Sociedad

lunes 1 mar 2021 | Actualizado a 12:08

Fantasmas rondan en hospitales

Los hospitales del Complejo de Miraflores tienen visitantes eternos

En este lugar, "trabajadores" arman un gran bullicio.

Por La Razón

/ 12 de junio de 2011 / 05:00

Los testimonios de enfermeras, de guardias, porteros y hasta pacientes dan cuenta de que por las noches, entre los corredores, jardines, gradas e inclusive salas donde hay internos se escuchan lamentos, risas, llanto de niños y no pocas veces se observa vagar a personajes que, averiguada la cosa, murieron en el hospital.

La Razón realizó un recorrido por el complejo: el Hospital del Niño, el hospital de la Mujer, la Morgue y del Tórax. Conversó con personas que trabajan, en algún caso, desde hace 30 años en el Hospital General. Por ejemplo, Primitiva Trujillo, quien pasó por varios servicios sin problemas, hasta que la designaron a la sala de hemodiálisis.

«Yo tenía que abrir las pilas de agua para hacer funcionar toda la noche los equipos de diálisis. Una noche, cumplí mi trabajo, pero horas después me hicieron notar que dichas pilas estaban cerradas. Las enfermeras me han reñido bastante». Trujillo recordó entonces que una enfermera le había advertido sobre las acciones de unos duendecillos. «Primi, en las noches, cuando entres a la sala de  máquinas, vas a ir hablando, vas a decirles a los duendecillos: ‘¡Ya, por favor, no me hagan esto, no van a cerrar las piletas, se van a portar bien porque de lo contrario me van a ser regañar!; así te vas a quejar y les vas a hablar’, me ha dicho». La mujer, incrédula, no siguió los consejos.

La responsable de instrumentales cuenta que en ese espacio, donde ahora está la sala de diálisis, hace años se hallaba el maternológico y la sala de refrigeración a donde se llevaba a los niños que perdían la vida. «Ahí han fallecido niños, mujeres y por eso debe ser pesado. Pero ahora ya no les tengo miedo, les hablo a los duendecillos», cuenta Trujillo.

Se dice que el Complejo Hospitalario de Miraflores, que fue construido en 1931, se erige sobre un antiguo cementerio. Los primeros años, el lugar fueron administrado por las monjas de la orden de Santa Ana, sobre las que se teje rumores que hablan de una permanencia aún hoy, como fantasmas en pena.

Los fantasmas, duendecillos y almas provocan miedo entre algunos funcionarios; pero hay algunos, como un médico de apellido Tapia, que no cree en ninguna de estas historias. «Son tonterías, he trabajado varios años aquí y nunca vi nada», desecha.

Otra es la opinión de Sonia, enfermera, quien luego de haber trabajado 23 años sin sobresaltos, hace un mes se llevó «el susto de mi vida». Y cuenta que se quedó dormida en la sala de diálisis, «me he recostado en una cama del piso de arriba y estaba encendida la luz. Dormitaba ya, cuando he sentido claramente que me jalaban los dos pies con mucha fuerza. Desperté sobresaltada, pero  no podía gritar ni hablar, nada, y seguía sintiendo los jalones. Me he asustado muchísimo; si alguien me estaba jugando una broma lo habría visto pues todo estaba iluminado. Tuve que hacer uso de  mucha fuerza para al fin  taparme la cara con la sábana. Recé y entonces volvió la calma».

No sólo fantasmas humanos se pasean por el lugar, a decir de los testigos. También está Pancho, un perro que se crió en el Hospital de Clínicas y que, ya muerto, se hace sentir por los guardias de seguridad nocturna.

Pancho, el perro que espanta a las almas y  acompaña a los policías nocturnos

Uno de los guardias de seguridad del Complejo Hospitalario de Miraflores cuenta que hace seis años cuida los tres nosocomios del Complejo Hospitalario de Miraflores. «Todas las noches camino por el Hospital de la Mujer, el de Clínicas y del Tórax, donde está la morgue». El policía dice no sentirse solo, pues Pancho, un perro negro con matices blancos en la frente y en la punta de la cola, está invariablemente a su lado. Otros de los efectivos policiales asignados para el día y la noche cuentan con él, según dicen otros empleados.

«Sin el Pancho no voy por los rincones de noche, él parece saberlo, pues cuando hay un alma no ladra como para asustar a un ladrón, cuando ve un alma primero se queda quieto, mira entre la oscuridad y empieza a ladrar, se vuelve loco», cuenta el policía.

Mire sus ojos (agarra al can y señala el rostro); son muy salidos, bien saltados están, tantas almas que ve, de cualquiera se pueden salir sus ojos pues», concluye como si se tratase de lo más común. Añade que cuando era niño, le decían que si se topaba con un alma mala, «te puede sopapear, puedes entrar en shock y perder mucha sangre». Por eso «me acompaña el Pancho, él me protege, él me cuida, solito no voy, me da miedo de las almas de las personas que han muerto cuando no era su tiempo».

El guardia recuerda que  hace años, cuando cumplía su servicio en el Hospital del Niño —que se encuentra en el lado izquierdo del Complejo de Miraflores— observó el patio del Hospital General y vio a dos jóvenes que corrían en la oscuridad. «Yo hacía mi ronda y una noche se me ocurrió apoyarme en la ventana del cuarto piso y desde ahí he visto que dos jóvenes de negro que corrían y jugaban. Estaba todo muy oscuro, apenas los divisaba; pero cuando llegaron a la luz se perdieron. Me he helado todo, no he vuelto a mirar».

Es más de medianoche y el policía debe ir por la cancha de la morgue. Pancho se adelanta y de rato en rato se detiene para mirar fijamente en la oscuridad. Unos segundos después gime y se anima a ladrar. «Está viendo almas», concluye el guardia.

Doctores  pasean por los pasillos y se pierden en la oscuridad

Tres hombres, con mandiles blancos de médico, que al parecer charlan entre ellos, recorren en medio de la oscuridad de las instalaciones del Hospital de Clínicas. Quienes dicen haberlos visto, afirman que cuando las figuras se acercan a la luz, simplemente desaparecen. Catalina, que trabaja desde hace 30 años como instrumentista, narra que cierta noche en que le tocó limpiar el pabellón Italia, las enfermeras le pidieron que llamara un médico porque un paciente se había puesto mal.  «Salí corriendo y vi a tres doctores de espaldas por el pasillo. Les he llamado: ‘¡Doctores, doctores, los necesitan en la sala de emergencias¡’ Ninguno se daba la vuelta ni me hacía caso». Ella se preguntó por qué no la escuchaban y «he corrido detrás de ellos; cuando me acercaba, ya casi como para tocarlos, han desaparecido, no había nada», cuenta mientras pone cara de susto pese al tiempo transcurrido. «De miedo me he metido a la sala de emergencias y no he salido más; mis cabellos se han parado, lo he sentido así. Yo estaba detrás de ellos, los he visto muy bien; pero cerca de la luz desaparecieron como por arte de magia».

Pero hay otros fantasmas que tomar en cuenta, dice María, responsable de la limpieza del lugar. Éstos golpean, hacen bulla y caminan en la parte superior de Administración.

Un viernes, relata la señora que llama a «sus» fantasmas trabajadores, al terminar sus tareas escuchó un bullicio. «¿Qué raro, si todos se han ido?», pensó. «Estaba solita y ya me tocaba marcharme, cuando sentí que en el Palomar, como se llama a la parte superior del edificio, había luz y ruido». Seguramente los albañiles, que arreglan de vez en cuando el techo, se han quedado a trabajar, se dijo María. Les gritó para que se retirasen, pues ella ya se iba y no era cosa de dejarlos en el hospital.

«¡Maestro, hasta qué hora van a trabajar!», preguntó y subió las gradas para acercarse más y se sorprendió al encontrar la puerta de acceso con candado. Asustada, «me fui corriendo». 

La enfermera  de capa azul, como las de antes, y que vela por los pacientes de las distintas salas
Las enfermeras del Hospital de Clínicas cuentan que por las noches, siempre  a partir de las dos de la madrugada, una enfermera con capa azul como las que se usaba con frecuencia en el pasado, recorre el lugar siempre con la misma trayectoria:  pasillo central del nosocomio para perderse por la puerta de laboratorio. Lo que asusta es que no tiene cabeza. 

Esta historia fue corroborada por Wilma, una de las asistentes de la sala de Oncología, quien asegura que sus colegas también la vieron siempre por el mismo lugar. «Por los pasillos pasea todas las noches. Parece que le gusta quedarse en el área de laboratorio. Cuando alguien se le acerca, desaparece. Dicen que es la enfermera más antigua y que trabajaba cuando las monjas administraban el hospital y eran muy estrictas. Algunas personas aseguran que entra a las salas a cuidar a los pacientes». El Complejo Hospitalario de Miraflores funcionó entre  1913 y 1993 bajo la administración de las religiosas. Desde entonces pasó a ser autónomo, según informó el doctor Eduardo Chávez, exdirector del nosocomio paceño.

El médico con estetoscopio recorre los pasillos del Hospital del Tórax y los jardines de la morgue

El terreno donde actualmente está el Complejo Hospitalario de Miraflores era conocido como el Valle de los Muertos, porque se cree que antes era un cementerio. En 1913 se empezó a edificar la infraestructura siguiendo el diseño arquitectónico de Emilio Villanueva. En la parte superior del terreno donde se estableció la nueva morgue es donde noche tras noche se ve pasear al que se denomina «Doctor sin cabeza» que, de todas maneras, lleva el estetoscopio colgado en el cuello.

Esta historia es contada por la enfermera del servicio de Oncología y la esposa de Eloy, el portero del nosocomio, que trabaja hace 35 años en el lugar. «Tanta gente que ha muerto, hay pues almas, el doctor sin cabeza que aparece por las noches, se dice que va por los pasillos y los jardines de la morgue. Se lo ve en la oscuridad por su mandil blanco y el estetoscopio que brilla. La cabeza se pierde en la oscuridad, tal vez no la tiene».

Las especulaciones vuelan con la imaginación de la gente. «Algunos dicen que es el jinete sin cabeza —confía la esposa de Eloy—, pero es un médico», se convence.

Hay niños que juegan en las salas o que  lloran en las gradas

Teresa trabaja hace 20 años en el Hospital del Niño. Afirma que jamás había vivido una experiencia como la de hace cuatro años. Una noche, mientras realizaba su recorrido nocturno de visita por las salas de internos, escuchó risas de niños en el piso superior. Pensó que algunos de los pequeños pacientes estaban jugando en medio de la oscuridad, así que, para sorprenderlos, subió en silencio. Cuando más se acercaba, más fuerte era el ruido infantil. Cuando abrió la puerta, no halló a nadie.

«Me he asustado. Un frío me ha estremecido todo el cuerpo. Quedé paralizada porque no había nada. Sé lo que escuché con claridad, alguien jugaba y reía». Al día siguiente pensó que era una locura, algo imposible; «pero la portera me reclamó por la bulla que esos niños hicieron toda la noche».

La noticia de niños  que ríen o que lloran en las salas o en las gradas de los nosocomios es frecuente. Nelly, enfermera del Hospital del Tórax,  cuenta que cuando estaba designada en el área de Neurología escuchó el llanto de una pequeña en las gradas. «Salí y la vi, parecía tener unos 11 años, estaba de espaldas. Me acerqué a ver qué le pasaba, pero ya no estaba allí.

He salido corriendo y he pedido que me cambien de servicio».

Algunos padres de familia y funcionarios aseguran haber visto en las rampas del Hospital del Niño a una enfermera en el afán de hacer su paseo nocturno. Se cree que es el espíritu de una antigua funcionaria, que quería mucho a los niños y que por eso persiste en estar junto a ellos por las noches.

Otro ente es La Viuda del General, bautizada como tal por Eloy, el portero del Hospital General. La describe como a una mujer delgada a quien confundió con una enfermera la noche que la divisó en el jardín y la siguió hasta la sala de cirugía. El sereno cuenta que la mujer ingresó al lugar y él por detrás, pero no la vio más. Preguntó a un paciente si la había visto y él le respondió que a nadie.

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Pacto fiscal

Es un imperativo constitucional y legal que no halla cauce desde hace más de un lustro.

Por La Razón

/ 1 de marzo de 2021 / 00:36

Como se ha mencionado en varias ocasiones en este mismo espacio, uno de los temas principales en el debate de cara a la elección de las y los gobernadores es el referido al pacto fiscal, imperativo constitucional y legal que no halla cauce desde hace más de un lustro, y que en gran medida determina la posibilidad de avanzar en la senda autonómica, el resto es voluntad política.

Tres candidatos y una candidata a la gobernación de su respectivo departamento se avinieron a responder algunas preguntas relacionadas con su mirada sobre el rumbo que este trámite debe tomar. Sus respuestas, variadas como su perspectiva y su posición en el tablero ideológico, hacen poco énfasis en la necesidad de alcanzar acuerdos, tarea que demanda diálogo y negociación, pero también y sobre todo, profunda vocación autonómica.

Así, los candidatos a gobernador por el gobernante MAS en La Paz y Cochabamba coinciden en la necesidad de coordinar con el nivel central del Estado para asegurar fuentes de ingreso a sus respectivas gobernaciones; el de Cochabamba además asume que los tiempos no están para aventuras en materia de impuestos o empresas públicas y que conviene asegurar el financiamiento de fuentes nacionales.

Más inclinación al modelo autonómico muestran la candidata por Unidad Nacional a la Gobernación de La Paz y el candidato de Creemos al gobierno departamental de Santa Cruz. Ambos coinciden en subrayar el hecho de que más de ocho de cada 10 dólares de los recursos públicos son administrados por el Gobierno nacional, dejando muy poco para la gestión de gobernaciones, gobiernos municipales y universidades.

La candidata paceña señala las profundas inequidades que produce el estado actual de cosas, no solo entre departamentos y con relación al nivel central, sino también entre municipios de un mismo departamento a causa de las diferencias en población. Para también el excandidato a la presidencia, el pacto fiscal debe asignar el 60% de los recursos a los gobiernos subnacionales y solo el 40% al nacional. Estos candidatos tampoco muestran inclinación a desarrollar vocación y capacidades para la generación de ingresos propios.

Es posible que por la dificultad inherente a lograr acuerdos que dejen contenta a la mayoría, o que produzcan descontento entre los menos, la posibilidad de reinstalar un consejo autonómico como el que no logró grandes avances en 2018 sea todavía remota y no esté en agenda de nadie, particularmente por la debilidad estructural que acompañará, siquiera al principio de su mandato, a los nuevos gobernantes subnacionales.

Sin embargo es un tema pendiente desde hace mucho, y urgente, pues solo cuando haya acuerdo en el modo en que los recursos deben ser distribuidos, pero además producidos, será posible vislumbrar el modo en que la autonomía puede hacerse realidad. Mientras tanto, el Gobierno central controla los recursos y gran parte de las decisiones, y los subnacionales tienen a quién culpar de sus defectos.

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Nuevo campo político

El panorama del campo político no parece encaminarse hacia la institucionalización de un sólido sistema de representación política.

Por La Razón

/ 28 de febrero de 2021 / 00:52

Como se sabe, con la realización de las elecciones departamentales, regionales y municipales del próximo domingo concluye un largo e intenso ciclo electoral en el país. Más allá de los resultados de estos comicios y su incidencia en la llamada “división vertical” del poder, será necesario evaluar la reconfiguración del campo político, su rumbo y sus actores relevantes.

Luego de las elecciones generales de octubre del año pasado, que definieron el binomio presidencial y una nueva composición de la Asamblea Legislativa Plurinacional, el paisaje político se completará con la elección de gobernadores, asambleístas departamentales, alcaldes, concejales municipales y algunas autoridades regionales. Se habrá establecido así, tras la prórroga de mandatos, la conformación de gobiernos y órganos legislativos en el nivel central del Estado y en las entidades territoriales autónomas.

A reserva del nuevo balance de fuerzas resultante de los comicios subnacionales, bastante similar en tendencia a los años 2010 y 2015 (descenso de votación del MAS respecto a las elecciones presidenciales, victoria opositora en varias gobernaciones y ciudades capitales, tónica de dispersión), la cuestión fundamental tiene que ver con el modo en que se reconfigura el campo político. Parece cambiar el sistema de partidos (hacia una pauta pluralista) y hay señales de crisis de representación política.

En relación al gobernante MAS, autodefinido como “instrumento político”, si bien es hoy la única fuerza política con presencia en todo el territorio nacional y obtuvo una nueva victoria electoral con mayoría absoluta, debe afrontar la fisura entre su dirigencia partidaria, con débil legitimidad, y las organizaciones sociales del Pacto de Unidad. La disputa interna, con previsibles efectos de corto plazo y el reto de renovación de liderazgos, debe resolver también el lugar y futuro de Evo Morales.

En el campo de las oposiciones, en tanto, predomina la debilidad orgánica, la fragmentación y la ausencia de un proyecto de país con respaldo popular. Comunidad Ciudadana, alianza nominal, parece dedicada al activismo en la Asamblea Legislativa. Creemos es una fuerza replegada en lo regional. UN y Demócratas no tienen asambleístas nacionales ni tendrán presencia relevante en las entidades autónomas. Y los otros partidos: PAN-Bol, MTS, PDC, MNR, FPV y ADN, deambulan entre lo testimonial y la marginalidad.

Cierto que hay una centena de organizaciones de alcance departamental o local, algunas de las cuales obtendrán cargos de gobierno y de representación, pero salvo excepciones son únicamente siglas con candidato que se activan en elecciones. El panorama del campo político en Bolivia, pues, no parece encaminarse hacia la institucionalización de un sólido sistema de representación política. Las señales más bien son de crisis. La calidad de la democracia tiene aquí una decisiva asignatura pendiente.

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Denuncias y justicia

Las formas importan mucho, así el país y su democracia saldrán ganando al margen del color político que gobierne en el momento.

Por La Razón

/ 27 de febrero de 2021 / 01:10

En los últimos días salieron a la luz numerosas denuncias y cuestionamientos a funcionarios del anterior gobierno. Entendiendo que hay necesidad de esclarecimientos y eventualmente de procesos jurisdiccionales sobre estas cuestiones, éstos deberían ser realizados siempre con seriedad, respetando los derechos de las personas y sobre todo de manera que estén y parezcan alejados de intereses partidarios.

En los primeros días del gobierno del presidente Arce, la opinión pública observó con aprobación las declaraciones de las nuevas autoridades que afirmaron que el Gobierno no iba a intervenir indebidamente en las investigaciones y decisiones de la Justicia sobre casos en los que estarían involucrados políticos o exfuncionarios públicos.

Esa decisión positiva venía después de un año en el que altos funcionarios del régimen transitorio promovieron y ejecutaron acciones vociferantes, desmedidas y en muchos casos ilegales de persecución y estigmatización de personas que habían pertenecido al gobierno del MAS o que, según ellos, estaban vinculados a esa fuerza política. Este fenómeno fue ampliamente documentado y censurado por respetadas instituciones externas de defensa de los derechos humanos.

Obviamente, la necesaria toma de distancia y respeto escrupuloso de los procedimientos por parte del Poder Ejecutivo en este tipo de casos no significa que se deba desentender de las irregularidades o delitos que podrían haberse producido en la gestión de las instituciones estatales.

Sin duda se debe investigar lo que corresponde si existen indicios de irregularidades o delitos, informar a las instancias competentes y promover acciones administrativas o judiciales en el marco del debido proceso y el respeto de los derechos de los involucrados. Eso incluye, entre otras cosas, tener cuidado en adelantar conclusiones o utilizarlas con ligereza para manchar públicamente el honor de las personas, sin que previamente haya investigaciones sólidas y con posibilidad de los acusados para descargar sus responsabilidades.

Como suele pasar, los excesos al final dañan las mejores intenciones, pues en medio de cuestionamientos de todo calibre y calidad se va instalando la duda en la opinión pública. Al final, todo puede parecer igual, un instrumento más de la lucha política, permitiendo que los grandes delitos y violaciones de derechos humanos se camuflen en ese barullo y tengan oportunidad de ser relativizados o hasta justificados.

El país necesita aclarar y reflexionar colectivamente sobre lo que sucedió el año pasado, esa es la única garantía de que los abusos estatales a ciudadanos por sus ideas políticas no se repitan en el futuro. Y eso pasa por redoblar la prudencia, profesionalidad y respeto de los derechos de todas y todos, desde el actual Estado, cuando se hacen denuncias o investigan situaciones irregulares en la administración pública. Las formas importan y mucho, así el país y su democracia saldrán ganando al margen del color político que gobierne en el momento.

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73 indicadores

Las enormes diferencias de ingreso entre oficiales y suboficiales ha sido fuente de tensión.

Por La Razón

/ 26 de febrero de 2021 / 01:17

El Ministro de Gobierno anunció que trabaja en la reestructuración de la Policía Boliviana; el trabajo a desarrollar, explicó, está señalado en un documento de “73 indicadores” presentado en diciembre pasado por el presidente Arce. No es el primer titular de esa cartera en hacer tal anuncio; al parecer la verde olivo es una de las instituciones más reacias al cambio.

Fue en nuestro programa Piedra, papel y tinta, que se transmite vía Internet, donde la autoridad a cargo de la seguridad interna del país afirmó que en la Policía hay tanto cosas buenas como malas. También aseguró que no todo el cuerpo policial se amotinó en noviembre de 2019, sino solo “un grupo” que se hizo “servil al golpe de Estado”. Asimismo, anunció que el Viceministerio de Descolonización presentó 26 demandas contra sendos policías que quitaron la wiphala de sus uniformes.

No es difícil imaginar que, como ha sucedido antes, esos grupos que estuvieron dispuestos a dañar la imagen de toda la institución en 2019 no tendrán reparo en buscar formas de impedir la anunciada reestructuración y cabe preguntarse cuán firme es la voluntad política de verdaderamente transformar esa institución, tarea que seguramente tendrá un costo enorme, no solamente en dinero.

Se ha señalado numerosas veces, en este y en otros espacios de opinión, que síntoma de la corrupción estructural en la Policía eran las denuncias de cobros irregulares, y altamente onerosos para padres y madres de jóvenes aspirantes a la condición de Oficial de Policía, que se conocían año tras año. Si necesitaba corromperse, incluso antes de iniciar su carrera, quien aspiraba a ser un servidor dedicado a combatir el crimen, es poco probable que luego tuviese incentivos para la corrección y la ética.

No solo eso. Las enormes diferencias de ingreso entre oficiales y suboficiales también ha sido fuente de tensión en varias ocasiones; y varias veces se denunció que parte de los sobornos que algunos policías suelen aceptar, alegando que su paupérrimo ingreso les obliga a esos extremos, termina en manos de los jefes en el Comando. No se recuerdan investigaciones y sanciones, como tampoco fehacientes desmentidos.

Tal vez por eso el ministro reconoció en la entrevista que hay “demandas históricas” de los policías que hasta ahora no han sido resueltas, irónicamente pese a que fueron varios los ministros de Gobierno que dijeron preocuparse por la tropa. Resolver esas demandas, tal vez, puede ser un inicio en la recomposición moral de una institución que, desafortunadamente, a muchos les conviene que sea venal.

Será bueno dar a conocer los 73 indicadores de mejora en la Policía Boliviana para hacer seguimiento a las acciones que encare el ministro a cargo de la tarea, pero sobre todo para que la población sepa qué debe cambiar y cómo. Así tal vez sea posible involucrar a la sociedad en la tarea y tal vez darle algo de esperanza en que es posible ese cambio.   

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Cinco años de 21F

Hoy es una suerte de añoranza de la oposición, que viene de una nueva derrota electoral a favor del MAS-IPSP.

Por La Razón

/ 24 de febrero de 2021 / 00:42

Más allá de la disputa política y de la degradación de la deliberación pública (en especial en las redes sociales), el referéndum constitucional del 21 de febrero de 2016 (21F) marca un hito democrático en el país. Es también un punto de inflexión en el gobierno del expresidente Morales. Y se sigue agitando como bandera de las oposiciones, aunque con escaso potencial movilizador.

Cuando en el segundo semestre de 2015, en medio del referéndum sobre estatutos autonómicos departamentales, el gobierno del expresidente Morales tomó la decisión de impulsar una consulta para la reforma constitucional, estaba reponiendo en primer plano el debate sobre la reelección. El asunto había sido crítico en el proceso constituyente y fue uno de los puntos álgidos en la negociación política (año 2008) que viabilizó el referéndum aprobatorio de la nueva Constitución Política del Estado.

Así, la pretensión del gobierno del MAS-IPSP de ampliar la posibilidad de reelección de su binomio presidencial (bajo el eufemismo de “derecho a la repostulación”) generó un escenario de disputa cuyas consecuencias, en ese momento, eran imprevisibles. Convocado por ley, el referéndum constitucional para la reforma del artículo 169 de la CPE se realizó el 21 de febrero de 2016. Por escaso margen, tras una bien sincronizada guerra sucia, ganó la opción NO, de rechazo a la reforma. Fue una decisión democrática.

De acuerdo con la normativa vigente, el resultado de un referéndum es vinculante y de cumplimiento obligatorio. Desconociendo ese principio, el oficialismo recurrió a un atajo constitucional para habilitar la candidatura del binomio Morales- García Linera en los comicios generales. Ello se expresó, 21 meses después de la consulta, en una polémica sentencia constitucional, aprobada en noviembre de 2017, días antes de las malogradas elecciones judiciales. El 21F se convirtió entonces en bandera opositora.

Lo que sigue es conocido. Al amparo de la sentencia constitucional, que también es vinculante y de cumplimiento obligatorio, el MAS-IPSP confirmó su binomio en las primarias presidenciales de enero de 2019, previa habilitación del TSE. Y se encaminó el proceso electoral de ese año. La oposición, por su parte, junto con sus operadores mediáticos, tejió la narrativa del “fraude”. Esa narrativa desconoció por anticipado el resultado de los comicios. La bandera devino en movilización con salida inconstitucional.

Transcurridos cinco años del referéndum, más allá de la reciclada disputa política, el 21F marca un hito de decisión democrática en el país, que también fue punto de inflexión en la legitimidad del prolongado gobierno del expresidente Morales. Hoy es una suerte de añoranza de la oposición, que viene de una nueva derrota electoral a favor del MAS-IPSP. Y lo más importante: reafirma de manera inequívoca la necesidad de renovación de liderazgos y la tradición de alternancia bajo reglas democráticas.

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