Monday 22 Jul 2024 | Actualizado a 03:49 AM

¿De la polarización al centro político?

Yuri Torrez

/ 17 de junio de 2024 / 11:19

Hoy, uno de los síntomas en el campo político boliviano es el tránsito de una polarización aguda —característico de los últimos años, que inclusive desembocó en una ruptura constitucional—, hacia un centro político/ideológico. En todo caso, no nos referimos a aquella otra polarización social o cultural asentada en los clivajes étnicos o regionales de larga data que se remonta a los orígenes republicanos de Bolivia, no superada aún, pero, además, en los momentos de alta conflictividad, la polarización política se alimentó de la polarización socio/cultural.

A partir de fines de 2022, esa polarización política se diluyó. En rigor, esa fuerte polarización tenía uno de sus polos localizado territorialmente en Santa Cruz, expresado en el camachismo (en alusión a Luis Fernando Camacho, el líder cívico/político que puso en vilo a la democracia boliviana en 2019) que protagonizó, en noviembre de 2021, la última movilización cruceña en contra del gobierno del Movimiento Al Socialismo (MAS) desactivada posteriormente y, acto seguido, Camacho fue encarcelado en Chonchocoro bajo acusación de terrorismo. A nuestro juicio, el camachismo tenía rasgos de la extrema derecha de hoy: invocación religiosa, violencia in extremis, intolerancia racial, mesianismo, difusión de fake news en el espacio digital, entre otros. En su afán de polarizar a Bolivia, el camachismo atrajo a su polo inclusive a la derecha más moderada.

Por otra parte, el otro polo, o sea el nacional-popular (o si prefieren en términos convencionales, la izquierda), estaba ocupado ideológicamente por el MAS. Al no existir un enemigo político externo al cual enfrentarse, esto, entre otras cosas, le otorgaba su identidad política/ideológica ya que la extrema derecha, o sea el camachismo, como dijimos anteriormente, sufrió una estocada letal. Esa ausencia de enemigo externo al MAS, posibilitó que la conflictividad se desplace a las entrañas de la estructura partidaria oficialista. Esa disputa interna, a propósito, está desprovista de un debate ideológico ya que el factor principal de esa disputa es por el poder.

Entonces, la desaparición, o por lo menos el debilitamiento agudo de la extrema derecha y la fractura interna del MAS son indicadores inequívocos de que estamos asistiendo a las contrapuertas para el centro político. En rigor, hay señales al respecto: Manfred Reyes Villa no descarta la posibilidad de candidatear por la presidencia y tampoco quiere reunirse con aquellos actores opositores al MAS, muchos de ellos protagonistas de la polarización. Y quizás otro (nuevo) actor político es el exvocero presidencial Jorge Richter, quien aseveró que no volverá a su oficio de analista político, sino que se dedicará a pensar en “buscar soluciones para el país y derroteros para la unidad de Bolivia”, y dejó algunas pistas de su posible incursión en la política, utilizando el método de Sherlock Holmes: se deduce su presencia en las venideras elecciones con una propuesta, según él: “progresista y humanista”.

Este camino al centro político también está poblado de su propia discursividad. Ese “puente discursivo” pregonado por esos actores se aleja de la polarización política: hablan de la necesidad de articular, en la economía, el Estado con el mercado. Y en el ámbito político dicen aproximar a la “República” con el “Estado Plurinacional” que, en tiempos de la polarización, operaban como antinomias. Este nuevo repertorio discursivo en el espectro de la política son campanas que anuncian la disolución de la polarización política/ideológica.

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Chuqiyapu Marka y La Paz, siempre en discordia

/ 21 de julio de 2024 / 00:10

¿Qué sucede cuando una ciudad ancestral como Chuqiyapu Marka y sus pobladores son sobrepuestos por otra ciudad colonizadora española como La Paz? ¿Qué sucede cuando el reconocimiento a la ciudad ancestral es insuficiente? Son algunas preguntas para entender de una mejor manera lo que sucedió en pasados días y ocurre hace muchos años.

El recordado historiador aymara Roberto Choque Canqui en su libro Situación social y económica de los revolucionarios del 16 de julio de 1809 en La Paz, describe de manera profunda la estratificación de la sociedad colonial en los albores de 1809. Lo más interesante es saber que esos “revolucionarios” de 1809, simbolizados en Pedro Domingo Murillo, tenían un pasado de haber combatido el levantamiento de Tupaj Katari y Bartolina Sisa en 1781, como también poseer ingente cantidad de bienes materiales y hasta esclavos negros. Murillo, durante la rebelión de 1781 y 1782 en el distrito de La Paz, tuvo una significativa participación de lucha en la defensa de la causa real española. Entonces, ¿por qué se sigue recordando a Murillo como un héroe, cuando fue un villano y traidor a la causa libertaria?

A 215 años de la herencia colonial del “grito libertario” del 16 de julio de 1809 en La Paz, ¿qué se ha modificado realmente en términos societales? La relación conflictiva, representada en Katari-Sisa y Murillo es un tema vigente en la actualidad. Es una especie de propuestas de sociedades desde las ciudades de Chuquiyapu Marka y La Paz. Esta retrospección está muy presente en lo ocurrido en días pasados, como la realización de varios eventos recordatorios paralelos: la verbena del alcalde Iván Arias en la ciudad de La Paz; la velada musical en el teleférico de El Alto del gobernador del departamento de La Paz, Santos Quispe, y el desfile de teas protagonizado principalmente por el Gobierno central. Incluso, los actos protocolares estuvieron llenos de tensión y son muestras de esta tirantez social, política e histórica que no se ha resuelto.

Las actividades citadas fueron pensadas para fortalecer la sociedad del espectáculo, la banalidad, pero no para subsanar el gran conflicto histórico. La verbena sigue siendo un evento que invita a emborracharse sin medida. Se esperaba alguna acción descolonizadora del gobernador Quispe, como heredero del recordado Felipe Quispe, El Mallku, pero no pasó nada. Seguir visitando la Casa de Murillo y repetir que es estar en la casa del que inició el grito libertario es continuar ignorando todo lo que sucedió con el levantamiento de Katari-Sisa. Además, es reciclar el colonialismo interno histórico en desmedro de otra ciudad como Chuqiyapu Marka y sus habitantes urus, aymaras, quechuas, pukinas, etc.

Un detalle más, ver desfilar a jóvenes de varios colegios públicos y privados, sobre todo a sus bandas de música (llamativamente denominadas de guerra), con la burda imitación del traje militar europeo. Estos hechos nos llevan a la pregunta: ¿qué pasa con los/as jóvenes que emulan tan inocentemente lo militar? Hace algunos años, algún centro educativo se presentaba con bandas de música afincadas en instrumentos nativos andinos (sikus, tarqas, etc.), incluso luciendo la indumentaria ancestral. Lamentablemente, hoy han desaparecido. ¿Estamos en tiempos de la recolonización?

Recojo de las redes sociales la opinión de muchos/as jóvenes, que dicen: “en vez de seguir propiciando borracheras y deleites pasajeros como en el Parque Urbano Central, se contraten a más guardabosques, por ejemplo, para velar que no se arroje tanta basura al Bosquecillo de Pura Pura y similares”. La ciudad ancestral de Chuquyapu Marka estaría agradecida de no propiciar más discursos y espectáculos insignificantes. Otros jóvenes piensan que “es tiempo de construir una sociedad que no solo apueste por los derechos humanos, sino también por los derechos de otras vidas, como los animales y la naturaleza”. Chuqiyapu Markasaxa jakaskiwa, jiwasanakatanwa irnaqirinakapaxa. Uka thakhisxa ch’amañchaskakiñani ¿ janicha? ¡¡¡Jallalla Chuqiyapu Marka!!!

Esteban Ticona Alejo es aymara boliviano, sociólogo y antropólogo.

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Casos y cosas del Bicentenario (y V)

/ 21 de julio de 2024 / 00:08

“…el término Alto Perú para designar a Bolivia en la etapa anterior a su independencia es un verdadero absurdo, Bolivia es el resultado del desarrollo histórico de la Real Audiencia de Charcas y su nombre debería ser Charcas, porque esa era la palabra que designaba a nuestro territorio durante la dominación española”: Guillermo Ovando Sanz (en Colección de Folletos Bolivianos del periódico Hoy, vol. III Nº 22, 1976). El autor afirma que el término Alto Perú ya se venía usando desde un tiempo atrás, pero su generalización estuvo a cargo del arequipeño José Manuel de Goyeneche, quien, al mando de las tropas realistas, encabezó la campaña contra las rebeliones de las ciudades de La Plata y La Paz (25 de mayo y 16 de julio de 1809). Cabe remarcar que estas fechas marcan el comienzo de la Guerra de la Independencia, la misma que en Charcas, hoy Bolivia, se prolongó hasta 1825.

Para cerrar este ciclo de artículos relacionados al contexto fundacional de Bolivia, volvemos una vez más, qué remedio queda, a repasar algunos libros cuya lectura arroja luz sobre estos temas:

— La dramática insurgencia de Bolivia, del historiador estadounidense Charles W. Arnade (primera edición en castellano, La Paz, 1964).

— Ni con Lima ni con Buenos Aires: la formación de un Estado nacional en Charcas, de José Luis Roca (La Paz, 2007). A partir del interés inicial por refutar polémicas afirmaciones de Arnade, el historiador boliviano (nacido en el Beni) construye una monumental y muy documentada obra (cerca de 800 páginas).

— Bolivia, su Historia (seis tomos, el tercero de los cuales abarca Reformas, rebeliones e independencia, 1700- 1825). Trabajo colectivo de una veintena de historiadores e historiadoras, especializados en diferentes temáticas y que se agrupan en la Coordinadora de Historia (La Paz, 2007).

— Rescrituras de la Independencia, actores y territorios en tensión, de los autores Rossana Barragán, María Luisa Soux, Ana María Seoane, Pilar Mendieta, Ricardo Asebey y Roger Mamani (La Paz, 2012).

— Apuntes para una visión dialéctica de Bolivia, de Roberto Alvarado Daza (La Paz, 1979). Como dice su título son apenas apuntes, recopilados por Ramiro Barrenechea de diferentes publicaciones universitarias y partidarias. Es un libro muy modesto (127 páginas) y prácticamente inencontrable en librerías y puestos de venta de libros usados. En los hechos es un libro prácticamente ignorado y desconocido aun entre los estudiosos de historia, no es mencionado en bibliografías y no figura en varias bibliotecas que hemos consultado. Todo esto tiene una explicación: Roberto Alvarado era militante del Partido Comunista desde las épocas del PIR y fue desterrado y perseguido en diversas ocasiones. Cuando ejercía la docencia universitaria fue apresado en la dictadura de Banzer, murió en la prisión de Viacha, el 31 de mayo de 1972. En uno de los artículos recopilados, Las normas jurídicas y la realidad histórica de Bolivia, Alvarado hace mención a dos versiones del decreto del 9 de febrero de 1825, firmado por el mariscal Sucre. Una es copia original, quizá como un primer borrador, enviada a Bolívar desde Puno el 2 de febrero y publicado en 1924 por Vicente Lecuna (Documentos referentes a la creación de Bolivia). Y otra la publicada en la Colección oficial de leyes, decretos, órdenes y resoluciones de la República Boliviana. Roberto Alvarado encontró algunas notables diferencias de fondo entre ambas versiones. Su temprana muerte en las mazmorras del banzerato le impidió seguir las investigaciones. Pero dejó la mesa servida para que los historiadores de hoy desentrañen ese y otros misterios que rodearon la formación de este entrañable país nuestro que tiene como certificado de nacimiento, precisamente aquel decreto firmado por el Mariscal de Ayacucho, un 9 de febrero de 1825.

Carlos Soria Galvarro es periodista.

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Litio, oro e hidrocarburos

/ 21 de julio de 2024 / 00:07

Esta semana tuvimos un anuncio muy importante que, en medio de la intensa coyuntura noticiosa, pasó con muy poco impacto en el sentido común de las personas. El presidente Luis Arce anunció el descubrimiento de un megacampo en el norte del departamento de La Paz, que contiene una reserva de 1,7 trillones de pies cúbicos de gas natural, calificado por la autoridad como «el descubrimiento más importante para Bolivia desde el 2005». Si bien esta noticia podía invitar a la celebración frente los riesgos en la caída de las exportaciones de gas y sus consecuencias en la contracción de nuestros recursos fiscales, el ánimo no fue del todo festivo por ponernos ante la dura realidad de nuestro destino primario exportador.

Por otro lado, las noticias sobre la exportación de minerales en Bolivia siguen constituyendo uno de los pilares centrales de nuestra economía. En 2023, Bolivia generó $us 5.601 millones y el metal que lidera las ventas al mercado internacional es el oro, seguido del zinc, la plata, el estaño, el plomo, el antimonio, el cobre, el wólfram y el hierro, entre otros. Así, llegando a las puertas de nuestro bicentenario, Bolivia sigue (y seguirá siendo) un país minero. Y el horizonte próximo nos coloca como potenciales exportadores de minerales críticos y tierras raras para sostener la transición energética del mundo puesto que, según el Ministerio de Minería, el país cuenta con una serie de recursos importantes, como por ejemplo cobalto y cobre en Potosí; uranio, titanio y niobio en Cochabamba; o tantalio y niobio, en Santa Cruz.

Por último, hace al menos tres decenios venimos discutiendo (y no así produciendo) carbonato de litio. Las reservas estimadas de Bolivia están entre las más grandes del mundo, con 21 millones de toneladas métricas. El litio, usado al menos en 10 industrias centrales del desarrollo, podría ser una pieza clave en el desarrollo de baterías para celulares, iPods y computadoras personales, además de baterías para vehículos eléctricos cuyo incremento de mercado promete el mejor futuro a este recurso.

Solo estos tres titulares parecen confirmar una realidad indiscutible: a pesar de todos los esfuerzos y la voluntad de los últimos 50 años, Bolivia en las próximas décadas profundizará aún más su destino de país exportador de recursos naturales. Somos y seguiremos siendo el primer eslabón de una cadena mundial de producción. Tal vez la única novedad con la que llegaremos a nuestro bicentenario es el agregado de la soya (y sus daños ecológicos) a esta corta lista de productos que sostienen nuestra economía.

Como lo hemos escuchado en distintos tonos y en diversos discursos, en la vida concreta de los bolivianos y bolivianas, contar con recursos naturales para explotar no siempre es una bendición. En la academia abunda literatura y estudios concretos de las llamadas maldición de los recursos o paradoja de la abundancia, que consisten en que las zonas más ricas en minerales y combustibles se desarrollan menos que los lugares en donde éstos no abundan. Por ello, en son de broma, se dice que el verdadero triangulo del litio lo constituyen China, Corea y Japón, que seguramente se quedarán con la mayor parte de la tajada de la riqueza producida por la venta de los productos tecnológicos que requieren litio.

Por ello, los descubrimientos de reservas indudablemente brindan la posibilidad de generar ingresos muy necesarios para nuestro país, pero al mismo tiempo vuelven a enfocan nuestra salud fiscal y apuesta al desarrollo en el círculo de escasez y bonanza de los recursos naturales. Hemos experimentado durante ya varios (y dolorosos) ciclos el carácter volátil, incierto y agotable de los ingresos provenientes de los recursos naturales, sin aprender mucho sobre las previsiones necesarias en las políticas fiscales basadas en el flujo de ingresos provenientes de los recursos naturales. Detenernos a pensar cuántos años se prevé que durará el recurso natural antes de agotarse, y evaluar el daño ecológico de su explotación, puede ser un necesario sinceramiento respecto a los nuevos descubrimientos de reservas de gas.

Lourdes Montero es cientista social

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El (f)actor Evo

/ 21 de julio de 2024 / 00:06

Debido a la fractura del MASIPSP y pese a la fragmentación opositora, entre otras variables, parece claro que el expresidente Morales no tiene chance de ganar las próximas elecciones con mayoría absoluta ni, menos, en segunda vuelta. Atrás quedaron sus incontrastables victorias de 2005, 2009 y 2014. E incluso su triunfo en 2019 con más del 40% de votos y 10 puntos de diferencia sobre el segundo. En los comicios de 2025, si acaso, habrá solo perdedores relativos.

Si asumimos tal premisa, la pregunta es por qué todos los esfuerzos y obsesiones del oficialismo y de la oposición están orientados a impedir la candidatura de Evo en lugar de buscar derrotarlo en las urnas. El presidente Arce, en plan de reelección, no quiere competir en primarias cerradas porque seguramente las perdería. Tampoco le interesa medirse con Morales en primarias abiertas. Su apuesta única es inhabilitarlo con una sentencia constitucional trucha, tan impresentable como la de 2017.

En cuanto al paisaje opositor, ninguno de los 17 PPP (precoces precandidatos presidenciales), incluida la Manfredumbre, supera el 10% de intención de voto. No les alcanza, pues, para ganar una elección. De partida, los viejos conocidos acusan un déficit crónico de respaldo popular, les falta calle, no tienen proyecto de país. Y la decena de “nuevos”, que tanto ruido hacen en las redes sociales soñándose outsiders, son unos señores y una señora desconocidos.

Cinco años después del escabroso ciclo electoral 2019-2020, la polarización y la incertidumbre, lejos de atenuarse, siguen contaminando el debate político y la conversación pública. En ese contexto, con debacle institucional y señales de crisis económica, la disputa en el partido-instrumento azul es el principal factor (des)ordenador del campo político. Y Evo está en el centro de la querella. Así, los comicios de 2025 podrían desportillarse por el renovado antagonismo evismo/antievismo.

Más allá de sus números, ¿en qué momento asumirá Evo que el veto a su candidatura ya está trazado? ¿Y cuándo reconocerá Lucho que su viabilidad electoral es cada vez más remota? ¿Abandonarán ambos sus pretensiones de reelección? ¿En beneficio de… los Rodríguez? ¿Y qué harán los opositores sin candidato de unidad ni espalda ganadora en las urnas? ¿Lograrán al menos un frente amplio que les edite sus sobras completas? Preguntas.

Como sea, es previsible que el 8 de noviembre del próximo año tendremos un escenario de gobierno minoritario, y por tanto débil, que deberá estrenarse con un drástico ajuste anticrisis. Ni hablemos todavía de lo que le espera al proyecto plurinacional- popular en el opaco ciclo político por venir.

FadoCracia motoquera

1. Fuerte y claro: la Resistencia Juvenil Cochala (RJC) es —o fue— un violento grupo de choque. En la coyuntura crítica de 2019, operó como una organización parapolicial, en colaboración con los motines. 2. Como ha documentado ampliamente el Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI), las prácticas de la RJC “fueron especialmente violentas, racistas y discriminatorias”. 3. Se trata, pues, de una banda criminal. No es “una resistencia necesaria”, como les dijo la autoprorrogada presidenta de la Asamblea de Derechos Humanos. 4. Los motoqueros de la RJC, armados con bazucas artesanales, palos y explosivos, protagonizaron varias acciones de violencia contra mujeres y campesinos. Hay registro de vejaciones, secuestros y tortura. Todo en nombre de “la defensa de la ciudad”. 5. Tras casi un lustro, seis cabecillas de la RJC recibieron sentencia por delitos de organización criminal. Hay rendijas contra la impunidad. 6. No es persecución política contra “activistas” (sic), como gritan las luisas de la oposición y sus operadores mediáticos. 7. Los grupos paraestatales como la RJC no caben en democracia. ¡Nunca más!, es la consigna.

 José Luis Exeni Rodríguez es politólogo.

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Les ridicules todes

/ 21 de julio de 2024 / 00:04

Tanto el lenguaje, como cada una de las palabras, forman parte del sistema de comunicación que expresa nuestras concepciones del mundo; es a través del lenguaje que comunicamos las experiencias de nuestros cuerpos y nuestras vidas.

El idioma castellano fue un instrumento de dominio e imposición colonial, es con la lengua castellana que pretendieron hacernos olvidar nuestra filosofía, nuestra espiritualidad, nuestras formas propias de ver el mundo, la vida, la muerte, la felicidad. Nuestros y nuestras antepasadas resistieron y gracias a ellas mantenemos nuestros idiomas, nuestros pueblos y nuestras culturas. De todas las maneras resistieron y por eso existimos y seguimos floreciendo. En Bolivia hemos logrado en algunos aspectos del castellano, incluso impregnarlo con nuestras lenguas propias, aymara, quechua, guaraní, el lenguaje cotidiano de nuestros pueblos. Mucho más podemos entender nuestra presencia cuando sabemos mirar nuestras culturas en el entretejido social de nuestro querido país. En eso radica lo histórico del proceso de cambios revolucionarios que tiene en la raíz a los pueblos indígenas originarios.

El lenguaje articulado en los discursos es también capaz de crear realidad, o más bien imponer una percepción de la realidad. Ahí radica el interés de los grupos dominantes de controlar la educación y los medios de comunicación, pues es desde estos espacios que pueden manipular los imaginarios sociales en nuestros territorios.

Las luchas de las mujeres en el mundo y también en Bolivia han consistido en visibilizar sus cuerpos como parte constitutiva de la humanidad y no un simple accesorio de los cuerpos hombres. Desde la Revolución Francesa de 1789, las feministas luchan para que las mujeres figuren en los discursos de ciudadanía, de los derechos de humanos y humanas, derechos de los ciudadanos y las ciudadanas. Es esta insistencia que ha llevado a las mujeres a permanentemente luchar y corregir los discursos exigiendo la inclusión de “las” y no solo quedarse en “los”. Ya más o menos lo teníamos logrado, ya a regañadientes se usaban “los” y “las” como parte de las victorias de las mujeres en el lenguaje.

Pero el sistema patriarcal reaccionó porque de lo que se trata es de borrar a los cuerpos de las mujeres y hoy pusieron de moda les humanes. A través de las feministas liberales, que a título de muy inclusivas y modernas o posmodernas, hoy hablan un lenguaje ridículo en “e”, que a lo que apunta es a negar las luchas y existencias, de “las” mujeres. No están en cuestionamiento “los” hermanos hombres, las que estamos en cuestionamiento somos “las” mujeres porque somos “las” mujeres las que cuestionamos el masculino como inclusivo del lenguaje. No nos reconocíamos en: todos, los… etc. Que hoy son remplazados por: todes, les… etc.

Conclusión: las mujeres volvimos a desaparecer, si el patriarcado quiere cambiar “todos” por “todes”, que lo hagan. Nosotras seguiremos siendo “todas” y considero que ahora nuestra lucha en el lenguaje es que cuando oigamos “todes”, al unísono responderemos… “y todas”. Fuerza y buenas energías, hermanas.

Julieta Paredes Carvajal es feminista comunitaria.

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