Voces

lunes 18 oct 2021 | Actualizado a 03:48

El golpismo como una de las bellas artes

El dinosaurio, señoras y señores de este milenio huérfano, es el viejo renovado golpe de Estado

/ 1 de julio de 2012 / 04:53

Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí”, advirtió Augusto Monterroso en 1959. Medio siglo después, más solitario pero igual de torpe y arrogante, el dinosaurio aún está allí. Y el dinosaurio no es Dios. Ni el Leviatán. Tampoco la calle con/sin árboles. No es una oficina o algún partido político.

No es la revuelta. El dinosaurio, señoras y señores de este milenio huérfano, es el viejo-renovado golpe de Estado.

¿Pero acaso no estaba enterrado —¡ah, feo dinosaurio!— en el cementerio de las osamentas de la transición? ¿Se trató entonces de un veranillo, digamos una ficción, solo un paréntesis? ¿Dónde quedaron las democracias electorales supuestamente consolidadas de la región? ¿Se las puede dejar en suspenso? Cuando el 28 de junio de 2009 despertamos (todos fuimos Honduras), el dinosaurio todavía estaba allí…

Y sigue. Tres años después, travestido en insostenible/vertiginoso procedimiento de destitución, el dinosaurio (ora no vista uniforme militar y adopte ropaje institucional) reaparece fresco y altanero. Demasiado fácil: a tenor de pronósticos y evidencia, los poderes fácticos en Paraguay revocan en menos de 30 horas el mandato popular del presidente Lugo. Golpe de Estado exprés con cinismo colorado.

Así las cosas, ¿se está instalando en América Latina una nueva modalidad de golpe de Estado amparado en dudosos “preceptos constitucionales”? Cuando una Corte Suprema o el Parlamento destituyen a un Presidente electo en las urnas, ¿hay un quiebre de la democracia? ¿O se trata solamente de un “bache” temporal (siempre habrá alguien esperando asumir la sucesión presidencial) hasta nuevo aviso? ¿Qué hacer más allá de las declaraciones condenatorias?

A reserva del debate sobre la (in)estabilidad de los regímenes políticos   —y hay quienes insisten en “medir” (sic) la calidad de la democracia con base en cuestionarios—, parece importante deliberar acerca de este nuevo golpismo, si acaso, en especial en escenarios de cambio con experimentalismo democrático. Para no quedar paranoicos, digo, cuando se agitan fantasmas; para no pecar de ingenuos, tampoco, cuando se menean sables.

En los últimos días, a propósito del motín policial —verde olvido— (con sus quemas de mierda, con sus demandas legítimas, con sus amenazas y excesos), se renovó la tenaz denuncia de afanes auto/golpistas en Bolivia. Por un lado, historias de complot que daban cuenta de algo inédito: policías armados en las calles e indígenas del TIPNIS a las puertas de la ciudad confabulados para derrocar a Evo. Si hasta parecía sincronizado. Por otro lado, historias de complot que daban cuenta de una curiosa trama: el lado oscuro del Gobierno en acción conjunta con los jefes policiales para crear un ambiente de autogolpe a fin de deslegitimar el arribo de la IX marcha indígena. Y en medio de todo, las organizaciones y movimientos sociales —con desprecio mediático— convocados para la “defensa del proceso de cambio”. Marcha, todo marcha en la sede del Estado Plurinacional.

Demás está decir que el acuerdo in extremis logrado con los amotinados (“movilización policial”, dirá algún reportero radial desde El Picacho), con base en concesiones parciales de corto plazo para un problema estructural irresuelto, puso en evidencia la precariedad de las versiones (auto)golpistas. No fue febrero de 2003, como algunos querían; no estábamos en el temible 2008, como otros temían.

¿Existe el riesgo, al despertar un día cualquiera, de encontrarnos con el dinosaurio instalado en Bolivia? Así planteada, la pregunta puede llevar a confusión o engaño. Quizás sea más apropiado indagar, más allá de reales/imaginarios armazones golpistas, cuánta intensidad-confluencia de conflicto, ese ritual de acción colectiva, puede resistir este Gobierno. ¿Y los que vendrán? ¿Y la democracia? La realidad se puede transformar —dice bien Lec—, pero la ficción “hay que inventarla desde el principio”. Dinosaurios eran los de antes.

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Democracias según Al-Azar

La apuesta es por un libro-fiesta que provoque sonrisas, pero también que incomode e indigne

Por Jan Souverein y José Luis Exeni

/ 3 de febrero de 2021 / 12:19

Acaba de publicarse una sabrosa compilación de dibujos políticos del reconocido artista plástico boliviano Alejandro Salazar. Se trata de un compendio especial, pues recoge el trabajo más selecto de Al-azar en torno al tema de las democracias en Bolivia. Los dibujos fueron elaborados en el periodo 2012-2020 y se difundieron en las secciones “Documentos desclasificados” y “Galería de anormalidades” de La Razón. Hoy se reúnen, (re)afilados, en un solo volumen.

El libro está organizado con criterio de repaso cronológico: nueve años de creación. De esa forma, cada dibujo se sitúa en el contexto político de su elaboración. Claro que casi todos ellos, como provocación inclemente, conservan su actualidad y pueden verse/disfrutarse más allá de la coyuntura.

¿Por qué se publica este libro de Al-azar? Sobran los motivos. Primero, porque cada viñeta política es como una aguda columna de opinión que alienta con ironía la conversación pública. Segundo, debido a que, por su naturaleza, esta otra mirada no puede sino ser radicalmente crítica de situaciones y fenómenos sociopolíticos. Tercero, pues nos permite observar desde la imagen, sin atenuantes, campos “serios” como la política, el gobierno, la democracia. Por último, como reconocimiento y homenaje al autor, uno de los más destacados y mordaces caricaturistas-pintores del país.

Salazar compara sus dibujos con cáscaras de plátano: se tiran al piso de manera sutil como acto de venganza de la gente contra el abuso del poder, que casi siempre queda impune. En su caso, las caricaturas políticas son además valiosas herramientas de interpelación: de los gobernantes, de la fuerza pública, de la administración de (in)justicia, de la desigualdad, del racismo, en fin, de la naturaleza humana. Ese dibujar compulsivo lleva más de 25 años en democracia, con un solo paréntesis en su difusión (la censura y el asedio de los que fue objeto el autor en noviembre de 2019).

El libro se publica por iniciativa de la Fundación Friedrich Ebert (FES Bolivia), que animó al artista a realizar una selección de su trabajo en torno a la política y las democracias. Se suma así, como feliz andamio, a otras compilaciones como El proceso de cambio según Al-azar (Hivos, 2013) y Mundo Al Azar (La Razón y Conejo Editora, 2014).

Queda pues en circulación esta suerte de bomba de relojería llamada Democracias Al Azar. El deseo es que las viñetas políticas del artista aticen el debate público y multipliquen miradas sobre el ejercicio de las democracias (en plural). La apuesta es por un libro-fiesta que provoque sonrisas, pero también que incomode e indigne. La convicción es que la actividad corrosiva de Al-azar, simple a la vez que profunda, nos convoque a barrer toda solemnidad. La invitación, en fin, es a disfrutar sin filtros ni ceremonias este azaroso mundo de caricatura.

(*) La publicación está disponible en: https://www.fes.de/lnk/democraciasalazar

(*) José Luis Exeni es director y Coordinador de proyectos de la FES, respectivamente.

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Democracias al azar

Para evitar la degradación de la democracia, es imprescindible (re)asumir el ejercicio de la demodiversidad.

/ 24 de enero de 2021 / 01:01

Plantear las democracias (en plural) en lugar de LA-Democracia (con mayúscula y sin adjetivos) es una provocación. Hay que ser un inadaptado para siquiera cuestionar el canon hegemónico que enseña —sea a golpe de misil inteligente, sea con torpe asalto al Capitolio— que la democracia, sí señor, es una y uniforme: liberal, elitista, representativa. De poca densidad, de baja/bajísima intensidad.

A reserva del reto, la concurrencia de diferentes formas de democracia constituye también un principio, tan vigoroso como inequívoco: no hay un modelo único de democracia al cual llegar o parecerse (a veces en clave de remedo), sino diferentes concepciones, saberes y prácticas democráticas en interacción y en disputa. Es el radical principio de “demodiversidad” (Santos).

En el complejo/contradictorio proceso de refundación estatal en Bolivia, las democracias son asimismo un horizonte. Con el reconocimiento constitucional de tres formas de democracia (directa y participativa, representativa y comunitaria) hemos asumido un enorme desafío: su ejercicio complementario, en igual jerarquía. Ese horizonte, de raíz normativa, se llama democracia intercultural.

Provocación, principio, horizonte. Lo menciono como antecedente y contexto de lo que, en este tiempo de las cosas diminutas, es para mi gusto el abordaje más creativo y crítico de la (no) diversidad democrática en el país: las democracias como viñeta. Me refiero al reciente libro-fiesta de Alejandro Salazar. Hablo de Democracias Al Azar, esa suerte de antología gráfica de indignación/dignidad política.

Esta celebración del nuevo libro del incorregible Al-Azar me permite, a su vez, plantear dos inquietudes. La primera tiene que ver con el modo en que un grupo de ciu-da-da-nos (colegas periodistas incluidos) desplegaron a fines de 2019 un frenético asedio contra el artista en respuesta a sus caricaturas. Todo, como corresponde, en nombre de la democracia, el pluralismo y la “pacificación”. No es solo una anécdota.

La segunda inquietud se refiere a la democracia intercultural en el país. Si hasta hace poco era “una buena idea”, en construcción (como lo es, por ejemplo, el Estado Plurinacional), hoy parece relegada al olvido y abandono. Es una ausencia. La magullada democracia electoral (de papeleta única) está en primera línea, mientras las democracias (relación/proceso) devienen en apéndice. Poca densidad, bajísima intensidad.

Sostengo con firmeza que, para evitar la degradación de la democracia, es imprescindible (re)asumir el ejercicio de la demodiversidad. Discutamos sus causas, celebremos sus azares. Y que cada quien haga ajuste de cuentas.

FadoCracia triste

En su exquisito libro Suicidios ejemplares, el escritor catalán Enrique Vila-Matas nos regala una travesía por el laberinto de la plenitud suicida, “la única plenitud posible”. “Viajar, perder suicidios; perderlos todos”, anuncia parafraseando al buen Pessoa: “Viajar, perder países”.

De las “nobles opciones de muerte” relatadas en el libro, que son varias, me identifico sin duda con la primera, la muerte por saudade (qué distante de la otrora montañosa “muerte en combate”). Se trata de esperar: practicando la melancolía, el silencio, la “tristeza leve”.

Tal la propuesta vital, con apetito de conversación, de esta columna: no ceder a “la tentación del salto”, sino cultivar la espera. “Todo el tiempo que haga falta”. Ello implica cuidar y cuidarse. Esa espera, hoy, en pandemia con rumbo de atroz endemia, resulta imprescindible.

La “nueva normalidad” (que es igual a la vieja normalidad, pero con barbijo) ya cuenta en el mundo más de dos millones de muertos. Algunos de ellos son seres queridos. El luto, como la noche, es infinito. Que la incierta y ejemplar espera traiga más esperanza que miedo.

José Luis Exeni es comunicador.

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Los que se bajan

/ 18 de mayo de 2019 / 23:24

A escasos días de la convocatoria para las elecciones generales de octubre, una de las últimas fichas por moverse en el tablero es si algunos binomios habilitados en las primarias finalmente “se bajarán” de los comicios. Hay señales de que, por razones pragmáticas —no desaparecer—, al menos tres partidos políticos están en camino de declinar su participación. La fecha límite para formalizar esta decisión es el 19 de julio, plazo previsto en el calendario electoral para la inscripción de candidaturas.

Como fue dicho sobradamente, el efecto tsunami provocado por las primarias en el escenario y la temporalidad político-electoral derivó en la habilitación de ocho binomios de la oposición; nada menos. La pauta es de fragmentación y desencuentro. Así quedó enterrada la reciclada demanda de una candidatura única y, al menos, de un frente amplio. Hoy, la unidad interruptus en el campo opositor trata de ser atenuada por dos vías: lograr que algunos partidos desistan y/o alentar la idea del voto útil.

¿Es posible “bajarse” de las elecciones? Si bien la Ley de Organizaciones Políticas no prevé nada al respecto, es evidente que la habilitación de binomios en las primarias constituye un derecho, no una obligación. En otras palabras: ningún binomio presidencial puede participar en los comicios sin su legitimación previa en primarias, pero cualquier binomio ya habilitado puede abandonar la carrera. Tres partidos políticos menores, muy escasos en intención de voto, están indagando esa posibilidad.

Según las encuestas preelectorales, esas fotografías útiles aunque a veces mutiladas y borrosas, solo tres de las nueve fuerzas políticas obtendrán una votación relevante en octubre. Las otras seis, más que ganar elecciones, en realidad afrontan el reto de no perder su personalidad jurídica, lo que implica superar la barrera de exclusión (3% de votos válidos). Como no van en alianza, el riesgo de desaparecer es bastante probable (como ocurrió con el MSM en 2014). Fuerte incentivo para desistir.

Hay señales en sentido de que el MNR, UCS y Frente para la Victoria podrían resignar su participación en las elecciones de octubre. Quieren conservar sus siglas para las elecciones subnacionales de febrero de 2020. Es probable también que, por su bloqueo interno, PAN-BOL no pueda postular candidaturas. Quedarían entonces cinco binomios presidenciales en la papeleta electoral. Lo sabremos de cierto la noche del 19 de julio. O quizás antes, en cuarteto con UN, izando alegóricas banderas de unidad.

FadoCracia retroactiva El flamante Presidente de los empresarios privados de Bolivia, hombre de mucha candidez y sinceras palabras, planteó la necesidad de anular el pago retroactivo del incremento salarial, ese “invento”. Su lógica es simple e inequívoca: si el aumento salarial se decide en mayo, que se pague desde mayo. ¿Por qué carajo lo hacen retroactivo a enero?

Claro que para evitar esta inútil discusión sobre retroactividad, lo más sensato sería directamente anular tal incremento. Así, con salarios congelados —winter is coming—, se evitaría el penoso rito anual de negociación. Y si nos les gusta, asalariados, vendan su fuerza de trabajo en otra parte. Capital y nobleza obligan.

Si bien el jefazo de la CeEPeBe no lo dijo (todavía), el siguiente paso lógico debiera ser la eliminación del salario mínimo, ese otro invento. Ya está de buen tamaño fijar pisos que debieran ser resueltos por el mercado benefactor. ¿Qué dirá la gloriosa Central Obrera Boliviana? Ah, sí: lo primero es lo primero; lo segundo, compañeros, es lo segundo.

“Eso sería discriminatorio”, sentenció el adelantado Almagro. Y el 21F, ya encogido, se consagró como 20-O.

* Politólogo.

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Saudade con FadoCracia (y PosGata)

/ 24 de marzo de 2019 / 01:32

Hace casi cuatro años, convocado por la función pública, me tocó replegar temporalmente la Saudade/columna para cultivar la saudade/silencio. Hoy, gracias a la generosa invitación de la amiga y directora de La Razón, Claudia Benavente, vuelvo a este quincenal encuentro. Retomar siempre es más complicado que empezar, pues implica disponer sobre lo ya construido. Asumo el desafío. Como bien advierte Lec: “todo está escrito, por suerte, no todo está pensado”.

¿Sobre qué me gustará escribir? Por su naturaleza, una columna de opinión debiera ocuparse de temas de coyuntura. Pero lo hace siempre en diálogo con procesos y principios. Y también con las militancias, para no hacerse pasar por “independiente”, esa falacia. Declaro aquí mis cuatro militancias: los derechos a la comunicación e información, la demodiversidad, el autogobierno indígena y la igualdad de género. Si no escribo sobre estos asuntos, escribiré desde ellos.

En tal horizonte, en esta columna inaugural asumo que, en los siguientes 13 meses, mucho de lo que se diga o calle en el espacio público-político estará incitado (a veces contaminado) por el proceso electoral, con un calendario largo que se inició en octubre pasado con la convocatoria a elecciones Primarias y que se prolongará hasta los comicios subnacionales de abril de 2020. Democracia de alta intensidad, dirá Santos. Hoy en medio de la polarización discursiva por el “factor repostulación”.

¿Cómo llegaremos a la votación de octubre? O mejor: ¿qué podemos esperar de esas elecciones? Más allá de cuán robustos/magullados estén los actores relevantes, me parece necesario apuntar dos cuestiones que no por obvias resultan menos esenciales. La primera es celebrar que, pese a ciertos aleteos rupturistas, las urnas sigan siendo el escenario para dirimir nuestras diferencias; la segunda, que un gran reto democrático hoy es evitar la degradación del debate público.

Dicen que no se tiene saudade, se la siente. Es el anhelo producido por una ausencia. O en palabras de Joaquín: nostalgia por aquello que jamás sucedió. Esta columna quiere expresar ese sentimiento: la añoranza del porvenir. No es la utopía inalcanzable. Es el “todavía-no”, como expectativa/anticipo de futuro. Ese porvenir poblará esta columna que es, a la vez, triple guiño: Saudade grave, FadoCracia irreverente y una PosGata por si acaso. Corramos la aventura.

NdD. Luego de una pausa “forzada” de cuatro años, La Razón se complace del retorno de José Luis Exeni a sus páginas de opinión. Estamos seguros de que los comentarios y deliberaciones de este comunicador, investigador, politólogo y periodista boliviano de amplia trayectoria van a enriquecer sustancialmente las reflexiones de nuestros lectores.

(En)fadocracia

Gobierno de los melancólicos, hegemonía de la saudade, tiranía de los sentimientos… Seducida por el fado, música de carácter triste y fatalista, que arruga el corazón y libera el almita. La FadoCracia que aquí habita es hermana gemela de la nostalgia, el silencio y la soledad. Y amante de la noche (Pessoa dixit), “señora del luto infinito”. Con esa declaración de identidad-principios nació esta trinchera de la palabra hace más una década. Luego hubo paréntesis. Hoy toca feliz retorno. Y el corazón agradece.

Vuelve la FadoCracia, cómplices lectoros, con la convicción de que cada pre/texto aquí publicado, desde la crítica, con algo de ironía, buscará alentar el “apetito de conversación”. Si además provoca desacuerdos, enfado o escepticismo, mucho mejor. Claro que hay límites: no se ocupará de la dirigencia de los choferes, por ejemplo, para no causarles más daño psicológico. Ya suficiente tienen con que, en la calle, en el espejo, les digan “maleantes”. Hay FadoCracia para rato.

* es comunicador.

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Mediocracia: el reto de una agenda de calidad

El jueves, en la ciudad de La Paz, se presentó el libro Comicios mediáticos II. Medios de difusión y redes sociales digitales en las elecciones de 2014 en Bolivia. El libro es resultado de un amplio estudio coordinado por José Luis Exeni Rodríguez junto a Karina Herrera y Verónica Rocha. Un útil insumo, sin duda, para la reflexión y el debate.

/ 1 de febrero de 2016 / 04:02

La relación entre medios de difusión y democracia es una relación no solo compleja, sino intensa. Y se acentúa más en procesos electorales. Diversos estudios demuestran la incidencia (limitada) de la acción mediática, en el ámbito de la comunicación política, sobre la agenda del debate público-político, el desempeño de los actores relevantes y, claro, las percepciones de la ciudadanía, el demos votante. Es el sensible y a la vez esencial terreno de la mediocracia.

Esa relación ha sido ampliamente estudiada, con abundante evidencia empírica, en el libro de reciente presentación en el país Comicios mediáticos II, en el que se aborda con rigurosidad metodológica y abundantes fuentes primarias el desempeño de los medios de difusión masiva y las redes sociales digitales en las elecciones generales de 2014 en Bolivia. Lo hace en perspectiva comparada, toda vez que un libro anterior, Comicios mediáticos, analizó la misma cuestión en las elecciones generales de 2009.

El libro plantea importantes contribuciones para el análisis y debate sobre la acción mediática en procesos electorales. Y también plantea algunas tendencias y un conjunto de retos de agenda para avanzar en una agenda mediática de calidad que, tal el desafío mayor, contribuya a la calidad de la democracia representativa como parte del horizonte de la demodiversidad. El estudio desmenuza cinco ejes temáticos: la agenda informativa, la propaganda electoral, los estudios de opinión en materia electoral, las redes sociales digitales y la agenda mediática de opinión y análisis.

Lo que sigue es un inventario sintético de los principales hallazgos del estudio como provocación para la lectura del libro y, claro, el debate público.

HALLAZGOS PRINCIPALES. A. Información. ¿Cómo se construyó la agenda informativa en los principales diarios del país con relación a las elecciones generales de 2014 en Bolivia?

— En cuanto al formato, predomina la nota periodística. Hay también importante presencia de la opinión y muy pocos reportajes.

— La fuente privilegiada para la información electoral y el seguimiento de los sucesos de campaña sigue siendo la misma: hombres, adultos, no indígenas, con claro predominio de La Paz (60%).

— El perfil profesional de las fuentes muestra que la mayoría son políticos-candidatos (50%). Un 15% de fuentes son medios, agencias
y periodistas.

— Es posible identificar como hallazgo una suerte de mayor preocupación programática en los diarios, esto es, la intencionada difusión de programas de gobierno reforzada con entrevistas a las y los candidatos.

— En cuanto al análisis de género, se confirma el dato preocupante de que el tratamiento noticioso sobre temas de género sigue siendo marginal. Y lo es también el enfoque de género en las noticias.

— Aquí también es evidente el “machismo” en las fuentes: 8 de cada 10 voceros son hombres.

— El principal hallazgo en este punto radica en el persistente fenómeno de subrepresentación mediática de las mujeres en la agenda informativa (2,7% de noticias), lo que contrasta claramente con el  histórico logro de paridad en la Asamblea Legislativa Plurinacional (49% de asambleístas son mujeres).

— La otra variable del estudio fue el financiamiento de las campañas electorales. El estudio muestra que la cobertura mediática es insignificante, está marcada por los “reducidos” presupuestos de campaña y por el uso de recursos públicos.

— Se reafirma así la brecha entre la transparencia como discurso y la “rendición de cuentas” como promesa electoral versus el hermetismo con relación al financiamiento, esa asignatura pendiente.

— El hallazgo en este campo es el también persistente fenómeno de elevado/creciente costo de las campañas y propaganda electoral frente a desigualdades en el acceso a medios.

B. Propaganda. ¿Cómo se desarrolló la propaganda electoral en televisión, mediante la difusión de spots, en las elecciones generales de 2014 en Bolivia? ¿Cuál fue el desempeño de las candidaturas presidenciales en este campo?

— Una de las principales constataciones es que la propaganda electoral en televisión mediante spots no tuvo mayores innovaciones y adoptó un modelo más bien clásico.

— Un rasgo significativo es distinción entre candidatos con amplio acceso a los medios y candidatos marginados de ellos. Se reafirma como hallazgo un notorio desequilibrio en el uso de recursos financieros y acceso a medios para la propaganda electoral.

— El estudio identificó tres categorías de candidaturas: los supervisibles (MAS y UD): con alta exposición mediática (reforzada por publicidad gubernamental y empresarial, respectivamente); los semivisibles (PDC y MSM): con reducida exposición mediática; y el invisible (PVB): con presencia casi marginal, solo en la franja de propaganda electoral gratuita.

— Otro dato relevante fue la nueva legislación con relación a la propaganda electoral, que dio mayor responsabilidad a los medios. En general, la norma fue acatada por las organizaciones políticas y los medios de difusión, excepto en cuatro casos de spots que fueron suspendidos por la autoridad electoral.

— Como ocurrió en las elecciones de 2009, en los comicios de 2014 primó el componente personalista en la propaganda electoral, aunque con matices más notorios con el componente programático. La organización política, como insumo simbólico, sigue siendo marginal.

— En cuanto al estilo predominante en los spots, se trata de piezas propagandísticas de imagen, biográficas y de busto parlante. La estructura argumentativa es de carácter tendencialmente emotivo.

— En las elecciones generales en 2104 se pudo evidenciar que la “guerra sucia” fue marginal y no tuvo relevancia como ocurrió en otros procesos electorales.

— Otro dato relevante es que no hubo propaganda anónima y se registró una mínima violación de prohibiciones.

— Una novedad fue la obligatoriedad, aunque tardía, de la inclusión de lenguaje de señas en la propaganda electoral.

— Se reafirma como hallazgo la importancia de la propaganda electoral gratuita difundida en los medios estatales: esta vez hubo reglas claras, horarios propicios, coordinación con el Tribunal Supremo Electoral (TSE) y acatamiento de la norma.

— Por último, destaca como hallazgo y objeto de polémica el uso de la publicidad gubernamental y actos de entrega de obras difundidos por el canal estatal, como componente de ventaja del candidato en función de Gobierno.

C. Encuestas. ¿Cómo se produjo la difusión en los medios de estudios de opinión en materia electoral? ¿Qué pasó con las encuestas de intención de voto y, el día de la votación, con los conteos rápidos? ¿Se cumplió la innovadora norma estrenada en la materia?

— El principal hallazgo tiene que ver con una tendencia: la “sondeocracia”, ese matrimonio entre medios de difusión y empresas especializadas en estudios de opinión, llegó para quedarse. A ello se añade como novedad la incorporación de un nuevo componente: especialistas en el análisis de encuestas.

— Otro dato relevante es el debate acerca de la influencia de las encuestas electorales. ¿Inciden las encuestas, esas sucesivas “fotografías”, en las preferencias electorales o solo las retratan, las muestran? En el estudio no se ha encontrado evidencia de una relación directa de influencia entre los datos de una encuesta y la intención de voto. La incidencia viene por cuenta del modo en que las tendencias de voto provocan posicionamientos políticos y generan algunos debates mediáticos.

— Con relación a los comicios de 2009, hay un salto cualitativo de calidad técnica y de credibilidad en los estudios de opinión en materia electoral por efecto de la normativa.

— Es interesante constatar la paradoja de que ningún partido político o candidatura dice “creer” en las encuestas, pero todos sin excepción las utilizan y, más todavía, fijan sus posicionamientos con base en tales datos.

— En las elecciones de 2014 los diarios y las redes de televisión dieron un lugar relevante a los datos de las encuestas (cuatro empresas/medios hicieron series de encuestas durante el proceso: 13 encuestas en total).

— Se evidencia también como límite que las encuestas no pueden observar los últimos diez días anteriores a la votación ni, por tanto, prever la orientación del voto de las y los indecisos.

— El otro hallazgo relevante a favor de los conteos rápidos el día de los comicios es que con poca diferencia respecto al cómputo final dieron datos sobre el ganador de la elección y proyectaron la composición de la Asamblea Legislativa Plurinacional

— Por último, es evidente que predomina todavía en la televisión la lógica de “carrera de caballos” (quién gana, quién pierde), limitando la riqueza de los datos y su interpretación.

D. Redes sociales. ¿Qué pasó con las redes sociales digitales en las elecciones generales de 2014? ¿Cuál fue su lugar en los sucesos de campaña y el debate político? ¿Cómo se situaron en este primer proceso electoral al que llegan con protagonismo?

— Como declaración es posible calificar las elecciones 2014 como las primeras elecciones web de nuestra historia democrática. Los espacios virtuales llegaron para quedarse como escenario y como actor.

— El estudio mostró que hay una evidente influencia de las dinámicas y contenidos de la Web 2.0 en los medios tradicionales y viceversa, lo que genera escenarios transmediáticos.

— Un hallazgo importante es que las redes inciden cada vez más en la agenda electoral (tuvieron lugar relevante en 5 de los 13 sucesos de campaña analizados en el estudio).

— Todas las candidaturas tuvieron páginas web, aunque con diferentes grados de gestión. El MAS
y UD destacaron nítidamente por la gestión y el mantenimiento de sus sitios web.

— Twitter fue el espacio con mayor novedad como plataforma para demostrar fuerza y cohesión en la campaña electoral, con amplia presencia del MAS.

— Facebook también tuvo presencia, pero en general se trató de una “interacción” sin respuesta.

— Se utiliza YouTube por parte de las organizaciones políticas, pero como reservorio de audiovisuales, sin creación específica.

— Los medios de difusión también asumieron la lógica Web 2.0 en el proceso electoral. Destacan en ello La Razón, Los Tiempos y El Deber.

— En general, pese a su presencia más o menos activa en la web, los medios no generan contenidos específicos para las redes sociales. La tendencia todavía es trasladar a las redes la información impresa. El hallazgo aquí es que las redes, cuya esencia es la interacción, fueron más bien utilizadas como plataformas de información por las organizaciones políticas y los medios.

E. Opinión. ¿Cuál fue el desempeño mediático respecto a la opinión y el análisis en el marco de las elecciones presidenciales, las candidaturas y los sucesos de campaña?

— Un primer elemento es que el tono de la opinión mediática en general fue desfavorable, con amplio uso de juicios de valor y adjetivos.

— Se reafirma como hallazgo el predominio de voces masculinas en la opinión mediática (79%).

— Con relación al análisis de los diarios, se evidenció que todos ellos editorializaron sobre el proceso electoral, con diferentes temas de interés: el tema principal fueron los actores políticos, el enfoque predominante fue de “atribución de responsabilidades” y predomina el uso de juicios de valor.

— Otro hallazgo relevante, que muestra continuidad respecto al estudio de 2009, tiene que ver con la centralidad de los llamados “analistas políticos”. Diferentes voces se hacen pasar y se (re)presentan como “analistas independientes”, pese a sus filiaciones políticas, su historia, sus intereses…

— Se reafirma como constatación que hay mucha opinión (cargada de adjetivos y juicios de valor) y poco análisis político (antecedentes, contexto, actores, datos, escenarios prospectivos…).

— Por otra parte, en la opinión mediática pueden encontrarse muchos monólogos (o varias voces diciendo más o menos lo mismo) y poco debate.

— El otro dato relevante como hallazgo es la ausencia de diversidad en la opinión mediática: en los espacios de opinión hay pocas mujeres, pocos jóvenes, muy pocos indígenas.

— Todas las redes de televisión analizadas en el estudio hicieron programas especiales de opinión sobre el proceso electoral, con énfasis programático. Empero, el rasgo esencial de la opinión televisiva sigue siendo el énfasis en el espectáculo.

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