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Monday 28 Nov 2022 | Actualizado a 13:26 PM

Ciberacoso

Se han registrado hasta 220 tipos de fraude y malas prácticas en el ciberespacio

/ 8 de mayo de 2012 / 04:17

El último Informe La Razón, publicado ayer, presenta una investigación sobre el ciberacoso y diferentes modalidades de fraude en internet. Se trata de dos problemas, el acoso y la delincuencia, que si bien siempre han estado presentes en la historia de la humanidad, están ahora cobrando fuerza y adquiriendo nuevos matices en el país y el mundo, gracias a la tecnología.

En efecto, si bien aún no existen estadísticas al respecto, es de conocimiento público que las estafas por internet están a la orden del día y en permanente crecimiento; pero también que los acosadores y el crimen organizado emplean cada vez más esta herramienta para expandir sus prácticas y negocios. Una encuesta elaborada en 2011 por la Universidad Walden (California) revela que tan sólo en EEUU existen aproximadamente 200 mil acosadores, que se valen de los correos electrónicos, redes sociales, blogs, mensajes de texto o páginas web para hostigar a las personas.

Si bien en el país no son muchos los que navegan en internet (aproximadamente el 15% de la población), el número de acosadores y de víctimas también va en aumento, con un promedio de ocho acosos al año; siendo muchos más los que no son denunciados. Por lo general, se trata de hombres con trastornos psicológicos (una persona frustrada, cargada de envidia, celos o resentimientos) que aprovecha el anonimato y el alcance de la red para conseguir el favor o el sometimiento de sus víctimas, que suelen ser mujeres o menores.

En cuanto al otro punto mencionado, los especialistas han llegado a registrar hasta 220 tipos de fraude y malas prácticas en el ciberespacio. Es una nueva forma de delinquir que está resultando bastante efectiva por la amplia gama de estrategias que se pueden utilizar, así como la gran cantidad de ingenuos prestos a morder el anzuelo. Por lo general, se trata de mensajes o páginas web orientadas a conseguir datos personales para acceder a cuentas bancarias.

Por otro lado, los delincuentes emplean la internet para entretejer cadenas criminales de todo tipo; desde el tráfico de drogas y animales, pasando por el robo y la comercialización de repuestos, hasta la organización de redes de prostitución. Por ejemplo, semanas atrás, la Policía descubrió en Cochabamba una organización dedicada a la prostitución de muchachas menores de edad, a quienes contactaban y engañaban a través de Facebook. 

Todos estos riesgos han llevado a las grandes compañías de internet a unirse para combatir los correos electrónicos indeseables y las estafas virtuales. No obstante, las medidas de seguridad de nada servirán a menos que la población sea correctamente informada, para que no se deje engañar por los castillos de arena que circulan en el ciberespacio. Además, son los usuarios quienes deben aplicar los controles de autentificación, a fin de evitar la usurpación de datos confidenciales.

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Adicción a la moda rápida

/ 28 de noviembre de 2022 / 01:06

Soy trabajadora temporal en un almacén de una gran tienda online. Cinco días a la semana, de pie en un puesto con contenedores amarillos rebosantes de ropa devuelta, gano $us 18,75 por hora. Mi trabajo es determinar —en menos de dos minutos— si la prenda se puede volver a poner a la venta. Incluso cuando el artículo pasa mi prueba, en el tejido hay inserto un hilo más profundo del que tirar: ¿por qué compramos ropa de usar y tirar fabricada por trabajadores con salarios bajos, y que tienen un costo para un medioambiente al que ya se le imponen demasiados costos?

En los descansos, nos quejamos de lo difícil que es conseguir meter los maxivestidos en las bolsas de reventa. Hay una libertad que no me esperaba: de la apariencia personal, de las habilidades sociales, de los interminables correos electrónicos, de la ansiedad que solía impregnar las noches de domingo. Sin embargo, mi trabajo está igual de cosido al consumismo como lo estaba mi anterior cargo en la empresa. Y los beneficios de las acciones de ese trabajo de oficina subvencionan mi trabajo en el almacén; el salario por hora no me alcanza para pagar las facturas. Por desgracia, no soy Barbara Ehrenreich.

De los 75 millones de trabajadores del sector de la moda a nivel mundial, se calcula que menos del 2 por ciento perciben un salario digno, según los datos de 2017 recopilados por una organización de defensoría. Cuando compramos moda rápida desde la comodidad de nuestros sofás, estamos financiando un sistema donde trabajadores con sueldos bajos (personas de color, en su mayoría) fabrican la ropa en un extremo del mundo, y otros trabajadores con sueldos bajos (muchos de ellos también personas de color) procesan las devoluciones, ocultos en los suburbios de cemento de las ciudades estadounidenses.

Ahora bien, se podría decir que trabajar en el sector de la ropa podría sacar a las personas de la pobreza y darles oportunidades que antes no tenían. Sin embargo, el mercado de valores de Estados Unidos incentiva el crecimiento perpetuo. Si los consumidores no quieren aceptar unos precios más altos que aumenten el margen de beneficios de una marca, los fabricantes tendrán que ahorrar de otros modos, por ejemplo, con salarios bajos o unas condiciones de trabajo poco seguras.

Pensemos en la economía de una camisa de SweatyRocks de 26,99 dólares. ¿Cómo puede ese precio cubrir el costo de los materiales, la mano de obra, el envío a todo el mundo y la entrega en tu domicilio, por no hablar del costo de una posible devolución al almacén, donde una persona tiene que determinar si llevabas puesta la camisa mientras paseabas al perro? Si esa camisa va al contenedor de lo no vendible, podría acabar en un vertedero donde el poliéster tardará hasta dos siglos en biodegradarse. De hecho, el 66 por ciento de la ropa desechada acaba en el vertedero cada año, y otro 19 por ciento es incinerada, según un informe de 2018 de la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos. Las marcas apuntan a los esfuerzos de sostenibilidad, pero la moda rápida es, sencillamente, incompatible con la sostenibilidad. Nos regimos en nuestros actos por la creencia económica de que el crecimiento es ilimitado. Nuestros recursos naturales no lo son.

Cuando la jornada termina en el almacén, la persona responsable preguntará: “¿Quieres saber tu promedio?”, que es el promedio de unidades procesadas por hora. Yo oscilo entre las 23 y las 26. Esa es otra correlación entre el trabajo que hacía antes y el que hago ahora: los datos. En una reluciente sala de juntas de un edificio de oficinas, asistía a intensas revisiones semanales del negocio. Entonces procesaba papeles, no ropa. Un día cualquiera, hay alguien como yo en una sala de juntas, preparándose para responder por qué el procesamiento de las devoluciones sube o baja. En lugar de reportar datos, ahora estoy incrustada en esos datos. Una de las mamás jóvenes con las que empecé a trabajar volvió otra vez a estudiar para obtener el diploma de secundaria. La otra agradece que el horario de este trabajo coincida con las horas de colegio de su hijo. Yo sigo intentando responder a mi pregunta inicial. Lo que he aprendido entretanto es que, esté en el edificio de oficinas o en el almacén, soy parte de un patrón tejido con trabajadores del textil en el extranjero, tripulaciones de buques cargueros, conductores de reparto, directores corporativos que intentan explicar puntos de datos y trabajadores de almacén. Sostenemos un sistema de ropa desechada que no merecía su viaje alrededor del mundo o el número de manos que la tocaron.

Rachel Greenley es trabajadora temporal en un almacén y columnista de The New York Times.

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¿Por qué (nos) es tan difícil cambiar?

/ 28 de noviembre de 2022 / 00:58

El universo está cambiando y se está expandiendo a una velocidad estratosférica cada segundo que pasa (para quienes tienen curiosidad científica, gracias al telescopio Hubble, se estima que el ratio de expansión del universo es de 73 kilómetros por segundo por megaparsec).

Por principio, todo cambia. Y eso incluye todo constructo humano, como las relaciones sociales. La estabilidad es seductora y engañosa al mismo tiempo: nos hace creer que podemos predecir — por lo tanto controlar— lo que pasará en un futuro que nos imaginamos y que aún no ha ocurrido. Pero si podemos predecir que una experiencia se repita en el futuro, y esa “predicción” efectivamente se manifiesta, en realidad estamos viviendo en el pasado: repetimos nuestro pasado día tras día, lo cual nos mantiene en el mismo nivel que ayer. No hay crecimiento.

Desde el punto de vista emocional, la supuesta previsibilidad del futuro nos mantiene en una zona de seguridad, de familiaridad. Ni siquiera en una zona de confort. De hecho, incluso es frecuente que estemos tan familiarizados con una situación desagradable, que nos sintamos inseguros/as y amenazadas de solo pensar en una situación distinta y desconocida a nuestros sentidos. De ahí el dicho “más vale lo malo conocido…”

Apuesto a que usted ha completado la frase de arriba. Porque la ha escuchado tantas veces, que se ha vuelto un “mantra”. La repetición es la primera ley del aprendizaje. Y si a la repetición le sumamos una carga emocional, la red de conexiones neuronales que se refuerzan con cada repetición —cual si se tratara del ensanchamiento de supercarreteras cerebrales—, va generando señales que son recogidas por nuestros genes y nos preparan físicamente para tal experiencia. Por ejemplo, el miedo al cambio, producido por el mantra que mencioné arriba, nos puede indisponer físicamente si percibimos que un cambio —un futuro imprevisible— puede ser amenazador.

Adicionalmente, si la repetición y la carga emocional actúan regularmente, lo más seguro es que —también regularmente— percibamos con más facilidad situaciones o experiencias que refuerzan el prejuicio inicial y “más vale lo malo conocido…” se convierte en un axioma.

La “resistencia al cambio” —otro mantra— surge entonces como una profecía autocumplida en el entorno familiar, en la empresa y en la sociedad: a los padres les irrita la música de las hijas, pues según ellos carece de la armonía y el virtuosismo del heavy metal de mediados de los años 80; el nuevo paquete informático que automatiza el registro de ventas asusta al analista cuya única función es anotar las ventas en la hoja de Excel de la compañía; el reconocimiento de la ciudadanía plena de las mujeres va en contra de las certezas del modelo mental de los hombres proveedores y sienten amenazado su valor social y familiar; la presencia física de familias y grupos con un fenotipo más oscurito en la plaza que antaño era ocupada solo por las “familias bien” desbarata el estatus señorial de algunos individuos de clase media que no conciben que los subordinados de antaño hoy puedan tener el mismo nivel de consumo y acceso a la ciudad que ellos.

La resistencia al cambio se hace más virulenta cuando el mantra, la consigna repetida unida a la carga emocional se consolidan como la base de la identidad: mujeres en espacios de poder (tradicionalmente) masculinos generan inseguridades en los hombres que basan su identidad en una imaginaria investidura reservada exclusivamente para los chicos.

En la oficina, los “jóvenes innovadores” que vienen con la peregrina idea de la firma digital amenazan la vieja y confiable seguridad del papel impreso y la doble fotocopia del carnet de identidad, tan caras a los guardianes de la burocracia.

De la misma forma que las redes neuronales se refuerzan con prejuicios contrarios al cambio, la maravillosa cualidad de la neuroplasticidad —la propiedad de establecer nuevas conexiones neuronales, nuevas asociaciones emocionales y, por lo tanto, nuevas identidades— nos abre la puerta a un mundo de opciones invisible para la antigua identidad. En estos tiempos inciertos, vale el esfuerzo cuestionar si lo que creemos que somos es en realidad lo que queremos ser.

Posdata: El cambio de identidad para adaptarse a una realidad cambiante vale no solo para quienes ven amenazada su posición de poder, también vale para quienes quieren perpetuar una identidad victimista con el fin de forzar una discriminación positiva donde no toca.

Pablo Rossell Arce es economista.

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Inmortalidad

/ 28 de noviembre de 2022 / 00:48

En el verso 365 de la rapsodia IX de La Odisea, el poema épico de Homero, Odiseo responde al cíclope de la siguiente manera: “¿Preguntas, Cíclope, mi glorioso nombre? Te lo diré, pero tú dame la hospitalidad que acabas de prometerme. Mi nombre es Nadie y Nadie me llaman mi madre, mi padre y todos mis compañeros”. El Cíclope responde a Odiseo, en el verso 370 de la rapsodia IX de la siguiente manera: “A Nadie me lo comeré al último, después de sus compañeros; a los demás antes que a él. Esta será la hospitalidad prometida”. Sin embargo, más adelante en el relato, en el verso 505 de la rapsodia IX, Odiseo vuelve a dirigirse al Cíclope del siguiente modo: “¡Cíclope! Si alguien de los mortales hombres te preguntara por la vergonzosa ceguera de tu ojo, dile que te la hizo Odiseo, el destructor de ciudades, hijo de Laertes, que tiene su casa en Ítaca”. Pues, es lógico que entre el verso 365 y el 370, Odiseo aprovechó la borrachera del Cíclope y le clavó, con ayuda de sus compañeros, una estaca de olivo, afilada en la punta. Pero, ¿qué tiene que ver este relato con la inmortalidad?

Veamos otro ejemplo, esta vez en el otro poema épico de Homero, La Ilíada. En el verso 410 de la rapsodia IX de La Ilíada, Aquiles, conversando con Odiseo, le dice a éste: “Mi madre, la diosa Tetis, de los pies de plata, me dice que las parcas, al desenlace de la muerte, de dos maneras llevarme pueden: si me quedo aquí a combatir en torno a la ciudad de Troya, se frustra mi retorno pero mi gloria será imperecedera; si voy a mi casa, a mi amada tierra patria, se frustra para mí la insigne fama, pero larga vida será la mía, y no me encontrará el cumplimiento de la muerte”.

La inmortalidad, nos enseñan los griegos antiguos, se basa en los actos que permiten, a hombres libres e iguales, mostrarse como los mejores, los aristos. No se trata de cualquier acto, sino de actos que se conviertan en hechos grandiosos, históricos, hazañas que sean valoradas no solo por los contemporáneos a ellos, sino por las sociedades futuras. Entonces, Odiseo de ser Nadie, una vez que clava la estaca en el ojo del Cíclope, es Odiseo y su periplo no solo será histórico, sino será recordado, al punto que le dará el nombre al relato de Homero: La Odisea, que narra el retorno de Odiseo a Ítaca con la anuencia de los dioses. Sucede lo mismo con Aquiles, podemos decir que la trama de La Ilíada es el relato de la decisión de Aquiles de participar de la guerra de Troya. Entonces, la inmortalidad griega vincula el nombre con la hazaña. La inmortalidad no es del hombre, sino de sus actos.

En este breve texto usé las versiones al castellano realizadas por el profesor boliviano Mario Frías Infante, quien pasará a la historia por estas hermosas e inmejorables traducciones de La Odisea y La Ilíada.

Farit Rojas T. es docente investigador de la UMSA.

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Santa Cruz y su tóxico

/ 28 de noviembre de 2022 / 00:45

Camacho parece haber perdido la brújula sobre su demanda por el Censo 2023 con un paro que llevó más de un mes, que llevó a una anarquía a la ciudad, donde dirigentes cívicos, autoridades y representantes no pudieron controlar el desbande de la delincuencia que cobró “peaje” a los transeúntes que querían trabajar; pero esta situación nos hace preguntar qué hay detrás de esto. ¿Será una verdadera demanda por más recursos en función de un censo de población?, ¿la distribución de nuevos escaños políticos?, o la aspiración de un federalismo, que según él solucionaría los problemas de este departamento, bajo el pretexto de que “Bolivia no nos quiere”.

El gobernador pertenece a un pequeño grupo empresarial de Santa Cruz que tiene el poder económico de la agroindustria con grandes extensiones de tierras, dotadas por gobiernos anteriores, que han industrializado algunos productos como el aceite y poseen el monopolio de esta cadena productiva, que va desde la siembra, cosecha hasta el transporte, producción que en su mayoría se destina a la exportación; sin embargo, se benefician de la subvención de los hidrocarburos, la cual no reconocen; Camacho, como empresario, hasta antes de la asonada de noviembre de 2019, tenía deudas pendientes en el pago de sus impuestos al Estado, sospechosamente en esos 11 meses esa deuda se redujo a su mínima expresión, a esto se debe sumar que según publicaciones internacionales estaría involucrado en los “papeles de Panamá” y, para aumentar a estos antecedentes” fue un acérrimo opositor a la aprobación de la ley contra ganancias ilícitas.

Santa Cruz, como productor de hidrocarburos, percibe además el 11% de la venta de gas a Argentina y el 12,5% del IDH, y también participa como los ocho departamentos en la distribución; asimismo, recibe recursos de la coparticipación tributaria (recaudación por impuestos y la Aduana). A esto, el Comité Cívico se jacta en afirmar que este departamento es el que más impuesto paga y que recibe menos, sin embargo esta afirmación se ve contrastada por los Certificados de Devolución Impositiva (Cedeim), que es la devolución de sus impuestos por las exportaciones que realizan, los cuales pueden ser transados en cualquier empresa para el pago de sus impuestos, lo que reduce la recaudación efectiva de los tributos en Santa Cruz.

Revisar la relación de Santa Cruz con el Estado boliviano, con una propuesta de federalismo, parecería estar más ligado a la propiedad de la tierra, donde los agroindustriales tienen la mayor posesión de ésta y la cual podría incrementarse, en esa supuesta situación, en desmedro de los pequeños productores y otros sectores.

Camacho se comporta de manera tóxica y golpea a Santa Cruz en su economía, generándole cuantiosas pérdidas y vidas humanas, queriendo imponer su voluntad a la fuerza al resto de los departamentos, que no lo han seguido en esta aventura, porque su votación apenas llega al 14% a nivel nacional y el discurso del Comité Cívico parece más un grito de desesperación, buscando culpar al Gobierno por la situación a la que ellos han llevado.

Jesús J. Luque es licenciado en Economía.

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El Mundial de Qatar 2022 visto de otra manera

/ 27 de noviembre de 2022 / 03:35

Creo que hay varios factores que hacen que este Mundial de fútbol, Qatar 2022, no tenga el brillo que tuvieron otras anteriores. No sé si el COVID- 19 nos ha cohibido o los problemas sociales que atravesamos hacen que no se disfrute plenamente de un Mundial, que siempre tiene varias acciones e interpretaciones. Las transmisiones por canal abierto o vía internet, posiblemente coadyuven a que no se tengan pantallas gigantes en varias plazas, como se tenía en anteriores mundiales.

Sabemos que se mueven intereses económicos empresariales muy fuertes por parte de la FIFA, pero a pesar de esta hegemonía capitalista del dinero, hay temas que no dejan de ser interesantes, como el perfil de Qatar, el país organizador. Está claro que accedió como organizador porque tiene mucho dinero, hoy se puede ver los estadios de lujo, con balones que tienen chips, además de estar climatizados de manera tan sofisticada y equipados con tecnología de punta para la transmisión en directo y para el VAR.

Pero no siempre coinciden de que un país rico tenga a la vez la tradición futbolera. Hay países, por ejemplo, de nuestro gran continente Abya Yala o países africanos que adquirieron una fuerte tradición de la práctica del fútbol, incluidas las mujeres, pero que no cuentan con recursos económicos para formar totalmente a sus deportistas.

El partido inaugural, Qatar versus Ecuador, nos dejó grandes interrogantes. Ecuador, conformado por un gran conglomerado de jugadores afros, fue un claro ganador en la cancha, pero llama la atención algunas actitudes del público qatarí, por ejemplo, aplaudiendo cualquier jugadita de su equipo.

Sabemos, uno alienta más cuando el equipo perdedor muestra mucha garra y juega con alma, vida y corazón; pero la barra qatarí pecaba de demasiada ingenuidad porque sus jugadores no mostraban casi nada de fútbol e incluso casi no podían correr. ¿Equipo improvisado para el Mundial, a pesar de tener mucho dinero? ¿Con jugadores oportunistas de otros países, en fin? Algunos relatores del partido decían que Qatar fue un buen equipo en la Copa asiática. En realidad, Qatar mostró lo postizo de su apego al fútbol. El hecho de que tengan un técnico español y varios jugadores nacionalizados es una gran muestra que es mera fachada la práctica del fútbol y se apostó por organizar porque hay demasiado dinero y porque pueden hacer esa actividad también. ¿Tal vez para promocionarse como país? Aunque algunos equipos de países europeos como Inglaterra y Alemania, mostraron su occidentalismo extremo al hacer gestos de que no habría libertad en el país que los aloja. Vaya descortesía de los visitantes.

Hoy las identidades colectivas de los países también se juegan en el fútbol y en un Mundial, en la cancha. El partido Argentina versus Arabia Saudita fue muy interesante en ese sentido. Argentina, con todo el aire identitario pedante y de sentirse ascendiente de los italianos, pensaba que era el gran favorito, no solo para ganar sino para golear el partido.

El VAR hoy desnuda los vicios, si no hubiese habido el VAR, Argentina habría goleado, porque no se habrían sancionado por la posición de adelanto los goles que marcó.

A pesar de ir perdiendo, Arabia Saudita se plantó y jugo de igual a igual a Argentina, sin asustarse y al final derrotó al arribismo argentino.

Otro partido interesante fue Alemania versus Japón. Como todo europeo, Alemania pensaba que ganaría a los chiquitos del Japón (en el sentido de la estatura y la poca tradición), pero sabemos de la garra nipona y así fue que terminaron ganando al excampeón mundial. Se veía la bronca de los grandotes y “blancos”, aunque hoy por la fuerte migración africana en los países europeos, han incorporado a los jugadores de origen africano; digno de estudiarse cómo están cambiando el color y la cara del fútbol mundial.

La FIFA anunció que para el próximo mundial habrá más equipos, ¿será que en algún momento se dispute sin favoritismos? El VAR puede ser una solución para el juego limpio, aunque también es manipulable porque al fin y al cabo son seres humanos quienes administran ese espacio de juez fuera de la cancha y que en gran medida define las jugadas polémicas.

Jach’a muruq’u takirinakaw jichhurunakanxa wali jikthaptapxi. Wali kusarakiw uñch’ukiña una anatirinakaruxa.

Esteban Ticona Alejo es aymara boliviano, sociólogo y antropólogo.

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