el segundo. En el alargue, los de Scaloni saben sufrir; en el alargue se hace justicia, por fin se hace justicia.

Con bravura llega el merecido tercero (en el minuto 108) en el arco del triunfo y llega también el tercero de Francia. Es el mejor guion para una final de película, dramática/épica. La tapada del “Dibu” es la mejor atajada de la historia en la mejor final de la historia. Gracias, argentinos/franceses, por este regalo. Se define en los penales y el “Dibu” la vuelve a hacer.

Post-scriptum: la “albiceleste” es una religión, muchachos. Es una religión que ha vuelto a ilusionar. Tiene a “El Diego”, su “dios” en el cielo; tiene a su “Messías” en la cancha, ungido por los deidades para pasar a la eternidad; tiene a un endiablado “ángel” (Di María) tatuado en el corazón del pueblo; y tiene al “Dibu”, su profeta. La final ha sido un milagro. Los goles -gritos sagrados- ha sido festejados como en los potreros, todos juntos unidos, confundidos en una piña divina, en un abrazo eterno. La “Albiceleste” nunca dejó de creer; Argentina está hoy más cerca de “dios”.

(18/12/2022)

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El ‘Viru’ es otro ‘level’

Bitácora de la gira de Always Ready por Europa, día 27.

Ricardo Bajo

Por Ricardo Bajo

/ 17 de diciembre de 2022 / 23:51

La última semana de la gira nos devuelve al calorcito del inicio: del Mediterráneo de Chipre al Mediterráneo de Valencia.

Cuando pasen los años y el olvido intente ganar el partido, quizás nuestros recuerdos sigan “jugando en sus playas”, como canta Serrat en estos sus conciertos de despedida.

Qué le voy a hacer.

El Always ha jugado seis partidos en tierras valencianas, castellonenses y alicantinas. Lo ha hecho en tres ocasiones con su equipo titular (la base del equipo modelo 2023) y en otras tres con su formación juvenil (la que más esperanzas e ilusiones proyecta).

La media docena de encuentros se han saldado con seis victorias. Las víctimas -sus equipos juveniles, en parte- han sido: Elche (2-1), Levante (4-3), Castellón (2-1), Villarreal (2-0), Patacona (4-1) y Unió Benetusser (1-0).

El concejal del Partido Socialista Obrero Español (PSOE), Rafael del Río de la localidad -Benetússer- donde se ha hospedado la “banda roja” se ha despedido en idioma valenciano: Amunt (“adelante”) Always Ready. “Ha sido un placer teneros estos días, espero que hayais disfrutado de vuestra experiencia en Valencia”.

En los seis partidos en la etapa española, un jugador ha destacado por encima del resto. Se llama Moisés y se apellida Paniagua Leaño (su hermano también está en la gira, Emanuel). Es chapaco y le dicen “Viru” (por su cabello ensortijado como virutilla). Hizo noticia en octubre cuando debutó con 15 anos en primera para marcar el gol de la victoria ante Royal Pari en Villa Ingenio.

“Viru” es otro “level”: en tres partidos anota cuatro goles (tres de ellos ante el Levante). Es el inesperado goleador de la gira (por delante del dominicano Dorny Romero con cuatro). Su crecimiento es inaudito y espectacular. Su gambeta (viene del futsal), su verticalidad (es rápido también mentalmente) y su olfato (tiene gol) encajan a la perfección en el fútbol moderno de hoy en día.

Criado en equipos tarijeños como Cancheritos, García Agreda y San José, está llamado para grandes cosas. Es hora de cuidarlo, de llevarlo con cautela; de que su cuerpo -aún sin desarrollarse por completo- sea trabajado con buena alimentación, reposo, gimnasio y proteínas.

Quizás esta gira -exitosa por el roce y la experiencia ganada más allá de derrotas y victorias- sea recordada por aquel “tour” donde pudimos ver los primeros destellos de un tímido (y callado) adolescente chapaco por media Europa.

El “Viru” lidera una camada albirroja con tremendo futuro: los Raúl Rocabado (él anota el ultimo gol de la gira), Matías Galindo, Mateo Robson, “Nico” Eterovic, “Santi” Arce, Julio Herrera, Matías Castro… En el recuerdo queda también la jugada “maradoniana” (¿o hay que decir ahora “messiana”?) de Diego Medina ante el Patacona C.F, de arco a arco. Hoy es sábado, hace 27 días que salimos de la ciudad de El Alto. Es hora de volver a la patria, a la casa.

(17/12/2022)

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