Voces

Thursday 23 May 2024 | Actualizado a 08:20 AM

Míster Atlas y el ‘Chancho’, en carrera electoral

/ 30 de julio de 2023 / 01:31

Consumido por las sucesivas fiestas en las que participé en devoción al Tata Santiago hasta quedar exhausto, me recluí para recuperar mi equilibrio escuchando música barroca. Un insistente timbreo en mi suite chola me hizo saltar de la hamaca. Era mi compadre Teo; lo primero que hizo fue reclamar por qué no había contestado mi celular durante dos días. Me excusé explicando que él había asistido solo a una fiesta y yo tuve que asistir a dos, por lo que acabé fuera de combate y agarrando otra vez la fiesta para el próximo año, si la Pachita y todas las vírgenes me dan k’aito.

— ¡Vengo a proponerte que seas candidato a alcalde por La Paz!—, espetó sin más.

No salía de mi estupor ante semejante propuesta, pensé que todavía los humos de la fiesta habían afectado los pensamientos de mi compadre, y le pregunté con un gran “¡Qué!”

— Sí, no te hagas al señorito firulais, quiero que seas candidato, aunque es seguro que no ganarás, pero por lo menos habremos llenado nuestra plancha electoral para el 25 y tendremos un concejal—, contestó, afanado, como ametralladora.

— El Míster Atlas será candidato de Creemos para El Alto y nosotros estamos promoviendo al Chancho Gonzales, lo conoces, se hizo rico vendiendo ropa de segunda y quinta mano en la 16 de Julio, es un gremial muy respetado, además devoto de la virgencita del Carmen y del Tata, como vos compadre. Es suficiente—, me dijo, esbozando una sonrisa bribona.

Todavía turbado por la extraviada propuesta, recordé a Wally Icaza, un ceramista y activista indianista que, sin consultarnos, nos encajó a sus amigos a una lista de candidatos a senadores y diputados por su micropartido que había creado unas semanas atrás. El escenario de incertidumbre de esa etapa (1997) permitió que un pacto poseleccionario sepultara al MIR, al perder este partido toda autoridad moral ante sus electores al votar por el exdictador Banzer, devenido en demócrata y tendiendo puentes con la sangre de sus mártires. Esta estrategia de hacerse del poder se canonizó como la manera más aviesa de repartirse el poder y “democratizar” la corrupción y el dolo. No había proyectos y programas claros y menos líderes con autoridad moral para aglutinar, en torno suyo, a grupos sociales importantes; escenario que puede repetirse pese a la electoralización temprana de la política boliviana que arrastra a grupúsculos de políticos fracasados y angurrientos de poder a ponerse visibles en los medios.

Para muchos aventureros es la ocasión perfecta para auparse a un partido y llegar al poder con dos propósitos: enriquecerse y ascender socialmente a costa de la ingenuidad de la población menos politizada y el pragmatismo de grupos mayores.

El Chancho Gonzales es un ejemplar dispuesto a todo, no debería extrañarnos que aparezca como candidato a senador, concejal o diputado y que llegue al poder porque untó con parte de su grasa la maquinaria electoral para cobrarse con creces, multiplicando su inversión en algún cargo ejecutivo, estar seis meses en la cárcel y salir a disfrutar su aventura comprándose casas, autos, ir de vacaciones a Miami con Barbies y lucir trajes Chucatinis, como si fuera inmortal. El Chancho incrementará su grasa y convertirá la política en un negocio lucrativo.

La alta política tiene muy pocos cultores, en cambio la politiquería se ha vuelto una práctica multitudinaria y es, precisamente, el ariete amoral que debilita la credibilidad en la democracia.

El escritor Puente Ojea dice que se avergüenza de haber nacido en España porque ha glorificado la picardía, ocasionando que las noticias de desfalco y corrupción sean normales. Asegura que la literatura picaresca, canonizada en las escuelas y universidades, es el mejor reflejo de aquello. Enfatiza que ese daño fue trasladado, durante la conquista ibérica, a los pueblos sudamericanos que repiten esas mañas perversas.

Con mi compadre somos aficionados al teatro, nos planteamos problemas que pueden suceder, los teatralizamos luego para ejercitar nuestro sentido prospectivo. Felizmente el Chancho no se presentará a nada porque no cree en la democracia, pero el Míster Atlas tal vez sí, no debería extrañarnos, pero sí alertarnos de los aventureros que merodean en estos tiempos.

Édgar Arandia Quiroga es artista y antropólogo.

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Lynch

/ 19 de mayo de 2024 / 00:20

Cuando se erosiona la institucionalidad democrática y la población descree de ésta, es que el síndrome del caos y el río revuelto se convierte en la gran oportunidad de politiqueros y personas sin escrúpulos. Estos grupos que hicieron de la política una forma de enriquecimiento ilícito y ascenso social, en otras palabras, un emprendimiento empresarial vaciado de contenidos ideológicos y programas, convertido en una vulgar actividad comercial, son los beneficiarios directos. De estos jubilosos practicantes está plagada la política y los cargos ejecutivos en los gobiernos. La democracia ha democratizado, paradójicamente, la mediocridad y la banalidad mercantil para desgracia de las mayorías. Es una democracia al revés, se elige para representarnos a la mayoría a supuestos ciudadanos probos para que estos, por artilugios leguleyescos, se conviertan en minoría dictatorial. Eso ocurre en la Asamblea, salvando contadas excepciones que son engullidas sin piedad.

La ausencia del Estado en las múltiples poblaciones de Bolivia es una presa mucho más fácil de controlar por clanes familiares y grupos incrustados en pequeñas bandas que conforman auténticos consorcios delincuenciales que se dedican al contrabando, el narcotráfico, los robos a pequeña escala, entre otros delitos que siempre quedan impunes ante la ausencia de una autoridad que articule controles mínimos para una convivencia pacífica o por lo menos tolerable. Eso no ocurre porque las autoridades son devoradas y más bien se convierten en los principales organizadores de estos atropellos, con la ventaja que representan la autoridad del Estado.

No es sorprendente que un jefe de Diprove, dirección encargada de prevenir y luchar contra el robo de vehículos, se convierta en narcotraficante en poco tiempo, porque ambos delitos están conectados. Estas oficinas que están en la ciudad de La Paz reflejan físicamente los contubernios y tratos oscuros entre los “investigadores”: si es un automotor viejo te piden una serie de documentos para que pierdas tu tiempo obteniéndolos y escapen los ladrones; en tanto, si se trata de un automotor último modelo todo marcha muy rápido porque hay una recompensa extra que tú no puedes ofrecer y tu automotor aparece porque el “investigador” conoce a los delincuentes especialistas en cerebros electrónicos. Para el primero no hay esperanza, nunca aparece el automotor ni siquiera “charqueado” en la feria de la 16 de Julio o el Puente Vela. Esas oficinas donde se cocinan estos tratos funcionan casi a media luz, con el techo muy bajo; en un recoveco de las laderas del oeste. Por allí desfilan los ingenuos que aún creen en la eficiencia de la Policía y de su letrero: “Todos somos iguales ante la Ley”.

Ante la ausencia de una autoridad confiable, la furia y la irritación empiezan a confluir entre las poblaciones que, más bien, se sienten amenazadas por la Policía misma y surge la emotividad comunal dejando atrás el racionamiento, y explota la complicidad linchando a delincuentes sin juicio previo, porque tampoco la Justicia es una garantía creíble, sino todo lo contrario. Esta terrible práctica que viola todos los derechos humanos es un fiel reflejo de la decadencia de los valores y de la capacidad de los dirigentes mundiales que, en sesiones rimbombantes, pregonan el año de los derechos humanos, del niño, de la naturaleza, pero es evidente que la humanidad no ha avanzado, mientras la tecnología nos aleja más de estos valores elementales de convivencia.

El coronel Ch. Lynch (1738-1796) tuvo el trágico honor de convertir su apellido en verbo mortífero, cuando durante la Guerra de la Independencia de Norteamérica mandaba tropas a reducir sin juicio previo a colonos leales a la Corona inglesa. En ese ambiente belicoso sin reglas, estos grupos consideraban actos éticos frente a una población desguarnecida. Bolivia pareciera que estuviera en estado de apronte por el lenguaje belicoso, cargado de odio que destilan los asambleístas frente a sus ocasionales rivales que, se supone, son también hombres y mujeres probos que nos representan, pero la impulsividad atávica de violencia verbal los atrapa y muchas veces se convierte en agresión física. Tal vez no tienen la capacidad para percibir que los estamos observando y piensan que sus actitudes de una supuesta fiscalización no son otra cosa que un instrumento para objetivar su grado de radicalidad que nos hace un profundo daño y puede recalar en escenarios más peligrosos.

 Édgar Arandia Quiroga es artista y antropólogo.

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Chacota preelectoral

/ 5 de mayo de 2024 / 00:51

Mi estado de salud no me permite involucrarme directamente en las conversaciones que suceden en el transporte público y los mercados, lugares desde donde se puede palpar el estado de ánimo de la población urbana que es sometida a una andanada de noticias contradictorias y chismes sin número. Información retorcida que —aunque parezca inaudito— forma criterios y opiniones que después se develan en las elecciones y cuya práctica puede ser fatal y difícil de enmendar.

Así, me encontraba cavilando en la pobre performance de nuestros políticos y vino a visitarme mi compadre Teo, cuya múltiple actividad le permite ejercitar una maratón entre la ciudad de El Alto, sus ferias en varias regiones del país y su descenso al infierno de la hoyada, el centro del poder político.

Me trajo un ramo enorme de manzanilla para apurar las desinflamaciones y otros males que esta maravillosa flor contiene en sus componentes naturales. Inmediatamente se puso a preparar un baño para los pies, mientras me contaba los percances de sus incursiones para sobrevivir vendiendo libros truchos y de tercera mano, a veces joyas imposibles de conseguir.

Asegura que, en el Alto, la dirigencia del magisterio es otro feudo donde un grupúsculo de profesores se apoderó —al igual que la federación de La Paz— a través de un único pliego petitorio: no permitir que las autoridades exijan exámenes de ascenso y pedir aumento de sueldos al Estado. Esa triquiñuela tiene un efecto inmediato, de tal manera que la mayoría de los profesores, formados por el Estado en instituciones gratuitas, tiene un éxito inmediato. Por eso no es extraño que cuando existen numerosos descalificados para ingresar a universidades y otras instituciones educativas, los padres de familia salgan a bloquear las calles hasta lograr que estos inoperantes sin vocación, sean los educadores e instructores de nuestros hijos. Recientemente se celebraron las elecciones para rector de la universidad pública de la ciudad, cuya divisa recurrente es “la mejor”. Todos sabemos que no es así, la mediocridad es la reinante y destacados profesionales son arrinconados para evitar su influencia. Los candidatos usan las mismas estrategias de los politiqueros para ganarse adeptos: fiestas, poleras, alcohol y promesas, una chacota.

En medio de la chacota, palabra que identifica el alboroto y la alegría mezclados de bromas, carcajadas y burlas con que se celebra algo, se convierte el TSE en un reflejo con su comportamiento: toma la irresponsabilidad de los partidos políticos que ahora solicitan otra vez plazo, siendo la quinta vez que lo harían, para que cumplan con el requisito de presentar a su nueva dirigencia elegida en sus congresos. En tanto, en el MAS-IPSP, con su guerra interna entre Caín y Abel, siguen llamándose hermanos y son incapaces de encontrar una ruta para evitar su colapso, atizados por operadores políticos sacados de un albañal prostibulario por el lenguaje que usan como instrumento de descalificación y difamación de sus “hermanos”. No se proponen argumentos para debatir, solo insultos. Entre esa chacota del TSE, el MAS y el silencio de la oposición, los futuros votantes que serán halagados, espectadores del circo sin tomar partido, solo se abocan a conseguir su sustento diario, porque saben que este jolgorio no les resolverá sus problemas. Los políticos viven desconectados de la realidad y solo existen ontológicamente por su obsesión de asaltar el poder a como dé lugar.

Este escenario de judicialización y polarización ha llegado a extremos insólitos. El deporte más popular, espacio donde precisamente calificamos entre los peores del mundo, ha caído en la chacota: así un dirigente del futbol cruceño denuncia y difama, por supuesto como los operadores políticos, sin mostrar pruebas sobre un supuesto soborno para que los equipos paceños se apoderen de las jugosas sumas que otorgan las organizaciones supranacionales privadas del balompié. El resultado del reciente campeonato le hizo tragar sus pelotas porque los nuevos campeones son de otro departamento, y más bien se develó sus vínculos con el narcotráfico.

Ante la chacota plurinacional es fácil advertir que tenemos al frente sobreposición de elecciones y asumimos que votar tres o cuatro veces no es en absoluto garantía de consolidar la democracia y que ésta se respete. Mi compadre se pregunta y me hace estremecer: ¿Sirve para algo la democracia?

Édgar Arandia Quiroga es artista y antropólogo.

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Los señores de los páramos

/ 21 de abril de 2024 / 00:20

La relación del hombre de las tierras altas con los camélidos que la habitan, es de un fuerte vínculo familiar. A diferencia de la cultura occidental donde son considerados solamente como insumos productivos, para las mujeres y hombres del altiplano de Abyayala, son seres cercanos a quienes les ponen nombre y los consideraran parte de su familia y en algunos casos, son criados para ritos consagratorios y considerados sagrados, como el llamo blanco llamado napa y el apuruku, destinados a este fin. Los fetos también componen las mesas rituales anuales, asimismo su grasa, llamada llampu. Pueden estar sin beber agua un largo tiempo, por su lana los clasifican de varias formas: chak’u, lana densa que crece en sus orejas y frente; su color varía desde blanco, gris hasta marrón y negro; se alimentan, como los de su género, de pasto duro y seco, y pueden recorrer entre 16 y 20 kilómetros diarios.

La llama (Lama glama) es la de mayor altura y resistencia, es un ejemplar que no se desperdicia, todo es útil, desde sus deposiciones hasta sus pezuñas con almohadillas que le permiten recorrer grandes extensiones, vinculando poblados repartidos en la inmensidad altiplánica, transportando sal y productos agrícolas.

La familia a la que pertenece, artiodáctilos, suborden tilópodos, tiene tres géneros y otros que se extinguieron en el transcurso del tiempo, a causa de los fenómenos naturales y la depredación humana. Otro ejemplar es el guanacu (Lama guanacoie), la alpaca (Vicugna pacos) y la vicuña (Vicugna vicugna), agreste y salvaje, buscada y asediada por su exquisito pelaje. Desde niños aprendimos el soneto de Gregorio Reynolds: Inalterable por la tierra avara/ del horizonte ostenta la mesura/ la sobria compañera del aymara/ Parece, cuando lánguida se para y mira la aridez de la llanura/ Que en sus grandes pupilas la amargura/ del erial horizonte se estancara (…)

Todas las designaciones terminan en femenino, es por eso que en estas tierras siempre se compara la altanería y el donaire de las jóvenes indígenas con su soberbia apostura.

Estos cuatro magníficos ejemplares de la fauna altiplánica han contribuido a la formación de las civilizaciones de Tiwanaku y el incario durante milenios, su presencia se encuentra en pinturas rupestres, cerámicas y textiles que atestiguan su importancia y veneración. Así, se descubrieron representaciones de oro en el fondo del lago Titicaca que fueron arrojadas como ofrenda. El grado de sofisticación al que llegaron para su diseño es fruto de su relación con la religiosidad indígena al conformar seres híbridos con su correspondiente simbología. Existen representaciones de cóndores y llamas, asimismo jaguares, peces y víboras entrelazadas, significando la unión del cielo y la tierra, conformando un imaginario de extraordinaria belleza.

Un espectáculo fascinante es ver, en el salar de Uyuni, los grupos de llamas que se confunden con la sal y solo resaltan sus cargamentos multicolores. Tienen un líder que luce una campana que lleva el ritmo y conoce el camino; avanza junto al llamero que entona una melodía en aerófono que hace la excursión más llevadera. Muchos dueños les fabrican pequeños calzados para que la sal no maltrate sus almohadillas. El origen de la llamerada tiene relación con esta conjunción humana a los que sirven, y éstos le rinden su homenaje y veneración por sus servicios, antropomorfizándolas en esta danza ritual.

En algunas comunidades de Bolivia, seleccionan ejemplares que se distinguen por la finura de su lana, los crían para que cuando estén listos para ser trasquilados, teñidos y luego tejidos con su historia por la abuela o la madre para abrigar al futuro infante que nacerá. Durante este proceso, el padre o los padrinos componen música que escuchan estos camélidos para que su lana sea suave y delicada, y acoja al nuevo ser.

Durante las crisis económicas que nuestro Estado sufre cíclicamente, su carne —antes despreciada— fue consumida en embutidos caseros y en las llamadas llameradas de la Pérez Velasco, que los consumidores devoraban pensando que era res.

En la etapa colonial, los españoles no consumían su carne, en cambio, para los mitayos era su principal fuente de proteína con la quinua y podían guardar el tasajo o charqui que es parte de la gastronomía de Bolivia.

Édgar Arandia Quiroga es artista y antropólogo. 

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Censo de 1900 y emigración

/ 7 de abril de 2024 / 04:28

Mi compadre Teo tuvo que viajar a su pueblo, donde tiene su dotación de tierra que la cultivaba antes de ser desplazado a la urbe; viajó un día antes que se verifique el Censo de 2024. En ese territorio nacieron sus abuelos y sus padres. El motivo era simple, si no lo hacía podía incubar un problema jurídico con su comunidad y el Estado para conservarlos.

El Decreto Supremo 05678 de 1963, promulgado durante el menguante gobierno del MNR presidido por Paz Estenssoro, decretaba en Consejo de Ministros lo siguiente:

“Artículo Único. Los ex comunarios o descendientes en línea directa de éstos, que hubieran obtenido tierras por vías de restitución o afectación y que las abandonaron por más de tres años de conformidad al DS Nº 4235 elevado a rango de ley en 29 de octubre de 1956, para dedicarse a actividades distintas a la agricultura dejando su condición de campesinos al no trabajarlas personalmente, perderán su derecho de propiedad, revirtiéndose a dominio del Estado para su dotación mediante el procedimiento ordinario de Reforma Agraria, a los campesinos que las trabajan en condición de colonos, arrenderos, arrimantes o bajo cualquier otra forma y siempre que no tuvieran otras dotaciones, o a los insuficientemente dotados, a ex-colonos del fundo y finalmente para beneficio de la misma comunidad mediante cultivo común.

El señor Ministro de Estado en el Despacho de Asuntos Campesinos, queda encargado de la ejecución y cumplimiento del presente decreto. Es dado en el Palacio de Gobierno de la ciudad de La Paz, a los treinta y un días del mes de diciembre de mil novecientos sesenta años” (sic).

Los ministros que acompañaban a Paz Estenssoro eran: Jordán Pando, Arze Quiroga, Fortún Sanjinés, coronel Rivas Ugalde, Mario Sanjinés, Franco Guachalla, Gumucio Reyes, Cuadros Sánchez, José Fellman, Ñuflo Chávez, Peres Alcalá, G. Jáuregui y José Antonio Arce. Todos conspicuos movimientistas que fueron cercanos colaboradores de Paz Estenssoro durante sus gestiones constitucionales. Llama la atención la presencia de José Antonio Arce que, seguramente, fue unos de los pilares para dicho decreto, sin prever las contingencias futuras que propiciaron el engorde de tierras y la especulación, sobre todo en el oriente boliviano, a donde nunca llegó la Reforma Agraria. Se vislumbra nítidamente que los grandes conflictos sociales se generarán en estos territorios, de hecho, con el Censo actual ya reverdecen intereses territoriales de corporaciones y clanes familiares que detentan miles de hectáreas que nunca fueron saneadas, muchas en manos de extranjeros que ocupan cargos políticos ejecutivos.

Las calificaciones de “malagradecidos, que no vuelvan estos indios que convierten la ciudad en un basurero, que se queden en sus puebluchos”, eran recurrentes, no solo de algunos habitantes de las ciudades, sino de ejecutivos del Estado que develaron su profundo racismo que les brotaba inconscientemente, siendo grotesco en algunas autoridades.

Mi compadre Teo fue a hacerse censar a su pueblo y mi comadre se quedó en El Alto. Ese fenómeno que produjo el decreto y la emigración masiva no es nuevo, porque la Reforma Agraria nunca dotó de la infraestructura comercial y logística para que se desarrolle el agro, sobre todo en el occidente de Bolivia, de ahí que el desarrollo es asimétrico y la migración interna y externa sigue siendo una posibilidad de buscar mejores condiciones de vida. Recientemente un grupo de bolivianos fue timado con visas falsas a España con la ilusión de que un año o dos saldrán de la pobreza. Muchos regresan a su país derrotados y desilusionados a engrosar a los gremiales y comerciantes.

En el Censo de 1900, reedición facsimilar (2012) realizado por el Archivo y Bibliotecas Nacionales de la Fundación Cultural del Banco Central, elaborado durante el gobierno del presidente Pando, que acababa de derrotar al Zárate Willca, la oligarquía minero feudal asumió la tarea de encarar un censo general de población pese a las dificultades logísticas. Existen datos que revelan que la mayoría de los bolivianos vivían en al área rural y eran originarios de las regiones, con sus propios sistemas de organización política y económica.

Existen muchos datos en el texto que actualmente nos parecerían curiosos y nos develan un país en vías de consolidación y ya, desde entonces, fracturado.

Édgar Arandia Quiroga es artista y antropólogo. 

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Elogio del lápiz

/ 24 de marzo de 2024 / 01:38

Los seres humanos nos distinguimos de la fauna zoológica por nuestra capacidad —para unos innata y para otros adquirida— en nuestra necesidad de expresarnos hacia afuera desde adentro. Así, en la edad de las cavernas los primigenios humanos usaban los carbones con grasa animal para ritualizar la caza dibujando en sus cavernas, también con un afán estético de decorarlas con elementos de la naturaleza y de paso, memorizar y aprender a reconocer con quienes convivían. Fueron los primeros inicios de la ciencia y el arte.

La humanidad, antes de concebir el lenguaje, ya hacía incisiones en los muros, los primeros petroglifos, una forma rudimentaria de la escritura ideográfica para alertar o informar geográficamente si el lugar era seguro y podían instalarse para su alimentación con los frutos del sitio y la caza.

Durante miles de años, los inquietos inventores buscaron una manera de plasmar ideas, proyectos, dibujos y sus sueños con la creación de un instrumento que fuera fácil de llevar y de ser corregido para enmendar y pulir una idea.

Alberto Durero (1471-1528), afanado por obtener resultados para sus proyectos, concibió una varilla de aleación de plomo y estaño, pero requería de un soporte especial y su aplicación necesitaba tiempo y extrema habilidad, por lo que fue desechada por su costo y sus exigencias técnicas. Así pues, siguió buscándose un medio de dibujo y escritura más inmediato y versátil, y que pudiera corregirse.

El material idóneo, el grafito, se descubrió en Bavaria en 1400, pero no sabían de su potencial, como siempre ocurre cuando se descubre algo. Recién en 1504 se encontró un yacimiento de grafito puro en Burrowdale, Cumberland, Inglaterra. Pensaban que era plomo y como se utilizaba para marcar piedras, lo nombraron “lápiz de plomo”, originándose un error hasta que se comprobó que era un mineral distinto, y a partir de 1789 se le llamo grafito.

El primer lápiz grafito se inventó en 1662, los primeros sistemas de envoltura consistieron en rodearlo de una cuerda que se iba desenrollando a medida que se gastaba la punta del lápiz, además del portaminas latón, similares a los de hoy. En Inglaterra, Faber estableció su fábrica en 1761, empleando una mezcla de dos partes de grafito con una de azufre. En el siglo XVIII, Napoleón, irritado porque por que importar los ingredientes, pidió a Conté que desarrollara un sustitutivo. El resultado fue una mezcla de arcilla, grafito, agua y pasta endurecida en hornos y después introducida en surcos hechos de madera. Este fue el antecesor del lápiz moderno, al que se le añadió un cabezal de goma para enmendar errores, corregir y sellar el resultado final.

Sus hermanos, los lápices de colores, se fabrican con mezcla de caolín, ceras y variedad de tintes. Actualmente existe una enorme variedad de este maravilloso instrumento en calidades de dureza, además de sus múltiples usos en arte, contaduría, arquitectura pese al AutoCAD, ingeniería, etc. Hasta hoy la tecnología no ha podido anularlo y excluirlo. Se aprende a escribir y leer acompañado del lápiz, innumerables bocetos de los principales inventos fueron hechos con lápiz, las primeras constituciones y leyes, para luego pasarlas con tinta indeleble para su registro final, obras clásicas de la literatura fueron escritas y corregidas gracias al lápiz.

La enorme esterilidad de nuestros legisladores y políticos buscan los pretextos más triviales y banales para aprovechar cualquier acción gubernamental para desacreditarlo, que el Gobierno alimenta con su gestión lerda y vacilante. Es el caso del Censo en que, ahora a falta de argumentos sólidos, ya adelantan un supuesto fracaso por culpa del lápiz. Sin embargo, las disputas regionales solo ratifican lo que sabemos la mayoría de los habitantes: el Estado boliviano no está consolidado como tal y existe una desconfianza mutua entre los caciques de las regiones que se atrincheran para supuestamente defender “sus territorios”, como si no pertenecieran a un mismo Estado. Sacan a relucir su candorosa interpretación de un Censo de Población y Vivienda con un lenguaje belicoso contra sus vecinos, con el único propósito de apuntalar su efímero poder y mantener sus privilegios. El lápiz, maldecido por la crápula política, puede originar mayores disputas. He ahí su poder.

Édgar Arandia Quiroga es artista y antropólogo. 

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