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Monday 17 Jun 2024 | Actualizado a 05:24 AM

Chile y el mar, por primera vez ante el juez

El proceso contra Chile fue instaurado el 24 de abril de 2013. La demanda pasó una primera fase, el acuerdo de las partes sobre la presentación de memorias, los argumentos, hasta 2015.

/ 6 de agosto de 2013 / 04:03

No había ocurrido antes, desde la invasión a Antofagasta en 1879, el origen del conflicto bilateral, que Bolivia sentara en el banquillo a Chile en un tribunal. Como van los trámites, esto es posible, considerando que el Gobierno de Santiago no ha expresado interés oficial de desconocer la jurisidicción de la Corte Internacional de Justicia (CIJ) de La Haya, que desde el 24 de abril tiene entre sus jueces la demanda boliviana para  el acceso soberano al mar.

“(El proceso) está en pleno curso porque la demanda ha sido admitida formalmente”, dice el agente boliviano para el caso, Eduardo Rodríguez Veltzé, en una entrevista publicada el 28 de julio en el suplemento Animal Político de La Razón.

La certeza del funcionario, también embajador de Bolivia en los Países Bajos y expresidente de la República (2005-2006), tiene su argumento en la primera reunión que sostuvo con su par chileno, Felipe Bulnes, y el titular de la CIJ, Peter Tomka, en La Haya, cuando el 12 de junio acordaron los plazos para la presentación de las memorias. Bolivia debe hacerlo hasta el 17 de abril de 2014 y Chile, hasta el 2 de febrero de 2015, poco menos de un año después.

Luego de la presentación de la demanda, será el segundo paso que deberá cumplirse en el proceso. En criterio de Rodríguez Veltzé, en esa fase se consignarán documentos históricos, diplomáticos y jurídicos con relación al requerimiento de Bolivia de parte del tribunal internacional.

Según el pliego presentado el 24 de abril, La Paz considera que la CIJ debe emitir su fallo sobre tres aspectos: a) Chile tiene la obligación de negociar con Bolivia con el fin de alcanzar un acuerdo que otorgue a Bolivia una salida plenamente soberana al océano Pacífico, b) Chile ha incumplido dicha obligación y c) Chile debe cumplir dicha obligación de buena fe, pronta y formalmente, en un plazo razonable y de manera efectiva, a fin de otorgar a Bolivia una salida plenamente soberana al océano Pacífico.

¿Cuál es la esencia del proceso? “Es la búsqueda de justicia, de una solución conveniente y equitativa, que restituya a Bolivia una salida soberana y que ésta sea de manera convenida y de buena fe con Chile”, responde Rodríguez Veltzé.

Bolivia, a través del gobierno de Evo Morales, tomó la decisión de acudir a la CIJ luego de sopesar posibilidades entre seguir sometida a la dilación histórica sobre el diferendo por parte de Chile y la resolución de éste por otra vía más pragmática, aunque compleja: el juicio.

El 23 de marzo de 2011, durante los actos del Día del Mar en La Paz, Morales sorprendió al país y al mundo, y generó desazón en Chile, al anunciar un juicio internacional por la recuperación del acceso soberano al mar. “La lucha por la reivindicación marítima que ha marcado la historia, ahora debe incluir otro elemento fundamental: el de acudir a los tribunales y organismos internacionales demandando el derecho de una salida libre y soberana al Pacífico”, dijo en esa ocasión. Poco más de dos años después, el 24 de abril de 2013, la demanda contra Chile era un hecho; fue instalada en La Haya.

Mientras Morales dijo que la admisión de la demanda fue histórica y para el regocijo nacional, el presidente de Chile, Sebastián Piñera, se comprometió ante sus connacionales a defender la soberanía de su país. “Utilizando todos los instrumentos de los tratados y del derecho internacional, este presidente va a defender con toda la fuerza del mundo cada metro cuadrado de nuestro territorio y de nuestro mar”, desafió luego tras acto en La Haya.

En julio de 2006, Morales y su colega chilena de entonces, Michelle Bachelet, habían establecido una nueva era en las relaciones bilaterales con la institución de la llamada “agenda de 13 puntos”. Por primera vez, el acuerdo incluía la discusión del “tema marítimo”. Según recuerda el pliego judicial, el Mecanismo Bilateral Bolivia-Chile de Consultas Políticas, reunido entre el 12 y 14 de julio de 2010, definió buscar “soluciones concretas, factibles y útiles” con relación al punto en cuestión. “Para este propósito, se programó una reunión para noviembre de 2010. Sin embargo, alcanzada esa fecha, Chile suspendió unilateralmente la reunión. Las negociaciones nunca se reanudaron”.

Tres meses después, el 7 de febrero de 2011, el canciller de Chile, Alfredo Moreno, se reunió con su par de Bolivia, David Choquehuanca, en La Paz. Si bien fue histórica, la cita no pasó de ser formal. “Estoy muy contento de estar aquí. Vamos a trabajar mucho, con mucho esfuerzo, de manera de poder ir avanzando en los temas que tenemos con Bolivia”, dijo aquella vez el jefe de la diplomacia chilena.

Para entonces, el gobierno de Morales esperaba impaciente una eventual propuesta de parte de Chile. “Qué bueno sería que haya una propuesta concreta hasta el 23 de marzo”, dijo el Mandatario en una rueda de prensa el 17 de febrero.

Unas semanas después, la respuesta desde Santiago fue contraria y obvia. “No es un problema de propuestas de Chile”, replicó el canciller Moreno, quien consideró que “ambos países tienen la misma responsabilidad, las mismas obligaciones y el mismo interés en avanzar”.

A partir de entonces, las declaraciones altisonantes entre autoridades de ambos países fue moneda común. El 31 de mayo de 2011, en una desaprensiva declaración respecto del cruce verbal con La Paz, el ministro chileno de Defensa, Andrés Allamand, sacudió las sensibilidades en el país y el vecino. “(Chile) es un país que tiene en su posición todo el amparo del derecho internacional y, por último, tiene Fuerzas Armadas prestigiadas, profesionales y preparadas, que están en condiciones de hacer respetar los tratados internacionales y de cautelar adecuadamente la soberanía y la integridad territorial”.

Ni Chile ni Bolivia se callaron siquiera para guardar la compostura diplomática, siempre fue así. Si en enero de 2004, durante la Cumbre de las Américas de Monterrey, el impasse de los presidentes Carlos Mesa y Ricardo Lagos terminó con la conminatoria de “diálogo aquí y ahora” por parte del chileno, el 22 de enero de 2011 Morales y Piñera defendieron su postura sobre la historia. “Atacama antes era Bolivia, esperamos recuperarla pronto”, desafió el Presidente de Bolivia en un mensaje a la nación por el primer año de su segundo mandato. Al día siguiente, su colega chileno hizo el contrapunto: “Atacama es y seguirá siendo chilena”.

El último fuego cruzado presidencial se produjo el 28 de enero, durante la cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), en Santiago. Morales encaró en casa propia a Piñera, que, bastante enojado, respondió que “los temas de soberanía no se negocian, excepto (NdR: esta palabra fue negada en Chile) por asuntos económicos”.

Suspendidas las relaciones diplomáticas entre ambos países en 1978 y con el proceso en La Haya en curso, no hay posibilidad de diálogo con el gobierno de Piñera. Ya lo dijo Morales, según informó el 31 de enero la ministra de Comunicación, Amanda Dávila. “Con el gobierno (de Piñera) no es posible dialogar, no hay posibilidad de dialogar; eso es lo que él cree (Morales)”, afirmó la vocera gubernamental.

Chile elegirá en noviembre al sucesor de Piñera. Bachelet cobra fuerza. Rodríguez Veltzé prefiere fiarse de la CIJ. “La Corte nos habrá dado la razón y Bolivia y Chile habrán encontrado un derrotero de concordia y armonía”, dice.

Un juicio por la restitución de la justicia

Aunque horas después de la presentación de la demanda en la Corte Internacional de Justicia de La Haya Chile consideró que el pliego judicial “no tiene fundamento”, Bolivia cree que el juicio pretende restituir un acto de justicia ante el propósito del país de volver al mar. 

“Que se atienda intereses mutuos y, sobre todo, se repare una situación que no la provocamos quienes somos parte de esta generación; nosotros no fuimos parte de la guerra ni quienes viven hoy en Chile. Somos tres generaciones posteriores a aquella que tuvo que enfrentarse por las armas”, dice el agente boliviano para la causa, Eduardo Rodríguez Veltzé.

El 24 de abril, el ministro del Interior de Chile, Andrés Chadwik, dijo que la demanda “no tiene argumento jurídico” y que su país se expresaba tranquilo ante la acción. Además, en Santiago se dijo que el juicio implicaba una provocación. En respuesta, el titular de la Dirección de Reivindicación Marítima (Diremar), Juan Lanchipa, responde que, con la causa, Bolivia demuestra “su vocación pacifista”.

Una historia que no se resuelve hace 134 años

Cuando nació el 6 de agosto de 1825, Bolivia tenía 400 kilómetros de costa en el océano Pacífico. Más tarde, en 1879, perdió esa cualidad en los 120.000 kilómetros cuadrados de territorio arrebatados por Chile durante la llamada Guerra del Pacífico librada entre ambos países.

Desde esa vez, los ímpetus de Bolivia siempre fueron los de recuperar ese territorio, aunque los intentos fueron vanos debido a los intereses políticos y económicos de entonces. En 1904, Chile y Bolivia firmaron el conocido Tratado de Paz y Amistad, que definió los nuevos hitos derivados del conflicto bélico. Si bien el acuerdo bilateral no fue consignado en la demanda presentada por La Paz contra Santiago en el Tribunal de Justicia de La Haya, las acciones diplomáticas y políticas posteriores son las que sustentan el proceso.

Bolivia recurre ante el juez 134 años después de los cruentos hechos. Hubo una serie de propuestas de solución al diferendo, entre ellas un canje territorial, que, sin embargo, nunca se consumó.

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El Gobierno impulsa la industrialización con miras al Bicentenario

El Gobierno nacional tiene el objetivo claro, la industrialización de los recursos naturales hasta 2025, el año del bicentenario de la fundación de Bolivia.

Trabajos de explotación de litio en el salar de Uyuni para la planta industrial de carbonato de litio.

Por Yuri Flores

/ 6 de agosto de 2023 / 07:28

Bolivia 198 años

El Gobierno nacional tiene el objetivo claro, la industrialización de los recursos naturales hasta 2025, el año del bicentenario de la fundación de Bolivia. Y uno de los puntales está enfocado precisamente en la explotación del litio de los salares situados en las regiones de Oruro y Potosí.

El desarrollo de la industrialización del litio se da desde 2013 con la instalación de la planta piloto en la localidad de Llipi, cerca del Salar de Uyuni, Potosí, que a la fecha tiene una producción cercana a las 1.000 toneladas de carbonato de litio año.

Pero para una mayor explotación de ese recurso, en 2019 se determinó construir una planta industrial de carbonato de litio con una capacidad de 15.000 toneladas cada año, la cual se prevé entregar este 2023 y empezar con la producción, inicialmente, de 2.300 toneladas.  La inversión para la construcción de esa factoría que está ubicada también en Llipi, sur del Salar de Uyuni, es de Bs 766,9 millones (unos $us unos 110 millones). Además, para el inicio de operaciones se emplaza una Planta Industrial de Tratamiento de Agua. Para este cometido se destina Bs 344,3 millones ($us 49 millones). 

Acuerdos. Actualmente, el carbonato de litio, materia prima para la fabricación de baterías, tiene una alta demanda principalmente por la fabricación de vehículos eléctricos. Es por eso que el Gobierno apuesta a ser el primer productor de ese compuesto; por tanto, durante este 2023 (enero y junio) firmó acuerdos con empresas internacionales líderes en la fabricación de carbonato y de baterías de litio para la construcción de plantas industriales con tecnología de Extracción Directa de Litio (EDL) en tres salares del país.  A principios de año, Yacimientos de Litio Bolivianos (YLB) firmó un convenio con el consorcio chino CATL BRUNP & CMOC (CBC) para la implementación de dos complejos industriales con la tecnología de EDL en los salares de Uyuni, en Potosí, y de Coipasa, en Oruro.

 El consorcio chino determinó invertir $us 1.400 millones para emplazar dos plantas, una en Coipasa y otra en Uyuni y cada una producirá 25.000 toneladas de carbonato de litio. A la fecha, YLB aguarda los estudios realizados por CBC para la construcción de las dos plantas que empezaría en este segundo semestre.  Mientras que, a fines de junio, se firmó con la rusa Uranium One Group, y la china Corporación Citic Guoan para emplazar otras dos plantas EDL, una en Uyuni y otra en Pastos Grandes (Potosí) con una capacidad de 25.000 toneladas de carbonato de litio. También se prevé una inversión de $us 1.400 millones. El objetivo es llegar a 2025 o inicios de 2026 con una producción de más de 115.000 toneladas.

La Planta de Almacenamiento y Transformación de Cereales en Viacha.
La Planta de Almacenamiento y Transformación de Cereales en Viacha.

Hasta 2025 se proyecta emplazar más de 130 industrias en el país

Otro de las metas del Gobierno nacional es convertir a Bolivia en un país industrializado hasta 2025 para dejar de importar diferentes productos, por lo que se determinó hacer una cuantiosa inversión que asciende a Bs 24.816,8 millones (unos $us 3.565,6 millones) para el emplazamiento de más de 130 industrias en todo el territorio.

El presidente Luis Arce apuesta a la sustitución de importaciones con la industrialización de la materia prima y, si se da el caso, exportar esa producción, por lo que determinó la construcción de varias plantas industriales de química básica, alimenticias, de fertilizantes, de materiales para la construcción, de biocombustibles, minería, agroindustria, entre otras industrias que se construyen y se edificarán en los nueve departamentos.   “El pueblo boliviano apostó por las grandes transformaciones y nosotros somos el Gobierno de la industrialización con sustitución de importaciones, que es la mayor transformación”, dijo el Mandatario en el acto de inicio del emplazamiento de la industria de Química Básica.  “Estamos ante un gran salto en el desarrollo. La creación de plantas industriales en diversas áreas, nos va a liberar de importar muchos productos que más bien podemos producir para exportar”, añadió el Jefe de Estado.  En el departamento de La Paz se tiene previsto edificar 30 industrias en al menos 20 municipios, tanto en la zona altiplánica como en el norte paceño. Se tiene previsto una inversión de Bs 1.550,8 millones para esas proyectos. (Ver cuadros). La mayor inversión que se ejecuta para el emplazamiento de estas industrias está en los departamentos de Potosí con Bs 7.014,4 millones en 14 plantas, entre ellas las de litio y de refinación de zinc; Santa Cruz con Bs 4.876,2 millones para emplazar 13 plantas como la de hierro del Mutún y de Biodiésel. Y en Oruro Bs 2.629,2 millones destinados a industrias de refinación de zinc y alimenticias.

Convenio. El acuerdo con las empresas internacionales para industrailizar el litio.
El acuerdo con las empresas internacionales para industrailizar el litio. Foto. APG

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Arte Boliviano memoria y prácticas posibles

Las artes han sido históricamente una muestra sensible de las formas en las que pensamos nuestra realidad

Por Galo Coca Soto

/ 6 de agosto de 2023 / 07:08

Bolivia 198 años

Las artes han sido históricamente una muestra sensible de las formas en las que pensamos nuestra realidad, desde los conocimientos ancestrales o contemporáneos, la nostalgia, las identidades, los territorios y el tiempo, manifestando la diversidad como fortaleza y la incertidumbre como detonante. 

No es de extrañar que en diferentes momentos las dificultades y carencias han exacerbado la creatividad y logrado altos hitos que marcaron nuestras formas de comprender las nociones de “arte”. Somos un pueblo que ha sobrevivido y permanece en pie de batalla. Así seguimos, con la claridad que queda mucho camino por delante, que afrontaremos con la resiliencia que caracteriza al artista boliviano. Sin embargo, creo importante señalar dos necesidades urgentes como la memoria y nuevas prácticas posibles. 

La conservación de la memoria de la creación artística en nuestro país es de vital importancia para comprender los senderos que se habitaron desde su pensamiento y cómo este tejió las prácticas de nuestros territorios, es una tarea pendiente y ahora una necesidad de manifestar las voces de las personas en su tiempo. Pensemos en propuestas como el pensamiento Ch´ixi (Rivera, 2018), donde podemos reconocernos como seres en constante mutación y diálogos trans culturales, temporales, disciplinares, técnicos, humanos, etc. Seres que corresponden a lo diverso y no así a lo definitivo. También la Educación mutua de las artes (Espejo, 2022), que nos da perspectiva en el contexto de nuestras acciones e ideas, las motivaciones y los fines, que serán muy diferentes a la globalidad y eso nos enriquece, se potencian los espacios íntimos como educación en un ecosistema saludable, es decir, que todos tengan voz y acción en las construcciones del futuro. Es necesario recuperar los saberes que el arte legó y entendernos diversos y auténticos frente a lo heterogéneo e inhumano, conversar con el pasado y manifestarnos presentes.

Hoy, cuando estamos conectados globalmente y las velocidades son abrumadoras, el quehacer artístico está conminado a su manifestación en documentos, elaboraciones que permitan articular y expandir las ideas, para retroalimentar las posibles proyecciones en el horizonte.

En la práctica, las categorías, estrategias y recetas son insuficientes y se da nuevo valor a lo transdisciplinar, los encuentros, las comunidades y redes, algo potente en la acción y sensato en la poética, un camino posible. Podemos poner en duda y replantear la gestión de arte y cultura en términos de resignificación del conocimiento, vínculos con el pasado y el presente, apertura de espacios de pensamiento a otros actores, no solamente los creadores artísticos sino también pensadores de otras áreas del conocimiento y territorios que participen desde sus particularidades, expandiendo sus posibilidades en la retroalimentación. Formas que también continuarán su vocación líquida, de evolución.

Tengamos claro que no es obligatorio acceder a espacios oficiales (museos o galerías comerciales) de divulgación de trabajo artístico sino al contrario, el proceso de creación continúa hasta el extremo de su socialización como parte integral de la obra, intervenciones dislocadas de la expectativa, participantes de los ecosistemas y sus integrantes, promoviendo las discusiones en diálogo abierto, no solo por pertinencia, sino por correspondencia. Renunciar al cubo blanco o las convenciones de qué es arte y cómo debe mostrarse para un mercado es un rasgo de las búsquedas contemporáneas en nuestro país. La institucionalidad ha fallado y la respuesta es orgánica y contundente: la aparición de espacios alternativos, proyectos breves a escala humana, más coherentes que la grandilocuencia de espacios asépticos y neutros, donde las ideas mueren congeladas y son moneda de cambio. Retornemos al vértigo de la respuesta en tiempo real, donde las artes son reconocidas como instrumento de vida y no de certidumbres.

Galo Coca Soto Artista visual y docente

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Estado Plurisexual de Bolivia

La pluralidad sexual, es decir, el reconocimiento de una Plurisexualidad que dignifique a aquellas personas y cuerpos que siguen postergados en sus causas y luchas más íntimas

Como una forma de visibilizarse, la comunidad LGBTIQ+ organiza en junio diferentes actividades.

/ 6 de agosto de 2023 / 06:59

Bolivia 198 años

Desde 2009, Bolivia se funda en la pluralidad y el pluralismo político, económico, jurídico, cultural y lingüístico. Sin embargo, en un atrevimiento característico de todo impulso revolucionario, urge pensar la pluralidad como una de las bases fundamentales del Estado que pueda abrir sendero a otros paradigmas que contribuyan radicalmente a dejar atrás la etapa colonial, burguesa, heteronormativa y patriarcal de la que todavía se viven resabios de violencia, dominación y exclusión constante.

La pluralidad sexual, es decir, el reconocimiento de una Plurisexualidad que dignifique a aquellas personas y cuerpos que siguen postergados en sus causas y luchas más íntimas y que deben atenderse para alcanzar un suma qamaña (vivir bien) que nos incluya a todas, todos y todes sin excepción alguna.

En un Estado Plurisexual, las niñas y los niños no son sometidos a la imposición binaria del género, ellas y ellos pueden elegir libremente el color de sus ropas, practicar el deporte que quieran, tener el pelo largo o corto según su comodidad y su gusto, no se les asigna un rol que deban cumplir según los mandatos de la masculinidad y la feminidad.

En un Estado Plurisexual, los y las jóvenes reciben información adecuada para ejercer una sexualidad sin culpa, sin miedo, bajo consentimiento, reciprocidad e interés mutuo; sin violencias ni presiones, sin estereotipos de género, con los conocimientos suficientes para elegir los métodos de cuidado y prevención más adecuados y convenientes para sus cuerpos.

En un Estado Plurisexual, los hombres viven sus emociones y sentimientos, pueden llorar y emocionarse sin sentir vergüenza, sin ser sancionados por la masculinidad patriarcal disciplinante, sin preocuparse por encajar en el rol de macho en la sociedad. Pueden renunciar al mandato del machismo, pueden denunciar la violencia ejercida por sus pares, pueden exiliarse de la complicidad con esa violencia. La hombría ya no se piensa como una membresía para pertenecer a la corporación masculina, sino como una característica que les permita ser empáticos, afectivamente responsables, solidarios con el mundo, sin competir, sin poseer ni dominar. Aquí los hombres comprenden que un no es no y que la virilidad no es lo único que los define.

En un Estado Plurisexual, las personas LGBTIQ+ no viven en la clandestinidad de la invisibilización, la sociedad no asume que todos los habitantes del país son heterosexuales; se promueve el respeto a las diversidades y disidencias sexuales, pueden casarse con quienes aman, y divorciarse también, pueden besarse en público sin que sus vidas corran riesgo y sin sufrir el hostigamiento condenatorio de la doble moral de la sociedad. El bullying contra personas gays, lesbianas, bisexuales y trans es frenado y atendido con urgencia por las autoridades escolares. La identidad de mujeres y hombres trans no es puesta en duda, se garantizan todos sus derechos. Los discursos de odio no son vistos como “libertad de expresión” y son sancionados de forma inmediata por las autoridades competentes. Quedan atrás las posturas patologizantes sobre la homosexualidad. La diversidad es parte de los valores sociales e institucionales del país y la orientación sexual de las personas no es una excusa para la discriminación.

En un Estado Plurisexual, las personas que viven con VIH reciben su tratamiento con prontitud y puntualidad, son atendidas en centros especializados con la sensibilidad y las condiciones necesarias para impulsarles a seguir con sus vidas y sus proyectos laborales, afectivos, sentimentales, académicos, familiares, etc. No se usa más el término “grupos de riesgo” por evocar estigma y prejuicio sobre la sexualidad de determinados grupos sociales empobrecidos y precarizados. Son atendidas por personal médico que no juzga ni maltrata. Son personas a las que se les da empatía y acompañamiento.

En un Estado Plurisexual, las mujeres deciden sobre sus cuerpos, reconocen ese espacio como el primer territorio de soberanía y autodeterminación. No son obligadas a ser madres por mandato ni obligación social ni religiosa. Las niñas no son torturadas llevando embarazos causados por la violencia sexual. Ser mujer no es sinónimo de ser madre porque se reconoce el derecho a la anticoncepción. El aborto no es un delito, no se persigue ni encarcela a las mujeres por decidir, se les garantiza la vida y no se penaliza su sexualidad, ni se las castiga por ejercerla. Los valores de producción y reproducción de la vida están determinados por el deseo pleno de la mujer, su pareja, sus proyectos de vida y sus sueños.

Un Estado Plurisexual es el Estado que queremos.

Christian Egüez  activista LGBTIQ+

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La identidad y el Colectivo Socavón Cine

El cine actual en Bolivia indudablemente no puede entenderse sin la obra de Jorge Sanjinés.

/ 6 de agosto de 2023 / 06:46

Bolivia 198 años

El cine actual en Bolivia indudablemente no puede entenderse sin la obra de Jorge Sanjinés. En este sentido, los integrantes del Colectivo Socavón Cine no niegan la influencia del director paceño, tanto en sus narrativas como en sus modos de producción. Como Mauricio Souza ha señalado, los miembros del colectivo “se hacen cargo de la tradición del cine boliviano, dialogan con ella”. Así, el primer gesto político que hay que destacar es su apuesta por hacer un cine comunitario ya que en sus películas “alternan desarrollando diversas labores de realización, pero en una lógica que parece estar al servicio a las búsquedas formales y temáticas de cada uno de ellos, y no necesariamente de un proyecto unívoco. Eso sí, el pertenecer a este grupo habla de la voluntad de sus integrantes por entender el cine como un arte de creación colectiva, que implica la distribución de tareas de producción, pero también el enriquecimiento previo de los proyectos merced al intercambio-discusión de ideas y propuestas”, señala Santiago Espinoza.

Si volvemos a la teoría de Jorge Sanjinés, que afirma que un cine revolucionario es aquel que “no puede ser sino colectivo en su más acabada fase, como colectiva es la revolución”, podemos fácilmente identificar una visión política sobre lo que significa hacer cine en Bolivia. Una visión compartida entre el director de Ukamau y los miembros de Socavón Cine, que se definen en su página de internet como un “colectivo boliviano con búsquedas y formas particulares, pero con una preocupación en común, contemplar nuestros contextos, nuestros lugares, la gente, sus historias. En el cine y en la vida.” Como Souza afirma, “se acercan a una alteridad (el ‘otro’, que es aquí un cargador, migrante, minero, obrero), pero lo hacen con cautela y curiosidad”. En el presente artículo, únicamente me detendré en tres producciones: Enterprisse (2010), de Kiro Russo (Mauricio Quiroga); Amazonas (2016), de Carlos Piñeiro; y El corral y el viento (2013), de Miguel Hilari.

Enterprisse (2010), el cortometraje dirigido por Mauricio Quiroga, dura aproximadamente ocho minutos y tiene como protagonista a un aparapita (personaje emblemático paceño cuyo trabajo consiste en cargar diversos objetos sobre su espalda) que transporta un muñeco gigante del personaje Woody de la película norteamericana Toy Story a un parque de diversiones. Cuando llega a su destino y deja el muñeco empieza a recorrer el parque y en su rostro, con un gesto que es una mezcla de extrañamiento y asombro absoluto, podemos intuir que es la primera vez que está en uno de esos parques. En un momento se detiene absorto contemplando la atracción llamada Enterprisse. En este punto el ritmo del montaje se vuelve completamente acelerado mientras la atracción gira sin parar y la sorpresa en el rostro del personaje va aumentando. Este montaje frenético nos transmite la sensación del personaje de sorpresa y desconcierto, de asombro máximo ante una muestra de la modernidad en la que él, sin saberlo, participa trasportando sobre su espalda uno de sus elementos.

Finalmente, el cortometraje, que hasta el momento estaba en blanco y negro, se convierte al color mientras vemos al aparapita subido en la atracción con un rostro que, de manera elocuente, trasmite la alegría, que así se constituye como la mejor manera de apropiarse de una modernidad que hasta entonces solo se había manifestado en la violencia sobre el cuerpo del indígena. Como señala Santiago Espinoza “[c]autivado por este espectáculo, que parece resumir el caos vertiginoso y deslumbrante de la modernidad recién descubierta, el aparapita decide subirse a uno de los juegos y experimentar por sí mismo el vértigo del parque, que parece ser también el de la ciudad y el del cine”. El cortometraje funciona también como una metáfora de la modernidad que se lleva a cabo sobre las espaldas del mundo indígena. Esta recuperación de la experiencia sensible es, entonces, un gesto de empoderamiento, de reclamo para sí de todo el asombro, que, de esta forma, se vuelve reivindicativo y parece apuntar a que la modernidad puede ser otra, una modernidad alternativa en la cual se asimila solo aquello que tiene un potencial liberador. Es decir, Enterprisse muestra la posibilidad de un encuentro festivo a partir del gesto de apropiación de la experiencia de la modernidad a través del asombro. Es la reivindicación de una experiencia alternativa y emancipadora de la modernidad. Como señala Silvia Rivera Cusicanqui, “[s]i bien la modernidad histórica fue esclavitud para los pueblos indígenas de América fue a la vez una arena de resistencias y conflictos, un escenario para el desarrollo de estrategias envolventes, contra-hegemónicas, y de nuevos lenguajes y proyectos indígenas de la modernidad”.

Amazonas (2016), cortometraje dirigido por Carlos Piñeiro, dura 12 minutos y su tema es el de la esclavitud contemporánea y las migraciones económicas forzosas. Un indígena aymara se dirige a Brasil en busca de trabajo, para lo cual debe pasar por el oriente boliviano. Sin embargo, una vez ahí, es retenido por aquellos que le habían prometido ayudarlo a cruzar la frontera y es sometido a la esclavitud en un negocio de lavado de ropa que funciona también como un punto para el tráfico de drogas. Celestino, el protagonista, está atrapado y los que lo secuestran prácticamente no le dejan mantener contacto con su familia. En una ocasión, él intenta comunicarse en aymara, lengua que sus captores desconocen, para pedir ayuda a una clienta. Sin embargo, al final quienes lo retienen lo asesinan y Celestino es rápidamente remplazado por otro indígena. Aquí también hay un contraste entre el medio natural selvático y los aparatos modernos (las lavadoras, el ventilador) que funciona como una forma de resaltar la manera violenta en la que la penetración de la modernidad se lleva a cabo en sociedades tradicionales.

Sin embargo, al contrario que en Enterprisse aquí no hay posibilidad para un empoderamiento a partir de lo sensible. Vemos que la ruptura de las formas de vida comunitarias ha dejado individuos aislados que son potenciales víctimas del lado más perverso de la violencia capitalista. Por otra parte, el asesinato ocurre fuera de cámara. La manera en la que Piñeiro elige representar la violencia es, precisamente, no representándola. Así, vemos al personaje inmerso en la selva mientras la cámara ejecuta un plano detalle del ojo del protagonista. En su córnea vemos el reflejo de la selva que deja de ser un refugio natural y se convierte en una amenaza. Esta secuencia recuerda poderosamente a uno de los momentos más emblemáticos de Ukamau de Sanjinés: cuando el mestizo Rosendo viola y asesina a Sabina. Al igual que sucede en Amazonas, en esta película percibimos el horror a partir de un plano detalle del ojo de la protagonista. De esta forma, la muerte se transmite por el empleo de una imagen-afección que construye el relato a partir de una conjunción muy efectiva entre narrativa y universo sensible. Los asesinatos no se muestran en un sentido estricto. Tan solo se tensan los límites representacionales de lo que el personaje percibe con la mirada. Tanto en el cortometraje de Piñeiro como en la película de Sanjinés, la materialidad del ojo, órgano fundamental en la percepción de lo sensible, se resalta con planos detalles que de manera muy sutil construyen afección y empatía hacia el otro que percibe y que, en ambos casos, muere.

Finalmente, El corral y el viento (2014) es una cinta que dura 55 minutos y es dirigida por Miguel Hilari. En ella el director busca mostrar su propio proceso identitario a partir de su relación con el pueblo Santiago de Okola donde nació su padre y vive su tío. En la película hay algunos fragmentos en los que las imágenes del pueblo se alternan con la voz en off del director que, en ocasiones, habla en alemán, otras en aymara y otras en español. Estos contrapuntos discursivos de la imagen plantean preguntas sobre la memoria, sobre la identidad y sobre la experiencia de un pueblo que se está quedando vacío a causa de las migraciones rurales a la ciudad. Si bien estos cuestionamientos responden a una experiencia individual, lo cierto es que la sutileza con la que se traza la narración hace que esta pueda ser colectiva en su intento de dar cuenta de una identidad compleja y heterogénea.

Por otra parte, al igual que los dos anteriores cortometrajes mencionados, en El corral y el viento presenciamos esos escenarios en los que conviven objetos de la modernidad con modos de vida tradicionales. Así, vemos cómo la temporalidad lenta con la que los campesinos realizan sus labores en el campo y se relacionan con los animales se entrecruza con la experiencia fugaz que puede brindar un teléfono celular, emblema de la comunicación moderna. Por otra parte, la misma irrupción de la cámara cinematográfica en este contexto genera una sensación extraña, como puede observarse en una escena en la que Hilari habla con su tío acerca de la cámara. Esta extrañeza, sin embargo, es algo característico en las comunidades rurales latinoamericanas que han atravesado procesos de modernización complejos.

Por todos estos aspectos, las producciones del Colectivo Socavón Cine plantean una propuesta estética de un cine político que incide en los actuales debates identitarios bolivianos, proponiendo preguntas que permiten pensar las discontinuidades de formas no esquemáticas. En este sentido, puede decirse que estas películas son ejercicios de traducción de la experiencia sensible del otro que es parte de nosotros. Por otro lado, estos discursos cinematográficos que intentan dar cuenta de la pluralidad identitaria y las paradojas en su representación se corresponden con la noción de lo ch’ixi que Silvia Rivera Cusicanqui lleva años reivindicando como una herramienta útil para aprehender la abigarrada realidad nacional. “La noción ch’ixi, como muchas otras (allqa, ayni) obedece a la idea aymara de algo que es y no es a la vez, es decir a la lógica del tercero incluido. […]. La potencia de lo indiferenciado es que conjuga a los opuestos”.

¿Cómo es posible traducir lo indiferenciado? ¿Qué lenguaje cinematográfico es el adecuado para interpelar y cuestionar las construcciones de subjetividades homogéneas sin eludir las paradojas enunciativas inevitables que se generan al intentar representar al otro? ¿Qué sería una retórica fílmica de la hospitalidad en lo sensible? Creo que estas preguntas no tienen una sencilla y única respuesta. Sin embargo, las propuestas cinematográficas más interesantes de la actualidad son aquellas que se aproximan a estas posibles contradicciones con los ojos y los sentidos abiertos, permitiendo que la rea-lidad filmada que se pretende transmitir transforme radicalmente a aquel que enuncia el discurso y a aquel que lo recibe, y que, de esta forma, la experiencia cinematográfica no cancele las búsquedas identitarias sino, por el contrario, las multiplique. Se trata de que el acto de percibir construya siempre una multitud que pueda escribirse a sí misma con las gramáticas de la pluralidad irreductible que somos.

* Este texto ha sido extraído del artículo ‘Antagonismo e imaginarios de la pluralidad del cine boliviano’, publicado en imagendocs.com

Valeria Canelas escritora, Cinéfila e investigadora

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Bolivia está perdiendo sus bosques húmedos tropicales y la tendencia va en aumento

o cierto es que las mayores pérdidas forestales continúan ocurriendo en unos pocos países que son el hogar de las selvas tropicales más grandes e importantes del mundo para la biodiversidad.

El cultivo de soya y los incendios están mermando los bosques en Bolivia.

Por Erika Bayá

/ 6 de agosto de 2023 / 06:33

Bolivia 198 años

Cada año Global Forest Watch (GFW), una plataforma en línea que proporciona datos y herramientas para el monitoreo de bosques en tiempo casi real, publica un informe que nos muestra la situación de los bosques en el mundo. En junio de este año anunció que entre 2021 y 2022 el mundo experimentó una pérdida implacable de bosques primarios tropicales: en un año despareció el 10% de la cobertura forestal, siendo Brasil, la República Democrática del Congo y Bolivia los países que encabezan (en ese orden) esta carrera por la destrucción de su riqueza arbórea.

Es la tercera vez que Bolivia ocupa un preocupante tercer lugar en estos informes y es que desde 2002 nuestro país muestra una tendencia que va en aumento, pero el pasado 2022 se registró la mayor pérdida porque desparecieron 685 mil Has de bosque húmedo primario, un aumento del 32% en comparación a 2021.

Las imágenes muestran que el 71% de esta pérdida de cobertura arbórea está ocurriendo en el departamento de Santa Cruz y ,según los estudios de la Fundación Amigos de la Naturaleza, son cinco municipios los que concentran el 41% de la deforestación en el país: San Ignacio de Velasco, Charagua, Pailón, Concepción y San José de Chiquitos. Y no es casual que estos mismos municipios ya están sintiendo un incremento de la temperatura, déficits hídricos e incremento del régimen de lluvias.

¿Qué está sucediendo en Bolivia? ¿Qué estamos haciendo para perder bosques a una velocidad sin precedentes? Un análisis reciente de Monitoring of the Andean Amazon Project (MAAP), revela que el 23% de la pérdida de bosque en Bolivia está relacionada con los cultivos de soya en manos de colonias menonitas. Solo entre e 2021 y 2022 la producción de soya se incrementó en un 40% y la mayoría de esta conversión de cultivos de bosque a soya está sucediendo en la Chiquitania, Amazonia y Chaco. Se trata de una pérdida del 13% de la cobertura arbórea, que no está relacionada a los incendios. A estas cifras y porcentajes me gustaría agregar un dato más: según la Fundación Tierra, en 2015 había 52 colonias menonitas, ahora hay más de 100 que se están expandiendo en estos territorios.

Otra causa que ha revisado GFW junto a la Universidad de Maryland son los incendios forestales, que afectaron en 2019 con fuerza al bosque chiquitano, a las áreas protegidas y biomas como el bosque amazónico y el Chaco. Para la plataforma quizás estamos llegando a un punto de inflexión y el país deberá tomar estos datos para poder prevenir, tomando en cuenta que el fenómeno del Niño traerá sequías, las condiciones perfectas para más incendios forestales en Bolivia.

Pero las causas de pérdida de bosques no solo son por soya o incendios, en 37 años la agricultura ha aumentado 433%, también la superficie de pastos, la ganadería. Son muchos los factores que inciden y hacen su parte en la deforestación, como el crecimiento urbano, demográfico, infraestructura, avasallamientos de tierras fiscales, asentamientos de nuevas comunidades y especulación de tierras, entre otros.

Para cruzar todo este conjunto de datos que nos muestra la preocupante realidad de nuestros bosques, es importante mencionar el trabajo que viene realizando la Fundación Amigos de la Naturaleza. En abril de este año, la FAN lanzó la plataforma MapBiomas Bolivia y publicó cifras sobre el estado de los bosques. Este sitio tiene un histórico del cambio de uso del suelo y cobertura de los últimos 37 años con muchas variables importantes y útiles para saber lo que está sucediendo.

El escenario es complejo. A estos datos y hechos hay que agregar la cantidad de leyes que son contradictorias a la conservación de nuestros bosques y que tienen que ver con autorizaciones de desmontes, de quemas y la Función Económica y Social, que empuja a todos los propietarios a la deforestación para demostrar que las tierras no son ociosas.

Lo cierto es que las mayores pérdidas forestales continúan ocurriendo en unos pocos países que son el hogar de las selvas tropicales más grandes e importantes del mundo para la biodiversidad.

“Estamos perdiendo rápidamente una de nuestras herramientas más efectivas para combatir el cambio climático, proteger la biodiversidad y respaldar los medios de vida y la salud de millones de personas”, es el mensaje de Global Forest Watch, que debería preocuparnos a todos.

Erika Bayá es Comunicadora ambiental

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