Opinión

domingo 20 sep 2020 | Actualizado a 20:42

Debate electoral

El debate en sí mismo es valioso como parte de la democracia deliberativa, que continúa siendo una asignatura pendiente.

/ 9 de septiembre de 2020 / 00:49

Por La Razón

Una condición esencial para la participación y decisión en democracia es la más amplia deliberación pública. Así, se espera que los asuntos de interés colectivo sean debatidos por los actores relevantes. Esta necesidad democrática es de mayor evidencia en los procesos electorales: el intercambio de ideas y propuestas de gobierno es fundamental para una votación informada.

La legislación electoral en Bolivia no establece la obligatoriedad de los debates electorales, en especial entre las principales candidaturas. Más allá de la normativa, tampoco hay una gran tradición deliberativa en nuestros comicios. Si bien hubo algunos ejercicios en los años 90 del siglo pasado, la ausencia de debates presidenciales fue la tónica desde 2005, pues el candidato del MAS-IPSP, ganador de tres elecciones sucesivas por mayoría absoluta de votos, “solo debatía con el pueblo”.

Claro que la decisión sobre debatir o no debatir también es parte de las estrategias de campaña. Suele decirse que los candidatos que lideran las preferencias electorales no debaten con los demás. “No necesitan hacerlo”. El asunto depende también de otros factores, como quién convoca el debate, entre qué candidatos, con qué formato. Hay pues razones de principio, de cálculo estratégico, de confianza y de logística en la realización de debates al más alto nivel, con elevada visibilidad pública.

Luego de varios años de anemia en el campo del debate presidencial, lo cual no niega ni desmerece interesantes espacios deliberativos que hubo entre candidatos a la vicepresidencia y a cargos de representación, este año podremos asistir a un debate en el ámbito de las elecciones generales 2020. El evento ha sido convocado por un conjunto de instituciones e incluye a las ocho candidaturas presidenciales. Aún no hay definición sobre las temáticas ni tampoco respecto a la metodología del encuentro.

¿Qué podemos esperar de este debate? Para empezar, que se garantice la plena imparcialidad y equidistancia de los organizadores respecto de todas las candidaturas. Es fundamental también que sea un debate programático, sobre visiones de país, políticas públicas, acciones anticrisis. No puede ser, pues, una disputa sobre episodios, falacias o cuestiones personales. Se espera asimismo que el formato permita la exposición e intercambio de ideas, y no esté pensado en función al espectáculo mediático.

El debate en sí mismo es valioso como parte de la democracia deliberativa, que continúa siendo una asignatura pendiente. Contribuye también a conocer las plataformas programáticas. Y ayuda en el ideal de una participación informada de la ciudadanía en procesos electorales. Pero ciertamente un encuentro entre candidatas y candidatos, por mucha difusión que tenga, no sustituye a la necesaria conversación pública, que va más allá del campo político e incluye actores sociales, institucionales, territoriales.

Temas Relacionados

Comparte y opina:

Tres ‘dinosaurios’ sobreviven en el galpón de Auquisamaña

Ángel Miranda, José Luis Sánchez y Yamil Bustillos recuerdan cómo llegaron a la empresa, los primeros días de trabajo y hablan de los momentos tristes y felices que les tocó vivir en estos 30 años.

/ 20 de septiembre de 2020 / 08:51

Por La Razón

Seguro que detrás de una gran empresa, hay un gran equipo de trabajadores y La Razón no es la excepción. Por eso, en sus 30 años de vida tuvo la suerte de contar con profesionales de lujo, muchos de ellos vieron nacer y crecer a la empresa. Es el caso de Yamil Bustillos, José Luis Sánchez y Ángel Miranda, a quienes sus compañeros llaman los “dinosaurios” del Galpón de Auquisamaña.

Los tres recuerdan cómo llegaron a la empresa, los primeros días de trabajo, que por cierto fueron muy duros, y hablan de los momentos tristes y de los más felices que les tocó vivir. Desde luego tienen más de una anécdota que contar.

Muchos de los trabajadores fundadores de este medio de comunicación venían de otros, por tanto, de una u otra forma ya eran conocidos. “Recuerdo que la secretaria trajo su propio cuaderno y usó una caja de manzanas como escritorio. Después fuimos a comprar unos muebles al Barrio Chino”, dice Ángel. Pero para él lo más importante es que el número cero del periódico salió justo el día de su cumpleaños.

Cuatro días después el periódico ya estaba en las calles.

Ángel Miranda, Yamil Bustillos y José Luis Sánchez, los tres trabajadores más antiguos de La Razón. Foto: José Lavayén

Yamil cuenta que, como siempre, llegaba muy temprano a la oficina y se ponía a la orden de su jefe. Mientras lo que más recuerda José Luis es esa satisfacción que sentía al formar parte de un proyecto que, desde sus inicios, tendría grandes metas y ambiciones.

Los primeros días y semanas de trabajo fueron muy duros porque, entre otras cosas, el periódico se imprimía en la rotativa de otro medio de la competencia. “La primera semana fue muy pesada, teníamos que esperar a que impriman primero su edición y luego recién lo nuestro. Eran esperas interminables”, dice Ángel.

“Fue un cambio completo en mi vida, entrar a la empresa a partir de las cuatro de la mañana y ver el periódico fue una sensación de asombro, jamás antes vi algo así, pero mucho más llegar a la calle Camacho y conocer a los voceadores”, dice Yamil. “Desde las primeras semanas se pudo ver el compromiso y la responsabilidad de los trabajadores”, añade José Luis.

Como en toda historia hay momentos tristes y otros felices. Para José Luis el momento más triste es el de ahora con la pandemia. “Tuvimos que hacer una pausa en la publicación de los periódicos”, dice. Pero, además, esta pena aumentó con la muerte de un compañero de trabajo especial, José Luis Condori. Al contrario, los momentos más felices llegaban en Navidad. “Preparar los regalitos para los niños, su alegría y el agradecimiento de los papás”.

Para Ángel también éste es el momento más triste para la empresa y, como no podía ser de otra manera, sus días más felices están relacionados con el funcionamiento de esa enorme prensa que le toca manejar. “Cuando imprimíamos diferentes guías del país y la prensa, no paraba durante meses”.

Cómo no recordar también los festejos el Día del Gráfico. “Incluso un año bailamos caporales todos los trabajadores y ejecutivos, festejando en nuestras propias instalaciones”.

Yamil recuerda como los momentos más duros las pugnas con los voceadores, con quienes además trabaja de cerca. “Cuando el sindicato de voceadores realizó un paro contra la empresa negándose a vender y oponiéndose a que nosotros podamos hacerlo, llegamos a tener riñas un poco fuertes y al final ganamos como empresa”. Lo más feliz fue cuando vio a La Razón como el principal referente nacional y a Extra como el más vendido. “Todos querían trabajar en la empresa, por eso es y será un honor trabajar en esta empresa”.

José Luis recuerda esta parte de la historia de La Razón como un verdadero hito, porque los trabajadores demostraron su compromiso al salir ellos mismos a vender los periódicos. “Rompimos el monopolio de los voceadores”, dice.

Ángel recordará por siempre el día en que se logró imprimir el periódico en una rotativa propia y, unos años después, el traslado al Galpón de Auquisamaña donde se estrenó la nueva y potente rotativa con la que actualmente cuenta la empresa. “Fue el año 2000. Fue lo que nos llenó de orgullo, con todo nuevecito para estrenar, con la mejor tecnología del momento”. Yamil destaca a La Razón como el primer periódico en tener suscriptores, un servicio personalizado para el cliente.

Los tres tienen en la memoria y el corazón varios trabajos periodísticos que causaron sensación en su momento, como el secuestro de un empresario, la cobertura de los hechos de Octubre de 2003, el Mundial del 94, entre otros. O el lanzamiento de productos periodísticos nuevos, como el suplemento Marcas.

También es parte de la historia de este medio el ser pionero en el lanzamiento de artículos comerciales como los fascículos coleccionables, o los CD de música. Todo este trabajo ayudó al crecimiento y consolidación de la empresa.

Uno de los hechos que quedará por siempre en la memoria de los trabajadores de La Razón es, sin duda, el traslado de la empresa de la zona de Miraflores al Galpón de Auquisamaña. Primero porque permitió una mayor comodidad para todos los empleados y, segundo, porque dio lugar a un salto tecnológico sin precedentes para un medio de comunicación escrito.

“La empresa creció mucho y además aquí ya estaba la nueva rotativa, única en Sudamérica en ese momento”, dice José Luis. “El traslado se hizo urgente”, añade Yamil y Ángel relata que en su área el cambio fue paulatino. “Fue un salto de tecnología en la industria gráfica y la adquisición de la nueva rotativa Goss Universal 45 que automatizó varios procesos y tareas”. Por entonces se formaron dos grupos de trabajo de prensistas, los antiguos que imprimían la edición diaria en la rotativa antigua, y los nuevos que en la Goss imprimían los suplementos.

Los tres coinciden en que el Galpón es su segundo hogar y los compañeros de trabajo la otra familia con la que se convive. “Juntos transitamos por el mismo camino para el logro de los objetivos de nuestra empresa. Al transcurrir el tiempo llegas a identificar los valores de cada uno y sentir cariño fraterno, y con esa confianza formamos un gran equipo de trabajo”, dice José Luis.

“Estamos altamente comprometidos con la empresa”, añade Ángel. “El gran éxito de la empresa fue y es que nos enseñaron a trabajar en equipo, esto genera una gran fortaleza”, añade Yamil.

El impacto por la pandemia del coronavirus ha puesto al mundo en vilo y está haciendo estragos con la economía, la industria y el sector productivo. También fue un golpe duro para La Razón y su hermano menor Extra. A ello se suma una larga crisis de los medios impresos y una guerra sucia que se desató con contra de este medio y de su propietario. Los trabajadores de esta empresa, sobre todo los más antiguos, entienden esta realidad, pero también saben que “habrá una luz al final del túnel” y conocen “el camino que ahora hay que transitar”.

Cierto que hoy en día hay que darle más fuerza al periódico digital, pero también es cierto que el periódico impreso no morirá.

“Los cimientos construidos en estos 30 años deben ser fortalecidos con la fuerza y la responsabilidad que nos caracteriza, continuaremos siendo referentes en el periodismo y como empresa demostrar que con unión podemos salir adelante en esta crisis mundial”, dice José Luis.

“Yo digo siempre que esta es nuestra empresa, cuidémosla, no matemos la gallina de los huevos de oro, el papel es oro blanco. Hoy estamos en crisis, pero es una oportunidad para poder salir juntos adelante, lo lograremos juntos como siempre, como un equipo y familia”, afirma Ángel.

“El precio del éxito es trabajo duro, dedicación y determinación en que, ganes o pierdas, habrás hecho todo lo que estaba en tus manos”, Vicente Lombardi. Siento que esto resume el momento en el que vivimos en la empresa por los eventos externos e internos, pero estoy seguro que La Razón volverá a brillar en el horizonte”, señala Yamil.

Ángel Miranda es hoy Gerente de Producción; Yamil Bustillos, Gerente de Distribución, y José Luis Sánchez, Gerente Administrativo.

Éste es un espacio institucional de La Razón en el que compartiremos con nuestro público un detallado repaso a las tres décadas recorridas por este diario, mostrando los grandes hitos, los logros más importantes, los galardones, pero también los tropiezos y los momentos duros, como el que en este tiempo nos ha tocado vivir. A partir de ahora, tanto en su versión impresa como en la digital, comenzamos a contar nuestra historia, pero con la mirada puesta en el porvenir. Acompáñennos.

Comparte y opina:

Baja de Áñez

Podría esperarse también que ahora, lejos del proceso electoral, la Presidenta provisoria se concentre en la gestión en las pocas semanas de gobierno que le quedan.

/ 20 de septiembre de 2020 / 08:23

Por La Razón

Tras sostener su candidatura presidencial durante casi ocho meses, confundida con la gestión de gobierno, la hoy excandidata Jeanine Áñez se vio forzada a dar un paso al costado por diferentes razones. La decisión abona la narrativa del “voto útil” contra el MAS y remueve parcialmente el escenario electoral. Deja también en situación crítica a las organizaciones políticas de la alianza Juntos.

Diferentes estudios de opinión mostraron de manera reiterada dos percepciones mayoritarias en el bloque anti MAS: la primera, que Áñez debió concentrarse como presidenta provisoria en llevar adelante la transición y, por tanto, nunca debió haberse postulado como candidata; y la segunda, que dado el “riesgo” de una victoria electoral de Luis Arce en primera vuelta (posibilidad cierta según la reciente encuesta de Jubileo), debía renunciar a su candidatura… a favor de Mesa. Es lo que finalmente hizo.

Hay varios factores que explican la decisión de Áñez y de su entorno político, que en los hechos implica quedar fuera de los comicios del 18 de octubre. El principal factor, sin duda, es que el binomio presidencial de Juntos aparecía cada vez más abajo en las encuestas de intención de voto. El cálculo estratégico de disputar la presidencia, razonable al principio, se fue diluyendo con la crisis múltiple. Era una tendencia irreversible pese al uso de todo el aparato estatal al servicio de su candidatura.

Otra cuestión, también vinculada a las preferencias electorales, es el efecto de la dispersión del voto en las fuerzas anti MAS, en especial en Santa Cruz. Ello implica no solo alta incertidumbre sobre si habrá o no segunda vuelta entre los dos candidatos más votados, sino también que el MAS obtenga representación mayoritaria en las cámaras legislativas. A ello se suma nuevamente la narrativa del “voto útil”, alentada por Comunidad Ciudadana, sus voceros políticos y sus operadores mediáticos.

También cuentan en la baja de la alianza Juntos factores como el agravado contexto de crisis (en especial socioeconómica), la debilidad del Gobierno provisorio, el uso de recursos públicos en campaña electoral, las renovadas denuncias de corrupción, la sensación de parálisis en la gestión pública, la frágil pacificación, la previsible sobrecarga de demandas ante un régimen sin capacidad de respuesta, disputas internas, en fin, el costo político-electoral de una gestión de gobierno cuestionada.

En relación a las consecuencias de la renuncia de Áñez a su candidatura, la más evidente es la situación incierta y crítica de los socios de la alianza: Demócratas, Unidad Nacional, Sol.bo y Todos. Sobre los efectos en la intención de voto no hay datos todavía, aunque se presume que Mesa y Camacho disputarán el electorado “añista”. Podría esperarse también que ahora, lejos del proceso electoral, la Presidenta provisoria se concentre en la gestión en las pocas semanas de gobierno que le quedan.

Temas Relacionados

Comparte y opina:

TSE: Desde el 18 de septiembre hasta las 20:00 del 18 de octubre queda restringida la difusión de propaganda gubernamental

/ 18 de septiembre de 2020 / 08:41

Por La Razón

El Tribunal Supremo Electoral comunica que desde el viernes 18 de septiembre hasta las 20:00 horas del 18 de octubre queda restringida la difusión de propaganda gubernamental. Ninguna institución pública, empresa estatal o entidad en la que el Estado tenga participación podrá difundir mensajes que promuevan la gestión gubernamental.

Durante este período de difusión no será considerada propaganda gubernamental  la difusión de mensajes estrictamente informativos referidos a campañas educativas, de salud, deportes, servicios públicos o promoción turística y aquellos destinados a la protección civil en situaciones de emergencia, así como la información de carácter técnico que sea indispensable e impostergable para la población.

Comparte y opina:

Legislar

Hay, pues, desprecio por las leyes para rato, y casi nada de fuerza para hacerlas cumplir.

/ 18 de septiembre de 2020 / 03:02

Por La Razón

Entre las muchas señales de depauperación del espíritu democrático y decadencia de las instituciones del estado de derecho está el divorcio entre la Asamblea Legislativa Plurinacional (ALP) y el Órgano Ejecutivo, que no solo profundiza la ingobernabilidad, sino que además está creando adefesios normativos cuyo objeto no es ordenar la vida del país sino afectar al adversario político.

La creciente pugnacidad entre el Ejecutivo y el Legislativo, predecible desde el inicio del accidentado Gobierno transitorio, ha obligado a los conductores del primero a recurrir, como tantos otros gobierno anteriores, al uso (y posiblemente abuso) de la figura del decreto supremo y la resolución ministerial; al margen del efecto político que pudiera tener cualquiera de esas órdenes ejecutivas, en los hechos se trata de normas de corto alcance y más corta vida.

Un ejemplo de este aparente desprecio del sistema normativo se encuentra en que una decisión trascendente como el suspender, a causa de la pandemia, el derecho a la educación, consagrado en la Constitución Política del Estado; fue instruido mediante una resolución ministerial y no mediante ley, que es lo que dicta la doctrina. Falta ver cuáles serán los efectos jurídicos para los autores de esta determinación.

Por su lado la ALP, en constante muestra de creatividad y celeridad legislativa, produce y aprueba en tiempo récord leyes que el Ejecutivo no solo se rehúsa a promulgar, sino también a cumplir y hacer cumplir. El más reciente ejemplo es el de la ley que dispone la entrega del Bono contra el Hambre, que según la Presidenta interina no tiene financiamiento. Casi inmediatamente, la Mandataria transitoria ha pedido a los candidatos que siguen en carrera que “mantengan los bonos”. En cualquier caso, se trata de normas ideadas con el fin de poner piedras en el camino del Gobierno antes que hacer avances en favor de la población.

Para terminar de agravar el complicado panorama legislativo del país, donde históricamente se puede identificar desprecio por las normas tanto entre gobernantes como gobernados, es inevitable notar cierta torpeza de las personas a cargo de los procesos judiciales que impulsa el Ejecutivo, como ya se ha comentado antes en este mismo espacio.

De ahí que el Tribunal Constitucional Plurinacional haya rechazado, con el mismo argumento, sendas consultas de constitucionalidad de tres leyes propuestas y aprobadas por la bancada del MAS. Ninguna de ellas fue avalada por el TCP, y en el mejor de los casos, la situación ha provocado una incertidumbre útil para hacer inviable la aplicación de las normas.

La lección de este momento es particularmente peligrosa: si las autoridades de los dos poderes del Estado llamados a proponer, discutir, aprobar y sancionar leyes muestran tal desprecio por la forma, el fondo y la función de las leyes, es imposible que la población adopte una actitud diferente. Hay, pues, desprecio por las leyes para rato, y casi nada de fuerza para hacerlas cumplir.

Temas Relacionados

Comparte y opina:

Soluciones, no mugre

Urge pues que, más allá de observar, el TSE se manifieste con una exhortación y, en su caso, sanciones drásticas contra los intolerantes.

/ 16 de septiembre de 2020 / 01:15

Por La Razón

A solo 32 días de las esperadas elecciones generales 2020, las y los bolivianos que acudiremos a las urnas para reponer la legitimidad de los órganos del poder público, disponemos de muy poca información sobre las plataformas programáticas de las ocho fuerzas políticas que compiten en los comicios. Abundan, en cambio, la descalificación, la frivolidad, la guerra sucia.

Un ideal en democracia, una asignatura pendiente, es la participación informada de la ciudadanía. Ello implica que las preferencias electorales se definan no solo por consigna o con arreglo a las candidaturas u organizaciones políticas, sino también considerando las visiones de país, los programas de gobierno, las propuestas de políticas públicas. Estamos lejos de ello. En su mayoría, los documentos programáticos que presentan los partidos y alianzas en una elección solo buscan cumplir el requisito.

Pese a encomiables iniciativas y esfuerzos por impulsar debates y espacios de diálogo sobre temas de la agenda pública, predomina en la campaña electoral una lógica centrada en descalificar al adversario político, golpearlo, declararlo enemigo. Así, la conversación pública se degrada, al extremo de caer en la frivolidad. No es casual que el intercambio en redes sociales, por ejemplo, tenga que ver menos con ideas que con TikTokers, gorras, preparados de locro… La deliberación democrática en su mala hora.

Lo crítico es que los problemas principales del país no se están discutiendo. ¿Cuáles son las propuestas de las candidaturas presidenciales para enfrentar la crisis socioeconómica derivada de la pandemia del COVID-19, además de la mala administración de la economía? ¿Cómo superar la parálisis estatal en un escenario post-electoral que sin duda exigirá acuerdos amplios de gobernabilidad? ¿Qué debemos hacer, en estos tiempos inciertos, para atenuar la polarización política y la división social?

Este domingo, según el calendario electoral, se inicia el periodo de difusión de propaganda electoral en medios de comunicación. Es probable que la ausencia o debilidad de planes de gobierno sea reemplazada por mensajes de propaganda negativa (o “guerra sucia”). Sería no solo deplorable, sino inútil. En medio de semejante situación de crisis, la gente quiere soluciones, no mugre. Desde este domingo rige también la prohibición para difundir propaganda gubernamental de cualquier tipo en todos los niveles del Estado.

Un último aspecto esencial para garantizar condiciones de participación en las elecciones del 18 de octubre es la tolerancia mínima que debe existir para la realización de campaña electoral en cualquier parte del territorio nacional. Recientes acciones violentas en Potosí, Santa Cruz, Sucre y El Alto contra adversarios políticos están reñidas con la democracia. Urge pues que, más allá de observar, el TSE se manifieste con una exhortación y, en su caso, sanciones drásticas contra los intolerantes.

Temas Relacionados

Comparte y opina: