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Sunday 26 May 2024 | Actualizado a 22:33 PM

La wiphala y Lizarzaburu

/ 23 de febrero de 2023 / 02:24

El jueves 2 de febrero, el congresista peruano de extrema derecha Juan Carlos Lizarzaburu (Fuerza Popular) llamó a la wiphala “mantel de chifa” en su intervención en el Congreso y en el conflicto político de Perú. Esto provocó remezones de todo tipo. Unos han condenado ese “lingüismo de mesa”, otros, han hecho notar que el emblema solo expresa los intereses ajenos al mundo indígena.

Lizarzaburu nació en Lima en 1969, estudió en una universidad privada de Lima Contabilidad y Auditoría, es magíster en el instituto de Empresa (IE) de Madrid.

Salen aquí a relucir detalles profundos de la frontera histórica entre el mundo indio y el blanco y no hay medias tintas en esa historia. Deberíamos preguntarnos: ¿por qué la gente ha creído sobre ellos que eran sabios, inteligentes, doctores, incluso dioses? Puesto que se pensaba y aun se piensa en Perú, y también en Bolivia, que son legítimas personas con calidad de autorizadas para hablar del conocimiento, la política, el mundo moderno, la ciencia, etc.

Está claro que fuimos ciegos. Muy ciegos, aunque conscientes de la historia colonial. Ahí está el aporte del indianismo y el katarismo en Bolivia, porque quitó a la gente el velo de la infamia y hoy tiene efecto internacional. Pues siempre se sabía que aquellos eran colonizadores y que su riqueza económica era fruto de la explotación de territorios indios y de la mano de obra barata. En Perú, con fronteras profundas tanto geográficas y subjetivas, en este momento es un asunto revelador porque muestra sin anestesia al Estado neocolonial.

Aunque hay que reconocer ante todo, también, que son humanos con grandes deficiencias en su relación con el mundo y las sociedades. No conocían o no querían saber que había otros mundos, así los habían formado, y ese mundo lo expresan ahora como individuos.

En realidad, lo que ocurre es que se han dado cuenta que no eran ellos los únicos, sino que había todo un mundo que contradecía su mundo. ¿No habrán leído a José Saramago sobre la ceguera para no vivir en la ceguera? El mundo contemporáneo indígena es un mundo que empieza a competir con sus visiones. Literalmente, con los mundos ciegos y triunfar sobre ellos.

Esa es la razón sobre por qué hace 50 o 200 años en Bolivia hablaban igual como hoy lo hacen en Perú. Incluso la izquierda. Es decir, hablan como señores de una mesa coja, aunque piensan que son el referente legítimo de la modernidad y la estética. Y la contradicción es más que evidente entre lo que hablan y lo que es el país real.

Autodescubren que pierden el visor como un privilegio sustantivo de ser los únicos en nombrar y hacer el mundo de las cosas y del poder, ahora sin ello están asustados. Ahí su intolerancia con los Otros y la wiphala. El visor ahora aparece borroso e enturbiado por esa ceguera del mundo. Tal vez no diferencian bien las cosas y las palabras. Aunque no es posible tal hecho.

Hace tres semanas hablé con alguien de esos mundos. Noté un profundo miedo de lo que uno piensa o quiere hacer. Casi emulaba un pasado donde todo estaba en orden y hoy ese orden ya no es el mismo. Y entonces siente un profundo vacío. Existe un aire de desespero, pero tuvo que hablar conmigo porque hace un trabajo de lo que le van a pagar. El miedo o la ofuscación es, pues, un asunto no menor. Si eran casi dioses, entonces, ¿por qué esa mirada casi perdida o a punto de explotar?

En Perú se lee en redes sociales, periódicos y canales de televisión esos mismos desesperos. Pareciera que están perdiendo la compostura, sus dotes de buen ser, de buena presencia autoimaginada, y algo más. El poder ser quien manda y los Otros los que obedezcan. Ahí está el meollo de por qué sienten ese vacío profundo. Y el ejemplo de modo público y especifico de ese hecho es el congresista Lizarzaburu. El mantel de chifa, ahora parece un nuevo tormento. Denota un Otro que empieza a tener vida y es el Perú serrano.

Mira a su alrededor y todo es indio. Antes les era invisibles. Hoy no. Le están disputando el espacio y el poder. Eso es grave, pero muy grave. Y entonces piensan en todo y al mismo tiempo reciben respuestas de que si sigue la matanza habrá una revolución. La cosa se les empeora. Se observa miradas ofuscadas.

¿Cómo llegamos a este momento? Siempre hemos vivido con fronteras visibles e invisibles como los muros de vergüenza de Lima. Los muros son atajos de miedo y de vacío. Son como formas de ocultarse del mundo del lado y de uno mismo, pero está ahí incólume. La historia está; está haciéndose. Aunque no hay que confiarse, menos en lo que ya ocurre.

Pablo Mamani Ramírez es sociólogo.

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Dos Perús y sus muros profundos

/ 2 de febrero de 2023 / 01:22

Más de mes y medio de movilizaciones sociales sacuden al Perú. Más de medio centenar de muertos, un millar de heridos y 300 detenidos. La mayoría de los fallecidos son jóvenes y por armas de fuego. ¿Qué es lo que a la gente moviliza en el sur del Perú y en casi en todo este país? ¿Y Lima?

Dos hechos han salido a relucir. El “arte” de gobernar es matar indios, para con ello también matar la política. Uno de los poderes públicos de primer orden es el Parlamento, que hoy es repudiado porque es el contrasentido del Perú levantado. Como dice el sociólogo H. Bejar, es “insostenible todo esto que huele a putrefacción”. El Estado de Lima, grupos empresariales con propiedad de un Estado de reducido territorio, es un Estado que hoy se muestra tal cual ha sido históricamente. Es un Estado insostenible por la gravedad de sus condiciones a su interior y sus regiones. Este grupo, al parecer, no conoce el país, porque lo trata como otro país. Dina Boluarte ha dicho que “Puno no es Perú” y por eso se los trata como extranjeros.

La sociedad limeña es una sociedad que mira al mundo de afuera (Europa o EEUU), que al de adentro. Y por lo mismo ha levantado muros que separan entre barrios de ricos y pobres. El muro de Berlín ha caído hace mucho tiempo, pero en Lima los muros son una especie de propiedad de un sistema de apartheid. El diario BBC de Londres (2015) habla en un artículo del “muro de la vergüenza”. Se refiere específicamente a Las Casuarinas (ricos) y Pamplona Alta (barrios de los pobres). Esta es la periferia y mundo aparte del limeño.

El Perú del sur es otro país. Se mueve a otro ritmo y su experiencia de vida social o económica es diferente a Lima. Las actuales movilizaciones no son solo populares, sino de ellas participan activamente las emergentes élites aymara-quechuas. Su fisonomía como movimiento es más compacta que el titubeante Estado de Lima. De hecho, Lima vive partido geográficamente en dos y sus subjetividades son profundamente escindidas. Los que llegan de las provincias tratan de inhibirse debajo de ella y otros luchan por saltar a ese mundo de Lima señorial. El resto simplemente no puede porque los muros son separaciones geográficas, sociales y económicas. La Lima profunda vive desposeída de un Yo porque vive en la sombra de su propia historia.

Esta ciudad vive en profundos miedos, tanto de quienes llegan a ella y de quienes la habitan hacen 500 años. Unos miran a los otros con miedo y otros, los señores, miran a esos “otros” como su radical contra. Para que no sea tan radical, se ha invisibilizado a los indios mediante el arte muerto para solo exponerlos en su pasado, que su historia real del presente. El proyecto es destruir al indio que se lleva dentro y su historia.

Son dos Perús que se miran como ajenos. Unos están para matar indios y otros para resistir desde sus mitos, canciones, los lenguajes políticos y actividades económicas. El Perú profundo es un mundo que se mueve en un camino diferente al de la Lima gobernante. Cada uno tiene su mundo y los muros son la mejor expresión de estas dos realidades. La idea de mestizo es en algún sentido arrimado a un vacío, porque niegan a sí mismo su origen para hablar solo de clase y no de problemas de racismo y de etnicidades. La izquierda es casi colonial.

En esa frontera existe otra tragedia. Algunos que son funcionarios del Estado se sienten parte del mundo de los señores, aunque nunca podrán ser admitidos en esos espacios. Se ha observado que jueces de apellidos aymaras sentencian a luchadores sociales aymaras en Puno. Es un dato para entender cómo la ideología del negacionismo es referente interior y profundo del Estado de Lima. Esto atraviesa el mundo militar, policial y el mundo de los jueces. La pedagogía que se enseña es negarse a uno mismo y a definir a los “otros” como enemigos profundos.

Perú es un país imposible, puesto que el apartheidlimeño es la negación absoluta del resto del país. Ese país urbano solo se reconoce en su laberinto de lamentos y miedos. La literatura peruana es muy elocuente sobre ese hecho. José María Arguedas, literalmente habla del alma del país destruido que él mismo la vivió. J. C. Mariátegui hablaba del indio serrano como paria de un país costeño y colonial.

Ese es el país escindido en alma y en territorio. Dos países de espaldas uno del otro. Por eso se mata de manera alevosa y abierta para luego justificar esas muertes de modo escalofriante. Solo se cuenta los números como si eso fuera lo más importante. Y no se cuenta la historia ni la vida de esos muertos. Por eso cuando el indio aparece en la escena se enciende casi toda la prensa para no bajarlos de terrucos y hordas. En eso la prensa limeña es efectiva porque es parte de ese otro lado de la frontera. Si el Estado de Lima es violento, la respuesta es violenta. Ahí está el matriz de la violencia en sus 200 años y 500 años de la colonia. Aunque el Estado de Lima parece tener tiempos de caducidad ya definida.

Pablo Mamani Ramírez es sociólogo.

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Élite limeña, un Estado dentro del Perú

/ 14 de diciembre de 2022 / 00:46

Hasta la noche de domingo cientos y miles de peruanos marchaban en contra del Congreso que tiene una desaprobación del 86%. Las movilizaciones se producen en Piura y Cajamarca (al norte), Huancavelica y Ayacucho (sierra norte y centro), Arequipa, Trujillo, Puno, Moquegua (al sur) y en Lima.

La gente pide el cierre del Congreso, acusado de haber bloqueado sistemáticamente al gobierno de Pedro Castillo, y convocar a elecciones inmediatas y “que se vayan todos”.

Aquí hay un fenómeno que no ha sido descubierto por los cientistas políticos o sociólogos en Perú. Esto es el Estado de Lima. Este Estado hizo un Perú imposible. Hay pobreza extrema en las áreas rurales y periurbanas, la corrupción es de élite de cuello blanco, el sistema político tiene un descrédito alto y para no ser poco hay un desgobierno al borde de una guerra civil.

Lima entonces no es el Perú “de todas las sangres”. Sino en sí mismo un Estado dentro del Estado del Perú. Tal vez con cierta exageración se puede decir que es el virreinato del siglo XVII y con certeza una plutocracia del siglo XXI.

Se observa que allí se expone el Estado de los nietos de Pizarro y Almagro. Una élite criolla o blanca que se siente y es dueña de empresas y del Estado “republicano”. En otros términos, de la vida privada y pública de su gente.

Se puede afirmar además con cierta certeza basados en los hechos ocurridos hasta el momento que el Estado peruano es un Estado fallido al no representar a todas las regiones de este país sudamericano, ni pueblos, menos a los aymaraquechuas. Por esto se observa que el poder es del Estado de Lima.

Dentro de ese contexto, varios analistas prevén que Dina Boluarte no terminará de lo que quedaba al gobierno de Castillo, es decir en 2026. Porque allí no cabe una democracia, aunque de diferentes tonos. Solo es posible el gobierno de la oligarquía plutocrática. Una oligarquía apoyada en los apellidos de abolengo norteamericano, español, japonés y los Pizarros y Almagros. Cosa muy curiosa. En esa relación, Perú es un ejemplo de un país neocolonial y racista. Los indios o campesinos en los hechos casi son siervos de ese Estado. Son las parias de este país. Su vida es servidumbre moderna y colonial. Trabajan para los señores sin chistar. Y si lo hacen son calificados de ronderos (rondas campesinas del Norte) o terrucos (terroristas de Sendero).

Así la servidumbre no solo es en la vida privada, sino pública. O mejor, bajo el Estado “republicano”. Esa servidumbre está dada bajo la memoria de la hacienda, aunque con un discurso de la modernidad liberal. Es mejor decir con palabras claras: es el Estado de los Vargas Llosa. El país de los escribidores de la soberbia, abuso limeño y de la tiranía neocolonial.

Es la razón de por qué la élite limeña no ve como intelectuales a los intelectuales de las regiones del Norte, Centro y Sur del Perú. Los estudios o análisis que éstos hacen no tienen un carácter “científico”, sino relatos o cuentos, hasta algo de un diagnóstico de sus situaciones. No son pensados como pensadores, menos como científicos sociales y de otras áreas. Esto se aplica sin importar si este es de la misma derecha o izquierda o etnonacionalistas. Las letras tienen color de la colonia de ese Estado de Lima. O, el país colonial del siglo XXI y XVI.

Pablo Mamani Ramírez es sociólogo.

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Lucha social y guerrillas tropicales

/ 21 de diciembre de 2021 / 00:51

La selva de alta montaña de Alto Beni y Caranavi ha sido parte de históricas luchas sociales de los “colonizadores”, hoy los llamo aymaraquechuas, y guerrillas en formación. Ambos hechos no han sido estudiados por las ciencias sociales o la sociología política.

¿Cuáles son los hechos para esta afirmación? En principio ambas regiones entre 1965 y 1980 ha sido objeto de estudio por su topografía accidentada y ubicación geoestratégica entre los Andes y la Amazonía, como lugar propicio para la lucha armada, y a ello se sumó la lucha social. Primero, en 1979 y 1980 ha sido parte de resistencia al golpe de Estado de Alberto Natusch Busch y Luis García Meza. En aquella oportunidad se produjeron bloqueos de caminos en Caranavi y el pueblo del 52 y puente Piquendo, cerca de Sapecho, ubicado en Alto Beni. Segundo, en 1965, el Che Guevara había ubicado a esta región para el inicio de su lucha guerrillera, aunque finalmente eligió Ñancahuazú. En ese sentido la lucha social y la guerrilla aymaquechuas han sido hechos posibles porque hubo abandono del Estado y a la vez que se iniciaba un creciente movimiento de identidades rebeldes en esta región.

Los bloqueos carreteros de los años 80 fueron para contrarrestar a las ambulancias que llevaban militares para detener a políticos “udepistas” (de la UDP) de Sapecho, Palos Blancos, San Miguel de Huachi o Tucupí. Adolfo Málaga fue uno de los operadores de estos movimientos militares que logró llevar preso a Severo Cori, de San Miguel de Huachi (su niño por poco no muere de amartelo), y realizaron amenazas a otros dirigentes para que no sigan en la resistencia. Recuerdo que varios de ellos dormían en el monte adentro para evitar detenciones y violaciones a los derechos humanos.

Las ambulancias llegaban a los pueblos como nunca lo habían hecho. Es decir, el Estado no llegaba para atender la salud de estas poblaciones y ahora lo hacían con militares para detener dirigentes “comunistas”. Santa Rosa, del sector de Puerto Linares, ha sido especialmente objeto de detenciones de “colonizadores” por ser “comunistas”, aunque en realidad no eran comunistas, sino fundadores del indianismo como Luciano Tapia y los hermanos Eusebio Tapia y otros. Aquí es importante decir que una parte del indianismo ha sido creado en esta región tropical a la cabeza de dirigentes campesinos y jóvenes colegiales.

La represión justificó esos hechos y por eso las guerrillas en preparación: 1) bajo el mando del ELN que hacían ejercicios de movimientos de reconocimiento de terreno y manejo de estrategias, muchos de ellos eran jóvenes y dirigentes sociales; y 2) hubo guerrilla indianista que poco o nada se nombra en los estudios sobre este movimiento político ideológico. Aquella gesta luego fue viéndose con el EGTK, con Felipe Quispe, El Mallku, en el altiplano y El Alto en los años 90 del siglo XX.

¿Cuál es su posición política actual? Aquella rama de la historia de la lucha social y los intentos de guerrilla tropical aymara son hechos que no se olvidaron. En noviembre de 2019 se actualizó esa historia porque muchos jóvenes y aymaras tropicales tuvieron que llevar nuevos bloqueos de caminos en la montaña de Marimono, en Iniqua, para que no ingresaran agentes de los comités cívicos al departamento de La Paz. Y también hubo movimientos de organización en Caranavi para cualquier hecho urgente. Así, la montaña de Marimono y la montaña de la Reserva del Carrasco fueron parte de esta nueva dinámica política del país.

Pablo Mamani Ramírez es sociólogo.

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Alto Beni y su actualidad

/ 2 de diciembre de 2021 / 01:00

Alto Beni es parte del proceso de “colonización dirigida” desde hace 60 años aproximadamente. En 1960 llegó un pequeño camino, casi senda, a Palos Blancos y de allí a Covendo o San Miguel de Huachi. Antes de este periodo se explotaba quina. Luego fue ampliado con asentamientos humanos de “colonización espontánea”. Hoy se comunica con Beni y pronto lo estará con Cochabamba.

La región es parte de una extensa selva de alta montaña y con grandes ríos como Alto Beni o Bopi, que atraviesa toda la región hasta llegar a Beni. Hace cerca de 25 años se explotaba madera mara, roble, cedro y otras de gran valor comercial y de calidad.

Hoy es productora de frutas de diversa variedad y de cacao. Las frutas que se comercializan en los mercados de El Alto, La Paz y las provincias son en buena parte de esta región. El cacao es un producto industrializado en chocolate (en la Ceja de El Alto) y exportado al exterior vía la Cooperativa El Ceibo, que tiene una gran cantidad de comunidades socias con producción ecológica en la zona.

Su población es de aproximadamente 35.000 habitantes organizados en comunidades, subcentrales y centrales agrarias alrededor de los pueblos de clima húmedo, lluvioso, de 23 a 30 grados centígrados de temperatura (según época). En resumen, es una región rica en suelos para la producción agrícola y la actividad comercial. Es interesante observar además cómo se han extendido comunidades a una altura de 1.000 metros sobre el nivel del mar, alrededor de los pueblos centrales.

Sin embargo, sus carreteras no han recibido un adecuado trato por la Gobernación, el Gobierno central y los gobiernos locales. Desde hace aproximadamente 40 años se mantienen con ripio, que con el transporte se convierten en polvo y de tierra. Los puentes sobre diferentes arroyos datan de hace aproximadamente 26 años y desde ese tiempo hasta el presente no han cambiado. La situación es aún peor en las “comunidades espontáneas” que están ubicadas por encima de los pueblos principales, dado que allí no existen puentes y el camino es de barro. Si se toma en cuenta que es una región tropical y lluviosa, pues esto es una necesidad fundamental. Asimismo, sobre el río Alto Beni no hay puentes que comuniquen, por ejemplo, a Palos Blancos con San Antonio o Huachi con Puerto Carmen. De su parte, este río sigue siendo uno de los medios de transporte fluvial a motor para embarcaciones pequeñas. En tiempo de lluvia se hace caudaloso y de gran envergadura.

Su población está constituida mayoritariamente de migrantes de los Andes relacionados con los mosetenes, como Covendo (que es una TCO) o Santa Ana de Puerto Linares. Los matrimonios son un nuevo fenómeno de producción de lo aymara-quechua o aymara-mosetén. Existen muchas familias con esas características.

A partir de todo esto, la región se ha convertido en eje de la dinámica del comercio, transporte, y del movimiento de población por su relación densa con Caranavi y San Borja o Rurrenabaque (Beni) y Brasil. Mediante esta dinámica poblacional y económica, Palos Blancos se ha convertido en una ciudad intermedia de importancia.

Actualmente su gente debate entre ser llamada yungueña o ser altobeniana porque lo primero es visto como pertenecer a Chulumani, mientras que lo otro es propio de su proceso de constitución como identidad y sentido histórico de lo aymara-quechua tropical.

Pablo Mamani Ramírez es sociólogo.

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Caranavi, historias y carreteras

/ 28 de octubre de 2021 / 00:42

Caranavi es el eje histórico de interrelación andina-amazónica y hoy entre los pueblos de ambas regiones a través de su extendida y accidentada topografía. A. Zalles trató estas relaciones en los años 80 del siglo XX, entre aymaras, quechuas y lecos. En Perú y Ecuador también existen similares relaciones entre poblaciones amazónicas y de los Andes. Está claro entonces que esas relaciones en el pasado y hoy son de ambas vías. Son relaciones interecológicas. Se observa ahora que esa dinámica es de otro modo, con una fluidez más amplia.

¿Qué nuevos hechos existen en esas relaciones, en lo que en nuestra tesis en sociología hemos llamado los “nuevos espacios sociales”, en la región de Caranavi? Sin duda las historias de interrelación son extraordinarias entre ésta con Alto Beni o el departamento de Beni.

En 1988 estudiamos Caranavi para conocer el proceso de la “colonización” de Alto Beni en su estrecha relación entre ambas regiones. Aquel año logramos conocer a la familia Roque, de la comunidad de San Antonio de Bolinda, ubicada al norte de la localidad de Caranavi, a entre dos y tres horas de camino a pie en subida. Allí por excelencia se produce café de altura, tan apreciado en el mercado internacional y poco valorado en nuestro medio.

La familia Roque nos contó sobre cómo llegaron a la zona en los años 80 cuando todavía era selva y con presencia de animales silvestres. Arribaron del altiplano porque allí ya no había tierra. En esa relación, Caranavi resultó ser un lugar extraordinario, como fue con seguridad en el pasado por sus conexiones entre los Andes y la Amazonía. Aunque dentro de esas relaciones interecológicas la familia Roque tuvo que atravesar muchas dificultades por las condiciones climáticas y las enfermedades, que en el pasado también eran factores de importancia como refieren varios estudios.

En 2021 volvimos para averiguar sobre cómo se movían esas relaciones. Pudimos observar que tales dinámicas son aún más intensas y las historias humanas son de distinta índole. Esas historias son, en muchos casos, de éxito económico, aunque otras son de tragedias humanas. Caranavi creció enormemente al presente tanto en población, en producción agrícola y en actividad turística.

Las comunidades productoras de café en las alturas, plátano, cítricos y la crianza de animales en las partes bajas, son trascendentales. Caranavi, así, es el nexo dinamizador del comercio, de las ferias de la región y la migración poblacional entre los Andes y la Amazonía.

Sin embargo, el problema de la carretera La Paz-Caranavi es un factor negativo en esas relaciones. En Choro y Ch’uxña, donde los viernes se prenden velas a los fallecidos y al “tío”, referencia de accidentes de tránsito que en el pasado eran historias oscuras. Entre 1980 y 1990, los derrumbes y los accidentes han cobrado muchas vidas humanas. Y entonces habría que preguntarse ¿por qué las autoridades nacionales y departamentales tienen casi abandonada esta carretera y a la propia ciudad de Caranavi? El túnel de Choro ha estado como 25 años en construcción. ¿Por qué?

Este es uno de los factores que no permiten que esas relaciones sean más fluidas para la dinámica social y económica de la propia ciudad de La Paz y El Alto, junto con las provincias del altiplano y los valles que son actores de esas conexiones interecológicas.

Pablo Mamani Ramírez es sociólogo.

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