Voces

viernes 3 dic 2021 | Actualizado a 08:43

Madre Tierra + desarrollo = ¿vivir bien?

En Bolivia empecé a escuchar sobre el ‘suma qamaña’ de labios de Simón Yampara

/ 30 de marzo de 2014 / 04:06

Éste es el tercer eje y tarea fundamental pendiente que mencioné en mi columna de La Razón del 2 de febrero y que aquí quiero explicar más. El lema del título es el eslogan que ahora se utiliza en el Sernap (Servicio Nacional de Parques). La  interrogante final es mía. Para responder sí o no, hay que distinguir ante todo el enfoque y alcances del término “desarrollo”. Si es el clásico desarrollo solo económico para lucrar más y rápidamente, a como dé lugar, el resultado será simplemente ¡pobre, Madre Tierra!

Es lo que ha estado pasando desde hace décadas o siglos con el deterioro ambiental que ya estamos viendo. El calentamiento global, mucho más rápido que lo inicialmente pensado; el aumento del CO2 y el creciente agujero de la capa de ozono tienen en ello su causa principal. No es necesariamente la única, pues pueden incidir también los grandes ciclos climáticos naturales. Pero el factor humano es, según la inmensa mayoría de los expertos, el que marca ahora el ritmo acelerado de los cambios actuales.

En Bolivia suele pensarse que este asunto no nos toca tanto a nosotros sino al Primer y Segundo Mundo, que son los más “desarrollados”. Pero, si lo miramos en función de cuánta es la “contaminación” por habitante, resultamos ser uno de los países más contaminantes “per cápita” del mundo, por ejemplo, por las quemas de bosques.

Si el “desarrollo” se centra más en la dimensión “humana” y “social”, como su meta, es más probable que nos acerquemos efectivamente al “vivir bien”. Pero aún ahí debemos añadir nuevos matices. Desarrollo humano, ¿para quiénes y cuántos? ¿Como sobras con las que se reparten “bonos” a los más pobres? ¿O como un genuino desarrollo en que el todos somos actores y beneficiarios? Esos bonos son buenos y oportunos, pero no bastan.

Un reciente artículo de Eduardo Gudynas en el suplemento Ideas de Página Siete (9 de febrero de 2014) es contundente sobre el giro que está dando la izquierda en los siete países en que ya ha llegado al poder sustituyendo a la derecha neoliberal: Argentina, Uruguay, Bolivia, Ecuador, Brasil, Venezuela y Nicaragua. No menciona a Ollanta Humala en Perú, que no más llegar al poder hizo sistemáticamente lo contrario a lo que antes prometía, ni a Michelle Bachelet, en Chile, que por entonces aún no se había posesionado. La palabra clave que se contrapone a los programas iniciales de esos izquierdistas es “progresismo”.

Yo no puedo menos que recordar que, históricamente, en Bolivia empecé a escuchar sobre suma qamaña de labios de Simón Yampara, cuando vino un alemán del Instituto de Desarrollo Internacional de Postdam (Berlín) para averiguar qué se entendía por “progreso” en diversos países y pueblos indígenas del Tercer Mundo. Yampara fue contundente: “Los aymaras no hablamos de “progreso”, sino de suma qamaña: vivir bien. David Choquehuanca fue después quien más difundió y analizó ese nuevo concepto, dentro y fuera del país y del continente: Es (con)vivir bien todos, entre todos y con la Madre Tierra.

…Y ahora resulta que en todas partes se habla de “progreso”… ¿Qué dirá (o al menos “sentirá” en su corazón) David ahora que Evo y los otros hablan tanto de un “progreso” con el que, en la práctica, unos viven mejor que otros? ¿Serán los ricachos qamiris —que con el contrabando y otros negocios poco transparentes construyen sus grandes edificios en El Alto al lado de casuchas miserables— los genuinos exponentes del suma qamaña?

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La vacuna contra el hambre

/ 3 de diciembre de 2021 / 01:35

El hambre en América Latina y el Caribe está en su punto más alto en 20 años. Y la inseguridad alimentaria afecta a 4 de cada 10 personas. Esas son solo dos de las señales de alerta que entrega un nuevo informe de cinco agencias de las Naciones Unidas. El Panorama regional de seguridad alimentaria y nutricional muestra una situación muy grave: 60 millones padecen hambre, 267 millones de personas padecen inseguridad alimentaria moderada o grave y 106 millones viven con obesidad.

Sin duda, la pandemia de COVID-19 es en parte responsable del deterioro de la seguridad alimentaria en los países: en 2020, el número de personas que padecen hambre en la región aumentó en 30%, un salto nunca visto.

Además, debido al aumento de la pobreza, la caída en los ingresos, la inflación y el alza en los precios de los alimentos, millones de familias están teniendo que optar por dietas más pobres y comida menos nutritiva, lo que está repercutiendo gravemente en su seguridad alimentaria y en su calidad de vida.

Pero si bien es indudable que la pandemia ha tenido un efecto, el hambre en la región viene creciendo desde hace años: el número de personas con hambre aumentó en 79% desde 2014, un incremento de 26,5 millones de personas.

América Latina y el Caribe continúa siendo la región del mundo donde sale más caro comer sano: con eso, no debe sorprendernos que 1 de cada 4 adultos viva con obesidad, y que el sobrepeso infantil lleve dos décadas al alza.

¿Cómo salir de esta dinámica? Sin duda, una parte fundamental de la solución es incluir la seguridad alimentaria como un objetivo importante de las estrategias y políticas con que los países buscarán la recuperación de la crisis social y económica generada por la pandemia.

La lucha por la seguridad alimentaria requiere más empleos y mayores ingresos laborales, especialmente para los sectores más vulnerables. Como la recuperación de la pandemia será desigual entre países y grupos sociales, debemos mantener y fortalecer los programas de seguridad y asistencia social creados durante la pandemia, con un fuerte foco en las familias más pobres y en todos aquellos trabajadores informales que durante largos meses perdieron sus fuentes de ingreso, hasta que dichos hogares recuperen sus niveles de ingresos anteriores a la crisis sanitaria.

La recuperación va a requerir inversión pública y privada dirigida a resolver las debilidades estructurales que fueron desnudadas por la pandemia, ya que esta no será la última vez que debamos enfrentar desafíos similares: los mercados mayoristas deben ser resilientes a este tipo de impactos, y la agricultura familiar, las personas que trabajan de forma asalariada en la agricultura y en la agroindustria deben contar con seguridad social. Necesitamos fortalecer los mercados locales, tanto en el campo como en los barrios de las ciudades, para poder asegurar canales de distribución de alimentos sanos y de alta calidad nutricional, incluso en tiempos de gran crisis y estrés social.

Si no desarrollamos sistemas agroalimentarios más eficientes, resilientes e inclusivos, no podremos enfrentar desafíos como el incremento que estamos observando en los precios internacionales de los alimentos, y la subida en el costo de insumos agrícolas y fertilizantes. Estos son factores globales que escapan del control de los gobiernos nacionales: afrontarlos requiere invertir y aumentar la eficiencia de nuestros sistemas alimentarios, para poder traspasar esas eficiencias a productores y consumidores.

Hemos visto cómo los gobiernos se han movilizado para actuar contra la pandemia. Necesitamos de forma urgente una vacuna contra el hambre y la malnutrición.

Esa vacuna es la transformación de los sistemas agroalimentarios para volverlos más eficientes, resilientes, inclusivos y sostenibles, asegurando una mejor producción, una mejor nutrición y un mejor medio ambiente, para una vida mejor.

Julio Berdegué es representante regional de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).

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Públicos internos

/ 3 de diciembre de 2021 / 01:24

Toda movilización política es, de manera primigenia, una puesta en escena. Y ésta es un hecho principalmente comunicacional. Con esto, se hace referencia al fuerte componente simbólico que contienen las movilizaciones políticas y que determinan de gran manera cuáles son los mensajes que se busca posicionar. Muchas veces estos pueden ser simples y directos, como es el caso de una puntual demanda social. Otras veces suelen revertir mayor complejidad debido a que no buscan la concreción de un hecho específico, sino, por el contrario, existen para intervenir y modular los imaginarios sociales y políticos colectivos que existen en una determinada sociedad y son ciertamente dinámicos; en consecuencia, potencialmente cambiantes. Debido a que estamos un tanto acostumbrados a que estos últimos tengan lugar exclusivamente en periodos electorales, puede resultar difícil comprender por qué razón una autoridad electa se ve obligada a movilizarse. No obstante, si se mira de cerca la dinámica de las recientes movilizaciones (oficialistas y opositoras), se está en condiciones de aseverar que esta característica se vuelve cada vez menos excepcional y ello, como en momentos anteriores, está íntimamente ligado a los tipos de disputas políticas que se plantean hoy en nuestro espacio público.

De manera general, cuando se delinean estrategias comunicacionales, una de las primeras preguntas que se debe resolver tiene que ver con a quiénes se busca llegar, esto es: los públicos, ya sean internos y externos. La mayoría de las veces una estrategia comunicacional privilegia a los externos debido a que quienes deben ser convencidos de una determinada idea se encuentran por fuera de la estructura que envía el mensaje. En este nivel, se puede decir que la Marcha por la Patria ha buscado posicionarse como un referente de democracia, esto debido a que actualmente uno de los clivajes discursivos predominantes en la escena nacional es el de dictadura/democracia. Así, resulta lógico pensar en la necesidad de las partes en disputa de apropiarse de esta categoría, sobre todo en un país que recientemente ha atravesado momentos políticos asociados al riesgo de quiebre de la misma.

Como se decía, si bien es cierto que el énfasis suele estar puesto en los públicos externos, es perfectamente posible que existan puestas en escena cuyo objetivo mayor sea llevar el mensaje a internos y este puede ser el caso de esta movilización. ¿Cuál mensaje? El de su composición diversa (urbano/rural, por ello la ruta), que apunta a la idea de posesión de la representación del bloque popular, buscando asemejarlo al liderazgo de éste. No obstante, a diferencia de lo que se puede pensar, lo que se trató de comunicar superó el énfasis de imágenes personales a las que más bien buscó asimilar a la colectividad (de ahí el mecanismo de movilización elegido, que evoca horizontalidad). Y este mensaje, a diferencia de lo que se puede suponer, no tiene como único objetivo la cohesión, sino también la delimitación del bloque, por lo que se busca dar a entender que lo que se encuentre por fuera es distinto. Este mensaje iría más puntualmente a algunos grupos que se identifican con este segmento, pero que últimamente, en apego a sus intereses, participaron en movilizaciones que han problematizado fuertemente la gestión de gobierno.

Así, mientras de forma dominante se batallaba por posicionar evaluaciones en torno a su forma: si la constituyeron funcionarios/as, perjudicó las carreteras o la ciudad, se la recibe con banderas blancas o indiferencia, o, finalmente, si en cada píxel de foto caben 50 o mil paisanos, pocas claves sobre las dinámicas que se desplegaron dentro de la movilización se pusieron sobre la mesa. Las (no) noticias pasan, los mensajes, ¿quedan?

Verónica Rocha Fuentes es comunicadora. Twitter: @verokamchatka.

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Carne mortal y piedra atemporal

/ 3 de diciembre de 2021 / 01:17

Carne y Piedra es un libro clásico de Richard Sennett donde se estudian las relaciones entre las sociedades (más precisamente las experiencias corporales) y las ciudades. Para nosotros, seres urbanos de la montaña, montaraces irredentos, esa correlación entre el cuerpo humano y nuestro entorno construido es muy particular, diría bastante particular. En la ciudad de La Paz, tanto el humilde vecino como los accionistas aburguesados de una empresa suponen que son más vitales y potentes que la memoria de la ciudad, y todos magnificamos nuestros hábitos y realizaciones. Para ello, existen dos campos estelares: los acontecimientos políticos y los eventos festivos. En esos actos sociales practicamos a placer expresiones grandilocuentes, con cuerpos exultantes que se abstraen de la realidad (olvidando una historia plena de vergüenzas), practicando un histrionismo colectivo que pretende ocultar nuestra centenaria incapacidad, y exteriorizando nuestras enormes ganas de ser escuchados. Aquí, en la sede de gobierno de un país politizado hasta el tuétano, la carne y la piedra se entrelazan formando imaginarios urbanos, paradójicos y lastimeros, como también construcciones simbólicas que son las más atrabiliarias e iracundas de la región.

Si existe un sitio emblemático de esta ciudad para tales prácticas es la plaza San Francisco. Nuestro ombligo urbano, nuestro gran teatro citadino que perpetuamente convoca fantasías, deseos y cualquier práctica social que nace de la inventiva de un pueblo que sabe administrar sus carencias. Pero, ¿por qué San Francisco? Es una plaza de dimensiones discretas rodeada de construcciones mediocres a excepción del conjunto conventual más importante de todo nuestro patrimonio arquitectónico. Respuesta: a pesar de su escala provincial, esa plaza nació con un aura muy particular. En la colonia, San Francisco fue el punto de reunión de la ciudad de indios con la ciudad de los españoles y criollos, hilvanando un lazo imaginario entre los de arriba y los de abajo, entre las castas privilegiadas y los indios, entre el poder y la ciudadanía; es decir, es una bisagra social con un aura única. Antiguamente se edificó ese sentido de correspondencia social con puentes peatonales (uno con piedras de Tiwanaku), y después canalizando en ese sector el río Choqueyapu. Todo con piedra y argamasa. Y esas piedras “vieron” pasar los ataúdes de todos: de los corregidores, de los talladores de la portada del templo, de los aristócratas de antaño, de los dictadores militares y “verán” pasar los de todos nosotros porque la memoria urbana pervive en materia atemporal y nuestra carne deambula por meandros inimaginables y efímeros.

Carlos Villagómez es arquitecto.

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Titanes de la tecnología, aburridos

/ 2 de diciembre de 2021 / 01:12

En 2015, cuando Jack Dorsey se reincorporó a Twitter como su director ejecutivo interino, alabó la aplicación con un fervor casi religioso, llamándola “lo más parecido a una conciencia global”. Sin embargo, el lunes, Dorsey abandonó el púlpito. Dimitió, diciendo en un correo electrónico a los empleados de Twitter que creía que la empresa debía “valerse por sí misma, libre de la influencia o dirección de su fundador”.

En cierto modo, la salida de Dorsey está lejos de ser sorprendente. Se ha enfrentado durante más de un año a la presión del inversor activista Elliot Management para impulsar el crecimiento de Twitter y mejorar sus resultados financieros. También ha estado dirigiendo Square, la empresa de servicios financieros de rápido crecimiento que cofundó, y siempre pareció que en algún momento decidiría que un puesto de director ejecutivo era suficiente.

No obstante, a Dorsey y a algunos de sus compañeros magnates de la tecnología les pasa algo más. Parece que están aburridos e inquietos con sus trabajos y están saliendo en busca de aventuras.

El afán viajero de Jeff Bezos lo llevó a abandonar Amazon este año y a cumplir su fantasía de la infancia de ir al espacio. Los fundadores de Google, Larry Page y Sergey Brin, dejaron su puesto en 2019 y desde entonces invierten en proyectos futuristas como aeronaves y taxis voladores. Mark Zuckerberg sigue dirigiendo Facebook, pero ahora se llama Meta, y el gran eje del metaverso de la compañía parece estar diseñado en parte para infundir algo de novedad y emoción de nuevo en una cultura de gran empresa estancada.

Como escribió Peter Kafka de Recode a principios de este año, la gran oleada de salidas de ejecutivos de tecnología de este año refleja en parte el hecho de que los mayores gigantes de Silicon Valley son tan grandes y rentables que ya no necesitan fundadores visionarios al mando, sino solo gestores competentes que puedan mantener las máquinas de imprimir dinero en funcionamiento y evitar cualquier error catastrófico.

Pero también es un indicio de lo poco que parecen divertirse los titanes de la tecnología. Los fundadores de los principales gigantes tecnológicos de hoy se están cansando de gestionar sus imperios, cada vez más agobiados por la controversia política y los problemas difíciles de solucionar, como la desinformación y el discurso de odio. No ven una salida fácil y les entusiasma más construir cosas nuevas que arreglar las antiguas. Así que están entregando esos imperios a otros y partiendo en busca de nuevas fronteras.

Parece obvio cuál será la próxima frontera de Dorsey. Está obsesionado con el bitcóin (es lo único que aparece en su biografía de Twitter) y habla de la criptomoneda y la web descentralizada con el tipo de celo que alguna vez utilizó para describir Twitter.

Dorsey, cuya oracular barba y extravagantes rutinas de bienestar lo han transformado en una especie de figura de culto en Silicon Valley, se ha convertido en un criptoinfluente en los últimos meses. Los fanes del bitcóin aplaudieron su renuncia el lunes, asumiendo que pasaría su nuevo tiempo libre defendiendo su causa.

Actualmente, dirigir una empresa gigante de redes sociales es, por lo que parece, una tarea bastante miserable. Claro, eres rico y famoso, pero te pasas el día gestionando una burocracia hinchada y siendo culpado del deterioro de la sociedad. En lugar de innovar, te sientas en aburridas reuniones y vuelas a Washington para que los políticos te griten. Los chicos geniales ya no quieren trabajar para ti —están ocupados intercambiando los TNF (tokens no fungibles) y construyendo aplicaciones DeFi en web3— y los reguladores te respiran en la nuca.

En muchos sentidos, el panorama actual de las criptomonedas ha heredado el espíritu suelto y libre de las primeras empresas de redes sociales. Las empresas emergentes de criptomonedas están recaudando toneladas de dinero, atrayendo enormes cantidades de publicidad y partiendo en misiones que suenan utópicas para cambiar el mundo. El universo de las criptomonedas está lleno de genios extraños con pedigríes inusuales y un gran apetito de riesgo, y web3 —una visión de una internet descentralizada construida en torno a las cadenas de bloques— contiene muchos de los tipos de problemas técnicos complejos que los ingenieros adoran resolver. Estos factores, más las enormes sumas de dinero que fluyen hacia las criptomonedas, las han convertido en un tentador lugar de aterrizaje para los empleados tecnológicos agotados que buscan recuperar su optimismo juvenil, y quizás también para los directores ejecutivos.

Una interpretación cínica de lo que está sucediendo con Dorsey y sus compañeros es que simplemente están tratando de evadir la responsabilidad: lanzándose al espacio y haciendo tonterías en cripto mientras otras personas limpian los desórdenes que hicieron en sus antiguos trabajos.

Sin embargo, hay que saber cuándo pasar la antorcha. Y después de ver lo que es acabar en el centro del poder, es difícil culpar a Dorsey por querer descentralizar el internet, empezando por él mismo.

Kevin Roose es columnista de The New York Times.

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Misiones electorales frente a cartas de la exvocal

/ 2 de diciembre de 2021 / 01:08

Por el escenario previo y los acontecimientos de 2019, las elecciones del 18 de octubre de 2020 fueron las elecciones técnicamente más observadas de nuestra historia. Varias misiones internacionales de observación electoral arribaron al país desde meses antes de los comicios. También hubo importantes misiones nacionales. Algunos de los informes finales sobre el proceso, en sus partes salientes, señalan lo siguiente:

Organización de Estados Americanos (OEA): Bolivia tiene una autoridad electoral independiente y tuvo una contienda más equitativa, lo que dio como resultado una jornada electoral exitosa.

Unión Europea (UE): Las elecciones generales repetidas el 18 de octubre de 2020 fueron creíbles y reflejaron la libre voluntad popular. Las elecciones otorgaron la necesaria legitimidad a un nuevo gobierno y a la Asamblea Legislativa Plurinacional.

Centro Carter: Durante la jornada electoral, bien organizada y libre de incidentes, predominó un clima de civismo que se prolongó durante los conteos de mesas, a las que tuvieron acceso los delegados de los partidos, los observadores y la ciudadanía en general. Este clima de transparencia se mantuvo durante el cómputo oficial de los resultados, en el que cada acta fue tomada en cuenta.

UNIORE: La misión concluye que, si bien hay puntos por trabajar, el OEP logró en un periodo reducido de tiempo, y a pesar del contexto de la pandemia, organizar una elección general en condiciones que garantizaron la certeza y la transparencia, y en las que se fortaleció la confianza ciudadana.

Observa Bolivia (IDEA-AECID): La recomposición del OEP constituyó inicialmente un elemento clave para recuperar la credibilidad institucional. Asimismo, la manera en que el TSE ha venido tomando y comunicando sus decisiones en materia electoral ha sido un indicador de transparencia de la administración electoral.

ONU: Naciones Unidas desplazó equipos de acompañamiento técnico durante todo el proceso y por medio de su máximo representante calificó las elecciones generales celebradas el domingo 18 de octubre como “pacíficas y altamente participativas”.

La exvocal Baptista, que formó parte del Tribunal Supremo Electoral que organizó y administró las elecciones de 2020, ha venido lanzando denuncias como la del supuesto “bloque de dato alterno, técnicamente reservado, que pudiera haber inducido o condicionado el resultado final”, que provocó titulares y comentarios explosivos en las redes, pero de lo cual se retractó casi de inmediato en noviembre de 2020. Lo irónico es que su firma está estampada en actas, resoluciones y credenciales de todas las autoridades que fueron electas.

Últimamente, la exvocal difundió cartas desde fuera del país con afirmaciones genéricas, que nuevamente han provocado comentarios sobre la transparencia de los resultados de las elecciones de 2020. Los informes de las misiones establecen también importantes recomendaciones y quienes hemos acompañado el proceso sabemos que es importante hacer ajustes técnicos y normativos, modernizar los procedimientos, evitar injerencias y hasta plantearnos la posibilidad de una reforma constitucional que aborde temas electorales.

Está claro que tirar bombas y esconder la mano no es el camino correcto. Suficiente con la falta de madurez y responsabilidad que reflejan permanentemente los actores políticos adictos a la polarización. El análisis, la discusión y reformas sobre la temática electoral deben tener otros canales y métodos, puesto que de por medio están las construcciones más valiosas de nuestra democracia en sus 39 años: el voto, la participación y la representación, que deben ser fortalecidas, pero no destruidas.

Daniel Valverde Aparicio es docente de la UAGRM de Santa Cruz.

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