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De la rebelión de los objetos a sus expresiones

Concluido un fecundo ciclo de la RAE, que deja un amplio legado a las ciencias sociales, una nueva etapa de reflexión empezará en 2019.

/ 5 de septiembre de 2018 / 04:00

El mes anterior, el Museo Nacional de Etnografía y Folklore (Musef) celebró la trigésima segunda Reunión Anual de Etnología (RAE), uno de los eventos con más trayectoria de las ciencias sociales bolivianas. La versión 2018 de la RAE, dedicada a los materiales líticos, cerró un ciclo de seis años llamado “La rebelión de los objetos”, cuya conclusión permite el balance y proyección de este importante evento.

Como apuntó Milton Eyzaguirre (en un artículo publicado con anterioridad), en 2012, las “charlas sabatinas” y “sábados culturales” que organizaba el museo se constituyeron en los antecedentes inmediatos de la RAE. Nacida oficialmente en 1987, bajo la dirección de Hugo Daniel Ruiz, su búsqueda inicial es reflexionar sobre la realidad boliviana desde la antropología. Se ensambla también con los actores sociales de los agitados años 80 y 90, razón por la cual la influencia de la RAE en el reconocimiento de la multiculturalidad en Bolivia no puede ser ignorada.

Entre 1990 y 2012, caracterizó a la RAE un seminario central sobre algún tema de actualidad, tratándose tópicos como territorio, educación intercultural, violencia, medio ambiente, patrimonio, racismo, mestizaje o vivir bien. Al mismo tiempo, las mesas de debate se organizaban según disciplina, dando cabida a la antropología y estudios culturales a la arqueología, historia y lingüística. La RAE jugó así un rol destacado en la consolidación de las academias en ciencias sociales bolivianas, proveyendo una plataforma para la reproducción disciplinaria.

Desde 2013 y bajo la dirección de Elvira Espejo, la RAE mutó hacia un evento de temática específica. “La rebelión de los objetos” fue el nombre de este ciclo de seis años, gobernado por el concepto de cadena operatoria como secuencia de pasos que definen la obtención de materiales, producción y uso de objetos, pero también los mundos de significados que se despliegan durante las acciones técnicas. Seis eventos se sucedieron en esta línea, dedicados a las mayores colecciones del museo: textiles (2013), cerámica (2014), arte plumario (2015), minería y metales (2016), cestería y maderas (2017) y líticos (2018).

En retrospectiva se puede cuestionar que estas seis RAE específicas decrecieron en volumen con respecto a sus predecesoras. En contraste, se resalta que la RAE se vinculó a las colecciones del Musef y con ello a su accionar investigativo, documental, editorial y museográfico. También que, con disciplinas ya consolidadas a nivel universitario, ofreció interdisciplina y una vinculación horizontal de los académicos con los practicantes.

Aunque se tiende a percibir a este ciclo como ajeno a la coyuntura, esta idea no es muy cierta. La situación de las comunidades de tejedoras o gremios de orfebres ante el avasallamiento de productos importados; el potencial de industrias como la cerámica y la joyería; el problema entre derechos culturales y medioambientales desde el arte plumario; la deforestación; los problemas de contaminación o de salud que genera la minería, entre otros, fueron temas de “La rebelión de los objetos”. Junto a ellos, el estudio del pasado y presente de los materiales mostró sus interfaces con lo identitario, el folklore, la conservación patrimonial, la educación, la ciencia y el arte. Los seis volúmenes de los Anales de la Reunión Anual de Etnología compilan estos aportes y agrandan el amplio legado de la RAE a las ciencias sociales.

El ciclo 2019-2025 de la RAE titula “Expresiones”, indicando que estos objetos rebeldes, revelados, ahora se expresan y actúan, planteando conexiones para expresar ideas, afectos y reivindicaciones. En su edición 2019, “Cuerpos y objetos” buscará la reflexión acerca del ser humano como cuerpo material y el mundo social que lo rodea. Las discusiones abordarán el rol de la indumentaria en la expresión de las identidades colectivas; las performances y discursos sobre cuerpo y género; las imágenes humanas como signos que transmiten ideales y memorias; el cuerpo como soporte de la expresión gestual, ceremonial y artística; y el cuerpo biológico, en relación con la salud pública e intercultural.

En este ciclo que se inaugura, la RAE pretende mantener la interdisciplina y el vínculo con las colecciones del museo, sugiriendo temáticas más amplias que ensamblen a academias, practicantes, colectivos sociales, activistas y creadores. Encara también el desafío de transferir este conocimiento acumulado a la población mediante nuevos lenguajes. Persigue, honrando la historia de la RAE, reflexionar sobre la sociedad mutando constantemente, en relación con nuevas coyunturas.

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La etnología se viste de plumas

Ponencias, debates y una exposición rescatan una importante expresión artística y social de los pueblos nativos americanos

/ 16 de agosto de 2015 / 04:00

La Reunión Anual de Etnología (RAE) se ha ganado, después de celebrarse 25 años continuos, el derecho a ser considerada un referente de las ciencias sociales bolivianas. La edición de 2015 se va a desarrollar esta semana en el Museo Nacional de Etnografía y Folklore (Musef) y estará dedicada al arte plumario, una importante manifestación social y artística de los pueblos nativos americanos. Ponencias, mesas redondas, debates y charlas magistrales, además de la exposición El poder de las plumas, buscan animar nuevas investigaciones y dar a conocer la historia y la actualidad de este arte al público en general.

El Arte Plumario tal vez sea el tema menos estudiado de los que se han abordado hasta ahora en la RAE. Para profundizar sobre él se ofrecerán 39 ponencias, tres demostraciones prácticas y cuatro charlas magistrales. Aunque algunos ponentes vienen del extranjero, la mayoría son investigadores bolivianos de un rango disciplinario amplio: antropólogos, arqueólogos, historiadores, biólogos, ecólogos y conservadores. Sus trabajos giran en torno a las aves y plumas en todos sus aspectos, desde lo biológico hasta lo histórico pasando por lo simbólico y lo museístico.

Cada disciplina aportará al diálogo sobre el momento que atraviesa el objeto plumario. La primera mesa está dedicada a las plumas en objetos culturales, sus modos de acopio y significados de las aves en estos procesos. La segunda abordará modos tradicionales de elaboración de los objetos plumarios en diversos tiempos y regiones. La tercera se centrará en los usos de los objetos y su emulación iconográfica o arte factual. La cuarta aborda la relación con las aves desde varios enfoques, incluyendo la posible disyuntiva entre cuidar la vida silvestre o los derechos culturales.

El énfasis de los debates se pondrá en las materias primas y procesos de elaboración, y para hablar de ello los cientistas sociales compartirán palestra con cientistas naturales, artesanos y artistas. También se presentarán demostraciones prácticas de manufactura empleando plumas sintéticas. Así, se reforzará la discusión interdisciplinaria y multifocal y el evento ganará profundidad y calidad. Ciertos académicos se mostraron reacios a esta interdisciplinariedad y prefirieron defender la superioridad elitista del investigador sobre el artesano y del discurso sobre la práctica, por lo que han rechazado estos cambios en la RAE. Sin embargo, muchos otros han recogido con entusiasmo el reto de la renovación y se han sumado a él.

La RAE se ha convertido en los últimos años en una plataforma privilegiada de reflexión gracias a que se ha involucrado con las realidades locales. Así ha difundido las nuevas tendencias de las ciencias antropológicas entre jóvenes investigadores, abriendo otras perspectivas de estudio. Para mantener ese espíritu de renovación la RAE se ha adaptado a las nuevas coyunturas y ha planteado un desafío a los antropólogos: descender del discurso abstracto a la práctica, que se basa en la acción social humana. La RAE ya no se piensa como una reunión de académicos, sino como un diálogo entre la academia y el Musef en el que los objetos tienen un rol fundamental. Los objetos en sí y también las materias primas con las que se realizan, las cadenas de producción en las que se fabrican, las vidas y los significados que adquieren y las consecuencias sociales que provocan.

El poder de los destellos

Carla Jaimes – arqueóloga

El arte plumario es una manifestación artística y ritual muy antigua en América. En la costa de Perú se hallaron evidencias arqueológicas que corresponden al periodo Arcaico Tardío, a partir del 3000 a.C. También se encontraron allí piezas elaboradas con plumas pertenecientes a las culturas Huari, Paracas, Nazca, Chimú e Inka, la mayoría de ellas fechadas para la época Chimú, que discurre del 900 a 1470 d.C.

El uso de prendas de vestir elaboradas con plumas de extraordinarios colores y brillos identificaba durante el periodo prehispánico a los individuos de alto rango social. Las plumas podían combinarse con materiales preciados, como objetos de plata, oro, turquesa y jade. Estos elementos formaban parte del código que utilizaron varias sociedades para diferenciar sus estratos sociales y estructurar formas de convivencia entre los hombres y sus sacralidades. Así, los colores destellantes del plumaje de las aves —rojos, verdes, amarillos o azules— jugaba un papel muy importante en la vida cotidiana: eran algo más que fastuosidad, representaban el poder.

En la época prehispánica las plumas exóticas de parabas, loros, tucanes, cotingas y tangaras llegaban a los Andes o a la Costa desde los bosques tropicales. El largo camino que tenían que recorrer las convertían en un bien muy preciado, extremadamente raro y valioso y, por eso, utilizado únicamente por los miembros de la élite de la sociedad.

El Musef cuenta con una docena de piezas arqueológicas de arte plumario, que seguramente también provienen de la costa peruana. Una de las principales características de estas piezas es que todas fueron elaboradas con aves de bosques tropicales, de la familia Psittacidae: la Paraba Bandera, el Loro Cenizo, la Catita Beniana y la Paraba Barba Azul. Esto demuestra que desde periodos muy tempranos se mantuvieron relaciones interregionales entre la costa, los Andes y la Amazonía.

Según el diccionario de Bertonio, “huayta camana” quiere decir en aymara “plumaje o flores”. Es posible que ambos significados puedan complementarse. Especialmente, cuando vemos las representaciones de las flores de papa, elaboradas con plumas, sobre los sombreros de los Mukululus. Esta es una de las piezas que se exponen en el Musef, junto a las chakanas, tocados cefálicos y espejillanas, en el capítulo de arte plumario de Tierras Altas. La variedad de la colección del Musef nos ofrece una muy buena oportunidad de remontar el tiempo, desde períodos prehispánicos hasta el presente, atravesando siglos de historias y civilizaciones.

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