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Sunday 16 Jun 2024 | Actualizado a 11:09 AM

Viajar sin viajar

Aprovecho para invitarlos a viajar desde donde estemos y hacia donde queramos.

/ 3 de febrero de 2023 / 02:10

En estos días que comenzamos un nuevo mes, y con la proximidad de las fiestas de Carnaval, muchas personas van planeando dónde viajar para disfrutar del feriado, y no es para menos. Viajar es una actividad que nos permite vivir experiencias emocionantes, despejarnos de los problemas de la cotidianidad y adoptar nuevos puntos de vista. Viajar nos posibilita descubrir nuevos mundos, ponernos en perspectiva y, por qué no, compararnos con otras realidades.

Sin embargo, viajar presencialmente tiene un costo, y en algunas ocasiones, restricciones que impiden hacerlo, como la pandemia que vivimos los últimos años, lo cual me lleva a preguntarme: ¿Será posible viajar sin viajar?

Sin ánimo de entrar en un debate filosófico, me permito responder sencillamente que sí.

Seguramente se preguntará ¿cómo podemos replicar esa placentera experiencia sin salir de casa? Pues es sencillo, aunque requiere de rigurosidad. La lectura, la curiosidad, los nuevos ritmos y nuevas melodías nos permiten viajar hacia lugares insospechados. No es comparable con una visita física, es cierto, pero disfrutar del arte, la política exterior y la economía nos ayuda a abrir la mente, enriquecer nuestra alma y conocer nuevos destinos sin salir de esas cuatro paredes.

Ver hacia el exterior puede despejarnos de los problemas en los que insiste la intrincada agenda mediática interna y ayudarnos a vislumbrar los grandes debates que se están desarrollando afuera de nuestras fronteras. Los debates sobre el uso y ética de la inteligencia artificial, los relacionados a las cadenas de suministros a nivel internacional, y sobre las nuevas propuestas para enfrentar la crisis energética global, por ejemplo.

De igual manera, leer y escuchar más allá de nuestro cotidiano vivir quizás también nos conlleve a descubrir las maravillas que tiene Bolivia, sus riquezas culturales, naturales y gastronómicas que embelesan a propios y extraños. Viajar también hace posible valorar lo propio, verlo con orgullo y promover que otros puedan igualmente sorprenderse y aprender de ello.

No es una competencia. Viajar solo nos pone en una posición en la que humildemente reconocemos las diferencias y similitudes respecto a los otros. Viajar nos permite comprender.

Por medio de este ejercicio mental podemos poner en perspectiva nuestra realidad, ver lo que se hace bien y lo que no, en base a información objetiva. Por ejemplo, ver hacia afuera nos permitirá vislumbrar que todos los países hemos sido afectados por la crisis, y que, a pesar de ello, hay países como el nuestro en los que los efectos han sido mucho menores y más manejables. Esto es inexorablemente el resultado de las políticas económicas y sociales adoptadas. Asimismo, una revisión de la prensa internacional especializada nos mostrará muy probablemente las noticias sobre los altos niveles de deuda externa que están contrayendo los países para financiarse y que, de acuerdo con la teoría, se elevan más allá de lo aceptable. Ese no es el caso de Bolivia, felizmente.

Hallaremos también que las políticas de subsidio gubernamental han ido creciendo durante el último año en distintas partes del mundo y que se han convertido en una forma de aplacar los efectos negativos del contexto internacional. El subsidio es una medida que Bolivia ha implementado hace años y que permite que las personas de a pie, y las industrias, reduzcan sus costos cotidianos de alimentos, energía y combustibles.

Viajar sin viajar nos posibilita aterrizar en todos estos análisis, relativizar y valorar lo que tenemos en Bolivia.

Existen muchos ejemplos de lo que podemos ver por medio de este ejercicio mental. Por ello, aprovecho para invitarlos a viajar desde donde estemos y hacia donde queramos. Abrir la mente a otras realidades en un ejercicio absolutamente necesario.

Judith Apaza es auditora financiera.

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¿Es la edad solo un número?

/ 20 de abril de 2024 / 00:03

Dunia perdió a sus padres cuando tenía 18 años. Joven, con el dolor que implica perder a las personas que uno ama, asumió la crianza y el cuidado de sus dos hermanos pequeños. Sin experiencia laboral, sin contactos y sin estudios especializados, se enfrentó al mercado y optó por el primer empleo que logró conseguir. Por supuesto, la paga no era muy alta, pero era muy útil dada su situación.

Como ella, muchos jóvenes buscan empleo en un entorno cada vez más competitivo y con diversas condiciones familiares. Algunos tienen la oportunidad de concluir estudios que les permiten tener un trabajo bien remunerado, otros heredan bienes sin esfuerzo propio, otros en cambio, heredan obligaciones, como es el caso de Dunia.

Este juego azaroso define su futuro y ello, por supuesto, influye también en su situación al cursar la tercera edad. Por ejemplo, en Bolivia, quienes trabajan como dependientes aportan al Sistema de Seguridad de Largo Plazo, de donde salen sus rentas de vejez; pero si sus salarios han sido bajos, como fueron inicialmente los de Dunia, su total acumulado será bajo también. Algunos críticos dirán: «Ah, pero el esfuerzo individual es la llave del éxito y el pobre es pobre porque quiere», a pesar de que existen situaciones que no siempre cumplen esa regla (o prejuicio). Cuidar dos niños, con una edad mínima, sin formación, obliga a que las personas tomen el empleo que encuentren, ¿Es acaso su culpa? Y más importante, ¿es necesario hablar de culpa en esos escenarios?

Por supuesto que no.

Estas desigualdades, cada vez más presentes, pero también más discutidas, están siendo abordadas por medio de políticas públicas. En Bolivia, el Estado ha establecido una política de aporte solidario: Los que tienen mayores ingresos contribuyen con un porcentaje mínimo que garantiza una mejor jubilación para personas como Dunia. Esto es algo ya contemplado en la Ley de Pensiones. Al respecto, el tan debatido proyecto de Ley 035 incrementa este porcentaje solidario para que quienes no tuvieron las mismas oportunidades, mejoren su renta de vejez.

Volviendo al caso de Dunia, resulta curioso observar que existan personas adultas con menos madurez que ella. No lo digo como crítica, sino como constatación de que la edad, después de todo, es solo un número cuando hablamos de madurez emocional. No obstante, es innegable que con el pasar de los años el cuerpo físico envejece, afectando también nuestra capacidad de decisión y respuesta. Frente a ello, el proyecto 035 propone un examen médico (un examen ocupacional) para evaluarnos, para ver objetivamente la realidad que a veces nos resistimos a ver: Estamos envejeciendo, no somos los jóvenes de antes.

No me mal entiendan, el mercado laboral necesita de la valorable experiencia de los trabajadores, pero también los necesita en condiciones de salud que no representen un riesgo para el resto de la sociedad, ni para ellos mismos. El proyecto 035 define una edad para este examen (65 años) y representa un beneficio para quienes nunca visitamos al médico. Desde luego, lo óptimo sería que cada uno se realice un chequeo anual, pero seamos honestos, muy pocos lo hacen.

Consideremos este proyecto de ley como una oportunidad de elevar las pensiones de quienes han ganado menos en su vida laboral y como el acceso a una visión objetiva sobre nuestra salud. En última instancia, veamos este proyecto como una ventana de oportunidad para el ingreso de nuevas generaciones al mercado laboral y su complementación con las generaciones previas.

Finalmente, lo invito, amable lector, a hacer un breve ejercicio: Reflexionar sobre las situaciones que lo han llevado a estar donde está, en las oportunidades que tuvo que otros no tuvieron, y con esa constatación, apoyar un modelo tendiente a la equidad, la solidaridad y la justicia social.

Judith Apaza es auditora financiera.

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Desde mi ventana

Entre muchos proyectos, es urgente que la Asamblea revise estas modificaciones y permita su viabilización

Judith Apaza

/ 9 de octubre de 2023 / 09:52

En mi ventana hoy brilla el sol. Escucho los pájaros, el sonido de los autos, el ruido. Son las 7 de la mañana y a lo lejos distingo muchas personas, todas afanadas por llegar a sus destinos. El cielo está sin nubes, pero, a pesar de ello, la mayor parte de la gente está envuelta en varias capas de ropa, o al menos llevando una chamarra en sus manos. Para quienes estamos familiarizados con la volubilidad actual del clima, esto no es una novedad. Sabemos que bien podemos pasar de un calor abrasante a una torrencial lluvia, o una nevada, y con suerte, un bello arcoíris. Todo en menos de 24 horas.

Ante tal incertidumbre, surge uno de los primeros desafíos de la jornada. ¿Cómo estar preparado o preparada para las caprichosas posibilidades del clima de nuestra ciudad? Para responder a esta pregunta por lo general utilizamos dos tipos de información: información externa, como la predicción del clima, y la información nacida de la experiencia propia, nuestra observación e intuición, aunque algunos, como mi tía, usan su rodilla para saber si va a llover.

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Sin duda, esta tarea no es una ciencia exacta. Hasta la mejor planificación requiere ser ajustada en función de los imprevistos que pudieran surgir. Algo similar ocurre con las organizaciones y las entidades estatales. Durante los meses de julio a septiembre se van planificando los objetivos y recursos para la gestión siguiente. Sin embargo, durante la gestión de ejecución pueden surgir distintas eventualidades que demanden el ajuste de la planificación inicial, razón por la cual el presupuesto tiene entre sus principios el de flexibilidad. Así como durante el día el clima puede cambiar, es también posible que suframos de algún accidente, o siendo más positivos encontremos dinero, también por accidente. Estas situaciones nos impulsan a modificar lo previsto, a adaptarnos constantemente.

De la misma manera, durante la ejecución es posible que las instituciones perciban ingresos extraordinarios, obtengan nuevos financiamientos o enfrenten situaciones imprevistas que obliguen tanto la modificación de las prioridades como los recursos destinados a ellas. Para estos casos, algunas modificaciones pueden ser realizadas directamente por la institución, no obstante, algunas requieren de la intervención de la Asamblea Legislativa Plurinacional, ya que deben ser aprobadas por ley.

Por esta razón, cada año, las entidades que lo necesiten envían un proyecto de presupuesto reformulado, el cual es centralizado y enviado a la Asamblea para su revisión y aprobación. Justamente ahora, en este momento, está en tratamiento el reformulado del presupuesto 2023. Gobernaciones, municipios, universidades y otras instituciones se encuentran a la espera de la aprobación de esta normativa para cumplir sus objetivos y ejecutar sus recursos.

Entre muchos proyectos, es urgente que la Asamblea revise estas modificaciones y permita su viabilización, ya que entre más se demore, menos tiempo tendrán las entidades para su ejecución antes de fin de año. La aprobación, entre otras cosas, permitirá la inscripción de recursos adicionales, y que estos se asignen a las necesidades que están surgiendo, por ejemplo, aquellos relacionados a apoyar a proyectos productivos y a mitigar los efectos del cambio climático.

Al respecto, también vale la pena reflexionar sobre la asignación de gastos enfocados a prevención y resiliencia, dos conceptos que deben ser incluidos por las instituciones en todos los niveles. El cambio climático es un problema real, negarlo sería negar los bruscos cambios de temperatura y desastres naturales en nuestras regiones que nos obligan a salir a la calle preparados para las cuatro estaciones del año.

Esperemos que la Asamblea pueda tratar a la brevedad esta normativa. Hasta entonces, alisto mi paraguas. Mi tía dice que lloverá y espero, por nuestro bien, que así sea.

(*) Judith Apaza es auditora financiera

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No me vuelvas a llamar

Si los recursos naturales son un patrimonio del pueblo boliviano, ¿Dónde deberían ir los excedentes?

Judith Apaza

/ 24 de agosto de 2023 / 08:21

Eran las 8 de la noche. El restaurante, impecable, esperaba la llegada de una joven pareja que había realizado una reservación. Llegaron juntos: Ella con un vestido floreado, él con un traje elegante y una camisa a juego. No tendrían más de 25 años. Ella se veía algo incómoda, él, nervioso.

Se sentaron a cenar y ella rompió el hielo diciendo: “No entiendo por qué me llamaste. Hace años que no nos vemos, y yo ya hice mi vida lejos de ti”. Él, intentando sonreír, no pudo hacer más que tomarle la mano sin verla a los ojos. Durante los minutos siguientes, la conversación se desarrolló en medio de una serie de argumentos y propuestas del joven, frente a las negativas y los cuestionamientos de ella.

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Llamaba la atención que ella argüía insistentemente en que él tuvo la oportunidad de actuar adecuadamente cuando estaban juntos, pero que él la desaprovechó. Ahora, años después, él volvía pretendiendo mostrarse renovado, proponiendo algo que (en palabras de ella) “no pudo, o no quiso hacer en su momento”.

Las situaciones de este tipo, engorrosas, por cierto, son tan frecuentes tanto en la vida personal como en otros aspectos de la cotidianidad. Oportunidades perdidas, promesas increíbles de un futuro juntos, de algo mejor, pero sin un sustento real en los hechos. Este escenario que pareciera trivial me hizo pensar fuertemente en recientes propuestas llegadas desde el exterior, de expresidentes y otros personajes de los cuales conocemos su actuar en el pasado, pero que hoy pretenden posicionar propuestas y proyectos país.

No me malentiendan, proponer es algo saludable, ¡Por supuesto! Pero, ¿qué de nuevo podría proponer alguien que en su momento optó por un modelo de expropiación de los recursos naturales (RRNN)?

Es cierto, la coyuntura es distinta, las personas evolucionamos y cambiamos, eso es algo innegable. Pero, estos personajes, que en su gestión decidieron aplicar impuestos más altos a quienes menos ganaban (véase impuesto regresivo al salario en 2003), o que decidieron levantar las armas contra quienes se oponían a la medida (véanse los hechos luctuosos también de 2003), ¿son poseedores acaso ahora de la fórmula mágica para mejorar el país?

Hay muchos puntos que pueden abordarse de su propuesta, pero me gustaría hacer énfasis en uno de los temas que a su vez tuvo relevancia en el fin de su gobierno a inicios de los 2000 y que es y será altamente importante en los próximos años: El manejo y administración de los RRNN.

Como sabemos, el litio y otros RRNN jugarán un rol estratégico destacable en el corto y mediano plazos. Más allá de puntos de vista cuantitativos, también está en juego nuestra postura geopolítica. No es para nadie un secreto que recursos como el agua, la energía y los alimentos son bienes que serán primordiales para la población. Por tanto, es importante analizar y definir el tipo de modelo de gestión que necesitamos como Estado boliviano. ¿Quiénes deberían beneficiarse de las ganancias por la industrialización de esos sectores? Si su respuesta, amable lector, es el “pueblo boliviano”, entonces quizás encontrará que la propuesta de algunos expresidentes no es la mejor.

Revisemos juntos los documentos, ¿Qué plantean sobre este punto? Básicamente, otorgar los RRNN a terceros. Al respecto, vale la pena preguntarse si esa propuesta sería la mejor, no solo en términos económicos, sino también en cuanto a justicia social.

Siendo que Bolivia tiene la posibilidad de convertirse en un referente energético y de seguridad alimentaria para el mundo, es necesario proyectarnos como un país industrializado, pero con soberanía, con responsabilidad social y con la certeza de que las ganancias obtenidas coadyuvarán al desarrollo económico y social de la población boliviana y de quienes habitan nuestro país, como plantea el Modelo Económico Social Económico Comunitario Productivo.

Es necesario que la propuesta de política pública mantenga su rol social de redistribución, pero sin perder el objetivo de que las negociaciones por la industrialización sean hechas de igual a igual, de lo contrario, volveremos al modelo de los años 90 donde los ricos se hacían más ricos y los pobres, más pobres.

Si los RRNN son un patrimonio del pueblo boliviano, ¿Dónde deberían ir los excedentes? ¿Quiénes deberían definir esas políticas? ¿Deberían hacerlo quienes en su momento pudieron y no quisieron?

Es necesario tomar decisiones firmes al respecto. Volviendo a nuestra pareja, en medio del postre, ella se levantó de la mesa, lo miró a los ojos y le dijo tajantemente: “Eso es todo, Gonzalo. No me vuelvas a llamar”.

(*) Judith Apaza es auditora financiera

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Cartas a Tepoztlán

/ 13 de mayo de 2023 / 08:54

Tepoztlán es un pueblito mágico ubicado en México. Se dice que allí nació Quetzalcóatl, el dios azteca representado con una serpiente emplumada. Nunca he estado allí, pero conozco sus calles y paisajes a través de las fotos y comentarios que me hace un amigo por medio de las innumerables cartas que nos escribimos regularmente.

Para mí, estos papeles rompen la barrera temporal. Son como pequeñas cápsulas del pasado, cápsulas de quienes fuimos cuando las escribimos con paciencia y cariño. Su escritura requiere mayor cuidado que un chat de WhatsApp y, en cierto modo, también requiere de mayor reflexión. Por medio de ellas he logrado entender mejor mi entorno y soñar e imaginar lo que vive mi amigo a más de 5.000 kilómetros de distancia.

Contrario a lo que uno pudiera pensar, esta distancia nos acerca. Nos hace ver que existen problemas comunes entre su país y el mío. Ambos hemos tenido que enfrentar los efectos del COVID, el encierro, y luego la guerra internacional. De la misma forma, ambos hemos podido recuperarnos, así como cada país lo ha hecho, de forma muy particular, y con distintos efectos en su economía.

Ése es un tema que nos inquieta y nos interesa. En nuestras últimas cartas hemos estado conversando sobre la inflación. Más allá de las teorías, cálculos y palabras complicadas hemos analizado sus efectos en distintos actores. Conjuntamente, con los ejemplos de nuestro entorno, reconfirmamos el hecho de que la inflación afecta a los más pobres, en mayor medida.

Es lógico. Si alguien tiene un ingreso elevado, que el precio del pan o del transporte se incrementen podría no ser un gran problema. Pero para quien tiene más obligaciones y un ingreso más modesto, por supuesto el impacto será mayor. esta es la razón por la que algunos gobiernos implementan medidas para controlar la inflación. Una de ellas, adoptada por varios países, es el tema de la subvención.

La subvención es una política que ayuda a minimizar los impactos del mercado y requiere del destino de recursos económicos para su cobertura. En Bolivia la subvención beneficia a los consumidores de energía, combustibles y ciertos alimentos. Si bien algunas voces aseveran que esta medida debe ser eliminada, ellas se olvidan del costo social que ello implicaría. No hablamos de una familia, sino de miles de familias que en este momento se verían afectadas con un eventual recorte.

Es evidente que los recursos de la subvención deben ser bien dirigidos y es por eso que se requieren controles y el análisis de las políticas implementadas. Por supuesto, toda política es perfectible, pero ello no quita la importancia de esta medida en favor de quienes más la necesitan. Compararnos con otros países en términos de inflación nos permite vislumbrar que esta medida ha logrado mitigar los efectos que en otros países han hecho estragos. Bolivia tiene los niveles más bajos de inflación y eso es algo por lo que se debe trabajar para mantener.
Cada integrante de nuestro país puede y debe trabajar por mejorar estas políticas. Es momento de que, de cara al Bicentenario, se resguarden y protejan los avances que hemos tenido como país. Es el momento de la concertación y el diálogo. Eso es algo que pondré en mi próxima carta.

Hoy me ha visitado el cartero y he recibido un sobre con sellos y estampillas. Sé que ha viajado miles de kilómetros para llegar hasta mí y que, en cierta forma, se constituye en un tesoro en mis manos. Mi amigo me dice que está bien en Tepoztlán, que la inflación está disminuyendo, y yo, sonrío.

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Acumuladore$

/ 4 de marzo de 2023 / 01:14

Durante los inicios de la pandemia, Dayana entró en pánico. Poco se sabía de esta nueva enfermedad y había mucha incertidumbre. Ante ello, su primer reflejo fue abastecerse al mejor estilo de una emergencia nuclear. Corrió al mercado adquiriendo ingentes cantidades de enlatados, barbijos, alcohol en gel, lavandina y (por alguna razón) mucho, mucho papel higiénico. Es cierto, ella no lo hizo con mala fe. La orientó lo incierto de una pandemia (hay que reconocer que era su primera pandemia). Sin embargo, con el pasar del tiempo, ella continuó repitiendo su comportamiento y esto, sumado a muchos acumuladores como ella, ocasionaba que hospitales, centros de salud y otros relacionados tuvieran dificultades en adquirir estos mismos ítems que ella compraba desmedida e innecesariamente.

Este comportamiento es una clara muestra de acumulación orientada por el pánico. No es un comportamiento racional, pero a muchos les brinda cierto tipo de tranquilidad. Lastimosamente, sabiendo que los bienes son limitados, el accionar de uno (o muchos acumuladores) tiene un efecto en la disponibilidad y reduce el acceso para aquellos que realmente los necesitan. Este accionar puede ocasionar una escasez en la oferta, con todas las complicaciones que ello implica, como, por ejemplo, el aprovechamiento de especuladores y los incrementos de precios.

Hoy, en 2023, estamos viviendo algo parecido. Si bien la pandemia no ha cesado, felizmente hemos dejado de adquirir enlatados y papel higiénico como Dayana hacía en 2020. No obstante, podemos observar otra(s) forma(s) de acumulación. Sí, estoy hablando de los dólares. De acuerdo con un reciente reporte de la Autoridad de Supervisión del Sistema Financiero, la compra y venta de estas divisas tiene un comportamiento inusual en Bolivia.

Sobre esto, Dayana recientemente me ha comentado que está comprando muchos dólares “por si acaso”. Yo le pregunto: “¿Necesitas esos dólares?” Ella reconoce que no, que nunca antes había comprado dólares, que tampoco los utiliza en su cotidiano vivir, pero que había escuchado en algún medio de comunicación que están escaseando. “No los necesito, pero si escasean, hay que comprar”, señala.

Es evidente, el pánico nos orienta a tomar decisiones rápidas. Sin embargo, es momento de actuar racionalmente e intentar medir sus efectos a mediano y largo plazo. Nuevamente estamos dejando que nuestros miedos más primarios nos orienten a tomar decisiones erradas. Al acumular dólares (que no necesitamos) estamos actuando exactamente igual que los acumuladores de papel higiénico.

Recordemos que esta sensación de caos muchas veces es motivada por especuladores o personas inescrupulosas que pretenden sacar un rédito. Ellas tienen el mismo modus operandi: Primero la profecía autocumplida (“No hay dólares en el mercado”), lo que motiva una compra irracional en los mercados, ocasionando finalmente una sensación de escasez. En resumen, una manipulación de expectativas económicas.

¿Acaso no hemos aprendido nada de la pandemia? ¿Necesitamos esos dólares? Al adquirirlos desmedidamente, ¿no estamos causando un efecto contraproducente? ¿Queremos perder nuestro dinero simplemente por especulaciones y comentarios? No seamos como Dayana, racionalicemos la adquisición de bienes y recursos en general. No formemos parte de la bola de nieve que genera el pánico y alimenta la desinformación.

Judith Apaza es auditora financiera.

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