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Thursday 18 Apr 2024 | Actualizado a 13:48 PM

Proyecto democrático nacido muerto

Cediendo la soberanía a cambio de mercados ‘libres’ y valores ‘democráticos, un país acaba siendo atado de pies y manos’

Mikhail Ledenev

/ 21 de febrero de 2024 / 07:02

Ucrania, invierno de 2014. Kiev está sumida en disturbios desatados por grupos radicales que pretenden romper vínculos con Rusia y agilizar el proceso de adhesión a la Unión Europea. El presidente Viktor Yanukóvich desesperadamente busca soluciones al conflicto que puede desembocar en toda una guerra civil. El 21 de febrero, bajo una presión del Occidente y con la capital ucraniana en llamas, el jefe de Estado firma un acuerdo de solución política de la crisis con los líderes de la oposición parlamentaria. Los altos mediadores europeos, entre ellos los cancilleres alemán y polaco, le prometen seguridad y preservación de poder.

Al día siguiente, pese a todas las garantías otorgadas, en Kiev se produjo una toma armada y anticonstitucional de poder. Se dio un golpe de Estado. Un año después, la entonces subsecretaria de Estado de EEUU para asuntos europeos y euroasiáticos, Victoria Nuland, confirmó que Washington había asignado $us 5.000 millones “para apoyar las aspiraciones del pueblo ucraniano a tener un gobierno más fuerte e independiente”.

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Pasados 10 años, podemos evaluar los resultados del “proyecto democrático” ucraniano. La revolución, que proclamaba defender los ideales de derechos humanos, en realidad llevó al poder a un gobierno sometido a los intereses de EEUU y provocó un conflicto bélico en el este del país. Los lacayos de los nazis alemanes Bandera y Shujévich se convirtieron en los héroes nacionales al sustituir a los líderes de la lucha contra Hitler. El presidente de Ucrania, Zelenski, junto con los parlamentarios canadienses aplaudió en Ottawa al excombatiente de SS Yaroslav Hunka, quien había servido al Tercer Reich durante la Segunda Guerra Mundial.

Los “avances democráticos” de Ucrania hablan por sí solos. El nivel de corrupción sigue siendo desmesurado, así que Zelenski está obligado a pedir a sus patrones occidentales cada vez más plata, asegurando que los ucranianos “defienden la democracia y libertad”. Se proclaman leyes que afectan los derechos de minorías étnicas, ante todo la rusa. En una cárcel ucraniana fallece en condiciones inhumanas el periodista estadounidense y chileno Gonzalo Lira. El mismo Zelenski cancela elecciones presidenciales y aparta a su rival más popular, el general Zaluzhny, del poder. En el país se prohíben y están perseguidos medios de comunicación. Los jóvenes ucranianos, quienes no desean morir por los intereses del régimen neofascista de Kiev, intentan huir del país a toda costa para ser capturados y mandados al frente. Uno, viendo todo esto, se pregunta: ¿de verdad son un baluarte de democracia Zelenski y su junta?

El proyecto democrático Euromaidán nació muerto. No pretendía defender valores democráticos sino convertir a Ucrania en “anti-Rusia”. Bajo encantadoras pancartas fueron sembrados un radicalismo nacionalista y el odio al idioma y la cultura rusos. Se hizo caso omiso de los intentos emprendidos por Rusia para encontrar una solución política al conflicto y se aprovecharon para ganar tiempo y llenar Ucrania de armamentos. En diciembre de 2023, el secretario de Estado de EEUU, Antony Blinken, subrayó que las inversiones militares estadounidenses en Ucrania son una buena estrategia, ya que cerca del 90% de dicha ayuda se invierte en el sistema económico norteamericano.

El 10-O, aniversario del golpe de Estado en Ucrania, y la situación precaria del país hoy en día sirven para reflexionar sobre los así llamados “defensores de la democracia”, quienes bajo pretextos nobles esconden sus apetitos neocoloniales. Cediendo la soberanía a cambio de mercados “libres” y valores “democráticos”, un país acaba siendo atado de pies y manos sin tener identidad ni futuro. ¿Acaso vale la pena?

(*) Mikhail Ledenev es embajador de Rusia en Bolivia

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Sobre los acuerdos de Estambul

Quedamos en espera del cumplimiento real y no ficticio de requisitos de los acuerdos suscritos en Estambul

Mikhail Ledenev

/ 20 de julio de 2023 / 08:21

El 22 de julio de 2022 se firmaron en Estambul dos acuerdos interrelacionados: el Memorándum Rusia-ONU con la finalidad de normalizar las exportaciones de productos agrícolas y abonos rusos, incluyendo amoníaco; y la Iniciativa del mar Negro para garantizar suministros de cereales ucranianos. El motivo principal declarado por el propulsor del proyecto, el secretario general de la Organización de Naciones Unidas (ONU), António Guterres, fue la ayuda a los países más necesitados de África, Asia y América Latina.

Pasado un año los resultados son los siguientes. Menos del 3% se destinó para los países como Etiopía, Yemen, Sudán, Somalia y otros más necesitados. La abrumadora mayoría a los Estados con niveles de ingresos alto y medio alto, incluidos los países de la Unión Europea (UE).

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El 5 de junio, Ucrania destruyó el conducto de amoníaco Togliatti-Odesa, cuya seguridad constituyó parte del trato. Contrariamente a lo acordado, Kiev aprovechó reiteradamente del corredor marítimo seguro ofrecido por Rusia para realizar ataques contra el puente de Crimea y otras instalaciones rusas en la región. El último acto terrorista realizado el 17 de julio se llevó las vidas de una familia de turistas que cruzaban el puente para pasar las vacaciones en Crimea. El puente sufrió daños considerables.

Las compañías occidentales hicieron su negocio al máximo. Más de 17 millones de hectáreas de las tierras de cultivo ucranianas son ahora propiedad de las corporaciones occidentales Cargill, DuPont y Monsanto. Se hizo posible después de que el gobierno de Zelenski levantó la moratoria para la compra de las muy fértiles tierras ucranianas por los extranjeros, cediendo a la presión del Fondo Monetario Internacional. Las corporaciones occidentales no solo se enriquecieron por la venta del grano ucraniano, sino también ganaron doblemente con el procesamiento de los cereales. Tal fue el flujo de los productos agrarios ucranianos que los campesinos de Polonia, Rumania, Eslovaquia y otros países de la UE empezaron a protestar vehemente contra la competencia injusta.

¿Y qué ha pasado con las garantías ofrecidas a Rusia? Pues nada. No se cumplieron ni las condiciones de transacciones bancarias, ni de los seguros de transporte y la logística, ni de otros aspectos para hacer posible las exportaciones agrícolas rusas. Desde julio de 2022, la furiosa UE emitió cinco paquetes adicionales de sanciones antirrusas. Washington y Londres tampoco se quedaron atrás. Más aún, los suministros humanitarios gratuitos del grano ruso a los países en desarrollo fueron obstruidos por los países bálticos y Países Bajos. Repito: de los cinco requisitos de la parte rusa del trato no se cumplió ni uno a pesar de unos vanos esfuerzos del Secretario General de la ONU.

Resumiendo. El trato ideado como una acción humanitaria llegó a ser una operación comercial que poco tiene que ver con la ayuda a los necesitados. El corredor seguro fue utilizado por Kiev con fines militares, causando destrucciones y muertes. La Federación de Rusia más de una vez expresó su desacuerdo con la brecha entre la práctica y los documentos suscritos, advirtiendo al Secretario General de la ONU de que no iba a seguir así indefinidamente. El 17 de julio, hartos de recibir falsas promesas, cortamos la participación en este proyecto, avisando que continuaremos los suministros humanitarios de alimentos. Quedamos en espera del cumplimiento real y no ficticio de requisitos de los acuerdos suscritos en Estambul.

(*) Mikhail Ledenev es embajador de Rusia en Bolivia

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El Día Nacional de Rusia

Entre Rusia y Bolivia se están estableciendo las relaciones de una cooperación estratégica

Mikhail Ledenev

/ 12 de junio de 2023 / 09:53

El 12 de junio se celebra el Día Nacional de Rusia, el Estado más grande del mundo con una superficie de más de 17 millones de kilómetros cuadrados. Cuenta con 11 husos horarios. Al igual que Bolivia, nuestro país es plurinacional. La Federación Rusa está compuesta por más de 190 pueblos, incluyendo los indígenas y autóctonos. Las muestras genéticas de 29 pueblos amerindios comparadas con las de las etnias indígenas rusas confirmaron el parentesco entre los indios y las antiguas tribus siberianas.

Es uno de los vínculos entre nuestros Estados que tienen cercanía no solo en el pasado, sino también en el presente y, seguro estoy, en el futuro. Entre Rusia y Bolivia se están estableciendo las relaciones de una cooperación estratégica. Compartimos una visión del mundo en cambio, hay una buena comprensión entre nuestros gobiernos que se manifiesta tanto en asuntos bilaterales como en la palestra internacional. Otorgamos mucha importancia a nuestro diálogo bilateral.

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El 1 de enero en Brasil se celebró el encuentro entre la presidenta del Consejo de la Federación de Rusia, Valentina Matvienko, y el presidente de Bolivia, Luis Arce. En marzo, una conversación telefónica entre los dos mandatarios de nuestros países. En Venezuela se reunieron los cancilleres Serguéi Lavrov y Rogelio Mayta, así como el ministro de Deportes de Rusia, Oleg Matytsin, y la viceministra de Deportes de Bolivia, Cielo Veizaga. Reciéntemente se realizaron las reuniones entre los copresidentes de la Comisión Mixta Bilateral.

Los vínculos políticos que unen a Rusia y Bolivia se fortalecen a través de una interacción cada vez mas amplia en varios ámbitos. Rusia fue el primer país en enviar a nuestros hermanos bolivianos las vacunas anti-COVID en enero de 2021. Vale la pena mencionar un exitoso desempeño de los gigantes rusos, tales como Rosatom y Gazprom. Además del campo energético, trabajan en la lucha contra las enfermedades oncológicas, tratamiento antibacterial de los productos agropecuarios y equipos médicos, etc.

Presentamos un detallado plan de colaboración en la esfera de extracción directa de litio con un fuerte componente industrial. Está basado en un absoluto respeto de la soberanía de Bolivia. Es de destacar que en los proyectos mencionados Rusia está ayudando a crear desde cero unas nuevas ramas económicas con el uso de tecnologías innovativas. Por eso resulta indispensable la preparación de los especialistas altamente cualificados en los centros educativos de Rusia.

Hace poco incrementamos el número de las becas para los estudiantes bolivianos. Es de destacar el aporte que los exbecarios de las universidades de nuestro país están brindando a Bolivia, así como los compatriotas rusos que radican aquí. Me gustaría subrayar la necesidad de un acuerdo que regule el problema de homologación de diplomas para que los títulos de las universidades bolivianas sean admitidos en Rusia y viceversa. Diría que esta cuestión tiene aspectos humanitarios muy importantes. Hay que mencionar la posibilidad de estudiar el idioma ruso en el Colegio Ruso-Boliviano de La Paz.

Como Bolivia, Rusia posee grandes riquezas naturales que a lo largo de su historia seducían a los ávaros. Más aún, la situación geopolítica de nuestro país es envidiable. Esta vez no voy a entrar en un analisis detallado de los acontecimientos en Ucrania. Me limitaré a decir que existen situaciones cuando la falta de comprensión, tosudez, engaño, el desprecio a los tratados internacionales, en este caso los Acuerdos de Minsk aprobados por el Consejo de Seguridad de la ONU, minan la seguridad internacional. De todos modos, el mundo ha cambiado y nunca volverá a ser igual. Estas transformaciones tectónicas son dolorosas. Y no hay que echar más leña al fuego.

(*) Mikhail Ledenev es embajador de Rusia en Bolivia

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De libertades en Ucrania

Mikhail Ledenev

/ 22 de abril de 2023 / 02:04

El 16 de abril de 2015 en Kiev, la capital de Ucrania, a plena luz del día fue asesinado el periodista independiente Oles Buziná. Se oponía al régimen de la oligarquía ucraniana, glorificación de los secuaces de Hitler y al golpe de Estado que se produjo en 2014. Buziná abogaba por una convivencia pacífica y mutuamente respetuosa entre diferentes culturas, inclusive la rusa, en el marco del Estado ucraniano. Fue asesinado por la verdad que él valoraba más que cualquier otra cosa.

Quemar vivos a la gente con convicciones diferentes ya es una costumbre para los neonazis en Ucrania. Empezó el hostigamiento el 2 de mayo de 2014 en la Casa de los Sindicatos de Odesa, cuando los miembros del “Pravy Sektor” (“Sector Derechista”) tiraron los cócteles molotov contra sus opositores provocando un incendio y la muerte de 48 personas. El 2 de mayo de 2022, el régimen de Kiev declaró que aprueba estas acciones. Ningún medio occidental se acordó de dichos sucesos trágicos.

Otro asalto fue contra los periodistas en Kiev. Los nazis prendieron fuego a los estudios televisivos de la cadena ucraniana Inter el 4 de septiembre de 2016. Los reporteros cercados sobrevivieron por puro milagro logrando salir al tejado a través de una escotilla que no estaba cerrada. En aquel entonces el atentado fue condenado por los 11 eurodiputados de Grecia, Alemania, España, Chipre y Portugal, quienes afirmaron que éste “fue organizado por el gobierno contra los movimientos democráticos y progresistas”. ¿Por qué se olvidan de todo esto ahora al analizar los orígenes del conflicto ucraniano? Pues no hay interés en hacerlo. Tampoco ha sido investigado el asesinato del periodista Pavel Sheremet, cuyo coche fue explotado en Kiev en 2016.

Aquellas son las historias ya casi olvidadas. Pero el 2 de febrero de 2021 Vladimir Zelenski, “el presidente más democrático” de Ucrania según algunos, firmó el decreto cerrando los canales televisivos opositores 112 Ucrania, News One y Zik. Además prohibió el funcionamiento de los cinco centros televisivos regionales. Los periodistas llamaron tal decreto “una represión contra los medios críticos”. La misión de monitoreo de los derechos humanos de la ONU en Ucrania reconoció que las acciones de Zelenski habían infringido claramente los derechos humanos y la libertad de expresión.

Las flagrantes violaciones de los derechos fundamentales por parte de Kiev van más allá. Ahora observamos unos indignantes ataques de las autoridades de Ucrania contra la canónica Iglesia Ortodoxa Ucraniana. Sus templos se incautan, sus sacerdotes se despojan de ciudadanía y están físicamente agredidos. Chocante fue la reciente decisión de privar a la Iglesia Ortodoxa Ucraniana de uno de los principales santuarios, el Monasterio de las Cuevas de Kiev. En estos mismos momentos los creyentes están defendiendo su iglesia contraponiendo oraciones a las “boinas rojas” del régimen. Se trata del intento de prohibir la institución religiosa más antigua de Ucrania y no solo unos sacerdotes, suplantándola por otra.

Actualmente todo el poder mediático y propagandista del Occidente está empeñado en convertir a Zelenski en un valiente defensor de la causa democrática universal. Él lo aprovecha para pedir cada vez más armas y dinero, interviniendo insistentemente o mediante videollamadas por aquí y por allá con un obvio consentimiento y apoyo de sus patrocinadores.

Al volver a escuchar sus súplicas, recuerden a las víctimas del régimen actual ucraniano.

Mikhail Ledenev es embajador de Rusia en Bolivia.

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¿Otra vez Múnich?

Mikhail Ledenev

/ 24 de febrero de 2023 / 03:05

En el transcurso de la historia, la capital de Baviera ya se ha convertido en el centro de los “putsches de la cervecería”, que hicieron posible la llegada de Hitler al poder y el estallido de la Segunda Guerra Mundial, que culminó con una catástrofe para Alemania.

Esta vez los participantes de la Conferencia de Seguridad de Múnich volvieron a llenar los bares y cafés cercanos. Los resultados no se hicieron esperar. El 18 de febrero Annalena Baerbock, la ministra federal de Asuntos Exteriores de Alemania, exhortó a Vladímir Putin que “diera un giro de 360 grados” en su curso. De acuerdo con las leyes de geometría un giro así significa seguir exactamente en la misma línea. Así que encontramos a un aliado inesperado. Vienen a la mente las palabras de Liz Truss, quien en febrero de 2022, siendo ministra de Asuntos Exteriores del Reino Unido, en las negociaciones con el canciller ruso Serguéi Lavrov puso en duda la soberanía de Rusia sobre Rostov del Don y Voronezh. Es como dudar de que Oruro y Cochabamba pertenezcan a Bolivia.

Los políticos con tal competencia están incentivando la confrontación con Rusia, suministran armamentos cada vez más sofisticados y destructivos a Ucrania que de repente se hizo tan querida por ellos. Hacen caso omiso a las medidas poco democráticas de las autoridades ucranianas como prohibir partidos de oposición, cerrar medios no controlados, glorificar a los nazis y sus lacayos. Hace poco una de las brigadas de las FFAA ucranianas fue nombrada “Edelweiss”, al igual que una división de la Alemania nazi. Sobre los vehículos blindados de Ucrania ponen las marcas de identificación de Wehrmacht. Los neonazis ucranianos ni se empeñan en ocultar de quién han heredado su ideología. ¿Por qué entonces todo esto se ignora por el Occidente? La respuesta es simple. Los países occidentales prefieren tener a alguien luchando contra Rusia.

El objetivo planteado ante sí mismo por el Occidente colectivo se formula de la siguiente manera: obligar a los rusos a sufrir para después destruir a Rusia. Josep Borrell, el jefe de la diplomacia de la Unión Europea, agregó: todo el planeta es una jungla, por lo tanto hay que cuidar el jardín europeo. Así se ponen de relieve los instintos coloniales.

Los métodos aplicados a fin de conseguir tales metas son a veces extraordinarios. Por ejemplo, la detonación en septiembre del año pasado del gasoducto “Nord Stream” cuyo objetivo era suministrar el gas ruso a Europa. Vasily Nebenzya, el representante permanente de Rusia ante la ONU, afirmó que los países que están detrás de dicho sabotaje deben compensar a Moscú los daños causados. Recalcó que se conoce no solo el motivo de este crimen, sino quién y cómo lo había cometido. El 8 de febrero Seymour Hersh, el ganador del premio Pulitzer, público la primera parte de su investigación de explosiones de los gasoductos, responsabilizando del sabotaje a EEUU. La prensa occidental hizo oídos sordos a la publicación. Extraña falta de interés ante tamaña sensación.

El 21 de febrero, en su intervención ante la Asamblea Federal, Vladímir Putin destacó que el Occidente desde hace mucho había preparado a Ucrania para una gran guerra. Lo evidencian, entre otros, los reconocimientos de Angela Merkel, la excanciller alemana, y François Hollande, el expresidente de Francia, respecto al farol en torno a los Acuerdos de Minsk y el cuarteto de Normandía. A esto precedió el golpe de Estado efectuado en 2014 en Kiev por los radicales ucranianos, así como el engaño al entonces presidente ucraniano Victor Yanukóvich por parte de los diplomáticos europeos, que habían garantizado su seguridad.

El Presidente ruso subrayó que las esperanzas de destruir el sistema económico de Rusia mediante así llamadas “sanciones infernales” habían fracasado. Las encuestas reflejan un apoyo récord al presidente ruso por parte de la opinión pública. Siempre ha sido así: el pueblo ruso se une ante una presión externa. Por eso más de $us 150.000 millones gastados últimamente por el Occidente en armamentos no disminuirán la potencia de Rusia.

Vladímir Putin hizo hincapié en que como resultado de las guerras desatadas por EEUU después de 2001 habían fallecido 900.000 personas, mientras que más de 38 millones se convirtieron en refugiados. Por lo tanto los intentos de Estados Unidos y sus aliados de la OTAN de llorar lágrimas de cocodrilo no harán creer a nadie. Codician el dominio global a toda costa. Rusia lo está desafiando.

Mikhail Ledenev es embajador de Rusia en Bolivia.

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¿Moscú, culpable de todo?

Mikhail Ledenev

/ 6 de agosto de 2022 / 03:19

Acusar a Rusia de todos los males no es nada nuevo. Dicho esto, Heinrich Heine afirmaba: “Los rusos ya gracias al tamaño de su país son cosmopolitas, o por lo menos son cosmopolitas en una sexta parte dado que Rusia ocupa casi una sexta parte del todo el mundo poblado”. La aspiración de “cancelar” a Rusia mostrada por los líderes occidentales de hoy parece, en este contexto, bastante presuntuosa.

El número de sanciones antirrusas se incrementó tanto que en Washington y Bruselas ya se está agotando la fantasía a falta de resultados esperados. Los políticos que han amenazado a Rusia con restricciones “infernales”, ahora ellos mismos cada vez más experimentan el impacto de éstas, según el principio de rebote. No esperaban (algunos) que el mundo estuviera interconectado, y los suministros seguros y baratos de los recursos energéticos rusos fueran una parte vital de la prosperidad de una serie de países europeos.

El “no” político a los productos energéticos rusos por parte de la Unión Europea lo toma en cuenta Moscú, que ya ha empezado a redirigir líneas de abastecimiento a otras regiones del mundo. Sobra decir que la responsabilidad por las consecuencias de las mencionadas sanciones para la población de los países occidentales corresponde a sus líderes. Lo peor de todo es que tales iniciativas, cuyo objetivo es castigar a Rusia por “insubordinación”, hacen sufrir a todos. Porque una parte importante de las restricciones impuestas son la prohibición de mantener buques rusos en muchos puertos del mundo, así como asegurar transportes de cargas, realizar pagos internacionales, exportar fertilizantes. Todo esto llevó a que la logística se encareció por 4 como mínimo. Al completarlo, los líderes occidentales se pusieron a acusar polifónicamente a Rusia de provocar una crisis alimentaria global, olvidándose de que ellos mismos trataron de cancelar su comercio. Se emplea un viejo truco propagandista: repite una mentira cien veces, y te creerán. Y ya a los rusos les culpan de hambre y catástrofes que se nos echan encima. Esperemos que con prudencia logremos evitarlas.

Si nos fijamos en el conflicto en Ucrania como un catalizador de la desintegración del sistema de seguridad mundial, vale la pena destacar que habría que tratar con mayor seriedad los principios de la indivisibilidad de seguridad.

A la hora de crear la alianza del Atlántico Norte, la OTAN se proclamó una estructura defensiva contra la URSS. La Unión Soviética ya no existe, el Tratado de Varsovia se desintegró, ¿cuál fue la respuesta de la OTAN? Llevar a cabo la quíntuple expansión al Oriente e intentar incorporar a Ucrania y Georgia. Una militarización acelerada de aquellos países se efectuaba incluso antes de que fueran tomadas decisiones formales. Todas las advertencias de Moscú en cuanto a la peligrosidad extrema de tales maniobras fueron hechas caso omiso de manera bien altiva.

El ministro de Asuntos Exteriores Serguéi Lavrov subrayó que Rusia había propuesto reiteradamente a los países occidentales diferentes proyectos de acuerdos que establecieran jurídicamente el principio de una seguridad indivisible e igual para todos. “Nos dieron la respuesta: primero, no habrá ningún documento jurídicamente vinculante, ya que solo se aplican a los miembros de la OTAN, y segundo, las relaciones entre Ucrania y la alianza no les conciernen. Así terminó la cosa”. A propósito, la expansión de la OTAN no es un plato caliente solo para Europa. Los apetitos de la alianza crecen y, observen, ahora incluyen Asia y el Pacífico. Es dentro de esta estratagema donde se inscribe la visita de Nancy Pelosi a Taiwán. ¿Acaso es posible no ver aquí la aspiración de recuperar un dominio global en contrapeso al mundo multipolar? Si se puede, solo siendo ciego.

Durante su reciente visita al continente africano, Serguéi Lavrov explicó detalladamente la situación alimentaria y otras cuestiones vigentes que interesaban a nuestros interlocutores. Dichas explicaciones fueron entendidas y percibidas por los colegas africanos. Se determinaron perspectivas de una cooperación práctica. “Rusia aislada” aumenta una colaboración multifacética con los Estados asiáticos y del Oriente Próximo.

Sin duda alguna, es ahora cuando surgen nuevas posibilidades para desarrollar relaciones políticas, comerciales, económicas y humanitarias con América Latina. Valoramos una posición soberana de muchos Estados de la región. Somos conscientes de que los países latinoamericanos están bajo una dura presión cuyo objetivo es hacerles seguir ciegamente el rumbo impuesto desde fuera. Sin embargo, hermanos, el mundo ha cambiado, vivimos en el siglo XXI, y ya es imposible mantener prácticas anticuadas al estilo Doctrina Monroe.

En cuanto a Heine, cabe añadir que las restantes cinco sextas partes del alma rusa corresponden a la vertiente patriótica.

Mikhaíl Ledenev es embajador de Rusia en Bolivia.

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