Voces

Sunday 25 Feb 2024 | Actualizado a 21:18 PM

Mambrú y la guerra

/ 26 de noviembre de 2023 / 00:21

Las canciones infantiles que aprendimos, al verlas a la luz crítica, son toda una descubierta de los mecanismos controladores y perversos del sistema patriarcal. Desde pequeñas y pequeños vamos a naturalizar la violencia en todas sus formas. En la escuela, como niñas y niños inocentemente hemos cantado: “Botón colorado mató a su mujer, con un cuchillito de punta alfiler…”, “Mambrú se fue a la guerra, chirivín chirivín chin chin…”, “Arroz con leche me quiero casar, con una señorita de San Nicolás, que sepa cocer, que sepa bordar…” Toda una serie de letras altamente violentas, destinadas a naturalizar — desde el lenguaje y la música— la violencia, la sumisión y el machismo, entre otros males.

La guerra es un invento patriarcal donde principalmente los hombres van a construir la concepción de ejército. El ejército, deliberadamente, se organiza y prepara para combatir. Aclarar que una cosa muy diferente es organizarse para la defensa ante un ataque, otra cosa es atacar sin que haya habido un ataque previo. Ese es el meollo de la discusión. Cuando te defiendes, la organización de la defensa tiene una fecha de vencimiento, es una organización de corto plazo.

La permanencia de los ejércitos siempre ha estado ligada a la construcción del poder en un territorio. Son los Estados-nación que hoy se declaran con el poder de usar la llamada violencia legal. Son los Estados que tienen el permiso social y dan el dinero fruto del trabajo de los pueblos para mantener los ejércitos, que siempre están preparados para la guerra.

Las guerras en este siglo son televisadas como si fueran cine y ¡no son cine, miles de hombres y mujeres de todas las edades están muriendo de verdad! La guerra en Palestina, que comienza con la ocupación del territorio palestino por parte de un invento del país llamado Israel. La legítima defensa del pueblo palestino defiende su territorio. Desde entonces, Israel es un país de militares guerreros, todos y todas son soldados a los que después de servir en el ejército les dan un dinero para que viajen y se diviertan. Son esos soldados que vienen a Bolivia de civiles y hacen todo tipo de abusos y escándalos denunciados en diferentes medios.

El estremecimiento de mi cuerpo al ver cómo wawitas y mujeres palestinas son asesinadas, hombres civiles ancianos son asesinados por cuidar sus casas, su territorio. Ver a niñas y niños que, vestidos de blanco, salieron a protestar y reclamar por sus vidas. ¿Se imaginan?, las wawas denunciando, gritando en las calles que las están matando y pidiendo que no las maten. La impotencia me nubla los ojos y me cuestiono cuán efectiva —de nuestra parte— son las luchas por la justicia y el “vivir bien”, ese summa qhamaña —que no es solo para Bolivia— que construimos y soñamos desde el proceso de cambios. Estamos hundiéndonos en peleas mezquinas, aquí en Bolivia. Por ese camino, nuestros Mambrús seguirán muriendo en guerras de hermanos contra hermanos.

Julieta Paredes Carvajal es feminista comunitaria.

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De derechas

/ 18 de febrero de 2024 / 01:15

Una de las cosas que Mesa y Comunidad Ciudadana no ponen en su currículo es que fueron parte del gonismo entreguista y que su nacionalismo siempre significó que la nación que proclaman será siempre definida desde la élite criolla, al servicio de la élite criolla y criollista. Para prueba, solo hay que ver quiénes son los y las parlamentarias de este partido, pero agudizando la vista ubicar quiénes son las y los portavoces, tomadores de decisiones de esta tienda política.

Comunidad Ciudadana, en su nombre han pretendido confundirnos con toda la parafernalia del idioma opresor, el castellano. ¿Comunidad? ¿Cuál comunidad? Lo que en verdad sucedió es que el proceso de cambios —propuesto desde las indias y los indios, originarios que tanto desprecian— les movió el piso a tal punto que trataron de traducir o más bien reducir las formas colectivas de los ayllus ancestrales, y que con eso podían engañarnos. Cierto, hubo indios e indias clase medieros que quisieron blanquearse votando por ellos. Pero están muy lejos de la llamada comunidad de ciudadanas y ciudadanos, propietarios, hacendados, letrados y doctorcitos racistas con los que se fundó la república. República que fue superada por el Estado Plurinacional, soberano y comunitario con autonomías. Autonomías indígenas, por supuesto, que no debemos confundirlas con otra de las manipulaciones que los hacendados, criollos de los grupitos de poder de la ciudad de Santa Cruz se esfuerzan por posicionar, esa autonomía del capricho de la minoría abusiva frente a los intereses de la mayoría del pueblo.

Camacho y el grupo del partido Creemos representan esa derecha iletrada, pero capísima en los negociados y corrupciones. Chistoso su nombre, Creemos, porque ni ellos mismos se la creen. Rápido demostraron su falta de fe, o mas bien demostraron su férrea fe en el garrote para convencer, pues ni discurso, ni argumento, ni propuestas tienen. Esta derecha beata, moralista e impune tuvo su gestación alimentada de intrigas, sobornos, traiciones, violaciones, dedazos al por mayor. Aquí sí las y los blanquitos son los que mandan y no hay tu tía. Los cholos obedecen. Claro, fueron capaces de capitalizar la ignorancia de una ciudad que se revuelca en la desinformación de sus medios de comunicación.

Ya desde la época de Banzer, los medios de comunicación en Santa Cruz hicieron de las suyas, generando su propia correa de transmisión, control y censura, las radios y los canales de televisión cruceños hicieron ese servicio. La información —del resto del país— siempre fue filtrada por los medios locales. Controlaron y aseguraron que la ignorancia campee en todos los barrios de Santa Cruz. Sin embargo, no contaron con el camino que harían hombres y mujeres tan despectivamente denominados collas, que en los colores de la wiphala ondearon en la plaza 24 de Septiembre la unidad en la diversidad de todos nuestros pueblos originarios.

Esta derecha que se une en su racismo, paradójicamente, hoy corretea tras del MAS en todas sus versiones. Realmente nos están mostrando cuán mediocres son.

Julieta Paredes Carvajal es feminista comunitaria.

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Bloquean el desbloqueo

/ 4 de febrero de 2024 / 04:19

Continúa siendo la justicia una preocupación instaurada ya en el cotidiano de la mayoría de la población, se ha instaurado; sea porque sufrimos los embates de la injusticia, sea porque, a causa de las luchas de los bloqueos de las carreteras, somos también perjudicados en nuestras actividades cotidianas. A través de estas acciones hoy la mayoría de la población se ha enterado que hay una auto prórroga, de lo más absurda, de unos magistrados chutos.

Es difícil escribir cuando nuestro pueblo está sufriendo; el pueblo que está en los bloqueos y el pueblo que es bloqueado. Lo que realmente indigna es que los únicos que no están sufriendo los bloqueos, son los exmagistrados que impune y libremente circulan sus nefastos dictámenes y opiniones. Para nada sienten las consecuencias del sufrimiento de nuestro pueblo, que ellos y ellas causan. Están indolentes sacando decisiones ilegales, que impunemente abofetean las esperanzas de la mayoría de la población. ¿Cómo llegamos a este momento?

Las primeras acciones sin duda que son los dimes y diretes al interior del MAS- IPSP. Dimes y diretes que quedaron concentrados en dos cúpulas, donde las organizaciones sociales brillaron por su ausencia. Una cúpula, la de la dirigencia del MAS, la otra cúpula es la del gobierno que el propio MAS puso a gobernar. Por eso es que no entendimos, esas discusiones, como una contradicción excluyente, sino como una necesaria práctica de la crítica y la autocrítica. Hoy nos damos cuenta que las cosas han subido a un tono muy peligroso para la salud del proceso de cambios.

Tenemos dos problemas, uno es la arbitraria y desastrosa gestión de los exmagistrados que ya concluyeron su accionar legal en diciembre 2023, pero que, por oscuros intereses de algunos personajes del gobierno, insisten en bloquear el desbloqueo de las rutas del país, que ya tenía visos de solución, para recuperar la libre circulación de nuestra vida cotidiana El otro problema es el electoral y ese problema no logra recuperar la dimensión de articulación con el proceso de cambios revolucionarios, por los que el pueblo boliviano luchó. Las elecciones es un medio, porque un medio es tener el gobierno favorable al proceso de cambios.

Queremos dejar claro que un proceso revolucionario, de transformaciones profundas de las relaciones estructurales; de explotación, discriminación, violencia y exclusión —ese proceso— no lo va hacer ningún gobierno. Las revoluciones las hacen los pueblos, no los gobiernos. Pero entonces: ¿Para qué vamos a elecciones con el MAS-IPSP sino es para tener el gobierno? Vamos a elecciones porque necesitamos que el gobierno no use el aparato del Estado para reprimirnos, cuando luchamos para hacer realidad el proceso de cambios revolucionarios. Esas vitales diferencias y claridades es lo que hoy no tenemos y pone en peligro las luchas históricas de nuestro pueblo.

 Julieta Paredes Carvajal es feminista comunitaria.

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¿Vacío de justicia?

/ 21 de enero de 2024 / 00:12

No podemos aguantar la risa irónica al asistir a las declaraciones de quienes conspiran contra el proceso de cambios revolucionarios. Argumentan cuidar al pueblo de un posible vacío de justicia, nada más sinvergüenza. Desde la invasión colonial tenemos un vacío de justicia, por eso la elección de magistrados con el voto popular fue y es un camino valioso e inédito para devolver al pueblo la reflexión, control y decisión sobre el mejor funcionamiento del aparato judicial. Si ha funcionado o no, es otra discusión, nada nace perfecto, se va desarrollando. Pero ahora llenarse la boca diciendo que los exmagistrados no renuncian porque no quieren dejar al pueblo con un vacío de justicia, es una gran mentira.

Si como organizaciones y movimientos sociales no hemos estado a la altura del desafío —que la historia nos reclama— y hemos dejado que la responsabilidad de la justicia, poco a poco, regrese a instancias de cuoteo de partidos y personajes políticos, es una desgracia para las organizaciones sociales. En la actualidad estamos peor, ya que los y las dirigentes de las organizaciones sociales perdieron la capacidad crítica de control social y se sumaron a las prácticas prebendales, fortaleciendo así criterios racistas y clasistas.

Desde que tengo uso de razón, si alguna vez hemos arrancado ciertas sentencias judiciales que en parte fueran favorables a nuestra búsqueda de justicia, fue en las calles y en la movilización popular. No fueron los tribunales, ni fueron los abogados y abogadas quienes nos dieron justicia, al contrario, para ellos y ellas, la chicana y la corrupción son su práctica y su ley. Repito fue la presión popular, y es eso lo que no tenemos que olvidar. Recordemos que el dictador García Meza entró a la cárcel por sus delitos de lesa humanidad gracias a la presión popular, que venía de la onda de recuperación de la democracia.

Pero por el contrario, en época del neoliberalismo, el dictador Banzer se recicló y para nada piso una prisión, muy al contrario, se lo habilitó para que sea candidato presidencial y fue presidente, esa es la paradoja gracias a la práctica de la democracia pactada entre partidos: un dictador fue presidente.

Tanto las prácticas de la democracia electoral como el aparato judicial, son armas en manos de los grupos que aún tienen los poderes en Bolivia, a pesar del proceso de cambios. Sin embargo, de ello —como pueblo— hemos creado posibilidades para dar caminos de esperanzas y eso es lo que está en juego y en peligro, gracias a las mezquindades.

Por eso me parece fundamental recordar que solo es y será la calle, junto con la lucha popular, las que restituyen derechos y garantizan justicia. Es solo con la movilización popular que nos podremos proteger de los abusos del poder. Pero eso es el mínimo resultado, la movilización popular debe llevarnos a recuperar el ajayu del proceso de cambios revolucionarios, para reflexionar y dejar ambiciones y mezquindades.

Julieta Paredes Carvajal es feminista comunitaria.

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Democracia para indios

/ 7 de enero de 2024 / 05:12

Uno de los valores fundamentales de nuestro pueblo son las prácticas políticas y organizativas que forman parte de todos los espacios de nuestras vidas, la cultura política y la capacidad de movilización de nuestra gente es un valor importante. Esta realidad, todo esto, es fruto de una acumulación histórica de luchas y prácticas organizativas forjadas desde una memoria ancestral, de organización y participación. En la vida de los ayllus y markas de nuestras culturas andinas y en las tekoas u organizaciones indígenas de tierras bajas, la participación en las decisiones políticas siempre fue una práctica expandida. Gran parte de nuestra población maneja mínimos criterios políticos y pertenece a alguna organización o movimiento social, elementos que nos permiten tomar posición con cierto grado de información y conocimiento.

Este proceso de acumulación política es asediado y fuertemente atacado por los medios de comunicación, que manejados desde intereses políticos económicos y culturales de pequeños grupos pretenden confundir, desinformar y atrapar en mentiras, su intención es posicionar contenidos manipulados en la opinión pública. Viejas mañas de los grupitos de poder que en 2016 inventaron un hijo a Evo Morales, de manera que se perdió un referéndum y se dio paso a toda la perorata del fraude. Es que los mentirosos/as y manipuladores/as necesitan montar y creer en una explicación moral para su conducta totalmente alejada de la ética.

Es en ese sentido que es necesario analizar las maniobras que, desde una sentencia en el Beni — con una clara manipulación del Poder Judicial—, insisten en que el pueblo se trague el cuento que el Evo ya no puede candidatear y que el congreso del MAS no vale. Mi persona, como parte de una organización y movimiento social como lo es el Feminismo Comunitario de Abya Yala, ha sido siempre clara ante las ch’ampa guerras dentro del instrumento MAS-IPSP, siempre estuvimos y estamos en la posición de la unidad, escuchando y reconociendo las críticas que tienen razón.

Por eso mismo estamos indignadas que quieran pensar que como pueblo somos tontos y tontas, y aceptar que ya hubiera un fallo en contra de la participación de Evo en elecciones nacionales. Nada que ver, sabemos leer y leemos también en las comunidades.

En el camino de recuperación de nuestros territorios invadidos, primero por los españoles y luego manejados por criollos mañudos que siempre engañaron a nuestros abuelos y abuelas, en ese camino de recuperación, aquí en Bolivia, no vamos a permitir la proscripción del hermano aymara Evo Morales. Los indios e indias también tienen que tener el derecho de participar, el pueblo con su voto definirá si los y las elige o no.

Apelamos a compañeras y compañeros que desde el Gobierno no se hagan cómplices de estas maniobras de lo más turbias, racistas e infames. La democracia también tiene que ser para que participen indígenas originarios y originarias de este territorio, con posibilidades de ser elegidos y no simples actos decorativos de una democracia excluyente.

Julieta Paredes Carvajal es feminista comunitaria.

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Lavarse las manos

Es Navidad, no es Cuaresma, lavarse las manos, bíblicamente hablando, nos refiere a Pilatos y su doble moral.

/ 24 de diciembre de 2023 / 00:15

Es Navidad, no es Cuaresma, lavarse las manos, bíblicamente hablando, nos refiere a Pilatos y su doble moral. Por otro lado, en la reciente memoria de la humanidad, lavarse las manos significó protegernos del coronavirus y ahora tampoco estamos en pandemia. ¿Pero por qué hablo entonces de lavarse las manos? Porque hoy la práctica política cotidiana nos está llevando a tener una legión de angelitos y blancas palomitas.

En política —esa que queremos hacer desde que el proceso de cambios fue posicionado por las organizaciones de nuestro pueblo—, la ética debe mandar nuestras acciones. La práctica de la crítica y la autocrítica es la base de una metodología que permite guardar la memoria y evaluar nuestros aciertos y errores. Yo como parte del Feminismo Comunitario de Abya Yala, estuve aportando con críticas y propuestas a nuestro proceso de cambios con la intención que sean cambios revolucionarios y transformaciones profundas, y no solo maquillajes al sistema.

Algunas propuestas se recogieron y otras se diluyeron en medio de las oficinas y escritorios. En la actualidad, también estuvimos en esas críticas y propuestas, porque entendimos que eran parte de aportes al Gobierno propuesto por el proceso de nuestro pueblo.

Los errores que se cometieron en el gobierno del hermano Evo nos llevaron a que la derecha aproveche esos huecos y se meta al gobierno con un golpe de Estado. Quiero ser clara cuando digo errores del gobierno de Evo, no me refiero a que decidieran que sea de nuevo candidato, ya que en aquel entonces las pugnas en su entorno nos mostraban que corría riesgo el mismo proceso de cambios, por la falta de claridad política y evidentes intereses mezquinos de su entorno.

Este gobierno, de Arce Catacora, fue puesto por el propio MAS y entonces confiamos en la decisión. Hoy cuando pretenden lavarse las manos como si nada tuvieran que ver, me parece una doble moral. Popularmente se dice “a lo hecho pecho”, ciertamente porque se refiere a las mujeres, porque una vez con la wawa se hacen cargo de ella, los hombres difícilmente ponen el pecho para criarla y corregir si fuera necesario.

Es necesario un cambio en las hermanas y los hermanos que hoy se lavan las manos como si este gobierno fuera ajeno a las luchas que hicimos, para recuperar este proceso. Como si no fueran parte de las decisiones que tomaron y las expectativas que tenían. Hay que dejar de lavarse las manos. Por otro lado, lo que vemos en el actual Gobierno es una falta de memoria, pues independientemente de que si tal o cual quería poner los ministros y tener de títere al Presidente, tampoco se trata de hacerse al capo sin saber y sin tener mínima preparación política, ideológica y profesional. No se trata de “chacrearse” aprendiendo con sueldos pagados. Pueden querer preparar a gente que tal vez sean compañeros y compañeras, pero eso se demuestra en la lucha y no sentados en una oficina ganando indebidamente por no ser capaces. Cuando lo que ponen de pretexto es que hay que dar paso a los jóvenes, es cuando me queda clara la mezquindad y la falta de posición política. Somos las organizaciones y los movimientos sociales los que no debemos caer en la tentación de ser blancas palomitas y una legión de angelitos, lavarse las manos de los errores no es de revolucionarias y revolucionarios.

Julieta Paredes Carvajal es feminista comunitaria.

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