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Monday 4 Mar 2024 | Actualizado a 18:20 PM

La ruta de las ratas

¿En qué momento el sionismo se convirtió en exactamente lo mismo que sus verdugos nazis?

Ricardo Bajo

/ 15 de noviembre de 2023 / 08:55

En abril de 1944, la colonia de niños refugiados judíos de Izieu (Francia) fue arrasada y “limpiada”. Un total de 44 niños y adolescentes de entre cuatro y 17 años fueron detenidos y deportados por orden de Klaus Barbie, jefe de la Gestapo en Lyon. Fueron conducidos al campo de exterminio de Auschwitz (previo paso por el campo de internamiento de Drancy, París). Fueron asesinados, fueron exterminados. Solo uno logró sobrevivir. La aparición —décadas después— de un telegrama firmado por el “Carnicero de Lyon” dando la orden de “limpieza” de la comuna de Izieu servirá para detener en Bolivia al criminal nazi y condenarlo en Francia por delitos de lesa humanidad. Imprescriptibles.

Estoy leyendo estos días Klaus Barbie: la ruta de la rata, el mejor libro publicado (El Cuervo editorial) este año en Bolivia. Es un denso/impactante cómic histórico escrito con rigor por Frederic Brrémaud (que cubrió el juicio contra Barbie en 1987) y dibujado magistralmente por Jean-Claude Bauer.  En el ejemplar que me firmó Bauer en la pasada Feria del Libro de La Paz, el dibujante ha pintado en un par de trazos un retrato de Jean Moulin, jefe de la resistencia gala. La novela es —entre otras cosas— un tributo a los hombres y mujeres que lucharon contra la ocupación nazi. La resistencia siempre será un derecho legítimo.

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En la página 77 veo a Klaus Barbie sentado en el banquillo de los acusados. Ha dejado de ser un protegido de los Estados Unidos y un agente de la CIA, ha dejado de ser el amigo querido de Hugo Banzer Suárez y los paramilitares de la década de los 70. Ya no entrega armamento de la República Federal de Alemania (RFA) a cambio de toneladas de cocaína.

El 20 de diciembre de 1985, un juzgado criminal de la Corte Suprema francesa define los crímenes contra la humanidad como “actos inhumanos que —en nombre de un Estado que practica una política de hegemonía ideológica— se cometen de forma sistemática contra personas en razón de su pertenencia a una colectividad racial o religiosa”. Veo a los judíos huyendo, veo a los judíos asesinados, veo a los judíos pidiendo justicia por víctimas inocentes. Leo el cómic y no puedo dejar de pensar en los miles de niños palestinos asesinados bajo las bombas sionistas del Estado de Israel. No puedo dejar de pensar en el castigo colectivo contra Palestina: un crimen de lesa humanidad. Imprescriptible.

¿En qué momento el sionismo se convirtió en exactamente lo mismo que sus verdugos nazis? ¿Cómo se puede arrojar tormentas de fósforo blanco —arma prohibida— sobre el mayor hospital de Gaza? ¿Sufrir un genocidio te da derecho a cometer otro? ¿Por qué nadie habla de las reservas de petróleo y gas que tienen las costas de Gaza y el subsuelo de Cisjordania que suponen un negocio de 524.000 millones de dólares? ¿Por qué el mundo ignora el genocidio del pueblo palestino? Por culpa, por sentimiento de culpa.

Estados Unidos albergó y protegió a cientos de destacados nazis. La excusa: la lucha anticomunista contra la Unión Soviética. Europa y EE UU permitieron el holocausto del pueblo judío y luego avalaron la creación del Estado de Israel (la “catástrofe” para el pueblo palestino). Por culpa. Ahora vuelven a cometer el mismo “error”: permitir otro exterminio, otra limpieza étnica, otro apartheid.

Vuelvo a la novela gráfica y veo como llegaron casi dos mil nazis a la Bolivia de finales de los años 40. Veo como se cruzan en las calles de La Paz víctimas y verdugos; judíos y comunistas, socialdemócratas y anarquistas miran a los ojos otra vez a sus perseguidores nazis. Se han cambiado de nombre. Barbie ahora se llama Altman. Pero conservan una manera de mirar. Una mirada de odio no se olvida jamás. Hoy esas mismas calles paceñas ven pasar marchas con banderas de Palestina, ven pasar a palestinos expulsados de la Franja de Gaza, palestinos que han visto en los soldados de Israel sentencias de muerte en sus miradas de odio.

La rat line (ruta de la rata) es el nombre que se acuñó para denominar las vías de escapatoria de los criminales de guerra nazis/alemanes, fascistas/italianos y ustashas/croatas. La pareja formada por Beate y Serge Klarsfeld, militantes en contra de la impunidad, dedicó toda su vida a perseguirlos por medio mundo. ¿Quiénes serán los nuevos “Klarsfeld” buscando a los sionistas de los nuevos crímenes de lesa humanidad contra poblaciones civiles indefensas? Los verdugos nazis jamás me fascinaron; los sionistas, tampoco.

Veo la mañana del 4 de julio de 1987. Barbie es declarado culpable y condenado a cadena perpetua. Morirá en prisión en 1991 con 78 años por un cáncer de sangre. No se arrepentirá nunca. ¿Cuándo pagarán los asesinos de los niños palestinos?

(*) Ricardo Bajo es un pinche periodista

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Cuatro goles y una boda

El 9 de noviembre de 1941 The Strongest logró su victoria más recordada (3 a 1 vs Independiente de Avellaneda). La máxima figura argentina estaba de boda

Una foto del cotejo del Archivo Núñez del Prado

Por Ricardo Bajo H.

/ 3 de marzo de 2024 / 06:19

La gran figura de Independiente de Avellaneda no está en el gran partido. Han pasado cinco días desde que el club The Strongest venciera por tres a uno al campeón argentino y Antonio “El Maestro” Sastre aterriza en el aeropuerto de la ciudad de El Alto en un avión bimotor Douglas de la Panagra procedente de Buenos Aires. Llega con su flamante esposa, una joven porteña. Se han casado el viernes pasado, tiene 27 años de edad.

Su viaje de bodas no será un viaje de bodas. La pareja está de camino a Lima para que Sastre pueda sumarse a la gira de su equipo por el Perú y Chile. ¿Pudo la presencia de Sastre cambiar el resultado en el estadio La Paz? No lo sabremos nunca. Han pasado más de 80 años desde aquel 9 de noviembre de 1941 y todavía se habla de aquel “match” en la ciudad de La Paz. Sastre no era un jugador cualquiera. Era el “hombre orquesta”, era el ídolo de Independiente. Para algunos estudiosos, fue el inventor del fútbol moderno en Sudamérica.

El “Maestro” Sastre —el popular Cuila— lleva 10 años jugando para el “Rojo de Avellaneda”. Ha debutado en 1931. Pasa por todos los puestos (incluso fue arquero) hasta que llega a la posición de “insider” izquierdo. Es el primero que se atreve a dar pausa, a gambetear, crear y marcar goles.

El equipo ganador con la vicuña
El equipo ganador con la vicuña

El Independiente que llega a La Paz en noviembre de 1941 no es cualquier equipo. Viene de ser (bi)campeón de la Argentina en las temporadas de 1938 y 1939. Y de lograr la mayor goleada frente a su histórico rival (Racing). Aquel 7 a 0 de noviembre de 1940 todavía no ha sido superado.

Sastre convierte 115 goles en 32 partidos en el 38 y 103 en 34 “matches” en el 39. Un récord goleador que todavía hoy sigue en pie. La AFA (Asociación de Fútbol Argentino) lo considerará muchas décadas después como “el jugador más completo de la historia del fútbol argentino”.  Incluso será motivo de un tango famoso, aquel compuesto por otro maestro, don Isabelino Espinosa, que dice así: “Antonio Sastre, jugador completo / gran delantero y gran defensor / todos los puestos del fútbol nuestro / él ocupaba y siempre el mejor”. 

El ”Maestro” Sastre también será figura en Brasil, en el Sao Paulo (campeón en el 43, 45 y 46). Todavía hoy un busto suyo da la bienvenida en la entrada del Morumbí. Pelé llegará a decir que Sastre fue mejor que él. Nacido en Lomas de Zamora, panadero en el barrio de Flores y antiguo empleado de una fábrica de jabones, se casa en su mejor momento. Lo hace el primer viernes de noviembre de 1941. El equipo está en receso, a punto de iniciar una gira por Bolivia, Perú y Chile. Pide permiso para perderse el primer partido (en La Paz) y se compromete a viajar directamente a Lima para la etapa peruana y chilena del “tour”. Con él en cancha, Independiente perderá pocos partidos. Por eso, cinco días después de la derrota ante The Strongest, Sastre baja las escalinatas del avión bimotor Douglas de la Panagra en la ciudad de El Alto.

El periodista de El Diario que firma bajo el pseudónimo de “Ele Jota” sube al aeropuerto. Es el único. Fotografía y entrevista al “crack” argentino, vestido con impoluto traje, corbata y sombrero, como manda la moda de la época. Su flamante esposa —una joven porteña— viste un abrigo largo, un sombrero extravagante (no lo era en aquellos tiempos) y una melena rizada de color castaño. Ambos tienen gestos de cariño y complicidad del uno para el otro.

Titular de El Diario el 10 de noviembre de 1941 (arriba). La delantera de Independiente
Titular de El Diario el 10 de noviembre de 1941 (arriba). La delantera de Independiente

Sastre volverá a La Paz exactamente un año después. Esta vez sí llegará al partido y esta vez Independiente no caerá derrotado. Claro está que el rival no será el club The Strongest sino el club Bolívar, que perderá 3 a 7 con dos goles de Sastre. Pero esa es otra historia.

“Fue grande sorpresa la victoria de The Strongest en la hinchada de mi club y en las esferas deportivas bonaerenses. Consideramos que el nivel del foot-ball boliviano ha progresado enormemente ya que llegamos con nuestros jugadores titulares a excepción del centro half Raúl Osvaldo “El Negro” Leguizamón que está lesionado y sin mi persona. Pensamos que la derrota pudo ser por la fatiga del viaje y tal vez por la altura. Aunque yo en ningún momento he sentido ahora la menor alteración por la altura y creo que no es un factor muy importante en el desarrollo del juego. Lamento mucho no haber estado en el partido de La Paz y espero que el club The Strongest nos ofrezca la revancha”, dice Sastre.

El año 1941 no está siendo bueno para The Strongest. En el mes aniversario del club, abril, don Max de la Vega usa por primera vez el calificativo de “Tigres”. El rival del enfrente, el club Bolívar, sale campeón; van ya tres al hilo (desde el 39). Los gualdinegros están en una mala racha después de su último título en 1938.

Los cotejos amistosos internacionales son otra cosa; traerán las únicas alegrías a la hinchada del oro y el negro, incluso una victoria recordada en una y mil noches de nostalgia stronguista. El flamante “Tigre” jugará en el 41 ocho partidos contra equipos extranjeros que visitan La Paz; ganará seis y perderá dos.

La media docena de triunfos arrancan contra Aurora de Arequipa (2 a 1 en abril) y siguen con Nacional de Asunción (4 a 2, en mayo); Universitario de Deportes de Lima (4 a 0, en julio, por la Copa Presidente Peñaranda); Santiago Wanderers de Valparaíso (4 a 0 en septiembre); y la selección de Jujuy (5 a 2, en octubre). La primera derrota llega a finales de octubre contra los azulgranas del Foot Ball Club Piérola de Arequipa (por 2 a 3). El gualdinegro es conocido desde septiembre de 1931 (cuando derrotara a Almagro FBC de Buenos Aires) como el “Derribador de campeones”.  En diciembre caerá también contra Cerro Porteño (por la Copa Nuestra Señora de La Paz, por 2 a 3). Nota mental uno: ¿dónde estará la Copa Presidente Peñaranda?

Estamos ahora en noviembre del 41. Los diarios anuncian repentinamente la llegada del campeón Club Atlético Independiente de Avellaneda. Es el equipo más laureado que ha llegado al país en medio siglo de historia de fútbol boliviano. El “Rojo” va camino de una gira por el Perú (Lima y Arequipa) y Santiago de Chile. Pasa por la ciudad de La Paz y busca rival. Son muchos los equipos que quieren enfrentar al campeón. En un principio se anuncia que el club Bolívar —del gran Mario Alborta— será el elegido para chocar contra los “Diablos Rojos”. 

Maril, De la Mata, Erico, Sastre y Zorrilla
Maril, De la Mata, Erico, Sastre y Zorrilla

Los periódicos calientan el partido y comienzan a publicar fotografías, palmarés y costo de las transferencias de los grandes jugadores que van a llegar. La lista y los montos apabullan. Arquero Fernando Bello, 29 años. Conocido con el sobrenombre de “Tarzán”. Internacional. Su transferencia costó a Independiente 25.000 pesos argentinos. Ha recibido por concepto de prima 10.000 pesos. Cobra por sueldos y premios un promedio mensual de 800 pesos. Estamos en el inicio del profesionalismo en el fútbol argentino.

Arsenio Erico, “centre forward, 24 años. Transferencia, 50.000 pesos; prima, 10.000 pesos; sueldo y premios, 800 pesos. Vicente De La Mata, “insider” derecho, 23 años. Transferencia, 37.500 pesos. Sabino Coletta, “back” izquierdo, 28 años. Transferencia, 20.000 dólares. Los días siguientes se publican los datos de Manuel Sanguinetti, Celestino Martínez, Juan Maril y José Battagliero.

El periódico El Diario sugiere que el partido del año sea arbitrado por Julio Borelli, a la sazón director de fútbol del Comité Nacional de Deportes y “referee” de amplia trayectoria. Radio Nacional de Bolivia anuncia la transmisión radial del “plato fuerte” de la temporada 1941 mediante sus estaciones C.P. 3 en onda larga y C.P. 2 y C.P. 38 en onda corta. Radio Illimani hace lo propio en la voz del primer gran relator de fútbol, el olvidado “Chalo” Suárez. Finalmente el club elegido por “La Paz Foot Ball Association” (organizadora del “match”) es The Strongest. En un principio, sin refuerzos.

La delegación de Independiente formada por 22 personas sale el cinco de noviembre de Buenos Aires, vía ferrocarril. Se alojarán en el Sucre Palace Hotel del Prado. La organización del partido (visas y alojamiento) tiene un costo de dos mil dólares, al cambio de la época, 120.000 bolivianos. “Para financiar la visita, La Paz Foot Ball Association, ha gestionado un préstamo de dos mil dólares. Si no se obtienen las divisas del Banco Central tendrá que adquirirlos de la bolsa negra”, dice el periódico El Diario. En la ciudad de La Paz está esos días para actuar en el cine Ebro el famoso Trío Calaveras, los “reyes de la canción mexicana”, el conjunto musical que acompaña al mítico Jorge Negrete.

Una foto del encuentro
Una foto del encuentro

En las prácticas del “Tigre” en el estadio La Paz aparecen los primeros refuerzos. Llega el arquero de Club Always Ready el chileno Horacio Amaral (para ser suplente del titular gualdinegro Vicente Arraya) y su compañero del CAR Rosell. Y se presentan jugadores del club Bolívar como el “back” Rojas, los “halves” Calderón, Terrazas y Martín Saavedra y los delanteros Plaza y Romero. Junto a ellos Ríos y Arce. Nadie quiere perderse el acontecimiento. Finalmente se decide que el plantel titular será de puro stronguista y los refuerzos de otros clubes irán a la banca junto a los suplentes gualdinegros para ingresar a lo largo del encuentro.

El “eleven” titular sonará así: Arraya; los “Albertos” en la zaga, Bautista y Achá; Emilio “Chato” Grájeda, Raúl Balderrama y Carlos Morales al medio; “El Negro” Gamarra, Hugo “Pichín” Viscarra (el único sobreviviente del partido contra Almagro del 31), Serapio Vega, “Pisa” Rodríguez y Zenón González. Reservas: Amaral, Rosell, Ezequiel “El Mudo” Calderón, Remberto López, “Calichín” Morales y Plaza.

El Tren Panamericano que trae al campeón argentino llega a las 19.50 a la Estación Central de los Ferrocarriles de Viacha. Han sido tres largos días de viaje. Son recibidos por miles de aficionados y autoridades del Comité Nacional de Deportes, representantes de la Federación Boliviana de Fútbol y “La Paz Football Association”, amén de instituciones públicas paceñas y el cónsul general de la Argentina, Carlos Alberto Goñi Demarchi. El “Negro” Fernández, el hincha número uno del club The Strongest, también se hace presente como buen anfitrión.

El presidente de la delegación de los “Diablos Rojos”, Antonio Jauregui, dice nada más llegar: “estamos encantados de visitar Bolivia y muy agradecidos por todas las atenciones recibidas. Bolivia es un país maravilloso, necesita de una inmigración beneficiosa para alcanzar el progreso que le corresponde. Independiente ha salido de “jira” para colaborar al incremento del fútbol en Bolivia, Perú y Chile. No perseguimos como finalidad el lucro. Eso de la altura me parece exagerado, les diré que me siento muy bien”.

Los vítores a la Argentina y a Independiente se escuchan en toda la estación de Viacha. Los 17 jugadores y el director técnico (y kinesiólogo) José Cuesta Silva (ex boxeador y jugador de rugby) reciben ramos de flores. El flamante fichaje paraguayo Bienvenido Paranza es el último en incorporarse a la “jira” del “Rojo”. En automóviles particulares y del servicio público son trasladados hacia El Alto para luego bajar al hotel Sucre en pleno Prado paceño. Cuando llegan a la Ceja, los argentinos quedan maravillados por el espectáculo de la Hoyada. El arquero Bello declarará después en el hotel: “La Paz es la ciudad que más me ha gustado de todas las que conocí por sus líneas quebradas”.

La venta de entradas va rumbo a toda vela. Se terminarán y el estadio La Paz (inaugurado hace 11 años en 1930 como “Gran Stadium Presidente Siles”) estará repleto. Una foto panorámica del fotógrafo Muñoz (para el estudio de A. Núñez del Prado de la calle Sucre) quedará como documento para todos los tiempos. La hinchada stronguista/paceña agota las entradas que se venden en el Sucre Palace Hotel, en la sede del club Bolívar de la plaza Pérez Velasco, en la plaza Murillo y en el propio estadio miraflorino. La preferencia está a 25 bolivianos con la media a 12; y la General, a 15 con la media a ocho. Se recaudarán 303.686 bolivianos.

Delantera de Independiente: Sastre, Erico y De la Mata
Delantera de Independiente: Sastre, Erico y De la Mata

Conocida la ausencia de Sastre, todos quieren ver al paraguayo Arsenio Pastor Erico Martínez, asunceño de abuelos italianos. La FIFA lo reconocerá —décadas después— como el mejor futbolista de toda la historia del Paraguay. Hasta hoy tiene el récord de máximo goleador de toda la primera división argentina con 293 goles. “El saltarín rojo”, por su potencia a la hora de elevarse para los testarazos, atiende a la prensa deportiva de La Paz en el “hall” del hotel Sucre. “Quiero hacer llegar a los stronguistas las expresiones de mi más cordial afecto y saludar a su hinchada que domingo a domingo contribuye al incremento del foot-ball boliviano”.

Al día siguiente, domingo 9 de junio de 1941, el estadio La Paz ofrece un lleno absoluto: 28.000 personas. Hay gente de pie en los pasillos más altos de la General, hay personas sentadas en el edificio superior a los palcos, se ven hinchas del Tigre trepados al obelisco en la curva norte, hay personas sentadas en los muros que dan a la flamante avenida Capitán Hugo Estrada, la de circunvalación del estadio. Incluso una mujer de pollera hace malabarismos para no caerse en lo más alto de un pilar del edificio central de la cancha. Detrás del arco que defiende Bello, en la Sur, se pueden contar más de 80 personas, la mayoría policías, están prácticamente metido dentro del “field” junto a los dos jueces de gol con pantalón largo blanco.

El árbitro, finalmente, no es Borelli Vitterito. El “referee” se apellida Frankenstein, colaborado por Urquizo y Uría, como “linesmen”. Hans Walter Frankenstein. Nada que ver (más allá de su apellido) con el doctor Frankenstein, “el moderno Prometeo” que creara la escritora inglesa Mary Shelley un siglo y medio antes. Hans Frankenstein había llegado a la ciudad de La Paz unos años antes huyendo de la persecución nazi. Era árbitro, era austriaco y era judío. Después de la “Noche de los Cristales Rotos” del 38, un centenar de árbitros judíos austríacos fueron excluidos de toda competición. Hans Walter y su familia terminan en Bolivia acogidos por el gobierno boliviano. Su hermano, Gregorio Frankenstein, llega a pelear como boxeador en La Paz.

Las buenas actuaciones de Frankenstein como “referee” lo llevan a ser designado el colegiado del partido más importante del año. No por nada, el vienés es uno de los mejores árbitros europeos con más de 20 partidos internacionales de selección dirigidos. Frankenstein se había metido a “referee” tras sufrir una grave lesión como arquero. Llega a jugar en el fútbol austríaco y alemán en clubes como el Vienna Cricket and Foot Ball Club, el Wiener AF y en equipos de Frankfurt y Offenbach.

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A las 15.30 “herr” Hans Walter Frankenstein da el pitazo inicial entre serpentinas, cohetes y bombardas lanzadas desde las graderías. Antes, en el partido de reserva, Bolívar ha ganado por 3 a 1 a Deportivo Ferroviario. “El aspecto es verdaderamente bello, de un lado completamente llenas las tribunas de preferencia y enfrente la peculiar policromía que produce el contraste de los coloridos trajes de nuestras mujeres de pueblo con las vestimentas usuales del resto de la concurrencia. Reina en el ambiente una ansiedad pocas veces vista, una expectativa que por cierto tiene razón de ser”. Así arrancará la crónica de “Jota Ele” en el Diario al día siguiente.

Las escuadras, finalmente, forman así. The Strongest, dirigido por el emblema del club Froilán Pinilla, con Arraya; Bautista y Achá; Grajeda, Balderrama y Carlos Morales; “Pichín” Viscarra (capitán), Gamarra, Serapio Vega, Rodríguez y González. El ”Tigre” cumple, los 11 son todos stronguistas y posan para la prensa con la vicuña, mascota y amuleto del club.

Independiente salta así: Fernando Bello (capitán); Carlos “Cacho” Aldabe y Sabino Coletta; “Pepe” Battagliero, Toledo y Celestino Martínez; Juan Maril, Vicente De La Matta, Arsenio Erico, Jorge “Campolo” Alcalde y Bienvenido Paranza. En el intercambio de regalos, Bello obsequia a Viscarra un gallerdete (ver foto). Nota mental dos: ¿dónde estará ese hermoso recuerdo?

Foto de un gol

Viscarra luce el regalo de The Strongest, un gallardete

Las filas para el ingreso

Desde el palco oficial lo mira todo el mismísimo presidente de la República, el General Enrique Peñaranda del Castillo, nacido en Sorata (La Paz). Lleva año y medio en el cargo y en dos años más será tumbado por el mayor Gualberto Villarroel, nacido en Villa Rivero (Punata, Cochabamba). No sabemos si Peñaranda disfruta a plenitud el partido pues es socio del club Bolívar y desde su llegada al poder es presidente honorario del club celeste. Se alegrará —sin lugar a dudasù cuando tres jugadores de su equipo (Rodolfo Plaza por Gamarra; “Calichín” Morales por Rodríguez; y López por Valderrama) entren al cuarto de hora de iniciado el choque, eso sí, con camisetas gualdinegras.

El primer gol llega en el minuto cuatro. Es un pase de “Pichín” Viscarra para Serapio “Cabecita de Oro” Vega que —con pañuelo blanco anudado en la cabeza— dispara un potente “shoot” contra la valla de un impotente Bello. Rápidamente empata el paraguayo Arsenio Erico, como no podía ser de otra manera. En el espectacular salto del “Hombre de goma”, Grájeda le hace la cama, cae mal y el “crack” se va lesionado. El peruano Alcalde pasará a ser el “centro forward” y en su lugar entrará Coll. Sobre el final de la primera parte, el Tigre se pone delante del “score” de nuevo con gol del “forward” Zenón González.

La segunda arranca igual que la primera, con un gol de Serapio Vega en el minuto uno después de agarrar un rechace de Bello tras disparo de González; es el tercero y último del partido (ver foto). Muchos han llegado a ver a Erico y acaban aplaudiendo a otro goleador de leyenda, el cochabambino de Vinto Serapio Vega Saavedra. “Cabecita de Oro” había llegado ese año al equipo de la calle Colón procedente de Ferroviario tras su paso por The Strongest Catavi, una de las filiales del “Tigre”. No sabemos cuantos goles marcó en los años 40 Serapio Vega, sabemos que saldrá campeón con la oro y negro en 1943, 45 y 46.

En la valla local se luce Vicente Arraya Castro. El “goalkeeper” orureño impide en múltiples ocasiones que las estrellas argentinas acorten el marcador. Es el mejor del “match”, va vestido totalmente de negro. Todavía no le dicen “La Flecha andina”. Faltan tres años para que lo fiche Atlanta de Buenos Aires. Será el arquero indiscutible de la selección boliviana toda esa década de los cuarenta.

Cuando Frankenstein pita el final del “match”, La Paz es una fiesta. La hinchada camina hacia los lugares de diversión de la noche paceña, entre ellos el Lido Grill que acaba de abrir en el Prado. El presidente de la delegación argentina, Antonio Jauregui, comienza a poner excusas: “los muchachos jugaron cansados; faltó Sastre, que es el cerebro del equipo; se lesionó Erico y Alcalde no jugó en su lugar después. De La Matta tuvo que hacer de inter derecho y en su puesto jugó Coll, que no es un “player” experimentado. Nuestro arquero Bello jugó enfermo, lo pudo constatar el presidente de La Paz Foot Ball Association, el doctor Alfredo Mollinedo. Cuando volvamos de Lima queremos revancha”.

El periodista “Ele Jota” es categórico: “The Strongest obtuvo ayer la más grande victoria deportiva para Bolivia. Y obtuvo ese triunfo a base de inteligencia, efectividad de juego, empuje y decisión”. Al día siguiente, en autocarril expreso rumbo al puerto de Guaqui, Independiente abandona La Paz. Toman el vapor “Coya” para atravesar el Lago Titicaca, camino a Puno. En medio de la travesía por el “Lago Sagrado”, los argentinos todavía se preguntan: ¿y si el “Maestro” Sastre no se casaba?

Texto: Ricardo Bajo H.

Fotos: Archivo revista Litoral, estudio Núñez del Prado y periódicos La Razón y El Diario

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El barbero Sweeney Todd afila la navaja

El Espacio Kúu, un nuevo teatro con foso orquestal, subirá el telón con uno de los musicales más célebres y oscuros del siglo pasado ‘Sweeney Todd’

Por Ricardo Bajo H.

/ 25 de febrero de 2024 / 06:56

En el final del primer acto, la tabernera besa con lascivia al barbero diabólico de la calle Fleet. Se abalanza sobre él. La mujer que hace las mejores empanadas de carne de la ciudad es la señora Lovett (Ashford), interpretada por la actriz y cantante Pamela Sotelo; el barbero es Sweeney Todd, en la piel de Leonel Fransezze, actor y director del musical que llegará este mes de marzo para inaugurar el teatro/espacio Kúu en Calacoto.

El musical creado por Stephen Sondheim (“el gran genio de la música escénica del siglo XXI”, Mario Gas dixit) es un clásico de Broadway. Ha logrado innumerables premios (Tonys incluidos) y ha sido llevado a escena en muchos países del mundo desde su estreno en los años 80. No es, sin embargo, un musical al uso. Es una obra oscura y violenta con humor y horror, a parte iguales. Si no te gusta el género por ser muchas veces retrato ideal y feliz (con mucho glamour) de un mundo que no existe, Sweeney Todd, el barbero demoníaco de la calle Fleet es una buena oportunidad para engancharte/reconciliarte con el musical. Si bien existen números musicales y canciones pegadizas, la obra (más de concepto) es teatro químicamente puro.

“Voy a vivir aunque lo tenga que hacer en las cloacas”. Es la frase al más puro estilo de Lo que el viento se llevó que grita el barbero cuando regresa al Londres de la era victoriana tras purgar una condena injusta. Es Fransezze que se adueña del escenario. Estamos en el ensayo general del musical. “Leo” se desdobla con una facilidad pasmosa. Cuando se mete en la piel del barbero asesino es un mal tipo; grita, insulta, se transforma su rostro. Cuando se pone en modo director, pide por favor las cosas. Con dulzura y a la vez rigor. “Muchachos, tienen que estar más rápido aquí arriba en la escalera, por si acaso”.

Fotos: Miguel Melgarejo y Ricardo Bajo Herreras

El protagonista del célebre musical es un barbero sádico que se dedica a pasar la navaja por el cuello de su clientela incauta. Es un asesino en serie. Esa es la parte del horror. La historia también es un cuento de amor, un musical sólido, un “thriller”. El centro del Espacio Kúu está dominado por una plataforma móvil que hace de cuarto arriba y panadería/barbería abajo. El musical requiere un gran trabajo escenográfico y el elenco viene ensayando duro durante los últimos 10 meses para que todo esté listo para el estreno este próximo 2 (sábado) y (domingo) 3 de marzo.

La obra tendrá seis únicas representaciones durante los tres primeros fines de semana del próximo mes. Sweeney Todd es también una fábula moral; un dilema ético con una historia fantástica/mordaz.

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Delante del escenario están ahora 25 músicos a cargo del director Andrés Muñoz. Son jóvenes talentosos salidos del Conservatorio, algunos con experiencia en la Orquesta Sinfónica. Son parte, ahora, de la flamante Orquesta Boliviana de Ópera que ha formado el propio Muñoz. En este ensayo general no están todavía colocados en el foso orquestal que va a tener el Espacio Kúu, situado en el Boulevard El Bosque de la calle 15 de Calacoto. “Vamos a inaugurar por primera vez desde 1845, desde la creación del Teatro Municipal, el primer teatro con foso para orquesta de toda Bolivia”, dice Fransezze, orgulloso, en uno de los descansos del ensayo.

“Red Bull y coca para todos; para los músicos, agua y galletitas, paramos cinco minutos, cinco no son quince”, grita el director. “Leo” y “Pame” charlan en la puerta. “Te abalanzas sobre el barbero pero creo que él no se deja besar”, le digo a ella. “Vas a ver el segundo acto, ahí prácticamente lo violo”. El humor y la tensión sexual entre los dos personajes malvados se mastica lentamente. Es una de las claves del éxito de la obra. Los dos, Fransezze y Sotelo, tienen ese reto por delante. Él todavía no está metido de lleno en el personaje. La relación entre el barbero y la señora que vende empanadas cerca de su barbería es una relación de complicidad y deseo. El hombre mata por venganza y la mujer amasa las mejores empanadas de carne de la ciudad para venderlas en su taberna: ora con los restos de un juez corrupto, ora con un barbero de la competencia, ora con un alguacil que molesta demasiado.

Las butacas todavía no han sido colocadas, esperan en los pasillos. El Espacio Kúu (oficialmente Kúu Inti por la marca comercial que apoya el emprendimiento) ha requerido una inversión de millón y medio de dólares. Los cuatro socios fundadores (Sofía Petignat, Leonel Fransezze, Luis Kushner y Alejandro Yaffar) saben que no recuperarán fácilmente la inversión. Y si lo hacen será dentro de 20 años.

La devolución va por otro camino: dejar/ofrecer a la ciudad de La Paz un teatro para todo tipo de eventos culturales/sociales: obras dramatúrgicas, ópera, musicales, ballets, “stand up”, cenas de gala… El Espacio Kúu tiene una capacidad en platea baja de 320 con mesas y sillas, de 420 con solo sillas y si se trata de un concierto, mil espectadores de pie. Cuenta con una platea alta (o mezzanine) y cuatro palcos, amén de cuatro camarinos con todas las facilidades. Tendrá un bar con terraza “lounge” con vistas a las hermosas bungavillas del boulevar, un bar “clandestino”, un “candy bar” y una variada oferta gastronómica. “Los tendremos haciendo fila”, dice el barbero como si hablara en realidad del Espacio Kúu. Por cierto, Kúu es un término japonés de difícil traducción: puede ser cielo, puede ser un espacio vacío, es siempre un lugar donde se juntan la creatividad, la energía, los espacios y el vacío.

Pero volvamos al ensayo después de este comercial. Con el director, no hay lugar para la pausa. Discute con el director vocal Fernando Pablo Valdivia. Recientemente llegado de Estados Unidos —tras 25 años trabajando en la escena—, Pablo discute con Leonel si tienen que entrar cuatro u ocho en esa escena. Estas “peleas” empujan al elenco a dar lo mejor, “nos acercan a la perfección”, dice Valdivia.

Ensayo en el Espacio Kúu. Abajo: Michelle Csapek, Pablo Valdivia y Sofía Ayala.
Ensayo en el Espacio Kúu.

El “casting” ha probado a un centenar de aspirantes con la colaboración de Freddy Chipana en la selección y la dirección de actores. “¿Quién se apunta para una afeitada gratis?”, grita otra vez Fransezze antes de arrancarse con uno de los números musicales. Algo no sale bien. “Vamos desde que le cortó el cuello, por favor”.

El musical tiene un costo de 38.000 dólares. “Leo” sabe que es a pérdida. “¿Por qué lo haces entonces?”, pregunto. “Porque me gusta, porque es el musical que más me gusta, es lo más anti Andrew Lloyd Webber que puedas encontrar, está en las antípodas de lo que la gente espera de un musical; es muy oscuro y violento”, responde con el entusiasmo vital de siempre. “Lo de hacer este espacio-teatro es parecido, es el sueño de toda mi vida, dejar algo tangible, perenne, que permanezca, a nuestra ciudad y a nuestro país. Los dos grandes impulsores de esta locura son Sofía Petignat y Mauricio Toledo”.

Sweeney Todd, el barbero demoníaco de la calle Fleet es una obra compleja musicalmente hablando y complicada a nivel escenográfico. Es simple y llanamente uno de los musicales más importantes del siglo XX. “Es un musical muy complicado en su ejecución. Requiere cantantes con mucho oficio. La bravura musical que generó el autor y que claramente refleja el estado mental de los personajes, no es fácil de cantar. Por lo tanto, el entrenamiento vocal tomó mucho más tiempo de lo habitual para nuestras producciones. Sostener ese tiempo de ensayos no fue fácil; como producción llevamos casi un año en este proceso desde la primera audición donde se eligió a la mayoría de las personas del elenco”, dice la productora Claudia Gaensel.

En el elenco, amén de la pareja de protagonistas (Fransezze y Sotelo), están Pablo Valdivia, Sofía Ayala, Michelle Csapek, Daniel Ardiles, Mariana Torrico, Bismarck Barrientos, Erwin Erazo, Pablo Estrada, Daniela Arteaga, Vanessa Alcázar, Adrián Flores, Wilmar Velásquez, Alejandra Ríos, Luis Enrique Elías, Lisset Arandia y Mariel De La Riva.

Por tratarse de una obra de época, el vestuario y la escenografía juegan un rol esencial. Los trajes y los vestidos corren a cuenta de la producción de Claudia Gaensel y la productora Macondo. En un principio el vestuario no ayudaba para transmitir esa sensación de época victoriana, de lujo y miseria a partes iguales. Por eso mandó a hacer todo de nuevo.

De izquierda a derecha: Bismarck Barrientos, Daniela Arteaga, Mariana Torrico y Daniel Ardiles.
Abajo: Michelle Csapek, Pablo Valdivia y Sofía Ayala. De izquierda a derecha: Bismarck Barrientos, Daniela Arteaga, Mariana Torrico y Daniel Ardiles.

“Este Sweeney Todd tiene un universo propio, es más ecléctico; no es una propuesta moderna, por eso elegimos el vestuario que nos gustó para cada personaje más que hacer un diseño estricto de la época, vamos a ver cómo queda. No me gustó porque si bien quería trabajar en una propuesta muy monocromática, el momento que la vi en escenario, que es el lugar donde realmente apruebas el vestuario, me faltó color y contrastes”, explica Gaensel.

“La escenografía es una protagonista más de la historia y como tiene efectos en su ejecución, requiere de cuatro personas dentro de escena que estén a cargo durante toda la obra. Logramos que sea efectiva para ayudarnos a contar y esperamos que se luzca como la concebimos. Tenemos la suerte de tener un equipo de gente muy talentosa que nos ayudó a armarla. El vestuario aún no lo terminamos, es la primera vez que me pasa de armar algo que tenía claro y cuando lo vi en escenario hace dos días no me gustó, así que estamos corriendo con los cambios”, dice Gaensel, que cuenta con la colaboración en vestuario de Belén Iñíguez.

“Se te olvidó lo del hombre infiel”. Reclama Fransezze, de vuelta al ensayo. Pamela Sotelo, fuera ya de personaje, acota con gracia: “es que el hombre infiel no existe, por eso se me olvida esa parte”. A pesar de los asesinatos y la oscuridad de la obra, el humor está presente en la obra, quizás para hacer más llevadera la trama. El humor está a cargo de la señora Lovett, por supuesto. Su rol ha sido interpretado en el teatro por Emma Thompson y en el cine (en la reconocida película de Tim Burton) por Helena Bonham Carter (Johnny Depp era el barbero). “De un gato salen cinco pasteles, cinco pies, nada más”. El barbero y la cocinera bailan pegados.

Mientras los músicos se concentran en el pentagrama, tienen que estar atentos. “Lo más difícil es mantener esa concentración, esa tensión a lo largo de dos horas y cuarenta y cinco minutos”, dice Andrés Muñoz. Francesse respira hondo cuando termina el ensayo general con vestuario y escenografía ya listos. Ese desdoblamiento es agotador. “Estoy un poco loco, ¿no ve?”. Y sí. Hay que estar un poco loco para montar un musical tan complejo en la inauguración de un teatro con foso orquestal, el primero desde 1845. Los músicos, algunos muy jóvenes, se abren camino entre las sillas y salen a buscar aire el boulevard. El ensayo ha terminado. La navaja de Sweeney Todd se afila de nuevo.

Post-scriptum: si se han preguntado cómo acabó en la vida real el famoso barbero Todd, la respuesta es que fue proceso por sus crímenes y ahorcado en 1802 frente a la muchedumbre. Aunque algunos aseguran que el barbero nunca existió. Otros juran haberlo visto afilando la navaja por el boulevard.

(Para informes y reservas para las funciones del sábado 2 y domingo 3 de marzo; 9 y 10; y 17 y 17 de marzo: comunicarse con el celular 625 17 819. El costo de las entradas es: platea en mesa, Bs150; mezzanine, Bs120; y palcos, Bs 100.

Texto: Ricardo Bajo H.

Fotos: Miguel Melgarejo y Ricardo Bajo Herreras

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Mirar para otro lado

‘Zona de interés’ aparenta tocar un tema del pasado pero nos habla del presente

Ricardo Bajo

/ 21 de febrero de 2024 / 07:15

Una compañera cuenta en las redes sociales que un chico se acercó a hablarle en Carnavales y se autodenominó como “facho”. También le dijo que dios la amaba y que él la respetaba. La compañera recuerda, retuiteando otro mensaje, que hubo una época en la que ser un “facho hijo de re mil putas” era una vergüenza. (Nota mental uno: y lo sigue siendo).

En esa anécdota estaba pensando después de ver Zona de interés, la película del director inglés Jonathan Glazer, adaptación libre de la novela del recientemente fallecido Martin Amis, también inglés. The zone of interest narra la apacible vida de la familia del comandante de Auschwitz, Rudolf Hoss, en su linda casa con jardín y piscina pegada al campo de concentración nazi.

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¿Cómo te conviertes en un fascista? ¿En un nazi? ¿Por qué miramos para otro lado? ¿Por salud mental? ¿Por mantener nuestros privilegios? ¿Por creernos mejores? ¿Los verdugos/asesinos nazis son monstruos (como han sido dibujados en cientos de películas) o son personas “normales”, como tú y como yo?

Zona de interés es una película alta/profundamente política; también es un inquietante relato de terror/horror psicológico con fundidos en blanco, rojo y negro. Cuando sales de la oscuridad de la sala (está actualmente en cartelera), continúa en tu cabeza, como el buen cine. La peli es una obra (conceptual/experimental) de tesis, es una inmersión a través del sonido, la música y el permanente fuera de campo (no vemos casi los hornos crematorios ni el tristemente «Konzentrationslager» en territorio polaco).

Vamos a escuchar tan solo —en medio de la vida idílica de esa familia feliz— constantes disparos por acá, el ruido de los hornos por allá, una luz roja perturbadora por acullá. Ese omnipresente fuera de campo (todo lo que intuimos que pasa dentro de Auschwitz) exige un espectador activo/pensante, como el buen cine. Sonido e imagen transcurren por conductos separados. Como en El gran movimiento de Mauricio Miguel Quiroga Russo, el sonido es un personaje más.

La puesta en escena marcada por la frialdad y el distanciamiento de la cámara acrecentarán el desasosiego. No pasará nada a lo largo de casi dos horas de metraje. Aunque todos somos conscientes de que al otro lado del muro están siendo asesinados miles y miles de personas. Como hoy en Gaza.

Zona de interés es una película profunda/altamente molesta, juega a eso. El director quiere trasladar a la platea de la sala oscura esa sensación de ansiedad y desazón. Y lo logra. ¿No hacemos nosotros —tú y yo— lo mismo que esos verdugos nazis? ¿No consumimos a diario el horror de los bombardeos sionistas sobre hospitales y escuelas palestinas? ¿No estamos vacunados con dosis de insensibilidad? ¿Nos hemos endurecido y hemos perdido la capacidad de empatía?

La película, con cinco candidaturas al Óscar entre ellas mejor película y mejor dirección, nos habla de la banalidad del mal. Nos habla de este sistema capitalista que nos traga y devora, de esta deshumanización que nos consume a diario. Por cierto, ¿es banal retratar así la banalidad del mal?

Zona de interés (término que usaban los nazis para los campos de concentración y sus alrededores) aparenta tocar un tema del pasado pero nos habla del presente. Nos confronta y nos pone contra la pared. Intenta sacarnos de nuestras zonas de confort. Y lo logra. Nos habla de memoria y de complicidad.

¿Olvidamos los genocidios de ayer para soportar los genocidios de hoy? ¿Estamos anestesiados por las grandes cifras? ¿Cómo somos capaces de ver en nuestras redes sociales cadáveres de niños palestinos colgados sobre la pared después de un bombardeo israelí y luego pasar a videos de gatos y perros? ¿Las víctimas de los campos de concentración no eran personas como nosotros? ¿Los palestinos no son seres humanos?

Todos somos esa mujer que carga la wawa y se concentra en su huerto con verduras, romero y hermosas flores (rosas, amapolas, azaleas, ojos de poeta) mientras asoma un humo asesino por el horizonte. (Nota mental dos: la actriz alemana que interpreta a la anestesiada esposa del jefe nazi de Auschwitz es Sandra Huller, la misma protagonista de esa otra obra maestra —aún en cartelera— llamada Anatomía de una caída).

Todos somos ese hombre (interpretado por el actor alemán Christian Friedel) obsesionado por las cámaras de gas y su eficacia/productividad, catecismo del capitalismo; ese hombre que lee cuentos a sus hijos por la noche; ese hombre que adora a su caballo y ama a los perros (como Hitler). El verdugo eres tú, el verdugo soy yo. Y los fachos perdonavidas que nos hablan en Carnavales y vienen a decirnos con autosuficiencia que dios nos ama. Aunque él (también) mire para otro lado.

(*) Ricardo Bajo es un pinche periodista

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Marcos Loayza: ‘Cuestión de fe’ ha envejecido bien

Se cumplen 30 años del rodaje de la primera película del realizador, un fenómeno social y cinematográfico

30 años del rodaje de ‘Cuestión de fe’

Por Ricardo Bajo H.

/ 18 de febrero de 2024 / 07:03

Este 2024 se cumplen los 30 años del rodaje de Cuestión de fe, la película debut del cineasta Marcos Loayza Montoya. Aquella camioneta (La Ramona), aquel tugurio (La Corajuda) y aquel trío de personajes carismáticos se constituyeron hace tres décadas en un auténtico fenómeno social y cinematográfico. El director paceño planea actos de conmemoración donde se proyectará su “opera prima” como nunca la escuchamos, pues está recién terminada una copia restaurada con sonido 5.1. “Por aquel entonces, los cines tenían muy mal sonido y estaban pensados para que los diálogos se lean y no se escuchen”. En esta nueva versión (re)aparecerán detalles que se habían perdido. “Será una sensación muy especial verla de nuevo pero nueva; han pasado los años pero por suerte han pasado bien”. Esta copia de Cuestión de fe se mostró el año pasado en Casa de América en Madrid; “la respuesta del público sigue siendo la misma desde siempre”. Esta es una charla nostálgica de cine con su hacer, don Marcos Loayza.

–A pesar de ser una “opera prima”, ¿crees que te agarró la película hace 30 años en un momento de madurez?

– Sí, dentro de lo que cabe, porque éramos muy changos, creo que sí, porque venía de hacer todo tipo de trabajo audiovisual, guiones, cámara, ediciones, talleres y también comerciales, documentales, reportajes, divertimentos, video arte, una serie de tv Historias de motel y hasta una telenovela Radio Pasión que llegó a los 75 capítulos, y que como la cancelaron de un día para el otro, decidimos sacarnos las ganas e hicimos escenas homenajes a Fellini, Piazzolla, a Don Jaime, a Marlon Brando y también hicimos cosas muy ocurrentes, que el público las festejaba. Por otro lado, por suerte los otros se perdieron, era como mi cuarto guion que había escrito.

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— ¿Por qué elegiste el género de comedia —con ingredientes de ironía, suspenso y desencanto— para tu debut?

— Creo, hasta ahora, que la comedia permite hablar de muchos temas que de otra manera no se podrían, mucho más en nuestra sociedad, que es —hasta ahora— tan poco tolerante a la crítica y tan proclive a la susceptibilidad. Sentía que nuestro cine estaba contaminado de mucha solemnidad y pretensión. Creo que una de nuestras caras menos lúcidas es la de la solemnidad, la del afán de denuncia, de concientizar, del subrayado, del lamento boliviano; imagínate, todavía campeaban intocables las viudas de Jaime Saenz, de Foucault, de Tarkovsky y de los adoradores de la noche.

Era ponerse en otro lugar respecto al público, ponerse a su altura y no subirse al púlpito para pontificar el agua tibia. El cine es algo tan serio que no se lo puede tomar tan en serio, porque vas a caer en dogmatismos. Además, pensaba que al cine boliviano le hacían falta personajes más íntegros, menos estereotipados, menos sociológicos, y más cercanos a todos nosotros; había la intención de hacer un homenaje a la cultura popular como manera de afirmar nuestra identidad y también claro estaban los fantasmas de la comedia social italiana a la cabeza de Mario Monicellli, el de don Luis Buñuel y el don Rafael Azcona.

— Si algo quedó en la retina/memoria de todos/todas es La Ramona (incluso dio nombre a un suplemento cultural en Cochabamba), ¿de dónde la sacaste? ¿dónde acabó esa camioneta legendaria?

El “Conejo” Beltrán —uno de los actores protagónicos— llegó a decir que esos tres Quijotes/caminantes sin aquel “caballo” no eran nada.

— Era un personaje más de la película, como el vientre materno que los contenía y donde se forjaba la amistad y la tolerancia, un personaje como la virgen. Para ello se hizo un casting, elegimos al final esa Chevrolet del año 1959 y desechamos una Ford más antigua. En el guion estaba que, como personaje, sufría cambios, internos como externos; así la trabajamos, cuando la pintan el guion decía que tenía que ser con reminiscencias a la cultura de pintura de los colectivos de la Línea 2, que todavía circulan en la ciudad, mezclada con la estética del Gran Poder, pero gracias a José Bozo le aumentamos unos toques de arte sacro, con toques de caporal (en ese entonces se discutía si en Bolivia teníamos “barroco andino” o “barroco mestizo”, imagínate). Al final usamos una camioneta abandonada de un compañero de colegio y con una fuerte inversión la hicimos andar. En un inicio nadie la quería pero después del éxito se convirtió en un trofeo y se la disputaban; hasta donde sé, terminó sus días cumpliendo su trabajo como volqueta arenera en la ciudad de El Alto.

Archivo Marcos Loayza Montoya

— Otro mito a estas alturas es la cantina La Corajuda, con una joven Marta Monzón al frente, ¿cómo fue el trabajo de diseño de arte para armar el boliche?

— En nuestra sociedad ha habido y hay muchos bares míticos, desde las bodegas hasta los “Cementerios de elefantes”; eran locación recurrente en el cine nacional. Cierran los viejos y abren los nuevos como el Río de Janeiro, donde se jugaba cacho, El Averno, el Socavón, el Bocaisapo, La Oficina, el Mangareva y La Caverna.  Había un par de Corajudas en Bolivia. Hay un montón de historias de la verdadera Corajuda que encara Marta Monzón, algunos la confundieron con La Chola con pito. La real vivió en Tarija en un antro que se ubicaba en una de las primeras curvas de ida a Padcaya.

El guion decía que “era un bar como un cuadro barroco mestizo, que tenía que contrastar con las imágenes de los santos de la secuencia anterior de los créditos”. El trabajo de arte se enriqueció con el aporte de cada uno del equipo, que estaba a la cabeza del “Pepe” Bozo junto jóvenes egresados de la carrera de Arte: Víctor Mamani, Jorge Altamirano y Jaime Guzmán, que después aportaron mucho más en el cine y el teatro boliviano.

Bozo le dio ese aire de altar de iglesia barroca y Jaime puso el carácter de fiesta con diablada. Estuvieron presentes en La Corajuda, entre otros: Luigi Antezana, Gory Patiño, Claudia Andrade, César Ajpi y Oscar García Guzmán. Por las dificultades de iluminación se recreó toda La Corajuda en el estudio de la productora FOCUS, que estaba en la plaza Abaroa, de Luis Prudencio Tardío, que era el productor ejecutivo y quien junto a mi hermano “Rulo” nos pusieron más de una vez los pies en la tierra para que la película se termine.

– El trío de protagonistas (Domingo, Pepe Lucho y Joaquín) te exigió una gran labor de dirección de actores. ¿Cómo fue trabajar con esos tres monstruos de la actuación (Jorge Ortiz, Raúl “Conejo” Beltrán y Elías Serrano)?

– Fue un arduo trabajo, además de lento. Sirvió mucho la entrega total de todos los actores, cada uno venía de una escuela diferente de actuación. Yo había trabajado con Elías en una película de Hugo Ara con otro registro y con Jorge en Radio Pasión. Cuando viajábamos, ellos siempre iban juntos en el mismo lugar que ocupaban en La Ramona y en Coroico también dormían juntos en la misma ubicación. Con Pepelucho al medio.

En los ensayos —primero individuales y después colectivos— lo más importante eran los gestos. Trabajamos mucho en la actitud de cada uno, más que en marcar las escenas. Se trataba de sacar de cada uno algo que no tenían en la superficie. En el “Conejo”, la manera de caminar; en Jorge, la manera de pararse; y en Elías, la manera de mirar. Además se diseñó cómo con la puesta en escena, la cámara ayudaría a marcar el carácter de los personajes. Domingo siempre de frente, Pepelucho al medio y el Joaquín Ballesteros siempre apareciendo sin aviso.

— Repasas la lista de secundarios y es una auténtica selección boliviana de la actuación. Con Norma Merlo como doña Celeste, con David Santalla como el curita, con el Toto Aparicio. Y no digamos los aspectos técnicos y de producción: Jean Claude Eiffel en su debut también, Óscar García y el “Mosca” Claros en la música junto a Juan Carlos “Loro” Orihuela y “Rodo” Ortiz, el laburo del maestro César Pérez… ¿Cómo lograste (con)juntar a todo ese gran equipo y qué recuerdos te vienen a la memoria?

— Eran días más precarios que los de ahora y con Jean Claude empezamos a reclutar a cada uno con la consigna de que el cine era una cuestión de fe. Así muchos otros amigos quedaron fuera porque no tuvieron lo que nosotros considerábamos la fe necesaria en nuestro proyecto y algunos fueron promovidos por su fidelidad.

Además era un asunto interdisciplinario, de alguna manera todos éramos parte de la misma movida cultural. Óscar además de música escribía poemas (Golpes de Tambor y Morena Rena) lo mismo que Jean Claude (Palabra Final y Territorios); Jorge Ortiz (El agua cóncava del ciego, Autorretrato acodado) y Elías Serrano (Caminos de niebla, Reversos, Cuerpos encendidos). El “Mosca” Claros además era productor musical de Coda 3 y de Jenny Cárdenas.

Recuerdo que el “Loro” Orihuela tenía una lucha interna de que su canción Estatuto vital se hiciera un tratamiento tan ocurrente y propuso una nueva letra que titulaba El tiro por la culata. Es la que se usó para el “trailer”, traté de compensar tal desatino con la versión de la misma canción versionada por Ismael Serrano en El corazón de Jesús.

Con el “Mosca” recuerdo con mucho cariño las llamadas telefónicas que recibíamos y hacíamos en la madrugada mientras mezclábamos con el doctor Ordóñez. En la noche que grabamos la canción final con Susana Baca, ella se pidió un “quita vergüenzas” (un “whisky”) y después de oírla cantar, todos terminamos llorando de la emoción.

Archivo Marcos Loayza Montoya

Para la realización del guion técnico, viajé a Cochabamba a la casa de César. Estuvimos una semana dedicados solo a eso. Él me ayudó a incluir algunas transiciones que ayudaron a que la película fluya. Recuerdo que cuando viajamos a Cuba para cerrar trato con el editor Nelson Rodríguez acaba de celebrar la ceremonia para hacerse santo en la santería y estaba en una profunda crisis. Cuando le ofrecimos el trabajo, no mostró ningún interés hasta que oyó el nombre Cuestión de fe y asumió que ese trabajo era para él y así lo confirmó su madrina. Él estuvo viviendo en La Paz por meses en la casa de mi madre con quien entablaron una profunda amistad llena de complicidades. Con Óscar debatimos y profundizamos grandes teoremas del uso de música en la banda sonora y discutíamos sobre nuestras diferencias musicales y cinematográficas.

—La película es un canto a la amistad, a la convivencia/tolerancia a pesar de las diferencias, a los principios, ¿la pensaste así desde un inicio?

— Al comienzo era más una reflexión sobre la fe y su variedad, pero al final quedó ese canto.

— El maestro Pedro Susz dijo en su momento que era la Chuquiago de los 90, que era un fenómeno social estético trascendente, que marcó un antes y después en el cine boliviano. ¿Crees que ha envejecido bien?

— En la primera convocatoria del Fondo de Fomento de la Ley del Cine de entonces, se presentaron once proyectos y Cuestión de fe, en la puntuación, estuvo en el puesto nueve. Había una manera distinta de entender el cine. Después nosotros tuvimos que presentarnos con el material rodado para mostrar que era un trabajo que valía la pena apoyar. Creo que sí envejeció bien.

Tiene algunas cosas que seguro ahora las cancelarían y me sonrojan. Esas películas y obras de esa época eran nuestra manera de sanar las cicatrices de la dictadura y festejar las libertades de la democracia. Nuestra cultura necesitaba nuevas maneras de reflejarnos y ahí estaban nuestros trabajos.

Creo que hubo en el siglo pasado tres momentos estelares en el desarrollo de la cultura: el primero, producto de la Guerra del Chaco y la Revolución Nacional, donde destacan el “Chueco” Céspedes, Oscar Cerruto, Miguel Alandia Pantoja y Gil Imaná; el segundo, la década del 60, cuando se juntaron todas las rebeldías y donde se destacan Jaime Saenz, Marcelo Quiroga Santa Cruz, René Zabaleta, Jorge Sanjinés y Raúl Lara; y el tercero, el nuestro, los años noventa, con la primera generación de la democracia y el desencanto.

— El rodaje fue en agosto del 94 en los Yungas, ¿cómo los recibió Coroico y todo el trópico paceño?

— Como sucede acá tuvimos que reunirnos con gente y organizaciones para tener las autorizaciones, en especial con el alcalde, que como todo político tenía su horizonte puesto en las próximas elecciones municipales. La película se estrenó al aire libre en la plaza de Coroico y fue un acto inolvidable con la plaza llena de gente hasta en la copa de los árboles, llegaron incluso de los poblados cercanos. Fue una prueba de fuego, la gente se reía de sus vecinos y de sus casas, además de lo que proponía la cinta y después hubo un concierto de desagravio donde teníamos que cantar la canción Coroiqueñita de manera correcta y “Uchumachi” y no “Uchumani”, como se grabó en la película.

— El crítico argentino Diego Lerer en Clarín de Buenos Aires dijo que Cuestión de fe era “humilde, fresca e inteligente”. ¿De dónde vino esa frescura?

— Antes del rodaje le di el guion a muchos amigos para hacer las últimas correcciones, todas valiosas y algunas demoledoras, me sirvieron para fortalecer más mis puntos de vista. Me acuerdo de que cuando lo leyó Pedro Susz, me dijo que la fuerza estaba en mantener la frescura que respira el libreto, fue una campanada y se convirtió en una consigna que seguimos a rajatabla en todo el rodaje.

En 1995 fue estrenada la cinta protagonizada por Jorge Ortiz, Elías Serrano y Raúl Beltrán.

— Se estrenó un año después (en 1995) como parte del “boom” y recién aprobada la Ley del Cine, a 30 años vista, ¿cómo ves nuestra cinematografía?

— La anterior Ley del Cine se aprueba en 1992; tres años después se estrenan cinco películas, que marcan un cambio total del cine en nuestro país (todas en el Tesla, por cierto) y marcan el año récord de asistencia en el cine nacional. Calculo que más de medio millón de espectadores en total la vieron. En cambio, la nueva ley se aprueba en 2018; hubo un nuevo “boom” con hermosas películas nacidas del PIU (Programa de Intervenciones Urbanas), y ni eso se aprovechó. Han pasado más de cinco años y no hay ni siquiera reglamento; y tengo la sospecha de que a muchos, más de lo que uno podría imaginar, les interesa de que no se implemente nunca la ley, para que las cosas se mantengan así, inmutables; para conservar para su beneficio el “status quo”.

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Además creo que es una manera de ver y entender la cultura. Recuerdo que para financiar Cuestión de fe visitamos muchas entidades, del Estado, de la empresa privada y de las organizaciones no gubernamentales, y en general todos nos decían que en Bolivia la prioridad del país era el desarrollo y no la cultura. Con los años vemos que “nuestro desarrollo” sigue más o menos igual, y nuestra cultura más precaria y depreciada y en ese afán de desarrollo constatamos cómo una generación de artistas se ha dejado el pellejo en trabajar en organismos dedicados al desarrollo en vez de ampliar su obra; entre esos colegas están Néstor “Japo” Agramont, “Chichizo” López, “Jechu” Durán, Pancho Cajías, Jaime Taborga…

Desafortunadamente a la fecha, la gente sigue pensando así respecto a la cultura y el arte, solo sirve si es funcional al desarrollo, a la política o la empresa. El resultado lo vemos en todo, en los presupuestos del Estado, en los medios de comunicación, en la oferta y la demanda y también se ve en una degradación de nuestra producción cultural.

— ¿La cantidad de premios que logró, especialmente de “opera prima”, llegó a abrumarte? ¿Lo esperaban?

— No esperábamos nada, solo deseábamos hacer una buena película, lo más digna posible. Estar a la altura de los otros cineastas del continente. Que se reconozca la mirada sobre la realidad y del cine que teníamos que estaba a contracorriente.

Cuestión de fe trata el mundo de los artesanos, de la paceñidad, del narco incipiente, pero especialmente de la religiosidad popular, sin embargo no es una “peli” sobre religión, sino sobre la fe. Y sobre la suerte.

— Una de las fortalezas que tiene es que cada personaje, más allá de lo que es, representa una manera muy diferente de encarar la fe, el azar y de entender de cómo suceden las cosas. Por ejemplo, uno de los diálogos más absurdos de la cinta es éste de Pepelucho: “compadre, si las cosas han pasado, han pasado; es que tienen que pasar”.

— ¿Crees que tu película marcó un hito a la hora de demostrar —una vez más— que se puede ser universal partiendo desde una historia tan local?

— Creo que sí, porque en esos años se discutía mucho acerca de nuestra identidad y de nuestra dependencia con Occidente y de cómo se puede ser universales. Si lo universal es lo judeo cristiano o va más allá. Recuerdo que algunas críticas locales decían que era una película demasiado localista y que como en el teatro popular no pasaría las fronteras de la ciudad de La Paz; que ya no eran tiempos de costumbrismos y que afuera de Bolivia no la entenderían porque tenía demasiadas referencias a nuestra idiosincrasia.

Por suerte después —para contrastar— una de las críticas en el festival de Rotterdam festejó que la cinta tenía mucho del particular humor holandés, y lo propio escribió un inglés calificando la cinta como influenciada por la comedia inglesa; y otra decía que se inscribía en la vieja tradición de las “road movies” del cine independiente de los Estados Unidos.

Texto: Ricardo Bajo H.

Fotos: Archivo Marcos Loayza Montoya

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Una calle y un olvido

Hoy solo tenemos tu calle, capitán, la calle que enfilamos todos para entrar al templo de los milagros

Ricardo Bajo

/ 7 de febrero de 2024 / 07:49

Los hinchas bolivaristas que entran al estadio Hernando Siles por la curva norte lo hacen por la calle capitán Hugo Estrada. Los hinchas de la selección que alientan a la Verde desde la recta de general también acceden al gigante de Miraflores por la misma calle. Incluso la hinchada stronguista tiene que enfilar esa calle para pintar de oro y negro la gloriosa curva sur. Pero pocos saben quién fue don Víctor Hugo Estrada Cárdenas. Antes de su desgraciada muerte (en 1940) esa calle se llamaba simplemente Avenida de Circunvalación. Así se conoció durante 10 años desde que se inaugurara en enero de 1930 el “Gran Stadium Presidente Siles”.

Hoy el nombre del capitán Hugo Estrada ha sido olvidado. Pero, ¿quién fue Estrada? Fue muchas cosas: fue jugador del club The Strongest (eje defensivo y capitán a finales de la década del 20), atleta de velocidad, as gualdinegro de la denominada “Guardia Vieja”, socio del club, dirigente y militar (héroe de la guerra del Chaco en Campo Vía) y prisionero en Asunción tras la batalla de Gondra. Todo eso fue Estrada, bolivianos.

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Víctor Hugo Estrada Cárdenas nació en La Paz el 5 de marzo de 1903 aunque algunos —erróneamente— dicen que lo hizo un año antes en abril de 1902. Ingresó en las filas gualdinegras a la temprana edad de 11 años y pasó por todas las categorías (desde la cuarta división a primera) hasta ser durante varias temporadas capitán del primer equipo. Mientras estudiaba, pasó a filas de Universitario (el primer rival clásico del club The Strongest) para regresar después a la institución del oro y el negro. Hugo llevaba el fútbol en las venas pues su padre, Manuel Estrada, militó en Bolivian Rangers a principios del siglo pasado.

En 1918 ingresó al Colegio Militar del cual egresó con el título de subteniente. Fue herido siete veces en el Chaco Boreal y permaneció cautivo en Asunción tras ser capturado en Gondra junto a 16 de sus soldados de una división de 200. Tras varios años preso en Paraguay, fugó y regresó a la patria.

En abril de 1940, el pueblo boliviano en general y la hinchada stronguista en particular recibió la peor noticia de aquel año. Moría en Puerto Siles-Beni (donde estaba destinado), víctima de una “enfermedad del trópico” el mayor Víctor Hugo Estrada. Diecinueve meses después la Alcaldía de La Paz colocará un nuevo rótulo a la vieja circunvalación: “avenida Teniente Coronel Estrada”. 

En su entierro, el periodista y escritor Augusto Céspedes, el famoso Chueco que cuatro años antes había escrito Sangre de mestizos, pronuncia un vibrante y hermoso discurso en honor al stronguista Estrada al que llama “hermano” y “soldado impecable y ejemplar”. Céspedes habla como cronista de la Guerra del Chaco y vocero de los oficiales de reserva ascendidos tras la contienda. “Hugo Estrada se suma al alma nacional de nuestro tiempo como arquetipo de una generación señalada por el destino para iniciar con su sangre y con su espíritu la segunda emancipación de la República. Eso es Estrada, ahora, bolivianos. Es un corazón en marcha por delante de nosotros, es nuestra generación misma, herida, dramática y fatal, que arranca del propio drama el signo de su misión que es sacrificar gloria y dicha de la juventud por la nacionalidad del futuro; es, en fin, la expresión vibrante que nos demuestra que cuando hubimos hombres como Hugo Estrada se puede creer en la grandeza de la raza boliviana”.

Céspedes termina así el discurso en un abarrotado Cementerio General: “Hoy la tierra nativa le recupera, hoy le inscribimos ya entre los creadores espirituales de la raza que aparecieron en la Guerra del Chaco y que cumplido su sino fugaz, a semejanza de los cohotes, trazaron la ruta y desaparecieron en el relámpago de sus 37 años como Jordán, Manchego, Rocha, Andrade, Pabón y por último como German Busch Becerra. Gloria a ellos en las alturas y en la tierra”.

Aquel 1940 vio el estreno en el Teatro Municipal del mítico ballet de Amerindia de José María Velasco Maidana. Aquel año vio como un piloto argentino de apellido Fangio (y de nombre Juan Manuel) llegaba triunfador a la ciudad de La Paz en la etapa boliviana del Gran Premio Internacional del Norte (Buenos Aires-Lima y viceversa). Aquel 1940 fue el año del debut en el arco gualdinegro —procedente de Ferroviarios— de un chico orureño llamado Vicente y apellidado Arraya. Aquel año perdimos el clásico —por partida doble— con los celestes. Se volvió a votar después de más de un lustro y por voto “calificado” fue elegido el general paceño Enrique Peñaranda, entusiasta socio (y presidente honorario) del club Bolívar. Aquel 1940 Hugo Estrada soñó su propio olvido. Hoy solo tenemos tu calle, capitán, la calle que enfilamos todos para entrar al templo de los milagros.

(*) Ricardo Bajo es un pinche periodista

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