Sociedad

Wednesday 22 May 2024 | Actualizado a 23:44 PM

Hay unos 11 puntos donde cruzar la calle es un martirio

En La Paz hay al menos 11 puntos donde el peatón tiene problemas para cruzar y transitar, conoció La Razón luego de conversar con 15 transeúntes y dos educadores viales, además de visitar nueve de estos lugares entre el miércoles 9 y el jueves 10 de marzo.

Por La Razón

/ 14 de marzo de 2011 / 05:00

El director de Ordenamiento Territorial de la Alcaldía de La Paz, Roberto Auchen, explicó que los puntos conflictivos son más visibles en calles y avenidas del casco urbano de esta ciudad.

Los sitios identificados por la gente son: San Francisco, inmediaciones de Laboratorios Vita y de las plazas Eguino, Triangular, del Estudiante, del Estadio, las intersecciones de las calles Potosí y Genaro Sanjinez, Ayacucho y avenida Camacho, de la avenida 16 de Julio y calle Colombia, además de la calles 17 de Obrajes y la 21 de Calacoto.

Los problemas «se ven más en el centro, en El Prado, en la Santa Cruz, Camacho, Mercado, donde hay más cruces de vehículos, y confluyen la afluencia peatonal con la vehicular», dijo Auchen.

Las principales dificultades son que la gente no respeta las normas y cruza en cualquier sitio, pero también porque los choferes incumplen las reglas y no dan prioridad al peatón.

Amanda Silva y Juan Carlos Mais, dos educadores viales —popularmente conocidos como «cebras»— coinciden en que las normas de tránsito se incumplen en la ciudad.

«Ahora somos más pero no abastece, no podemos estar presentes en todas las calles, la ‘cebra’ no soluciona el problema si el ciudadano no piensa en los peatones», dijo Amanda.

A eso se suman problemas en semáforos y señalizaciones. Auchen resume las causas en dos grandes grupos:  la falta de educación de los choferes y de los peatones y la tecnología para actualizar los semáforos.

«Todas las intersecciones son demasiadas, algunas tienen mayor problemática que otras por la frecuencia de vehículos, desde ya, es el tema de la educación».

Eso ocurre, por ejemplo, en la calle 17 de Obrajes, dijo un peatón, quien comentó que los problemas surgen cuando la gente cruza la avenida 14 de septiembre, ya que los choferes no respetan los semáforos y además hay que hacer «el quite» a los vehículos que bajan desde Bella Vista o Bolognia o suben desde la zona Sur hacia Miraflores.

Además, Auchen señaló que todos los semáforos deberían mantener la luz amarilla unos 15 segundos, para que los peatones pasen, sin embargo, duran menos tiempo.

«Hay que renovar, hay que cambiar los módulos de los semáforos. Se está trabajando en ello», dijo Auchen.

Además, hay algunos semáforos que son manuales y funcionan hasta algunas horas. El policía Cristian Cortez comentó que personal de Tránsito manipula el que está en la San Francisco hasta las 23.00.

Tres  lugares dificultosos
ESTADIO
La gente se para en la Saavedra para esperar transporte perjudicando a otros peatones y choferes.

OBELISCO En el cruce de la Camacho y la Ayacucho está prohibido recoger o dejar pasajeros. La gente y los choferes hacen caso omiso.

ESTUDIANTE Por la plaza converge el flujo que viene de la Batallón Colorados, la Cañada Strongest, la México, el nudo Villazón, las avenidas 16 de Julio y Landaeta. Todo esto dificulta el cruce hacia la plaza.

 

Los semáforos de la plaza San Francisco no se respetan
En el recorrido se observó que al final de la avenida Mariscal Santa Cruz, cerca de la Pérez Velasco, mucha gente que cruza hacia la iglesia San Francisco o de ésta hacia la calle Honda lo hace sin respetar el semáforo que está en los lugares. Sergio Velasco, uno de los peatones, agregó que es difícil además transitar por el sitio porque las comerciantes se intalaron en las aceras, además que la plaza de la iglesia está cercada porque se encuentra en construcción. Debido a esto, la gente espera el transporte parada en plena vía. «No es fácil transitar, la gente hace lo que puede, deberían levantar a los gremialistas porque forzosamente tenemos que andar por las calles», dijo.

Minibuses paran y forman trancaderas en la calle Potosí
A las 19.00 del miércoles 9 de marzo, este medio constató que en la esquina de la calle Potosí y Genaro Sanjinez los minibuses que llegaban de El Alto paraban en esta intersección para dejar a sus pasajeros, pese a que esto está prohibido.  Juan Carlos Mais, educador «cebra», dice que el punto de parada es media cuadra adelante, pero los choferes hacen caso omiso. «Es una mala costumbre que tienen los conductores, sólo cuando controlamos respetan el paso cebra y a los peatones», indicó. Debido a esto se suelen formar filas de hasta 10 minibuses, lo cual obliga a la gente a cruzar entre los vehículos, y el tráfico de los motorizados se relantiza ocasionando trancaderas.

En la plaza Eguino hay diversos obstáculos
En las inmediaciones de la plaza Vicenta Juaristi Eguino los vehículos de transporte público ganan espacio por donde pueden y la gente se da modos para cruzar en cualquier lugar. La gran cantidad de vehículos y la convergencia de cinco vías (flujo de la avenida Pando, Manco Kapac, Illampu, Pando y Nicasio Cardozo) empeora aún más el paso de las personas que también deben esquivar a los vendedores ambulantes que se apoderan de la acera e incluso parte de la calle por donde transitan los coches. El odontólogo Germán Calisaya es uno de los peatones que diariamente debe sortear los obstáculos en la Eguino, debido a que su consultorio está en la populosa zona.

Las paradas del plaza Triangular son desconocidas
Luis Zelada, estudiante de Educación Física, y Miguel Roescas, abogado, desconocen los puntos de parada en las inundaciones de la plaza Triangular para ir al centro. Zelada señala que espera movilidad en el cruce de la calle Nicaragua y la avenida Argentina, al igual que mucha gente. Este medio constató que a las 13.00 del jueves 10 de marzo, 15 personas esperaban transporte público en dicho punto. Cuando un vehículo paraba, los que estaban detrás también lo hacían, lo que derivaba en congestionamiento de la vía. La gente que sólo transita por ahí o que quiere cruzar tiene que hacerlo entre los vehículos o bien caminar para evitar la fila de motorizados parados. Roescas pidió más control.

La intersección Colombia-Loayza resulta un peligro
Hasta tres minutos puede tardar una persona en cruzar la avenida Mariscal Santa Cruz de una acera a otra a la altura de la calle Colombia, constató una periodista de La Razón que midió el tiempo que demoró en atravesar la vía. Por un lado, al ser una zona céntrica hay gran cantidad de vehículos y, por otro, los semáforos no dan el suficiente tiempo a la gente. Para ir de la calle Colombia a la calle Loayza, cruzando la Santa Cruz, el tiempo que dura la luz verde del semáforo sólo alcanza para llegar a la mitad de la vía, ya que el semáforo de la otra esquina habilita el paso a los vehículos que están en el carril de subida. A eso se suma que otros carros bajan de la calle Colombia.

De 19.00 a 21.00 es difícil circular por el Nudo Vita
Sugiere que se construyan pasarelas en el sitio. Cinco de las 15 personas consultadas afirmaron que la zona de Laboratorio Vita es la que más problemas representa para los peatones. El motivo es la gran cantidad de vehículos que  circula proveniente de la avenida Manco Kapac, la Perú, la República y la América. Paulina Baltazar, quien vende frutas hace más de 20 años en una de las aceras del lugar, afirmó que su jornada de trabajo se extiende hasta las 22.00 porque de 19.00 a 21.00 «no hay caso de pasar, porque también cargo mi carrito». Felicia Rojas, una vecina, comentó que tiene que «cruzar como loca y cargar a mi perrito para que ningún auto nos pise».

En la 21 de Calacoto también hay problemas
En la calle 21 de Calacoto en las esquinas de la avenida Ballivián y la Montenegro también es complicado cruzar debido al flujo vehicular, pero también porque el transporte público para en cualquier sitio.  Por ejemplo, para ir de la 21 hacia la iglesia de San Miguel hay que esquivar los vehículos que doblan desde la Ballivián. Los choferes no respetan el paso de cebra, pese a que en la zona hay control policial. Además, muchas personas que se bajan en la Ballivián a la altura de la 21 cruzan por entremedio de los vehículos. La falta al paso de cebra también se registra sobre la Montenegro, esquina calle 21. Hace poco, fue instalado un semáforo en el lugar, pero no todos respetan.

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Dilemas opositores

Por La Razón

/ 19 de mayo de 2024 / 00:12

Un reciente estudio de opinión pública realizado por el Celag en el país revela importantes percepciones respecto a la oposición política. Estos datos son significativos en medio de los dilemas de las dirigencias opositoras en torno a su reiterado discurso de unidad versus sus prácticas divisorias. Corre cuenta regresiva para las definiciones rumbo al próximo ciclo electoral.

 La encuesta del Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (Celag) incluye tres preguntas sobre el campo de la oposición. Las tres son críticas. La primera tiene que ver con la mentada unidad. ¿Podrá la oposición política unificarse para las elecciones generales 2025? Solo el 28% de las personas consultadas cree que habrá unidad. Hay, pues, un sentimiento mayoritario de escepticismo respecto a la posibilidad de que la oposición logre un candidato único o un frente amplio.

La segunda pregunta se refiere a la expectativa de los votantes opositores sobre el candidato o dirigente más capacitado para derrotar al MAS en las urnas. El 58% de los encuestados espera un candidato nuevo, reniega de las actuales opciones o no sabe. El apoyo a los candidatos en escena (Reyes Villa, Mesa, Cuéllar, Camacho, algún empresario) es muy bajo y estadísticamente irrelevante. No son buenas noticias para la oposición: la gente ve división y ausencia de un liderazgo ganador.

La tercera indagación de opinión pública del Celag es la más sensible. Casi dos tercios de las personas consultadas, nada menos, afirma que cuando la oposición pierde elecciones “no reconoce su derrota y está dispuesta a generar violencia”. Esta conducta antidemocrática de no reconocimiento del resultado electoral y falta de respeto a la institucionalidad, quizás se deba a que algunos candidatos opositores proclaman “fraude” cuando pierden elecciones. Y a veces lo hacen por anticipado, como en 2019.

Estas percepciones mayoritarias de la ciudadanía respecto al actual campo de la oposición son preocupantes. Más todavía en el actual contexto, degradado y contaminado por la división interna en el oficialismo. Y nos lleva a preguntar en qué condiciones llegará el país al próximo ciclo electoral: con un MAS-IPSP fracturado, muy lejos de ser nuevamente un partido dominante; y una oposición fragmentada, que reafirma su debilidad, su carencia de líderes y su falta de propuestas. El escenario es incierto.

Una democracia de calidad requiere partidos democráticos, líderes representativos y sólido pluralismo político, entre otras condiciones. Ello implica que tanto el oficialismo como las oposiciones deben consolidar sus estructuras partidarias, renovar liderazgos y, en especial, diseñar proyectos de futuro y plataformas programáticas. Nada de eso ocurre a poco más de un año de las elecciones 2025. Hoy la disputa política, entre la división, la polarización y la fragmentación, está concentrada en las minucias. Urge cambio de rumbo.

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Riesgo de convulsión

De nada sirvieron las escasas y tardías explicaciones de algunas autoridades, el rumor había echado raíces

Por La Razón

/ 16 de mayo de 2024 / 06:25

En menos de una semana, el Gobierno promulgó un decreto supremo y lo abrogó debido a amenazas de movilizaciones y actividades de protesta contra la norma, que, como tantas otras, no había sido promocionada y mucho menos socializada, lo cual permitió que circule abundante desinformación que galvanizó las posiciones de rechazo. El Gobierno dio el paso atrás para evitar la “convulsión”.

Se trata del DS 5143, creado, según autoridades de gobierno, para transparentar los trámites de propiedades en las oficinas de Derechos Reales y desburocratizar el procedimiento, que actualmente puede tardar hasta dos o tres años. Según el viceministro de Defensa del Consumidor, el decreto disponía la bancarización, para pagos en línea, y la interoperabilidad, para el cruce de información entre gobiernos municipales, el Servicio General de Identificación Personal (Segip) y el Servicio de Registro Cívico (Serecí); además, se trataba de la actualización de un decreto promulgado durante el gobierno de Carlos Mesa en 2004.

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Nada de esto es lo que se discutía en las calles y centros de reunión de opositores: se especuló que el decreto serviría para posibilitar la intromisión del Estado en la administración y la tenencia de la propiedad inmueble de privados o que exigiría una nueva certificación para trámites de compra-venta. De nada sirvieron las escasas y tardías explicaciones de algunas autoridades, el rumor había echado raíces y se multiplicaban las amenazas de movilizaciones.

Más tardó el Presidente en anunciar la abrogación de la norma que los líderes de las únicas dos fuerzas políticas con representación parlamentaria en salir al espacio público y celebrar la “derrota” del Gobierno. En tiempos de política de suma cero, poco o nada importa la relevancia o necesidad de políticas públicas: todo se reduce a imponer las ideas propias y evitar a cualquier costo las opuestas. Agréguese a ese estado de cosas una gestión gubernamental llena de contradicciones y se produce lo que tantas veces se ha lamentado en este mismo espacio: pérdida de confianza de la población en las instituciones gubernamentales.

La creciente conflictividad, las dirigencias opositoras claramente orientadas a la solución por el desastre y la incapacidad gubernamental para crear y sostener alianzas y consensos (excepto cuando se trata de apropiarse del partido político), son un buen caldo de cultivo para la convulsión, lo cual no significa que haya, en realidad, planes para provocarla y forzar la caída del Gobierno.

En tiempos cuando menudean los discursos desinformadores y polarizadores, además de la memoria reciente de hechos sediciosos, es tentador acusar a la oposición, o a agentes no identificados, de buscar la convulsión; sin embargo, también suele ser evidente que los conflictos pueden ser fabricados con el propósito de influir sobre el ánimo de la población. Identificar quién gana más con la polémica, el conflicto y la abrogación del mentado decreto serviría para señalar quién es el más interesado en que haya miedo por la amenaza de convulsión.

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Día del Periodista

Por La Razón

/ 12 de mayo de 2024 / 00:57

El 10 de mayo, las y los periodistas de Bolivia recordamos nuestro día. ¿Hay algo que celebrar?, nos preguntamos. Y sí, existen motivos. Pero también hay nubarrones para el oficio. Por ello, más allá de los homenajes, fue un día de balance y reflexión. ¿En qué condiciones realizamos nuestra labor? ¿Cuánto aportamos a la conversación pública en democracia? ¿Cómo nos ve la sociedad?

Hace más de ochenta años, en 1938, el presidente Germán Busch promulgó un decreto supremo – luego elevado a rango de ley– que creaba la Caja de pensiones, jubilaciones y montepíos de los trabajadores asalariados de la prensa. No fue una concesión, sino una conquista como resultado de años de exigencia de derechos. Así, el 10 de mayo fue declarado Día del Periodista. Tiempo después, en 1953, un decreto supremo del presidente Víctor Paz Estenssoro estableció ese día como feriado para los periodistas.

De ese modo, cada 10 de mayo las y los periodistas revindicamos nuestro oficio y recibimos homenajes, salutaciones, reconocimientos. Es como un día destinado a elogiar el lugar que ocupa el periodismo en una sociedad democrática. Celebramos pues que, pese a dificultades y condiciones adversas, seguimos en el empeño diario de brindar información y opiniones como insumo para la deliberación colectiva. Sostenemos asimismo la necesidad de garantizar la libertad de expresión y el derecho a la información.

Pero el Día del Periodista es, o debiera ser, además, una ocasión propicia para el balance, para mirarnos puertas adentro y evaluar nuestro desempeño. Este ineludible ejercicio frente al espejo no puede ser autocomplaciente ni tampoco de solo flagelación, sino autocrítico. Para empezar, es importante evaluar las condiciones difíciles, a veces precarias, en las que estamos realizando nuestro trabajo, en un contexto donde las nuevas tecnologías digitales plantean serios desafíos a los medios de comunicación.

Es preocupante asimismo para el oficio periodístico el escenario de crisis no solo político-institucional en el país, sino también la complicada situación económica. Trabajamos en medio de la incertidumbre, sin horizonte de futuro. Y somos parte de la persistente polarización, que bloquea el diálogo plural y dinamita los puentes de encuentro. Diferentes estudios de opinión señalan que la ciudadanía y los liderazgos ven a los medios como promotores del enfrentamiento. Y hasta nos perciben como actores políticos.

¿Cuánto estamos contribuyendo, en el día a día, a la convivencia en democracia? ¿Cómo mejorar nuestras condiciones de trabajo, libres de presiones y amenazas? Y la pregunta esencial: ¿estamos haciendo buen periodismo, conforme a nuestros códigos de ética o, más bien, un periodismo instrumental, con arreglo a nuestra propia agenda y otros intereses? Hay que celebrar el Día del Periodista con llamamiento urgente para cuidar el oficio y, entre otras cosas, frenar la degradación de nuestras asociaciones. 

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El MAS y la crisis

La democracia, o las formas que la hacen legítima, importan cada día menos

Por La Razón

/ 9 de mayo de 2024 / 06:39

Para nadie debe ser desconocido que el Movimiento al Socialismo (MAS) es la fuerza política más importante de las últimas décadas y el único partido con estructura y potencia suficientes para intervenir en todas las esferas de la vida pública. Sin embargo, precisamente por estos atributos, la feroz lucha que han desatado sus dirigentes no solo afecta al partido, sino a todo el Estado.

Más tardó en terminar el X Congreso del partido, el domingo, en la ciudad de El Alto, convocado por el “ala arcista” del partido, que portavoces del “ala evista” en descalificar el encuentro de la peor forma posible y amenazar con todo tipo de recursos, legales y no, para impedir que las decisiones acordadas lleguen a materializarse.

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No es para menos: se ha elegido a un nuevo jefe nacional del partido, honor que recayó en Gróver García, dirigente de la Confederación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia (CSUTCB), afín al presidente Arce, y se ha decidido revisar el estatuto del MAS para eliminar la disposición que concede la dirección vitalicia del partido al expresidente Evo Morales y para eliminar la restricción de antigüedad como militante para asumir cualquier candidatura.

Para que el congreso masista pudiese llevarse a cabo y que contase con la presencia de veedores del Tribunal Supremo Electoral (TSE), hizo falta que una Sala Constitucional de La Paz ordenase al Órgano Electoral cumplir con el artículo 30 de la Ley de Partidos Políticos. Entre analistas y opinadores de todas las tendencias hubo consenso en que se trata de un nuevo “fallo a la carta”, de los que menudean desde que los magistrados del Órgano Judicial decidieran autoprorrogarse.

A esta evidente muestra de injerencia de un órgano sobre otro (primero el Ejecutivo sobre el Judicial y luego éste sobre el Electoral), se suma la cantidad de ocasiones en que delegados y portavoces del evismo han descalificado al TSE y sus resoluciones por ser contrarias a sus intereses y expectativas. La democracia, o las formas que la hacen legítima, importan cada día menos.

Súmese a este estado de cosas la previsible pugna que se desatará en la Sala Plena del TSE cuando algunos vocales intenten incidir en favor de uno u otro aspirante a candidato. Entonces, las acusaciones y descalificaciones que hoy se sugieren, serán amplificadas, dañando de manera feroz la credibilidad y reputación del órgano llamado constitucionalmente a administrar los procesos que dan sustento al sistema democrático boliviano y a dar legitimidad a las autoridades electas.

A estas alturas de la lucha es, pues, evidente que sin importar el tono y el contenido de los mensajes que una y otra facción del MAS publicitan, lo verdaderamente central para ambas partes es asegurar que el candidato propio llegue a la papeleta y/o que el contrincante no lo logre. Si para tal fin tienen que terminar de romper la institucionalidad del Estado, no dudarán en hacerlo, y eso son malas noticias.

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Democracia en riesgo

Por La Razón

/ 5 de mayo de 2024 / 00:34

La reciente decisión de una sala constitucional en torno al “congreso del MAS-IPSP” convocado por dirigentes de la facción arcista constituye una tosca injerencia en las competencias del TSE. Y cruza un límite que pone en riesgo no solo la institucionalidad electoral, sino la propia democracia. Es fundamental ponerle freno antes de que conduzca a una deriva autoritaria.

 Una de las condiciones fundamentales de un Estado de Derecho es la autonomía e independencia de los órganos del poder público, además de su separación. Cuando uno o más órganos se subordinan a otro o surge una especie de suprapoder, esa estructura y organización funcional del Estado se resquebraja. Asimismo, cuando el sistema de gobierno empieza a depender de decisiones arbitrarias e inconstitucionales, la democracia está en riesgo. Estamos transitando ese muy peligroso umbral en el país.

En nuestro proceso de construcción y reforma estatal, no es nuevo que el Legislativo dependa de los mandatos del Ejecutivo. Tampoco es raro que la administración de justicia esté subordinada al poder político y a poderes fácticos. Lo crítico es que surja un suprapoder que imponga sucesivos fallos por fuera del marco constitucional y pisoteando la institucionalidad democrática. Desde el año pasado hay un suprapoder en Bolivia que, en consorcio con actores políticos, opera desde el TCP y algunas salas constitucionales.

A punta de sentencias, declaraciones y autos constitucionales, y algunas acciones de defensa, un arriesgado suprapoder está llevando a límites insostenibles el funcionamiento de los órganos del poder público y del sistema de gobierno. Así, bloquearon las elecciones judiciales, suspendieron las funciones de fiscalización de la ALP, se autoprorrogaron, beneficiaron a terratenientes y ahora están emitiendo “instrucciones” sobre las organizaciones políticas y los procesos electorales. Es inaceptable.

Es muy complicado y sensible para el TSE gestionar las disputas internas en los partidos, en especial en este momento la batalla entre facciones en el MAS-IPSP. Debe hacerlo en estricto cumplimiento de la Ley de Organizaciones Políticas y de los estatutos partidarios. ¿Qué ocurre cuando una sala constitucional, desde su filiación política, impone acciones que violan la normativa y vulneran las atribuciones del organismo electoral? Eso es lo que acaban de hacer, sin sonrojarse, los vocales Campero y Angles.

En un pronunciamiento difundido este viernes, las autoridades del Órgano Electoral Plurinacional exigen con timidez el respeto a la independencia de poderes para garantizar la democracia en el país. No es una exigencia menor. En realidad, se está advirtiendo que, si magistrados y jueces continúan perforando el sistema y la institucionalidad electoral, la democracia boliviana está en riesgo. Es fundamental que la disputa política no termine derrumbando el orden constitucional y el régimen democrático.

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