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Sunday 5 Feb 2023 | Actualizado a 08:07 AM

Eclipse a la cultura

/ 9 de diciembre de 2022 / 01:06

En el último tiempo la ciudad de La Paz fue testigo de expresiones urbanas que crecieron en dimensión y número; sin embargo, algunas de ellas fueron sobredimensionadas, olvidando que esta urbe escribió su historia con hechos sociales y culturales trascendentales, los cuales son capaces de describirla sin necesidad de inventar otros.

Cuando ocurre aquello pareciera que está forzando el hecho de dar identidad a una ciudad que tiene por demás la suya propia y no requiere del sobredimensionamiento de costumbres o hechos que parecieran mostrarse hasta artificiales y engañosos. Es más, se debiera recordar que La Paz tiene un prestigio simbólico adquirido en el tiempo, lo que no tiene discusión alguna.

Además, desde su origen esta ciudad ha demostrado su condición territorial de lugar de manifestaciones culturales, donde lo simbólico subyace a cualquier otro tipo de expresiones que pretendan ser popularizadas, como es el caso de la “entrada” de los comerciantes navideños disfrazados de papanoeles al Parque Urbano Central. Una actividad que pareciera manipular el sentido espiritual de la Navidad hacia lo comercial.

De igual manera, no faltan otras entradas barriales que olvidan el valor y prestigio cultural de ciertas expresiones propias de La Paz, como es la entrada del Gran Poder. Todo ello hace necesario recordar que el patrimonio cultural es resistente a cualquier proceso de imitación. Una realidad que muestra, sin equivocación alguna, cómo “una actuación social puesta en escena, simulacro, espejo de espejos, es un modelo sin origen real”, como afirman ciertos escritos.

Volviendo al tema de la feria, no se debe olvidar que los mercados navideños existen en la mayoría de las ciudades del mundo y que se caracterizan por ser pequeños lugares amables, pensados para el disfrute de la población y no solo para el comercio. Es cierto que la gente necesita trabajar y vender, pero precisamente por eso la feria navideña de La Paz debe mostrarse como tal: un mercado de venta de productos navideños que no requiere de papanoeles que invadan la ciudad antes de su instalación en el sector mencionado.

En cuanto a otras manifestaciones urbanas, se debe remarcar que La Paz siempre ha contado con sorprendentes expresiones que no requieren incrementarse con aportes adicionales, pues poseen la suficiente fuerza cultural, por lo que el sobredimensionamiento de otras actividades como la mencionada parece innecesario. Esto por la esencia cultural, que se ha convertido en evidencia histórica.

Asimismo, es importante indagar el significado de ciertos espacios públicos y respetar sus límites porque corren el riesgo de perder el valor que aún tienen. Es el caso de la plaza del estadio, hoy utilizada para ferias dominicales, pese a ser un espacio rememorativo (copia del templete de Tiwanaku) que invita al paseo turístico y de la población.

En ese sentido, una actuación social puesta en escena no debiera tener lugar en una ciudad como La Paz, que tiene una identidad consolidada, propia y singular. Sobra pues el sobredimensionamiento o imposición de manifestaciones que solo confunden las expresiones propias, que además ya consolidaron a los lugares más destacados de la urbe.

Para terminar, toda teatralización del patrimonio es un esfuerzo, por similar y olvidar que existe un origen, una sustancia fundante con bienes simbólicos propios, los cuales pueden convertirse en claves para deconstruir hasta los vínculos entre cultura y sociedad.

Patricia Vargas es arquitecta.

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Domótica

/ 3 de febrero de 2023 / 02:14

Las nuevas edificaciones destinadas a la vivienda hoy cuentan con un sistema de control informático denominado domótica, el cual se refiere a un conjunto de tecnologías que permiten actualizar el control inteligente de una casa. Para ello, los especialistas exigen que las nuevas construcciones de preferencia recurran a materiales ecológicos.

En la arquitectura de las viviendas, la domótica busca que éstas dispongan de un sistema de control avanzado que realice de forma integrada funciones referidas tanto al control energético como al control de la iluminación. Ambos aspectos están debidamente apoyados por un sistema de seguridad que permite incluso la instalación de otros sistemas, como el de proyección de imágenes por videos o, en su caso, un home-video historial.

Se puede aseverar, en esa línea, que la domótica regula todas las funciones de una casa (como las persianas, cortinas, riego de jardines, puertas, iluminación, calefacción, estores, entre otros), sin olvidar que colabora en detectar las fugas de agua y de gas antes de que éstas ocurran, así como la rotura de vidrios. También se debe remarcar su cualidad para crear escenarios de iluminación, ya que con un solo toque o la pulsación de una tecla regula las luminarias y persianas.

Así pues, se trata de un privilegio tecnológico que favorece en gran medida el embellecimiento del espacio de la vivienda.

Desde hace años existen ejemplos de casas que fueron construidas en su interior con paneles livianos y de fácil instalación, los cuales permitieron su conversión en domóticas.

Bajo esas y otras características la domótica se impone en la vida contemporánea, ya que, además de simplificar la construcción, ofrece sistemas de control habitacional, alcanzados con el uso del domoval, que es una especie de “cerebro” de las viviendas.

En síntesis, se trata de un sistema centralizado que permite automatizar y controlar cualquier espacio de manera inteligente y remota. Y aunque su implementación data de hace más de una década, se constituye en una respuesta ideal para los nuevos tiempos y para la dinámica del nuevo vivir, que requiere de sistemas que simplifiquen la vida del habitante.

Así pues, la vivienda contemporánea invita a la instalación de la tecnología debido a su propuesta espacial, de mobiliario y equipamiento, y especialmente por el juego de espacios abiertos que presenta. Espacios libres que requieren de tecnología no solo por su seguridad, sino para relevar y destacar las cualidades espaciales de aquellos.

A partir de lo anterior, sobresale el hecho de que hoy la nueva vivienda debe estar apoyada por tecnologías inteligentes que conduzcan al buen vivir.

En definitiva, llegó el tiempo en que el espacio abierto es una realidad por demás cualificante, aunque no siempre sea fácil proyectarlo. Hoy, una apertura espacial remarcada por el interrelacionamiento de áreas con distintas funciones, se ha convertido en un elemento atractivo y dinámico, además de representar un desafío para la tecnología por todo lo que conlleva.

Finalmente, queda corroborado que la arquitectura —como expresión construida— es lindante con la tecnología, en este caso la domótica. De ahí que si ayer la modernidad trajo grandes transformaciones que cambiaron la vida de la población, hoy la tecnología inteligente y las innovaciones que acompañan la automatización, aportan de gran manera en la cualificación del vivir del habitante y representan una parte irrenunciable de los tiempos actuales.

Patricia Vargas es arquitecta.

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Sin Picasso hace medio siglo

/ 20 de enero de 2023 / 01:42

La pintura moderna fue por demás propositiva para la evolución del pensamiento de la humanidad del siglo XX. Un arte que rompió con los convencionalismos estéticos para desarrollar nuevas expresiones que transformaron al pensamiento de esos momentos. Un gran cambio entre la pintura figurativa del pasado y las nuevas manifestaciones, las cuales lograron convertirse en vanguardia.

Cabe recordar que el arte moderno duró 100 años a partir de 1850. Este fue acompañado de corrientes innovadoras que colaboraron en fundamentar las grandes transformaciones de la revolución técnica e industrial que había nacido en el siglo XIX, la cual obligó a la humanidad a evolucionar su pensamiento. Goce fundamental que reforzó en esos momentos a la estética del arte, convirtiéndola en un mensaje representativo de los nuevos tiempos.

Y es justamente en 2023 que se recuerda los 50 años de la muerte de Pablo Picasso, ese gran pintor, creador del cubismo en tiempos en que París atravesaba 40 años del arte de vanguardia. Momentos en los que este hombre sentó su presencia con un arte que dominó y revolucionó.

Ingresando a su obra en sí, habrá que decir que impuso su tendencia al uso de los colores brillantes y tonos expresivos (1901), para luego proponer otra línea enmarcada en lo frío y depresivo del color azul (1904). Esta última mostró un estilo desolador en el que destacaba la descripción de la pobreza de los vagabundos. Una imagen de la naturaleza social del momento.

Posteriormente, apareció en su arte el color rosa, con el que la atmósfera de su pintura se hizo menos austera. A ello hay que agregar que el circo y las escenas del Carnaval favorecieron esa nueva tendencia, remarcada en ciertos casos por arlequines y bailarines.

Sin embargo, lo singular en esos tiempos es que aparece la escultura en su producción, la cual fue calificada por expertos como una obra de un clasicismo notorio.

Fueron periodos en los que su pintura alcanzó el apogeo artístico, ya que dio a conocer una obra que daba las primeras luces del cubismo: Señoritas de Souvignon (1907). Una ruptura con su pasado que en esos momentos pareció hasta incomprensible para observadores como Matisse y Braque.

No se debe omitir que la evolución del estilo de Picasso representó importantes cambios gracias a su interés por lo fragmentado y lo ambiguo, que condujo su producción hacia una disciplina lírica y sobria. Un hecho que llevaría a comparar su obra con La fuga de Bach.

Una segunda etapa llegó con el cubismo sintético, cuyo alejamiento de la abstracción fue clara gracias al ingreso de un nuevo tiempo, el moderno, en el que las obras plasmaron una especie de respuesta al interés de armar un nuevo mundo inspirado en elementos geométricos.

Por donde se mire, Picasso descubrió durante su carrera nuevas expresiones y entre ellas es imposible dejar de mencionar a aquella que representó un momento determinante de su obra gracias a la austera paleta de negros, blancos y grises: Guernica.

Así pues, Pablo Picasso fue un artista versátil y prolífico del siglo XX que tuvo una presencia categórica en la producción artística de ese tiempo. Sin embargo, lo más interesante es cómo desarrolló las distintas facetas de su obra y la celeridad con la que se apropió de los cambios culturales y tecnológicos de su época, que lo llevaron por insospechados caminos creativos.

Este año, la celebración “Picasso 1973-2023” recordará con 50 exposiciones y eventos el gran talento de este pintor del siglo XX.

Patricia Vargas es arquitecta.

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La ciudad te hace libre

/ 6 de enero de 2023 / 02:35

La vida de toda ciudad desde su nacimiento hasta los tiempos actuales ha logrado convertir al espacio público en el único lugar donde se le otorga al individuo el mayor grado de libertad que encuentra en su existencia. Con ello, esos sectores urbanos se tornan en pequeños territorios sometidos a todo tipo de iniciativa ciudadana, pero también de trasiego.

Esto no solo porque allí las concentraciones de personas se muestran como movimientos ciudadanos, sino porque pareciera que el sentido reivindicativo que portan esas manifestaciones conllevan una infinidad de realidades, que algunas veces pueden ser consideradas como detractoras debido a los efectos de furia que producen. Aun así, su valor radica en la fuerza adquirida como espacios democráticos de expresión ciudadana.

De esa manera, esos lugares públicos se transforman en espacios de sentido, donde los cuerpos en libertad los trastocan de lugares casi imperceptibles e invisibles a lugares vivos.

Hauptman afirmaba que si bien la multitud es el símbolo de un héroe dividido en varios personajes típicos, también es capaz de mostrar la actitud de un héroe pasivo a otro movido por sentimientos no siempre encomiables. Así pues, en los espacios públicos que los acogen, los agitadores pueden mutar de seres pasivos a grandes exaltadores de multitudes. Una imagen que en el último tiempo puede apreciarse en las revueltas ciudadanas que tienen lugar en distintas urbes del país.

Movilizaciones en las que se pareciera olvidar que la libertad de las personas encuentra sus límites en el derecho a la libertad de los otros. De ese modo, se podría afirmar que ese ejercicio de libertad no exime la obligación de respetar al otro.

Empero, la co-presencia de una infinidad de personas con distintos intereses e ideologías relata cómo se aprovecha de esos movimientos de carácter reivindicativo para transformar a los espacios públicos en un lugar de batalla campal, olvidando que lugares como el Cristo Redentor, en Santa Cruz, ya tienen construida una historia de espacio democrático. El más relevante de esa ciudad.

En estos últimos días, ese lugar otrora de concentración ciudadana se transformó en un sitio de combate, donde se aprovecha el anonimato para iniciar la violencia y cimentar nuevos significados vinculados con ésta. Una de las figuras predilectas de la alteridad.

La plaza del Cristo Redentor hoy es un testigo que da cuenta de cómo este punto estratégico y de gran significado está signado por la violencia, vale decir que se constituye en un lugar urbano que posee una nueva marca. Durkheim aseveraba que “la potencia caótica de los enfrentamientos puede transformar a un lugar de recurso singular a espacio de gran violencia”.

Es cierto que las ciudades cuentan con escenarios de privilegio, donde tienen lugar todo tipo de actos, también los otrora receptores de escenificaciones festivas; sin embargo, aquellos espacios son transformados en lugares para la exigencia de diferentes reivindicaciones sociales.

Así, en el caso mencionado, una ciudad con identidades e intereses distintos y quizá hasta incompatibles, se está convirtiendo —a fuerza de intercambio de ataques y hechos vandálicos— en una urbe de estos tiempos, una ciudad violenta. En definitiva, la violencia presente hoy en algunas ciudades está transformando a ciertos puntos urbanos relevantes y relatores de expresiones ciudadanas —donde sobresalía un consenso pacífico y de manifestaciones propias— en puntos estratégicos de violentos sucesos donde todo puede suceder.

Patricia Vargas es arquitecta.

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Historias silenciadas

/ 23 de diciembre de 2022 / 03:03

Si hace algún tiempo alguien hubiese afirmado que existieron mujeres que construyeron sociedades como la romana, posiblemente eso se habría considerado un mito.

Yo Julia, obra escrita por Santiago Posteguillo, relata con vehemencia cómo una emperatriz de carácter determinante consiguió concentrar el poder político de Roma en una familia, y que fue Severo, el emperador romano y marido de esta bella mujer de Siria, quien la acompañó para alcanzar ese ideal.

Para ello, Julia se propuso derrocar a cinco emperadores romanos. Esto, en busca de crear una dinastía imperial conformada por Severo y sus dos hijos. Sin embargo, la vida de esta mujer — que colaboró en la construcción del poderoso Imperio Romano de esos momentos— se mantuvo en silencio durante siglos.

Y es justamente Posteguillo quien nos lleva a conocer a este personaje de enorme carácter, astucia, inteligencia, valentía y hermosura, que fue capaz de gobernar indirectamente al Imperio Romano.

Una emperatriz con un poder tan grande que logró incluso que se la identificara como Augusta, empero, aquello tuvo un precio: el tener que enfrentar la vida asediada por decenas de enemigos, convertidos muchos de ellos en oponentes mortíferos, que no solo intentaron hacer daño a su imagen como esposa del emperador, sino coartar su férrea voluntad.

Historia de un personaje por demás atractivo y singular, especialmente en esos tiempos en los que el autor muestra cómo esa mujer siria nunca se arredró ante nadie, sino todo lo contrario, demostró su capacidad de armar el poder en casa, para que los actores surgieran y representaran el papel que les correspondía en ese gran imperio.

Así, Julia Domna tuvo que sobreponerse a la adversidad de su época y conducir la historia romana por una nueva senda a través del poder de Severo. El final de esta mujer valerosa terminó con un suicidio; luego su hermana restauró el poder de la dinastía Severa con Heliogábalo en el trono imperial.

No faltan otras tantas historias de otras mujeres, como es el caso de sor Juana Inés de la Cruz (1664), exponente literaria y educativa del siglo XVII en México. Una escritora prolífica cuyas necesidades económicas familiares y su gran intelecto la llevaron a “vivir en un convento donde cumplió con sus responsabilidades y sus votos católicos, pero también se dedicó a escribir”. Su responsabilidad mayor, empero, fue la de servir a Dios y realizar las tareas paralelas de archivista y contadora del convento. Esto último acompañado de su faceta intelectual, la cual estuvo alimentada por su propia biblioteca, la más importante de la época.

Esta religiosa jerónima y escritora novohispana, exponente del siglo de oro de la literatura en español, también produjo escritos cortesanos y religiosos, autos sacramentales como El Divino Narciso; así como relevantes expresiones poéticas como Primero Sueño y Ñahuati.

Octavio Paz aseveró que si no hubiese sido por la misiva que se publicó con el nombre de Carta Atenea Alegórica, Juana Inés de la Cruz habría escrito más obras de importante valor. Sin embargo, se interpuso un obispo, quien la conminó a que en vez de realizar aquellos supuestos escritos profanos, abrace lo religioso. Con ello, terminó la carrera de una mujer que en el siglo XVII además de ser escritora, se dedicó a la investigación.

Cuando se revelan ciertas historias como las de la emperatriz Julia Domna y de sor Juana Inés de la Cruz, comprobamos que existieron mujeres que legaron a la humanidad relevantes marcas históricas en tiempos inimaginables.

Patricia Vargas es arquitecta.

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El arte de la calle

/ 25 de noviembre de 2022 / 02:54

Imaginemos a la ciudad de La Paz como una urbe planificada, ordenada, silenciosa, de belleza equilibrada… y está claro que jamás la reconoceríamos como tal. Esto, porque ella expresa grandes y sorprendentes cualidades, pero referidas esencialmente a su vida efervescente, la cual eclipsa al visitante por sus expresiones propias. De ahí que su habitante aprendió a vivir entreverado y al medio del movimiento de esta ciudad.

Esta visión nos acerca a definirla como una urbe singular, cuya imagen dominante se impone no solo a la mirada del espectador, sino al vivir citadino, apoyada por un conjunto de expresiones que reafirman que La Paz es una ciudad real pero llena de contradicciones. Y eso invita a prestar mayor atención a sus cualidades y problemas, los cuales inspiren nuevas manifestaciones de un arte, el de las calles.

Actualmente, las urbes comenzaron a amplificar sus expresiones particulares para que relaten el hecho de que una ciudad, además de ser vivida, inspira mensajes artísticos que muestran la fuerza de su esencia vivencial. Se busca intervenciones de arte que conlleven un discurso que articule su sentido de constructo expresivo y su contenido imaginativo, el cual logre crear signos que aparecen y desaparecen de la ciudad.

Hoy existen ciudades como Viena, la capital del arte moderno, cuya singularidad se asienta en importantes academias o universidades de formación artística. Es más, esa urbe cuenta con un número apreciable de obras de arte mural, como es el caso de la denominada Gustav Klimt sosteniendo un gato, en homenaje a ese pintor de talla mundial que cautivó al espectador por la voluptuosidad de su dibujo, el trazo caleidoscópico de sus pinturas y la belleza del ornamento de sus obras.

Y no faltan otras ciudades como México, que desde hace décadas incorporó al arte mural en diferentes áreas y ambientes, donde esas obras conmemorativas reflejan a personalidades como Frida Kahlo en lugares estratégicos del Distrito Federal.

La Paz tuvo un primer mural, pintado aproximadamente en los años 60, en el lateral exterior del edificio que hoy es el Ministerio de Justicia. Una obra supuestamente realizada por Wálter Solón Romero, hoy desaparecida. Sin embargo, en los últimos tiempos la población joven aprovecha ciertos muros en lugares estratégicos para plasmar el arte de la calle con distintos motivos. Ahí están, por ejemplo, los caballos pintados en la zona Sur o aquella obra que se esconde en un muro de la avenida Arce.

Pequeñas intervenciones de arte imaginario que se distinguen del arte urbano porque conllevan un discurso que sugiere una ciudad posible y se acerca en ciertos casos a lo virtual.

Muestras que implantan en la urbe imágenes que exaltan el estado de ánimo del ciudadano a través del arte. Una nueva expresividad que aparentemente ha dejado atrás aquellos mensajes políticos burdos y agresivos que la población veía con desagrado. Hoy, en cambio, no faltan los ejemplos sutiles que vienen cargados de significados.

El arte urbano aprendió a expresar realidades distintas, desde las más sencillas que representan a la sociedad, hasta aquellas que conllevan un sentido social enmarcado en lo estético y con un contenido profundo.

Por el contrario, el arte de la calle no se ocupa de la transformación física-espacial, sino de buscar aparecer en la ciudad. De esa manera, se interesa en el individuo, quien —como afirma Popper — es el actor urbano y el catalizador y mediador de crear un diálogo entre el espacio y la ciudad. Una nueva propuesta que denota que en La Paz existe “más energía que materia”.

Patricia Vargas es arquitecta.

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