Voces

jueves 27 ene 2022 | Actualizado a 00:34

Agosto y las torres ¿gemelas?

Todos los gobiernos, tocados por el prurito de la trascendencia, quieren perpetuar su paso por la historia.

/ 19 de agosto de 2018 / 14:28

Agosto es el mes de la Pachamama, tiempo de cambio de estación y de siembra. Para la cosmovisión andina, es la época en la que desde el mundo oscuro de abajo, la Mank’a acha, salen la Warmi Supay y su pareja, el Chacha Supay, a desordenar el mundo de las personas, a promover la entropía creativa.

Para que nada extraordinario suceda, los bolivianos, incluidos los del oriente, quemamos una mesa ritual en agradecimiento a sus dones y para calmar el hambre de los seres que viven abajo: semillas, víboras, minerales, arañas y cuanto lagarto suba hasta la Aka Pacha, o el mundo donde vivimos y caminamos. Por eso, en este mes mucha gente no contrae matrimonio, no hace negocios y no asume responsabilidades ni compromisos importantes. Las fiestas a las vírgenes abundan y siempre, desde que tengo uso de razón, suceden cosas inusuales y alguna que otra tragedia o tragicomedia. El logos occidental no lo comprenderá jamás, porque nuestro imaginario es distinto.

En los últimos días, Bolivia fue motivo de escarnio en la prensa internacional, precisamente por una serie de sucesos que pueden servir como material para elaborar un guion y una película del absurdo y del nonsense. Así, a un miembro de las Fuerzas Armadas con antecedentes policiales le encargaron custodiar y trasladar la medalla que lucen los presidentes de Bolivia. Este se fue de juerga a una casa de citas y organizó un fiestón donde las guerreras del amor, ataviadas con la medalla, hicieron el papel de presidentes ¿Fellini? El resultado: un quiebre institucional entre la FFAA y Policía Nacional. Todavía sin digerir la comedia de la medalla, que ya debería estar en un museo, sucede otro acto para degustar el relajo moral: el happening artístico contemporáneo que organizó un diputado, desnudándose públicamente en un aeropuerto, presa de la euforia producida por un brebaje de alcohol y otras sustancias “incontroladas” que le ofrecieron en un local, donde es posible que haya dejado una medallita de la Virgen de Urkupiña como prenda.

Para rematar, el Presidente inauguró el 9 de agosto, Día Internacional de los Pueblos Indígenas Originarios, la Casa Grande del Pueblo. Inmediatamente después las oposiciones hicieron llover sus críticas, de la misma manera como lo hicieron los opositores de izquierda cuando inauguraron el edificio del Banco Central de Bolivia, cuyo proyecto se presentó en plena dictadura (1973), y su puesta en servicio, en 1981. Tal vez la crítica más acertada y original fue la del exdiputado socialista Róger Cortez: “(…) el presidente Evo, después de 12 años de gobierno, está viviendo su regresión infantil. Sus adulones le impulsaron a construir su nuevo juguete, helicóptero incluido, para que se siga elevando sobre la realidad” (Canal 13).

Efectivamente el ingreso del nuevo Palacio de Gobierno parece, por su decoración, el vestíbulo de un jardín de infantes, con soldaditos listos para una hora cívica. A falta de narrativa revolucionaria y no folklórica, mandaron a copiar un mural de 1954 de Alandia Pantoja para el salón de reuniones del gabinete, queriendo emular a Paz Estenssoro. Acumulado el desorden y la improvisación, nos queda una fatiga moral, y nadie se sorprendería que un grupo de aventureros proclame candidata presidencial a Gabriela Zapata.

La Paz ahora tiene dos torres gemelas. Aunque con diferencias morfológicas, se parecen en varios aspectos. Por su origen: tanto Banzer como Evo destruyeron el patrimonio arquitectónico de la ciudad. Y simbólicamente: las dos representan la lucha de imaginarios de clase y cultura. Mientras el Banco Central tiene como divisa el medallón de Hermes, divinidad greco-romana símbolo del comercio y del talento industrioso, también protector de los ladrones, representa la etapa neoliberal; la Casa Grande del Pueblo, con ornamentación folklorizada de la iconografía de las naciones originarias, pretende simbolizar a los bolivianos que la República excluyó.

Todos los gobiernos, a su turno, fueron tocados por el prurito de la trascendencia judeocristiana, y por ello quieren perpetuar su paso por la historia. Así lo hicieron Pericles en Atenas, los emperadores romanos, los gobernantes incas, los déspotas africanos y árabes; Hitler llevó este afán hasta el desvarío con su proyecto de la ciudad de Linz. De palacios, torres y mansiones está lleno el mundo; estos no cambian a la sociedad, sino a los seres humanos que los habitan, así sea una choza.

Es artista y antropólogo.

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Andantino de enero

/ 16 de enero de 2022 / 02:03

Conocí a Manuel Jiménez, el gran arpista chileno, en La Paz. Hablamos de nuestros pueblos sin nacionalismos retrógrados, auscultando nuestras potencialidades y nuestras limitaciones. Intereses imperiales y de casta manipularon nuestras historias y nos convirtieron en adversarios y no en vecinos que se ayudan para mejorar las condiciones humanas de los sectores más desfavorecidos, concluimos.

Me dijo algo que quedó resonando: Los jóvenes chilenos cambiarán nuestra historia, porque ahora ni los camarones son nuestros.

Conocimos el mar siendo niños, metidos en un camión que llevaba marraquetas a Arica, al percatarnos ahora de dicho contenido, me parece que llevábamos algo más. Cada vez que la ocasión es propicia, nos lanzamos a ver al gran mamífero con asma, cuya respiración apacigua a cualquier persona al unir su horizonte con el cielo y nos devuelve el sentido de elevación del ser humano que no es solo economía.

Las fronteras están cerradas otra vez por la pandemia, así que para conjurar la nostalgia nos fuimos de excursión gastronómica marina y ejercicio de contrabando hormiga al Desaguadero, la frontera con el Perú, que está a menos de tres horas de La Paz.

Durante el corto viaje hacíamos digresiones sobre las turbulencias imaginarias y reales en la economía chilena por la inminente asunción del joven presidente comunista Gabriel Borich, en marzo próximo. Los capitales acumulados por familias de las élites chilenas se han extendido a Perú, Bolivia y la Argentina; el costo fue generar una brecha de desigualdad con sus trabajadores y la población joven, creando bolsones de miseria, cuya muestra más cercana es el incendio de proporciones infernales que aconteció en la ciudad norteña de Iquique, en un barrio de obreros emigrantes y de chilenos empobrecidos.

Las grandes corporaciones y las FFAA chilenas esperan agazapadas esperando el destino del litio, cuyo desarrollo y posterior explotación tiene que ver con la estrategia del litio boliviano y argentino. Puede ser la gran oportunidad para ejercer una autonomía en el gran mercado internacional y su comercialización en condiciones favorables para toda la región. Existe un estudio de la CLACSO (Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales) sobre un triángulo del litio conformado por los salares de Atacama, de Uyuni (el más extenso) de Olaruz Cauchari y Hombre Muerto.

Al llegar a nuestro cercano destino tuvimos que pasar en bote por un meandro del río, antes costaba dos bolivianos, ahora cobran cinco. El cambio de moneda se mantiene en casi dos bolivianos por un sol. Fuimos presurosos a ordenar el pantagruélico festín que sirven en el lado peruano y asistimos al galpón de remate de prendas de vestir. Allí casi todo cuesta a mitad de precio de lo que cuesta en La Paz, pero el efecto de este contrabando queda minimizado ante el de combustible. Hace una década advertimos una decena de gasolineras a lo largo de la carretera que conduce a la frontera y nos llamó la atención. Ahora contamos doce camiones de combustible varados por el cierre y dos de aceite vegetal de exportación. Esa asimetría es la que hiere más la economía, habida cuenta que los combustibles son subvencionados por el Estado para mantener su precio y al salir del territorio nacional, son revendidos a mayor precio. ¿Cómo lo hacen?

La actividad comercial en la frontera binacional es menor que hace tres años, en el lado peruano notamos avances en la infraestructura urbana: un paseo ordenado donde están los establecimientos de productos, muchas calles asfaltadas y anotamos un servicio de limpieza pública. Al frente, han crecido en tamaño los dos muladares y en la casi derruida plaza está la fuente con una pileta…sin agua. Un monumento al abandono.

En el tercer año de pandemia, nos enteramos con complacencia, que el alcalde Arias no tocó el presupuesto de la Secretaría de Culturas del Municipio de La Paz, aunque encajó a Turismo a la misma. En gestiones municipales pasadas, La Paz pudo ser nominada tres veces como Capital Iberoamericana de la Cultura, permitiendo posicionar atractivos patrimoniales, artísticos, gastronómicos y promover el turismo internacional, generando divisas limpias. Parece que entendió que la cultura y el arte no son gastos absurdos, como pregonaba su mentora. La economía siempre debe estar puesta al servicio de los seres humanos y no al revés.

Edgar Arandia Quiroga es artista y antropólogo.

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¡Vienen los indios!

/ 5 de diciembre de 2021 / 01:48

Frase que supuestamente repetían los chapetones cuando las antorchas encendidas en Alto Lima, por las tropas de Túpac Katari y Bartolina Sisa, se divisaban desde Churubamba, en la sublevación indígena de 1781. Los indios salvajes venían a cortar cabezas, a violar a las mujeres blancas, incendiar la ciudad y comerse a los niños; con estas terroríficas amenazas los gobernadores y autoridades coloniales, azuzados por algunos curas, aprovechaban del miedo para estimular el odio y el rechazo a las naciones indígenas.

Durante la Guerra Federal (1899), las castas de Chuquisaca y La Paz, representadas por Fernández Alonso y el general Pando, pactaron la paz luego de hacer desaparecer al líder indígena Zárate Villca ante el “peligro común” de la llegaba de los indios.

En 1990, durante la Marcha por la Vida, el indio chiquitano Adrián Mosúa marchó batiendo su tamborita durante los 34 días de la caminata. Las autoridades prefecturales de La Paz anunciaron que estaban organizando la defensa militar de la zona Sur de la ciudad, ante el inminente arribo de la indiada de la selva y el altiplano.

Este sentimiento prevaleciente en el imaginario criollo devela que el neocolonialismo corporal y mental que practican algunos sectores de las sociedades urbanas de Bolivia nunca superó su miedo atávico. El mismo viejo discurso circuló recientemente ante la Marcha por la Patria que organizó el expresidente Evo Morales, menospreciada por algunos órganos de la prensa afines a la oposición, que aseguraban que esta era una modesta columna de 200 funcionarios del Gobierno. No se imaginaron la enorme multitud de guardatojos, monteras, polleras y trajes.

Antes de ingresar a la ciudad de El Alto y a La Paz, muchas mujeres desataron sus k’ipis, donde guardaban sus galas, lo mismo que los comunarios que arribaron en son de fiesta, demostrando el músculo que tiene el oficialismo y exhibiendo el restablecimiento del cordón umbilical emocional y partidario del que carecía el presidente Luis Arce con las zonas rurales y periféricas de las ciudades.

Cuando las organizaciones indígenas originarias se hicieron visibles, grupos conservadores y de exizquierdistas travestidos aseguraban que dichos movimientos fueron pensados y desarrollados por intelectuales criollos y extranjeros, que los intelectuales indígenas y autoridades comunales no tenían la capacidad de consolidar una estructura preparada para llevar a cabo programas políticos y movilizaciones multitudinarias. Muchos de ellos, asimismo, todavía sostienen que la denuncia de la exvocal Baptista del TSE (Tribunal Supremo Electoral) sobre un padrón electoral arreglado para que el oficialismo gane las elecciones de 2026 es real y no pueden explicar cómo entonces ganaron los gobernadores de la oposición y los alcaldes en las principales ciudades de Bolivia. De la misma manera, aseguraban que la ciudad de La Paz —la candidatura del MAS (IPSP) perdió la Gobernación y las alcaldías de La Paz y El Alto— iba a desdeñar la llegada de la marcha y del expresidente; empero, Morales, con su rostro p’aspado por el sol altiplánico, ante una multitud enfervorizada, manifestó el apoyo incondicional del Pacto de Unidad al presidente Arce y al vicepresidente Choquehuanca, refrenando además el concurso de discursos belicosos, similar a las arengas lanzadas en el Cristo Redentor de Santa Cruz por las facciones ultraderechistas y que buscan la aprobación y los vítores multitudinarios.

Tenemos una fotocopia del Informe del Presidium del Primer Congreso de Ayllus del 16 de enero de 1990, que se instituyó el 22 de diciembre de 1989, firmado en Taypi Ayca, con la participación del “70% de los convocados de ocho ayllus que consta de 37 comunidades”. Entre sus cuatro comisiones estaban: Comisión Político Histórico, Comisión del Problema de la Tierra, Comisión de Religión y Socio Cultural y la Comisión de Educación y la Situación de la Mujer. El presidente del presidium era el joven intelectual y líder religioso aymara, estudiante de sociología y músico Ramón Calamani Churata, activo participante durante la “guerra del gas” (2003), que murió asesinado en enero de 2004, crimen impune hasta ahora.

Así, como esta reunión pionera de ayllus, se realizaron otras en varias regiones bolivianas, modelando pacientemente los horizontes de lucha política y cultural desde la perspectiva de las naciones originarias. Los indios siempre estuvieron aquí y no se irán.

Édgar Arandia Quiroga es artista y antropólogo.

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Las bestias malagradecidas

/ 24 de octubre de 2021 / 01:15

Durante más de cuatro siglos, los descendientes de criollos hispánicos y emigrantes, sobre todo alemanes, serbio croatas, sirio libaneses, entre otros, gobernaron territorios de Abya Yala como dueños. Los conceptos de raza superior e inferior, como criterios pseudocientíficos, fueron el acicate para generar genocidios y ultrajes a la dignidad humana en diversos lugares del mundo. Durante la Edad Media surgió el antisemitismo, originado por la creciente fagocitación de otras formas religiosas (judaísmo, islamismo) para implantar, vía militar, el cristianismo. Este proceso, fundado en la intolerancia que no permitía la diversidad política y religiosa, promovía el logocentrismo autoritario como único discurso legitimado por un grupo humano (la realeza, los militares y religiosos) y su expansión imperialista.

Después de las primeras expediciones marítimas en el siglo XV y las sucesivas invasiones colonialistas, los grupos de poder, adueñados del dogma cristiano, adoptaron el estatuto de limpieza de sangre y los justos títulos para probar una supuesta superioridad sobre las naciones avasalladas, sustentadas en argucias jurídicas, teológicas y filosóficas y de esa manera, justificar la trata de esclavos africanos y la explotación de los habitantes de las naciones originarias. ¿Qué es una nación originaria? Un conglomerado de habitantes que convive en un territorio ancestral y desarrolla, durante siglos, sus sistemas económicos, religiosos, de parentesco; tiene su idioma, sus conceptos de belleza y sus valores morales, políticos y filosóficos concebidos desde su relación con el cosmos y su territorio.

A la llegada de los conquistadores militares y religiosos, todo ese orden simbólico fue alterado y sustituido por otro, para facilitar el dominio y legitimar su propiedad sobre un territorio ajeno. Este avasallamiento de más de cuatro siglos, y pese a la sedimentación religiosa, nunca fue total. La resistencia constante, las estrategias y tácticas para subsumir las principales líneas rectoras se expresan, hasta el día de hoy, en las manifestaciones pagano religiosas vinculadas a los ciclos agrícolas que permitieron la vigencia cultural y su emergencia histórica.

En el siglo XIX, el imperialismo y su correlato colonialista encontraron otra justificación para evadir las críticas de algunos Papas católicos que fustigaban los modos de trato y explotación a punta de arcabuz y cruz, desmantelando de esa manera el dogma cristiano y convirtiéndolo en un escudo para la impunidad. Los sectores conservadores que se suponen portadores de la civilización y a las naciones sojuzgadas como la barbarie y el salvajismo, reinventaron sus feudos con el nombre de repúblicas, excluyendo a los habitantes originarios a un papel de convidados de piedra y recluyéndolos en museos como algo pasado y exótico que no formaba parte de la construcción de un Estado. Así, el imaginario republicano blancoide y racista consideraba que su imposición simbólica había engullido a las naciones originarias y que su proyecto de Estado era el único e incontrastable con otras visiones del mundo.

La aparición del texto del Conde Gobineau (1853-1857), Ensayo sobre la desigualdad de las razas humanas, aseguraba, sin ninguna comprobación científica, que la raza nórdica blanca era superior sobre otras. Alentadas estas aseveraciones por el darwinismo social, las ideas de Nietzche y el nacionalismo mítico germánico del músico Wagner encontraron en el escenario de miseria de la Primera Guerra Mundial (1914- 1918), en Alemania, el abono perfecto para exaltar la idea de superioridad racial. Hitler la llevó a todos los extremos y desató la Segunda Guerra Mundial (1939-45). Así, las “razas superiores” eran incapaces de resolver sus problemas a través de un diálogo civilizado y superior y generaron una carnicería salvaje en la que murieron millones de personas. Muchos de estos habitantes emigraron a Abya Yala, entre ellos varios criminales de guerra nazis, como Altman que intervino en la política interna de Bolivia e influyó en esferas racistas ancladas en el siglo XVII. La ciencia biológica ha demostrado que el individualismo a ultranza es incompatible con la lucha por la vida, la gametogénesis es la respuesta irrebatible y no sobrevive el más apto, sino el que se asocia en comunidad.

La ilusión del neofascismo criollo que desea desintegrar la “raza maldita”, ignora que la fuerza de la comunidad ha sobrevivido y fortalecido su poder.

Ahora podemos contestar a la pregunta: ¿Quiénes son las bestias malagradecidas que encontraron refugio y comida en territorios de Abya Yala?

Edgar Arandia Quiroga es artista y antropólogo.

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Tinku por la Madre Tierra

/ 24 de abril de 2021 / 23:18

En el área andina, al encuentro o pelea entre contrarios o dos lados opuestos, entre los de arriba contra los de abajo se denomina tinku o… tinkhuta = “encontrarse los ejércitos, o bandos contrarios en la guerra, pelea y cosas semejantes”, según Ludovico Bertonio (1557- 1625), quien estuvo destinado a Potosí a principios del siglo XVII. En su estadía seguramente apreció este ritual que —desde su cosmovisión judeocristiana— le pareció una guerra y no un ritual que promovía la igualación entre partes o paridad de los opuestos (Bouysse) y las fuerzas sociales para evitar conflictos en base al principio ideológico indígena del dualismo.

Este ritual es desarrollado para resolver problemas familiares, comunales, intercomunales y en estos pugilatos o tinku pueden participar hombres y mujeres que descansan después de cada encuentro, entre ritmos guerreros que tocan música considerada sacra por la sangre derramada que fertiliza la tierra. Laimes y Qaqachacas siguen en una controversia desde el siglo XVI, cuando el acta de posesión suministrado por Miguel García Morató a Don Bartolomé Astete y Fernando Taquimallku, gobernador de los originarios sobre las parcialidades de los ayllus Cahuali, Callapa, Sullkayana, dejaron sin definir con precisión los límites, origen de las continuas disputas.

Los conflictos desde 1830, con incursiones de uno y otro bando (1949-1959-1975-1977- 1989-1991-1992) continuaron hasta 2003, después de un reguero de muertos de ambas partes, lo que obligó al Estado a convocarlos para firmar un acta de entendimiento en el Ministerio de Defensa, junto a los prefectos de Oruro y Potosí. No fue la solución y estas reparticiones territoriales que datan del siglo XVI siguen afectando a varias poblaciones del Estado boliviano. Finalmente, en el gobierno de Evo Morales se aprobó la Ley de Delimitación Interdepartamental (2014) entre Oruro y Potosí; Laimes, Jucumanis y Qaqachacas festejaron el hecho con un partido de fútbol en el estadio Bermúdez de Oruro.

La marcha por territorio y dignidad de 1990 fue organizada por las naciones indígenas del oriente boliviano (Chimanes, Yuracarés, Sirionós, Mojos), entre otros grupos campesinos cuya motivación central era la defensa de sus derechos territoriales que son constantemente despojados ilegalmente por el Estado coludido por empresarios, mayormente extranjeros, que conocen la debilidad institucional y moral de las autoridades para apropiarse de inmensos predios, expulsando comunidades enteras y condenándoles a la miseria y exclusión a nombre del “progreso y desarrollo” que benefician a reducidos grupos familiares.

El resultado de esta movilización social fue el reconocimiento de los cuatro primeros territorios indígenas: DS 22612: Creación del Parque Nacional Isiboro Sécure y DS 22611: Chimane y Multiétnico (Chimané, Mojeño, Movima y Yuracaré), ordenamiento jurídico que permitió fortalecer las instituciones indígenas para preocupación, en este caso, de las logias latifundistas cruceñas que se habían apoderado, durante la república, de enormes extensiones de manera amañada e ilegal. La Reforma Agraria de 1953 no afectó estos grandes territorios productivos, lo que permitió la emergencia de grupos conservadores, que se fortalecieron y aplicaron políticas de expulsión de los indígenas originarios a través de sus “empleados” enquistados en el aparato estatal. Recuérdese al ministro de Educación Hedim Céspedes, que tenía una empresa como camuflaje para el tráfico de tierras fiscales y al que nunca se juzgó.

Esta estrategia de infiltrarse al gobierno no es nueva; así en el gobierno de facto, el exlegislador y candidato a la presidencia Óscar Ortiz fue nombrado ministro de Economía con un solo propósito, promover el DS 4232 que permite el uso indiscriminado de transgénicos a los agroindustriales, aprobado en tiempo récord y sobreponiéndose a la Constitución Política del Estado. Una vez cumplida su misión, renunció. Otro tanto ocurrió con uno de los líderes de la logia serbocroata, el señor Marinkovic, que ocupó el mismo cargo y renunció luego de apropiarse de miles de hectáreas, incluyendo la Laguna Corazón que hasta la fecha el oficialismo no revierte al Estado para repartir a los campesinos sin tierra.

El despojo de tierras productivas es una guerra en la que los valores románticos de preservación de la Madre Tierra suenan a canto surrealista a los grupos neoliberales, habida cuenta de que para los capitales no existe Patria ni Matria, solo intereses y codicia, y para ello usan dinero para comprar conciencias. 

Édgar Arandia Quiroga es artista y antropólogo.

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Implantar los versos…

/ 28 de marzo de 2021 / 01:19

En 1532, en Cajamarca, el cura Valverde mostró a Atahuallpa la Biblia y exclamó “¡Esta es la palabra de Dios!”, en tanto blandía un crucifijo como si fuera una espada. Estaba acompañado de hombres rubios con trabucos y embutidos en armaduras para amedrentar a los indígenas que acompañaban a su Inca. Eran aventureros ibéricos analfabetos, llegados de Europa en busca de riquezas y gloria. A partir de entonces, esta narrativa de “civilización” fue implantada, en versos edulcorados, por los historiadores a la población vencida.

En 2019, desde el balcón del Palacio Quemado, en La Paz, Bolivia, una mujer con el pelo teñido de rubio enrostraba una Biblia a una exaltada multitud que daba mueras a un indio. En el balcón no había un solo indígena y los acompañantes de la mujer eran descendientes del cura Valverde y de los soldados de Pizarro. El Palacio rebosaba de militares armados para la guerra.

La historia tiene parangones que se parecen, pero con nuevos actores. El afán de reinstalar un régimen neocolonial y volver al pasado costó a las clases populares un retroceso de medio siglo. Volvió el racismo virulento y el verso implantado durante siglos en el subconsciente: la superioridad del dios de los conquistadores, que los indios y cholos herejes son ignorantes y “salvajes” y por lo tanto deben desaparecer. El verso funcionaba otra vez. Por eso no fue raro ver escupir a un indígena a su par, creyéndose superior. Detrás tenían el aval de los Valverdes que nunca aceptaron perder sus privilegios de siglos, al declararse al Estado boliviano como laico.

Después del nacimiento de la república, la casta criolla hizo a un lado a guerrilleros de las republiquetas y a los indígenas, e instalaron su verso: la res pública, identificada con el bien público… de su casta que, en la matriz ideológica, era más bien un conjunto de normas y leyes por el que se repartían la torta (minas y latifundios) y excluían de sus planes al oriente boliviano porque era inaccesible, no tenía minas para explotar y los indios estaban ocultos en el monte. De ahí deviene el regionalismo y provincianismo oriental que no logra un liderazgo político plurinacional y el origen del recalentado discurso del centralismo, dando vía libre a los latifundistas para exterminar indígenas, repartirse sus mejores tierras y conformar logias cerradas que gobiernen desde atrás. En la población está instalado el verso del andinocentrismo satánico, culpable de todo y con este remoquete se reproducen y atizan los afanes separatistas de grupos ligados a la ultraderecha racista al grito de “¡Raza maldita!”

Hace unas semanas, un tarambana de una secta religiosa cruceña, con la misión evangélica de exorcizar a la indiada y a la ciudad precolombina de Tiwanaku, atentó contra ella, transmitiendo odio y oscurantismo. Su pretensión de hacer desaparecer las estructuras religiosas andinas, más remotas que el cristianismo, fue un acto grosero que develaba que sus patrones instalaron en su débil cerebro, aplastado por la Biblia del cura Valverde, repudio contra algo que desconoce.

En los años 30, antes del estallido de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), Hitler rescató el antisemitismo de grupos oligárquicos germanos que habían instalado en el subconsciente de su población que judíos, gitanos y comunistas eran la causa de su atraso y sus desgracias. Goebbels, el Ministro para la Ilustración Pública y Propaganda, repuso el verso y lanzó “el asalto a la razón” (G. Lukács) más tenebroso que la humanidad pudiera imaginarse. Muchos de estos tempranos nazis fueron parte del ejército boliviano, instructores como Ernest Röhm, jefe de los Camisas Pardas, o Hans Kundt, nombrado por el presidente Salamanca Comandante en Jefe en la Guerra del Chaco (1932-35), nombramiento que ratificó la inutilidad de los militares en esta contienda por la que Bolivia perdía otro extenso territorio.

La primera institución republicana en la que se instaló el verso, fue en las Fuerzas Armadas, institución tutelar que debe defender y obedecer a la casta republicana y disparar si alguien atenta contra ella; de otra manera el militar que sale del esquema es eliminado: Cnl. Germán Busch, Cnl. Gualberto Villarroel, Gral. Juan José Torres.

¿Cómo desmontar este imaginario implantado desde el siglo XVII, origen del racismo y la exclusión?

Edgar Arandia Quiroga es artista y antropólogo.

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