Voces

Sunday 3 Mar 2024 | Actualizado a 15:49 PM

El pueblo tiene la razón

/ 10 de diciembre de 2023 / 01:05

Los medios de comunicación son instrumentos que facilitan la intercomunicación de las personas, no siempre estamos hablando de medios de comunicación que, emitiéndose de un centro, puedan difundirse y llegar de forma masiva a una población. Desde los chasquis en la época de los incas, pasando por la radio, el periódico, la tele, hasta el celular, los medios de comunicación se fueron desarrollando. Estos medios en la actualidad nos muestran que estamos en una etapa de la humanidad en la cual la tecnología devuelve al pueblo la posibilidad de comunicar e informar.

Paralelamente están los y las profesionales de la comunicación, y hoy el problema que enfrentamos es la doble moral de los periodistas conservadores del sistema de dominio vigente. Doble moral que es característica de una élite purista, que pretende dar lecciones de ética escondiendo bajo sus alfombras los intereses económicos, ideológicos y políticos que los mueven. Todo mundo genera opinión, información y mensajes desde un lugar político, la independencia es un engaño.

Cuando se pretende tomar distancia del Estado y de los gobiernos a titulo de independencia, tenemos que entender que en Bolivia se ha dado un proceso de cambios abierto por las organizaciones y movimientos sociales, que tienen en el movimiento indígena la fuerza ancestral de las propuestas históricas de vida. Digo esto sin romantizar. Es un proceso de cambios históricos que comenzó con la llamada sublevación por el agua en 2000 y continuó con la sublevación por el gas en 2003

Tenemos al Estado patriarcal que es colonialista y capitalista, jhnsa que no quiere reconocer su derrota y pugna por su regreso, no con propuestas y discusión política, sino más bien serrucha el piso con el show del escándalo exhibicionista, lanzando basura con ventiladora; el chisme y el rumor se quedan chiquitos. En el otro lado de la disputa tenemos el Estado plurinacional social comunitario con autonomías, que está dando sus batallas, donde estamos dando propuestas, construyendo políticas públicas, tratando de hacer funcionar todo el aparato público para bien de las mayorías de bolivianas y bolivianos. Con subidas y bajadas, con ch’ampa guerras internas incluidas. No importa, igual seguimos y así seguiremos en esta lucha. Es nuestro proceso de cambios y nos responsabilizamos de ello.

La asociación de periodistas, desde que recuerdo, siempre ha jugado el papel de hacerse a los “finos” del periodismo, han sudado racismo, clasismo y misoginia a través de la tinta de sus escritos. Recuerdo a Lupe Cajías en 2016, hoy Raúl Peñaranda, que hecho al independiente defiende los intereses político ideológicos de quienes están vendiendo la vajilla de los abuelos. No es verdad que la derecha boliviana no tiene medios de comunicación, mentira, tiene medios escritos, poderosos, en Santa Cruz. Pero donde el conservadurismo demuestra su fuerza manipuladora de la opinión pública es en las redes sociales, apoyado en nuestra ignorancia y sin defensa ante esta invasión. Por cierto, también muy de la mano con los intereses internacionales de los dueños de estas redes sociales, que nos bloquean y hackean a su gusto cuando no les gusta lo que defendemos. El pueblo tiene sus razones y las seguiremos fortaleciendo.

Julieta Paredes Carvajal es feminista comunitaria

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La memoria

/ 3 de marzo de 2024 / 00:44

Hay muchos escritos y dichos sobre la memoria de los pueblos, uno de los más populares es aquel que dice que “un pueblo sin memoria es un pueblo sin historia”. Sin duda que nos va a quedar claro que la memoria juega un papel importante en la construcción de la identidad, es una parte de nuestras vidas que determina la forma como vamos a enfrentar la propia vida, los problemas, las contradicciones y también las decepciones.

Es tan importante entonces, hermanas y hermanos, que hoy en nuestro territorio de tres culturas mayores, aymara, quechua, guaraní y otras 33 que fueron reconocidas por nuestra nueva Constitución, la reflexión sobre la memoria histórica no solo nos sea útil, sino imprescindible, porque sino fácilmente nos vamos a perder y correremos —como ovejas— tras cantos de pajpakus, que no solo son mentirosos y violentos, sino que hábilmente son ellos y ellas nomás quienes se hacen “a las víctimas”, como decimos en nuestro pueblo.

El mes de febrero ya pasó, pero ahora marzo nos tiene que devolver la memoria y el recuerdo de toda la movilización para el referéndum realizado con el objetivo de preguntar sobre la reelección del hermano Evo. ¡Si! Tenemos que recordar el referéndum y cómo gran parte de nuestra población fue manipulada por la gran mentira de los medios de comunicación y las redes.

A ver, tenemos que recordar que antes del proceso de cambios del pueblo boliviano no existía el referéndum. Aprendimos que el referéndum es preguntar al pueblo qué opina, qué cree y qué decide. Y preguntar a todo el pueblo, no solo a los doctores propietarios de bienes en las ciudades. Cierto, no son las practicas, ni los alcances que la democracia burguesa soñó en 1979 allá en Francia.

Tenemos que recordar nuestras victorias, la victoria de tener el referéndum como instrumento del pueblo. Pero la memoria debe conectarnos también con nuestros errores, y nuestro error fue no leer la capacidad de manipulación de las redes y los medios de comunicación y creo que todavía no tenemos plena conciencia de lo que nos pasó con la política de las redes, que fue creada y está dirigida con el objetivo de hacer entrar en nuestras cabezas las mentiras del grupito dominante.

O sea que tenemos que reflexionar sobre estos nuestros caminos victoriosos, le dimos nuevas funciones a la democracia que, de ser un medio para legitimar la dictadura, el autoritarismo y la imposición de leyes y reglas para la sociedad por parte de la burguesía, pasó a ser un instrumento para legitimar la posibilidad de construir el autogobierno del pueblo, con un hermano indígena Evo Morales como símbolo de esta propuesta revolucionaria.

Tenemos que recordar que, al haber usado la democracia burguesa para legitimar nuestro proceso de cambios revolucionarios, hemos recuperado y visibilizado nuestra capacidad de decidir. Pero para decidir hay que tener posición y análisis político y no solo levantar la mano para votar. Es verdad que a veces podemos confiar y apoyar una u otra posición, pero no podemos eternamente ser segundones, es necesaria la posición propia informada y estudiada. Eso está faltando: formación y discusión política. 

Julieta Paredes Carvajal es feminista comunitaria.

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De derechas

/ 18 de febrero de 2024 / 01:15

Una de las cosas que Mesa y Comunidad Ciudadana no ponen en su currículo es que fueron parte del gonismo entreguista y que su nacionalismo siempre significó que la nación que proclaman será siempre definida desde la élite criolla, al servicio de la élite criolla y criollista. Para prueba, solo hay que ver quiénes son los y las parlamentarias de este partido, pero agudizando la vista ubicar quiénes son las y los portavoces, tomadores de decisiones de esta tienda política.

Comunidad Ciudadana, en su nombre han pretendido confundirnos con toda la parafernalia del idioma opresor, el castellano. ¿Comunidad? ¿Cuál comunidad? Lo que en verdad sucedió es que el proceso de cambios —propuesto desde las indias y los indios, originarios que tanto desprecian— les movió el piso a tal punto que trataron de traducir o más bien reducir las formas colectivas de los ayllus ancestrales, y que con eso podían engañarnos. Cierto, hubo indios e indias clase medieros que quisieron blanquearse votando por ellos. Pero están muy lejos de la llamada comunidad de ciudadanas y ciudadanos, propietarios, hacendados, letrados y doctorcitos racistas con los que se fundó la república. República que fue superada por el Estado Plurinacional, soberano y comunitario con autonomías. Autonomías indígenas, por supuesto, que no debemos confundirlas con otra de las manipulaciones que los hacendados, criollos de los grupitos de poder de la ciudad de Santa Cruz se esfuerzan por posicionar, esa autonomía del capricho de la minoría abusiva frente a los intereses de la mayoría del pueblo.

Camacho y el grupo del partido Creemos representan esa derecha iletrada, pero capísima en los negociados y corrupciones. Chistoso su nombre, Creemos, porque ni ellos mismos se la creen. Rápido demostraron su falta de fe, o mas bien demostraron su férrea fe en el garrote para convencer, pues ni discurso, ni argumento, ni propuestas tienen. Esta derecha beata, moralista e impune tuvo su gestación alimentada de intrigas, sobornos, traiciones, violaciones, dedazos al por mayor. Aquí sí las y los blanquitos son los que mandan y no hay tu tía. Los cholos obedecen. Claro, fueron capaces de capitalizar la ignorancia de una ciudad que se revuelca en la desinformación de sus medios de comunicación.

Ya desde la época de Banzer, los medios de comunicación en Santa Cruz hicieron de las suyas, generando su propia correa de transmisión, control y censura, las radios y los canales de televisión cruceños hicieron ese servicio. La información —del resto del país— siempre fue filtrada por los medios locales. Controlaron y aseguraron que la ignorancia campee en todos los barrios de Santa Cruz. Sin embargo, no contaron con el camino que harían hombres y mujeres tan despectivamente denominados collas, que en los colores de la wiphala ondearon en la plaza 24 de Septiembre la unidad en la diversidad de todos nuestros pueblos originarios.

Esta derecha que se une en su racismo, paradójicamente, hoy corretea tras del MAS en todas sus versiones. Realmente nos están mostrando cuán mediocres son.

Julieta Paredes Carvajal es feminista comunitaria.

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Bloquean el desbloqueo

/ 4 de febrero de 2024 / 04:19

Continúa siendo la justicia una preocupación instaurada ya en el cotidiano de la mayoría de la población, se ha instaurado; sea porque sufrimos los embates de la injusticia, sea porque, a causa de las luchas de los bloqueos de las carreteras, somos también perjudicados en nuestras actividades cotidianas. A través de estas acciones hoy la mayoría de la población se ha enterado que hay una auto prórroga, de lo más absurda, de unos magistrados chutos.

Es difícil escribir cuando nuestro pueblo está sufriendo; el pueblo que está en los bloqueos y el pueblo que es bloqueado. Lo que realmente indigna es que los únicos que no están sufriendo los bloqueos, son los exmagistrados que impune y libremente circulan sus nefastos dictámenes y opiniones. Para nada sienten las consecuencias del sufrimiento de nuestro pueblo, que ellos y ellas causan. Están indolentes sacando decisiones ilegales, que impunemente abofetean las esperanzas de la mayoría de la población. ¿Cómo llegamos a este momento?

Las primeras acciones sin duda que son los dimes y diretes al interior del MAS- IPSP. Dimes y diretes que quedaron concentrados en dos cúpulas, donde las organizaciones sociales brillaron por su ausencia. Una cúpula, la de la dirigencia del MAS, la otra cúpula es la del gobierno que el propio MAS puso a gobernar. Por eso es que no entendimos, esas discusiones, como una contradicción excluyente, sino como una necesaria práctica de la crítica y la autocrítica. Hoy nos damos cuenta que las cosas han subido a un tono muy peligroso para la salud del proceso de cambios.

Tenemos dos problemas, uno es la arbitraria y desastrosa gestión de los exmagistrados que ya concluyeron su accionar legal en diciembre 2023, pero que, por oscuros intereses de algunos personajes del gobierno, insisten en bloquear el desbloqueo de las rutas del país, que ya tenía visos de solución, para recuperar la libre circulación de nuestra vida cotidiana El otro problema es el electoral y ese problema no logra recuperar la dimensión de articulación con el proceso de cambios revolucionarios, por los que el pueblo boliviano luchó. Las elecciones es un medio, porque un medio es tener el gobierno favorable al proceso de cambios.

Queremos dejar claro que un proceso revolucionario, de transformaciones profundas de las relaciones estructurales; de explotación, discriminación, violencia y exclusión —ese proceso— no lo va hacer ningún gobierno. Las revoluciones las hacen los pueblos, no los gobiernos. Pero entonces: ¿Para qué vamos a elecciones con el MAS-IPSP sino es para tener el gobierno? Vamos a elecciones porque necesitamos que el gobierno no use el aparato del Estado para reprimirnos, cuando luchamos para hacer realidad el proceso de cambios revolucionarios. Esas vitales diferencias y claridades es lo que hoy no tenemos y pone en peligro las luchas históricas de nuestro pueblo.

 Julieta Paredes Carvajal es feminista comunitaria.

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¿Vacío de justicia?

/ 21 de enero de 2024 / 00:12

No podemos aguantar la risa irónica al asistir a las declaraciones de quienes conspiran contra el proceso de cambios revolucionarios. Argumentan cuidar al pueblo de un posible vacío de justicia, nada más sinvergüenza. Desde la invasión colonial tenemos un vacío de justicia, por eso la elección de magistrados con el voto popular fue y es un camino valioso e inédito para devolver al pueblo la reflexión, control y decisión sobre el mejor funcionamiento del aparato judicial. Si ha funcionado o no, es otra discusión, nada nace perfecto, se va desarrollando. Pero ahora llenarse la boca diciendo que los exmagistrados no renuncian porque no quieren dejar al pueblo con un vacío de justicia, es una gran mentira.

Si como organizaciones y movimientos sociales no hemos estado a la altura del desafío —que la historia nos reclama— y hemos dejado que la responsabilidad de la justicia, poco a poco, regrese a instancias de cuoteo de partidos y personajes políticos, es una desgracia para las organizaciones sociales. En la actualidad estamos peor, ya que los y las dirigentes de las organizaciones sociales perdieron la capacidad crítica de control social y se sumaron a las prácticas prebendales, fortaleciendo así criterios racistas y clasistas.

Desde que tengo uso de razón, si alguna vez hemos arrancado ciertas sentencias judiciales que en parte fueran favorables a nuestra búsqueda de justicia, fue en las calles y en la movilización popular. No fueron los tribunales, ni fueron los abogados y abogadas quienes nos dieron justicia, al contrario, para ellos y ellas, la chicana y la corrupción son su práctica y su ley. Repito fue la presión popular, y es eso lo que no tenemos que olvidar. Recordemos que el dictador García Meza entró a la cárcel por sus delitos de lesa humanidad gracias a la presión popular, que venía de la onda de recuperación de la democracia.

Pero por el contrario, en época del neoliberalismo, el dictador Banzer se recicló y para nada piso una prisión, muy al contrario, se lo habilitó para que sea candidato presidencial y fue presidente, esa es la paradoja gracias a la práctica de la democracia pactada entre partidos: un dictador fue presidente.

Tanto las prácticas de la democracia electoral como el aparato judicial, son armas en manos de los grupos que aún tienen los poderes en Bolivia, a pesar del proceso de cambios. Sin embargo, de ello —como pueblo— hemos creado posibilidades para dar caminos de esperanzas y eso es lo que está en juego y en peligro, gracias a las mezquindades.

Por eso me parece fundamental recordar que solo es y será la calle, junto con la lucha popular, las que restituyen derechos y garantizan justicia. Es solo con la movilización popular que nos podremos proteger de los abusos del poder. Pero eso es el mínimo resultado, la movilización popular debe llevarnos a recuperar el ajayu del proceso de cambios revolucionarios, para reflexionar y dejar ambiciones y mezquindades.

Julieta Paredes Carvajal es feminista comunitaria.

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Democracia para indios

/ 7 de enero de 2024 / 05:12

Uno de los valores fundamentales de nuestro pueblo son las prácticas políticas y organizativas que forman parte de todos los espacios de nuestras vidas, la cultura política y la capacidad de movilización de nuestra gente es un valor importante. Esta realidad, todo esto, es fruto de una acumulación histórica de luchas y prácticas organizativas forjadas desde una memoria ancestral, de organización y participación. En la vida de los ayllus y markas de nuestras culturas andinas y en las tekoas u organizaciones indígenas de tierras bajas, la participación en las decisiones políticas siempre fue una práctica expandida. Gran parte de nuestra población maneja mínimos criterios políticos y pertenece a alguna organización o movimiento social, elementos que nos permiten tomar posición con cierto grado de información y conocimiento.

Este proceso de acumulación política es asediado y fuertemente atacado por los medios de comunicación, que manejados desde intereses políticos económicos y culturales de pequeños grupos pretenden confundir, desinformar y atrapar en mentiras, su intención es posicionar contenidos manipulados en la opinión pública. Viejas mañas de los grupitos de poder que en 2016 inventaron un hijo a Evo Morales, de manera que se perdió un referéndum y se dio paso a toda la perorata del fraude. Es que los mentirosos/as y manipuladores/as necesitan montar y creer en una explicación moral para su conducta totalmente alejada de la ética.

Es en ese sentido que es necesario analizar las maniobras que, desde una sentencia en el Beni — con una clara manipulación del Poder Judicial—, insisten en que el pueblo se trague el cuento que el Evo ya no puede candidatear y que el congreso del MAS no vale. Mi persona, como parte de una organización y movimiento social como lo es el Feminismo Comunitario de Abya Yala, ha sido siempre clara ante las ch’ampa guerras dentro del instrumento MAS-IPSP, siempre estuvimos y estamos en la posición de la unidad, escuchando y reconociendo las críticas que tienen razón.

Por eso mismo estamos indignadas que quieran pensar que como pueblo somos tontos y tontas, y aceptar que ya hubiera un fallo en contra de la participación de Evo en elecciones nacionales. Nada que ver, sabemos leer y leemos también en las comunidades.

En el camino de recuperación de nuestros territorios invadidos, primero por los españoles y luego manejados por criollos mañudos que siempre engañaron a nuestros abuelos y abuelas, en ese camino de recuperación, aquí en Bolivia, no vamos a permitir la proscripción del hermano aymara Evo Morales. Los indios e indias también tienen que tener el derecho de participar, el pueblo con su voto definirá si los y las elige o no.

Apelamos a compañeras y compañeros que desde el Gobierno no se hagan cómplices de estas maniobras de lo más turbias, racistas e infames. La democracia también tiene que ser para que participen indígenas originarios y originarias de este territorio, con posibilidades de ser elegidos y no simples actos decorativos de una democracia excluyente.

Julieta Paredes Carvajal es feminista comunitaria.

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