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Wednesday 1 Feb 2023 | Actualizado a 18:00 PM

Desconfiguración mundial

/ 30 de noviembre de 2022 / 01:28

En los textos todavía vigentes del comercio exterior figura que el libre comercio es la mejor opción para los países y que la globalización es la integración de todas las naciones al mercado global.

Atrás había quedado, en el olvido de los siglos, Alexander Hamilton (1789), padre de la política comercial y la industrialización en los EEUU, y Friedrich List (1841), padre del proteccionismo alemán y también, desde los años 70 del siglo XX, Prebisch y la CEPAL, padrastros de la industrialización basada en la sustitución de importaciones. Sin embargo, los economistas globalizados del norte y de sus sucursales en el Sur cuando el proteccionismo renació en el norte con Trump, con su guerra comercial, lo tomaron a broma, en cambio, recientemente con Biden con su Estrategia de Seguridad Nacional, han entrado en un silencio cómplice.

En su estrategia, Biden postula: “Nuestro objetivo es claro: queremos un orden internacional libre, abierto, próspero y seguro”, para lo cual se deberá: 1) invertir en las fuentes subyacentes y herramientas del poder y la influencia estadounidense; 2) construir la coalición de naciones más fuerte posible para dar forma al entorno estratégico global y para resolver desafíos; y 3) modernizar y fortalecer las fuerzas armadas.

De esta forma concluye: “Utilizaremos estas capacidades para superar a nuestros competidores estratégicos, galvanizaremos acciones colectivas sobre los desafíos mundiales y configuraremos las normas de conducta para la tecnología, la ciberseguridad, el comercio y la economía”.

La estrategia es clara: reconfigurar (reset) el orden económico mundial a su imagen y semejanza en función de su objetivo de la seguridad nacional.

Economistas muy críticos de la hiperglobalización en el pasado, como Dani Rodrik, se preocupan porque “la geopolítica está matando la economía mundial” y que la administración Biden está “apuntando a nada menos que evitar el ascenso de China como una potencia de alta tecnología”, “en lugar de acomodar las realidades de un mundo post-unipolar” y que China “encontrará formas de tomar represalias, aumentando las tensiones y aún más los temores mutuos”.

Pinelopi Koujianou, de Project Syndicate, demuestra que el argumento de seguridad nacional utilizado para justificar las nuevas restricciones simplemente no cuadra: “La tecnología desarrollada para uso comercial a menudo se usa con fines militares”. Entonces, “si la seguridad nacional es realmente la preocupación, Estados Unidos debería detener todo el comercio con países hostiles, no solo el comercio de productos tecnológicamente avanzados”.

El problema de fondo, que es la trampa de Tucídides, consistente en la inexorable tensión causada por el rápido cambio en el balance del poder entre dos potencias rivales, como son EEUU vs. China, se enmascara bajo un objetivo idealizado de democracia. Así, la estrategia de seguridad nacional plantea que: “La naturaleza de la competencia es entre democracias y autocracias”.

Según la Real Academia, autocracia se define como: Forma de gobierno en la cual la voluntad de una sola persona es la suprema ley. El problema es quién certifica si es un gobierno autocrático. Freedon House, que hace un ranking de los 195 países, encuentra que la tendencia mundial en los últimos 15 años es un deterioro de la libertad global siendo que solo el 42% de los países son libres y representan un 20% de la población mundial. En cambio, un 30% de los países son parcialmente libres con 42% de la población y 28% países son no libres y representan el 38% de la población mundial.

La gran pregunta es cómo administrará EEUU su estrategia de seguridad nacional. Si lo hace en la misma forma completamente discrecional con que administra sus sanciones económicas el resultado será desastroso. Ahora, si lo hace mediante reglas va a tener que incluir en los regímenes autoritarios a sus grandes socios petroleros como Omán, Qatar, Arabia Saudita y Emiratos Árabes que, según Freedon House, están entre los países menos libres y democráticos del mundo.

En suma, no solo está la amenaza de desglobalización, sino de una nueva configuración de manos de los EEUU que fijará “las normas de conducta para la tecnología, la ciberseguridad, el comercio y la economía”. ¿Habrá que esperar sentados?

Gabriel Loza Tellería es economista, cuentapropista y bolivarista.

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Fragmentación geoeconómica

/ 25 de enero de 2023 / 01:42

El último informe del Banco Mundial sobre las Perspectivas Económicas Mundiales (GEP por sus siglas en inglés) caracteriza la crisis económica mundial como una fuerte desaceleración del producto mundial “debido a la elevada inflación, el aumento de las tasas de interés, la reducción de las inversiones y las perturbaciones causadas por la invasión de Rusia a Ucrania”. Así, la confrontación geoeconómica es calificada como “perturbación”.

El Foro Económico Mundial, que se realizó en Davos, en su Informe de Riesgos Globales pone a la confrontación geoeconómica en tercer lugar entre los problemas de corto plazo, después de la inflación y de los desastres naturales, mientras que en el noveno lugar de los riesgos de largo plazo.

Así llama la atención el documento la Fragmentación Geoeconómica y el futuro del Multilateralismo, que es una nota de los debates del personal técnico del FMI (Staff Discusión Notes), que señala que después de varias décadas de creciente integración económica mundial de bienes, servicios y flujos financieros, el mundo se enfrenta al riesgo de una fragmentación geoeconómica. Identifica múltiples canales a través de los cuales se transmitieron antes los beneficios de la globalización y que ahora, a la inversa, se transmiten los costos de la fragmentación y afecten el comercio, la migración, las corrientes de capital, la difusión de tecnología y el suministro de bienes públicos mundiales.

Según los supuestos que se asuman, el costo del producto mundial derivado de la fragmentación del comercio estima que podría oscilar entre el 0,2% (en un escenario de fragmentación limitada/ ajuste de bajo costo) y hasta el 7% del PIB (en un escenario de fragmentación severa/ajuste de alto costo). Ahora, si se suman los costos del “desacoplamiento tecnológico”, la pérdida de producción podría alcanzar entre el 8% y el 12% en algunos países. Estos costos se ampliarían si le sumamos los efectos acumulados desde 2019, por la crisis del COVID, la guerra, el aumento de las tasas de interés y la reducción de las inversiones, que según el Banco Mundial estarían alrededor del 20% del producto mundial entre 2020-2024.

El problema es que las estimaciones tienden a limitarse a un porcentaje del PIB y no profundizan cómo se distribuyen, a nivel de grupos económicos y sociales, los beneficios, en cuanto al aumento de la riqueza y el número de multimillonarios, y los costos, como el aumento del hambre, la pobreza y la desigualdad.

El Banco Mundial calcula que ya “La pandemia ha causado retrocesos sin precedentes en la reducción de la pobreza que se ven exacerbados por el aumento de la inflación y los efectos de la guerra en Ucrania. Estimamos que estas crisis combinadas conducirán a entre 75 y 95 millones de personas adicionales que viven en la pobreza extrema en 2022, en comparación con las proyecciones anteriores a la pandemia”. Esta es la primera vez, desde la crisis financiera asiática de 1997-1998, que la tasa de pobreza mundial está aumentando.

Sin embargo, el problema es mucho más grave como señala OXFAM en La ley del más rico al revelar lo siguiente:

—El 1% más rico ha acaparado casi dos terceras partes de la nueva riqueza generada desde 2020 a nivel global ($us 42 billones), casi el doble que el 99% restante de la humanidad. Durante la última década, el 1% más rico ha capturado alrededor del 50% de la nueva riqueza.

—La fortuna de los milmillonarios está creciendo a un ritmo de $us 2.700 millones al día, al mismo tiempo que al menos 1.700 millones de trabajadoras y trabajadores viven en países en los que la inflación crece por encima de sus salarios y más de 820 millones de personas en todo el mundo pasan hambre.

—Con la aplicación de un impuesto a la riqueza de hasta el 5% a los multimillonarios y milmillonarios podrían recaudarse $us 1,7 billones anualmente, lo que permitiría que 2.000 millones de personas salieran de la pobreza.

La cuestión de fondo es que los organismos internacionales tratan los costos centrados en el PIB separados del examen de cómo se distribuyen los beneficios y costos. En cambio, OXFAM se atreve a decir de frente que los ricos siempre ganan en tiempos de paz como de guerra y en tiempos de auge y de crisis.

Gabriel Loza Tellería es economista, cuentapropista y bolivarista.

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Cambios en la estructura de las exportaciones

/ 11 de enero de 2023 / 02:19

Si uno realiza un análisis retrospectivo y nos remontamos 30 años atrás, a 1992, podemos observar que la estructura de las exportaciones bolivianas ha sufrido importantes cambios hasta 2022.

Con base en la clasificación uniforme del comercio internacional CUCI que utiliza la OMC, la industria extractiva, que comprende a la minería, la metalurgia y los hidrocarburos, participaba, a noviembre de 2022, con un 70,9% en el total exportado, reflejando un aumento en 2,4 puntos porcentuales respecto a la importancia del 68,5% que tenía en 1992. Las exportaciones de productos agropecuarios y alimentos mantuvieron su importancia en torno al 22% y las exportaciones de manufacturas, propiamente tales, cerca al 8,8%

No obstante, al interior de la estructura de las exportaciones han ocurrido cambios relevantes a tener en cuenta.

En primer lugar, el sector exportador más importante en los últimos años ha vuelto a ser el sector minero-metalúrgico, como lo fue a principios de los años 90 cuando representaba un 50,5% del total exportado. Empero, al interior del sector también se registraron cambios, como el hecho de que el oro metálico desplazó al zinc del primer lugar que ocupaba desde los años 90 cuando relevó al estaño, que tuvo un ciclo de más de 80 años desde principios del siglo XX. El oro metálico se constituye, desde 2017, en el tercer producto en importancia en el ranking de las exportaciones con un 23,5% de su total, desplazando al zinc al cuarto lugar con una participación del 14,4% y al estaño, que quedó relegado al sexto puesto, con una incidencia del 4,1%. En 1992, las exportaciones de oro mineral y metálico pesaban solo un 4,6% del total.

En segundo lugar, los hidrocarburos, que en 1992 era el tercer sector en importancia con una participación del 18%, en 2005 se constituyó en el principal sector exportador con más del 50% del total, pero en los últimos años pasó al segundo lugar con una participación en 2022 de un poco más de una quinta parte del total. Empero, el gas natural desde 2005-2022 sigue siendo el principal producto de exportación del país, pero con una estrella declinante que de un peso del 38% del total en 2005, llegó a un 48% en 2014, para luego descender al actual 22,6%. Al interior del sector se ha dejado de exportar petróleo y se está exportando GLP ($us 122,3 millones) que está en el décimo puesto en el ranking de los principales productos de exportación.

En tercer lugar, las exportaciones de productos agropecuarios y alimentos (incluyen derivados de la soya y girasol) a noviembre de 2022 están disputando el segundo lugar en importancia a los hidrocarburos con una participación del 22,4% en las ventas externas. Está siendo liderado por la soya y sus derivados que representan el 16,7% del total exportado y ocupa el puesto tres entre los 10 principales productos. Después de la crisis del estaño en los años 80 (Daniel Schydlowsky) ya se habló de la soya como un nuevo ciclo de exportación. A principios de los años 90, la soya y sus derivados representaban un 7,6% del total exportado y en 2000 llegaron a concentrar una cuarta parte de las exportaciones totales y actualmente están en torno a una sexta parte.

En cuarto lugar, están las exportaciones de manufacturas propiamente tales, que excluye a alimentos y a la metalurgia, que en 2000 representaban un 14,7% de las exportaciones totales, peso similar a las exportaciones de hidrocarburos, pero declinaron en 2005 a un 8,8% y a fines de 2022 bajó su importancia a un 6,9% de las ventas externas. En 2000 resaltaban las exportaciones basadas en recursos naturales, como maderas y manufacturas (4,6%), joyería de oro (3,7%), textiles (2,4%), prendas de vestir (1,3%), manufacturas de cuero (1,8%) y muebles de madera (1,4%), que concentraban un 13,5% de las exportaciones totales, mientras que más de 20 años después apenas suman un 2% del total.

Con esta retrospectiva, creo que no hay tal maldición de recursos naturales, puesto que la naturaleza nos dotó de alimentos, minerales e hidrocarburos, una estructura relativamente diversificada de recursos naturales que nos ha permitido enfrentar los distintos cambios en los ciclos de productos de auge y declinación, como el del estaño, posiblemente, el gas natural, ahora el oro y ¿después qué? ¿El litio?

Gabriel Loza Tellería es economista, cuentapropista y bolivarista.

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2022: ¿annus horribilis?

/ 28 de diciembre de 2022 / 02:28

El 2022 pasará a la historia por el momento en que confluyeron tres crisis. La primera, la crisis post-COVID que reflejó las consecuencias del Gran Confinamiento con la interrupción de las cadenas de abastecimiento mundial y de las políticas expansivas de gasto fiscal para mitigar los efectos en las empresas y en la gente. También se expresó en las medidas posteriores del confinamiento en China con su política de COVID cero, en varias ciudades, que afectó su comercio exterior y el dinamismo de su economía.

A esta crisis, provocada por un factor exógeno como fue la pandemia, se sumaron dos crisis autoprovocadas por el ser humano. La invasión de Rusia a Ucrania y las respuestas de la OTAN mediante sanciones económicas contribuyeron a acentuar los problemas de suministros de las cadenas mundiales, dispararon los precios de los combustibles y contribuyeron al alza de los precios de los alimentos.

Sin embargo, la cereza de la torta fue la crisis autoprovocada por la tardía y sobrerreacción de los bancos centrales de los países adelantados y de los países emergentes, que ante el aumento de los precios, resultante de los problemas de la oferta mundial, de la expansión de la demanda como consecuencia del aumento del gasto fiscal y de los efectos de la guerra en los combustibles y en los alimentos, elevaron sus tasas de interés con el objetivo de abatir la inflación, como si fuera solamente un problema de expansión de la demanda, que habría que contraerla a toda costa y a cualquier costo.

El resultado de la confluencia fortuita de las tres crisis, o la llamada tormenta perfecta, es la crisis de estanflación o la aparición simultánea de inflación con recesión. Cada crisis, en forma separada, no tendría las consecuencias catastróficas que generaran cuando se juntan simultáneamente.

La estanflación ya se inició en el tercer trimestre de 2022, pero con características diferenciadas y a distintas velocidades que hay que tener en cuenta. En primer lugar, está más focalizada en el Reino Unido y en el Área del Euro. El Reino Unido ya empezó con crecimiento negativo en el tercer trimestre y en el cuarto, el Área del Euro lo haría en el cuarto trimestre, junto a una elevada inflación por encima del 10%. En segundo Lugar, los Estados Unidos están con una inflación moderada que está declinando lentamente, pero con un crecimiento todavía bastante moderado. En tercer lugar, los países asiáticos están principalmente en una situación de bajo crecimiento, pero con inflación moderada. América del Sur, que como región está con bajo crecimiento y moderada inflación; a nivel de países destaca Chile, que está en estanflación y Argentina, con crecimiento moderado, pero con inflación cercana a 100% que la ubica en la disputa del primer lugar del campeonato mundial de la inflación con Turquía.

Lo que viene en 2023 es pronóstico reservado. Es la cosecha de lo sembrado en un mal año. Pero si, adicionalmente, los países adelantados siguen subiendo sus tasas de interés de política monetaria, como amenazaron sus bancos centrales, lo más probable es que se mantengan en un escenario con inflación relativamente alta y crecimiento cercano a cero (EEUU) o de recesión (Área del Euro).

Si la situación continúa todo el año, es probable que arrastren o influyan en algunas economías emergentes a la estanflación, aunque el producto y el comercio mundial todavía crezcan en torno al 2%, que aunque no es negativo es una tasa promedio que reflejaría un estancamiento. Si, por último, el sector financiero y las empresas tecnológicas aumentan su aversión al riesgo o entran en pánico, el panorama se complicaría afectando a los países emergentes más endeudados.

Para enfrentar esta crisis hay que ir a sus raíces. China ya entendió que su política de aislamiento de COVID cero es un fracaso y está abriendo su economía. Los bancos centrales comprendieron que hay que atenuar el incremento de sus tasas de interés, algunos empezaron a frenarlas y es muy posible que algunos bancos tiendan a disminuirlas, atenuando el impacto financiero de sus improntas subidas. Por último, que el espíritu de la Navidad y el don de la cordura influyan para suspender las acciones bélicas y así desarticular las crisis que dieron lugar a esta crisis catastrófica.

Gabriel Loza Tellería es economista, cuentapropista y bolivarista.

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La crisis de las criptomonedas

/ 14 de diciembre de 2022 / 01:00

El Índice Nasdaq, que mide el comportamiento de las acciones de las 100 más importantes empresas tecnológicas, se desplomó en un 36% desde un nivel superior a los 16.000 en enero de principios de este año hasta un poco más de 10.000 en octubre y, actualmente, en diciembre está tratando de llegar a los 11.000. Fue el sector que más se benefició con la crisis del COVID-19, llegando casi a triplicar su nivel, por lo que llama la atención la declinación asociada no solo a las empresas tecnológicas registradas en la Bolsa del Nasdaq, sino con la quiebra de FTX, que es una plataforma centralizada de criptomonedas.

Es así que, en medio del contexto del descenso del Nasdaq, se han entrecruzado las perturbaciones en las transacciones financieras de las criptomonedas, las cuales antes se hacían en la cadena de bloques de la tecnología Bitcoin o de los denominados “buscadores de minas”, que eran intensivas en el uso de energía. En cambio, actualmente, la mayoría de las transacciones con bitcoins se hacen “fuera de cadena”, es decir en plataformas de intercambio centralizadas que actúan como intermediarios financieros, que son mucho más convenientes, están al alcance de usuarios sin grandes conocimientos técnicos y no consumen tanta energía. FTX era uno de los lugares de negociación favoritos de los inversionistas institucionales y el efectivo de varios fondos de cobertura que transaba, según BBC News, 10.000 millones de criptomonedas cada día y que ha dejado más de un millón de usuarios FTX bloqueados sin acceso a los fondos de sus billeteras digitales.

El problema es que el mercado de las criptomonedas había tenido un auge después de la crisis del COVID y llegó a alcanzar una cotización de más de $us 50.000 por un Bitcoin a fines de 2021, para luego empezar su caída después de marzo de 2022, con el aumento de las tasas de interés del Fed, para arribar a los niveles actuales en torno a los $us 17.000, reflejando una caída del 66% de su valor.

Es en este contexto que aparece, según Kennetd Rogoff, “El espectacular derrumbe de FTX, el criptoimperio de 32.000 millones de dólares del ‘niño prodigio’ Sam Bankman Fried, encaminado a convertirse en una de las grandes debacles financieras de la historia”. Así, según Xavier Vives, John Ray III, el actual administrador que supervisa la quiebra de FTX, el especialista en reestructuraciones financieras como lo hizo en la liquidación de Enron, declaró que “no hay precedentes de una carencia así de controles corporativos y una ausencia de este nivel de información financiera fiable”. Lo que preocupa es que empresas que manejan miles de millones de dólares estén exentas de los requisitos de contabilidad usuales y eviten impuestos bajo el anonimato de las transacciones.

El colapso de FTX no significa que la crisis sea solo en las criptomonedas, puesto que, según Jonathan Levy, después del rebranding debido a los Facebook papers “los mercados rebanaron 89.000 millones de dólares de la capitalización de mercado de Meta, cuando Mark Zuckerberg, su director ejecutivo, anunció que recortaría el 13% de la mano de obra de la empresa (11.000 personas)”. Luego está el show de Elon Musk para adquirir Twitter, que estaba en problemas de posible quiebra, por $us 44.000 millones, amenazando con recortes de trabajadores y prolongación de la jornada de trabajo y haciendo temer por el futuro de esa plataforma. Así, “la debacle de FTX y la agitación que envuelve a Twitter y Meta nuevamente pusieron de relieve los costos de adorar ciegamente a las empresas y la riqueza”, como sentencia Jonathan Levy.

Y así el dilema: mercado o Estado, en tiempos de crisis no vale, puesto que el Estado siempre socializa las pérdidas y, por tanto, se habla de regular las criptomonedas y que el Estado actúe como prestamista en última instancia, para velar por los ahorros de los “ciudadanos”, pero en la práctica sería para rescatar a los intermediarios financieros de criptomonedas, como se evidenció con la crisis financiera de 2008, cuando el Estado no rescató a los grandes fondos de inversiones. Pareciera que las lecciones de la historia no se aprenden, sino que se repiten. Adicionalmente, habría que ser muy cuidadosos con las tecnológicas en tiempos del declive del Nasdaq.

Gabriel Loza Tellería es economista, cuentapropista y bolivarista.

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Goodbye baja inflación

/ 16 de noviembre de 2022 / 01:03

A nivel mundial se habla de un retorno a los años 70 con niveles altos de inflación, asociada a los dos shocks petroleros, simultáneamente con una severa recesión en 1974 y 1975, muy relacionada con las elevadas alzas en las tasas de interés que derivaron en una recesión global en 1982 y en la crisis de la deuda de las economías emergentes. Sin embargo, para el Banco Mundial la crisis actual, si bien tiene algunas similaridades con la estanflación de los años 70, es muy distinta debido a que “la mejora de los marcos de política monetaria en las economías avanzadas y en muchas economías emergentes han fortalecido la credibilidad de los bancos centrales y han ayudado a anclar las expectativas de inflación a largo plazo”.

La realidad muestra que, en el presente año, pese a las consecutivas alzas de las tasas de interés impulsadas por los bancos centrales de los EEUU y el Reino Unido en los países adelantados y en economías emergentes como Turquía, Brasil, Chile y Colombia, la inflación sigue persistente y alta mostrando las limitaciones en la sola credibilidad de las autoridades monetarias, puesto que, en presencia de shocks de oferta y problemas estructurales, es muy difícil anclar las expectativas inflacionarias.

Si bien las bolsas recibieron felices el dato de inflación anualizada de EEUU del 7,7% a octubre junto al crecimiento del PIB en el tercer trimestre de 2,6%, el problema es que para los halcones de la Fed el objetivo es retornar a las bajas tasas de inflación de las dos décadas de estabilidad del presente siglo, en torno a un 2%, como si no hubiera pasado nada a nivel de la fragmentación de la globalización, las crisis de combustibles y de los alimentos, junto a los efectos de la pandemia y de la tecnología en las condiciones del trabajo y en los salarios.

En la crisis financiera de 2008, varios economistas plantearon flexibilizar la meta de la tasa de inflación del 2% y, resulta que ahora, cuando se habla de baja inflación se mencionan las tasas de Suiza y Japón con tasas del 3% a octubre de 2022. Son las tasas anualizadas más bajas de los países de la OECD, las que en promedio están ya en 10,5%, cuando la tasa de dos dígitos era considerada de alta inflación, como la prevaleciente en Latinoamérica en los años 80. Y de yapa, se tiene el caso de Turquía que registra una tasa anualizada a octubre de este año de 85,5%, similar a la de Argentina.

De esta manera, van a tener que cambiar el standard para caracterizar una inflación baja teniendo que subirla en torno a un 3% y empezar a usar el concepto de inflación moderada, extendiéndola hasta menos del 10% para poder abarcar así a las tasas anuales de varios países de la OECD. Y entonces, recién, se tendría que considerar la inflación a dos dígitos o de alta inflación, donde se encuentran la mayoría de los países del Área del Euro.

El problema es que las recetas para abatir la inflación, como es la suba de las tasas de interés o la contracción del gasto público, varias veces conducen a desacelerar el crecimiento o provocar una recesión. Así, ya apareció de la mano de la alta inflación la recesión puesto que para el FMI, Rusia ya está este año en recesión, estima que en la región Chile entrará en 2023 y prevé que países que representan más de un tercio del producto mundial se contraigan durante parte de este año o el próximo. El Reino Unido entraría en recesión en el cuarto trimestre de este año, mientras que el Área del Euro lo haría en el cuarto trimestre de 2022 y el primer trimestre de 2023, según prevé la Comisión Europea.

De esta manera, mutatis mutandis con los años 80, tendríamos el retorno al fantasma de la estanflación, ya que Rusia registra una tasa de inflación a octubre de 12,6% y, en la región, Chile está con una tasa de 12,8%. En los países adelantados, a fines de año la entrada en recesión el Reino Unido la haría con una tasa de 10,1% de inflación, mientras que el Área del Euro, con 10,7% de inflación.

Pareciera que los bancos centrales no aprendieron la lección de la estanflación de los años 70 y 80 y siguen con la receta con el fin de volver a los tiempos idos y “no volvidos” (vueltos) de una baja inflación a todo costo.

Gabriel Loza Tellería es economista, cuentapropista y bolivarista.

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