Voces

Monday 22 Jul 2024 | Actualizado a 00:18 AM

Sintonía con las reformas de Petro

Alfredo Serrano Mancilla

/ 22 de junio de 2024 / 08:19

La mejor forma de evaluar el grado de solidez de un Proceso de Cambio es analizar el cambio de los sentidos comunes de una sociedad. Y en Colombia esta transformación se está produciendo.

Según la última encuesta de Celag Data (presencial, en todo el país y 2.036 casos), la ciudadanía en su mayoría coincide con los ejes programáticos del cambio que ha venido proponiendo su presidente, Gustavo Petro.

En lo laboral, casi dos tercios están a favor de una reforma que mejore las condiciones de trabajo. En pensiones, este mismo porcentaje está a favor de una reforma que garantice que todos los colombianos tengan derecho a una pensión de vejez, aunque no hayan podido hacer los aportes. En salud, la mitad de la ciudadanía está de acuerdo con la decisión de que el Estado intervenga las EPS (el 40% estaría en contra). En relación al precio de las tarifas energéticas, casi el 70% considera que el Estado debe intervenir y regularlas. Y, por último, el 63% cree que es mejor reemplazar la explotación de petróleo y gas por energía renovables.

Petro está cerca de completar sus dos primeros años como presidente y sigue contando con un respaldo mayoritario a sus propuestas, a pesar de lo que pregonan ciertos medios de comunicación, que continúan disociados de lo que piensa la gente en la calle.

Esta es su mayor fortaleza para sostener ese nivel de aprobación notable sobre su gestión gubernamental (en general, en economía y en políticas sociales); y también en mantener una imagen positiva del 42% (que es de las más altas entre los presidentes latinoamericanos a estas alturas del mandato).

Este valor contrasta con la baja imagen positiva de todo el arco opositor. Uribe posee una imagen favorable del 28% (61% de negativa); la periodista Vicky Dávila tiene una imagen positiva del 23% (47% de negativa); y las senadoras María Fernanda Cabal y Paloma Valencia no llegan ni al 15%. La única con más imagen positiva es la exalcaldesa de Bogotá Claudia López, con un 31%, pero viene perdiendo fuelle desde hace tiempo.

La ciudadanía, cuando es consultada por cuál es la verdadera oposición al actual Gobierno, sigue creyendo que es el uribismo (36%), seguido del poder económico (13%) y algunos medios de comunicación (12%).

Y, por último, es importante destacar otro aspecto crucial en relación a las formas de hacer oposición: la mayoría colombiana cree a Petro cuando éste afirma que hay sectores que están queriendo dar un golpe blando en su contra (52,7%).

En definitiva, la fortaleza del este Proceso de Cambio está en que sintoniza con demandas sustanciales de la sociedad.

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Aprendiendo Política desde México

Alfredo Serrano Mancilla

/ 29 de mayo de 2024 / 01:24

Pasan los días, las semanas, los años, y el presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador (AMLO), continúa con un apoyo mayoritario. Cuenta con una imagen positiva alta y estable a lo largo de todo su mandato. Y no importa qué encuesta consultes. Todas coinciden en el mismo veredicto: dos tercios de la población están con AMLO.

La esencia es básica, pero no por ello sencilla: hacer Política. Sí, Política. Esta palabra, maldita para muchos, que AMLO pone en valor a contracorriente de quienes la consideran una reminiscencia del pasado.

Para el presidente mexicano, la Política es un arte noble. Esto es algo que dice constantemente y, lo que es aún mejor, se esmera en ponerlo en práctica de múltiples maneras. 

En primer lugar, parte de convicciones; sin ellas, no se puede hacer política. Esto no significa ser dogmático, pero tampoco moderado ni fanático del centro. Todo lo contrario, defiende ideas, valores y principios. Y esta matriz ideológica le sirve como ancla sólida cada vez que tiene que lidiar con una coyuntura compleja. Así se mueve tácticamente. Lo necesario, pero sin dejar de avanzar en lo definido previamente como estratégico.

Esto, además, tiene un correlato inmediato: le permite fijar el adversario político sin ambigüedades. Esta es una cuestión fundamental para evitar confusiones entre la ciudadanía cada vez que hay que tomar partido, sea a la hora de votar o, sencillamente, en la cotidianeidad de una discusión familiar.

En segundo lugar, no subestimó la importancia que tiene la gestión para que su Palabra tenga credibilidad. El actual Gobierno de la Cuarta Transformación (4T) -como así se autodefine- ha tenido logros muy notorios en lo social y lo económico. La mejora en el bienestar social vino acompañada de la bonanza macroeconómica. Por ejemplo, hoy en día, su moneda, el Peso mexicano es la moneda que más se apreció en estos años en toda América Latina.

Otro buen ejemplo es el de la llamada ‘austeridad republicana’, que consiguió implementar gracias a la siguiente ecuación: aumentar la recaudación sin modificar la matriz tributaria. ¿Cómo lo hizo? Eliminando la mayoría de gasto tributario innecesario, por injusto e ineficaz. También redujo mucho el grado de evasión y eliminó gastos superfluos de la casta política (AMLO sigue viajando en avión comercial después de cinco años y medio de gobierno -y no cambió de parecer a los cuatro meses-).

En tercer lugar, comunica sin frivolidad. No le hizo caso a ninguno de esos manuales modernos de comunicación política que siempre abusan de infinitos lugares comunes y que provocan que la Política se vacíe de Política. AMLO habla a diario (a través de las Mañaneras) y responde a todo; en cada explicación combina lecciones históricas con datos actuales, no le huye a ninguna controversia, hace pedagogía en cada asunto e instala agenda. Y, además, si considera que necesita más de una hora para contestar en detalle una pregunta difícil, lo hace. Y, así y todo, es indudablemente uno de los principales youtubers de América Latina por cantidad de reproducciones.

En cuarto lugar, entiende que lo electoral se resuelve en la arena de la Política. Es decir, llega el periodo de campaña y lo primero que hace es acudir al Congreso para plantear una reforma constitucional para recuperar el espíritu de 1917, planteando cambios estructurales muy notables para el futuro del país (salarios, soberanía, salud, educación, pensiones, etc.).

En quinto lugar, sabe que sin batalla cultural es imposible sostener un proceso de transformación hacia adelante. Su base está en el humanismo mexicano. Desde ahí resignifica viejos símbolos y crea otros nuevos. El orgullo de ser mexicano es, seguramente, uno de sus principales estandartes.

En sexto lugar, ejerció un pragmatismo inteligente. Ello no implica renunciar a soñar; tampoco vivir haciendo genuflexiones. En otras palabras: no se puede hacer Política desconociendo la realidad. Por ejemplo, no se puede desconocer que México tiene una frontera enorme con Estados Unidos. AMLO jamás se hizo el miope frente a esa obviedad y, por eso, tuvo que hacer política exterior teniendo en cuenta esa dificultad. Seguramente, en algunos asuntos tuvo que ceder, pero jamás cedió la soberanía. Y, gracias a eso, logró ser aún más autónomo en su política exterior para con América Latina (véanse ejemplos como los de el rescate a Evo, el desconocimiento de Dina Boluarte como presidenta del Perú o el asilo a los perseguidos políticos de Ecuador).

En séptimo lugar, le dio máxima prioridad a crear un ‘movimiento’ capaz de generar tensiones creativas (como diría Álvaro García Linera). Actualmente, Morena (Movimiento de Regeneración Nacional) está en la centralidad de la Política en México. Tiene a una militancia altamente formada, organizada y muy activa. Esto es crucial para una cita electoral, pero fundamentalmente para hacer Política en el territorio, en el mundo académico, en las redes, etc.

Por estas y otras razones, el tan cacareado ‘avance de la derecha global’ no tiene cabida en México. A pesar del enorme Poder Mediático opositor; a pesar del Poder Judicial jugando en contra; a pesar del Poder Económico apostando por otro modelo; a pesar de estos típicos argumentos que en otras latitudes se utilizan para explicar la llegada de lo inevitable, en el país azteca esto no sucede.

Disculpen el spoiler: las alternativas conservadoras y neoliberales (se llame Xóchitl Gálvez o Álvarez Máynez) no lograrán vencer a la candidata de Morena en las elecciones presidenciales del 2 de junio. Claudia Sheinbaum será la próxima presidenta de México por todo lo descrito anteriormente; y también porque es una mujer altamente formada y capacitada, técnica y políticamente, con mucha trayectoria y experiencia verificada (gobernó la Ciudad de México) y con lealtad de sobra demostrada, tanto a AMLO como al marco ideológico del espacio político al que pertenece.

Alfredo Serrano Mancilla es doctor en Economía y director del Celag.

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Ganadores y perdedores

¿Ser un buen candidato es garantía de ser un buen presidente? No. Definitivamente, no

Alfredo Serrano Mancilla

/ 23 de abril de 2024 / 06:45

¿Tendría sentido tener que superar un examen de física cuántica para ser periodista deportivo? ¿O un test para conducir camiones si vas a ser bibliotecario? Esta relación sinsentido, en la que lo uno está desconectado totalmente de lo otro, predomina cada día más en la política; más específicamente, entre dos universos que, aunque están interconectados, no parecen tener nada en común.

¿Ser un buen candidato es garantía de ser un buen presidente? No. Definitivamente, no.

Lea: Cuando un champiñón es un bien de lujo

Son muchos los ejemplos que podemos encontrar en América Latina que demuestran que el conjunto de exigencias para ganar una cita electoral no está en concordancia con los requisitos para poder gobernar virtuosamente.

En los meses de campaña, un candidato hace y dice cualquier cosa. No se le exige ni rigor ni responsabilidad. Además, se premia lo “anormal”; cuanto más raro y excéntrico, casi mejor.

Véase, por ejemplo, a Milei en Argentina: podía gritar, insultar, mostrar una motosierra, decir que estaba a favor de la venta de órganos o de eliminar el Banco Central. Y no le restó nada para ganar. Es más, seguramente, le sumó unos puntos “mostrarse” como “el diferente” a los políticos tradicionales. Sin embargo, todo ese plus, a la hora de gobernar “resta”, porque lo que en campaña podría ser tildado como algo simpático, ahora puede ser considerado como una ineptitud (como ha sido el esperpéntico episodio hablando de la caída de la inflación a través de los datos de un bot falso).

Por otro lado, también está el plano comunicacional. En campaña, cuando se trata de candidatos opositores, la esencia de su puesta en escena está en criticar, en expresar que todo está mal, en objetar todo. Con esta estrategia opositora, muchas veces basta para sintonizar con una mayoría hastiada. De hecho, apenas dedican tiempo a mostrar y explicar propuestas elaboradas y sólidas. Las soluciones casi siempre se formulan con un exceso de simplicidad (inexistentes en la realidad).

En definitiva, el test de idoneidad para ser un buen candidato, en muchas ocasiones, nada tiene que ver con el test para ser un buen gobernante. En consecuencia, este tránsito de pasar de una condición a la otra está plagado de tropiezos y errores.

Las cualidades exigidas para lo uno no sirven para lo otro.

¿Por qué? En gran medida, esta falta de concordancia se explica porque las reglas para ser el más votado están desacopladas de las reglas de funcionamiento del Poder Ejecutivo. Pareciera que estemos asistiendo a un dilema democrático de época, en el que la política tiene de dos caras que no necesariamente están sincronizadas. Lo que se hace en la campaña electoral no sirve para gobernar, y viceversa.

Véase otro ejemplo: Noboa en Ecuador. Muy capaz para hacer un spot publicitario en campaña e incapaz para dimensionar la importancia que tiene el respeto al Derecho Internacional. Tal vez creyó que invadir una embajada extranjera era lo mismo que preparar un video para TikTok.

Nos encontramos, así, con presidentes sin preparación para ejercer su cargo. Sin saber cómo gobernar, pero creyendo que sí están dotados para ello porque ganaron unas elecciones. Y no. No es así. No están capacitados, porque tienen facultades para hacer una buena campaña, pero no para gestionar un país en el día a día.

Por esta razón es común ver cómo muchos presidentes comienzan su periplo con una imagen positiva muy elevada en los primeros meses, gracias al viento a favor que venía de los tiempos de campaña, pero, a medida que les toca gobernar, se desploman rápidamente. Este es un patrón cada vez más constante en América Latina y en el mundo (con excepciones, como la de AMLO).

En conclusión: puede ganar una elección el que vaya a ser un muy mal Presidente.

(*) Alfredo Serrano Mancilla es doctor en Economía y director del Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (Celag)

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Cuando un champiñón es un bien de lujo

Estos precios ‘libres pero imposibles’ ya afectan a todos los bienes y servicios, sin excepciones

Alfredo Serrano Mancilla

/ 9 de abril de 2024 / 07:00

Argentina está en disputa. Lo está su modelo económico. Y también sus sentidos comunes. Lo están sus próceres y la Historia; su moneda y el territorio; sus instituciones y los Derechos Humanos. Absolutamente todo. No hay casi nada que escape a esta disputa de época.

Se está librando una batalla cultural tan grande que no me extrañaría que, más pronto que tarde, acabemos discutiendo sobre cuántos son los rayos flamígeros del sol color oro que está en el centro de la bandera celeste y blanca.

El gobierno de Milei, a diferencia del de Macri, decidió desde el primer momento pisar el acelerador para ganar esta batalla cultural con el objetivo de imponer un conjunto de ideas, creencias, valores y sentidos comunes. Son conscientes de que esa es la condición necesaria para construir hegemonía política, mucho más allá de una victoria electoral.

Lea también: El bloque hegemónico en México

Sus principales portavoces, desde el presidente hasta su hermana, creen profundamente en lo que lo pregonan. Defienden sus dogmas, tanto como los miembros de una secta confían en su líder. Están convencidos del camino y del destino. Y parece que nada ni nadie los apartará de ello. Ni siquiera la realidad.

Esta obsesión por ganar la batalla cultural, además, tiene otro objetivo: lograr que una buena parte del país aplauda un truco de ilusionismo que consiste en hacer creer que el nuevo orden económico será exitoso cuando realmente es insostenible.

Dicho de otro modo: Milei necesita aumentar el umbral de tolerancia social a una cotidianeidad económica catastrófica, a sabiendas de que las cuentas macroeconómicas no le cierran ni lo harán en el mediano plazo.

Necesita paciencia en la era de la inmediatez. Necesita comprensión y confianza frente a un escenario altamente complejo caracterizado por la siguiente dupla: malestar microeconómico con desequilibrio macroeconómico.

Y es que se olvidó de algo: que todo está relacionado con todo. Creyó que la economía es la sumatoria de parcelas no relacionadas entre sí. Critica a la Economía Neoclásica, pero abusa de su marco teórico asumiendo que se puede corregir la inflación únicamente cortando el grifo monetario. Y no. No lo logra. Porque la inflación en Argentina depende de los dólares disponibles. Y éstos no aparecen por ninguna parte.

Además, se autoengaña con su propio juego de magia, no contabilizando en las reservas netas todo aquello que tiene como deuda en materia de importaciones. Lo mismo hace con el déficit fiscal. Festeja un superávit sin considerar los pagos pendientes. Y, lo peor, es que no tiene mucho más margen para ajustar. Sumado a que la recaudación viene en caída libre porque la actividad económica está paralizada, los salarios y jubilaciones están por los suelos, y el desempleo en aumento.

Tampoco tiene garantizada la liquidación del “campo”, porque la inflación también es elevada en dólares, más del 60% en los tres primeros meses. Los agroexportadores más grandes exigen devaluación para garantizar su (siempre) pretendida altísima tasa de ganancia. Y Milei sabe que, si cede ante tal presión y devalúa, la espiral inflacionaria no cesará jamás.

Además, no podemos olvidar que hay otra disputa en esta “Argentina en Disputa”: el “campo” vs. las finanzas. Porque el Modelo Milei es el Modelo Caputo, el que premia la financiarización de la economía y, por supuesto, da la espalda a todo lo que tenga que ver con industrialización.

En definitiva, el Gobierno necesita ganar la batalla cultural para ganar tiempo y, así, lograr llegar a fines de 2025 con una economía en crecimiento, aunque sea para alcanzar el mismo nivel de riqueza económica que tenía cuando asumió, pero pretende hacerlo con un centro de gravedad diferente, el de la “timba” financiera. Y algo parecido sucede con los precios: lograr estabilidad algún día lejano, pero con precios estables elevadísimos e inalcanzables para el 99% de la población argentina.

Estos precios “libres pero imposibles” ya afectan a todos los bienes y servicios, sin excepciones. Desde una cobertura privada de salud, que tuvo una inflación promedio de 153% en estos cuatro últimos meses. A una bandeja de ocho champiñones —comprados en un barrio cualquiera de un pueblito cualquiera de la Provincia de Buenos Aires— que me ha llegado a costar 3.500 pesos ($us 3,5).

Cuando en un país este tipo de alimento tiene un precio de bien de lujo, entonces, nos encontramos ante un dilema con solo dos caminos posibles: o se normaliza y naturaliza que hasta lo “básico” deja de ser “básico” gracias a que Milei ganó la batalla cultural o, por el contrario, gana la batalla cultural aquel sentido común que rechaza enérgicamente este atropello a la libertad real, es decir, a aquella libertad que permite que cualquier persona cubra sus necesidades básicas y, de ser posible, un poco más.

A la solución pronto la conoceremos. Lo que es seguro es que la respuesta se encontrará en la Política (y no me refiero exclusivamente a la clase política).

(*) Alfredo Serrano Mancilla es doctor en Economía y director del Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (Celag)

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El bloque hegemónico en México

/ 18 de febrero de 2024 / 01:17

Lo que está sucediendo políticamente en México contradice las voces que pregonan que el tiempo de la izquierda en América Latina ha terminado.

Después de casi 2.000 días de gobierno, el presidente AMLO goza de un gran apoyo ciudadano. Su imagen positiva, según el promedio de todas las encuestas publicadas, oscila entre 58% y 65%. Y todo apunta a que su movimiento, Morena, será el gran vencedor en las elecciones presidenciales del próximo 2 de junio. La ventaja de Claudia Sheinbaum sobre su principal competidora, Xóchitl Gálvez, se sitúa alrededor de los 25 puntos.

Además, actualmente, Morena gobierna en el 20% de los municipios (514 de 2.470); en el 66% de los estados (21 de 32, incluyendo Ciudad de México); tiene mayoría en Diputados y Senadores; y es más que probable que mejore estos números en la próxima cita electoral.

Es innegable que en México se ha conformado un nuevo bloque hegemónico. ¿Cómo se ha logrado? Se podrían destacar los siguientes rasgos constituyentes:

1) Lo principal es que se mejoró la vida cotidiana de la gente al mismo tiempo que se cuidó el balance macroeconómico.

2) Se partió de un proyecto político con perspectiva histórica (la Cuarta Transformación, 4T) y con horizonte de futuro; cargado de símbolos y valores; reivindicando el orgullo de ser mexicano; y con el humanismo como eje central.

3) Con una praxis política audaz ante cada adversidad; con un pragmatismo relativo sin retroceder en las convicciones; con alianzas tácticas sin desorientarse estratégicamente.

4) Confrontando con los poderes fácticos sin rodeos: con el poder mediático, con las transnacionales presentes en sectores estratégicos, con la vieja clase política neoliberal, con la monarquía española, con el Departamento de Estado estadounidense, etc.

5) Se llevó a cabo una política de comunicación directa, sincera, sin moderación, instalando “agenda” a diario (a través de las Mañaneras), muy alejada de lo que dicen los manuales mainstream del marketing político.

6) Una política exterior soberana, muy activa y protagónica, mirando al Sur (véase por ejemplo su posición en Perú a favor de Pedro Castillo, su rol en el rescate de Evo en Bolivia, su relación con Cuba, su defensa de la no injerencia en Venezuela, su apoyo a Petro en Colombia) y sin descuidar su relación inevitable con su vecino del Norte.

7) El liderazgo de AMLO no ha supuesto un freno para el crecimiento de Morena. Todo lo contrario. Se ha conseguido generar sinergia. Hoy en día, este es el espacio político con más valoración positiva en toda América Latina (con valores cercanos al 40%).

8) Y, por último, el debate político prevalece en cada disputa electoral. El mejor ejemplo de esta visión es lo ocurrido hace pocos días: en el marco del 107 aniversario de la Constitución y en pleno periodo electoral, AMLO planteó la necesidad de una reforma constitucional para recuperar el espíritu de la de 1917, reparando todos los cambios hechos en los años neoliberales. Su planteamiento es que la gente no debe votar por nombres y apellidos. Hay que hacerlo por ideas y propuestas, y por ello, ha formulado la necesidad de: a) no permitir que el aumento al salario mínimo sea menor al de la inflación; b) reconocer a los pueblos indígenas como sujetos de derecho público, atendiéndolos de manera preferente; c) reafirmar el derecho a la pensión de adultos mayores a partir de los 65 años y aumentar el monto anualmente; d) prohibir en el territorio nacional la extracción de hidrocarburos mediante el fracking; e) elección directa para las autoridades del Poder Judicial; f ) convertir en política de Estado la austeridad republicana (luchando contra la corrupción, eliminando privilegios tributarios de unos pocos, prescindiendo de gastos públicos onerosos, injustos e ineficientes); g) otorgar becas a estudiantes de familias pobres de todos los niveles; y h) garantizar atención médica y gratuita a todos los mexicanos, solo por mencionar algunas.

Así, con estas y otras fortalezas, este espacio ideológico se ha consolidado como centro de gravedad de la política mexicana.

Y, a partir de ahora, su principal reto no será ganar las elecciones, porque las ganará con cierta comodidad. Su verdadero desafío, hacia delante, estará en sostener la hegemonía sin que se resquebraje la unidad, porque cuando se logra ser hegemónico el riesgo consiguiente es que afloren las disputas internas. Ojalá que no.

Alfredo Serrano Mancilla es doctor en Economía y director ejecutivo de Celag Data.

 

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La Biblioteca de Milei

El Fin de la Fidelidad (para siempre) a un partido político permitió, entre otras razones, que Milei llegara a la Presidencia

Alfredo Serrano Mancilla

/ 13 de diciembre de 2023 / 07:18

Tengo una muy mala noticia para Milei: el arte de Gobernar es infinitamente más difícil que el arte de Panelear (es decir: comentar absolutamente todo en televisión, radio y redes sociales).

La tan anunciada Nueva-Vieja Era en Argentina ya está aquí. Y a partir de ahora el presidente, además de hablar, tendrá que actuar y tomar decisiones. Se le acaba un ciclo exitoso, en el que le bastaba con acudir a entrevistas y decir “cualquier cosa”. A partir de este momento, no le valdrá únicamente con Saber-Comunicar. A esta experticia tendrá que sumarle otra: Saber-Hacer.

Dicho de otro modo: Gobernar requiere del Poder Ejecutivo y no solo del Poder Comunicativo. Lo que implica, a su vez, transitar de las generalidades a los detalles. Esto es: traducir al terreno de lo concreto su mantra del “ajuste+shock+motosierra porque no hay alternativa”.

Es la hora de la letra pequeña.

Lea también: ¿Qué pasó y qué pasará en Argentina?

Milei deberá precisar y especificar cómo se aplica cada idea, con qué instrumento legal, con cuánto apoyo parlamentario cuenta, cuál es su sustento social, a quién afecta, en qué magnitud, en qué tiempo.

Para afrontar este desafío propio de la praxis política que se le avecina, Milei, que presume de ser muy buen lector, seguramente buscará en libros y textos las respuestas más certeras.

¿Cómo será la Biblioteca que tiene el presidente en la Quinta de Olivos? ¿Cuántas corrientes de pensamiento estarán presentes? La imagino con cuatro estanterías, con estos títulos: una, Anarco-Liberalismo Experimental; dos, Macrismo Conservador; tres, Retro Menemismo; y cuatro, Negacionismo a lo Villarruel.

Como sucede en toda librería, también hay una sección llamada Cajón de Sastre (aunque también podría ser denominada como Cajón Desastre), con un poco de todo: FMI, Doctrina Monroe, Jabad-Lubavitch, Darwinismo, Fascismo, Cinología, Banca y Especulación, Anarquismo y, por supuesto, Autoayuda.

Una amalgama muy variopinta que genera zozobra e incertidumbre. Más de la que había.

Porque, además, ninguna Biblioteca en la vida real de un presidente logra mantener tanto orden como el que pueden tener las estanterías. Habrá disputa entre las diferentes doctrinas y habrá conflicto de intereses entre los diferentes actores.

Hay demasiadas “manos invisibles” y poderosas que, en definitiva, fungirán como los verdaderos hacedores de lo que Milei llama “el orden espontáneo libertario”, que consiste sencillamente en el mismo orden que pregona el neoliberalismo desde hace medio siglo.

Este podría ser el futuro de Argentina salvo que sobrevenga un hecho social no tan improbable: que un gran porcentaje de aquellos que le respaldaron electoralmente comiencen a oponerse políticamente.

Este fenómeno, que puede parecer utópico en los primeros días, con el paso del tiempo ocurre más regularmente de lo que nos imaginamos. Sobre todo cuando el presidente confunde el voto de la segunda vuelta con su base real; y cuando no sabe diferenciar entre el volumen de ciudadanos que le eligieron ante un escenario condicionado en el que hay mucho voto anti (55%) y quienes verdaderamente confiaron en él, tanto en las PASO como en primera vuelta (30%).

Es más: este casi tercio es muy heterogéneo y, además, altamente volátil. Que va y viene. Que hoy elige una canción y mañana otra. Un sujeto cada vez más característico de las Democracias Spotify que emergen a nivel global.

El Fin de la Fidelidad (para siempre) a un partido político permitió, entre otras razones, que Milei llegara a la Presidencia. Pero, paradójicamente, este mismo rasgo de época también podría ser la causa de una pérdida acelerada de sustento si no resuelve los problemas cotidianos de la gente a la mayor brevedad posible. Porque las necesidades jamás tienen paciencia.

Si Milei cree que puede seguir en campaña electoral como si nada, y que todo se resuelve comunicando, con diagnósticos falsos y propuestas genéricas, el “mileísmo” no ganará la batalla política. Ni tampoco la cultural. Porque para que triunfen las ideas no se pueden descuidar los hechos y sus consecuencias.

(*) Alfredo Serrano Mancilla es doctor en Economía y director del Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (Celag)

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