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De uniformes y falsos policías

Pamela Quino Montenegro

/ 2 de marzo de 2024 / 06:37

Cada cierto tiempo, en nuestro país se presentan denuncias de personas que habrían sido víctimas de los denominados falsos policías. En diversas ciudades, los medios de comunicación masiva exponen casos de extorsiones y estafas por parte de ciudadanos que utilizan el uniforme reglamentario de la Policía Boliviana para hacerse pasar por policías y cometer algunos delitos.

Pero, ¿se podría prevenir este tipo de hechos delictivos? Con respecto a ello, de acuerdo con la Resolución Suprema 27627, del 22 de octubre de 2021, mediante la cual se aprueba el Reglamento de Uniformes de la Policía Boliviana, en su artículo 4 (Consideraciones Generales) inciso b) se establece que tanto los uniformes, así como sus insignias, distintivos y accesorios son de uso exclusivo de las y los servidores públicos de carrera de la Policía de nuestro país. Asimismo, mediante el mencionado documento se detalla cada uno de los elementos del uniforme y se realiza una serie de descripciones técnicas gráficas de los implementos que el orden policial debe utilizar. Sin embargo, no se menciona algo acerca del acceso a estos uniformes, en el sentido que solo se detallan obligaciones y prohibiciones en cuanto a los emblemas, insignias, etc. No se menciona la forma que se pueden/deben adquirir cada uno de éstos. Posiblemente exista alguna reglamentación interna para regular este extremo, al respecto solo se podría especular.

Lo cierto es que en la ciudad de La Paz se pueden encontrar locales en el centro y zonas con movimiento comercial donde impera la venta libre de uniformes policiales y hasta militares. Distintivos, emblemas, chaquetas y cada uno de los elementos de los uniformes reglamentarios se encuentran al alcance de cualquier ciudadano. En la ciudad de El Alto, generalmente se puede encontrar lo mencionado, especialmente durante los días en que se realiza la feria de la 16 de Julio.

En ese sentido, cualquier persona que desee adquirir un uniforme policial, puede hacerlo así como puede emplearlo para usurpar funciones policiales o llevar a cabo delitos que atenten contra ciudadanos bolivianos y extranjeros (considerando que ya se han realizado denuncias de turistas extranjeros que fueron víctimas de falsos policías y sufrieron el despojo de dinero, documentos o equipaje, por ejemplo), en el momento que así lo decida el delincuente.

Por otro lado, se encuentran los que confeccionan y se encargan de vender todo tipo de implementos para estos uniformes y al dedicarse a una actividad lícita, tampoco se les puede hacer responsables directamente de los hechos delictivos de todos aquellos que indiscriminadamente adquieren los uniformes para delinquir. Por lo mencionado, es una situación un tanto enrevesada.

Desde mi punto de vista, los uniformes reglamentarios no deberían encontrarse al alcance de cualquier ciudadano, que pudiera utilizarlos como un mero disfraz para algún evento social o, peor aún, para cometer delitos y atemorizar a la ciudadanía como falso policía. Así como determinados medicamentos o fármacos no están autorizados para la venta libre, de igual forma existen elementos que por seguridad deben contar con restricciones.

En este momento, parece pertinente crear algún tipo de protocolo o idear la manera de realizar un debido control y fiscalización de la venta indiscriminada de los uniformes policiales, así como cada uno de los elementos reglamentarios que lo componen; de esa forma se realizarían tareas preventivas para evitar que cualquier malintencionado utilice los emblemas de la institución policial para realizar hechos delictivos, lo que a su vez puede propiciar mayor seguridad en nuestra sociedad.

Pamela Quino Montenegro
es abogada e investigadora.

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‘Chacha-warmi’ en la entrada universitaria

Pamela Quino Montenegro

/ 16 de agosto de 2023 / 08:21

Durante el último sábado de julio, en conmemoración a la autonomía universitaria se realizó la entrada de la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA), en la que alrededor de 60 fraternidades de danzas folklóricas de nuestro país bailaron entre cientos de espectadores, donde la alegría, la tradición y desde luego los excesos fueron la evidencia de su paso por el centro de la ciudad de La Paz.

A diferencia de otros años, la particularidad de este fue la elección del “chacha-warmi” en cada fraternidad, con lo que se dejó atrás la tradicional promoción y elección de la ñusta universitaria, en la que al igual que muchos otros certámenes de belleza únicamente una joven universitaria debía pugnar con otras tantas similares, para llevarse el título. En esta ocasión, cada grupo debía presentar una pareja (hombre-mujer) que demostrara su habilidad en el baile y de esa manera competir por el título de “chacha-warmi” universitario. 

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Así como se ha hecho costumbre en otros niveles educativos en nuestro país, en los que se ejecutan ideas o cambios de paradigma sin que los propios involucrados conozcan con plena certeza el motivo, de manera similar se llevó a cabo la elección de la pareja representativa o “chacha-warmi” de este año, evento que se realizó días antes de la entrada.

Al respecto, cabe señalar que esta figura milenaria dentro de la cultura andina tiene que ver con un principio de complementariedad, en la que su relacionamiento influye directamente en la realidad. Representando lo masculino con el sol y lo femenino con la luna, la permanente dialéctica entre ambos, la oposición del uno con el otro no se consideraba como algo excluyente, sino como opuestos necesariamente complementarios para generar vida. El teólogo y filósofo Josef Estermann, en su libro Filosofía Andina señala lo siguiente: “El individuo autárquico y autónomo es para la filosofía andina un ‘no ser’, una mitad incompleta, un ser sumamente deficiente. Por eso, hablando en términos de identidad, el ser humano andino solo tiene identidad en la medida en que se realice complementariamente.” En ese sentido, cuando se traslada a determinados escenarios ya sea principios o categorías de relevancia en el mundo andino (como identidad, complementariedad, dualidad, femenino/masculino, entre otros), sin una previa y merecida ilustración del motivo, a pesar de que el debate académico en ese campo es bastante amplio, se cae en una banalización de aquello que posiblemente se pretende promocionar, rescatar o redimir. Así como en otros niveles educativos, no queda clara la intención de los nuevos enfoques educativos.

Lo cierto es que comprender y analizar los paradigmas de nuestra cultura, la forma en la que se presentan en la actualidad, así como la manera en que esas categorías llegan hoy a la juventud boliviana; requieren de un estudio previo, de estrategias comunicativas que propicien el conocimiento de principios que se manejaron ampliamente por nuestros ancestros. No está demás que los actores principales de cada una de esas fraternidades, integradas en su mayoría por futuros profesionales, entiendan el trasfondo de lo que representa la figura del “chacha-warmi”; este año al parecer muy pocos supieron el por qué y para qué, no queda más que esperar con optimismo la próxima gestión y observar cómo se desarrollan las nuevas políticas educativas en la universidad pública más emblemática de nuestro país.

(*) Pamela Quino Montenegro es abogada

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Cuando Saturno devora a sus hijos

En nuestros tiempos y desde hace años, le hemos dado el nombre de infanticidio.

/ 23 de junio de 2020 / 06:47

Recordando las historias de la mitología griega me vino a la mente Cronos (Saturno para los romanos), quien destaca en el relato acerca del temor que se apoderó de él ante la posibilidad de perder su poder sobre el mundo. Cronos devoraba uno a uno a sus hijos en cuanto nacían; el recelo de que crecieran y pudieran de alguna forma arrebatarle el poder lo llevó a aniquilar a su propia descendencia. Zeus fue el único de sus hijos que pudo ser escondido por su madre y así esquivó una muerte segura. En cuanto creció se valió de la guerra para tomar el poder y así cumplió el miedo más grande de su progenitor: Zeus desterró a su padre a los confines del Tártaro.

Esta historia puede considerarse tétrica y extraída de la mente fantasiosa de un narrador, pensar en los motivos que llevan a una persona a aniquilar a sus hijos de forma consciente, estratégica y con sus propias manos puede parecer irreal. No obstante de parecernos un cuento, en ella se refleja una de las caras más oscuras del ser humano. En nuestros tiempos y desde hace años, le hemos dado el nombre de infanticidio.

Desde la gestión 2014, el Código Niño, Niña y Adolescente se encargó de modificar lo establecido en el Código Penal en cuanto al infanticidio. A partir de allí se establece que cualquier persona puede llegar a cometer este delito, quitando la carga exclusiva que recaía antes solo sobre la madre. A pesar de los cambios en la norma y habiéndose otorgado una sanción mayor para quienes incurran en ese delito, hasta hoy el ser humano no ha logrado eliminar de sí mismo una de las miserias que al parecer duerme en su interior: la necesidad de eliminar lo que potencialmente puede perjudicarle o molestar y que en ocasiones le ha llevado a aniquilar a sus propios hijos, cuando estos aún permanecen en la niñez.

Saturno devorando a su hijo, obra del pintor español Francisco de Goya (1746-1828) ha cobrado vida y se encuentra muy presente en la actualidad. Según el Ministerio Público se registraron 31 infanticidios en nuestro país en lo que va del año. Algunos podrían considerar que no es una cifra alarmante, sin embargo ¿Deberíamos esperar al incremento de infanticidios, para considerar políticas que coadyuven a la disminución de casos?

En algún momento se llegó a creer que las mujeres asesinadas por sus parejas, exparejas o maridos eran un mito urbano. Hoy le hemos dado el nombre de feminicidio y aún no hemos hallado la forma de frenar ese delito. Pero es posible que aún estemos a tiempo de detener otra pandemia social, si consideramos que el establecimiento de políticas de prevención de delitos es vital; mucho más si estos vienen de la mano de una escala axiológica estructurada, que repercute en la educación temprana de nuestros ciudadanos.

Pamela Quino Montenegro, es abogada

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El Efecto Diderot en Navidad

/ 10 de enero de 2019 / 03:13

El Efecto Diderot es un fenómeno social relacionado con los bienes de consumo. Sucede que en algunas ocasiones al adquirir un objeto sentimos la necesidad de comprar otro que está relacionado con el primero. Por lo general, no solemos estar conscientes de esta “necesidad” capaz de impulsar una espiral de compras de cosas que no necesitamos; la cual a su vez puede llevarnos a asumir deudas difíciles de saldar.

El filósofo y escritor francés Denis Diderot (1713-1784) escribió un ensayo al respecto titulado Arrepentimientos al despedirme de mi viejo albornoz. En este texto detalla cómo un albornoz escarlata (una capa con capucha) que le obsequiaron cambió por completo su vida. El albornoz era tan elegante que al llegar a su hogar evidenció que desentonaba con el resto de sus bienes. Esto lo impulsó a cambiar poco a poco no solo su vestimenta, sino también el resto de sus enseres, como sus sillas e incluso sus cuadros, lo que lo llevó a endeudarse y, a la postre, a la ruina financiera. Todo esto por “culpa” de una capa nueva, por un simple regalo.

Al igual como le sucedió a Diderot hace varios siglos, en la actualidad muchas personas se encuentran encerradas en una espiral de consumismo que se agrava en la época navideña. Con el aguinaldo ya depositado, muchos consideran una obligación gastar por completo este salario adicional adquiriendo objetos que no necesitan. Entretanto, los trabajadores independientes buscan obtener mayores ganancias con la esperanza de cambiar algunos objetos de su hogar, regalar los juguetes de moda a sus hijos, o comprar aquellos productos que no pudieron adquirir durante el año. Todos luchan por comprar y comprar. Se desatan “batallas” en las ferias y galerías para adquirir la última novedad, como si lo material pudiera garantizarnos la felicidad.

Debemos reconocer que todos en algún momento hemos caído o caeremos presas del Efecto Diderot. Además, la publicidad navideña nos invita a formar parte de la espiral del consumismo. Pero evitar el endeudamiento y la poca previsión económica para el futuro depende de cada uno. Para no convertirnos en víctimas de este fenómeno es necesario adquirir conciencia de su existencia, de su sutileza y, ante todo, entender cómo funciona. Para ello debemos analizar qué es lo que impulsa nuestras compras en procura de ralentizarlas. No debemos rendirnos ante las compras compulsivas y los eslóganes marketeros que buscan vendernos productos que en realidad no necesitamos, cayendo en cuenta de que si prescindimos de ellos, de todas formas podemos tener una Navidad y una vida feliz en general al lado de nuestros seres queridos; algo que un simple objeto no puede otorgarnos.

* Abogada.

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