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Sunday 25 Feb 2024 | Actualizado a 21:31 PM

La OTAN contra Evo Morales

Snowden no estaba en el avión, pero hubiese sido el derecho de Bolivia brindarle protección

Sacha Llorenti

/ 30 de junio de 2023 / 07:35

Quien solo lea el título de este artículo puede encontrarlo sobredimensionado o exagerado. Sin embargo, al recordar los 10 años de un episodio que puso en alerta a todo el planeta, se dará cuenta que el título es adecuado.

Evo Morales estaba en Moscú, asistiendo al Foro de Países Exportadores de Gas. El 2 de julio de 2013, abordó el avión presidencial FAB 001 para retornar a Bolivia. Mientras surcaba cielo europeo, en un vuelo que parecía rutinario, Portugal, España, Italia y Francia tendieron un cerco infranqueable, cancelando abruptamente los permisos de vuelo que otorgaron anteriormente.

El avión solo tenía combustible para llegar a Islas Canarias, donde debía hacer la recarga. Los pilotos se vieron obligados a buscar un aeropuerto cercano y pudieron aterrizar de emergencia en la neutral Austria. El avión se quedó 14 horas en Viena. Presumían que Edward Snowden se encontraba ahí.

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Unas semanas antes, los principales medios de comunicación del mundo publicaban las revelaciones del contratista estadounidense Snowden, quien facilitó más de 200.000 documentos sobre los múltiples tentáculos extraterritoriales de espionaje que EEUU despliega en todo el planeta.

Snowden, empleado por la agencia de inteligencia estadounidense NSA (Agencia de Seguridad Nacional), convocó a periodistas en Hong Kong. Allí demostró la escalofriante escala de la amplia red de interceptación de todas —sí, todas— las comunicaciones digitales, radiales, analógicas con sensores y cables submarinos, y el almacenamiento de todos —sí, todos— los correos electrónicos, audios, videos, fotografías, ubicación, contactos, documentos y contraseñas de los miles de millones de usuarios de las principales compañías y plataformas de internet y telefonía.

La excusa para tremendo sistema de espionaje fue la lucha contra el terrorismo. Sin embargo, las revelaciones de Snowden permitieron comprobar que también era utilizada para tener ventajas en negociaciones comerciales, industriales o militares. Así, se descubrió que también espiaron, por ejemplo, a la presidente Dilma Rouseff o la canciller Ángela Merkel, violando el derecho internacional.

Snowden salió de Hong Kong y estuvo divagando en la sala de tránsito del aeropuerto de Moscú por 40 días, debido a que EEUU invalidó su pasaporte y él estaba a la espera de que algún país le concediera asilo. Estados Unidos y sus aliados suponían que habría abordado el avión presidencial boliviano buscando asilo. Snowden no estaba en el avión, pero hubiese sido el derecho de Bolivia brindarle protección.

Sería ingenuo suponer que la decisión de impedir, en pleno vuelo, el paso de un avión presidencial, con el presidente a bordo, arropados aeronave y pasajero con las inmunidades diplomáticas más claras, no se hubiese tomado al más alto nivel. Los responsables de este gravísima atentado fueron: el premio Nobel de la Paz y presidente de EEUU Barack Obama; el presidente del gobierno español Mariano Rajoy; el presidente de Francia Francoise Hollande; el socialdemócrata Passos Coelho, primer ministro de Portugal; y Enrico Letta, primer ministro de Italia.

En la otra cara de la medalla, la respuesta sudamericana fue ejemplar: liderados por Rafael Correa, Cristina Fernández de Kirchner y Nicolás Maduro, la Unasur realizó una reunión de emergencia, el Mercosur acordó llamar a consultas a sus embajadores. También, en la sede de la ONU, dos tercios de los Estados, agrupados en el Movimiento de los Países No Alineados y en el Grupo de los 77, condenaron la agresión.

Seguramente en estos tiempos, los medios de espionaje son mucho más sofisticados, pero permanecen dos lecciones insoslayables: para los poderosos las reglas no valen y para los pueblos el único camino posible es la unidad.

(*) Sacha Llorenti  es exministro de Estado

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Tres discrepancias con Álvaro

En las últimas semanas reapareció públicamente la influyente voz del compañero Álvaro García Linera

Sacha Llorenti

/ 8 de agosto de 2023 / 08:38

El quehacer político boliviano está determinado por lo que sucede desde el centro gravitacional constituido por Evo Morales y el MAS-IPSP. Así, desde distintos flancos, el debate público orbita alrededor de lo que se hace o no desde el partido político más grande del país.

En las últimas semanas reapareció públicamente la influyente voz del compañero Álvaro García Linera. Esa influencia es producto no solo de su pensamiento, sino que viene acompañada de una larga trayectoria de compromiso y lucha junto, por y para el pueblo boliviano. Además, durante los casi 14 años en los que fue vicepresidente del país, demostró lealtad y capacidad; acompañando a Evo Morales en la construcción del Estado Plurinacional.

Encuentro varias coincidencias y discrepancias en las declaraciones realizadas por Álvaro sobre algunos de los temas de la coyuntura política. Entre las coincidencias puedo señalar que acierta cuando dice que el golpe de 2019 fue contra la igualdad, que el proceso político y Estado boliviano deben ser liderados por indígenas, que el proceso de industrialización iniciado durante los 14 años debe continuarse, y que la derecha boliviana está fosilizada sin proyecto de país.

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Sin embargo, debo resaltar también las discrepancias que en este momento de ataques contra el movimiento popular son de mucha relevancia. Entre ellas que, al analizar la situación política del país, Álvaro guarda una excesiva confianza en las encuestas. La historia del MAS-IPSP tiene pruebas clarísimas de que las encuestas son —casi sin excepciones— un instrumento que es usado con el objetivo de debilitar al bloque popular. Si uno sabe quién las financia, sabrá cuáles son sus intenciones.

La segunda discrepancia está relacionada con su posición sobre la sede del Congreso Ordinario del MAS-IPSP. En una reciente entrevista, no quiso pronunciarse señalando que el lugar debería ser resuelto por los dirigentes. Este no es un asunto menor debido a que varias voces, incluso de personajes políticos que fueron expulsados del partido o que se fueron a otros, quieren hacer de éste un tema de pugna, pese a que estatutariamente la Dirección Nacional, que es la encargada de hacer la convocatoria para ese evento, ya se pronunció públicamente. Intentar poner en duda a Lauca Ñ como sede alimenta a las fuerzas que pretenden debilitar al partido.

La tercera discrepancia es más profunda. En varias oportunidades, Álvaro planteó que además de Evo, su candidato para las elecciones de 2025 sería el compañero Andrónico Rodríguez.

Personalmente pienso que Andrónico es uno de los mejores cuadros de nuestro proceso, representa la posibilidad de recambio generacional y es el heredero natural del liderazgo de Evo.

Sin embargo, las declaraciones de Álvaro se dan después que la Coordinadora de las Seis Federaciones de Productores de la Hoja de Coca del Trópico de Cochabamba, de la que Andrónico es vicepresidente, determinaron que Evo es su “único candidato” para presidente en las futuras elecciones nacionales de 2025. Habrá que añadir que esa decisión orgánica se hizo a propuesta de la Federación Mamoré Bulo Bulo, de la que Andrónico es afiliado. 

Además, el propio Andrónico cerró filas en torno a Evo afirmando: “Yo soy del trópico de Cochabamba, soy vicepresidente de las Seis Federaciones, el presidente es el hermano Evo y yo siempre dije que esta generación en gran medida somos lo que somos gracias a la lucha de nuestros padres y del hermano Evo”. Entonces, cabe respetar las decisiones de nuestras organizaciones.

Estoy seguro que a lo largo de este camino, resolveremos cualquier discrepancia en el marco de nuestro irrenunciable compromiso con un futuro de dignidad y soberanía para nuestro país.

(*) Sacha Llorenti es exministro de Estado

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Carta a mis amigos progres

Lo que se denomina progresismo puede no ser otra cosa que un conservadurismo maquillado.

El presidente de Chile, Gabriel Boric. Foto: AFP

/ 25 de junio de 2023 / 06:33

El punto sobre la i

La reciente intervención del presidente chileno Gabriel Boric en la cumbre de países suramericanos hace necesario un debate sobre qué significa el término “progresista”. Esa palabra aparece en casi cada referencia al momento político que vive América Latina y se habla de una “segunda ola progresista” o se intenta ubicar bajo ese paraguas a una amplia variedad de posiciones políticas.

Fraternalmente, les pregunto: ¿puede considerarse “progresista” alguien que ataca reiteradamente a Cuba, Venezuela y Nicaragua sin considerar las graves agresiones de Estados Unidos contra esos países? ¿Es “progresista” la participación en las maniobras militares UNITAS, organizadas por el Comando Sur y que se ejecutan en el marco del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR)? ¿Es “progresista” apoyar a la OTAN? ¿Es “progresista” admitir a pie juntillas el desorden internacional promovido por instancias como el Fondo Monetario Internacional (FMI)?

Este no es un debate superfluo, la pugna por el significado de las palabras es una parte importante de la batalla cultural y de la construcción de la denominada hegemonía. Muchos de ustedes huyen de palabras como imperialismo, colonialismo o izquierda. Es evidente que se quiere moderar, para neutralizar. Quien retrocede en el lenguaje, también lo hará luego en la acción. Por otro lado, quien nombra, designa; quien designa, vence.

Llama poderosamente la atención que desde ese “progresismo”, no solo se analiza la realidad eliminando de la ecuación la constante del imperialismo, sino que ni siquiera se menciona la palabra. Pienso que eso es inadmisible, esa constituye una derrota cultural y política que de hecho significaría además una capitulación.

El imperalismo, como fenómeno económico, financiero, comercial, político, militar, tecnológico, institucional, comunicacional e ideológico es una realidad incontrastable y es uno de los principales obstáculos de la construcción de una sociedad más justa. Entonces, compañeros, ¿es ese “progresismo” antiimperialista?

En otro plano, desde algunos espacios “progresistas” parecen limitar el horizonte político económico a la redistribución de recursos, expansión de ciertos derechos y ampliación del campo democrático a tráves de la lucha identitaria. Nada malo en ello, pero y ¿qué de la lucha de clases? ¿Qué de la obscena desigualdad? ¿Qué del poder descomunal de las corporaciones transnacionales? ¿Qué de la propiedad de los recursos naturales y las empresas estratégicas?

Aparentemente arriaron las banderas de la lucha contra el capitalismo, desconociendo que ese sistema no sólo expolia recursos y explota pueblos, sino que es la causa de la crisis climática cuyo efecto puede ser la extinción de la especie.

Ustedes recordaran que, algunos años después de dejar el poder, preguntaron a Margareth Thatcher cuál consideraba su más importante logro como primera ministra del Reino Unido. La destructora del sindicalismo obrero británico y firme defensora del apartheid en Sudáfrica contestó: “Tony Blair y el nuevo laborismo”, refiriéndose al giro a la derecha del Partido Laborista británico.

Como sabemos, el principal aliado de Thatcher en nuestra región fue el dictador chileno Augusto Pinochet. Probablemente, al ver el resultado del proceso constituyente chileno, el alineamiento del gobierno de Boric en relación con Estados Unidos y sus ataques contra varias revoluciones, ¿podría Pinochet también decir que este “progresismo” esté entre sus mayores logros?

Sé que esas aseveraciones pueden parecer duras, pero la batalla cultural y la claridad de posiciones son muy importantes y perderlas tiene un costo muy alto.

El filósofo político estadounidense Michael Sandel responde a la pregunta del porqué el crecimiento de la extrema derecha, señalando que una de las razones es el fracaso de las políticas de los partidos socialdemócratas o progresistas en enfrentar a la creciente desigualdad provocada por lo que él denomina como “excesos del capitalismo”. Probablemente ahí podemos encontrar las respuestas al fracaso en el proceso constituyente chileno o el resultado de las negociaciones del gobierno argentino con el FMI y la trágica posibilidad de que la derecha retorne a esos países.

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El filósofo alemán de origen Walter Benjamin decía que detrás del retorno del fascismo había una revolución fracasada. Probablemente, el resurgimiento del fascismo en Europa y en otras latitudes del planeta se deba al nuevo fracaso de socialdemócratas y progresistas que prometen cambios y, al no modificar las causas estructurales de la crisis, traicionan su discurso y a sus electores.

El esloveno Slavoj Žižek dice que, en realidad, este tipo de corrientes políticas no puede ver más allá del limitado horizonte del “capitalismo liberal y democrático”, y, por tanto, se convierten en seguidores de Francis Fukuyama, quien ante el colapso del campo socialista en la década de los años 90 decretara el “fin de la historia”.

En nuestro contexto, los “fukuyamistas latinoamericanos”, encubiertos bajo el título de “progresistas”, son funcionales tanto al capitalismo como al imperialismo. Contribuyen tanto a la satanización de procesos revoucionarios o líderes, como también a la satanización de las palabras y su significado. Pretenden quitarle el contenido esencial de la izquierda diluyéndola en las ambiguedades de la “progresía”.

Los efectos de esta tendencia son muy peligrosos porque en los hechos mueven hacia la derecha el centro del espectro político y con él el horizonte transformador. Desde las izquierdas, debemos reconocer que este es un tema de mucha importancia. No podemos permitir que se alimente la confusión y el conformismo, que se intente domesticar las esperanzas y, de esa manera, se sostenga el statu quo.

Para terminar, queridas compañeras y compañeros, si ser “progresista” significa levantar las banderas del antiimperalismo, de la lucha de clases, de la lucha contra el colonialismo y contra el capitalismo, cuenten conmigo para tomar el cielo por asalto.

(*)Sacha Llorenti es militante del MAS-IPSP

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El desafío de la unidad en el MAS-IPSP

Un decálogo de propuestas que buscar limar asperezas en el partido de gobierno

/ 7 de mayo de 2023 / 17:44

Podemos, sin dudar, parafrasear a René Zavaleta y afirmar que el MAS-IPSP no es solo un partido político o el instrumento de poder de las organizaciones sociales bolivianas. El MAS-IPSP, en este primer cuarto del siglo XXI, es la política en Bolivia. Todo el quehacer político gira a su alrededor, su fuerza gravitacional y expansiva es de tal magnitud que su desintegración no podrá venir de fuerzas externas, sino que solo podría ser producto de una implosión.

Dicho esto, es sencillo concluir que, al hablar de la unidad del MAS-IPSP, se habla de la posibilidad o no de dar continuidad al más importante esfuerzo de construcción de lo nacional–popular en los casi 200 años de historia de nuestro país. Por lo visto, esa conclusión está por demás clara para la derecha boliviana y los agentes foráneos que trabajan por la restauración del orden neoliberal; y no así por las visibles fisuras y choques entre autoridades y dirigentes políticos y sociales, en el MAS y en el Gobierno.

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Con un ánimo constructivo, desde las bases de nuestro instrumento político, me permito hacer las siguientes puntualizaciones como una base propositiva:

MAS-IPSP

1. La unidad del movimiento popular boliviano fue siempre evasiva y es una excepcionalidad histórica. Se logró construir después de un largo y difícil proceso que fue determinado por las organizaciones sociales indigeno-campesinas más importantes del país. A lo largo de los años, hubo encuentros y desencuentros, consecuentes y obsecuentes, lealtades y traiciones. La unidad no aparece por nombrarla, hay que cuidarla, abonarla, darle contenido y método.

2.El pueblo es el verdadero protagonista de nuestras victorias. Sin embargo, éstas también están  talladas por algunos individuos capaces de leer esas condiciones y encarnar sus aspiraciones. En nuestro caso, el líder histórico de nuestro proceso es Evo Morales, pero no como una figura a la que se pretende recluir en un museo, sino como el político más importante de la Bolivia contemporánea, el artífice de la unidad y el fundador y constructor del Estado Plurinacional. No es casualidad que nuevamente sea el político más atacado.

3. Asimismo, el pueblo, a través del voto, eligió como Presidente al compañero Luis Arce Catacora. Él es quién preside el Estado, y su gobierno es un gobierno producto de la lucha de los movimientos sociales. Por lo tanto, es un deber defenderlo, fortalecerlo y cuidarlo.

4. En ese marco, es una obligación ser intransigentes en la defensa del Estado Plurinacional, de los recursos naturales, del movimiento popular boliviano y de su relación con los procesos de emancipación de los pueblos del mundo. Preservar nuestra identidad antiimperialista, anticapitalista y anticolonialista. Teniendo siempre presente que el sujeto histórico y protagonista de nuestro proceso es el movimiento indígeno-campesino-originario, la clase trabajadora y los sectores populares urbanos de Bolivia.

5. Por primera vez desde 2006, tenemos al presidente del Estado en una persona y al presidente del partido en otra. Ese desafío debe ser resuelto en el marco de los estatutos partidarios y con una decisión clara y material de fortalecimiento y no debilitamiento del partido, sin suplantación de sus roles. Todo dentro del MAS-IPSP y las organizaciones sociales y nada fuera de ellas.

6. En el marco de la lucha contra la corrupción, narcotráfico y prebendalismo, deben ser repudiadas y desautorizadas todas las denuncias presentadas sin pruebas. Es inadmisible que incluso se haya llegado a que ciertas personas hayan presentado ante los medios de comunicación falsificaciones y se mantengan como voceros de alguna corriente.

7. No deben ser las encuestas las que determinen las decisiones políticas más importantes. Pueden servir para orientar, pero no deben determinar. Nuestro partido siempre ha sido víctima de la manipulación demoscópica y, no sería extraño que ahora se utilicen para fomentar la división.

8. Debe censurarse cualquier intento de dividir a las organizaciones a través de prebendas. Esa es una práctica neoliberal de “patas cortas”. La fortaleza de nuestras organizaciones ha estado en la defensa de los intereses de sus bases.

9. Se debe evitar a toda costa que la “izquierda señorial” se enquiste en los espacios de toma de decisiones. A lo largo de la historia, siempre han promovido la división y han subordinado los intereses populares a sus intereses mezquinos personales o sectarios.

10.Evitar caer en el encandilamiento que produce el tener poder, el poder aleja de la realidad y provoca autosuficiencia.

Difiero de quienes dicen que no existen diferencias ideológicas en la disputa entre el MAS-IPSP y el Gobierno. Uno de los grandes logros del proceso de cambio es haber construido un sentido común en torno a la nacionalización y la plurinacionalidad. Por tanto, no creo que esos sean los temas ideológicos en disputa hoy en día.

Dicho eso,  el rol del  líder, del partido y de las organizaciones sociales son temas profundamente ideológicos que, traducidos en un escenario electoral, se convierten en determinantes. La voz del líder histórico, el vínculo pueblo-líder-pueblo, el rol del partido y de las organizaciones son esenciales.

Estas son algunas ideas que podrían servir de acicate para un debate político que nos permita superar las dificultades actuales y encarar el futuro asumiendo la enorme responsabilidad de tener muy en claro que lo que está en juego no es el futuro político de nadie en particular, sino que lo que está en riesgo es el futuro del pueblo boliviano. No existe nada más importante que garantizar la continuidad del proceso de transformaciones estructurales para la consolidación de un país más justo y más humano. Todo estará en riesgo si la unidad del pueblo no se ve reflejada en la unidad de sus dirigentes y de sus líderes.

(*) Sacha Llorenti es abogado, exministro de Evo Morales

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Bolivia y su compromiso con la paz

El embajador plantea una evaluación sobre la presidencia del Consejo de Seguridad.

/ 16 de julio de 2017 / 04:00

Habíamos planteado cinco prioridades para junio, el mes en el que Bolivia ocupó la presidencia del Consejo de Seguridad de la Organización de Naciones Unidas: la diplomacia preventiva y las aguas transfronterizas; el segundo eje fue la acción contra las minas terrestres antipersonales, seguidamente la situación en Palestina y en cuarto lugar la transición en Haití, que es uno de los dos temas de la agenda del Consejo que corresponde a nuestra región (el otro es el proceso de paz en Colombia) y por último la no proliferación de armas químicas biológicas y nucleares.

Los resultados. El desarrollo del primer punto estuvo marcado por la presencia del presidente Evo Morales en la sesión sobre aguas transfronterizas y es algo que ha llamado poderosamente la atención debido a que se han planteado una serie de elementos para el debate a merced de los mecanismos que ofrece la diplomacia preventiva y otros métodos pacíficos para evitar probables situaciones complejas que tienen que ver con el hecho de que dos, tres o cuatro Estados compartan recursos hídricos. De hecho, es necesario que estas cuestiones se conviertan en fuentes de cooperación e integración, en lugar de que sean fuentes de problemas, desencuentros y conflicto.

El discurso del presidente Morales ha tenido un impacto muy fuerte. Muchas delegaciones solicitaron la transcripción de esta ponencia efectuada en Nueva York el 6 de junio.

En cuanto al planteamiento sobre las minas antipersonales y otro tipo de explosivos, Bolivia trabajó en dos etapas paralelas. La primera con un debate al interior del Consejo de Seguridad, que es de vital importancia porque lamentablemente millones de estos artefactos que están en distintos lugares del mundo provocan atentados contra la vida y además provocan gran inestabilidad e inseguridad y hasta impiden el desarrollo económico de las comunidades.

La segunda fase. Nosotros quisimos ir más allá de este debate y propusimos una resolución. Es un aporte boliviano que ha tenido un largo debate y es la primera resolución que el Consejo de Seguridad adopta sobre las minas. Esta resolución, que plantea la eliminación de las minas, nos ha permitido posicionarnos en este tema.

Sobre la situación de Palestina. Este debate se ha iniciado durante el 50 aniversario de la ocupación israelí sobre territorio palestino (la Guerra de los Seis Días) y ha participado el secretario general de la Liga Árabe, Ahmed Abulgueit, y Lakhdar Brahimi, excanciller de Argelia quien ha sido uno de los enviados especiales para la paz en Siria y fundador de una organización junto con Nelson Mandela para la promoción de la resolución pacífica de controversias.

El viaje a Haití ha sido muy útil para el Consejo porque se da entre el proceso de transición de la Minustah (Misión de Estabilización de las Naciones Unidas en Haití) y una misión más política de fortalecimiento institucional, lo que ya implica un gran avance entre la relación entre la Organización de Naciones Unidas y Haití.

En cuanto al debate sobre la no proliferación de armas masivas se contó con la participación de 60 Estados, pues Bolivia preside el Comité especializado en la compleja temática.

De este modo y en el marco de las prioridades de Bolivia sobre el Consejo, hemos cumplido incluso más allá de las expectativas que nos habíamos planteado y eso es positivo.

Las experiencias anteriores de Bolivia en este organismo se dieron en otros contextos históricos. Cuando el país estuvo antes en esta silla, el Consejo de Seguridad estaba prácticamente paralizado por la Guerra Fría, tanto en los años 60 como en los años 70; se reunían una o dos veces por mes y había otra lógica de trabajo, pero ahora esta entidad está presente en muchos lugares del mundo con misiones de paz. En junio, hemos tenido 41 sesiones y el Consejo tiene una importancia cada vez mayor.

Ha sido un mes en el que Bolivia ha ratificado su compromiso con el multilateralismo; ha hecho un llamado para emplear medios pacíficos de resolución de controversias, ha llamado la atención sobre temas clave como las aguas transfronterizas y las minas.

Tras nuestra presidencia, nuestras actividades se van a concentrar en el Consejo de Seguridad; aún tenemos un mandato de un año y medio y recién hemos terminado el primer cuarto de nuestra presencia en el Consejo. Y vamos a continuar con lo que nos hemos propuesto. La defensa del multilateralismo, de los intereses de los pueblos y la lucha por la paz, evitando invasiones y acciones unilaterales. Sabemos que somos uno entre 15, pero hemos demostrado que somos capaces de influir en la mesa más alta de la diplomacia mundial.

Los cinco ejes configuraron la propuesta de Bolivia, además de las grandes cuestiones que se han tocado y que se continúan desarrollando sobre la paz y la seguridad internacional; entre ellos la situación en la península de Corea; la guerra de Siria, la inestabilidad en Yemen y la lucha contra el terrorismo en África. 

Continuaremos hasta diciembre de 2018 dando nuestra voz y nuestras acciones para garantizar que los principios y los propósitos de la Carta de las Naciones Unidas se respeten. Ese es nuestro objetivo.

  • Sacha Llorenti es embajador de Bolivia en la ONU

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Detrás del Jesús histórico

La ocupación militar romana de Palestina nunca fue sencilla; antes y después de Jesús, los judíos se levantaron muchas veces y varios líderes se autoproclamaron como `el Mesías´; muchos de ellos siguieron la misma suerte de Jesús: Judas el Galileo, Hezekiah, Theudas y Athronges.

/ 28 de marzo de 2016 / 04:02

Casi todo se ha dicho sobre él y su nombre ha sido utilizado como estandarte de todo tipo de causas. El paso de Jesús de Nazaret por la tierra probablemente sea uno de los acontecimientos que más ha transformado a la humanidad y su influencia, no solo en el mundo cristiano, es innegable.

En comparación con cualquiera de los anteriores, en este siglo XXI Jesús está más presente que nunca. Cuando uno camina las calles de cualquier ciudad y cuando se transitan los canales de televisión o las redes sociales se encuentra con él. Pero ¿de qué Jesús hablamos?, ¿del Jesús que nos inspira la exploración espiritual o del que nos asegura con el pago de un diezmo o un compartir en Face-book el enriquecimiento material?, ¿del Jesús de los teleevangelizadores o de los del “pare de sufrir”?

Cuando uno ve pasar la procesión del Viernes Santo, ¿a qué Jesús ve? ¿Al Jesús de las cruzadas medievales, al del Opus Dei, al de uno de los Franciscos: de Asís, de Teoponte o de Bergolio? ¿Al Jesús de Luis Espinal o al Jesús que según George W. Bush le impartió órdenes para invadir a un país del Medio Oriente?

¿Existe un solo Jesús o habrá tantas versiones de él como creyentes o no creyentes? Están claras, tanto la multiplicidad de identidades como la diversidad de interpretaciones de quiénes se dicen cristianos. Cada quien defenderá el sentido de su fe. El hecho concreto es que la figura de Jesús juega un rol protagónico en el mundo del siglo XXI.

Educado por varios años en un colegio católico, las clases de religión no llegaban a satisfacer todas mis preguntas. ¿Quién era realmente Jesús? ¿Qué sabemos a ciencia cierta de él? ¿Hasta dónde es posible despojarnos de las pasiones de nuestra fe o de la fe en nuestras pasiones?

El ejercicio de nuestra libertad nos permite interpretar y adaptar a nuestras vidas los principios y valores, religiosos o no, que creamos pertinentes. Si la figura de Jesús está en nuestras vidas, podemos elegir, por ejemplo, qué versículo preferimos: si Mateo 5:9 (“bienaventurados los que procuran la paz, pues ellos serán llamados hijos de Dios”) o Mateo 10:34 (“no piensen que vine a traer la paz a la Tierra; no vine a traer paz sino espada”).

El libro La vida y los tiempos de Jesús de Nazaret, escrito por el académico Reza Aslan, ubicado en la lista de los mejores vendidos del New York Times, describe al Jesús histórico, indaga y compara centenares de fuentes, trae a la vida la sociedad, las tensiones, la política y las relaciones de dominación en el territorio llamado Palestina en el que vivió Jesús. Hace una distinción, en sus palabras, entre Jesús “el Cristo” de los evangelios y lo contrasta con el Jesús “el hombre” de las fuentes históricas.

LÍDER. Un hombre llamado Jesús. Como el paleontólogo, que sobre la base de un par de vertebras es capaz de acercarse a la reconstrucción del cuerpo entero de un ser que vivió hace millones de años, Aslan reconstruye el retrato de Jesús apoyado en dos hechos históricamente irrefutables: primero, que Jesús era un judío que a principios del siglo primero lideró un movimiento popular religioso en Palestina y, segundo, que como consecuencia de eso fue tratado como “una amenaza al sistema establecido, perseguido, arrestado, torturado y ejecutado”.

La construcción histórica que Aslan realiza de la figura de Jesús también permite acercarse al retrato de su condición de clase. Si bien, se generalizó la idea de que el padre de Jesús y por ende él eran carpinteros, un acercamiento a las estructuras sociales de la época permite sacar otras conclusiones. Lo más probable es que Jesús haya sido un artesano y jornalero, que engrosaba el 97 por ciento de analfabetos de la Palestina de su época. Tal vez la versión actual de alguien que busca trabajo en la calle Yungas o en la plaza Humboldt de la ciudad de
La Paz, una de esas personas que tiene en el viejo maletín un cartel con la palabra “albañil” o “plomero”.

La ocupación militar romana de ese territorio nunca fue sencilla; antes y después de Jesús, los judíos se levantaron muchas veces y varios líderes se autoproclamaron como “el Mesías”; muchos de ellos tuvieron la misma suerte de Jesús en términos de la respuesta de Roma. Aslan menciona a algunos: Judas el Galileo, Hezekiah, Theudas y Athronges. Esa sucesión de nombres de hombres que se levantaron en contra del imperio romano puede bien recordarnos a los líderes indígenas que se sublevaron en contra del imperio español durante el siglo XVIII: Túpac Amaru, Tomás Katari o Julián Apaza.

La identidad étnico-religiosa de Jesús, sumada indisolublemente a su condición social, construyeron el liderazgo de un movimiento religioso-político (en ese orden) que se enfrentó radicalmente contra el Imperio. Por tanto, según recuenta Aslan, el Jesús político era un nacionalista, independentista y revolucionario que tenía como objetivo la liberación de su pueblo y de su tierra, rechazando servir a cualquier fuerza extranjera, así como la instauración de un sistema político con una estricta adhesión a la Torá, el libro de la ley judía.

REBELDE. La cruz: símbolo o trágica realidad. La crucifixión por sí misma, según el autor de El Zelote, revela en gran medida quién fue Jesús. Esta pena se aplicaba exclusivamente para quienes hubieren cometido el delito de sedición, rebelión o traición en contra del Imperio Romano. Jesús se había levantado en contra de Roma, como apuntamos, había puesto en duda su autoridad y buscaba implantar un nuevo orden político y religioso en el territorio ocupado por el imperio más poderoso de esa época. La cruz no era un símbolo de sacrificio personal, era un escarmiento público, severo y mortal.

Un dato curioso, revelado por Aslan, se relaciona a quienes fueron crucificados junto a Jesús. Los evangelios se refieren a ellos utilizando la palabra griega lestai que fue interpretada como ‘ladrones’. Sin embargo, esa palabra quiere decir ‘bandidos’, que era la forma en la que Roma se refería a los rebeldes o insurrectos, a quienes se levantaban en una lucha armada contra el imperio.

HISTORIA. La fe y la historia. El libro aborda muchos temas más sobre las condiciones del surgimiento del cristianismo y el destino que corrieron los seguidores de Jesús. Mientras tanto, más de veinte siglos después, no se avizora una repentina y pronta conciliación de las tensiones entre lo verificable históricamente y los evangelios; entre lo que dice un evangelio en contradicción a otro; o entre los distintos espejos que muestran el rostro de Jesús y que en realidad reflejan nuestras propias convicciones.

La libertad religiosa nos permite tener o no la relación espiritual que consideremos apropiada para nosotros. Además, las connotaciones de un tema tan complejo y abigarrado exceden, por supuesto, los alcances de esta breve reseña. Sin embargo, si bien las clases de religión reforzarán las ya existentes o crearán otras formas de identificarse con Jesús, considero que, dada su magnitud y relevancia,  deberían también tener un lugar privilegiado en las clases de historia.

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