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Saturday 20 Jul 2024 | Actualizado a 05:59 AM

Francia en su laberinto

Carlos Antonio Carrasco

/ 22 de junio de 2024 / 08:13

Cuando Emmanuel Macron, en 2017, a sus 39 años, irrumpió como bólido demoliendo los partidos tradicionales, al conquistar la presidencia de la República, con su flamante formación “En marcha”, se propuso modernizar el Estado emprendiendo audaces reformas largamente postergadas. Entonces contaba con sólida mayoría en la Asamblea Nacional. Ahora, en el séptimo año de su mandato (reelecto por el segundo quinquenio en 2022), está sin control parlamentario y enfrenta problemas internos que, añadidos a la frágil situación externa, empañan su gestión gubernamental ocasionando la caída de su popularidad hasta menos del 30%. Ante aquel panorama desalentador se celebró el 9 de junio el sufragio para el Parlamento Europeo, en el que sus partidarios apenas alcanzaron el 14,6% siendo batidos por el RN (Agrupación Nacional), que con el 31,4% se graduó como la primera entidad política del país. Esas cifras fueron decisorias para que Macron, invocando el artículo 12 de la Constitución, disuelva mediante decreto la Asamblea Nacional y llame a elecciones anticipadas para el 30 de junio y de acuerdo con la ley, al balotaje para el 7 de julio. Esta medida adoptada precipitadamente causó devastador terremoto político y tomó por sorpresa a propios y extraños porque puso al electorado frente al dilema de votar por el RN reputado de ser de ultraderecha o por el nuevo Frente Popular (FP) situado en el extremo izquierdo, al haber logrado la hazaña de reclutar en su seno a todos los sectores progresistas. La Renaissance macronista estaría ubicada en el centro. Si la tendencia de los sondeos se confirma, el próximo resultado electoral daría el primer lugar al RN en la mayor parte de las 577 circunscripciones en disputa, relegando al segundo puesto al Frente Popular y a un tercero al macronismo. Ello forzaría a Macron a lo que se denomina la “cohabitación” con la ineluctable designación de un primer ministro emergente del RN. La mera posibilidad de aquella coyuntura provocó manifestaciones antifascistas y alineamientos tan singulares como la declaración del celebrado campeón Kylian Mbappe convocando a no votar por los extremos. En suma, el país está dramáticamente dividido, corriendo el riesgo de tornarse ingobernable si en la Asamblea Nacional no podría conformarse una mayoría absoluta. Pero si asumiese RN el gobierno, trataría de ejecutar su discutible programa que incluye la abolición del jus-solis (derecho de suelo) para los nacidos de padres extranjeros, la revisión radical de las leyes migratorias y una menor dependencia de la Unión Europea. El anunciado duelo electoral entre los extremos del mosaico político está plagado de curiosas contradicciones, por ejemplo, sobre el flanco exterior, RN, con fama de fascista, es partidaria de Israel y contraria a Hamás en el pleito en Gaza, reafirmando su posición contra lo que señala como el islamo-izquierdismo, mientras el Frente Popular es solidario con Palestina y condena acremente el genocidio contra su pueblo. Tanto RN como el FP, aunque retóricamente critiquen la invasión en Ucrania, tienen furtivas aproximaciones con Moscú. En cambio, Macron y sus tropas sostienen la “ambigüedad estratégica” pregonada por el gobierno acerca de los dos frentes de guerra. Por otro lado, en los ajetreos preelectorales han aflorado figuras de la nueva generación política como Jordan Bardella (28), prospectivo primer ministro de RN, activista surgido de barrios populares y sin estudios superiores, y el actual premier Gabriel Attal (34), macronista que, sin ser enemigo de las mujeres, confiesa ser mas amigo de los hombres.

En una semana más, el 30 de junio, se aclarará la escala política o por el contrario se esperará el balotaje del 7 de julio cuando se definirá el porvenir de la nación. Entretanto, cabe la sola reflexión que en una palabra sería: ¿incertidumbre?

Carlos Antonio Carrasco
es doctor en Ciencias Políticas y miembro de la Academia de Ciencias de Ultramar de Francia.

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Biden-Macron: un paralelo catastrófico

Carlos Antonio Carrasco

/ 6 de julio de 2024 / 09:09

La proximidad de las elecciones presidenciales en Estados Unidos y los comicios parlamentarios en Francia, convocados para este mismo año pleno de turbulencias, coloca en el espejo de la política internacional a dos gobernantes disimiles que enfrentan igual fenómeno emergente: el populismo, desde áreas geográficas distantes, pero encarando idénticos escollos que escapan al control de su poder.

Desde Washington, Joseph Robinette Biden Jr., mas conocido como Joe Biden, a sus 81 años brega por su reelección como presidente en las elecciones programadas para el 5 de noviembre, coronando su carrera política que comenzó como joven senador en 1975, escalando todos los peldaños hasta la vicepresidencia cuando Obama. Está marcado por trágicas desgracias en su vida privada al perder a su primera esposa junto a su hija en aquel accidente automovilístico; más tarde a su hijo Beau, víctima de un cáncer y finalmente, sufrir los avatares de la adicción de su hijo Hunter, hoy procesado judicialmente por otras infracciones. Tras casi cuatro años en la Casa Blanca, el balance de su gestión podría calificarse como positivo, ello apoya ser aún el candidato único del Partido Demócrata, pese a su desastrosa prestación en el debate frente a Donald J. Trump, su adversario republicano.

En cambio, en Paris, Emmanuel Jean-Michel Frederic Macron, a sus 46 años, quien ejerce desde 2017 —reelecto en 2022— la presidencia con un corte casi imperial, sostenido por la mayoría de su partido (ahora) Renaisance, cuya buena parte de sus escaños acaba de perder en las recientes elecciones parlamentarias. Contrariamente a Biden, Macron, a nivel personal, lleva días tranquilos, sin hijos, junto a su esposa Briggitte, su antigua profesora de literatura, su mayor en 20 años…, seducida con esfuerzos dignos de novela romántica. No obstante que su mandato fenece recién en 2027, el sistema semiparlamentario francés otorga amplio poder a la Asamblea Nacional, cuya mayoría escapó de las manos presidenciales, obligándole quizá a gobernar en “cohabitación” con un primer ministro de la oposición, probablemente del RN (Agrupación Nacional) reputado de extrema derecha, en cuyo caso su iniciativa gubernativa quedará seriamente recortada. De darse ese paso, el primer ministro será Jordan Bardella (28), protegido de Marina Le Pen, inefable rival de Macron en las disputas presidenciales.

Tanto Biden como Macron confrontan sus agendas de gestión democrática con propuestas populistas de alto contenido irresponsable, curiosamente en temas parecidos como la inmigración, la seguridad ciudadana y la economía popular. Además, puntos candentes de política exterior podrían optar por rumbos diferentes a los trajinados hasta hoy. Por ejemplo, la ayuda militar y financiera a Ucrania en su pleito con Rusia, en cuyo paquete el envío de tropas francesas o europeas quedaría excluido y la contribución americana a la OTAN tendría un marcado retroceso. En ambos puntos, el Kremlin tendría gran motivo de regocijo.

Carlos Antonio Carrasco
es doctor en Ciencias Políticas y miembro de la Academia de Ciencias de Ultramar de Francia

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Primavera en París

/ 8 de junio de 2024 / 07:53

Con leves lluvias en torno a un aire fresco, París se prepara a ser una vez mas la capital del mundo, en ocasión de los Juegos Olímpicos (JJOO) que se desarrollarán del 26 de julio al 11 de agosto, donde miles de atletas llegados de decenas de países competirán en todas las disciplinas deportivas, bregando arduamente por sus respectivas banderas. Han sido tres años de trabajos forzados para construir la Villa Olímpica, habilitar estadios, limpiar las aguas del Sena y maquillar calles y avenidas donde se disputarán los trofeos que como calentamiento preliminar trajinó la llama olímpica recorriendo por mar y tierra desde Grecia hasta la capital gala.

Entre tanto, los 20 barrios parisinos siguen, separadamente, sus habituales usos y costumbres, porque cada uno de ellos es un universo aparte. Así por ejemplo, en el Séptimo arrondisement (barrio) situado alrededor de la Torre Eiffel, que es donde yo habito desde hace 30 años, los vecinos, aunque siguen sus tareas cotidianas, se alarman ante la noticia que 15 millones de turistas arribarán durante los JJOO y —obviamente— querrán retratarse delante de la famosa torre, para guardar esa imagen para la posteridad. Esa anunciada avalancha ha copado todos los hoteles y los hospedajes temporales modalidad Airbnb sin reclamo alguno por la elevación de costos, gracias a la especial circunstancia.

Desde ahora, los 80 millones de turistas que anualmente invaden el hexágono francés ya deambulan las calles de mi vecindario con sus conocidos atuendos estivales, GPS portable en la mano, buscando lugares emblemáticos del circuito turístico, restaurantes baratos y tiendas de suvenires (made in China). Entre los extranjeros, se abren paso las y los parisinos de a pie, con aire de fastidio ante tanta multitud foránea. Apoltronado en mi café favorito, desde la acera, me entretengo en distinguir las particularidades que van y vienen. Fácilmente identificables están —por ejemplo— las damas sexagenarias francesas que en gran proporción disminuyen con la edad, dramáticamente, de estatura, sobrepasando raramente el metro y medio. ¿A qué se debe ese fenómeno morfológico? Por otra parte, es asombrosa la mayoría de seniors que lucen o deslucen sus blancas cabelleras, con o sin bastón de apoyo. En menor cantidad se asoman en las calzadas jóvenes veinteañeros, siempre presurosos, sin saber adónde van ni dónde llegar. Como lunares visibles, los inmigrantes, legales o no, se ocupan de labores ingratas pero necesarias como el recojo de basura o la limpieza acuífera de las calles. Aquí y allá se observan los distribuidores humanos de mercancías o de comida rápida generalmente de origen africano, galopando sus bicicletas. Con el envejecimiento de la población y la baja fecundidad cuesta imaginarse quién asumiría todos esos roles reservados por ahora a los vilipendiados inmigrantes. Volviendo al cercano jardín del Campo de Marte se ve que los perros de toda raza, olor y color disputan espacio con los infantes al cuidado de sus nodrizas, mientras la propaganda política se incrementa para las elecciones parlamentarias europeas del domingo 9 de junio, cuando el viento sople alto y fuerte hacia la derecha extrema.

Carlos Antonio Carrasco
es doctor en Ciencias Políticas y miembro de la Academia de Ciencias de Ultramar de Francia.

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Perfil del jefe de Hamás

Carlos Antonio Carrasco

/ 25 de mayo de 2024 / 08:56

Bajo la censura total imperante y la ausencia de prensa extranjera en la Franja de Gaza, se hace difícil obtener datos de fuente segura acerca de la evolución de la situación provocada por la invasión israelí en esa zona. Sin embargo, el New York Times, mediante corresponsales encubiertos, se da modos para revelar las atrocidades cometidas por los agresores y las avenidas posibles para el “día después” de la guerra. Entre esos elementos he recogido ciertos indicios acerca del estancamiento de las negociaciones en curso para arribar a un anhelado cese al fuego, la liberación de los rehenes y la posibilidad de una tregua de larga duración. Los contactos entre las partes beligerantes, sean en El Cairo o en Doha, se realizan mediante representantes de alto nivel de países mediadores como el director de la CIA americana, diplomáticos egipcios o cataríes y delegados de Hamás. Luego, las conclusiones se trasladan para su aprobación o enmiendas al gabinete de guerra del premier hebreo Benjamín Netanyahu y, por otro lado, a los túneles en Gaza donde la última luz verde está en manos de un personaje singular llamado Yahya Sinwar, de quien se dice ser “el muerto que camina” por haber eludido innumerables intentos de asesinato orquestados por Tel Aviv, tarea en la cual descuella el aparato judío. En efecto, su baja es uno de los mayores objetivos militares de las fuerzas de ocupación. Pero… quién es Sinwar. A sus 62 años, cabello cano, bigote y barba rala, solo sus ojos negros proyectan esa mirada fría, inexpresiva. De mediana estatura, posee el carisma natural que lo catapultó a la cima del poder político y militar de Hamás. Su carrera partidaria comenzó cuando concluyó en 2001 su encierro de 20 años en las mazmorras israelíes acusado de ser autor de la muerte de algunos palestinos sospechosos de colaborar con el enemigo. En la cárcel, aprendió con fluidez la lengua hebrea y pudo estudiar profundamente la estructura del Estado judío, sus fortalezas y las debilidades de su complicado mosaico político. De retorno a su nativa Gaza, no le fue difícil ser reconocido como líder del intrincado tejido de compartimentos estancos que caracteriza a Hamás. Se dice que Sinwar fue el arquitecto de los luctuosos hechos del 7 de octubre de 2023 y responsable ostensible de sus consecuencias para la población gazatíe. No obstante, analistas más cínicos piensan que el 7 de octubre revivió la causa palestina que ya estaba olvidada incluso por los países árabes proclives a los acuerdos de Abraham. Además, la asimétrica campaña militar que destrozó casi totalmente la infraestructura de Gaza y causó 35.000 muertes civiles y 70.000 heridos, produjo el repudio universal de Israel en las Naciones Unidas, los organismos internacionales y la opinión pública en general; puso en duda el sostén tradicional de Estados Unidos, su mejor aliado, e impulsó el fraccionamiento de la sociedad israelí y hasta del judaísmo mundial. Por el contrario, la solidaridad con Palestina creció exponencialmente y sigue aumentando conforme más dura sea la represión, en particular con el asedio a Rafah, al punto que en la Corte Internacional de Justicia se considera calificar esa ofensiva como genocidio.

Irónicamente, tanto Netanyahu como Sinwar, indiciados en La Haya como criminales de guerra, comparten iguales motivos personales para prolongar la matanza. Mientras el primero está consciente que al final del conflicto, él saldría derrotado electoralmente, el segundo sabe que la devolución de los rehenes significaría también el término de su escondite al convertirse en el blanco favorito de su propio asesinato selectivo, incluso una vez pactada la paz.

Carlos Antonio Carrasco
es doctor en Ciencias Políticas y miembro de la Academia de Ciencias de Ultramar de Francia

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Rebelión solidaria con Palestina

/ 11 de mayo de 2024 / 08:23

Es imposible dejar de comparar las revueltas estudiantiles de 1968 contra la guerra en Vietnam con las actuales insurrecciones que suceden en más de 80 centros universitarios estadounidenses de militante solidaridad con el pueblo palestino masacrado en Gaza. Es la reacción de notable repudio a la invasión de Israel en esa franja donde los incesantes bombardeos han destruido el 80% de sus estructuras habitables, de sus hospitales y escuelas, causando más de 34.000 víctimas fatales, mayormente mujeres y niños, sometidos hoy al hambre y la miseria. Es la conciencia moral de esa juventud que se indigna que su país que pregona estrepitosamente ser guardián de los derechos humanos, sea el principal aliado del régimen sionista al que nutre junto a una copiosa ayuda financiera, modernas armas y apoyo diplomático, para que aplaste a todo un pueblo en lo que en la Corte Internacional de Justicia ha sido acusado como genocidio. La actitud militante de ahora tiene mucho más mérito que aquella observada por la generación del 68, cuya motivación principal fue evadir la conscripción militar para no combatir en una guerra inmoral ajena al interés nacional. Los jóvenes de ahora, en cambio, están movidos por el sentimiento altruista de compasión con esa comunidad a la que se ha despojado de sus tierras, sometiéndola a una condición muy parecida a la esclavitud. ¿Qué demandan los insurrectos? Que se corte todo tipo de nexos académicos y financieros con empresas y asociaciones vinculadas a Israel, además de reclamar el alto al fuego inmediato. Para hacer más notoria su solidaridad con aquella causa, los estudiantes enarbolan banderas palestinas y cantan consignas de la resistencia como “del río (Jordán) al mar (Mediterráneo): un solo corazón”, cubiertos ostentosamente con los típicos kaffiyes (bufandas alba-negras cuadriculadas), con el propósito de identificarse con los combatientes de las intifadas.

Ante el contagio popular de la revuelta, las fuerzas policiales de Nueva York y Los Ángeles fueron movilizadas para hacer desocupar los predios universitarios con inusitada violencia, ejecutando 2.000 arrestos. Sin embargo, las asonadas continúan y se propagan fuera de Estados Unidos hasta México, Cuba, Australia, Alemania y principalmente Francia, donde la emblemática escuela de ciencia política Sciences Po está ocupada durante varios días en copia fiel a sus homologas americanas.

La preocupación crece en la Casa Blanca ante la proximidad de las elecciones presidenciales de noviembre y el notorio deterioro en las encuestas del candidato Biden, peligrosamente contaminado por la ambigüedad de su posición frente a ese conflicto. Y, la incursión armada en el sector fronterizo de Rafah, será la chispa que incendie todo el Medio Oriente.

Carlos Antonio Carrasco es doctor en Ciencias Políticas y miembro de la Academia de
Ciencias de Ultramar de Franci
a.

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George Orwell: el eterno profeta

/ 27 de abril de 2024 / 07:27

Cuando llegué por primera vez a Londres, Orwell había muerto hace pocos años (1950) y sus dos alegorías que se volverían best-sellers servían de catecismos en las frecuentes batallas intelectuales que se libraban en el fulgor de la Guerra Fría. Se trataba del clásico Animal Farm (Revuelta en la Granja) y del no menos celebrado 1984. Ambas obras influyeron grandemente en la juventud de la época para provocar dudas y alta dosis de escepticismo en las bondades pregonadas por el sistema imperante en la entonces Unión Soviética. La primera, escrita con refinada ironía, se trata de la revolución impulsada por los animales de la finca que culmina con la captura del poder, el subsecuente exilio de los patrones acusados de corruptos y la implantación de la dictadura en la hacienda, bajo consignas unánimemente aceptadas como aquella del comunismo invertebrado que decía “todos los animales son iguales”. Aunque las diferencias se hacían cada vez más notorias, pues los cerdos constituían la clase dominante, los perros organizaron la policía y los burros mayoritarios, formaban las masas trabajadoras. Sin embargo, el goce del poder por los puercos empezó a mostrar ciertas preferencias, entonces la teoría oficial trocó el eslogan así: “todos los animales son iguales, pero algunos son más iguales que los otros”. Con esa secuencia, comencé a imaginar el denominado proceso de cambio operado en Bolivia a partir de 2006 y cuyo triste epílogo es la insuperable crisis económica e institucional que padece el país hoy en día.

1984: Bajo ese título premonitorio escrito 30 años antes —con parecida savia metafórica—, retrata el estado de no-derecho que regía en la Unión Soviética staliniana y pronostica que al cabo de unos años se convertiría en sofisticada dictadura, con justificaciones tan burdas como esa de “el hermano mayor te está cuidando”, o sea un fantasma inexistente, para paliar el asedio policial de la ciudadanía y persuadirla que, no obstante, está constantemente vigilada. Otra joya es el “ministerio de la verdad”, o sea el equivalente en Venezuela del Ministerio de Informaciones, que repite las 24 horas y por todos los medios, incluyendo altavoces, noticias ficticias que siendo la única fuente deben tomarse por verídicas, y la perla más exótica son los principios ideológicos como “la guerra es la paz” o “la libertad es la esclavitud” y “la ignorancia es la fuerza”. Este último parece prevalecer en las manifestaciones en las calles bolivianas.

George Orwell, pseudónimo de Eric Blair, murió de tuberculosis a los 46 años, casi la misma edad que el malogrado opositor ruso Alexei Navalny, y sus escritos han trascendido la flema literaria para convertirse en advertencias premonitorias del devenir político universal. En su juventud se alistó como policía colonial en el entonces Burma (hoy Myanmar), donde fruto de sus observaciones publicó Dias Burmeses, pasantía de cuatro años que lo indujo a una frenética vida sexual con prostitutas y esposas “coloniales”, como cuenta su reciente biógrafo Paul Theroux (ed. Mariner, 400 páginas), que lo dibuja como “un alma atormentada e ingenua” durante esas jornadas asiáticas. Lo que no consigna es el compromiso del autor con la libertad, porque Orwell también —en su momento— se alistó como voluntario en la guerra civil española para combatir al fascismo franquista, inspiración para su Homenaje a Cataluña.

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