Voces

domingo 17 oct 2021 | Actualizado a 09:27

En nombre de la patria

La historia nos enseña que las barbaries más inverosímiles se han cometido en nombre de la patria.

/ 5 de agosto de 2019 / 23:43

Hay palabras que tienen un recorrido amplio y, en consecuencia, sus acepciones son diversas e incluso contradictorias. Una de estas es la palabra “patria”. De origen latín, en sus inicios este significante hacía referencia a la familia o al clan. Pero como sucede con muchos otros casos, fue evolucionando. Con los años, comenzó a ser asociada con la idea de arraigo, con el vínculo entre las personas y sus ancestros. Por ejemplo, el Tambor Vargas utiliza esta acepción durante el transcurso de la guerra de la independencia: “el lugar que nos vio nacer y morir”. Más adelante fue utilizada para dar paso a un reino, para producir la simbiosis entre el rey y la patria.

Entre otros asuntos, durante la guerra de la independencia, en suelo cochabambino estaba en juego una disputa simbólica en torno a la (re)apropiación del sentido de la patria. Como dice el historiador Gustavo Rodríguez: “El rey, la patria y la religión parecían lenguajes comunes a los dos bandos en pugna, que lo único que disputaban entre 1810 y 1812 era quién los defendía mejor. O el Virrey o el pueblo, resumido en la ciudad capital”.

La concepción de patria adquirió luego diferentes sentidos según la época de enunciación. Por ejemplo, en el contexto de la liberación y al influjo de los procesos de emancipación, se articuló a ideas como república, nación, soberanía, libertad, felicidad, ciudadana. Mientras que en los últimos años, la articulación de la patria con la soberanía estuvo presente recurrentemente en la narrativa gubernamental, asociada en reiteradas oportunidades con la recuperación o nacionalización de los recursos naturales.

Esta alusión a la soberanía descansa en una argumentación histórica, por cuanto hace referencia al saqueo de los recursos naturales que viene desde la Colonia. Se trata de una visión de patria articulada con la soberanía en el contexto de la cruzada descolonizadora. Es decir que en nombre de la patria se edifica un andamiaje discursivo en torno a la construcción simbólica del Estado Plurinacional. De allí que en el discurso gubernamental se percibe una conexión histórica entre la Colonia y los gobiernos neoliberales que, en su afán depredador, asfixiaron y torturaron el cuerpo de la patria. Asimismo, esta nueva concepción de patria se asocia a la construcción de un Estado fuerte que protege a todos los bolivianos, pero particularmente a los más vulnerables: los pobres.

Por otro lado, esta alusión a la patria en el discurso gubernamental se desplazó al nacionalismo a propósito de la reivindicación marítima. Así derivó inexorablemente en un discurso patriotero. Se demostró que cuando esa patria está resquebrajada, el único sendero que queda es reconstruirla en torno la invención de una “comunidad imaginada”, estructurando de esta manera un nuevo sentido de nación. Tal construcción imaginaria se tiene que asentar en un determinado territorio. Quizás aquí estriba este nuevo sentido de patria propagada desde las esferas gubernamentales; una combinación entre un discurso descolonizador y otro nacionalista, la cual sirve principalmente para legitimar una nueva construcción estatal.    

No obstante, la apelación a la patria desde el poder recurrentemente es peligroso. La historia nos enseña que las barbaries más inverosímiles se han cometido en nombre de la patria, desnaturalizando así ese auténtico sentimiento de arraigo de las personas hacia su patria.

* Sociólogo

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La UJC, fascista, racista, antihumana…

/ 17 de octubre de 2021 / 00:34

Después de la interrupción o la crisis profunda del Facebook a nivel mundial de hace unos días, Frances Haugen, una extrabajadora de esta empresa de redes sociales multinacional, testificando ante el Senado estadounidense denunció de las prácticas perversas de la compañía, reclamando que intervenga y que regule la actividad de la multinacional. Además, señaló que Facebook antepone sus beneficios por encima de la seguridad de los usuarios y oculta la nocividad de sus plataformas, fomentando la división social y debilitando la democracia. ¿Nuestras autoridades del sistema judicial se pronunciarán al respecto? Si no fuese así, el Gobierno debería actuar ante tan grave denuncia sobre el accionar de Facebook en nuestro país. Nos interesan los medios de comunicación de estos tiempos, que apuesten a las políticas de convivencia intercultural y que combatan formas de racismo y la exclusión social.

Precisamente, después de ver las diferentes páginas de las redes sociales de la Unión Juvenil Cruceñista (UJC) de Santa Cruz, dije: ¡Cuánta razón tiene la extrabajadora Haugen! En las hojas de la UJC se encuentran formas de racismo explícito e implícito. Lo más peligroso, la UJC glorifica y difunde las ideas de dos genocidas de la humanidad, Francisco Franco de España y Adolf Hitler de Alemania. Hitler hablando de crecimiento económico, cuando sabemos que lo único que sabía este carnicero era aniquilar a la humanidad porque no eran blancos.

Hoy España y Alemania ¿sienten orgullo por estos criminales? Sé que para ambos países, sobre todo para los pueblos, son la peor vergüenza de su historia. Entonces, ¿por qué se permite que unos supuestos jóvenes cívicos se ufanen mellando la dignidad de la humanidad, de Santa Cruz, abrazando las políticas antihumanas de Franco y Hitler? Tenemos una ley contra el racismo y toda forma de discriminación, ¿por qué las autoridades judiciales no aplican esta ley de oficio contra estas formas de expresión y difusión del racismo fascista de la UJC y sus allegados? ¿Miedo, mucho miedo contra el poder despótico de unos cuantos ricachones?

Otro hecho pávido es la propaganda de la UJC para el 12 de octubre de 1492, con frases como “12 de octubre América No fue invadida y saqueada. Fue civilizada y evangelizada” (sic). Estos racistas y fascistas ¿alguna vez leyeron a Simón Bolívar y los líderes liberales de la “independencia de nuestro país”? El comportamiento de algunos liberales de romper con el colonialismo fue digno, aunque no se hayan concretizado esos ideales porque nos quedamos en formas de colonialismo interno. ¿Conocerán el diario del Tambor Vargas? Aquel citadino orureño que decidió abrazar 14 años la guerrilla emancipadora contra España y se indianizó definitivamente.

Oímos vociferar en las movilizaciones del Comité Cívico pro Santa Cruz, sus partidos políticos y sus adherentes, incluido a los indios/ as desclasados y traidores, que defienden la democracia. Pero, paralelamente la UJC publicita no la democracia, sino las dictaduras racistas al estilo de Franco y Hitler. ¿Saben distinguir entre el fascismo extremo de Franco, Hitler y el liberalismo democrático, al menos en términos teóricos? ¿Alguna vez leyeron al cura católico Bartolomé de las Casas, que defendió a los indios? ¿De qué civilización nos hablan? No están retrotrayendo ni a sus abuelos latifundistas de otrora, y alguno de ellos era crítico con el colonialismo. Qué manera de alardear adscribiéndose a personajes más nefastos y criminales de lesa humanidad. ¿De qué evangelización nos hablan? ¿La evangelización de la extirpación de las idolatrías? Les interesa tener indios evangelizados que dejaron der ser espiritualmente pueblos ancestrales o simples imitadores de la fe dominante y esclavos de los dioses occidentales.

No se puede permitir en nuestro país que a nombre de la democracia se quiera implantar el verdadero régimen fascista y racista. A España y Alemania, mediante sus representaciones diplomáticas, les correspondería pronunciarse ante tan grave uso de personajes que mellaron la dignidad de la humanidad.

Urge que el Estado y la sociedad intervengamos, no puede haber grupos políticos irregulares que a nombre del civismo hagan luchas contra la humanidad.

Uka anu q’uxtañ jaqinakaxa, jaqi jiwañan amuyuniwa. Union Juvenil Cruceñista ñanqha anuyunipxiwa. Tukkhañasawa uka q’ara amuyunakapxa.

Esteban Ticona Alejo es aymara boliviano, sociólogo y antropólogo.

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La oposición cabalga sobre los desatinos del Gobierno

/ 17 de octubre de 2021 / 00:30

Hay un par de cosas que no podemos dejar de mencionar en esta coyuntura. Por una parte, el comportamiento claramente sedicioso de algunos sectores de la oposición que se ilusionan con la posibilidad de repetir las acciones que culminaron con el derrocamiento de Evo Morales en 2019. Les guste o no, ese es un camino golpista, con todas sus letras. No se trata por cierto de un golpismo clásico, conocido por sus madrugones militares, sino de “golpes blandos” o “suaves” que un autor define como “técnicas conspirativas y desestabilizadoras no directas y en un principio no violentas, con el fin de derrocar a un gobierno democráticamente constituido… sin que parezca que ha sido consecuencia de la acción de un grupo económico y político”. Los ejemplos de este tipo de golpes en América Latina abundan, han ocurrido en Venezuela, Paraguay, Honduras, Ecuador, Brasil y Bolivia. Claro está que cada caso tiene matices propios, se da con o sin intervención parlamentaria, con o sin las Fuerzas Armadas y la Policía, o con una participación discreta de éstas seguida de un pronto retorno a sus cuarteles. En tales movidas está presente el rol inspirador y articulador de los Estados Unidos, en especial sus servicios de inteligencia entrenados para realizar “operaciones encubiertas”. Bastaría seguirle los pasos a Carlos Sánchez Berzaín para comprobarlo: ubicado como director y principal ideólogo de una fundación yanqui de supuesta defensa de la libertad y la democracia, es el que prodiga los recursos y las ideas a los golpistas latinoamericanos; la expresidenta Áñez, varios de sus ministros (incluido Murillo), así como algunos opositores actuales, repiten de principio a fin el discurso emitido por el extraditable Sánchez Berzaín, suponen que los bolivianos hemos olvidado a los 67 muertos que precedieron a su huida a los Estados Unidos, en octubre de 2003.

Por otra parte, ¿qué es lo que sucede en el ámbito gubernamental? Lamentablemente se confirma la ausencia de una verdadera conducción estratégica. Pareciera que señalan el camino algunos tecnócratas incapaces de hacer el más elemental análisis político, o que se guían por meras intuiciones propias o ajenas. Peor aún, da la impresión de que existiera una mano negra que actúa desde las sombras induciendo a la comisión de errores a los personeros que ostentan las mayores responsabilidades. Por ejemplo, a quién se le ocurre introducir en la agenda del país una ley para la investigación de ganancias ilícitas sin tomar en cuenta la experiencia pasada del intento de modificar el Código Penal, iniciativa que tuvo que ser retirada por Evo Morales, lo mismo que terminó haciendo Arce Catacora en esta ocasión.

Vienen las preguntas obligadas: ¿No era suficiente, por el momento, la normativa existente sobre esos delitos? ¿Cuál la verdadera urgencia de aprobar ahora mismo una nueva ley? ¿Por qué quererla “socializar” cuando ya estaba aprobada por Diputados en vez de haberla consensuado previamente? ¿Qué instancia gubernamental o del partido oficial asume la responsabilidad de redactar un proyecto con notables y embarazosos flancos al descubierto, como el caso de la presunción de inocencia y el de la confidencialidad? ¿Hasta cuándo los diputados oficialistas seguirán en el triste papel de levantamanos dejando pasar intacto todo lo que viene del Órgano Ejecutivo? ¿Quién o quiénes son los encargados de entregar en bandeja a la oposición los mejores pretextos para su labor desestabilizadora?

En última instancia, los temas más sentidos por el conjunto del pueblo debieran ser a los que se les preste mayor atención: reactivación económica, salud, educación, medio ambiente. A esto se añade la tarea de restablecer el bloque social popular, con gremiales, transportistas, cooperativistas mineros y otros, cuyos intereses fundamentales no están ubicados en el bloque oligárquico, pero pueden ser neutralizados e incluso arrastrados por éste.

Carlos Soria Galvarro es periodista.

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Ranking de inversión para la equidad

/ 17 de octubre de 2021 / 00:26

El Observatorio de Justicia Fiscal, conformado por diversas organizaciones de mujeres, ha presentado la semana pasada el Ranking de Inversión, Igualdad y Equidad de Género de la gestión 2020. Esta herramienta que se desarrolla desde 2015 es un ejercicio anual que realizan las organizaciones de mujeres para visibilizar la inversión pública en los gobiernos municipales y así identificar cómo los discursos, que suelen ser muy emotivos el día de la mujer, se transforman en decisiones concretas para el cumplimiento de sus derechos.

El ranking clasifica a los 339 Gobiernos Autónomos Municipales (GAM) como resultado del análisis y medición de presupuestos ejecutados, en base a la información proporcionada por el Ministerio de Economía y Finanzas Públicas y corresponde a los datos presentados por los gobiernos municipales tanto en su planificación como en su ejecución real. No se mide lo invertido en mujeres, como muchos creen, sino cuatro categorías estratégicas para avanzar en el cierre de brechas de desigualdad: inversión en cuidado de la familia y reproducción de la fuerza de trabajo; inversión que promueva cambios estructurales en el sistema patriarcal; inversión en la atención, prevención y protección contra la violencia de género; e inversión en la autonomía económica de las mujeres.

Un primer dato significativo del informe revela la caída de forma sostenida de toda la inversión pública desde 2016. Según el Ministerio de Economía y Finanzas Públicas, la inversión pública cayó de un máximo $us 5.065 millones en 2016 a solo $us 1.784 millones en 2020. La inversión social de igual forma se redujo de $us 1.192 millones en 2016 a $us 711 millones en 2020.

Un segundo dato desalentador es que 2020 presenta una caída histórica de la inversión en equidad. Entre 2016 y 2019, más del 50% de los municipios tuvieron un desempeño bueno en su inversión de género, llegando al 3% de su presupuesto total; y esto ocurría incluso con la caída general en la inversión pública. El mejor año fue 2018, cuando el 61,8% de los municipios tuvo un comportamiento por lo menos aceptable. Sin embargo, en 2020, con los problemas relacionados con la pandemia del COVID- 19 y una menor programación presupuestaria en el tema, solo 21% de los municipios fueron calificados con una inversión aceptable. Es decir, en 2020 el 79% de los municipios registró una inversión municipal menor a 3% del total. El peor nivel observado en los últimos años.

Pero vale la pena destacar las desviaciones positivas. A pesar de todas las restricciones presupuestarias, la pandemia y los conflictos políticos que afectaron el desempeño administrativo municipal, algunas autoridades municipales de San Joaquín (Beni), Caquiaviri (La Paz) GAIOC de la Nación Uru Chipaya (Oruro), Pojo (Cochabamba) y Soracachi (Oruro) tuvieron un desempeño destacado invirtiendo más de 10% de su presupuesto en equidad.

En el otro extremo encontramos a las grandes ciudades como Cochabamba (1,26%), La Paz (1,23), y la peor, Santa Cruz (0,79) con indicadores muy por debajo de la media nacional que este año se ubica en 1,55%. Por encima de la media encontramos a las ciudades de El Alto (2,13), Tarija (2,38) y Sucre (2,28), aunque ninguna cercana al 3%, que era lo esperado hasta 2019.

Sin duda se trata de una fotografía muy desalentadora. Sobre todo, si constatamos que otras partidas presupuestarias se han mantenido estables, y más bien la que ha sufrido reducciones tiene que ver con una disminución de los ya escasos recursos destinados a la equidad. Seguramente las organizaciones de mujeres, muchas de ellas actualmente parte de los concejos municipales, deben expresar su protesta para evitar que la crisis agrave los nudos estructurales de la desigualdad de género en Bolivia.

Lourdes Montero es cientista social.

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Votar bien

/ 17 de octubre de 2021 / 00:22

El consagrado escritor peruano Mario Vargas Llosa —a la sazón fracasado candidato presidencial de su país—, se animó a decir algo que los suyos callan, a veces murmuran, creen sin matices, desean intensamente. Para Vargas Llosa, lo importante en unas elecciones “no es que haya libertad, sino votar bien”. Como algunos países latinoamericanos “votan mal” (sic), el castigo consecuente es terrible: “lo pagan caro”. De la democracia, pues, hemos transitado a la “benecracia”. Qué tal.

Hasta ahora creíamos que lo fundamental en democracia es que los comicios sean plurales, transparentes y competitivos; acordes al principio de certeza en las reglas, incertidumbre en el resultado; con deliberación programática y alta participación ciudadana; voto libre e informado, no bajo presión o amenaza; en fin, con aceptación de la voluntad ciudadana expresada en las urnas. Para los varguitas nada de eso es “lo importante”. El nuevo canon es el bien votar.

La cuestión por dilucidar es qué significa votar bien/votar mal. Don Mario no fue explícito al respecto en la Convención del derechista Partido Popular, en España, donde lanzó el mandato. Pero viendo su experiencia, se entiende. En las recientes elecciones peruanas, votar bien hubiera sido elegir a Keiko Fujimori. Hace 30 años, votar mal fue optar por Alberto Fujimori. En ambos casos Vargas Llosa estuvo entre los derrotados. Votar bien es votar lo que él diga.

Claro que la apelación de Vargas Llosa no es nueva, ni mucho menos. La idea del votar bien está en la base del voto calificado (restringido). ¿Quiénes “votaban bien” en Bolivia desde su fundación en 1825 hasta la Revolución del 52? El derecho era de los letrados, que acreditaban propiedad o renta. Las mujeres votaron por primera vez en elecciones municipales entre 1947 y 1949. Lo hicieron a prueba: si votaban mal, perdían el derecho. Los indios votaron recién en 1956.

Ahora, cuando para los varguitas sería políticamente incorrecto dar marcha atrás en el voto universal (bien que quisieran una democracia censitaria), cuando la premisa del voto en libertad es incuestionable, cuando la narrativa del “fraude monumental” no impide ganar elecciones a los que votan mal, se pone en cuestión el ejercicio del voto. “Los latinoamericanos saldrán de la crisis cuando descubran que han votado mal”, esto es, cuando giren a la derecha.

En el referéndum del gas de 2004, un letrado dijo que el voto de un campesino no podía valer lo mismo que el de un ingeniero, que “los rurales votaban mal”. Como desde entonces estos señores se han especializado en perder, exigen a los descarriados votar bien: por ellos. Y así les va. Sigan, sigan participando.

FadoCracia trapera

1. Cría calvos y te sacarán los ojos. ¿O eran cuervos? ¿Y trapos? Las ingratitudes dan para todo. 2. “Es una falta de respeto, gente malagradecida que viene a esta tierra que les da de comer, no sean cuervos”, vociferó Rómulo sobre el wiphalazo en Santa Cruz. 3. Ya lo habíamos oído, en versión sucrense, por boca de Horacio: “Hay que ser malnacido para votar por los verdugos de tu tierra”. 4. Mi tierra/tu tierra. Mi tierra, erra, erra. “Mi tierra no es su tierra, arrimados de porquería”, advierten los hospitalarios traperos de sangre verde-azul. Denles el premio Sájarov. 5. Volvamos a Rómulo: “Un trapo no hace nada, un trapo no nos representa”, gruñe ante la wiphala. Le faltan pelos en la lengua, le sobran pelos de tonto. 6. Aclaración: “Han sacado de contexto las declaraciones del presidente del Comité pro Santa Cruz”. Ah, el contexto, parece bestia humana. 7. Unos morenitos reaccionan rápido con denuncias por agravio, racismo y discriminación. “El único trapo son sus calzoncillos”, asegura un ministro. Gran nivel. 8. “Puñalada trapera siempre me has de asestar / Puñalada trapera es tu sonrisa fatal”, canta el gran Jaime López. 9. Y sí: que venga el tercer round.

José Luis Exeni Rodríguez es politólogo.

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‘Never in di laif’

/ 17 de octubre de 2021 / 00:14

El retiro del proyecto de una ley pensada para no dejar a narcos, terroristas y empresarios lavar dinero mal habido, no creo que haya que tomarlo como una derrota. Necesitamos ahora denunciar a todos y todas las que se opusieron. Cierto, hizo falta socialización, pero también hizo y hace falta formación política. Gobernar no solo es administrar, fundamentalmente es ser consecuente con los objetivos históricos del pueblo y eso se hace con un pueblo que además defienda el proceso de cambio en las calles, con masivas movilizaciones, con la claridad política de los intereses en juego. Necesitamos también crear discursos y narrativas que evidencien lo que sentimos, lo que soñamos y eso se logra con la formación política. El Gobierno podría apoyar esas tareas a la par que administra un Estado colonial, capitalista, burgués, neoliberal, machista y racista que aún no lo derrotamos.

Los fascistas y neonazis desperdigados por todo el país han demostrado históricamente que son incapaces de la autocrítica y el reconocimiento de un error, un delito y un fracaso, como el fallido paro del 11 de octubre. Es cómico verles repetir y repetir lo mismo, no tienen discurso, por eso quienes persisten en la mentira de que en 2019 hubo un levantamiento ciudadano y no un golpe de Estado, son gente que no va a cambiar y son peligrosos y peligrosas para la libertad, la participación política y la construcción del vivir bien.

Eso es un facho, un fanático o una fanática dispuesta a matar, no tiene credo, tiene obsesión con una idea y por eso es peligroso, porque no hay diálogo posible. Entonces los discursos de “la unidad en la diversidad”, “de caminar juntos sin que nadie se quede atrás”, etc., son inútiles. Los fachos son janiwas y never in di laif, no van a cambiar en su vida terrenal.

Tenemos una dura batalla en las calles, en los minibuses, en las filas del banco, en todo espacio donde manifiesten su perorata violenta, mentirosa, con mensajes de odio que lastiman a nuestro pueblo. Tenemos que continuar dando batalla, ya no tenemos que callarnos. Pues si nos callamos por temor a que digan que los “masistas” son violentos o que el gobierno del MAS manda a gente violenta, pues la experiencia es que en 2019 no salimos a disputar ni las calles, ni los discursos violentos, racistas y fascistas. Obedecimos a regañadientes que había que respetar sus pititas que bloqueaban el trabajo y la vida.

Hoy no, ya no nos paralizamos, ya aprendimos, vamos a seguir nuestra intuición, vamos a defender el proceso de cambios camino al vivir bien de la humanidad y de la madre y hermana naturaleza. Es nuestro proceso, no es de un partido ni de un jefe, ni de un gobierno, todo esto va a servir si como pueblo estamos organizados y organizadas. Serán las asambleas las que van a dar tareas, van a dar las líneas de la política pública. Mandar —al Gobierno, a los jefes, al partido— cumplir tareas necesarias y fundamentales para nuestro proceso revolucionario.

Julieta Paredes Carvajal es feminista comunitaria.

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