Voces

Wednesday 8 Feb 2023 | Actualizado a 06:20 AM

Una mirada al futuro de la economía

/ 23 de enero de 2023 / 00:56

Pareciera que muchos quisieran que nos vaya mal en la economía, como si vivir una crisis causara regocijo, pero no es así. Una crisis trae mayor pobreza, desempleo, más desigualdad, hambre, enfermedades, etc., donde los únicos inmunes son los más ricos.

No estamos cerca de una crisis, más bien estamos saliendo de una y con muchas expectativas positivas que incluso fueron reconocidas a nivel internacional. Como país estamos avanzando en la diversificación de nuestra matriz productiva, con la sustitución de importaciones y gran expectativa en varios proyectos. Más allá de lo planificado, hace días se descubrió que una de las minas más grandes de plata del mundo se encuentra en Potosí y también estamos apostando por la gestión del conocimiento como instrumento para fortalecer el desarrollo de Bolivia.

Como sabemos, a inicios de 2022 se desató la guerra entre Rusia y Ucrania, que desafió la estabilidad económica de todo el mundo, que recién se estaba recuperando de la crisis del coronavirus. A pesar de ello, un informe de The Economist Intelligence Unit indicaba que Bolivia es el país mejor posicionado de América Latina para resistir los efectos mundiales de este conflicto bélico. Incluso hace poco, la revista internacional The Banker, miembro del Grupo Editorial Financial Times de Londres, eligió al Ministro de Economía de Bolivia como el “Ministro del Año”, por mantener una inflación baja y controlada, la reducción de la pobreza y la recuperación económica más rápida tras la pandemia del coronavirus.

Si revisamos el Plan de Desarrollo Económico y Social, vemos que una de las prioridades del Estado es la sustitución de importaciones, que consiste en identificar las capacidades productivas de cada región, fortalecerlas hasta que puedan abastecer nuestra demanda interna y así incluso ahorrar recursos públicos, que es lo que está sucediendo con la importación de combustibles.

Sin duda, uno de los proyectos con mayores expectativas es la industrialización del diésel renovable, biodiésel y diésel sintético, del que se estima un ahorro de $us 100 millones solo para el primer trimestre de 2023, de acuerdo con lo que recientemente informó el presidente de Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos.

Ni qué decir del gran potencial que tiene el litio, cuyo precio por tonelada en 2012 estaba alrededor de $us 4.000, en 2021 llegó a $us 17.000 y hace meses atrás superó los $us 70.000. Bolivia cuenta con una de las reservas de litio más grandes del mundo, que es utilizado en baterías de teléfonos celulares, smartphones, laptops y, sobre todo, en los vehículos eléctricos.

Otra de las nuevas oportunidades que tenemos se presentó la semana pasada con el anuncio de la empresa New Pacific Metals Corp, que informó que el proyecto Silver Sand en Potosí podría convertirse en una de las minas de plata más grandes del mundo. Sin duda una alentadora noticia para Bolivia, pero sobre todo para Potosí, ya que la misma se encuentra ubicada a 40 kilómetros de la ciudad, lo cual generará mucho movimiento económico en los siguientes años.

En todo este proceso de industrialización, el rol de las universidades es indispensable, desde actualizar sus mallas curriculares para las nuevas especialidades que se necesitarán hasta generar investigaciones científicas y tecnológicas que aprovechen las capacidades productivas de cada región. Las expectativas del trabajo coordinado con las universidades crecen sobre todo con la reciente creación del Fondo de Fomento al Desarrollo de Ciencia y Tecnología (FONDECyT), con el cual las universidades públicas serán del desarrollo de Bolivia.

Apostar por una sociedad del conocimiento viene desde 2017, con los decretos supremos 3178 y 3429, con los que se realiza convenios de cooperación interinstitucional con las mejores universidades del mundo para otorgar becas de posgrado a profesionales bolivianos en las áreas de ciencia, tecnología y salud, quienes a su retorno prestan sus servicios en empresas y entidades públicas, haciendo talleres y diferentes réplicas para transmitir sus conocimientos.

Alguien dijo Roma no se hizo en un día, pero cada hora se ponía un ladrillo sobre otro. Así es el desarrollo, no se logra de la noche a la mañana, se consigue en el tiempo con trabajo planificado, avanzando, sin dejar a nadie en el camino y sin ir por encima de nadie.

Wilmer Alavi Argandoña, es analista financiero.

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¿Hacia una moneda común?

/ 8 de febrero de 2023 / 02:25

La Integración Latinoamericana tiene mucho de utopía y también de sombras, puesto que en la práctica solo se registraron avances en la esfera comercial a través de tratados de libre comercio, como la ALALC y ALADI, y acuerdos incompletos de Unión Aduanera como el Pacto Andino y el Mercosur.

El proyecto de integración Unasur, que nació en 2008 con el objetivo de “construir una identidad y ciudadanía suramericana y desarrollar un espacio regional integrado”, quedó frustrado por discrepancias ideológicas que dieron lugar en 2019 a Prosur, nuevo proyecto liderado por Chile, Colombia y Perú que también fracasó.

En esta integración por ideologías sigue vigente la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América-Tratado de Comercio de los Pueblos o ALBA-TCP, fundada en 2004 y conformada por Nicaragua, Bolivia y Venezuela, Honduras (salió en 2009) y Ecuador (salió en 2018) y países del Caribe junto con Cuba.

En este contexto llamó la atención que, en el marco de la VII Cumbre del CELAC, que es el mecanismo intergubernamental de integración, diálogo y concertación política, se produjo el anuncio de una moneda común entre Brasil y Argentina, aunque los ministros de Finanzas de ambos países aclararon que están pensando en “medios de pago comunes” que no reemplazarían a sus propias monedas nacionales. No obstante, el anuncio fue muy criticado y tomado como una propuesta de Unión Monetaria, como en el caso del premio Nobel de economía Paul Krugman que según Bloomberg: “dice que la moneda común de Argentina y Brasil es una pésima idea”.

Así, se desató todo un barullo, por lo cual sugiero que para contribuir al debate o al alboroto es necesario no confundir entre dos cosas distintas: una moneda común o unión monetaria, como el Área del Euro, y otra, la de facilitar un sistema de pagos recíprocos del comercio entre dos países.

Respecto a facilitar los pagos recíprocos en el comercio bilateral o regional nos remontamos a la ALALC cuando, ante la escasez de divisas y dificultades de balanza de pagos que afectaban el comercio latinoamericano, en 1965 se firmó el acuerdo que creó el Sistema de Compensación Multilateral de Pagos y Créditos Recíprocos (Acuerdo de México), en 1969 se amplió con el llamado Acuerdo de Santo Domingo y, finalmente, el Convenio de Pagos se sustituyó el 25 de agosto de 1982 en el marco del Consejo para Asuntos Financieros y Monetarios de ALADI.

Paradójicamente, según ALADI, “a partir del 15 de abril de 2019, el Banco Central do Brasil dejó de ser miembro del Convenio de Pagos”, por lo que actualmente no estaría facilitando los pagos recíprocos ni con Argentina ni con el resto de la región.

Otro proyecto de compensación de pagos nació el 27 de enero de 2010 cuando entró en vigencia el SUCRE (Sistema Unitario de Compensación Regional) adoptado por Venezuela, Bolivia, Cuba, Ecuador y Nicaragua, pero que tuvo una vida corta al ser Ecuador el país que más utilizó hasta que se salió en 2018 del ALBA.

En cambio, si se trata de una moneda común habría que remontarnos a la propuesta del presidente Belaúnde del Perú de la creación del Peso Andino, pero que terminó en diciembre de 1984 con la puesta en marcha de un sistema de crédito multilateral, administrado y garantizado por el Fondo Andino de Reservas. Así, el FAR emitiría “pesos andinos” hasta por una suma equivalente a $us 80 millones, y los repartiría entre los países miembros, en proporción a sus aportes al Fondo. Los países podían usar el peso andino para pagar los saldos que resulten a su cargo en el comercio con los otros países miembros. Era pues un sistema de crédito multilateral, con una unidad de cuenta, el Peso Andino.

La moneda andina quedó en la memoria de la integración y el FAR se convirtió en el Fondo Latinoamericano de Reservas (FLAR), con el objetivo de apoyar a los países miembros frente a desequilibrios transitorios de balanza de pagos.

Por tanto, con base en lo analizado pareciera que la propuesta de Lula cabría más dentro de la vieja idea de promover un sistema de pagos recíprocos para promover el comercio bilateral, puesto que a estas alturas de la integración hablar de una fase superior, como es una unidad monetaria, sería una utopía.

Gabriel Loza Tellería es economista, cuentapropista y bolivarista.

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Las ruinas todavía estaban allí

/ 8 de febrero de 2023 / 02:23

Un hombre camina por una cantera de piedra. Se sienta y espera la detonación. Brota el polvo, puñados de polvo, es ese miedo que quiere mostrarte el poeta. Tiene pesadillas, sueña con la muerte, con todo eso se sueña. En la cantera, la muerte está cerca. Por eso, Juan Cuevas Báñez no se puede dar el lujo de tenerle miedo. De chango, ayudaba a cargar piedras, ahora trabaja en la cantera, “no he logrado mis deseos, solo queda laburar”. Un letrero en blanco y negro dice que estamos en cantón Orcoma, municipio Sicaya, a 65 kilómetros de Cochabamba. Sobre la veta de piedra caliza, materia prima de las fábricas de yeso, resiste el recuerdo de una chullpa milenaria.

El avance de la cantera nos deja sin memoria, trata de silenciar a los ancestros. Juan tiene nostalgia del pasado, de cuando pastaba ovejas y cabras, de cuando vendía leña en burro, de cuando jugaba en los molles. Cree que los abuelos nos cuidan desde el cielo, iluminando. Cree que polvo somos cuando somos piedra.

Un joven boliviano —Mayko Crispín Méndez— levanta un edificio en el gran Buenos Aires. Antes fue costurero, antes emigró porque “en Bolivia no se gana nada”. Este hincha de Wilstermann está triste consigo mismo pero no se lo dice a nadie. Quiere volver pero se terminará quedando. Nunca imaginó en su Llajta que iba a levantar un edificio tras otro en la Argentina. Ahora siente orgullo, orgullo obrero. ¿Te has preguntado quién hizo el edificio donde vives? Mayko cree que junto al nombre del arquitecto, debería haber una placa que ponga también los nombres de los obreros. Tiene más razón que un santo. De vez en cuando en la obra encuentran objetos, huesos, cerámicas, fósiles. Pertenecen a otro tiempo, a otras culturas. Todos callan, nadie quiere que se pare la obra. En las charlas de descanso, hablan de los fantasmas que caminan la obra para las noches.

El avance de la ciudad nos deja sin memoria, sin la vivencia del pasado. Nadie sabe que el tiempo gana siempre, que las ruinas todavía estarán allí cuando los tataranietos de estos obreros despierten.

Dos hombres (Reinaldo Roa y Santiago Chara) viven aislados de la civilización en Tigre. Sienten una energía negativa/desgastada en la ciudad. Resisten la invasión de los barrios privados levantados sobre cementerios indígenas. Recuperan objetos sagrados entre las aguas. Denuncian el “extractivismo urbano”. Ganamos “progreso”, perdemos lo que éramos/somos. En algunas casas de estos jailones los espíritus han salido a molestar por falta de respeto; están vivos. Algunos dueños han vendido y se han ido; están muertos.

Sebastián Apesteguía es ateo y ha dejado de buscar esqueletos de dinosaurio (se hallan tres al día en toda la Argentina). Ahora desentierra reptiles pequeños del Cretáceo. Ha descubierto un remanso de paz y su ofrenda es cuidar/preservar este territorio que se llama La Buitrera, que está en la Patagonia. Quiere entender el pasado. Y se pregunta: ¿qué signos estamos dejando para los paleontólogos del futuro? Una capa de concreto, de cemento, estamos dejando. Nuestra era será llamada “la Concretósfera” del Antropoceno. La evidencia de nuestro paso por la tierra —desde hace medio siglo— es el cemento. El futuro también será de conquista.

En el segundo y último pase del documental La conquista de las ruinas en la Cinemateca Boliviana estamos once personas. Parecemos un equipo de fútbol. La tierra (y sus antagonismos de construcción/destrucción) unen estas cuatro historias de manera lenta e inexorable (con un gran manejo del montaje y el ritmo cinematográfico). La película ha comenzado con una cita del poeta Thomas Stearns Eliot: “Ven a cobijarte bajo la sombra de esta piedra roja / y te enseñaré algo que no es / ni la sombra tuya que te persigue por la mañana / ni tu sombra que al atardecer sale a tu encuentro; / te mostraré el miedo en un puñado de polvo”. Es el miedo que muestra el poeta al minero.

El documental, “opera prima” del cochabambino Eduardo Gómez con producción de Ariel Soto, es el primer (gran) estreno de cine boliviano de 2023. Gómez —con nulo perfil mediático— es la mejor noticia. Su inusual/conmovedor ensayo coral lanza un mensaje para navegantes: la forma y el fondo (la causa y el efecto) pueden convivir sin hacerse sombra.

Las formas llegan con planos fijos y generales respetuosos del tiempo; con un blanco y negro que dibuja contrastes sugerentes; con una cámara colocada en el lugar exacto del gran paisaje; con unos diálogos no impostados; con una banda sonora/electrónica fascinante que crea atmósferas. Su cine potente y poético —con ajayu— no es moralista, no es “de denuncia” para la galería. El cine documental boliviano vive una extraña edad de oro. Gómez (en marzo estrenará su segunda obra en la Cinemateca, Héroes de piedra) es su secreto mejor guardado.

Ricardo Bajo es periodista y director de la edición boliviana del periódico mensual Le Monde Diplomatique. Twitter: @RicardoBajo.

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Tambores de conflicto

/ 8 de febrero de 2023 / 02:19

Resultado de asambleas generales, algunas federaciones departamentales y regionales de maestros urbanos determinaron marchar este 8 de febrero en contra de la implementación del currículo actualizado (planes y programas) aprobado mediante Resolución Ministerial 1040/2022.

Esta determinación es una de las varias medidas de presión que serían aplicadas escalonadamente. En tal sentido, como ya es de conocimiento público, desde las confederaciones de maestros urbanos y rurales se instruyó continuar aplicando el currículo de la pasada gestión, en claro desacato a las determinaciones del Ministerio de Educación.

Con ese antecedente, cae al abismo el anhelo de implementar el currículo actualizado desde el primer día de desarrollo curricular (clases) como fue previsto por el Ministerio de Educación, días previos al inicio (1 de febrero) de la gestión educativa y escolar 2023.

En ese orden, es menester recordar el contradictorio Instructivo IT/VER 0010/2023 del 26 de enero, emanado por los viceministros de Educación Regular y de Educación Alternativa y Especial, Bartolomé Puma Velásquez y Sandra Cruz Nina, respectivamente, que dispone la ejecución del periodo (1 al 17 de febrero) de la evaluación diagnóstica a los estudiantes, basada en tres funciones: preventivo, predictivo y correctivo, bajo el concepto del perfil de salida.

Como se puede evidenciar, el discurso de implementación del currículo actualizado, desde el primer día de clases, fue un simple monólogo de las autoridades educativas de los niveles central y departamental, en razón de que algunas de sus disposiciones contradijeron lo prometido.

Por consiguiente, es imperante que el Ministerio de Educación convoque a un encuentro nacional técnico pedagógico, a los representantes de las federaciones y confederaciones de maestros urbanos y rurales, a fin de analizar (con propuestas en mano) y consensuar soluciones sobre los contenidos observados del currículo actualizado.

Los tambores de conflicto tienen que motivar al ministro de Educación, Édgar Pary Chambi, a continuar buscando espacios de diálogo con la dirigencia del magisterio urbano y rural, evitando lanzar adjetivos despectivos a algunos dirigentes que representan a una determinada federación de maestros.

En consecuencia, la implementación del currículo actualizado no puede convertirse en una lucha de fuerzas entre el Ministerio de Educación y la dirigencia (legalmente constituida) del magisterio urbano y rural, al contrario, es urgente que consensúen criterios por el bienestar de los estudiantes y alcanzar la tan añorada calidad educativa en las instituciones fiscales y de convenio.

Luis Callapino López es magíster en Políticas de Formación Docente.

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YouTube y la madurez

/ 8 de febrero de 2023 / 02:15

Mi vida, hasta ahora, se resumía con frecuencia en cifras: 1,7 millones de suscriptores, 1,8 millones de seguidores, 155 millones de reproducciones. A los 12 años, empecé a publicar videos en YouTube. En noviembre, a los 24, lo dejé. Utilizaba el estilo y las convenciones de las películas nostálgicas de adolescentes para romantizar lo que, por lo demás, era una vida normal. Mi canal era tan crudo y cándido como lo habría sido en mi diario. Eso forma parte de la cultura. Que te conozcan tal como eres —y te alaben por ello— resulta muy atractivo para quienes sentimos un profundo deseo de que nos entiendan. Sin embargo, otra parte de la cultura es convertirte en un producto, y averiguar cómo venderlo. El éxito se mide en el número de reproducciones y de suscriptores, visibles para todos. Las cifras son una inyección de adrenalina para tu autoestima. La validación es un subidón adictivo, pero los bajones son igual de fuertes.

El apogeo de mi carrera en YouTube no siempre encajó con mi fantasía infantil de cómo sería este tipo de fama. Por el contrario, sentía un constante terror a perder a mi público y la validación que venía con él. Mi autoestima se había entrelazado tanto con mi carrera que mantenerla parecía una verdadera cuestión de vida o muerte. Estaba atrapada en un ciclo interminable en el que intentaba superarme sin cesar para no perder relevancia.

Pero siento una abrumadora culpa cuando vuelvo la vista atrás, a todos los que participaron ingenuamente en mis videos. Una parte de mí siente que me aproveché de su propio deseo de ser vistos y entendidos. Logré la fama y el éxito aprovechándome de sus vidas. Ellos no. Cuando las mediciones en cifras sustituyen la autoestima, es fácil caer en la trampa y desprenderte de valiosas partes de ti misma para alimentar a un público siempre ávido de cada vez más.

Documentar mis momentos más difíciles empezó a parecerme la única forma de que la gente me comprendiera de verdad. Y, aun así, seguí haciendo videos. Visto en retrospectiva, los videos que realicé durante aquella época carecían de esa chispa de pasión que antes había sido la clave de mi éxito. Empecé a sentirme como si estuviese interpretando una versión de mí misma que ya había dejado atrás. Estaba haciéndome adulta, y trataba de vivir el sueño de mi infancia, pero ahora, para ser “auténtica”, tenía que ser el producto que llevaba tiempo publicando en internet, en vez de la persona en la que me estaba convirtiendo al crecer.

La cultura de internet incita a los jóvenes a convertirse en un producto a una edad en la que apenas están empezando a descubrir quiénes son. La inestabilidad que acompaña el proceso de crecer es lo que suele hacer que esta senda profesional sea corta. Al igual que para muchos, la pandemia supuso un punto de inflexión para mí. Nunca hubo un momento concreto en el que decidiera dejar YouTube, pero durante un año no publiqué nada. Al final, supe que no iba a volver.

A veces, apenas reconozco a la persona que era. Aunque una parte de mí está resentida con ella porque nunca podré olvidarla, también le estoy agradecida. Mi canal de YouTube, a pesar de todos los problemas que me causó, me puso en contacto con personas que querían oír mis historias, y me preparó para intentarlo en serio como directora. En este último año, he dirigido un cortometraje y ahora estoy escribiendo un largometraje, lo que me ha enseñado nuevas formas de crear que no van en detrimento de mi intimidad.

Son muchas personas las que han hecho carrera en internet y han encontrado la felicidad al hacerlo. Son muchas más las personas que siguen esforzándose por ese tipo de éxito y la validación que trae consigo. Pero quisiera decirles a quienes recorran el mismo camino que yo que espero que aprendan de mi experiencia. No todo el mundo se merece su vulnerabilidad. Utilicen estas plataformas para abrir nuevas oportunidades, pero no a costa de darlo todo de ustedes.

Elle Mills fue youtuber y es columnista de The New York Times.

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La disponibilidad emocional

/ 7 de febrero de 2023 / 00:54

Caminaba el otro día por la calle y presencié la caída de una mujer. Inmediatamente cuatro personas corrieron a asistirla y ayudarla. Me pareció emocionante esa reacción espontánea de desconocidos que genuinamente se interesaron por el bienestar de alguien en apuros. Lo cual me llevó a pensar que no siempre actuamos así frente a la necesidad de un otro.

Qué nos pasa y qué hacemos cuando vemos familias viviendo en la calle, niños pidiendo limosna, grupos acampando en una plaza o personas diversas esperando la luz roja de un semáforo para acercarse a los autos a pedir monedas. Nuestra respuesta es claramente diferente a la del otro caso.

¿Esa diferencia se da porque pensamos que todos podemos caernos y que a todos nos gustaría que cualquier desconocido se acerque a ayudarnos? ¿Es porque nuestra acción en ese momento es acotada y efectiva?: ayudamos a la persona a levantarse, le ofrecemos nuestro teléfono para llamar a algún familiar o, si fuera necesario, a un servicio de asistencia médica y luego nos vamos. Esas intervenciones nos dan satisfacción, porque hicimos algo bueno por otro que nos necesitaba. Esa sensación de solidaridad humana es gratificante para el otro que se siente acompañado y asistido en un momento de sorpresiva vulnerabilidad, pero también para nosotros que podemos marcar una diferencia.

También es cierto que nos resulta más fácil identificarnos con alguien que se cae que con quien pide en la calle. Sabemos que la primera escena nos puede tener como protagonistas, pero no podemos ni queremos imaginarnos en la situación del excluido.

Por otra parte, asistir a una caída en la calle es algo esporádico, no nos pasa todos los días. Y, en cambio, sí vemos todos los días personas que piden ayuda. La necesidad del otro nos conmueve, pero de a poco se nos fue endureciendo la piel; esas escenas y esas vidas humanas se empezaron a volver invisibles para nuestros ojos y corazones, por lo que podemos pasar por al lado sin involucrarnos con sus pedidos de ayuda y, a veces, sin siquiera mirarlas.

Todo esto nos ocurre con personas desconocidas con las que no estamos comprometidas emocionalmente. Siguiendo esta línea de pensamiento, “nos invito” a pensar qué nos pasa cuando los pedidos de ayuda, explícitos o no, vienen de nuestros círculos más próximos: cuidar padres o tíos enfermos o viejos, cuidar sobrinos o nietos, prestar dinero o alojar a alguien en nuestras casas temporalmente. ¿Podemos hacerlo? ¿Siempre estamos dispuestos a dar una mano? ¿O nuestro pensamiento automático es: por qué me lo pide a mí y no se lo pide a otro? ¡Otra vez necesita algo de mí! ¡No puedo ni quiero hacerlo, estoy demasiado ocupado con mis cosas!

Nuestras respuestas van a depender del grado de empatía y disponibilidad emocional que podamos desplegar para estar para otros que nos necesitan, y eso a su vez va a depender de nuestras propias historias y de cómo otros estuvieron para nosotros, en especial durante nuestras infancias, que fue el momento en el que se moldearon nuestros patrones vinculares.

Si fuimos arrasados emocionalmente, será más difícil que nos quede resto para cooperar con lo que otros nos pidan y nuestra reacción automática será: lo siento, pero no, no puedo. Y eso ocurre porque se nos activa una voz que nos recuerda “¿por qué debería yo hacer algo si conmigo no lo hicieron?, ¿por qué voy a ayudarlo si a mí no me ayudaron?, ¿por qué yo, si a mí no me corresponde?¨ Esas voces internas interfieren y se nos hace más difícil empatizar con el dolor y la necesidad de otros.

Frente a estas situaciones podemos elegir qué camino tomar. Podemos reconocer que lo que nos pasó no estuvo bueno y el hecho de que nadie haya hecho algo para ayudarnos fue horrible, por lo que ahora elijo hacerme cargo del dolor ajeno pudiendo reparar mis propias heridas infantiles.

O, no hacer nada, y reproducir un sistema que nos hace cada vez más insensibles, menos empáticos y mucho menos humanos. De nosotros depende reconocer que algo no está bien y con humildad pedir ayuda para no convertimos en cómplices de situaciones que nos alejan de nuestra esencia humana.

Vivimos dentro de un sistema de tramas vinculares en la que el movimiento de una parte influye en las demás. Todos podemos hacer algo para estar más cerca de alguien que necesita de nosotros. Así se empieza. No hace falta cambiar el mundo. Podemos elegir ser más empáticos y amorosos. Es un hermoso punto de partida para construir algo mejor.

Eugenia Vinocur es socióloga con experiencia en planificación y gestión de políticas públicas de salud materno infantil.

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