Voces

Wednesday 1 Feb 2023 | Actualizado a 20:10 PM

¿Qué país queremos?

/ 1 de diciembre de 2022 / 01:21

La sentencia bíblica dice que no solo de pan vive el hombre y los bolivianos deberíamos añadir que no solo de política viven mujeres, hombres, adolescentes y niños nacidos en este país. Los medios de comunicación, las redes sociales están permanentemente plagados de temas que tienen que ver con política. No, la verdad es que con política no, sino con politiquería y chismes angurrientos de escándalos, medias verdades, de mentira organizada y en ningún caso se centran en lo que realmente necesita el país y sus ciudadanos, son el reflejo de la polarización y el paralelismo en el que se mueven los grupos sociales de uno y otro lado en un permanente desencuentro. Por ejemplo, en la ingrata discusión por la fecha del Censo se creó una desavenencia semejante a las vías de un tren donde jamás se daría la oportunidad de un diálogo sincero sin que medien los intereses personales o de clase social o de partido.

¿Qué tipo de líderes tenemos los bolivianos? Políticos que aceleradamente destruyen lo que cuesta años construir. Nuestras ciudades tan carentes de todo, son una muestra de ello, casi todas tienen aspecto de inacabadas, será porque no hay planes a largo plazo. Las políticas públicas siempre están en construcción, nos quedamos en logros de papel con normas aprobadas imposibles de cumplir, celebramos su promulgación sabiendo que su reglamentación saldrá cuando la ley ya fue mil veces violada y por tanto le damos muerte civil por inservible, se imprime, se guarda y se archiva en el último cajón.

Cuando comenzamos diciembre nos preguntamos ¿qué país queremos? ¿Se parece en algo al país que tenemos? ¿Estamos dispuestos a hacer lo posible por apoderarnos de la ciudad en la que vivimos? ¿Del barrio donde está nuestra casa? ¿Estamos dispuestos a no destruir lo poco que tenemos?

La realidad boliviana nos muestra que estamos frente a nuevos actores, nuevas formas de vida, nuevas miradas de país, frente a un nuevo mundo. Las fuerzas más conservadoras están celosas de sus pérdidas de poder, de liderazgo. Esos grupos que perdieron vigencia no están contentos con las normas sociales que se van imponiendo al declararse sociedad inclusiva. Los sectores emergentes son irreverentes ante las reglas de convivencia dictadas, desde el principio de la república, por una sociedad doctoril todavía afincada en la colonia.

Todos los esfuerzos de quienes tienen en sus manos la construcción de la sociedad boliviana deberían centrarse en dotar a la población más joven de conocimiento, de instrucción de alta calidad, de educación basada en principios y valores comunitarios, con énfasis en fomentar la autoestima que nos saque de la mediocridad y el conformismo.

Lucía Sauma es periodista.

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¿Otra vez el fin del mundo?

/ 26 de enero de 2023 / 01:23

El núcleo de la Tierra se está frenando. Ese núcleo es como un planeta dentro de otro, formado como de hierro puro y ardiente como el sol, dicen los científicos. También aseguran que está a 5.000 kilómetros de la superficie de nuestro planeta. Dicen que puede ser que esté girando en sentido inverso a la Tierra. Los efectos se sienten en un acortamiento de los días, influyen en el clima y el nivel del mar. Desde hace mucho que decimos que las horas parecen más cortas, por supuesto que el aumento del calor es evidente en todo el mundo.

¿Qué otras consecuencias puede tener este cambio en el núcleo de la Tierra? ¿Es el fin del planeta? Desde siempre los agoreros pregonaron el fin del mundo, unas veces más que otras. Durante las guerras, durante las pandemias, antes denominadas pestes, luego de fenómenos o catástrofes naturales se oye el anuncio del fin de los tiempos. Los simples mortales a pesar de ese anticipo apocalíptico, aún tenemos preocupaciones más simples y urgentes que resolver como que la próxima semana comenzarán las clases en escuelas y colegios, que los impuestos a pagar tienen plazo, que ojalá alcance el dinero para la compra semanal de alimentos, que no suba el pan y no se cumplan los malos augurios de sequía en unos lados o de inundaciones en otros.

Por supuesto que detrás de esas simples preocupaciones que hacen a la vida cotidiana, a nuestra manera las mujeres y hombres de a pie también tenemos nuestra propia inquietud por la permanencia de la Tierra como la casa común de nuestros hijos y nietos. Quisiéramos que la heredasen en las mejores condiciones posibles, quisiéramos dejarles una casa habitable reconfortante, es decir, quisiéramos dejarles un hogar en toda la extensión de la palabra y no me refiero solo en los términos ecologistas porque hablar de un hogar implica cobijo, armonía, el refugio donde se terminan las angustias, donde se encuentra el abrazo y la comprensión.

La realidad está muy lejos de ese concepto de hogar. Para un gran número de mujeres su casa se ha convertido en el lugar donde encuentran violencia y muerte, al igual que para muchos niños el que llaman su hogar es su centro de tortura del que quisieran escapar y sus padres los verdugos que no saben cómo dejar de querer, aunque no sean correspondidos.

Si hay cambios en el núcleo de la Tierra, si podría detenerse, si gira más rápido, son parte de los estudios que los científicos se encargarán de esclarecer. Lo que está en nuestras manos es el procurarnos una vida honrosa, dedicada al bien, comprometida con la alegría nuestra y la del vecino. Finalmente nuestro asunto sigue siendo el de siempre, es decir que la vida que vivimos sea lo mejor posible a pesar de los presagios y las zancadillas, esta es nuestra vida y este es nuestro tiempo.

Lucía Sauma es periodista.

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No saben perder

/ 12 de enero de 2023 / 01:39

Los grupos conservadores siempre han actuado con prepotencia como lo hicieron recientemente en Brasil, en el asalto a las instituciones más representativas de la democracia. Primero la sede del Congreso en Brasilia, luego al Palacio Presidencial de Planalto y finalmente la sede del Tribunal Supremo, en ninguno de estos lugares se ahorraron las expresiones más procaces de burla, de insulto ni de destrucción. Son los mismos grupos que permanecen frente al cuartel general del ejército brasileño pidiendo un golpe, arguyendo que las elecciones en las que perdió su líder, Jair Bolsonaro, fueron fraudulentas.

Los conservadores no saben perder, creen que el poder les viene por determinación divina. Son grupos elitistas, privilegiados desde siempre que actúan y hablan a nombre de todos, se arrogan la representación y dizque la defensa de los que ellos consideran sus subordinados o vasallos, a sabiendas de que solo lo hacen a nombre de sus intereses, en la mayoría de las veces personales o familiares. Su actuación suele ser arrogante y precedida de una falsa “buena educación” que no mide los insultos y atropellos a todos los que no son de su grupo, logia, clan o club. Esto dura hasta que se desesperan y pierden la compostura, se les va el glamour como agua de caño, se desfiguran y a manotazos, a fuerza de palo, quieren destruir todo lo que perdieron porque o es de ellos, o de ninguno.

Con estos grupos conservadores es inútil dialogar en términos ideológicos porque en el imperio del pensamiento único solo existe la creencia del propietario de la consigna, no hay un discurso político sólidamente sostenible, lo que hay es una confrontación de intereses de clase, de etnia, una demostración de superioridad que raya continuamente en el racismo. Esta misma actuación se vio en la toma del Capitolio, cuando los seguidores de Trump en Estados Unidos irrumpieron al mejor estilo incivilizado, tercermundista o retrógrado, tan mal visto entre los estadounidenses conservadores.

Estos grupos radicales en toda América Latina, en su perorata recurren al temor que siembra la palabra comunismo o socialismo, usan estos términos como sinónimo de desgracia. Con frecuencia aterrorizan con la cantaleta del peligro de convertirse en otra Cuba, o Venezuela si se toman medidas que disminuyan las brechas sociales o siquiera sirvan para reducir un poco la situación de pobreza en la que viven grandes sectores de la población latinoamericana.

Para espantar el miedo que los grupos conservadores siembran con la divulgación de muerte y zozobra, es bueno recordar que las sociedades más desarrolladas se forjaron disminuyendo sus índices de pobreza, elevando sus niveles de educación y posibilitando un mejor reparto de su riqueza.

Lucía Sauma es periodista.

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Justicia para las niñas violadas

/ 29 de diciembre de 2022 / 02:05

“Para el 2023 solo quiero mantener mi trabajo”, dice el joven cajero de un banco. “Yo pido que mi hijo tenga trabajo”, dice la madre de un recién egresado de la universidad. “Que se mantengan los precios”, es el deseo de una persona en un centro de abastecimiento. Y entre todos estos deseos que más bien tienen que ver con la economía, nos toma a quemarropa el pedido de una mujer que pide justicia para su niña violada y embarazada a los 12 años, “justicia, eso pido para el 2023”.

A pocas horas de terminar el año, este último pedido es un latigazo para no olvidar los más de 30.000 embarazos no deseados de adolescentes que se registraron en el país este año. Son embarazos en niñas que tienen entre 10 y 19 años. La mayoría de los cuales son producto de violación cometidos por sus parientes más cercanos, padre o padrastro, abuelos, tíos, primos, vecinos. En casi todos los casos de las niñas más pequeñas su estado de gestación se descubre luego de muchos meses porque ellas no saben lo que les está sucediendo, o porque las amenazas de sus violadores las silencian, no denuncian, callan, se aguantan porque están seguras de que los cobardes matarán a su madre, a sus hermanitos menores o prenderán fuego a sus casas como les dijeron.

En octubre de este año el Fondo de Población de Naciones Unidas (UNFPA) presentó un informe donde demuestra que los embarazos en la adolescencia y la maternidad a temprana edad para Bolivia representan una pérdida de $us 373 millones anuales, es el costo por el retraso al ingreso laboral y pérdida en la oportunidad de empleo. Lo peor es que este problema social, económico y de salud pública se repite año tras año.

Si se toman en cuenta todos los estudios sobre embarazos en adolescentes, indican que hay falta de alerta en las familias, principalmente en las madres de las niñas más pequeñas, quienes no perciben cambios en sus hijas, o se dan cuenta muy tarde. Existe falta de información y educación sexual en los adolescentes de entre 11 y 19 años. Padres de familia, educadores, autoridades, prefieren cerrar los ojos y dejar que las redes sociales y los medios de comunicación “expliquen” más explícitamente sobre estos temas que son difíciles para los adultos. “Qué le puedo explicar yo a mi hijo o a mi alumno, si ellos saben más que nosotros”, arguye alguien que no se da cuenta de la distorsión que conlleva dejar que vean una película que raya en la pornografía, en lugar de tener una clase o una conversación sobre sexualidad con alguien que está preparado para educar en el tema.

Al menos deberíamos considerar que hacer justicia con las miles de víctimas de violaciones que se dieron este año en Bolivia, es encarar con madurez la educación sexual de los adolescentes y el cuidado responsable de los niños que están a nuestro cargo.

Lucía Sauma es periodista.

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¿Alguien hizo la tarea?

/ 15 de diciembre de 2022 / 01:58

Llegaron las lluvias para quedarse hasta marzo del próximo año, traen consigo noticias acerca de las tareas que los municipios dejaron pendientes: la limpieza de torrenteras, el retiro de escombros, el asegurado de las tapas de los desagües, etc. Asimismo, muchos vecinos faltaron a las tareas de previsión porque no limpiaron las canaletas de sus viviendas, no destaparon los sumideros al interior de sus patios, no taparon las goteras de sus techos. Los presagios de sequía les hicieron olvidar que todos los años en los meses de septiembre, octubre y noviembre llega el calor casi sin lluvias, pero la primera quincena de diciembre comienza los aguaceros.

Este año la lluvia llegó con granizo en el altiplano paceño y su peso apresuró la caída de un tinglado en pleno acto de graduación de los estudiantes de una escuela en Achacachi, quienes estaban acompañados de sus familiares y el plantel docente. Al menos siete muertos y varios heridos son la consecuencia de la desgracia. Están los que dicen que había desgastes visibles, deterioros, sin embargo, todo lo que se diga ahora tiene el sello de tardío, ya sucedió lo irremediable, ya se perdieron vidas, ese evento que debió ser de gran alegría terminó en llanto, dio fin a los sueños de las víctimas y sus familias.

Bastó una lluvia para desestabilizar una plataforma al final de la calle Rosendo Gutiérrez en La Paz. Allí los vecinos afectados hablan de vertientes naturales internas, de alcantarillado dañado que fue reportado con anterioridad. Todo tarde, la desgracia pone en peligro varias edificaciones y amenaza con arrastrar muchas otras. Nada se hizo a tiempo, había alertas tanto de los vecinos como de las autoridades que tenían conocimiento del peligro. ¿Quién otorgó permisos de edificaciones en la zona? ¿Quién recibió las advertencias de los vecinos?

Los primeros días de diciembre el techo de plástico de la Alcaldía de Potosí se cayó en pleno recinto municipal durante un acto donde estaban presentes las autoridades ediles, razón por la que todo quedó registrado. La construcción tenía varios años sin mantenimiento. ¿No es esa una tarea anual obligatoria?

Todo tiene que ver con la utilización de material de mala calidad, con la otorgación de permisos de construcción obviando normas de prohibición en zonas donde se detecten aguas subterráneas, las coimas con las que consiguen los permisos van a parar en las billeteras de corruptos. La falta de mantenimiento también es un acto de corrupción que pone en peligro la vida de las personas que habitan esas instalaciones y la de los transeúntes que circulan cerca. Nada les importa a los corruptos, solo aquello que les reditúa, lastimosamente al parecer estamos plagados de ese tipo de funcionarios.

Lucía Sauma es periodista.

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A la hora de elegir

/ 17 de noviembre de 2022 / 02:45

Muy cerca de finalizar la etapa escolar para miles de bachilleres en el país, les preguntamos informalmente sobre las opciones profesionales que tienen pensado elegir o al menos las que estén entre sus preferencias. Varios optan por las carreras tradicionales, argumentando que así piensan mejorar o mantener su situación económica, otros lo hacen para continuar la tradición familiar y hay quienes señalan sentir vocación. Llamativamente hay un grupo de futuros bachilleres que dicen no estar seguros en su elección profesional, incluso decidieron desde ahora que se tomarán un tiempo, algo así como un año sabático para analizar el rumbo que tomarán. Y hay un tercer grupo conformado por los que decidieron insertarse en el mundo laboral sin pasar por una previa capacitación, algunos se basan en el negocio familiar y otros, en realizar una breve capacitación técnica que les permita adiestrarse en menor tiempo para luego emprender una ocupación de forma independiente.

Estos últimos son los que más nos llamaron la atención porque son una nueva generación que cobra vida y tienen planteamientos muy claros. En primer lugar, piensan que las carreras tradicionales llevan mucho tiempo, que el mercado laboral para esas carreras es muy pequeño, que no hay independencia porque luego deben sujetarse a un patrón, un horario y un salario que generalmente no responden a sus expectativas. Son un grupo de jóvenes que se muestra confiado en sus potencialidades, tienen ideas a desarrollar, piensan en hacerse de un capital que les permita realizar sus emprendimientos, trabajar inmediatamente, en el mejor de los casos, si consideran necesario, ingresarán a un instituto técnico para garantizar su ingreso al mundo laboral.

Cuando los jóvenes hablan de carreras técnicas, los adultos acostumbrados a la formación universitaria como la mejor alternativa, almacenan argumentos como el prestigio, las supuestas oportunidades de trabajo o recurren a la idea, generalmente errada, de profesión universitaria igual a grandes ganancias. En este caso los padres, tíos, abuelos olvidan que las carreras técnicas en este momento de la historia ofrecen muchas más opciones de inserción en el mundo laboral, que son más prácticas, que necesitan de menor tiempo y quizás también menor inversión, que cuentan con muchas alternativas y que vislumbran el futuro con mayor claridad.

Es parte del pasado el quitarle importancia a la formación técnica, los países más desarrollados optaron por jerarquizarla habiendo comprobado en la práctica que allí radica el empuje a su industrialización y el potenciamiento de su economía.

Lucía Sauma es periodista.

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