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Un curso chileno contra los intereses de Bolivia

Debemos dejar de vivir en la conspiración del silencio, donde nadie dice nada, nadie se entera de nada

Pamela Escobar, columnista

/ 2 de mayo de 2023 / 08:34

Llegó el momento oportuno en que se ve la necesidad, de una vez por todas, de advertir acerca de las muchas cosas graves que nos va a tocar enfrentar y que entrañan peligro para los intereses de Bolivia frente a los intereses chilenos.

En Bolivia existe todavía una clase de traidores, antibolivianos —tontos útiles— que están presentes desde la invasión chilena. Fueron los encargados de sellar nuestra mediterraneidad y actualmente operan de manera sistemática para proteger los intereses chilenos, y desde la función pública negocian con capital chileno sobre riquezas bolivianas. Son los que a base de traiciones actúan como servidores de Chile.

Esta vez  hago una denuncia pública acerca de la Universidad  Privada de Santa Cruz de la Sierra (UPSA), que a través de su Dirección de Posgrado ha instaurado de una manera cínica e indignante el curso Postítulo Internacional en Logística Portuaria de Comercio Exterior, dirigido por Loreto Correa Vera (publica eventualmente artículos en el diario Página Siete), quien es asesora del Ministerio de Relaciones Exteriores de Chile, consultora en temas estratégicos vinculados a la frontera chileno boliviana, temas de agua, violencia y seguridad fronteriza, y es coordinadora del programa del doctorado de Seguridad y Defensa y profesora titular e investigadora del Centro de Investigación y Estudios Estratégicos (CIEE) de la Academia Nacional de Estudios Políticos y Estratégicos de Chile. Se trata de un curso que tiene la finalidad de generar una mentalidad y un movimiento político completamente ajenos a nuestra realidad, con el que se pretende ofrecer las más irreales digresiones desde la posición del invasor, con una cátedra que tiene el objetivo de interiorizarse en nuestro pueblo.

Esta es la campaña que Chile ha usado como vecino respecto a Bolivia, desde la Guerra del Pacífico y la firma del Tratado de 1904, la desviación del río Lauca y el plan Alpaca. Es pertinente destacar que se habla de relaciones cordiales con Chile, cuando estas se caracterizan por la provocación y la agresión: “Busca la expoliación de grandes riquezas, hasta la ratería sabiamente organizada al comerciante y al viajero boliviano que tiene que pasar por el puerto detentado e inevitable, desde las medianerías del salitre hasta las medianerías del Mauri, porque se llegará a robarnos el agua, no pudiendo ya robarnos el aire o gravarlo en la aduana”  (Tamayo 1978: 148).

Nuestro problema geopolítico es llegar a obtener un puerto soberano que nos abra a la vecindad del mundo. Lo que Bolivia exige con justo derecho, no son falsos consuelos para resolver su problema marítimo. Después de tanto tiempo ha quedado completamente establecido que por mayores “mejoras” que faciliten el supuesto “libre tránsito”, estas no tienen carácter permanente y están muy ligadas a la despectiva política bilateral que Chile mantiene con Bolivia, de tal forma que el “libre tránsito” no es más que una ilusión, debido a que en la práctica observamos que está visiblemente limitado y no funciona con regularidad.

Después de 144 años de encierro se ha comprobado que el libre tránsito no ha funcionado debidamente, son múltiples las ocasiones en que aquel derecho ha sido vulnerado e infringido. El pedido cada vez más resonante de Bolivia para que se restituya un puerto sobre el mar, no consiste solamente en manifestaciones emocionales de un pueblo que no se resigna a vivir enclaustrado, sino que prueban que aquella posibilidad del libre tránsito a través de Chile, no ha compensado ni en lo más mínimo el derecho de contar con un puerto propio.

Los señores de la UPSA y Loreto Correa deben comprender que es un error confundir la voluntad del pueblo boliviano con las de unos pocos traidores — y Chile sabe muy bien quienes son y por cuanto lo hicieron —. El mismo Koning solía pensar que una que vez que pase “el resquemor de la ampolla vendrá la reflexión y el sometimiento final”. Desde entonces Bolivia no ha dejado un solo momento de reclamar por su injusto encierro, lo que significa que son inútiles aquellas expectativas de sometimiento de un pueblo que no está dispuesto a ser silenciado.

Debemos dejar de vivir en la conspiración del silencio, donde nadie dice nada, nadie se entera de nada. Debemos dejar de vivir con un total desconocimiento de los problemas que enfrenta el país, lo que hoy sucede merece nuestra mayor atención, hay que reparar en ello.  Es momento de que trabajemos, porque de esa lucha dependerá la salvación de Bolivia.

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Por Pamela Escóbar C

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DIBUJO LIBRE

El 1 de noviembre de 1920, Bolivia acudió a la Sociedad de Naciones y planteó la revisión del Tratado de Paz y Amistad suscrito el 20 de octubre de 1904. Entre 1920 y 1921, fundamentándose en el artículo 19 del Convenio de la Liga de las Naciones, la misión estuvo a cargo de Félix Avelino Aramayo, Franz Tamayo, Florián Zambrana y Demetrio Canelas. La demanda boliviana reclamaba: 1) la violencia bajo la cual le fue impuesto el Tratado; 2) la inejecución por parte de Chile de algunos puntos fundamentales del tratado que estaban destinados a asegurar la paz; 3) un estado de cosas como amenaza permanente de guerra (prueba de ello es la actual movilización de efectivos militares que realiza Chile sobre la frontera con Bolivia, a pesar de la paz existente entre los dos países); 4) como consecuencia del Tratado de Paz de 1904, Bolivia se ha convertido en un país mediterráneo y privado de todo acceso al mar.

Las consideraciones de la demanda fueron postergadas hasta el siguiente año. Una comisión de tres juristas designados por el organismo emitió el 24 de septiembre de 1921 sus conclusiones:

Primero: La demanda de Bolivia, tal como ha sido presentada, es inadmisible. Segundo: La Asamblea de la Sociedad de las Naciones no puede por sí misma modificar ningún Tratado. Tercero: La revisión de los tratados es de competencia exclusiva de las partes contratantes. Cuarto: Además de que el Pacto establece el escrupuloso respeto de las relaciones recíprocas de los Estados organizados, solo atribuye a la Asamblea, por virtud del artículo 19°, la facultad de invitar a los miembros de la Liga a proceder a una nueva investigación de ciertos tratados, o de ciertas situaciones internacionales. Quinto: Esa invitación solo puede hacerse en aquellos casos en que los tratados se han hecho inaplicables, es decir, cuando el estado de cosas inexistentes al momento de firmarse ha sufrido, con el curso del tiempo, cambios morales o materiales de naturaleza tan radical, que su aplicación está fuera de toda posibilidad razonable, o bien en aquellos casos en que la situación internacional creada en virtud del tratado pueda poner en peligro la paz del mundo. Sexto: En el caso presente, la Asamblea tendría que asegurarse que se encuentra ante uno de los casos citados, antes de tomar en consideración la demanda de Bolivia.

Bolivia aceptó el fracaso y se reservó el derecho de someter nuevamente la demanda a los procedimientos establecidos en el pacto y cuando lo juzgara oportuno.

La experiencia negativa en la Sociedad de las Naciones fue una lección de importancia, un episodio político que conmovió a la sociedad de entonces. Como frecuentemente ha sucedido en el manejo de los asuntos internacionales, la decisión de presentar la demanda ante la Sociedad de las Naciones no consideró el clima prevaleciente, que era notoriamente desfavorable para pretensiones revisionistas.

En este contexto se produjo uno de los grandes debates del siglo XX. Dos años después de que se presentara la demanda, el diputado Franz Tamayo interpeló al ministro de Relaciones Exteriores, Ricardo Jaimes Freyre. “La tarde del 11 de enero de 1922, llenaban la Cámara varios representantes diplomáticos, senadores dirigentes políticos, estudiantes universitarios, y gente interesada en el choque oratorio señalado en el orden del día. Estaban también los periodistas que publicaban en La Paz y algunos corresponsales de la prensa extranjera”. En el prolongado debate de 17 sesiones, Tamayo se posicionó como defensor de los derechos de Bolivia.

La posición que Tamayo asumió resulta muy emotiva, como se puede apreciar en el siguiente fragmento: “En estos momentos, no solamente, por cierto, tratamos de abordar una cuestión diplomática, sino también moral, tratamos de sembrar semillas de carácter conciencial en el alma nacional”. Tamayo se mostró versátil en sus intervenciones, y el discurso en torno al interés nacional no pasó desapercibido. La refutación de tales afirmaciones, llevaron a Tamayo a conectar la existencia de la nación con el carácter nacional. Esta constatación permite a nuestro autor plantear que la orientación de la futura política boliviana consistía en proteger los intereses nacionales.

La idea del reivindicacionismo en Tamayo es potente e infranqueable: “Ya algún diputado se refería a los dos grupos de bolivianos legisladores que, en 1905, después de verificado el Tratado de 1904, aprobaron e improbaron respectivamente ese Pacto. Pero habéis visto cómo alguno de ellos, patriotas y valientes que salvaron su voto, perduran en la memoria de los bolivianos, como los únicos que fueron capaces de protestar contra el abuso de Chile”. Es con el siguiente fragmento que comprobamos la tenacidad en Tamayo y que llega a conmovernos: “Somos débiles, somos un país flaco y pequeño y no podremos hacer nada. Esto es evidente. Somos pobres, no tenemos riquezas, ni ejército, ni armas, ni cosa que valga; somos flacos. Pero este es otro error diplomático y jurídico del señor ministro. Así pequeños, así indefensos, así impotentes, así flacos como somos, podemos causar efectos de grave trascendencia universal en la Liga de las Naciones. He aquí cómo un país pequeñísimo, débil, pondrá en movimiento a las grandes potencias del mundo. Nuestro derecho, honorables representantes, es tan grande que basta esgrimirlo con honradez”.

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Han transcurrido 119 años desde la firma del Tratado de 1904, tiempo en el que se ha comprobado que el libre tránsito no ha funcionado debidamente. Son múltiples las ocasiones en que aquel derecho ha sido infringido. El no haber obtenido un resultado favorable ante la Sociedad de Naciones no detuvo a Bolivia en su empeño por encontrar una solución a su enclaustramiento. Es oportuno destacar lo que siempre se ha dicho con respecto de la cordialidad de las relaciones con Chile, que en realidad se han caracterizado por la provocación y la agresión.

Los dictámenes negativos de las demandas de 1920 y 2018 no son definitivos. Bolivia aún puede encontrar el camino de la justicia. ¿Está muerto el derecho boliviano? La respuesta es rotundamente no. “El derecho boliviano no está enterrado. Chile ha enterrado muchas cosas bolivianas, y su fuerza es tal que acabará por enterrar un día a los mismos traidores bolivianos, pero Chile a pesar de sus cañones y sus barcos, no ha enterrado el derecho boliviano ni lo enterrará jamás. La hora del último ajuste de cuentas está cerca y cuando ya no sea posible sostener ante el mundo crédulo, que fue la víctima la agresora del victimario, ni que el crimen fue jamás virtud” (Tamayo). Exponer la calidad del derecho boliviano no tanto en su valor jurídico, sino más bien en su trascendencia histórica, demuestra que es una fuerza que un día acabará por alcanzar realizaciones vinculadas a nuestra salida hacia el océano Pacífico.

(*)Pamela Escóbar C. es socióloga

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